{"id":2579,"date":"2018-10-29T22:43:43","date_gmt":"2018-10-29T22:43:43","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2018\/10\/octavio-paz-revisited-ismael-gavilan\/"},"modified":"2024-04-22T03:12:13","modified_gmt":"2024-04-22T09:12:13","slug":"octavio-paz-revisited-ismael-gavilan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2018\/10\/octavio-paz-revisited-ismael-gavilan\/","title":{"rendered":"&#8220;Octavio Paz revisitado&#8221; de Ismael Gavil\u00e1n"},"content":{"rendered":"<div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/><\/style>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right;\">Para Carmen que nuevamente me hizo leer a Octavio Paz.<br \/>\nPara Marcelo, Enoc y Gonzalo cuando entre los pasillos de<br \/>\nla U le\u00edamos por primera vez <i>Libertad bajo palabra<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Cuesta recordar, pero a fines de los a\u00f1os 80, quienes empez\u00e1bamos en Chile a tantear la poes\u00eda, ten\u00edamos ante nosotros un paisaje algo confuso, entre desolador y mon\u00f3tono. Tal vez a semejanza de muchos adolescentes o j\u00f3venes hispanoamericanos perdidos en ciudades provincianas, habiendo cursado la secundaria en colegios provincianos con la \u00fanica suerte de, quiz\u00e1s, estudiar letras en la \u00fanica universidad de provincia que quedaba en la capital de esa misma provincia, nuestro destino era tratar de reconstituir una memoria cultural y po\u00e9tica que se ve\u00eda fragmentaria y enrarecida, en el mejor de los casos, discontinua entre nombres altisonantes y, en verdad, desconocidos. Neruda sonaba monumental y distante con su voz meliflua, Huidobro era un astronauta perdido en una galaxia que no atrev\u00edamos a hacer nuestra, Rojas a punto de entrar en circulaci\u00f3n masiva, por esos a\u00f1os era todav\u00eda un sigiloso exc\u00e9ntrico cuya m\u00fasica nos cautivar\u00eda tiempo despu\u00e9s y Parra, con su consumado histrionismo escritural, h\u00e1bilmente nos hac\u00eda sentir en nuestros afanes de poetas aprendices como parte de una cruel y risue\u00f1a variaci\u00f3n de L\u00f3pez Velarde: cursis y reaccionarios. Nada de eso cambi\u00f3 radicalmente al inicio de la d\u00e9cada de los 90. La universidad chilena, en general, a pesar de estar imbuida a\u00fan con la ebria alegr\u00eda de haber derrotado al Dictador en las urnas hac\u00eda apenas un par de a\u00f1os, no era en cualquier caso, un aliciente que prometiera el retorno o instauraci\u00f3n de un Parnaso. Era sabido entre pasillos y conversaciones de bar que si te gustaba la literatura y a\u00fan m\u00e1s, si te atrev\u00edas a cultivar la poes\u00eda, el lugar m\u00e1s inh\u00f3spito y propicio para perder cualquier inter\u00e9s en ellas, consist\u00eda estudiar en el Instituto de Letras de la Universidad Cat\u00f3lica de Valpara\u00edso. Entre pe\u00f1as algo trasnochadas con su melanc\u00f3lica m\u00fasica andina y mamotretos indolentes que constitu\u00edan los manuales de Lat\u00edn o Teor\u00eda Literaria, varios hab\u00edan claudicado definitivamente o deven\u00edan \u201cpoetas\u201d en una noche de feliz juerga. \u00bfAcaso el fin de todo adolescente iluso era renunciar a la poes\u00eda \u2014que apenas le hab\u00eda sido prometida\u2014 en pos de un varadero alcoh\u00f3lico o una fiebre desencantada al tratar de leer a los formalistas rusos?<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Liza L\u00f3pez Fern\u00e1ndez era mi compa\u00f1era en el viejo Seminario de Teor\u00eda Literaria 2: un verdadero vaciadero donde iban a parar los reprobados de seminarios anteriores, los novatos y quienes a los ojos de cualquier ayudante de c\u00e1tedra, eran unos simples o unos pelmazos. Tal vez yo era todo eso y a\u00fan no me hab\u00eda dado cuenta. Sea como fuera, mi compa\u00f1era, algo exc\u00e9ntrica en su maquillaje, sus sombreros vistosos y emplumados y su vestimenta deslumbrante, sin duda, en secreto deseaba ser la Maga de Rayuela dada la manera de responder con enigm\u00e1ticos versos ya en franc\u00e9s o en catal\u00e1n las ocasionales preguntas del profesor o del ayudante de turno. Las carcajadas que sacaba de todos nosotros, solo eran comparables a su inmutable histrionismo para hacer o\u00eddos sordos de eso y a\u00fan m\u00e1s, para mirarnos con una intensa sonrisa sarc\u00e1stica de quien se sabe distinto. El Seminario se concentrar\u00eda en temas de Po\u00e9tica. S\u00f3lo un \u201cyahooo\u201d de Liza me sac\u00f3 algo azorado de mi ensimismamiento. A la clase siguiente, antes de empezar la sesi\u00f3n, arriba de un pupitre, le\u00eda en voz alta un texto extra\u00f1o. Obviamente, mis compa\u00f1eros no dudaban de re\u00edrse burlonamente, pero ella, encarnando con valent\u00eda no s\u00e9 qu\u00e9 papel, segu\u00eda inc\u00f3lume su lectura. Al final, enrabiada por nuestra indolencia, sali\u00f3 de la sala, sin antes espetarnos una palabra incomprensible, tal vez en sueco o provenzal. El asunto es que no s\u00e9 c\u00f3mo, me encontr\u00e9 conversando con ella en el pasillo. Su eterna sonrisa se hab\u00eda trocado en la m\u00e1s absoluta seriedad: \u201cSon todos unas bestias\u201d. T\u00edmido, le pregunt\u00e9, arriesgando un golpe, qu\u00e9 era lo que estaba leyendo en voz alta dentro de la sala. \u201cEra Octavio Paz, el p\u00e1rrafo inicial de <i>El arco y la lira<\/i>\u201d. Le dije que lo encontr\u00e9 muy hermoso. \u201cSin duda\u201d, me respondi\u00f3. \u201cAdem\u00e1s as\u00ed es Octavio. Por lo dem\u00e1s entre \u00e9l y yo, hay un pacto para hacer un zahumerio en estas horrendas clases de Po\u00e9tica donde nadie sabe nada de poes\u00eda\u201d. La mir\u00e9 perplejo. \u201cClaro que s\u00ed, espet\u00f3-, \u00bfo acaso crees que un verdadero poeta estar\u00eda feliz en este sitio tan l\u00f3brego?\u201d Sus respuestas me dejaron m\u00e1s confundido. Pero tambi\u00e9n lleno de una curiosidad que me hizo ir m\u00e1s de lo acostumbrado a la ro\u00f1osa biblioteca.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de aquella conversaci\u00f3n busqu\u00e9 asiduo el libro de Paz. Al comenzar a leerlo, todo un mundo se me vino encima: era una verdadera revelaci\u00f3n. Transcurridos los entusiasmos iniciales y ya con alguna serenidad que otorga el tiempo y la distancia, creo que lo primero que me sorprendi\u00f3 de Paz \u2014o al menos lo que yo recuerdo me sorprendi\u00f3 por aquellos a\u00f1os\u2014 era la agilidad de su prosa: una capacidad para hacer danzar las palabras en un ritmo envolvente. Una prosa que si bien es cierto, se vuelve categ\u00f3rica en sus opiniones y a veces en sus conclusiones, sin antes otorgarte como lector, mil posibilidades de discrepancia, ondula entre per\u00edodos largos y breves, con escasas interjecciones, con digresiones siempre pertinentes como prueba fiel de todo buen ensayista que no predica la verdad, sino que te allana caminos de comprensi\u00f3n y que te toma de la mano para guiarte hacia tierras amplias, serenas o escabrosas, pero siempre con la confianza de hacerte sentir seguro. Una prosa que no te invita a vacilar, sino a creer en tu propia certeza de lector. Una certeza, en todo caso, que se establece con las certezas que esa misma prosa otorga por los accesos que va sutilmente elaborando. As\u00ed, sin darte cuenta, terminas en un primer estadio, literalmente encantado y donde ese encantamiento implica advertir que Paz, como prosista, te ha llevado a su propio territorio de donde cuesta mucho salir. Pero esa es una experiencia posterior. En un primer momento no quieres escapar de su embrujo y deseas ir cada vez m\u00e1s hondo en el pa\u00eds que te va proponiendo: recorrer sus valles, sus alturas, sus precipicios, sus oc\u00e9anos, sus cielos de intensidad y sugesti\u00f3n. Aquello significa que un lector que sabe acoger su invitaci\u00f3n desea leer sus libros uno tras otro. Al menos yo lo hice as\u00ed. Apenas termin\u00e9 <i>El arco y la lira<\/i>, segu\u00ed con <i>Los hijos del limo<\/i>. A\u00f1os despu\u00e9s con <i>Poes\u00eda y fin de siglo<\/i>. Por lo dem\u00e1s, cualquiera que haya le\u00eddo esa \u201ctrilog\u00eda\u201d de verdadera teor\u00eda po\u00e9tica, concluir\u00e1 que si bien en varios pasajes, Paz es un autor reiterativo, aquella repetici\u00f3n no significa v\u00e9rselas con un pensamiento que desea mostrarse siempre, una y otra vez, como original. Para nada. Es un pensamiento que no teme volver a plantearse sus propias convicciones, quiz\u00e1s como un gesto de autoconvencimiento de que sus inseguridades no resultan o no se esclarecen. Lo m\u00e1s distante de Paz, es el absolutismo de una opini\u00f3n obcecada.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n lo que me sorprendi\u00f3 de Paz, en un segundo instante, es la diversidad de su reflexi\u00f3n: pocas cosas quedan fuera de su curiosidad. Eso es algo t\u00edpico del intelectual hispanoamericano que rehuye la especializaci\u00f3n. Todo lo conmueve, azuza y predispone. Desde la pintura y la pol\u00edtica (y ah\u00ed est\u00e1n <i>Los privilegios de la vista<\/i>, <i>Tiempo nublado<\/i> y <i>El ogro filantr\u00f3pico<\/i> para aseverarlo), hasta la historia y la cr\u00edtica de arte (donde <i>Puertas al campo<\/i>, <i>Convergencias<\/i> y <i>Sombras de obras<\/i> son primordiales), desde la geograf\u00eda y la imaginaci\u00f3n (con <i>Vislumbres de la India<\/i> y <i>La b\u00fasqueda del comienzo <\/i>como piedras de toque), hasta los medios de comunicaci\u00f3n de masas y las teor\u00edas m\u00e1s abstrusas de la semi\u00f3tica contempor\u00e1nea (teniendo a <i>El signo y el garabato <\/i>y <i>Claude L\u00e9vi-Strauss o el nuevo fest\u00edn de Esopo<\/i> como tel\u00f3n de fondo). La curiosidad de Paz, sin duda, no es gratuita. Hay un inter\u00e9s social, cultural y pol\u00edtico por indagar en las cosas, en los discursos y en los gestos, en aras de una respuesta o, al menos, de una clarificaci\u00f3n por las eternas preguntas del intelectual hispanoamericano: \u00bfqui\u00e9nes somos?, \u00bfen verdad podemos ser \u201cmodernos\u201d? Pero m\u00e1s all\u00e1 de esos cuestionamientos que van de la mano de una amplia erudici\u00f3n que se camufla de gentil amabilidad ret\u00f3rica con tacto y maestr\u00eda, esas vastas reflexiones dejan escasos espacios vac\u00edos o temas inacabados por abordar, ya que s\u00f3lo pueden ser entendidos en mi modesto parecer, si los tomamos como lo que en verdad son: opiniones entusiastas, pero densamente cr\u00edticas, a veces antojadizas, como en otras ocasiones muy seductoras y convincentes en sus elaborados y precisos argumentos, en lo que es, ciertamente, un complejo proceso emocional y mental, donde tienen cita no s\u00f3lo una cantidad de datos asombrosos, sino tambi\u00e9n una especial capacidad de asimilaci\u00f3n de esos mismos datos y referencias en torno a una sensibilidad despierta y dispuesta, una sensibilidad moldeada por la imaginaci\u00f3n y una persistente perspicacia que desea una y otra vez hacer terciar nuestro parecer hacia el asombro que propone embelesado. Esta \u201cmanera\u201d tan caracter\u00edstica de Paz, menos que un mecanismo asumido racionalmente, se muestra m\u00e1s bien como un talante peculiar\u00edsimo que s\u00f3lo un poeta como \u00e9l puede asumir y llevar a cabo de ensayo en ensayo, de texto en texto. As\u00ed, de buenas a primeras, una de las cosas que Paz, como autor, deja como marca en sus lectores, es sin duda, la impronta de v\u00e9rnosla con lo que un poeta puede pensar y decir acerca del mundo. Y eso no es algo para nada menor.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Siempre escuch\u00e9 entre amigos, colegas y personas doctas que Paz no era un poeta brillante, que no era \u201cespont\u00e1neo\u201d, que siempre ten\u00eda que ponerse la m\u00e1scara del \u201cbuen salvaje\u201d para ocultar su ostentosa erudici\u00f3n que no le permit\u00eda caminar bien por el piso resbaladizo que es la poes\u00eda en nuestro idioma. Pero donde tantos han visto debilidad y hasta falta, yo me atrevo a ver virtud. Paz encarna la tragedia del poeta hispanoamericano y moderno, es decir de aquel poeta que siente una a\u00f1oranza inmensa por la inmediatez de la vida y que todos los versos que escribe van en la direcci\u00f3n de querer esclarecer su propia pasi\u00f3n, su propia enso\u00f1aci\u00f3n, su propio deseo. Es una poes\u00eda de inteligencia sintiente. Y eso, tal vez lo hace entre nosotros, en nuestro idioma, un poeta heterodoxo. No en vano, su admiraci\u00f3n por Dar\u00edo, Cernuda, Pessoa y Eliot, es la admiraci\u00f3n de un poeta que ve su reflejo en aquellos poetas que han intentado hacer del lenguaje una encarnaci\u00f3n no s\u00f3lo de lo emocional e inmediato, sino de la remembranza de una experiencia perdida en lo m\u00e1s rec\u00f3ndito de la modernidad: esa reconciliaci\u00f3n de contrarios que rara vez se alcanza y que tiene al cuerpo y a la inteligencia como sus referentes primordiales. Quiz\u00e1s por ello, su defensa y apolog\u00eda extrema del surrealismo, nos parezca a veces tan \u201cdemod\u00e9\u201d o hasta quiz\u00e1s, un tanto maniquea. No importa: eso est\u00e1 en el centro mismo de su obsesi\u00f3n como poeta por lograr hacer aparecer la presencia en un mundo desencantado de donde Dios ha huido. Para Paz, esa presencia tiene nombre: a veces es la mujer con sus secretos en tanto encarnaci\u00f3n de lo radicalmente otro, en otras ocasiones es la utop\u00eda de la revoluci\u00f3n como signo epocal de una necesidad de convencimiento de que una sociedad mejor es posible, otras veces es la pregunta ante el vac\u00edo estelar donde la mirada azorada del poeta pregunta, al igual que Dar\u00edo, por el enigma de las constelaciones e intenta traducirla en el poema que pretende escribir.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Como hispanoamericano, Paz, con el correr de los a\u00f1os, tambi\u00e9n te ense\u00f1a a no sentirte a la deriva. Buena parte de su magisterio como poeta, lector y ensayista es indicarte referencias, hitos, se\u00f1ales de ruta bajo el ropaje de gustos personales que, a fin de cuentas, son intensos refugios que puedes o no aceptar, pero rara vez desde\u00f1ar. Son gestos que son invitaciones para sentirte parte de algo. No s\u00e9 a ciencia cierta si eso puede ser visto como elaboraci\u00f3n de una tradici\u00f3n, un canon o un mapa. No lo s\u00e9. Simplemente atino a conjeturar que la recepci\u00f3n de Dar\u00edo y de los modernistas, de los poetas espa\u00f1oles del 27, de los h\u00e9roes de la vanguardia \u2014Apollinaire, Huidobro, Bret\u00f3n, Tzara, Vallejo, pero tambi\u00e9n Picasso, Ernst y sobre todo Duchamp\u2014 o de los contertulios de otras latitudes como Pessoa, Pound, Cage o Ungaretti, ser\u00eda muy distinta a la que Paz nos ayud\u00f3 a construir e imaginar: una recepci\u00f3n m\u00e1s dispersa y fragmentada, sin coherencia, sin la felicidad de ver un rostro amplio que te sonr\u00ede en cada mirada. Sin duda que esa misma coherencia a muchos ha parecido asfixiante, aplastante y hasta \u201crepresiva\u201d. Es m\u00e1s que seguro. Sobre eso, un poeta como yo, \u00bfpuede objetar algo? Pero lo que me llama poderosamente la atenci\u00f3n es que sin la lectura de Paz, sin sus generosas indicaciones de nombres, obras y afinidades, pero sobre todo sin esa coherencia que nos otorg\u00f3 un apasionado orden de sentido que nunca temi\u00f3 la contradicci\u00f3n, sin el allanamiento de aquel camino pedregoso que es escribir poes\u00eda en nuestro idioma y en nuestro continente, muchos habr\u00edamos demorado tal vez demasiado en encontrarnos a nosotros mismos \u2014si acaso es posible algo as\u00ed en nuestra \u00e9poca\u2014. Sin la obra de Paz, incluidas sus arbitrariedades, habr\u00edamos tenido que recorrer e inventar, por en\u00e9sima vez, como nuestros bisabuelos modernistas, el sendero perdido del bosque. Ese sendero que desde el siglo XIX y durante el siglo XX, todo poeta hispanoamericano ha tenido que recorrer ya sea hacia Par\u00eds, New York, Extremo Oriente o en las fronteras de un pa\u00eds imaginario sin centro ni bordes. Ese sendero se ha vuelto necesario una y otra vez para ser \u201cabsolutamente modernos\u201d, incluso si deseamos oponernos desde cualquier trinchera a esa misma modernidad o a su agon\u00eda de zozobra cultural que tanto nos embarga hoy. S\u00ed, intuyo que el sendero habr\u00eda sido m\u00e1s tortuoso, quiz\u00e1s habr\u00edamos descubierto nuevamente la p\u00f3lvora, quiz\u00e1s el lenguaje no habr\u00eda estado tan dispuesto para con nuestros tanteos. Por lo dem\u00e1s desde la provincia \u2014esa gigantesca tierra de nadie tan propia de nosotros, tan nuestra en este continente atravesado de contradicciones\u2014 donde todo poeta se siente a sus anchas o al borde de la desesperaci\u00f3n o ambas cosas simult\u00e1neamente, Paz implica una mano de amigo y un espaldarazo en nuestras inseguridades interiores, incluso cuando el glamour de la marginalidad, con su pretendido prestigio alternativo, se vuelve un fastidioso sentir <i>mainstream<\/i> del que da v\u00e9rtigo hundirnos m\u00e1s y m\u00e1s en \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Han pasado los a\u00f1os. Nunca m\u00e1s supe de Liza y su gentil excentricidad. A muy pocos de mis antiguos compa\u00f1eros de juventud universitaria volv\u00ed a frecuentar. Algunos abandonaron la poes\u00eda. Otros se entregaron a diversos trabajos y oficios. Algunos perseveraron en el mundo acad\u00e9mico, otros siguen siendo poetas secretos con una escritura secreta. Yo mismo, soy muy distinto al joven de hace treinta a\u00f1os atr\u00e1s. Pero sea como sea, los mapas de lecturas que prodigiosamente otorg\u00f3 Paz y que nos guiaron en nuestra primera juventud y en esa crisis creativa que siempre un poeta adolece entre los 30 o 40 \u2014o m\u00e1s bien, casi toda su vida\u2014 siguen ah\u00ed. Son mapas para ser borroneados, reescritos y dispuestos en un orden diverso. Son mapas para ser, finalmente, subvertidos, qu\u00e9 duda cabe, ya que no podr\u00eda ser de otro modo. Pero tambi\u00e9n son el susurro del viejo amigo de horas entra\u00f1ables que vuelve una y otra vez para preguntar por ti y tus asuntos, es el amigo que retorna ya sin complejos para indicarte ese nombre que olvidaste, ese verso que le\u00edste hace a\u00f1os o esa imagen que te abri\u00f3 mundos posibles hace mucho. Pero son tambi\u00e9n una posibilidad: la posibilidad de hacerte saber que en ese mapa anida la invitaci\u00f3n para emprender, otra vez, un viaje que promete sacarte de ti mismo nuevamente. Como cuando ten\u00edas 18 a\u00f1os y Rimbaud te preced\u00eda en su aventura en Abisinia.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Ismael Gavil\u00e1n Mu\u00f1oz<br \/>\nQuilpu\u00e9, Chile,<br \/>\nPrimavera de 2018<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuesta recordar, pero a fines de los a\u00f1os 80, quienes empez\u00e1bamos en Chile a tantear la poes\u00eda, ten\u00edamos ante nosotros un paisaje algo confuso, entre desolador y mon\u00f3tono. 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