{"id":2629,"date":"2018-11-01T20:17:04","date_gmt":"2018-11-02T02:17:04","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2018\/11\/cervantes-prize-2017-acceptance-speech-sergio-ramirez\/"},"modified":"2023-06-06T08:59:39","modified_gmt":"2023-06-06T14:59:39","slug":"cervantes-prize-2017-acceptance-speech-sergio-ramirez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2018\/11\/cervantes-prize-2017-acceptance-speech-sergio-ramirez\/","title":{"rendered":"&#8220;Discurso de aceptaci\u00f3n del Premio Cervantes 2017&#8221; de Sergio Ram\u00edrez"},"content":{"rendered":"<div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/><\/style>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<p>Perm\u00edtanme dedicar este premio a la memoria de los nicarag\u00fcenses que en los \u00faltimos d\u00edas han sido asesinados en las calles por reclamar justicia y democracia, y a los miles de j\u00f3venes que siguen luchando, sin m\u00e1s armas que sus ideales, porque Nicaragua vuelva a ser Rep\u00fablica. Vengo de un peque\u00f1o pa\u00eds que erige su cordillera de volcanes a mitad del ardiente paisaje centroamericano, al que Neruda llam\u00f3 en una de las estancias del\u00a0<i>Canto General<\/i>\u00a0\u201cla dulce cintura de Am\u00e9rica\u201d. Una cintura explosiva.\u00a0<i>Balcanes y volcanes<\/i>\u00a0puse por t\u00edtulo a un ensayo de mis a\u00f1os juveniles donde trataba de explicar la naturaleza cultural de esa regi\u00f3n marcada a hierro ardiente en su historia por los cataclismos, las tiran\u00edas reiteradas, las rebeliones y las pendencias; pero, en lo que hace a Nicaragua, tambi\u00e9n por la poes\u00eda. Todos somos poetas de nacimiento, salvo prueba en contrario.<\/p>\n<p>\u201cPoeta\u201d es una manera de saludo en las calles, de acera a acera, se trate de farmac\u00e9uticos, litigantes judiciales, m\u00e9dicos obstetras, oficinistas o buhoneros; y si no todos mis paisanos escriben poes\u00eda, la sienten como propia, gracias, sin duda, a la formidable sombra tutelar de Rub\u00e9n Dar\u00edo, quien cre\u00f3 nuestra identidad, no s\u00f3lo en sentido literario, sino como pa\u00eds: \u201cMadre, que dar pudiste de tu vientre peque\u00f1o\/tantas rubias bellezas y tropical tesoro\/tanto lago de azures, tanta rosa de oro\/tanta paloma dulce, tanto tigre zahare\u00f1o\u2026\u201d, escribe al evocar la tierra natal.<\/p>\n<p>En mi caso, me declaro voluntariamente un poeta, en el sentido que Caballero Bonald record\u00f3 desde esta misma c\u00e1tedra al recibir el premio Cervantes del a\u00f1o 2012: \u201cesa emoci\u00f3n verbal, esas palabras que van m\u00e1s all\u00e1 de sus propios l\u00edmites expresivos y abren o entornan los pasadizos que conducen a la iluminaci\u00f3n, a esas \u00abprofundas cavernas del sentido a que se refer\u00eda San Juan de la Cruz\u00bb\u201d.<\/p>\n<p>La poes\u00eda es inevitable en la sustancia de la prosa. Lo sab\u00eda Rub\u00e9n quien, adem\u00e1s de la poes\u00eda, revolucion\u00f3 la cr\u00f3nica period\u00edstica y fue un cuentista novedoso. Y es m\u00e1s. Creo que alguien que no se ha pasado la vida leyendo poes\u00eda, dif\u00edcilmente puede encontrar las claves de la prosa, la cual necesita de ritmos, y de una m\u00fasica invisible: \u201cla m\u00fasica callada\/la soledad sonora\u201d. Es lo que Pietro Citati llama \u201cla m\u00fasica de las cosas perdidas\u201d en\u00a0<i>La muerte de la mariposa,<\/i>\u00a0al hablar de la prosa de Francis Scott Fitzgerald: \u201cpara la mayor\u00eda de la gente, las cosas se pierden sin remedio. Pero para \u00e9l, dejaban una m\u00fasica. Y lo esencial en un escritor es encontrar esa m\u00fasica de las cosas perdidas, no las cosas en s\u00ed mismas\u201d.<\/p>\n<p>No todos en Nicaragua escriben versos, pero Rub\u00e9n abri\u00f3 las puertas a generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n de poetas siempre modernos, hasta hoy, con nombres como los de Carlos Mart\u00ednez Rivas, y Ernesto Cardenal y Claribel Alegr\u00eda, honrados ambos con el premio Reina Sof\u00eda de Poes\u00eda Hispanoamericana; o el de Gioconda Belli.<\/p>\n<p>Curioso que una naci\u00f3n americana haya sido fundada por un poeta con las palabras, y no por un general a caballo con la espada al aire. La \u00fanica vez que Rub\u00e9n visti\u00f3 uniforme militar, con casaca bordada de laureles dorados y bicornio con air\u00f3n de plumas, fue al presentar credenciales en 1908 como ef\u00edmero embajador de Nicaragua ante Su Majestad Alfonso XIII; un uniforme, adem\u00e1s, que le fue prestado por su par de Colombia, pues no ten\u00eda uno propio.<\/p>\n<p>Rub\u00e9n trajo novedades liberadoras a la lengua que recibi\u00f3 en herencia de Cervantes, sacudi\u00e9ndola del marasmo. \u201cTodo lo renov\u00f3 Dar\u00edo: la materia, el vocabulario, la m\u00e9trica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores. Su labor no ha cesado y no cesar\u00e1; quienes alguna vez lo combatimos, comprendemos hoy que lo continuamos. Lo podemos llamar el Libertador\u201d, dice de \u00e9l Borges.<\/p>\n<p>La lengua que era ya la de Cervantes hizo a Centroam\u00e9rica el viaje de ida cuando el 19 de agosto de 1605 llegaron a Portobelo los primeros ejemplares del Quijote; y el viaje de vuelta con los primeros ejemplares de\u00a0<i>Azul<\/i>: es cuando el 22 de octubre de 1888 Don Juan Valera escribe desde Madrid en una de sus\u00a0<i>Cartas americanas<\/i>: \u201cni es usted rom\u00e1ntico, ni naturalista, ni\u00a0<i>neur\u00f3tico<\/i>, ni decadente, ni simb\u00f3lico, ni parnasiano. Usted lo ha revuelto todo: lo ha puesto a cocer en el alambique de su cerebro, y ha sacado de ello una rara quintaesencia\u201d.<\/p>\n<p>Tres siglos despu\u00e9s de Cervantes, \u00e9l devolvi\u00f3 a la pen\u00ednsula una lengua que entonces result\u00f3 extra\u00f1a porque ven\u00eda nutrida de desaf\u00edos y atrevimientos, una lengua que era una mezcla de voces revueltas a la lumbre del Caribe, de donde yo tambi\u00e9n vengo, porque Centroam\u00e9rica es el Caribe, ese espacio de milagros verbales donde los portentos pertenecen a la realidad encandilada y no a la imaginaci\u00f3n, a la que s\u00f3lo toca copiarlos: el propio Rub\u00e9n, Alejo Carpentier, merecedor del Premio Cervantes, Miguel \u00c1ngel Asturias y Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, ganadores ambos del premio Nobel. En el Caribe toda invenci\u00f3n es posible, desde luego la realidad es ya una invenci\u00f3n en s\u00ed misma.<\/p>\n<p>En ese sentido, me figuro a Cervantes como un autor caribe\u00f1o, capaz de descoyuntar lo real y encontrar las claves de lo maravilloso, cuando nos habla en\u00a0<i>El coloquio de los perros<\/i>\u00a0de la Camacha de Montilla, que \u201ccongelaba las nubes cuando quer\u00eda, cubriendo con ellas la faz del sol, y cuando se le antojaba, volv\u00eda sereno el m\u00e1s turbado cielo; tra\u00eda los hombres en un instante de lejanas tierras; remediaba maravillosamente las doncellas que hab\u00edan tenido alg\u00fan descuido en guardar su entereza. Cubr\u00eda a las viudas de modo que con honestidad fuesen deshonestas, descasaba las casadas y casaba las que ella quer\u00eda&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Rub\u00e9n reconoci\u00f3 en s\u00ed mismo las se\u00f1ales de su mestizaje triple, \u201cel signo de descender de beatos e hijos de encomenderos, de esclavos africanos, de soberbios indios\u2026\u201d, y desde all\u00ed, de esa h\u00fameda oscuridad donde se confunden los ruidos y los murmullos de la historia, se arma en rel\u00e1mpagos la lengua que el nuevo mundo devuelve a la Espa\u00f1a de Cervantes.<\/p>\n<p>La virtud de Rub\u00e9n est\u00e1 en revolverlo todo, poner s\u00e1tiros y bacantes al lado de santos ultrajados y v\u00edrgenes piadosas, hallar gusto en los colores contrastados, ser due\u00f1o de un o\u00eddo m\u00e1gico para la m\u00fasica y otro no menos m\u00e1gico para el ritmo, sonsacar vocablos sonoros de otros idiomas, dar al oropel la apariencia del oro y a los decorados sustancia real, conceder a los aires populares majestad musical, hallar y ofrecer deleite en el acaparamiento goloso de lo ex\u00f3tico: \u201cun ansia de vida, un estremecimiento sensual, un relente pagano\u201d.<\/p>\n<p>Pero esa lengua nunca dej\u00f3 de ser la lengua cervantina, otra vez, como en el siglo de oro, una lengua de novedades, y es esa lengua de ida y de vuelta la que hoy se reinventa de manera constante en el siglo veintiuno mientras se multiplica y se expande. Una lengua que no conoce el sosiego. Una lengua sin quietud porque est\u00e1 viva y reclama cada vez m\u00e1s espacios y no entiende de muros ni fronteras.<\/p>\n<p>Rub\u00e9n cuenta en su autobiograf\u00eda que en un viejo armario de la casa solariega donde pas\u00f3 su infancia de hu\u00e9rfano en Le\u00f3n de Nicaragua, encontr\u00f3 los primeros libros que habr\u00eda de leer en su vida. Ten\u00eda diez a\u00f1os de edad. \u201cEran un Quijote\u201d, dice, \u201clas obras de Morat\u00edn, Las mil y una noches, la Biblia; los Oficios, de Cicer\u00f3n; la Corina, de Madame Sta\u00ebl; un tomo de comedias cl\u00e1sicas espa\u00f1olas, y una novela terror\u00edfica de ya no recuerdo qu\u00e9 autor, la Caverna de Strozzi\u201d. Y termina comentando: \u201cextra\u00f1a y ardua mezcla de cosas para la cabeza de un ni\u00f1o\u201d. La edici\u00f3n en dos peque\u00f1os tomos en letra apretada de la\u00a0<i>Vida y hechos del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha,<\/i>\u00a0que tuvo entonces en sus manos, era del a\u00f1o 1841, y hab\u00eda salido de la Imprenta de J. Mayol y Compa\u00f1\u00eda, en Barcelona.<\/p>\n<p>Era aquel mismo ni\u00f1o a quien su t\u00edo abuelo, y padre de crianza, el coronel F\u00e9lix Ram\u00edrez Madregil, igual que Jos\u00e9 Arcadio Buend\u00eda hace con su hijo Aureliano, lo llev\u00f3 a conocer el hielo: \u201cpor \u00e9l aprend\u00ed pocos a\u00f1os m\u00e1s tarde a andar a caballo, conoc\u00ed el hielo, los cuentos pintados para ni\u00f1os, las manzanas de California y el champa\u00f1a de Francia\u201d, recuerda en esa misma autobiograf\u00eda.<\/p>\n<p>Cuando ya due\u00f1o del tesoro del viejo armario escoge el Quijote, la primera de tantas lecturas que har\u00eda de \u00e9l en su vida, lo que empieza es un viaje, porque toda lectura es un viaje. Pero este ser\u00e1 un viaje en que se narra otro viaje.<\/p>\n<p>Al rev\u00e9s de Ulises, que quiere llegar sin contratiempos a su hogar en \u00cdtaca, don Quijote sale de su hogar en alg\u00fan lugar de la Mancha en busca de contratiempos. Quiere ser interrumpido, y no se sorprende de las interrupciones; a eso ha salido, a toparse con ellas: endriagos, bribones poderosos, malvados encantadores, tentaciones de la carne que como buen caballero debe rechazar, sometido como se halla al voto de casta fidelidad a su dama.<\/p>\n<p>El mundo rural que don Quijote va a recorrer tendr\u00eda muy poco de atractivo para alguien que emprende un viaje con sentido com\u00fan, bajo las necesidades impuestas por la vida cotidiana. Es su imaginaci\u00f3n encandilada la que crear\u00e1 los obst\u00e1culos, peligros y desaf\u00edos. Claro que los obst\u00e1culos que Ulises encuentra mientras navega hacia \u00cdtaca, tambi\u00e9n son fruto de la imaginaci\u00f3n, la imaginaci\u00f3n de Homero: sirenas cuyo canto causa la perdici\u00f3n de los navegantes, hechiceras que convierten en cerdos a los hombres, vientos encerrados en un odre que provocan naufragios al ser desatados.<\/p>\n<p>Pero los gigantes, magos, damas cautivas, cuevas y castillos encantados que don Quijote va hallando en la ruta, nacen de su propia imaginaci\u00f3n. Es un mundo creado por \u00e9l mismo, como personaje, superpuesto al mundo real. Es su propio personaje, en tanto Ulises es personaje de Homero. Ulises es un mentiroso consumado, que inventa para enredar a los dem\u00e1s. Don Quijote inventa para s\u00ed mismo, es criatura de su propia ficci\u00f3n. Apenas recobra el seso, todo aquel tinglado construido en su mente se deshace, los cortinajes y decorados desaparecen, y lo que permanece a la vista es la simple realidad racional. Entonces, s\u00f3lo le queda morir.<\/p>\n<p>Ambos mundos, el real y el imaginado, se corresponden y se oponen en las p\u00e1ginas del Quijote. Los castillos de tiempos idos son las ventas del camino, y los venteros no son encantadores, sino prosaicos hospederos que si pueden esquilman a los viajeros. Pero un mundo no podr\u00eda existir sin el otro, porque es su contrario y al mismo tiempo su contrapeso y complemento.<\/p>\n<p>Desde aquel primer viaje Rub\u00e9n ya nunca abandonar\u00eda a Cervantes, que se convierte en un modelo suyo, literario y vital, seg\u00fan su soneto: \u201cHoras de pesadumbre y de tristeza\/ paso en mi soledad. \/ Pero Cervantes\/es buen amigo. Endulza mis instantes\/ \u00e1speros, y reposa mi cabeza\u2026\u201d<\/p>\n<p>\u201c\u00c9l es la vida y la naturaleza,\/ regala un yelmo de oros y diamantes\/ a mis sue\u00f1os errantes\/. Es para m\u00ed: suspira, r\u00ede y reza.\u201d, dice en la siguiente estrofa. La vida tal como es. El tiempo ya muerto de los caballeros andantes, que tampoco es un tiempo hist\u00f3rico pues se trata de personajes de ficci\u00f3n, entra en el tiempo real contempor\u00e1neo, y entre ambos se produce un choque que, en lugar de destruirlos, los hace vivir.<\/p>\n<p>Y no se destruyen porque Cervantes narra con naturaleza esas historias asombrosas y disparatadas, lejos de afectaciones e impostaciones que generalmente esconden ignorancia. Un escritor natural es aquel que sabe de qu\u00e9 est\u00e1 hablando. Habla al o\u00eddo del lector, no se desga\u00f1ita. Conversa con suaves ademanes; enamora con la palabra y con los gestos: \u201cparla como un arroyo cristalino\u201d.<\/p>\n<p>Frente a la locura que pasma, Cervantes no se inquieta; se r\u00ede de manera sosegada, sin dejarse ver por el lector, y al tomar distancia de ese mundo estrafalario con la risa, que est\u00e1 lejos de ser una risa malvada, o jayana, nos ense\u00f1a a ser compasivos, y nos acostumbra a contemplar con naturalidad la maravilla: \u201ces para m\u00ed: suspira, r\u00ede y reza\u201d.<\/p>\n<p>Los mundos muertos, construidos de cart\u00f3n piedra, los decorados que huelen a pintura o a vejez, tarde o temprano ser\u00e1n comidos por la polilla, porque lo falso no sobrevive. En cambio, el mundo insuflado de naturaleza por virtud de las palabras, se parece a la vida, o es como la vida. Naturaleza y vida se vuelven as\u00ed inseparables.<\/p>\n<p>Y naturaleza y vida tienen que ver, sin duda, con el humor y la melancol\u00eda, que tambi\u00e9n son almas gemelas, como lo explica \u00cdtalo Calvino en\u00a0<i>Seis propuestas para el pr\u00f3ximo milenio<\/i>: \u201cas\u00ed como la melancol\u00eda es la tristeza que se aligera, as\u00ed el humor es lo c\u00f3mico que ha perdido la pesadez corp\u00f3rea\u2026\u201d.<\/p>\n<p>Estas dos cualidades de la literatura y de la vida se auxilian tambi\u00e9n en equilibrio porque tienen la sustancia de la ligereza. El humor en Cervantes pierde la pesadez corp\u00f3rea de lo c\u00f3mico. Vive de la ligereza, y en la ligereza, contraria a la pesadez que no deja circular el aire entre las l\u00edneas del texto.<\/p>\n<p>Tal como Sergio Pitol, Premio Cervantes del a\u00f1o 2005, muerto este mismo mes en M\u00e9xico, y a quien rindo homenaje, cervantino hasta la m\u00e9dula porque nunca se atuvo a la pesadez, y supo trocarla por el humor, la iron\u00eda y la parodia; un \u201craro\u201d de los de Rub\u00e9n, que supo hacer de la escritura una fiesta.<\/p>\n<p>En\u00a0<i>Vida de don Quijote y Sancho<\/i>, Unamuno nos recuerda que don Quijote nos hace re\u00edr porque su seriedad a la vez nos divierte, y nos conmueve. No cree en el rid\u00edculo, porque para \u00e9l el rid\u00edculo no existe: \u201ccaballero que hizo re\u00edr a todo el mundo, pero que nunca solt\u00f3 un chiste\u2026\u201d.<\/p>\n<p>Y Rub\u00e9n, al invocarlo en\u00a0<i>Letan\u00eda de Nuestro Se\u00f1or don Quijote<\/i>: \u201cRey de los hidalgos, se\u00f1or de los tristes\/ que de fuerza alientas y de ensue\u00f1os vistes\/ coronado de \u00e1ureo yelmo de ilusi\u00f3n\u2026\u201d, tambi\u00e9n invoca la naturaleza natural de las cosas: \u201cescucha los versos de estas letan\u00edas\/ hechas con las cosas de todos los d\u00edas\/ y con otras que en lo misterioso vi\u2026\u201d.<\/p>\n<p>En alg\u00fan momento de la vida, uno se encuentra con Cervantes. Fue mi madre, Luisa Mercado, quien en sus clases de literatura en el colegio de secundaria, porque tuve la infinita suerte de ser su disc\u00edpulo, me ense\u00f1\u00f3 a leer el Quijote, y el\u00a0<i>Libro del buen amor<\/i>\u00a0del Arcipreste, los versos del Marqu\u00e9s de Santillana, las Coplas de Jorge Manrique por la muerte de su padre, a Lope y Quevedo; y no pocos de esos poemas los aprend\u00ed de memoria para siempre.<\/p>\n<p>Guardaba ella un ejemplar en cuarto mayor del Quijote que hab\u00eda pertenecido a mi abuelo Te\u00f3filo Mercado, converso a la austera religi\u00f3n bautista que llegaron a predicar en 1910 unos misioneros de Alabama, y desde antes liberal positivista, creyente con fe ciega en el progreso y en la educaci\u00f3n, una especie de disc\u00edpulo de Augusto Comte extraviado en Masatepe, el peque\u00f1o pueblo cafetalero de la meseta del Pac\u00edfico de Nicaragua donde nac\u00ed.<\/p>\n<p>Era agricultor, agrimensor, constructor de pozos artesianos y ebanista. La mesa donde escribo sali\u00f3 de sus manos. Y entre sus libros de medicina, agronom\u00eda, y geodesia, y manuales de geometr\u00eda plana y \u00e1lgebra elemental, estaba El Quijote. Si para \u00e9l toda lectura deb\u00eda ser did\u00e1ctica, y despreciaba a los poetas que se dejaban largo el pelo y a los novelistas que se perd\u00edan en el relato de desgracias amorosas y aventuras inventadas, \u00bfqu\u00e9 hac\u00eda, entonces, El Quijote en compa\u00f1\u00eda tan extra\u00f1a en su librero, sino desmentir su lejan\u00eda de la imaginaci\u00f3n? \u00bfY no lo desmiente tambi\u00e9n su nieto novelista?<\/p>\n<p>Cervantino y dariano, ato mi escritura con un nudo que nadie puede cortar ni desatar. Un nudo de palabras en mi o\u00eddo desde la infancia, amamantado en una lengua h\u00edbrida que tra\u00eda los viejos sones del siglo de oro represados en la arcaica arcadia verbal campesina, y entreveradas a esas palabras, que brillaban como gemas antiguas entre el polvo de los siglos, las de la lejana lengua n\u00e1huatl \u2013Masatepe,\u00a0<i>mazatl<\/i>&#8211;<i>tepetl<\/i>, tierra de venados- y desde muchos antes las de la lengua mangue, que mientras el paisaje de mi ni\u00f1ez se despe\u00f1a hacia el cr\u00e1ter de la laguna de Masaya, al pie del volc\u00e1n Santiago, donde bulle a ojos vista la lava rojo, malva y amarillo, como en la boca del infierno, los residuos de esa lengua ya casi olvidada van marcando los territorios comarcanos, \u00d1amborime,\u00a0<i>cerca del agua,<\/i>\u00a0Jalata,\u00a0<i>agua arenosa<\/i>, Nimboja,\u00a0<i>camino hacia el agua<\/i>.<\/p>\n<p>La lengua se hace primero en el o\u00eddo. El mundo de un ni\u00f1o es un mundo de voces que alguna vez se vuelven escritura. Las de las consejas y las leyendas, las de los pregones de los mercados, la de los romances an\u00f3nimos bordoneados en las guitarras. Las de la tertulia vespertina a la que comparec\u00eda mi abuelo paterno Lisandro Ram\u00edrez, violinista y compositor de valses, fox-trots y mazurcas, y maestro de capilla de la iglesia parroquial, junto a mis t\u00edos m\u00fasicos, pobres como \u00e9l, y bohemios, quienes formaban entre todos la orquesta Ram\u00edrez. Reunidos en la tienda de abarrotes de mi padre, Pedro Ram\u00edrez, el \u00fanico que se hab\u00eda resistido a tocar un instrumento porque lo cargaron con el pesado contrabajo, se entreten\u00edan en un solo jolgorio de conversaci\u00f3n antes de subir las gradas de la iglesia parroquial para tocar el rosario de las seis de la tarde, una fiesta verbal cervantina aquella pl\u00e1tica en la que nunca contaban chistes groseros, despreciaban el rid\u00edculo, convert\u00edan sus penas en alegr\u00edas, y se burlaban con gracia de sus propias desgracias, gan\u00e1ndose as\u00ed, al re\u00edrse de ellos mismos, la soberan\u00eda de re\u00edrse de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Narrar es un don que no brota sino de la necesidad de contar, esa necesidad apremiante sin la cual, quien se entrega a este oficio incomparable, no puede vivir en paz consigo mismo. Desde el fondo de esa necesidad un novelista debe iluminar en su prosa todo aquello que yace en las profundas cavernas del sentido, acercar la antorcha a los rostros de los personajes ocultos en la oscuridad, revelar los entresijos cambiantes de la condici\u00f3n humana.<\/p>\n<p>Es una epifan\u00eda de cada d\u00eda, que no se da sin el uso de los procedimientos debidos, que empiezan por sentarse a escribir entre cuatro paredes como un prisionero que disfruta y padece de la necesidad de contar. Hay que saber atrapar la gracia. La escritura es un milagro provocado. Y no pocas veces un milagro una y otra vez corregido. \u201cYo persigo una forma que no encuentra mi estilo\u2026y no hay sino la palabra que huye\u201d, dice Rub\u00e9n. La p\u00e1gina en blanco est\u00e1 llena de rastros, de sombras de palabras fugitivas.<\/p>\n<p>Siento que soy, as\u00ed, la s\u00edntesis de mis dos abuelos, el m\u00fasico y el ebanista, el que pulsa el arco y el que empu\u00f1a la gubia, a medias el compositor que llenaba con sus signos mel\u00f3dicos la hoja de papel pautado, y a medias el artesano que nunca estuvo conforme con un mueble de gavetas desencajadas, que no asentara bien sobre el suelo, o cuyas junturas dejaran luces.<\/p>\n<p>Escribo entre cuatro paredes, pero con las ventanas abiertas, porque como novelista no puedo ignorar la anormalidad constante de las ocurrencias de la realidad en que vivo, tan desconcertantes y tornadizas, y no pocas veces tan tr\u00e1gicas pero siempre seductoras. Mi Am\u00e9rica, nuestra Am\u00e9rica, como sol\u00eda decir Mart\u00ed. La Hom\u00e9rica Latina, como la bautiz\u00f3 Marta Traba.<\/p>\n<p>A ese paisaje iluminado y a la vez lleno de sombras, desolado y a la vez lleno de voces recurro, dominado por la curiosidad y el asombro, en busca de sus rincones ocultos y de los humildes personajes que lo pueblan, cada uno cargando a cuestas sus peque\u00f1as historias, y me seduce verlos caminar, sin ser advertidos, o sin advertirlo, hacia las fauces que los engullen, v\u00edctimas tantas veces del poder arbitrario que trastoca sus vidas, el poder demag\u00f3gico que divide, separa, enfrenta, atropella. Ese poder que no lleva en su naturaleza ni la compasi\u00f3n ni la justicia y se impone por tanto con desmesura, cinismo y crueldad.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de los siglos la historia se ha escrito siempre en contra de alguien o a favor de alguien. La novela, en cambio, no toma partido, o si lo hace, arruina su cometido. El vasto campo de La Mancha es el reino de la libertad creadora. Un escritor fiel a un credo oficial, a un sistema, a un pensamiento \u00fanico, no puede participar de esa aventura diversa, contradictoria, cambiante, que es la novela. Una novela es una conspiraci\u00f3n permanente contra las verdades absolutas.<\/p>\n<p>La realidad, que tanto nos abruma. Caudillos enlutados antes, caudillos como magos de feria hoy, disfrazados de libertadores, que ofrecen remedio para todos los males. Y los caudillos del narcotr\u00e1fico vestidos como reyes de baraja. Y el exilio permanente de miles de centroamericanos hacia la frontera de Estados Unidos impuesto por la marginaci\u00f3n y la miseria, y el tren de la muerte que atraviesa M\u00e9xico con su eterno silbido de Bestia herida, y la violencia como la m\u00e1s funesta de nuestra deidades, adorada en los altares de la Santa Muerte. Las fosas clandestinas que se siguen abriendo, los basureros convertidos en cementerios.<\/p>\n<p>Cerrar los ojos, apagar la luz, bajar la cortina, es traicionar el oficio. Todo ir\u00e1 a desembocar tarde o temprano en el relato, todo entrar\u00e1 sin remedio en las aguas de la novela. Y lo que calla o mal escribe la historia, lo dir\u00e1 la imaginaci\u00f3n, due\u00f1a y se\u00f1ora de la libertad, \u201cpor la que se puede y debe aventurar la vida\u201d, pues no hay nada que pueda y deba ser m\u00e1s libre que la escritura, en mengua de s\u00ed misma cuando paga tributos al poder el que, cuando no es democr\u00e1tico, s\u00f3lo quiere fidelidades incondicionales. Somos m\u00e1s bien testigos de cargo. Nuestro oficio es levantar piedras, dec\u00eda Saramago; si debajo lo que hallamos son monstruos, no es nuestra culpa.<\/p>\n<p>En mis a\u00f1os juveniles \u201ctuve otras cosas en qu\u00e9 ocuparme, dej\u00e9 la pluma y las comedias\u2026\u201d, como expresa nuestro padre Cervantes<i>.<\/i>\u00a0Y si un d\u00eda me apart\u00e9 de la literatura para entrar en la vor\u00e1gine de una revoluci\u00f3n que derroc\u00f3 a una dictadura, es porque segu\u00eda siendo el ni\u00f1o que se imagina de rodillas en el suelo de la venta presenciando la funci\u00f3n de t\u00edteres del retablo de Maese Pedro, ansioso de coger un mandoble para ayudar a don Quijote a descabezar malvados.<\/p>\n<p>Pero vuelvo a citar el primer p\u00e1rrafo de\u00a0<i>Historia de dos ciudades<\/i>\u00a0de Dickens, tal como lo hice en mi libro de memorias acerca de esos a\u00f1os,\u00a0<i>Adi\u00f3s muchachos<\/i>: \u201cfue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempos; fue tiempo de sabidur\u00eda, fue tiempo de locura; fue una \u00e9poca de fe, fue una \u00e9poca de incredulidad; fue una temporada de fulgor, fue una temporada de tinieblas; fue la primavera de la esperanza, fue el invierno de la desesperaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Vivo en mi lengua, en el ancho territorio de la Mancha, seg\u00fan la dichosa frase de Carlos Fuentes, un territorio verbal y a la vez una mancha indeleble. La Mancha que no se desl\u00ede ni se borra. La escritura manchada, contaminada de belleza y de verdades, de ilusi\u00f3n y realidad, de iniquidades y de grandeza.<\/p>\n<p>Y al recordar a Fuentes, amigo y maestro, traigo delante de m\u00ed la deuda imperecedera con los escritores del boom, tan pr\u00f3ximos a m\u00ed y que tanto me ense\u00f1aron. Garc\u00eda M\u00e1rquez, quien volvi\u00f3 a inventar la lengua en sus redomas de alquimista trasmutando la realidad en prodigio; Cort\u00e1zar, quien en las p\u00e1ginas de\u00a0<i>Rayuela<\/i>\u00a0dio a mi generaci\u00f3n las claves de la rebeld\u00eda sin sosiego, \u00e9l, quien me hizo cronopio para siempre; el propio Fuentes, quien subi\u00f3 a los andamios para pintar la historia de M\u00e9xico y la de Am\u00e9rica como un alucinante mural en movimiento; y Mario Vargas Llosa, cuyas novelas desarm\u00e9 p\u00e1gina a p\u00e1gina, como si se tratara de un mecano, para aprender as\u00ed los rigores del oficio.<\/p>\n<p>Y la otra deuda imperecedera. Tulita, mi esposa, a quien debo en muchos sentidos mi oficio, y quiz\u00e1s sea suficiente explicarlo repitiendo lo que puse en la dedicatoria inscrita en mi novela\u00a0<i>Castigo Divino<\/i>, de cuya publicaci\u00f3n se cumplen ahora treinta a\u00f1os: que ella invent\u00f3 las horas para escribirla; as\u00ed como, mejor novelista que yo, ha inventado mi vida. Y junto con ella, lo que debo a mis hijos y nietos, presentes todos aqu\u00ed, mi prole de la primavera del patriarca, de la que me siento tanto orgulloso como dichoso.<\/p>\n<p>Gracias a Juan Cruz, el Juan de Juanes, que supo armarme de nuevo con las armas de la literatura cuando regresaba de otras lides con la lanza quebrada; a Antonia Kerrigan, la mejor agente literaria del mundo, y a Pilar Reyes, la mejor editora del mundo.<\/p>\n<p>Gracias al jurado del Premio Cervantes, presidido por el Director de la Real Academia de la Lengua, Dar\u00edo Villanueva, por apuntar de manera tan generosa su br\u00fajula hacia mi obra.<\/p>\n<p>Y gracias, don Felipe, por esta honra que Espa\u00f1a, la de \u201clos mil cachorros sueltos\u201d de la lengua, concede a Centroam\u00e9rica a trav\u00e9s m\u00edo, y a mi pa\u00eds de vientre peque\u00f1o, pero tan pr\u00f3digo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6>Sergio Ram\u00edrez recibe el Premio Cervantes del rey\u00a0Felipe VI y la reina\u00a0Letizia de Espa\u00f1a. Foto: Juan Carlos Hidalgo, EFE News Agency.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Perm\u00edtanme dedicar este premio a la memoria de los nicarag\u00fcenses que en los \u00faltimos d\u00edas han sido asesinados en las calles por reclamar justicia y democracia, y a los miles de j\u00f3venes que siguen luchando, sin m\u00e1s armas que sus ideales, porque Nicaragua vuelva a ser Rep\u00fablica. Vengo de un peque\u00f1o pa\u00eds que erige su cordillera de volcanes a mitad del ardiente paisaje centroamericano, al que Neruda llam\u00f3 en una de las estancias del&nbsp;<i>Canto General<\/i>&nbsp;\u201cla dulce cintura de Am\u00e9rica\u201d. Una cintura explosiva.&nbsp;<i>Balcanes y volcanes<\/i>&nbsp;puse por t\u00edtulo a un ensayo de mis a\u00f1os juveniles donde trataba de explicar la naturaleza cultural de esa regi\u00f3n marcada a hierro ardiente en su historia por los cataclismos, las tiran\u00edas reiteradas, las rebeliones y las pendencias; pero, en lo que hace a Nicaragua, tambi\u00e9n por la poes\u00eda. 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