{"id":2619,"date":"2018-11-01T16:59:05","date_gmt":"2018-11-01T22:59:05","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2018\/11\/octavio-armand-concert-misconduct-conversation-roberto-cantu\/"},"modified":"2024-05-18T23:58:12","modified_gmt":"2024-05-19T05:58:12","slug":"octavio-armand-concert-misconduct-conversation-roberto-cantu","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2018\/11\/octavio-armand-concert-misconduct-conversation-roberto-cantu\/","title":{"rendered":"Octavio Armand: &#8220;Concierto para delinquir&#8221;: Una conversaci\u00f3n con Roberto Cant\u00fa"},"content":{"rendered":"<div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 36.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; color: #2d2d2d}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 36.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; color: #2d2d2d; min-height: 15.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 36.0px; font: 12.0px Times; color: #2d2d2d}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; color: #2d2d2d}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p6 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p7 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p8 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p9 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<\/div>\n<div class=\"caption\">\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 36.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; color: #2d2d2d}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 36.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; color: #2d2d2d; min-height: 15.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 36.0px; font: 12.0px Times; color: #2d2d2d}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; color: #2d2d2d}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times}<br \/>p.p6 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p7 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p8 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p9 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.s1 {color: #ff2600}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<\/div>\n<p>Octavio Armand es un poeta y ensayista cubano cuya obra reunida (1974-2016) fue publicada, recientemente, en tres vol\u00famenes: <i>Contra la p\u00e1gina<\/i> (2015) y <i>Canto rodado<\/i> (2 vol\u00famenes, 2016). Armand se residenci\u00f3 en Nueva York durante su juventud y se gradu\u00f3 en la Universidad de Rutgers, pero ha vivido en Caracas, Venezuela, desde hace m\u00e1s de 30 a\u00f1os, encarnando la vida de un escritor cuyos temas principales son la memoria, la b\u00fasqueda de significados plurales y conflictivos en el lenguaje, y la apropiaci\u00f3n de tradiciones po\u00e9ticas que cubren un espectro que abarca desde la antig\u00fcedad sumeria, griega y de Mesopotamia hasta la moderna Latinoam\u00e9rica de Mart\u00ed, Vicente Huidobro y Octavio Paz. La escritura de Armand est\u00e1 constituida en s\u00ed misma por palabras que han sido depuradas de excesos acumulados, como piedras pulidas en un arroyo, configurando en un movimiento creativo un poema o un ensayo en el que la experiencia est\u00e9tica del lector surge de niveles no comunes de interpretaci\u00f3n. Mi conversaci\u00f3n con Octavio Armand se concentra en su libro de poes\u00eda <i>Concierto para delinquir<\/i> (2016), pero tambi\u00e9n hablamos sobre su infancia en Cuba y sobre las po\u00e9ticas que contin\u00faan insuflando vida a sus poemas, poemas en prosa y ensayos.<\/p>\n<p><b>Roberto Cant\u00fa<\/b>: Ya que la memoria es un tema inevitable en tu poes\u00eda y ensayos, comencemos nuestro di\u00e1logo mirando hacia atr\u00e1s en el tiempo. Si no te importa, comenzar\u00e9 con mis recuerdos de Nueva York cuando pas\u00e9 una semana en casa de tus padres, a finales de diciembre de 1976. Tu libro de poes\u00eda <i>Piel menos m\u00eda<\/i> acababa de aparecer, de modo que mi visita fue una excusa perfecta para viajar a Nueva York y celebrar contigo y los amigos. Recuerdo las caminatas diarias alrededor de la cuadra, con tu padre \u2013don Luis, como yo lo llamaba\u2013 quien me contar\u00eda cuentos de su juventud en Cuba mientras \u00e9l arrojaba pu\u00f1ados de alpiste bajo los olmos que bordeaban la acera. Mientras camin\u00e1bamos y \u00e9l lanzaba el alpiste, una nube de p\u00e1jaros brincaba de un \u00e1rbol al otro, picoteando en el suelo y echando a volar tras las pisadas de tu padre. T\u00fa me hab\u00edas comentado antes que los vecinos constantemente se quejaban debido a la molestia en que los p\u00e1jaros se hab\u00edan convertido \u2014su ruido y excremento\u2014. Tu padre, imp\u00e1vido por esas quejas, hac\u00eda sus caminatas matutinas, alimentando pl\u00e1cidamente a los gorriones. Recuerdo que yo estaba en sinton\u00eda con tu padre, a quien entonces ve\u00eda a trav\u00e9s de un poema de Longfellow \u201cEl serm\u00f3n de San Francisco\u201d:<\/p>\n<p>Alrededor de la puerta del convento de As\u00eds<br \/>\nLos p\u00e1jaros, los pobres de Dios que no pueden esperar,<br \/>\nDesde moras y puras y oscuras maderas<br \/>\nVienen en bandadas por su caritativa comida.<\/p>\n<p>\u00a1Me sent\u00ed orgulloso de compartir tan atrevida y bienintencionada violaci\u00f3n del deber c\u00edvico! Gracias a tu padre comprend\u00ed una constante \u00e9tica\u00a0 \u2014\u00bfo se trata de algo m\u00e1s que una postura \u00e9tica?\u2014 en tu poes\u00eda y ensayos.<\/p>\n<p><b>Octavio Armand: <\/b>Recuerdo a mi padre y su s\u00e9quito de gorriones. Y recuerdo muy bien tu visita, las conversaciones sobre Cuba y M\u00e9xico, as\u00ed como tambi\u00e9n, por supuesto, mis visitas a tu casa en Los \u00c1ngeles y los picantes y exquisitos huevos rancheros de tu madre. Otro recuerdo inolvidable del Este de los \u00c1ngeles: un burrito del tama\u00f1o de un mamut que ped\u00ed en el restaurante El Tepeyac, sin darme cuenta de que as\u00ed me convert\u00eda en el hazmerre\u00edr de todos los comensales del lugar, quienes advirtieron mediante una campanada que un extranjero muy hambriento hab\u00eda llegado a la ciudad. Todos ellos deben haberme visto, como t\u00fa tambi\u00e9n, \u201cen bandada por mi caritativa comida\u201d, que es, exactamente, como t\u00fa viste a mi padre rodeado por gorriones.<\/p>\n<p><b>R.C: <\/b>Primero nos conocimos por uno de tus libros, <i>Entre testigos <\/i>(1974),\u00a0 una colecci\u00f3n de poemas que encontr\u00e9 en mi casillero de correo a comienzos del oto\u00f1o de 1974, cuando estaba listo\u00a0 para comenzar a dictar mis cursos en la Universidad del Estado de California, en Los \u00c1ngeles. En la medida que fui leyendo las p\u00e1ginas del libro, tom\u00e9 notas sobre tus afinidades po\u00e9ticas y tu apreciaci\u00f3n de la historia literaria se\u00f1alada a trav\u00e9s de ep\u00edgrafes y listas de autores: Octavio Paz, Andr\u00e9 Breton, Rainer Mar\u00eda Rilke y Michel Foucault, entre otros. Me sent\u00ed atra\u00eddo por tus poemas en prosa (por ejemplo, \u201cArticulando la insuficiencia\u201d, \u201cLa palabra como periferia\u201d y \u201cLa ritualizaci\u00f3n del entusiasmo\u201d). Visto en retrospectiva, el poema en prosa parece ser la expresi\u00f3n literaria que ata al ensayista y al poeta que hay en ti. Estoy tentado a decir\u00a0 \u2014mejor a\u00fan, a afirmar\u2014 que esta inclinaci\u00f3n creativa alcanza su m\u00e1ximo apogeo en <i>Concierto para delinquir<\/i>, donde el poema y el poema en prosa se alternan de forma armoniosa, aunque no linealmente. Dinos c\u00f3mo te mantienes innovando y al mismo tiempo permaneces firme y anclado en quien fuiste como poeta hace m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os.<\/p>\n<p><b>O.A.:<\/b> Quiz\u00e1s sea porque soy m\u00e1s joven que mis 70, cuarenta a\u00f1os m\u00e1s joven, para ser exacto. O quiz\u00e1s porque yo camino retrocediendo hacia el futuro. En cualquier caso, me siento a la vez mucho m\u00e1s viejo y mucho m\u00e1s joven que mis amigos, sin importar su edad. A algunos los considero hermanos, hijos, nietos y simult\u00e1neamente padres, abuelos y bisabuelos, dependiendo del capricho de las circunstancias. Por lo que respecta al tiempo soy una contradicci\u00f3n. Cuando era ni\u00f1o uno de mis amigos m\u00e1s cercanos era Regino Boti, entonces en sus setentas. Por casualidad, Boti viv\u00eda cruzando nuestra calle. Y casualmente, tambi\u00e9n, era uno de los poetas m\u00e1s conocidos de Cuba. Pero para m\u00ed, \u00e9l no era una figura nacional; ni sumamente respetada o reverenciada o temida, debido a su severa imagen p\u00fablica. \u00c9l fue s\u00f3lo un compa\u00f1ero de juego, quien yo supon\u00eda ten\u00eda mi misma edad, dado su inter\u00e9s en los juegos que me divert\u00edan, entre los cuales estaban dibujar y contar historias fantasiosas. Un par m\u00edo a pesar de su enorme tama\u00f1o, su inmensa barriga y su calvicie, Regino muri\u00f3 a los 80 a\u00f1os, en 1958, durante el primer exilio de mi familia. Desde hace un buen tiempo, en el espejo retrovisor de la experiencia, he reconocido en \u00e9l una temprana y crucial influencia. Sin importar c\u00f3mo contara mis historias fant\u00e1sticas, nunca las cuestion\u00f3. Nunca las puso en duda. M\u00e1s bien, me parece, las consider\u00f3 frutos de la imaginaci\u00f3n y, por tanto, objetos a ser compartidos fuera de las tres dimensiones f\u00edsicas del mundo, en una cuarta, quinta o en\u00e9sima dimensi\u00f3n, regida por leyes excepcionales de termodin\u00e1mica y gravitaci\u00f3n universal. Te doy un ejemplo de mi antolog\u00eda de an\u00e9cdotas familiares: una vez le dije que hab\u00eda visto un le\u00f3n en los matorrales de El Uvero, la playa que fue el lugar de caza e inquietudes de mi infancia. All\u00ed yo fui Nube Roja, Ger\u00f3nimo, Tarz\u00e1n, el Capit\u00e1n Nemo, un mosquetero, e incluso yo mismo. Uno de esos \u201cyo\u201d vio un le\u00f3n, una inmensa, rugiente bestia que amenaz\u00f3 mi vida: \u201cPor favor, no se lo digas a nadie Regino. Yo ten\u00eda un poco de miedo\u201d. \u201cNo te preocupes, Tavito\u201d, replic\u00f3 un eco aumentado, \u201ccomprendo perfectamente c\u00f3mo te sientes, ya que varias semanas atr\u00e1s me tropec\u00e9 con uno, aqu\u00ed mismo, en las afueras del pueblo. S\u00f3lo que este fue un poco m\u00e1s grande que el que viste, una hembra con cuatro cachorros, muy protectora y extremadamente peligrosa. Yo tambi\u00e9n sent\u00ed un poco de miedo\u201d. \u00bfPod\u00edan mis relatos fant\u00e1sticos ser ciertos? \u00bfAcaso, de hecho, eran insuficientes ante la realidad? Regino ret\u00f3 mi imaginaci\u00f3n a mayores horizontes: lo imposible es posible, debo haber conjeturado. Las invenciones, las fantas\u00edas pueden ser tan reales como lo que los adultos llaman lo real. Las fronteras entre el adentro y el afuera, entre la raz\u00f3n y la imaginaci\u00f3n, entre la luz y la oscuridad, reducidas en la confusi\u00f3n entre el amanecer y el ocaso. En conclusi\u00f3n, creo que Regino me ense\u00f1\u00f3 a no perder mi sentido del asombro. El mundo y el mundo de las palabras no deben convertirse en una faja o camisa de fuerza. El olvido es parte de la memoria y la ignorancia es parte de la sabidur\u00eda. Trasladando esto al paisaje y la arquitectura: Regino fue mi muy personal\u00edsimo Frank Lloyd Wright. \u00c9l abri\u00f3 mi mente como una casa de la pradera. Los puntos cardinales eran la longitud de los brazos y las paredes se pod\u00edan convertir en colinas, nubes y vientos inalcanzables. Mi viejo compa\u00f1ero fue un puente entre realidades pares e impares. \u00bfEs demasiado inveros\u00edmil encontrar en esta an\u00e9cdota una analog\u00eda de mi experiencia con la prosa y la poes\u00eda?<\/p>\n<p><b>R.C.:<\/b> Al contrario, mientras m\u00e1s inveros\u00edmil o fant\u00e1stico el relato, mejor. La imagen de un puente que conduce a tu casa de la pradera o a una sensaci\u00f3n de asombro, insin\u00faa el lugar m\u00e1s all\u00e1 del cual la mera prosa es trasmutada en poes\u00eda. Sin embargo, adem\u00e1s de la uni\u00f3n de los contrarios o del extraordinario disfrute de mantener dos significados opuestos como complementarios, encuentro en tu escritura un tema temporal rebelde al futuro, de lo cual resulta una interesante exclusi\u00f3n de cualquier forma de figuraciones ut\u00f3picas. En otras palabras, en tu escritura percibo una constante conceptual: un cuestionamiento de la modernidad como <i>telos<\/i> as\u00ed como una fuerza determinante en la historia; por tanto, t\u00fa invitas a tus lectores a \u201ccaminar hacia atr\u00e1s, digamos que desde Van Gogh, Albrecht D\u00fcrer y Nezahuac\u00f3yotl, a las pinturas policromas de las cuevas de Altamira, siempre en busca de otras formas de escritura, de expresi\u00f3n art\u00edstica y \u2014\u00bfpor qu\u00e9 no?\u2014\u00a0 de las ruinas de la sabidur\u00eda del pasado. Esto podr\u00eda explicar las frecuentes alusiones a diferentes tipos de escritura (acadiana, egipcia, hitita, entre otras), al arte de la lectura y la interpretaci\u00f3n, y al deseo del escritor de alcanzar la auto-comprensi\u00f3n a trav\u00e9s de un lenguaje de s\u00edmbolos, met\u00e1foras y alegor\u00edas. El acto de leer: la posibilidad de transformaci\u00f3n y transfiguraci\u00f3n de uno mismo.<\/p>\n<p><b>O.A.:<\/b> En lugar de cambiar al espa\u00f1ol, como deber\u00eda, cambio del calendario a la escritura en ambos, la prosa y la poes\u00eda. T\u00fa dices, acertadamente, que el arte, al menos como yo lo entiendo o vivo, es transformaci\u00f3n y transfiguraci\u00f3n de uno mismo. Las met\u00e1foras comienzan en el interior de uno. Luego de esa alteraci\u00f3n en la presumible simetr\u00eda del ser, y s\u00f3lo despu\u00e9s, ellas se hacen verbalmente tangibles, no s\u00f3lo al lector sino a m\u00ed mismo como espectador, como lector de mi propia imagen en el espejo del lenguaje. Con los pies en la tierra, pero parecida a una experiencia religiosa la escritura es frecuentemente perturbaci\u00f3n, retorcimiento; y a veces, su sedimentaci\u00f3n, coherencia de fragmentos del ser aparentemente desconectados. El poeta es \u201cshowman\u201d y cham\u00e1n. Muerte y resurrecci\u00f3n, s\u00ed. Un parto en desarrollo. Todas las formas de escritura, desde las escenas de caza del paleol\u00edtico hasta los jerogl\u00edficos o las partituras musicales son puntos de observaci\u00f3n intemporales para el lector; la p\u00e1gina escrita, una piedra Rosetta en la que la lectura se va haciendo posible de modo progresivo por la abundancia de la diversidad. La vida como met\u00e1fora. El lenguaje como met\u00e1fora.<\/p>\n<p><b>R.C.:<\/b> H\u00e1blanos acerca de <i>Concierto para delinquir \u2014<\/i>su pentagrama abierto sin notaciones musicales, un supuesto cuaderno de notas po\u00e9ticas o diario organizado sin orden cronol\u00f3gico, con una mezcla de iron\u00eda, humor y una recurrente meditaci\u00f3n sobre civilizaciones antiguas, como: Babilonia, Egipto, Mesoam\u00e9rica y China. Por el otro lado, la idea del autor o el libro como los lugares donde un absoluto encuentra su punto focal o puente es un postulado tradicional que es constantemente cuestionado y refutado en tus ensayos y poemas, sosteniendo t\u00fa mismo m\u00e1s bien la noci\u00f3n de la escritura como un pentagrama musical cuya ejecuci\u00f3n depende no tanto del compositor o de la partitura en s\u00ed misma como del di\u00e1logo\/dial\u00e9ctica entre el compositor y los int\u00e9rpretes \u2014b\u00e1sicamente\u2014, sin embargo, al final, la interpretaci\u00f3n recae en los lectores. Esta activaci\u00f3n asertiva del lector encuentra un \u00e1nimo af\u00edn en Octavio Paz, Julio Cort\u00e1zar y, entre otros, Carlos Fuentes. A riesgo de incurrir en delincuencia interpretativa, admito que encuentro en tu poes\u00eda y ensayos un llamado t\u00e1cito a un lector perceptivo a participar en un concierto \u2014entendido como acuerdo o sinton\u00eda conjunta, pero tambi\u00e9n como un convenio para enfrentarse celosamente y disputar eso que es requerido por la costumbre\u2014 donde la recepci\u00f3n e interpretaci\u00f3n de otros diferentes al autor, compositor o director es apoyada y estimulada.<\/p>\n<p><b>O.A:<\/b> Desde el comienzo, <i>Concierto para delinquir <\/i>abarca dos esferas muy diversas, como se\u00f1alas en los ep\u00edgrafes de esta entrevista: m\u00fasica y crimen. El t\u00edtulo es una truculenta apropiaci\u00f3n de un t\u00e9rmino legal, el cual supone complot o coautor\u00eda de un crimen. De tal modo, el libro se abre tanto a una corte de justicia como a una sala de conciertos. Pero inmediatamente propone un pentagrama en blanco, el cual insin\u00faa filas de sillas paralelas, vac\u00edas y geom\u00e9tricas. El lector no est\u00e1 parado en una corte de justicia, listo para escuchar su sentencia, sino que m\u00e1s bien busca su silla en una sala de conciertos. En lugar de enfrentar un juicio y una sentencia por un crimen a\u00fan no cometido, \u00e9l o ella escuchar\u00e1n oraciones que posiblemente ser\u00e1n una tentaci\u00f3n para incorporarse a la m\u00fasica. Para insistir en el gambito, \u00e9l o ella se har\u00e1n un c\u00f3mplice en la rima, un coautor en la poes\u00eda, esa experiencias crecientemente marginal y casi criminal. De nuevo, perm\u00edteme hacer una met\u00e1fora, una traducci\u00f3n. Roberto, quiz\u00e1s has tenido la siguiente sensaci\u00f3n y puedes compartir los extra\u00f1os y torpes sentimientos involucrados. Al estar sentado en una sala de conciertos, mientras los m\u00fasicos afinan sus instrumentos antes de que el todopoderoso director aparezca y eleve su batuta, me he sentido como una nota de un vasto pentagrama viviente; un silencio, un impaciente acorde social que se har\u00e1 eco sin sonido. Puesto que como lector me he sentido con frecuencia como un silencio musical, una nota en blanco, un sonido ausente, en mi propia escritura, quiero que el lector alce la batuta.<\/p>\n<p><b>R.C.:<\/b> Fij\u00e9monos en el deseo expresado en tu \u00faltima sentencia: \u201cQuiero que el lector alce la batuta\u201d. Este deseo es pulsado a trav\u00e9s de un patr\u00f3n retorico en <i>Concierto para delinquir<\/i> en poemas en los que el lector descubre las condiciones para convertirse en tal. Entendido as\u00ed, el poeta como compositor le entrega la batuta al lector, sugiri\u00e9ndole c\u00f3mo convertir las notas del pentagrama en sonidos vivientes. Por lo tanto, un parentesco de mala conducta existe entre el c\u00f3digo del poeta y la clave del lector para alcanzar una lectura comprensiva de <i>Concierto para delinquir<\/i>, lo cual encontramos en poemas como \u201cTareas del lector\u201d (p. 23) y \u201cP\u00e1jaro\u201d (p.32), en aqu\u00e9l enfatizando en los actos que conducen a una lectura exitosa o recreaci\u00f3n del poema y en \u00e9ste, en las fallas del lector (\u201cen lo que acabas de leer\u2026L\u00e1stima. Se fue\u201d). La exhortaci\u00f3n del poeta a una lectura total, donde los sentidos y la imaginaci\u00f3n del lector funcionen al un\u00edsono, es revelada en una nota a pie de p\u00e1gina en el poema \u201cAkkad\u201d \u2014La Piedra Rosetta, creo, de <i>Concierto para delinquir\u2014<\/i>\u00a0en la cual el lector aprende c\u00f3mo descifrar constelaciones, con el fin de ser acadiano una vez m\u00e1s, gracias a un elenco de poetas y cantantes que van desde Orfeo, Ptolomeo, Garcilaso y Mallarm\u00e9, hasta Octavio Paz (p. 41). Este linaje transhist\u00f3rico y \u00e1rbol geneal\u00f3gico clarificar\u00eda el poema \u201cWalt Whitman\u201d donde encontramos el verso: \u201ct\u00fa y yo hemos sido el mismo\u201d (p. 52).<\/p>\n<p><b>O.A: <\/b>T\u00fa alzas la batuta y me retas como ejecutante y como instrumento a seguir la partitura. A interpretar y seguir mi propia partitura y mi posici\u00f3n como nota en una vasta tradici\u00f3n, que se remonta al aullido de los lobos y el canto de ruise\u00f1ores y cenzontles. En la oda de Keats descubrimos que todos los ruise\u00f1ores son uno, s\u00f3lo uno; pero tambi\u00e9n sabemos que cada <i>mimus polyglottos \u2014<\/i><i>sinsonte o cenzontle\u2014<\/i><i>\u00a0<\/i>es un coro de cuatrocientas voces y apenas una sola voz incesante y siempre cambiante. Pasemos la partitura hasta un bello soneto. En \u201cA un ruise\u00f1or\u201d de G\u00f3ngora encuentro un ejemplo sint\u00e9tico del ruise\u00f1or y el cenzontle, unidad y multiplicidad.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Con diferencia tal, con gracia tanta<br \/>\naquel ruise\u00f1or llora, que sospecho<br \/>\nque tiene otros cien mil dentro del pecho<br \/>\nque alternan su dolor por su garganta.<\/p>\n<p>Cada poeta, me atrevo a concluir, es a la vez un ruise\u00f1or y un cenzontle, o para decirlo de golpe, cada poeta es Whitman, quien fue uno y muchos. Tu frase \u201cuna lectura total\u201d traduce perfectamente lo que, disperso en pocos poemas, se ha intentado mediante una invocaci\u00f3n \u00e9pica al lector, quien como se\u00f1alas debe ayudar a hacer que las notas se conviertan en m\u00fasica viva.<\/p>\n<p><b>R.C.: <\/b><i>Concierto para delinquir <\/i>contiene cuatro poemas en prosa semejantes a cuadrantes po\u00e9ticos en la biograf\u00eda de un escritor en la tradici\u00f3n de un <i>K\u00fcnstlerroman <\/i>o la narrativa de transformaci\u00f3n de un poeta. Le\u00eddo de ese modo,<i> Concierto para delinquir<\/i> es uno de los libros m\u00e1s personales que has escrito. La secuencia narrativa va de (#1) \u201cAcuario\u201d (pp. 15-22); (#2) \u201cLa destrucci\u00f3n del presente\u201d (pp. 26-27); (#3) \u201cLenox Hill Hospital\u201d (pp. 58-62); a (#4) \u201cParadoja del caracol\u201d (pp. 72-77). Pareciera que los componentes autobiogr\u00e1ficos presentes en estos cuatro poemas son transfigurados y transpuestos, bien para enfatizar el proceso de transformaci\u00f3n de un poeta o, mejor a\u00fan, para encriptar y de ese modo develarse a s\u00ed mismo como \u201ctexto cifrado\u00a8 para lectores acadianos. Las referencias a la paradoja y el caracol en los cuatro poemas apuntan a un m\u00e9todo de ordenamiento \u201cbustrofed\u00f3n\u201d, seg\u00fan el cual una secuencia lineal (1,2,3,4) no es cronol\u00f3gica, evidentemente, sino un rompecabezas o collage que debe ser reconfigurado dentro de una narrativa biogr\u00e1fica que comenzar\u00eda con (#1) el relato del descubrimiento de la poes\u00eda de un joven so\u00f1ador; y (#3) la muerte de un padre en Lenox Hill Hospital en el Upper East Side de Manhattan, en la ciudad de Nueva York; seguido por (#4) el tiempo de la adultez y el recuerdo de tres para\u00edsos perdidos; para concluir con (#4) la destrucci\u00f3n del presente\u00a0 \u0336 esto es, la vida en el limbo, una desorientaci\u00f3n temporal y un sentido de indigencia \u0336\u00a0 con el expresivo epigrama tomado de un poema de Antonio Machado: \u201cAlgo inmortal hay en nosotros que quisiera morir con lo que muere\u201d (p. 26). Una lectura o recreaci\u00f3n apropiada de este grupo de poemas en prosa se dar\u00eda\u00a0 necesariamente en una secuencia narrativa de izquierda a derecha y de derecha a izquierda: 1,3,4,2. La vida contada se enfocar\u00eda en la juventud y adultez del poeta con recuerdos de constelaciones ocultas en los oscuros abismos del Caribe, m\u00e1s luminosos que el pizarr\u00f3n de la escuela, y con una multitudinaria vida marina \u2014el pulpo, la anguila, la langosta y muchos otros m\u00e1s\u2014 nombrada por el joven poeta ad\u00e1nico que descubre y explora profundidades oce\u00e1nicas de s\u00f3lo tres pies. De este modo, los temas en este cuarteto po\u00e9tico parecieran ser: (1) el descubrimiento de la poes\u00eda (la \u00fanica ciencia exacta al alcance de las humanidades, como se afirma al final de \u201cAcuario\u201d), (3) orfandad, (4) memoria, y (2) exilio. Le\u00eddo de esta forma, <i>Concierto para delinquir<\/i> es un esfuerzo consciente hacia la unidad, en el sentido de traer a cuenta, conjuntamente, los temas capitales de tu poes\u00eda y ensay\u00edstica.\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 <i> <\/i><\/p>\n<p><b>O.A: <\/b>Por alguna raz\u00f3n, mientras leo tu pregunta, una imagen viene a mi mente. Una imagen sacada de un cuarto particular \u2014o cuadrante, como t\u00fa dices\u2014 de la mente. Es algo inalcanzable, a veces imponente; otras, avasallador, pero siempre un archivo sorprendente: la memoria. Hace varios a\u00f1os una compa\u00f1\u00eda de danza persa visit\u00f3 Venezuela. Vi la presentaci\u00f3n de los derviches giradores con placer y asombro. Mientras los hombres bailaban lo que parec\u00eda una versi\u00f3n m\u00edstica del Bolero de Ravel, lentamente se fueron convirtiendo en otra cosa: el girar de trompos, la rotaci\u00f3n de planetas, la vibrante quietud de estrellas y constelaciones. Tambi\u00e9n, por supuesto, en las espirales logar\u00edtmicamente aceleradas parec\u00edan, parad\u00f3jicamente, endurecerse como conchas de mar. Delante de mis ojos, los mismos caracoles que me fascinaron cuando ni\u00f1o, en cuyo vac\u00edo pensaba que podr\u00eda escuchar la profundidad del oc\u00e9ano, dobl\u00f3 la esquina del distante pasado y me permiti\u00f3 sentirme en su presencia, en su presente, algo que tendr\u00eda que describir como Dios. El sonido del oc\u00e9ano se dirigi\u00f3 al cielo y rim\u00f3 con la m\u00fasica imperceptible de las esferas.\u00a0 Un puente pitag\u00f3rico fusion\u00f3 matem\u00e1tica y sonido, logaritmos y el zumbido de los movimientos de los cuerpos celestes. Los cuerpos humanos se convirtieron en moluscos, conchas trompos de madera: met\u00e1foras tentaculares y tentativas de los cuerpos celestes. Por supuesto, la memoria puede convertirse en met\u00e1fora. Movi\u00e9ndose con la imagen de los derviches ext\u00e1ticos se junt\u00f3 el cielo \u2014y el refugio\u2014 de mi infancia y temprana adolescencia con el infierno de los primeros a\u00f1os de exilio; el verde patio de Boti con la nieve de Nueva York; la estricta horizontalidad del urbanismo de mi ciudad natal, donde pocos edificios se elevaban m\u00e1s all\u00e1 de uno o dos pisos, con la temeraria verticalidad de los rascacielos; y reptantes estrellas de mar con explosivas supernovas. De ning\u00fan modo es una exageraci\u00f3n imaginar una convergencia de la prosa y la poes\u00eda, del poema y el ensayo. Dir\u00eda m\u00e1s. Hacer posible lo imposible no puede ser dejado \u00fanicamente a la religi\u00f3n. Si y cuando la poes\u00eda pueda ser asumida como religi\u00f3n \u2014estoy pensando en Wallace Stevens y su noci\u00f3n de poes\u00eda como suprema ficci\u00f3n\u2014 lo cl\u00ednicamente imposible y lo muy disparatado aun para el dominio ilimitado de la imaginaci\u00f3n puede convertirse en realidades no dimensionales o de infinitas dimensiones. Por ejemplo \u2014y paso aqu\u00ed a la posible siguiente pregunta\u2014 aun despu\u00e9s de un par de miles de a\u00f1os el cuerpo cercenado en dos del hijo mayor de Pitias puede milagrosamente ser recompuesto por una inaudita, aunque chistosa, resurrecci\u00f3n. Y por supuesto, incluso sin ninguno de los caballos del rey ni ninguno de sus hombres, Humpty Dumpty podr\u00e1 ser armado de nuevo.<\/p>\n<p><b>R.C.: <\/b>Varios poemas de <i>Concierto para delinquir<\/i> son cuentos condensados (\u201cEl converso\u201d) o par\u00e1bolas de una vida \u00e9tica (\u201cLimosna para el c\u00ednico\u201d), mientras que el poema \u201cHerodoto, VII, 39-40\u201d, forma una micronarrativa de s\u00f3lo ocho l\u00edneas derivadas de un momento crucial en la historia de la Antigua Grecia: la ejecuci\u00f3n de Jerjes del mayor de los hijos de Pitias, seguido de la resoluci\u00f3n de Jerjes de conquistar Grecia. \u00bfPor qu\u00e9 te llam\u00f3 la atenci\u00f3n esta an\u00e9cdota de las <i>Historias<\/i> de Herodoto? <i> <\/i><\/p>\n<p><b>O.A.: <\/b>Obviamente no est\u00e1s esperando una respuesta impulsiva. Este dram\u00e1tico, casi cinematogr\u00e1fico episodio, cautivar\u00e1 a cualquier lector por su violenta simetr\u00eda. Uno puede imaginar f\u00e1cilmente a Cecil B. DeMille disponiendo la escena del inmenso ej\u00e9rcito persa marchando a trav\u00e9s del cuerpo dividido en dos del hijo de Pitias. La escena bien podr\u00eda aparejarse con las escenas de la separaci\u00f3n del Mar Rojo en <i>Los diez mandamientos. <\/i>Como un paralelismo antit\u00e9tico, por supuesto. El humano, demasiado humano cuerpo dividido en dos para permitir la marcha de un ej\u00e9rcito en busca de venganza y gloria es reminiscente del cuerpo masivo de agua milagrosamente separado por diques invisibles para permitir el escape de los israelitas de Egipto. Haza\u00f1as de ingenier\u00eda civil ambos, si los ubicas en su trasfondo hist\u00f3rico. La separaci\u00f3n del Mar Rojo, aunque milagrosa, tiene precedentes en las pir\u00e1mides, por ejemplo. La escala es enorme, masiva: un cuerpo de agua es forzado a comportarse como una piedra. Es mantenida inm\u00f3vil y empujada hacia arriba, convirti\u00e9ndose por poco tiempo en dos pir\u00e1mides, rascacielos m\u00edticos. Por el otro lado, los puentes flotantes de Jerjes sobre el Helesponto son una din\u00e1mica contrapartida a la separaci\u00f3n del cuerpo del hijo mayor de Pitias. Una retorcida soluci\u00f3n anat\u00f3mica para, simult\u00e1neamente, mantener y desde\u00f1ar una promesa que se hab\u00eda convertido, en la mente arrogante de Jerjes, en un obst\u00e1culo para su destino vengativo. El <i>shah<\/i> chafa todo lo que se interponga en su camino. En el camino de la guerra.\u00a0 El cuerpo dividido es el horroroso resultado de la cirug\u00eda punitiva como ingenier\u00eda civil. S\u00f3lo un despeje del camino. Una mera construcci\u00f3n. O, como dir\u00eda un te\u00f3rico franc\u00e9s, una deconstrucci\u00f3n. La respuesta se hace m\u00e1s oscura a medida que trato de alcanzar la que pudieras estar buscando. Me preguntas por qu\u00e9 me llam\u00f3 la atenci\u00f3n este episodio. Personalizas la pregunta. Me haces retroceder hasta lo no tan evidente, donde se toman decisiones ciegamente, de alg\u00fan modo, como si, de alg\u00fan modo, fueran razonadas por el inconsciente. Tengo que lidiar entonces con los otros \u201crelatos\u201d y \u201cpar\u00e1bolas\u201d que mencionas en tu pregunta. Para darte mi mejor respuesta sobre esta interrogante, debo considerar dos aspectos, de naturaleza \u00e9tica y psicol\u00f3gica, que han condicionado mi conducta y mi vida. Uno tiene mucho que ver con la relaci\u00f3n entre las palabras y los hechos. Una obligaci\u00f3n \u00e9tica, para m\u00ed, es poder evitar o reducir cualquier posible brecha entre ellos. Para hacerme entender bien, debe mantenerse la palabra. S\u00f3lo entonces se convierte en verbo, acci\u00f3n, mundo. El otro asunto, aunque de modo oblicuo, tiene que ver o en alg\u00fan momento tuvo que ver con el tema del exilio, no en un sentido pol\u00edtico sino m\u00e1s bien como resultado \u00edntimo de esa experiencia. Y esto significa vivir como un ser esquizoide y dividido. Desde mi adolescencia los exilios han sido mi Jerjes. Volviendo a Herodoto y el gobernante persa: tal como hay falsos halagos, hay falsas promesas. La promesa de Jerjes a Pitias es un ejemplo espectacular. En cuanto al hijo partido, se trata de un caso literal, anat\u00f3mico, de <i>divide et impera. <\/i>Estoy casi seguro de que me identifico con \u00e9l.<\/p>\n<p><b>R.C.:<\/b> Las frecuentes referencias a Herodoto para adivinar presagios o predicciones nos hace caer en cuenta de actos de lectura e interpretaci\u00f3n que, en el caso de Jerjes, fracasan terriblemente. De manera similar, <i>Concierto para delinquir <\/i>incluye signos y acertijos en procura de un lector como Edipo. Me intrig\u00f3, por ejemplo, la yuxtaposici\u00f3n de dos poemas \u201cArciboldo\u201d (p. 50) y \u201cHermes o el pintor\u201d que aluden a dos pintores \u2014Giussepe Arcimboldo y Kazimir Severinovich Mal\u00e9vich\u2014 asociados con \u201ccollages\u201d y con las \u201cherm\u00e9ticas\u201d paredes blancas sobre blanco pintadas en tu apartamento por Hermes Santana, un joven obrero colombiano. Retrocediendo hacia lo no tan evidente, uno podr\u00eda seguir una filiaci\u00f3n retroactiva o \u201cidentidad del ser\u201d desde Hermes a Kazimir, y finalmente a Arcimboldo. Como se afirma en tu poema \u201cWalt Whitman\u201d:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Al despertar, siglos aparte<br \/>\ny un mar de por medio, \u00bfseguir\u00e9<br \/>\nsiendo ese otro que soy? (52)<\/p>\n<p>La gram\u00e1tica y los principios de organizaci\u00f3n en <i>Concierto para delinquir<\/i> parecieran estar en perfecta consonancia con la geometr\u00eda de las frutas, cuadrados, c\u00edrculos y tri\u00e1ngulos que modelan la representaci\u00f3n del mundo en pinturas de diferentes artistas de diversas \u00e9pocas. Simultaneismo, sincron\u00eda o el modo en que t\u00fa retrocedes hacia el futuro. Unidad y multiplicidad del ser. Ambos poemas est\u00e1n conformados por catorce versos, como los sonetos, pero desentendi\u00e9ndose o violando su inherente esquema y estructura de rimas. Como los sonetos, estos poemas y otros con catorce versos (por ejemplo, \u201cTareas del lector\u201d, \u201cMesa de noche\u201d, \u201cKeros\u201d [\u201cQue es un m\u00e1rmol de catorce l\u00edneas\u201d], entre otros), reivindican un origen renacentista con un \u00e9nfasis en la palabra \u201csonetto\u201d, que significa a la vez \u201csonido\u201d y \u201cpoema\u201d. De ah\u00ed, la unidad po\u00e9tica y la coherencia formal en <i>Concierto para delinquir<\/i>. Antes de concluir, h\u00e1blanos sobre la reciente publicaci\u00f3n de tus <i>obras reunidas<\/i>: por un lado, la compilaci\u00f3n de ensayos en <i>Contra la p\u00e1gina <\/i>(Calygramma 2015); y por el otro, tu poes\u00eda reunida en <i>Canto rodado <\/i>(2 vol\u00famenes, Calygramma 2016).<i>\u00a0 <\/i><\/p>\n<p><b>O.A.:<i> <\/i><\/b>Para cerrar esta entrevista me preguntas sobre mi prosa y poes\u00eda reunidas. Tiempo de clausura tanto en mi escritura como en mi vida. Un c\u00edrculo a punto de enlazar sus 360 con una circunferencia completamente enrollada. Y yo pareciera estar en su centro. De alg\u00fan modo, un centro exc\u00e9ntrico, preocupado por la inminente, inevitable quietud. D\u00e9jame permanecer geom\u00e9trico en mi respuesta. Cuando ni\u00f1o yo admiraba la perfecci\u00f3n de las formas geom\u00e9tricas. Esto posiblemente ten\u00eda mucho que ver con mi escritura a mano, que se tornaba de mala a peor, a p\u00e9sima, mientras lidiaba con dificultad con el M\u00e9todo Palmer. Palmer fue el infierno. Euclides el para\u00edso. Un c\u00edrculo, un cuadrado, un tri\u00e1ngulo fueron ant\u00edtesis bals\u00e1micas de mi letra may\u00fascula <i>A<\/i>, de mi torturada <i>g<\/i>, de mi obstinadamente desigual <i>m<\/i>. Al completar un tri\u00e1ngulo o un cuadrado, pero particularmente, cuando completaba un c\u00edrculo, me sent\u00eda capaz de la perfecci\u00f3n absoluta. En el c\u00edrculo apenas dibujado, imaginaba la luz penetrando a trav\u00e9s del punto agujereado por el comp\u00e1s en el papel, presionando la imagen para completarla con sus rayos, de la misma forma que un p\u00e1jaro empuja el aire al volar, creando viento con sus alas y d\u00e1ndole forma c\u00f3ncava con su pecho. Gracias a esta estimulante sensaci\u00f3n yo era capaz de encerrar en tres o cuatro l\u00edneas, o s\u00f3lo en una curva sinuosa, no s\u00f3lo una forma sobre el papel sino un rayo de luz, un est\u00e1tico y unidimensional estallido de luz en dos dimensiones. El vac\u00edo encerrado confiado a los bordes invisibles de su transformaci\u00f3n. De su ser. Como colof\u00f3n, d\u00e9jame hacer pasar a los <i>mariachis <\/i>y a\u00f1adir una pocas y pertinentes notas mexicanas. Mis a\u00f1os en la Universidad de Rutgers significaron un cercano contacto personal con M\u00e9xico. Dos profesores en particular fueron muy importantes para m\u00ed, ambos dentro y fuera del claustro acad\u00e9mico: Luis Mario Schneider, nacido <i>gaucho<\/i>, pero <i>charro<\/i> y azteca por elecci\u00f3n, y Jos\u00e9 V\u00e1zquez Amaral. La poes\u00eda vanguardista latinoamericana y Ezra Pound fueron dos de los generosos regalos que les debo a ellos. Luis Mario se fue al sur con el manuscrito de <i>Horizonte no es siempre lejan\u00eda <\/i>y fue de ese modo como vio la luz \u2014y la oscuridad, si tomamos en cuenta <i>las erratas\u2014<\/i>\u00a0mi primera existencia impresa en M\u00e9xico. Colof\u00f3n con un colof\u00f3n: <i>Se termin\u00f3 de imprimir el d\u00eda 20 de agosto de 1970 en los Talleres de la Imprenta de la Universidad Iberoamericana, Cerro de las Torres 395, M\u00e9xico 21, D.F. De la edici\u00f3n de 500 ejemplares se tiraron 20 libros numerados y firmados por el autor con un grabado original del pintor mexicano Fernando Vilchis.<\/i> Octavio Paz escribi\u00f3 una de las primeras rese\u00f1as de mi primer libro, <i>Entre testigos. <\/i>Poco despu\u00e9s <i>Piel menos m\u00eda <\/i>fue publicada por un mexicano que t\u00fa probablemente conoces: Roberto Cant\u00fa. En 1978 la Asociaci\u00f3n de escritores de M\u00e9xico se encarg\u00f3 de la primera edici\u00f3n de <i>C\u00f3mo escribir con erizo. <\/i>Ahora, aproxim\u00e1ndonos al c\u00edrculo completo, de nuevo he sido llevado un poco m\u00e1s cerca del cielo por una pir\u00e1mide mexicana. Esta vez le debo mi coraz\u00f3n expuesto a Santiago de Quer\u00e9taro, a la Editorial Calygramma, a Miguel Aguilar Carrillo, a Federico de la Vega y a Diana Rodr\u00edguez. <i>Contra la p\u00e1gina (Ensayos reunidos)<\/i> se public\u00f3 en el 2015. <i>Canto rodado (Poes\u00eda reunida)<\/i>, en el 2016, con una portada dise\u00f1ada por Vicente Rojo. A estos entra\u00f1ables y generosos amigos, espirales y mundos de gratitud en s\u00f3lo una palabra: <i>gracias<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">21 de marzo de 2018<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Traducido por Arturo Guti\u00e9rrez Plaza<\/p>\n<div>\n<h6><\/h6>\n<\/div>\n<div class=\"caption\">\n<h6>Octavio Armand, escritor cubano. Foto: Vasco Szinetar.<\/h6>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Octavio Armand es un poeta y ensayista cubano cuya obra reunida (1974-2016) fue publicada, recientemente, en tres vol\u00famenes: <i>Contra la p\u00e1gina<\/i> (2015) y <i>Canto rodado<\/i> (2 vol\u00famenes, 2016). Armand se residenci\u00f3 en Nueva York durante su juventud y se gradu\u00f3 en la Universidad de Rutgers, pero ha vivido en Caracas, Venezuela, desde hace m\u00e1s de 30 a\u00f1os, encarnando la vida de un escritor cuyos temas principales son la memoria, la b\u00fasqueda de significados plurales y conflictivos en el lenguaje, y la apropiaci\u00f3n de tradiciones po\u00e9ticas que cubren un espectro que abarca desde la antig\u00fcedad sumeria, griega y de Mesopotamia hasta la moderna Latinoam\u00e9rica de Mart\u00ed, Vicente Huidobro y Octavio Paz.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":2616,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[2998,4457],"genre":[2011],"pretext":[695,692],"section":[2397],"translator":[2575],"lal_author":[3490,3558],"class_list":["post-2619","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-cuba-es","tag-numero-8","genre-interview-es","pretext-entrevista","pretext-interview","section-dossier-octavio-armand-es-2","translator-arturo-gutierrez-plaza-es-2","lal_author-octavio-armand-es","lal_author-roberto-cantu-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2619","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2619"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2619\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":34111,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2619\/revisions\/34111"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2616"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2619"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2619"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2619"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=2619"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=2619"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=2619"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=2619"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=2619"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}