{"id":2633,"date":"2018-11-01T20:41:17","date_gmt":"2018-11-02T02:41:17","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2018\/11\/postcards-sad-songs-fresan-variations-maria-jose-navia\/"},"modified":"2024-04-22T02:55:50","modified_gmt":"2024-04-22T08:55:50","slug":"postcards-sad-songs-fresan-variations-maria-jose-navia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2018\/11\/postcards-sad-songs-fresan-variations-maria-jose-navia\/","title":{"rendered":"&#8220;Postales desde Canciones Tristes: Las Variaciones Fres\u00e1n&#8221; de Mar\u00eda Jos\u00e9 Navia"},"content":{"rendered":"<div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 35.0px; text-align: justify; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/><\/style>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<p><i>Recibi\u00f3 el premio Roger Caillois en noviembre pasado, y el Best Translated Book Award en mayo, con lo que ya hay quienes han bautizado a \u00e9ste como \u201cEl a\u00f1o de Rodrigo Fres\u00e1n\u201d. Sin contar la publicaci\u00f3n de dos partes de una ambiciosa trilog\u00eda. <\/i><\/p>\n<p><i>Mientras esperamos la tercera, y mientras se traduce el resto de sus libros, ac\u00e1 va un recorrido por algunos de los temas de su genial obra.<\/i><\/p>\n<p>Hace un tiempo, en su columna para P\u00e1gina\/12, Rodrigo Fres\u00e1n (Buenos Aires, 1963) hablaba de la espera, a partir de un libro de Andrea K\u00f6hler: <i>El tiempo regalado<\/i>. Hemos perdido la costumbre \u2013dec\u00eda el autor argentino en esa oportunidad\u2013 de esperar que lleguen cartas, o ver el revelado de unas fotos. Y quiz\u00e1s una de las esperas m\u00e1s lindas, en el mundo literario, sea la aparici\u00f3n de un libro. Ese saber, a veces incluso con fecha exacta, de la publicaci\u00f3n de lo nuevo de nuestros escritores favoritos. Pienso, as\u00ed, en <i>La parte recordada<\/i>, del propio Rodrigo Fres\u00e1n. La tercera entrega de una trilog\u00eda compuesta por <i>La parte Inventada<\/i> (2014) y <i>La parte so\u00f1ada<\/i> (2017) y que debiera llegar a librer\u00edas en alg\u00fan momento del 2019. Un proyecto magn\u00edfico y ambicioso, de vol\u00famenes inmensos y un recorrido alucinado por la literatura.<\/p>\n<p>Mientras eso pasa, los libros de Fres\u00e1n se han convertido en un fen\u00f3meno en su vida en traducci\u00f3n. Hace un par de meses <i>The Invented Part<\/i> (traducido por Will Vanderhyden) fue galardonada con el Best Translated Book Award y qued\u00f3 en la lista larga del National Translation Award. Adem\u00e1s, la reciente traducci\u00f3n de <i>El fondo del cielo<\/i> (<i>The Bottom of the Sky, <\/i>tambi\u00e9n a cargo de Vanderhyden) encabez\u00f3 las listas de libros favoritos de este verano en el hemisferio norte. A lo que se suma el prestigioso premio Roger Caillois que Fres\u00e1n obtuvo a fines del a\u00f1o pasado.<\/p>\n<p>Y es que, con el tiempo, Rodrigo Fres\u00e1n ha ido construyendo toda una galaxia literaria. Sus constantes revisiones de sus obras \u2014un gozo algo paranoide para quienes seguimos de cerca su trabajo\u2014 van perfilando a\u00fan m\u00e1s esas constelaciones. As\u00ed, el autor ha ido incluyendo detalles y personajes de sus novelas m\u00e1s recientes en las reediciones de sus libros anteriores, como es el caso de <i>Historia argentina <\/i>(su primer libro), vuelto a publicar el 2017 por Random House (y que ya hab\u00eda tenido otras reencarnaciones, como casi todas sus obras), y donde ahora aparece, por primera vez, Canciones tristes (fundada, en realidad, en 1993 en <i>Vidas de Santos<\/i>). Esa ciudad mutante que es tambi\u00e9n Sad Songs, Carminia Tristia, Chansons Tristes, Rancheras Nost\u00e1lgicas y C\u00e1nticos Sombr\u00edos y donde quiero empezar este recorrido por la obra de Fres\u00e1n. Esa patria dislocada donde se pasean, o plantan su bandera, las obsesiones de este autor: la infancia, la memoria (y, con ella, la memoria del cine, de la m\u00fasica, de la literatura) y la muerte. Esa ciudad a la que a veces ni siquiera llegamos, porque los acontecimientos suceden justo \u201ca las afueras\u201d. Y que alberga a personajes e historias cargadas de referencias a la cultura pop.<\/p>\n<p>Historias como la de un argentino que se enlista para pelear en la Guerra de las Malvinas con el solo prop\u00f3sito de entregarse al enemigo y as\u00ed asistir a un concierto de los Rolling Stones. Un hombre que dibuja su vida como un calco de la del escritor ingl\u00e9s J.M. Barrie y que luego se convierte en autor de literatura infantil superventas, o bien un m\u00fasico que escribe canciones basadas en citas de <i>En busca del tiempo perdido<\/i>, de Proust. Una pareja de modelos que concibe a una ni\u00f1a monstruosa. Un hombre con un tumor en el cerebro que le deja un solo recuerdo de infancia (el \u201cs\u00edndrome Combray\u201d). Una chica que pierde la memoria al ser atropellada por la caravana que persigue a Lady Di. Una relectura de <i>Pedro P\u00e1ramo<\/i> en clave post apocal\u00edptica y androide, junto a una enciclopedia que disecciona a la Ciudad de M\u00e9xico en un desquiciado orden alfab\u00e9tico. Una escritora que lee <i>Cumbres borrascosas<\/i> y la novela le infecta la vida, un hombre que quiere ir a vender su \u00fanico sue\u00f1o en un mundo que ha dejado de so\u00f1ar. Un ni\u00f1o que siempre quiso ser escritor transformado para siempre por su lectura de <i>Dr\u00e1cula<\/i> (una novela que, seg\u00fan Fres\u00e1n, es tambi\u00e9n una \u201cm\u00e1quina de escribir\u201d y una \u201cm\u00e1quina de leer\u201d). Un cazador de santos, un locutor radial que intenta llamar a Dios por medio de un particular soundtrack. Dos hermanos: uno cambiado para siempre por su encuentro, a muy temprana edad, con la pel\u00edcula <i>Fantas\u00eda<\/i>, y el otro, amenazado por la peor de las suertes. Y su hija, Selene, perseguida por una enfermedad de la que quiere huir, escondi\u00e9ndose detr\u00e1s de una m\u00e1scara de las tortugas ninja.<\/p>\n<p>O la relectura y reescritura de las vidas de Nabokov, de Fitzgerald, de las hermanas Bront\u00eb.<\/p>\n<p>O de Andy Warhol, Mark Rothko, Glenn Gould.<\/p>\n<p>O una mujer hermosa que hace terrorismo de piscinas.<\/p>\n<p>O un escritor que termina de arquero en los partidos de f\u00fatbol de un campo de detenci\u00f3n.<\/p>\n<p>O un escritor fascinado por los shopping centers.<\/p>\n<p>O dos primos obsesionados por las novelas de ciencia ficci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se trata de personajes que leen, que toman notas, que subrayan. Que encuentran fotos y apuntes misteriosos en sus bolsillos, o que se refieren a cosas que recuerdan haber le\u00eddo en alguna parte (aunque no se acuerden exactamente d\u00f3nde). Que escuchan a Bob Dylan, a The Beatles, o las Variaciones Goldberg de Bach. Que ven <i>La Dimensi\u00f3n Desconocida<\/i>, o <i>El Ciudadano Kane<\/i>. Que quieren viajar en el tiempo: para reparar un error terrible del pasado, para volver a la infancia, para acercarse a sus escritores favoritos. Que construyen, con paciencia, hermosos y terribles palacios de la memoria donde guardar esos recuerdos mezclados de culpa. O que a veces viajan para irse a morir en otra parte.<\/p>\n<p>Rodrigo Fres\u00e1n ha hecho de la literatura un parque de diversiones, o un bosque inmenso, donde da gusto ir a perderse. Con v\u00e9rtigo y maravilla. Una obra que pone al lector como protagonista, donde sus personajes se definen, antes que todo, por lo que leen. Y lo que leen los marca, los deforma, los inunda. S\u00ed, porque leer a Fres\u00e1n es siempre releer. En sus libros los personajes nunca est\u00e1n solos. O no realmente. Viene cada uno con su carga de libros, su propia y muy personal casa de fantasmas que les permite leer la realidad que les ha tocado vivir (o, como se dice en <i>La parte so\u00f1ada<\/i>: \u201cReleer es como ver fantasmas verdaderos. Fantasmas generosos que creen en nosotros\u201d). Sus personajes son lectores y quieren a sus libros m\u00e1s que a sus familias, tal vez incluso m\u00e1s que a s\u00ed mismos. Con un amor furioso que lo transforma todo a su paso y que es lo \u00fanico que parece no cambiar, en un mundo donde todo cambia. M\u00e1s que ficci\u00f3n, infecci\u00f3n: personajes infectados por historias, las propias y las de otros que sienten como propias. Porque al leer tal vez descubran que alguien los escribi\u00f3 mejor de lo que ellos se imaginaban. Porque si se aprenden su novela favorita de memoria tal vez el dolor al fin los deje tranquilos.<\/p>\n<p>Porque leer es salvarse.<\/p>\n<p>As\u00ed, por ejemplo, dice el protagonista de <i>Jardines de Kensington<\/i>: \u201cBienaventurados aquellos que han le\u00eddo mucho durante la infancia porque de ellos, tal vez, jam\u00e1s ser\u00e1 el reino de los cielos; pero s\u00ed podr\u00e1n acceder al reino de los cielos de los otros, y all\u00ed aprender las muchas maneras de salir del propio infierno gracias a las estrategias no ficticias de personajes de ficci\u00f3n.\u201d O, en otro momento de la misma novela:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">\u201c\u00c9sta, creo, es siempre la funci\u00f3n de nuestros libros favoritos, nuestros libros de cabecera, los libros que leemos para poder dormir, los libros que volvemos a leer apenas nos despertamos: descubrir en ellos que alguien ya nos ha escrito mucho mejor que lo que jam\u00e1s podremos hacerlo nosotros. Y saber que ese libro \u2014ese libro que muchos pueden haber le\u00eddo pero que fue pensado s\u00f3lo para una persona\u2014 nos espera en alguna parte, que s\u00f3lo tenemos que buscarlo y encontrarlo\u201d.<\/p>\n<p>Y es que, en novelas donde los padres siempre desaparecen, o mueren, o andan por ah\u00ed viajando por el mundo, o est\u00e1n a punto de abandonar a sus hijos, los libros se convierten en una nueva forma de familia. Y una nueva forma tambi\u00e9n de <i>leer<\/i> a la familia. Esa dimensi\u00f3n desconocida. Ese juguete defectuoso, con representantes ilustres en esos clanes tremendos como los Mantra y los Karma (con su reinado en otra ciudad: Abracadabra).<\/p>\n<p>Dice Julio Ram\u00f3n Ribeyro en <i>La tentaci\u00f3n del fracaso <\/i>que<i> <\/i>\u201c[l]a gran admiraci\u00f3n que nos despierta un escritor se nota no tanto en que nos impone la lectura de su obra sino la lectura de sus lecturas preferidas\u201d. Y Fres\u00e1n, como escritor, es tambi\u00e9n un lector inmenso. Y sus libros estiran sus tent\u00e1culos hacia sus rese\u00f1as y viceversa. Y sus lectores queremos correr a leer todo eso que nombra y que forma parte del entramado de sus historias. Porque tal vez todo no sea m\u00e1s que una gran conversaci\u00f3n. Un seguir contando los libros favoritos para que no se acaben nunca. Un universo de escenas de lectura y lectores puros, seg\u00fan los t\u00e9rminos de Ricardo Piglia en <i>El \u00faltimo lector (<\/i>\u201cEl lector adicto, el que no puede dejar de leer, y el lector insomne, el que est\u00e1 siempre despierto, son representaciones extremas de lo que significa leer un texto (\u2026) Los llamar\u00eda lectores puros; para ellos la lectura no es s\u00f3lo una pr\u00e1ctica, sino una forma de vida\u201d).<\/p>\n<p>Y, en las dos partes de su trilog\u00eda, Fres\u00e1n nos presenta exactamente a esos dos lectores\/protagonistas: Pen\u00e9lope como la lectora adicta y su Hermano Escritor como el narrador insomne. Y, en esta forma de vida, los libros sirven tambi\u00e9n para <i>hacer<\/i> memoria y para perderla. En la obra de Fres\u00e1n estamos siempre volviendo a esos territorios donde la memoria se complica: la infancia (\u201cla \u00fanica patria posible\u201d) y la muerte. Porque, en ambos casos, los que recuerdan son otros. Ya sea los padres o los vivos que se quedan de este lado de las cosas (as\u00ed, en <i>Mantra<\/i>: \u201c(&#8230;) la cr\u00f3nica de nuestras infancias la escriben, en realidad, nuestros padres empe\u00f1ados en conseguir y capturar a trav\u00e9s de ellas un reflejo cada vez m\u00e1s distante de sus cada vez m\u00e1s distantes pasados. As\u00ed, casi sin darse cuenta, nos falsean, nos mienten, nos inventan&#8230;\u201d).<\/p>\n<p>Sin embargo, en estas obras, tan importante como lo que sucede y se recuerda es aquello que <i>no: <\/i>que <i>no se dice<\/i>, que <i>no se escribe<\/i> (en <i>Historia Argentina<\/i>, por ejemplo, abundan planes de novelas que nunca se escriben, cartas que no se env\u00edan, documentales que no se filman), as\u00ed como tambi\u00e9n aquello que se escuch\u00f3 mal y vive como un recuerdo falso (como la an\u00e9cdota de <i>Casablanca<\/i>, otra invitada de estas ficciones, y la frase que pronuncia el personaje de Ingrid Bergman \u2014aunque todos se la adscriban a Humphrey Bogart\u2014 de \u201cPlay it once, Sam\u201d pero que todos citan como \u201cPlay it <i>again<\/i>\u201d).<\/p>\n<p>Personajes que leen en voz alta. Y, al hacerlo, cambian el mundo. <i>Sus<\/i> mundos. Porque sus voces, y esas que sobreviven como fantasmas en la m\u00fasica, son aqu\u00ed fundamentales. La m\u00fasica y la voz como una corriente subterr\u00e1nea y el\u00e9ctrica. <i>Las variaciones Goldberg<\/i>, de Bach, interpretadas por un muy genial Glenn Gould (y con cameos varios en la obra de Fres\u00e1n), \u201cA day in the life\u201d de The Beatles (engranaje central de <i>Jardines de Kensington<\/i>), las canciones de Bob Dylan, de The Kinks, de Roy Orbison. Y es que las novelas y cuentos de Fres\u00e1n no solo cuentan. En sus mejores momentos, tambi\u00e9n <i>cantan<\/i>. Y as\u00ed, es posible pensar en sus libros no tanto como parte de un g\u00e9nero literario espec\u00edfico sino como variaciones musicales; de ah\u00ed que vuelvan a aparecer los sospechosos de siempre: esos personajes que se construyen como dobles, como la sombra de un otro que, casi siempre, nos espera en los libros o nos sonr\u00ede desde una foto. Esos padres lejanos, o con fecha de vencimiento. Esos t\u00edos o abuelos que cuidan. Esas mujeres extra\u00f1as e inusuales. Todos esos libros. Esas canciones que son voces que sobreviven en el tiempo (que lo fijan, a veces, como una foto), voces muertas que siguen cantando, mensajes espectrales que (des)ordenan el mundo. Como \u201cA day in the life\u201d \u2014esa canci\u00f3n que acosa a los libros de Fres\u00e1n como un fantasma de todas las navidades a la vez\u2014. As\u00ed, o\u00edmos decir en <i>Jardines de Kensington<\/i>: \u201c&#8217;A Day in the Life&#8217; es el deseo imposible de hacer que toda la Historia quepa en un d\u00eda: un ant\u00eddoto sonoro para soportar el desencanto con las limitaciones de lo mundano elevando todo a una efem\u00e9ride perfecta\u201d.<\/p>\n<p>Y, s\u00ed, los libros de Fres\u00e1n tratan de un d\u00eda en la vida.<\/p>\n<p>Pero en la vida de la literatura.<\/p>\n<p>O, como dice un verso del poeta costarricense Luis Chaves: \u201cDebajo de esto hay una canci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Esa canci\u00f3n llena de sorpresas, escrita entre dos, con esas voces que nos cuentan que leyeron las noticias, que vieron una pel\u00edcula, o leyeron un libro (\u201cI read the news, today, oh boy\u201d); la vida siempre mediada y atravesada por ficciones. Y as\u00ed tambi\u00e9n parecen estar construidos los libros de Fres\u00e1n, as\u00ed se van enterando de la vida sus personajes, as\u00ed van armando y desarmando sus d\u00edas. As\u00ed como tambi\u00e9n recuerdan por y <i>con<\/i> todos los medios: graban sus voces o las de los dem\u00e1s en curiosos dispositivos, o conservan una foto donde <i>no est\u00e1<\/i> alguien importante o hacen una pel\u00edcula de una fiesta memorable. (Y recordar aqu\u00ed es volver a pasar por el coraz\u00f3n (re-cordare), pero por uno mediado por tecnolog\u00edas y dispositivos (REC-ordare)).<\/p>\n<p>La literatura de Rodrigo Fres\u00e1n es una literatura explosiva, que se lee a velocidad de avalancha y que ha llegado a un punto alt\u00edsimo con su trilog\u00eda monumental de la que ya conocemos dos partes y que, genial iron\u00eda, tiene como una de sus protagonistas a una escritora de nombre Pen\u00e9lope. (Y ahora a nosotros, sus lectores, no nos queda m\u00e1s remedio que esperar). Y en estas dos partes nos hemos encontrado, una vez m\u00e1s, con escritores (muchos, pero, sobre todo, dos hermanos) y grandes lectores. Con personajes que se dejan invadir, ofreci\u00e9ndole una hospitalidad extrema a ciertas ficciones (especialmente a <i>Tender Is the Night<\/i>, de Fitzgerald, en la primera parte y a <i>Wuthering Heights<\/i> en la segunda). Y que me recuerda a ese narrador, transmitiendo desde una extra\u00f1a fundaci\u00f3n, en un nuevo fin de mundo en <i>Vidas de Santos<\/i> (en las Variaciones Fres\u00e1n siempre se est\u00e1 acabando el mundo, alg\u00fan mundo, y con ello llega una confesi\u00f3n inevitable y urgente): que los vampiros tienen que ser <i>invitados<\/i> a entrar a un lugar y que, luego de esto, pueden volver a invadir cuantas veces quieran. De ah\u00ed que la literatura pueda ser entendida como otro vampiro (\u201cLa literatura como ese vampiro al que le abrimos la puerta para que nos cuente su historia con el impl\u00edcito compromiso de volver a contarla alg\u00fan d\u00eda a otros que no la conozcan y para que as\u00ed \u2013una y otra vez, en versiones m\u00e1s o menos completas, sobreviva a los rigores de su tiempo y al espanto de su maldici\u00f3n.\u201d).<\/p>\n<p>Y es inevitable pensar en esos otros grandes anfitriones de la literatura como Mrs. Dalloway o Jay Gatsby. O esas \u201cSe\u00f1ales captadas en el coraz\u00f3n de una fiesta\u201d en <i>La Velocidad de las cosas<\/i>. O recordar que, en <i>La parte inventada<\/i>, la primera vez que sabemos de Pen\u00e9lope es porque su madre, embarazada de ella, canta a lo lejos <i>esa canci\u00f3n<\/i> (que despu\u00e9s ella odiar\u00e1 por siempre). Y luego, la primera vez que se la describe, es como una casa. A ella, la loca por <i>Cumbres borrascosas<\/i>. Otra novela que abre sus puertas a un extra\u00f1o hu\u00e9sped (y las abre, s\u00ed, tan grandes) para as\u00ed contarse mejor.<\/p>\n<p>Rodrigo Fres\u00e1n ha logrado, con estas primeras dos entregas, algo inmenso: una historia que trae tras de s\u00ed esa ola enorme que es la literatura, las pel\u00edculas, las canciones, esas variaciones que nos hacen sentir en casa, esas ficciones que nos transforman para siempre (\u201cUn libro que era todos los libros que ese libro pod\u00eda llegar a ser.\u201d Y tambi\u00e9n: \u201cEl libro trataba sobre el leer y el escribir. Sobre los modales cada vez m\u00e1s infames y enfermizos del leer y el escribir\u201d). Una reflexi\u00f3n apasionada y monstruosa sobre el creer y el crear; sobre las reverberaciones eternas de las palabras en el mundo. M\u00e1quinas de escribir y leer. Todo contado por un narrador insomne, ese que se queda para contarla, aunque sea desde una habitaci\u00f3n en un edificio en llamas y, con ello, le da la posibilidad de una nueva vida.<\/p>\n<p>Y es que, si bien es verdad que cada vez que releemos un libro, encontramos cosas nuevas, en el mundo de Fres\u00e1n es realmente as\u00ed. Porque siempre hay agregados y reediciones de bolsillo (para una obra donde \u00e9stos abundan y guardan tesoros) y, con ello la sensaci\u00f3n de estar leyendo algo vivo, algo que no se queda quieto nunca, algo, s\u00ed, mutante. <i>Mutando<\/i>. Y ya es hora de terminar este art\u00edculo y es inevitable mirar todos esos libros y pensar, no: <i>saber<\/i>, que en alg\u00fan lugar y momento van a volver a cambiar, que tal vez ya <i>est\u00e1n cambiando<\/i>. Y, al abrir una nueva versi\u00f3n \u2013una edici\u00f3n \u201caumentada y corregida por el autor\u201d, o, incluso, una vida en traducci\u00f3n tambi\u00e9n con nuevas p\u00e1ginas\u2013 ver c\u00f3mo llega, infaltable, la paranoia feliz de siempre: \u00bfEstaba esto aqu\u00ed antes?<\/p>\n<p>Y que la respuesta sea volver a entrar a ese libro tan, s\u00ed, <i>familiar,<\/i> y decirle: cu\u00e9ntamelo otra vez.<\/p>\n<p>(Play it <i>again<\/i>, Sam).<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Mar\u00eda Jos\u00e9 Navia<br \/>\nPontificia Universidad Cat\u00f3lica de Chile<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><i>Recibi\u00f3 el premio Roger Caillois en noviembre pasado, y el Best Translated Book Award en mayo, con lo que ya hay quienes han bautizado a \u00e9ste como \u201cEl a\u00f1o de Rodrigo Fres\u00e1n\u201d. 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