{"id":25429,"date":"2023-06-11T01:02:25","date_gmt":"2023-06-11T07:02:25","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=25429"},"modified":"2023-06-19T02:18:46","modified_gmt":"2023-06-19T08:18:46","slug":"jorge-edwards-el-trasgresor-de-generos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2023\/06\/jorge-edwards-el-trasgresor-de-generos\/","title":{"rendered":"Jorge Edwards, el trasgresor de g\u00e9neros"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desde <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Persona<\/span><\/i> <i><span style=\"font-weight: 400;\">non grata<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1973), el libro m\u00e1s conocido del escritor chileno Jorge Edwards (Premio Cervantes, 1999), aquel que le dio renombre mundial y convulsion\u00f3 el mundo de la pol\u00edtica hispanoamericana, muy pocas novelas suyas se han sustra\u00eddo al hecho indudable de que est\u00e1n siempre sobrevoladas por una intenci\u00f3n pol\u00edtica, de denuncia de un mundo ultrajado por los abusos y atropellos que provocan las intolerancias del sistema \u2013cualquiera sea este\u2013 y c\u00f3mo se enfrentan a ellos individuos de toda condici\u00f3n social y posici\u00f3n pol\u00edtica. Pero no hay en estas ficciones nada que parezca una reivindicaci\u00f3n de sesgo, conturbada por la pr\u00e9dica ni por m\u00e1s reivindicaci\u00f3n que la del sujeto que observa la realidad y se entrega a la particular reflexi\u00f3n sobre la propia condici\u00f3n humana y que, en su caso, en el caso de su literatura, tiene que ver con los acontecimientos que hondamente marcaron su pa\u00eds y tambi\u00e9n la historia reciente de Latinoam\u00e9rica.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esa \u201cnovela sin ficci\u00f3n\u201d, como la denomin\u00f3 el propio autor en alguna entrevista, se\u00f1al\u00f3 tambi\u00e9n el derrotero por donde iban a transitar sus posteriores ficciones e incluso alguno de sus ensayos, como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Adi\u00f3s, poeta: Pablo Neruda y su tiempo <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(1990), o <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La muerte de Montaigne <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(2011); o sus propias memorias, de las que nos ofreci\u00f3 dos vol\u00famenes, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los c\u00edrculos morados<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2013) y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Esclavos de la consigna <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(2018)), donde se entremezcla la fabulaci\u00f3n, la memoria, la especulaci\u00f3n y la realidad, sin que sea f\u00e1cil discernir cu\u00e1ndo cruzamos de un g\u00e9nero a otro, asunto que el propio Edwards se\u00f1al\u00f3 en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n como una forma muy suya de poner en marcha sus novelas, memorias o ensayos. Especialmente manifiesta esta particularidad del mundo narrativo del escritor chileno, es la concurrencia en el tiempo de su primer volumen de memorias y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El descubrimiento de la pintura<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, novela escrita en 2011 y aparecida en el a\u00f1o 2013. Son tan similares en estilo, evocaci\u00f3n y tem\u00e1tica que la novela bien podr\u00eda se\u00f1alarse como un atractivo excurso del primer tomo de sus memorias.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sus novelas m\u00e1s pol\u00edticas, como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los convidados de piedra<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1978) o la metaf\u00f3rica <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El anfitri\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1987), o incluso <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El<\/span><\/i> <i><span style=\"font-weight: 400;\">museo de cera<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1981)<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> siempre se posicionan desde una atalaya cr\u00edtica que trasciende la perentoriedad de lo narrado para convertirse en algo m\u00e1s abarcador: no son solo piezas que denuncian de manera puntual un sistema o un r\u00e9gimen, sino que act\u00faan como f\u00e1bulas de largo alcance, instrumentos para entender la condici\u00f3n humana. Ese elemento, la condici\u00f3n humana, tambi\u00e9n subyace en novelas m\u00e1s intimistas, como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La mujer imaginaria<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1985) \u2013la repentina liberaci\u00f3n del cors\u00e9 social por parte de una mujer de la burgues\u00eda chilena\u2013 o <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El origen del mundo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1996) \u2013aquella meditada y compleja reflexi\u00f3n sobre los celos, que transcurre en Par\u00eds\u2013, como tambi\u00e9n vemos que sucede en sus ensayos o en sus piezas escritas a edad m\u00e1s avanzada: la mezcla de g\u00e9neros, ficci\u00f3n, memorias, ensayo, y la condici\u00f3n humana como motor principal de sus trabajos literarios.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ahora bien, estos elementos no concurren en las p\u00e1ginas de Edwards al socaire de impulsos rec\u00f3nditos, empujados por un viento caprichoso y espont\u00e1neo que lleva la embarcaci\u00f3n narrativa de aqu\u00ed para all\u00e1, ora ficci\u00f3n, ora recuerdo biogr\u00e1fico; ora apunte hist\u00f3rico, ora especulaci\u00f3n. No parece ser as\u00ed, porque Edwards, adem\u00e1s del oficio que cumpli\u00f3 con disciplina y vitalidad hasta sus \u00faltimos d\u00edas \u2013literalmente\u2013 tuvo el cuidado de elaborar una t\u00e9cnica muy depurada y consciente de resolver esos elementos a simple vista antag\u00f3nicos que encontramos en la mayor\u00eda de sus libros.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La suya nunca fue t\u00e9cnica deslumbrante, como si el escritor conociera bien los peligros de deslumbrar \u2013con los prestigios del alarde\u2013 y por lo tanto distraer al lector de su prop\u00f3sito principal, que no es otro que adentrarnos en la historia que nos ofrece. Esta t\u00e9cnica literaria suya funciona con eficacia, como un verdadero dispositivo que dosifica y distribuye el material argumental introduciendo \u00e1ngulos narrativos distintos que corresponden a diferentes voces y a diferentes miradas. Muchos novelistas hacen esto, es sabido, pero en Edwards dichas voces no corresponden \u00fanicamente a los personajes sino que a menudo se revelan como la voz del propio narrador omnisciente; e incluso la del autor, voces ajenas a la realidad de la ficci\u00f3n, ampliando as\u00ed sus fronteras y dot\u00e1ndolas de una permeabilidad muy singular, pocas veces frecuentada en la literatura de nuestro tiempo. Pausas, reflexiones, comentarios ir\u00f3nicos, especulaciones que van pautando la narraci\u00f3n y d\u00e1ndole, capa tras capa, un barniz de efectividad y rigor que suaviza los contornos de lo que estamos leyendo (hasta hacer desaparecer la noci\u00f3n tangible entre lo que es cierto y aquello que no lo es). Se trata de un ambicioso modo de abarcar la totalidad de lo contado y sus meandros.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hab\u00eda en Jorge Edwards un inter\u00e9s trasgresor sobre el hecho narrativo y sus muchas posibilidades, tanto como su preocupaci\u00f3n por narrar las incertidumbres de la naturaleza humana, por lo que su af\u00e1n principal parece insistir en poner al servicio el uno (la trasgresi\u00f3n de g\u00e9neros) con respecto a la otra (narrar la condici\u00f3n humana). As\u00ed, la estrategia narrativa trasgresora sirve para contar no solo la historia, sino algo m\u00e1s profundo: lo que rodea y da entidad a esa trama, un contexto metaliterario que puede ser personal, social o hist\u00f3rico, pero que siempre introduce al narrador y sus opiniones, rompiendo las reglas habituales de la ficci\u00f3n.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ya en \u201cLa sombra de Huelqui\u00f1ur\u201d, cuento perteneciente al volumen <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Fantasmas de<\/span><\/i> <i><span style=\"font-weight: 400;\">carne y hueso<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(1993), encontramos muy claramente dos planos narrativos, el del escritor que est\u00e1 leyendo sus cuentos a sus primas y lo que ocurre en esas mismas historias. Estos dos planos se superponen sin problemas para el lector, que advierte de inmediato la traslaci\u00f3n a la que el narrador lo lleva sin aparente esfuerzo. Somos empujados de un lado a otro de la historia y del tiempo con docilidad, atrapados r\u00e1pidamente por los engranajes sutiles de su mec\u00e1nica; y as\u00ed, poco a poco, se nos persuade del car\u00e1cter necesario de tal alteridad. Siempre sabemos que, sin soluci\u00f3n de continuidad, sin advertencia alguna, hemos saltado de un plano a otro.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En sus novelas m\u00e1s complejas, Edwards se desplaza de un narrador a otro con rapidez y destreza; a veces en un solo p\u00e1rrafo, como si hiciera una cabriola de la que no vemos m\u00e1s que su fugacidad, tal como ocurre en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El in\u00fatil de la familia<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2004), donde el personaje principal, Joaqu\u00edn Edwards Bello \u2013personaje real y t\u00edo del autor, como sabemos\u2013 va siendo construido por los cambios audaces que registra la voz desde el inicio. As\u00ed, esta se traslada de una persona narrativa a otra, como para asediar al sujeto desde la intimidad de su reflexi\u00f3n y mostr\u00e1rnoslo luego en su accionar, como si el narrador no se contentara en enfocar su vida con una sola c\u00e1mara y necesitara dotarlo de una presencia m\u00e1s robusta, a\u00f1adiendo perspectivas variadas a lo que miramos. Como explica \u00c1ngel Esteban, \u201cla novela desconcierta a veces, ya que en algunos casos sentimos que estamos ante un tratado de cr\u00edtica literaria, donde se nos cuentan los argumentos de las novelas de Joaqu\u00edn y su posible relaci\u00f3n con historias reales de la familia, y en otros pensamos m\u00e1s bien en una biograf\u00eda, un libro de memorias o un documento hist\u00f3rico\u201d. Es un resumen perfecto de c\u00f3mo maneja el escritor chileno los planos desde donde se observa la trama, tom\u00e1ndose la libertad, por decirlo as\u00ed, de ofrecernos su propia especulaci\u00f3n acerca de lo que acontece ya no solo en la vida del personaje, sino tambi\u00e9n en su biograf\u00eda real.<\/span><b>\u00a0<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Otro tanto ocurre en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La mujer imaginaria<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1985), novela anterior a la referida. Aqu\u00ed el lector se encuentra instalado en un relato donde la presencia del narrador pasa como de puntillas gracias a un h\u00e1bil uso del discurso indirecto libre. Una narraci\u00f3n m\u00e1s bien \u201cconvencional\u201d que de pronto se desmenuza con la irrupci\u00f3n del narrador que delata impunemente su presencia, e irrumpe, casi a la manera de los narradores decimon\u00f3nicos, y nos comenta: \u201chemos avanzado con la se\u00f1ora In\u00e9s hasta los tramos finales de la fiesta. Escuchamos escondidos detr\u00e1s de los arbustos\u2026\u201d. \u00bfQui\u00e9n habla?, se pregunta desconcertado el lector. Y descubrimos, o mejor a\u00fan, nos resignamos, a la presencia de ese narrador seguro de s\u00ed mismo (que se sabe necesario para impulsar el avance de la historia y que lejos de estorbar estimula el progreso de la trama). Y m\u00e1s a\u00fan, o con m\u00e1s br\u00edo, sucede en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El sue\u00f1o de la historia<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2000). El narrador, que se llama casi siempre as\u00ed, El Narrador, y a veces Ignacio, el del medio, de pronto se nos descubre siendo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">narrado<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> por otro narrador que no duda incluso en explicar que observa las cosas \u201ccomo por encima del hombro del Narrador\u201d.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En Edwards estos planteamientos discursivos funcionan sin contratiempos, m\u00e1s all\u00e1 del primer desconcierto del lector que se encuentra con ellos y termina por aceptarlos por su car\u00e1cter necesario, porque, como ocurre en las mejores ficciones, no hay ninguna t\u00e9cnica, ninguna estrategia que colisione con la verosimilitud de la historia contada. Uno apenas percibe la supercher\u00eda, bajo la aparente linealidad del relato al que nos entregamos gracias a otro elemento no menos importante de la t\u00e9cnica de Edwards: la prosa clar\u00edsima, precisa y sin m\u00e1s ornamentos que su propio poder persuasivo. A lo largo de sus muchas novelas, ensayos y memorias, Edwards ha ido construyendo un narrador original\u00edsimo y potente que nos envuelve y nos permite disfrutar de lo narrado sin que sepamos bien d\u00f3nde establecer los l\u00edmites entre realidad y ficci\u00f3n.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Jorge Edwards nos ofreci\u00f3 algunas de las mejores p\u00e1ginas de la literatura escrita en espa\u00f1ol del siglo XX y bien entrado el XXI: con m\u00e1s de ochenta a\u00f1os escribi\u00f3 dos tomos de sus memorias y tres novelas \u2014<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El descubrimiento de la pintura<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2013), <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La \u00faltima<\/span><\/i> <i><span style=\"font-weight: 400;\">hermana<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2016) y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Oh,<\/span><\/i> <i><span style=\"font-weight: 400;\">maligna<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2019)\u2014, adem\u00e1s de seguir colaborando con la prensa espa\u00f1ola y chilena con art\u00edculos de opini\u00f3n estimulantes e incisivos, a menudo a contracorriente de lo que postulaban los dem\u00e1s, sobre todo en el terreno pol\u00edtico, asunto que le granje\u00f3 animosidades y suspicacias de quienes lo consideraban \u201csuyo\u201d. Pero Edwards demostr\u00f3 siempre su independencia tanto de modas literarias como de posiciones ideol\u00f3gicas que comprometieran algo m\u00e1s que sus propios planteamientos. Lo hizo sin estridencias y mostrando siempre una vitalidad inteligente y risue\u00f1a, aquella que lo decidi\u00f3, nada m\u00e1s terminar su etapa como embajador chileno en Par\u00eds, a mudarse a su amado Madrid para encarar su \u00faltima etapa creativa y que confes\u00f3 a quien escribe estas l\u00edneas, mientras paseaban por Ginebra, con una frase que resume mucho su forma de entender la vida: \u201cQuiero mudarme a Madrid antes de hacerme viejo\u201d.<\/span><\/p>\n<h6><\/h6>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Jorge Edwards, escritor chileno, brinda con la reina Letizia de Espa\u00f1a durante la presentaci\u00f3n del Premio Cervantes al escritor nicarag\u00fcense Sergio Ram\u00edrez, 20 de abril de 2018. CORDON PRESS \/ Alamy Stock Photo.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde Persona non grata (1973), el libro m\u00e1s conocido del escritor chileno Jorge Edwards (Premio Cervantes, 1999), aquel que le dio renombre mundial y convulsion\u00f3 el mundo de la pol\u00edtica hispanoamericana, muy pocas novelas suyas se han sustra\u00eddo al hecho indudable de que est\u00e1n siempre sobrevoladas por una intenci\u00f3n pol\u00edtica, de denuncia de un mundo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":25301,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[4531],"tags":[4514],"genre":[],"pretext":[],"section":[],"translator":[],"lal_author":[3508],"class_list":["post-25429","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-in-memoriam-es","tag-numero-26","lal_author-jorge-eduardo-benavides-es-2"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25429","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25429"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25429\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/25301"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25429"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25429"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25429"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=25429"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=25429"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=25429"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=25429"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=25429"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}