{"id":25481,"date":"2023-06-08T01:01:48","date_gmt":"2023-06-08T07:01:48","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=25481"},"modified":"2023-06-19T02:03:25","modified_gmt":"2023-06-19T08:03:25","slug":"instrucciones-precisas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2023\/06\/instrucciones-precisas\/","title":{"rendered":"Instrucciones precisas"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">1. Va a parecerte como que est\u00e1s a punto de menstruar. El mismo dolor de panza intenso pero distinto al dolor de panza normal, el malestar vibrante en todo el cuerpo y la ansiedad, en alza. Las piernas pesadas y una sensaci\u00f3n de cansancio que, con una presi\u00f3n en la parte superior de la nuca, empujar\u00e1 la cabeza para abajo con una intensidad leve pero constante. Nervios y un recuento obsesivo de los d\u00edas y de las noches, una reconstrucci\u00f3n de la vida hacia atr\u00e1s con el calendario y con la agenda. Vas a dejar pasar todav\u00eda unos d\u00edas m\u00e1s, entre dos y tres, hasta que un jueves, camino al trabajo, tendr\u00e1s el coraje para entrar en la farmacia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Vas a encerrarte en el ba\u00f1o de la oficina. Los minutos de espera reglamentarios no van a ser necesarios: el test reaccionar\u00e1 de inmediato. Vas a llamar a una amiga m\u00e9dica. Te va a recomendar que repitas el test al d\u00eda siguiente, con la primera orina de la ma\u00f1ana y que, antes de hacerlo, tomes tu temperatura corporal. Vas a acostarte esa noche a mirar el techo de tu departamento, esperando que la noche cese. El test de la ma\u00f1ana siguiente va a tener un resultado id\u00e9ntico al anterior. Con el dato de tu temperatura corporal, tu amiga m\u00e9dica va a confirmarlo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Vas a conseguir el nombre de varios m\u00e9dicos. Cuando dos conocidas coincidan en la recomendaci\u00f3n de uno de ellos, vas a llamar por tel\u00e9fono para apuntar una cita.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">2. Vas a llegar a la primera cita con el m\u00e9dico algo aturdida. Un inconveniente de trabajo te habr\u00e1 retenido m\u00e1s de lo previsto. Vas a pedirle al taxista que te deje algunas cuadras antes. Vas a encontrarte con un edificio ordinario sobre la calle Billinghurst, cuya \u00fanica caracter\u00edstica distintiva ser\u00e1 una especie de mural del tama\u00f1o de una puerta, hecho con mosaicos empotrados a la pared, para dar forma a una figura abstracta en amarrillo y en naranja. Tocar\u00e1s el timbre del cuarto piso, departamento H. El portero el\u00e9ctrico chillar\u00e1 antes de que anuncies qui\u00e9n sos o ad\u00f3nde vas, como si te estuvieran esperando y empujar\u00e1s con tu cuerpo la puerta. Vas a subir en ascensor los pisos que te separan del consultorio m\u00e9dico. Vas a tocar otro timbre y esperar en una sala beige e impersonal, en donde se escuchar\u00e1 radio Aspen. Vas a sentir que te llaman por tu apellido. Una secretaria descansando por un segundo de la abstracci\u00f3n en la pantalla de su tel\u00e9fono, te indicar\u00e1 cu\u00e1l es la puerta que debes abrir. Vas a abrir esa puerta para encontrar del otro lado al m\u00e9dico en cuesti\u00f3n. El doctor, de ojos azules y canoso, te parecer\u00e1 demasiado flaco. Va a estar vestido con unos pantalones marrones de corderoy, una camisa celeste, el ambo blanco sobre la ropa. Por el bolsillo del ambo vas a ver asomar una lapicera cara. Va a parecerte que, aun si el talle de pantal\u00f3n que estuviera usando fuera el m\u00e1s peque\u00f1o de la tienda, seguir\u00eda siendo demasiado grande para \u00e9l. Va a hablarte muy pausado. Tanto como para que llegue a ponerte nerviosa por momentos. Va a pedir que te acuestes en la camilla y que levantes la ropa que llevas puesta de la cintura para arriba. Vas a dejar tu est\u00f3mago al descubierto. Untar\u00e1 con gel un aparato del tama\u00f1o de un control de remoto, de superficie incitante y estructura curva, e iniciar\u00e1 con \u00e9l un recorrido por tu abdomen. En algunas zonas se detendr\u00e1 m\u00e1s tiempo para aumentar la presi\u00f3n que ejerce con su mano, a trav\u00e9s del aparato, sobre tu abdomen. Va a mirar a cada segundo una pantalla a su izquierda. All\u00ed, va a estar monitoreando la imagen que toma del abdomen a trav\u00e9s del aparato. Va a confirmar la sospecha que dos test distintos y tu amiga m\u00e9dica ya habr\u00e1n confirmado. Cuando termine su recorrido por tu abdomen, te pedir\u00e1 que te seques el gel con unas servilletas blancas de papel que guardar\u00e1 al lado del monitor. Va a alcanzarte una servilleta para que procedas a hacerlo. Va a decir que ya est\u00e1 bien, que puedes bajarte la ropa que llevar\u00e1s de la cintura para arriba y levantarte de la camilla. Va a pedirte, por favor, que te sientes frente a \u00e9l, en las sillas destinadas a los pacientes del otro lado de su escritorio.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Va a darte precisiones de cu\u00e1nto tiempo llevas en tu situaci\u00f3n. Va a preguntarte en relaci\u00f3n a tu historia cl\u00ednica. Te explicar\u00e1 el procedimiento sobre el que est\u00e1s consultando. Va escribirte en un <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">post it <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">la tarifa. Va a preguntarte si has presentado s\u00edntomas. Va a pedirte que lo pienses unos d\u00edas, como si fuera su obligaci\u00f3n, ped\u00edrtelo. Va a recomendarte que salgas a correr. Va a decirte que lo mejor que te podr\u00eda pasar es que las cosas sucedieran de forma natural. Con la lapicera cara que guarda en el bolsillo de su ambo redactar\u00e1 una orden para que te realices un an\u00e1lisis de sangre. Va a decirte que, en caso de que est\u00e9s convencida, saques un nuevo turno con \u00e9l para la pr\u00f3xima semana y que traigas contigo el resultado de esos an\u00e1lisis. Desde su escritorio, va a acompa\u00f1arte con los gestos hasta la puerta de salida. Antes de cerrar la puerta, vas a escuchar que levanta el auricular del tel\u00e9fono para pedirle a la secretaria que llame a la paciente que sigue.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Vas a salir por las mismas puertas por las que entraste, a caminar algunas cuadras antes de parar un taxi y pedirle al taxista que te lleve de vuelta a tu trabajo. Vas a cerrar con llave la puerta de tu oficina, a buscar en tu celular un n\u00famero de tel\u00e9fono. Vas a marcar ese n\u00famero en el aparato de l\u00ednea y escuchar\u00e1s una voz que, como un susurro, casi como si las palabras entraran en lugar de salir, te confirmar\u00e1 que, si vos siguieras adelante, \u00e9l ser\u00eda capaz de acompa\u00f1arte.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">3. Vas a hacer una segunda visita al mismo m\u00e9dico, despu\u00e9s de conversar largamente con las dos conocidas que coincidieron en recomendarte ese m\u00e9dico y no cualquier otro. Esta vez, desde tu casa, vas a parar un taxi en la calle y le pedir\u00e1s que te lleve hasta la calle Billinghurst. Vas a bajarte en la esquina del edificio. Vas a caminar los pocos pasos que te separan de la puerta de entrada. Esta vez no va a ser necesario que llames al portero el\u00e9ctrico, porque vas a cruzarte en la entrada con una mujer de tu edad, a la que le costar\u00e1 mantenerse erguida y que para moverse estar\u00e1 siendo asistida por otra mujer que parecer\u00e1 ser su madre, cruzando la puerta en direcci\u00f3n contraria a la tuya.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Vas a volver a subir en ascensor al cuarto piso y a tocar la puerta del departamento. Te abrir\u00e1 la puerta la misma secretaria, que tendr\u00e1 su tel\u00e9fono m\u00f3vil guardado en el bolsillo derecho de su ambo color marr\u00f3n clarito. Vas a notar que en el pelo, para correrse el flequillo de la cara, tiene unas hebillas rosas de Hello Kitty. Va a dejarte pasar a la sala de espera del consultorio y te pedir\u00e1 que tomes asiento. Vas a esperar en el mismo sill\u00f3n en donde habr\u00e1s esperado a ser atendida la vez anterior y escuchar\u00e1s sonar la misma radio.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Alrededor tuyo solo habr\u00e1 mujeres. El resto de las mujeres que, como vos, esperar\u00e1n para pasar estar\u00e1n, tambi\u00e9n, acompa\u00f1adas por mujeres. Va a llegar tu turno y vas a pasar al mismo consultorio. Esta vez no ser\u00e1 necesaria la indicaci\u00f3n de la secretaria. Vas a reencontrarte con el doctor, sus ojos azules encendidos detr\u00e1s de las arrugas y la delgadez extrema. El doctor no te recordar\u00e1. Vas a volver a contarle todo y \u00e9l va a volver a preguntarte si est\u00e1s segura de la decisi\u00f3n que has tomado. Le alcanzar\u00e1s el resultado de los an\u00e1lisis de sangre. Va a pedirte que conciertes una nueva cita y te dar\u00e1 indicaciones para el d\u00eda anterior a esa pr\u00f3xima cita. Insistir\u00e1 en que es necesario que vayas acompa\u00f1ada. Va a entregarte recetas para inyecciones. Va a decirte que digas en la farmacia a la que te las vayas a colocar que lo que tienes es una infecci\u00f3n urinaria. Vas a repetir que est\u00e1s segura. Cuando hayan terminado de conversar, van a despedirse con un apret\u00f3n de manos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">4. Vas a entrar en una farmacia el d\u00eda anterior a la cita programada de camino al trabajo. Vas a entregarle al farmac\u00e9utico las recetas expedidas por el m\u00e9dico. El farmac\u00e9utico va a preguntarte cu\u00e1n grave es la infecci\u00f3n urinaria. Con la determinaci\u00f3n de quien se sabe descubierto, vas a responder que muy grave y que, adem\u00e1s, est\u00e1s apurada. Vas a pagarle por adelantado la medicina y las aplicaciones. Te obligar\u00e1 a realizar primero una prueba de alergia al medicamento, demorando la aplicaci\u00f3n de las inyecciones una media hora. Va a aplicarte, finalmente, tres inyecciones densas, dos del lado derecho y una del lado izquierdo de las caderas. Vas a sentir c\u00f3mo el l\u00edquido, espeso como el alm\u00edbar, entrar\u00e1 en tu cuerpo. Vas a sentir un ardor profundo como si una babosa te estuviera comiendo la cara interna del muslo. El instinto va a decirte que al farmac\u00e9utico algo lo hace regocijarse con el dolor que estar\u00e1 provocando. Vas a mirarlo a la cara y a contener la mueca. Vas a ahorrarte las l\u00e1grimas. Vas a salir de la farmacia alienada, en piloto autom\u00e1tico, como si siguieras una lista de instrucciones precisas. Vas a seguir camino al trabajo. El d\u00eda se te har\u00e1 muy corto. Vas a sentirte adormecida y el cuerpo va a dolerte m\u00e1s que otros d\u00edas. Por primera vez, ser\u00e1s testigo de la presencia de un est\u00f3mago ensanchado y de los s\u00edntomas de un cuerpo ocupado en la presencia espectral de otro cuerpo en gestaci\u00f3n. Sentada en la silla ergon\u00f3mica de tu oficina, vas a sentir c\u00f3mo el espesor del l\u00edquido que te habr\u00e1n inyectado en las caderas empieza a diluirse. La presi\u00f3n de ese movimiento interno va a darte la sensaci\u00f3n de un latido constante sobre ambos lados de la cadera. Antes de retirarte, muy tarde, de la oficina, vas a recordarle a tu jefa que el d\u00eda siguiente no vas a ir a trabajar. Ella te preguntar\u00e1 si vas a estar disponible para responder emails. Vas a responderle que es posible que por la tarde ya te hayas desocupado. Saliendo de la oficina, vas a pasar por un cajero autom\u00e1tico, para retirar la cantidad de dinero que el m\u00e9dico te habr\u00e1 detallado en el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">post it <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">en tu primera consulta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Vas a acostarte a dormir sin cenar. Cuando est\u00e9s a punto de conciliar el sue\u00f1o vas a sentir la vibraci\u00f3n de tu tel\u00e9fono celular que vuelve a sonar, apoyado sobre la mesa de noche. Vas a deslizar la opci\u00f3n de rechazo de la llamada, otra vez. Con un mensaje de texto, vas a volver a agradecerle la deferencia y explicarle que, a pesar de sus buenas intenciones, prefer\u00eds que no sea \u00e9l quien te acompa\u00f1e al d\u00eda siguiente. Inmediatamente despu\u00e9s vas a marcar el n\u00famero de tu madre desde la cama. Sin siquiera prender la luz, vas a pedirle entre sollozos que te acompa\u00f1e al m\u00e9dico.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">5. Vas a sentarte de nuevo en la sala de espera del consultorio del cuarto piso de la calle Billinghurst, con tu madre a tu lado. Ella va a intentar tomarte de la mano mientras vos te manten\u00e9s abstra\u00edda en observar a la chica de la recepci\u00f3n. Ese d\u00eda parecer\u00e1 hundida en una relaci\u00f3n ya no de dependencia, sino de angustia con el tel\u00e9fono celular. Vas a observarla mirar el tel\u00e9fono y vas a intuir que con los ojos le estar\u00e1 pidiendo al aparato una respuesta. Vas a sentir tu propio tel\u00e9fono vibrar en la cartera. Vas a escucharlo vibrar desde el suelo donde tu cartera estar\u00e1 apoyada. El sonido que har\u00e1 el aparato contra el resto de las cosas del bolso perder\u00e1 su cualidad espec\u00edfica entre las conversaciones sucediendo alrededor tuyo. Vas a escuchar que te llaman por tu apellido. Vas a entrar por tercera vez a la oficina del m\u00e9dico para sentarte frente a \u00e9l, con tu madre a tu lado. Esta vez, te recordar\u00e1. Tu madre va a presentarse. \u00c9l apenas har\u00e1 el esfuerzo de devolverle la gentileza. Vas a sorprenderte escuch\u00e1ndolo recitar las instrucciones con la agilidad de una ni\u00f1a que salta el el\u00e1stico. Su tono pausado de hablar habr\u00e1 desaparecido, su delgadez ya no te resultar\u00e1 extrema. Te habr\u00e1s acostumbrado a verlo escu\u00e1lido, a trav\u00e9s de la resolana que por la ventana a sus espaldas entrar\u00e1 desde la calle a su oficina del cuarto piso. Vas a escucharlo, intentando concentrar tu atenci\u00f3n en sus palabras, aunque cada una de las instrucciones se ir\u00e1n flotando en el aire como globos inflados con helio. Tu madre, por suerte, tomar\u00e1 nota mental de todo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Te va a informar que el sangrado posterior a la intervenci\u00f3n no deber\u00eda superar el de una menstruaci\u00f3n normal. Que el sangrado similar al de la menstruaci\u00f3n se suceder\u00e1 durante al menos diez d\u00edas. Que es posible que contin\u00faes sangrando hasta cuarenta d\u00edas despu\u00e9s. Que si el sangrado durante los d\u00edas posteriores a la intervenci\u00f3n excediera el de una menstruaci\u00f3n normal ser\u00e1 necesario que te comuniques con \u00e9l. Va a prohibirte el consumo de aspirinas. Va a preguntarte si cont\u00e1s con atenci\u00f3n m\u00e9dica privada. Vas a responderle que s\u00ed. Va a decirte entonces que, llegado el caso, no hay mayor inconveniente de que acudas a una guardia m\u00e9dica. Pero va a aclararte que en ning\u00fan caso deber\u00e1s comentar las caracter\u00edsticas del procedimiento realizado. Va a informarte, adem\u00e1s, que durante al menos dos meses tu cuerpo va a continuar con la gestaci\u00f3n en curso. Que las hormonas van seguir produci\u00e9ndose a lo largo de esos meses. Que vas a deprimirte o a estar demasiado irritable o, incluso, sensible. Que las hormonas van a jugarte muchas malas pasadas. Que no ser\u00e1s vos, que la culpa ser\u00e1 siempre de las hormonas. Despu\u00e9s va a dar detalles del procedimiento. Va a comentar que el tiempo total de anestesia ser\u00e1 de 30 minutos. Que despu\u00e9s del procedimiento vas a encontrarte adormecida, que durante ese d\u00eda no vas a poder hacer demasiado. Que va a ser necesario que te acuestes inmediatamente despu\u00e9s. Que ser\u00e1 mejor que durante dos d\u00edas no te muevas de tu casa. Que no podr\u00e1s hacer ejercicio durante al menos un mes. Que durante los primeros quince d\u00edas no podr\u00e1s caminar m\u00e1s de diez cuadras. Que ser\u00e1 necesario que descanses. Que dos d\u00edas despu\u00e9s podr\u00e1s reincorporarte al trabajo. Vas a entregarle un sobre blanco cerrado con el importe exacto que \u00e9l te detallara en su primer encuentro en el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">post it<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Va a pedirte que lo acompa\u00f1es hasta otro cuarto. Vas a despedirte de tu madre que, haciendo un esfuerzo enorme para dejar las l\u00e1grimas dentro de los ojos, va a decirte que ella te va a estar esperando cuando salgas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Vas a entrar en un consultorio m\u00e9dico enorme en donde habr\u00e1n dispuesto una especie de quir\u00f3fano, sobre el ala izquierda. Vas a permanecer all\u00ed sola unos minutos. Por una puerta diferente a la que entraste, vas a ver entrar al doctor. El doctor estar\u00e1 vestido con una bata quir\u00fargica. Va a pedirte que te desnudes, te pongas vos tambi\u00e9n una bata quir\u00fargica y que, una vez cambiada, te sientes sobre la camilla que est\u00e1 en el centro del espacio preparado como quir\u00f3fano. Va a preguntarte si te has dado las inyecciones que te habr\u00e1 indicado. Vas a responder que s\u00ed. Va a revisar los reveses de tus caderas para cerciorarse de que no est\u00e9s mintiendo en relaci\u00f3n a las inyecciones. Vas a ver entrar en la oficina a una mujer, con bata quir\u00fargica y barbijo, preparada como para asistir en una cirug\u00eda. El m\u00e9dico va a decirte que ella es la anestesista. Van a pedirte que te acuestes en la camilla. La anestesista va a entrar a la vena de tu brazo derecho con una aguja mediana. Vas a sentir una v\u00eda angosta entrar en la vena. No va a dolerte. Inmediatamente despu\u00e9s, vas a sentir a la anestesista probar la v\u00eda con algo que puede ser tanto agua como un antial\u00e9rgico.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La anestesista va a repetir que el procedimiento durar\u00e1 treinta minutos. Va a decirte que pronto todo habr\u00e1 terminado. Vas a pensar en cosas en las que nunca pens\u00e1s. En frases hechas en las que no crees. En dioses a los que no les rezas. Se te van a caer algunas l\u00e1grimas sobre los costados de la cara y la sal de los ojos te llegar\u00e1 hasta los bordes del cuello. Vas a sentir el peso de tu propia inmovilidad y la precisi\u00f3n con que la angustia empezar\u00e1 a ocupar espacio dentro tu cuerpo. No vas a tener tiempo de digerir esa sensaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">6. Vas a despertar sin angustia pero exhausta. Van a pasar algunos segundos hasta que puedas recordar exactamente d\u00f3nde est\u00e1s y por qu\u00e9. El doctor va a decirte que todo ha salido tal cual lo previsto. Va a darte unos minutos para que termines de despertar y r\u00e1pidamente va a ayudar a incorporarte en la camilla. Vas a sentarte para ver tus pies desnudos y blancos colgar desde arriba. Vas a sentir el vendaje de algod\u00f3n que a modo de pa\u00f1al contiene el sangrado que ya desciende desde tu \u00fatero. Vas a escucharlo pedirte que te pongas de pie y va a acompa\u00f1arte hasta la parte trasera de un biombo en donde tu ropa habr\u00e1 quedado prolijamente depositada. Vas a ver entrar a tu madre al consultorio desde detr\u00e1s del biombo. Tu madre va a ayudarte a vestirte lento. Todo suceder\u00e1 en un plano abstracto de lo real, como si tu cuerpo no habitara del todo el espacio que estar\u00e1 ocupando.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El m\u00e9dico va a darte m\u00e1s indicaciones. Las palabras se van a ir de vos en el instante preciso en el que son pronunciadas. Quiz\u00e1s por los resabios de la anestesia va a formarse una caricatura de vos misma persiguiendo las instrucciones, tratando de retenerlas por la fuerza. Como si fueran barriletes que perdieron el hilo y se escapan con el viento. Vas a empezar a sentir que el fr\u00edo envuelve la superficie h\u00fameda de tus huesos. Tu madre va a ayudarte a salir del consultorio. Vas a caminar muy lento, con mucha dificultad. Tu madre va a ayudarte a entrar al ascensor. Vas a mirarla a los ojos. Ella va a preguntarte c\u00f3mo te sent\u00eds. No vas a ser capaz de responderle. Van a cruzar la puerta del edificio por \u00faltima vez, tu madre va ayudarte a cruzar esa puerta. Una chica joven va a cruz\u00e1rseles haciendo el camino inverso. Va a ayudar a tu madre a mantener la puerta abierta para que vos puedas salir del edificio. Vas a mirar por \u00faltima vez el mural de la entrada, amarillo y naranja. Va a parecerte que, entre los trazos barridos del mural, se esconde la imagen de un gato et\u00e9reo que, entre los colores c\u00e1lidos, proyecta una sombra y sonr\u00ede escondido.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tu madre va a parar un taxi y va a ayudarte a subir en \u00e9l. Va a darle al taxista la direcci\u00f3n de tu casa y el auto va a cruzar la ciudad. Van a llegar a la puerta de tu departamento, tu madre va a ayudarte a bajar del auto, va a bajar tu cartera y abrir\u00e1 la puerta del edificio. Va a llamar el ascensor, abrir las puertas met\u00e1licas, dejarte entrar en \u00e9l. Va a marcar el piso de tu departamento, mientras busca en tu cartera las llaves de tu casa. Va a abrir las puertas de tu casa, va a ayudarte a llegar hasta tu cama. Va a taparte con la manta que descansa en los pies de tu cama y a dejarte dormir en silencio. Subir\u00e1 apenas las persianas de tu cuarto para que entre algo de claridad y la imagen que tu cuerpo tirado en la cama devuelva no se proyecte como una sombra. Va a cerrar la puerta del cuarto y va a instalarse en la sala a esperar a que te despiertes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">7. Con el cese del efecto de la anestesia, vas a despertar al dolor. Una molestia constante en todo el cuerpo y una sensibilidad profunda en la piel que har\u00e1 que hasta la manta con la que te estar\u00e1s cubriendo te resulte intolerable. Adem\u00e1s, vas a empezar a sentir vibraciones fluctuantes y r\u00edtmicas en el \u00fatero, un dolor hondo como si alguien estuviera revolviendo adentro tuyo con un cuchar\u00f3n para servir pasta o ensalada. Vas a ir al ba\u00f1o para encontrarte con que el vendaje todav\u00eda no habr\u00e1 llegado al tope de su capacidad de absorci\u00f3n. Vas a pedirle a tu madre tu cartera para hacerte de tu tel\u00e9fono celular. Tendr\u00e1s treinta y cinco llamadas perdidas del mismo n\u00famero de tel\u00e9fono al que la noche anterior habr\u00e1s decidido mandarle un mensaje en lugar de responderle las llamadas. Vas a volver a optar por enviar un mensaje y le informar\u00e1s a \u00e9l que todo ha salido de acuerdo a lo previsto. Vas a acomodarte en la cama para iniciar la respuesta a los emails de trabajo que habr\u00e1n empezado a acumularse. Tu madre querr\u00e1 saber si te apetece comer algo. Vas a responderle que s\u00ed y ella te preparar\u00e1 un t\u00e9 con galletas de agua. El doctor le habr\u00e1 recomendado que tu alimentaci\u00f3n por el d\u00eda sea liviana.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Vas a escuchar a tu madre hablar por tel\u00e9fono en la sala de tu casa, a trav\u00e9s de la puerta de tu habitaci\u00f3n. Vas a escucharla decir que no te puede dejar sola. Vas a intentar concentrarte en las cuestiones pendientes de trabajo y cuando sientas que tu madre ha terminado de hablar, vas a llamarla a la habitaci\u00f3n. Vas a decirle que te sientes bien, que no es necesario que te acompa\u00f1e. Vas a mentirle a tu madre. Le dir\u00e1s que \u00e9l est\u00e1 viniendo a quedarse contigo hasta que te sientas mejor. Finalmente, ella va a tomar sus cosas del vestidor de tu casa y va a salir por la puerta, no sin antes pedirte que no dudes en llamarla llegado el caso.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Vas a comenzar, de a poco, a dar orden a tu casilla de correo. Responder\u00e1s primero aquellos emails que no requieran mayor concentraci\u00f3n ni esfuerzo mental. Todo lo que normalmente no te presentara ning\u00fan esfuerzo va a hacerse muy cuesta arriba. Vas a volver a necesitar dormir apenas un rato despu\u00e9s. Vas a despertar y la claridad del d\u00eda se habr\u00e1 diluido. Vas a ir al ba\u00f1o y, esta vez, s\u00ed ser\u00e1 necesario cambiar el ap\u00f3sito que contiene tu sangrado. Vas a volver a trabajar dos d\u00edas despu\u00e9s. Cuando ocupes tu escritorio, plantado en el centro de tu oficina, vas a darte cuenta de que dos d\u00edas de reposo han sido poco. Cuando te levantes por primera vez para ir al ba\u00f1o, vas a encontrarte con que tu silla ergon\u00f3mica se ha manchado con la sangre que tu ap\u00f3sito ya no fue capaz de contener. Vas a contarle a tu jefa los detalles del asunto y vas a volverte a tu casa a descansar. No vas a responder emails por tres d\u00edas y tres noches.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">8. Reci\u00e9n a los siete d\u00edas el volumen de sangrado va a empezar a disminuir. Vas a sentirte sola a\u00fan cuando est\u00e9s acompa\u00f1ada. Como de pie sobre un banquito, observando todas tus cosas, sin que nada pueda de verdad alcanzarte. Vas a llorar y vas a ver que tu est\u00f3mago contin\u00faa ensanch\u00e1ndose por un par de semanas. Vas a sangrar todav\u00eda unos treinta d\u00edas m\u00e1s. Aunque cada vez menos. Reci\u00e9n a los cuarenta d\u00edas la sangre va a parar de correr. Todo va a salir de acuerdo a lo previsto. Cuando seis meses despu\u00e9s regreses a controlarte con tu ginec\u00f3logo habitual, en tu \u00fatero ya no habr\u00e1 evidencias ni rastros.<\/span><\/p>\n<h6><\/h6>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Matthew Henry, Unsplash.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Va a parecerte como que est\u00e1s a punto de menstruar. El mismo dolor de panza intenso pero distinto al dolor de panza normal, el malestar vibrante en todo el cuerpo y la ansiedad, en alza. 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