{"id":2481,"date":"2018-10-28T22:41:59","date_gmt":"2018-10-29T04:41:59","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2018\/10\/men-who-walk-alone-sea-juan-pablo-roncone\/"},"modified":"2024-04-21T16:17:59","modified_gmt":"2024-04-21T22:17:59","slug":"men-who-walk-alone-sea-juan-pablo-roncone","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2018\/10\/men-who-walk-alone-sea-juan-pablo-roncone\/","title":{"rendered":"&#8220;Hombres que caminan solos, junto al mar&#8221; de Juan Pablo Roncone"},"content":{"rendered":"<div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<p>Mi mujer y yo sol\u00edamos arrendar una casa en la playa. Nos gustaba salir de Santiago de vez en cuando y ver pasar la tarde frente a la terraza. Mi mujer se llama Antonieta y trabaja como periodista cultural en varios diarios. Nos hab\u00edamos casado hac\u00eda dos a\u00f1os, luego de divorciarme de la madre de Camila, mi \u00fanica hija. Antonieta era joven y alta, y casi siempre ten\u00eda buen car\u00e1cter. Yo acababa de cumplir veintinueve a\u00f1os, estaba sin trabajo desde hac\u00eda alg\u00fan tiempo y no ten\u00eda intenci\u00f3n de hacer nada al respecto. Camila hab\u00eda muerto y mi vida parec\u00eda una sombra de lo que hab\u00eda sido antes de ese terrible hecho. Camila naci\u00f3 enferma y su madre y yo siempre supimos que el d\u00eda de su muerte llegar\u00eda pronto. Los m\u00e9dicos le hab\u00edan augurado incluso menos vida. Un cirujano lleg\u00f3 a decirme que era un milagro que hubiese vivido ocho a\u00f1os.<\/p>\n<p>A Antonieta parec\u00eda no molestarle que yo no hiciera nada. Ella ganaba suficiente dinero como para llevar la casa. La ve\u00eda salir por las ma\u00f1anas y llegar en la noche. Me la pasaba todo el d\u00eda viendo televisi\u00f3n, chateando con desconocidas por Internet, masturb\u00e1ndome y fumando. Le dec\u00eda a mi mujer que estaba escribiendo una novela y que necesitaba tiempo. No s\u00e9 en qu\u00e9 momento se me ocurri\u00f3 semejante mentira. Tampoco s\u00e9 si alguna vez me crey\u00f3. Como sea, un buen d\u00eda le dije que quer\u00eda ser escritor y le asegur\u00e9 que ten\u00eda una novela en mente. Una novela muy larga, dec\u00eda con confianza. Una novela-r\u00edo con muchas historias y muchos personajes. Y Antonieta me apoy\u00f3. Ella conoc\u00eda a algunos escritores por su trabajo, y me dijo que cuando tuviese el manuscrito terminado podr\u00eda interceder para que lo leyeran y lo criticara alguien que supiese m\u00e1s que yo. Pero la mentira no solo ten\u00eda que ver con mi mujer. Cuando viajamos a la playa, en esa ocasi\u00f3n, ten\u00eda embaucados a todos mis amigos y ex compa\u00f1eros de trabajo: no hab\u00eda nadie que dudara de que mi novela estaba avanzando. Incluso me deten\u00eda en pasajes, en escenas que se me iban ocurriendo mientras las iba contando en fiestas o reuniones sociales. Y cada vez que hablaba, la novela inventada tomaba un matiz distinto y surg\u00edan nuevas historias que se retroalimentaban con la conversaci\u00f3n y las an\u00e9cdotas que surg\u00edan. No sent\u00eda culpa por mentir. Y no ten\u00eda miedo de ser sorprendido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando llegamos a la playa mi mujer abri\u00f3 las ventanas de la casa y limpi\u00f3 el living. Era una peque\u00f1a casa ubicada encima de una loma. Llev\u00e1bamos m\u00e1s de cinco a\u00f1os arrend\u00e1ndola cada verano. Era una construcci\u00f3n de madera y de un solo piso. Ten\u00eda una terraza que sobresal\u00eda a varios pies de tierra y que miraba de frente al litoral. Vi, aquella ma\u00f1ana, a Antonieta ir y venir, de un cuarto a otro, limpiando y moviendo muebles. Llevaba un buzo azul y el pelo casta\u00f1o tomado en un mo\u00f1o. La vi alegre y joven, y tuve la sensaci\u00f3n de ser un hombre afortunado.<\/p>\n<p>Decid\u00ed salir a caminar por la orilla del mar, a uno o dos kil\u00f3metros de la casa. A\u00fan era muy temprano, casi de madrugada, y los domingos nos gustaba tomar desayuno como a las nueve. Todav\u00eda hace fr\u00edo, dijo Antonieta mientras me entregaba mi poler\u00f3n.<\/p>\n<p>La playa estaba vac\u00eda y el cielo se ve\u00eda plomo. Llevaba jeans y zapatillas blancas. Camin\u00e9 mirando las huellas que iba dejando en la arena. Encend\u00ed varios cigarrillos a medida que me alejaba de la casa. Cuando me cans\u00e9, me sent\u00e9 a mirar el mar. La arena estaba fr\u00eda y caf\u00e9, y el sol no terminaba de ascender. No hab\u00eda ning\u00fan tipo de embarcaci\u00f3n y las luces de las casas orilladas frente a la playa estaban apagadas. Vi el mar, calmo y muy azul, y pens\u00e9, inevitablemente, en Camila y en que nunca la hab\u00eda llevado a la playa. Quiz\u00e1 su madre s\u00ed, ella hab\u00eda rehecho su vida junto a otro hombre y lo m\u00e1s probable es que salieran de la ciudad alguna vez. Pero yo no la hab\u00eda tra\u00eddo, y esa posibilidad, la de haber salido a la playa junto a mi hija, era una alternativa que ya estaba cerrada. Pensar en eso me doli\u00f3. Siempre supe que morir\u00eda y que deb\u00eda estar preparado para ese d\u00eda. Podr\u00eda decirse, incluso, que me prepar\u00e9 durante ocho a\u00f1os para verla morir, pr\u00e1cticamente desde que ingres\u00e9 a la universidad. Y sin embargo no hab\u00eda d\u00eda en que no me doliese pensar en ella.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando me dispon\u00eda a volver a la casa para desayunar, vi al doctor Hern\u00e1ndez caminando junto a la orilla. En realidad, lo primero que vi fue una mancha roja a lo lejos, tambaleante, junto a la orilla del mar, una mancha que avanzaba hacia m\u00ed. Luego la mancha fue tomando forma y termin\u00f3 por acaparar todo mi campo visual, a pocos metros. Se trataba de Hern\u00e1ndez, el cirujano ebrio que intent\u00f3 matarse quemando su casa. Era una historia conocida en el pueblo que rodea la playa: un profesional exitoso que de pronto queda viudo, decide matarse y no halla nada mejor que incendiar su casa. Pero fue rescatado a tiempo. El pueblo no era muy grande y el humo alert\u00f3 a los bomberos.<\/p>\n<p>\u2014Hola \u2014dijo mientras se acercaba\u2014, tiempo que no te ve\u00eda por estos lados.<\/p>\n<p>Iba vestido con un buzo rojo, muy parecido al que usaba mi mujer, y una polera blanca. Ten\u00eda una cadena de oro delgadita y se ve\u00eda muy bronceado. Estaba gordo y me pareci\u00f3 m\u00e1s viejo que la \u00faltima vez que lo vi. La frente amplia comenzaba a ganarle terreno al pelo y los ojos denotaban cierto cansancio. Ol\u00eda, como siempre, a alcohol. Ese olor frutoso y c\u00e1lido que expiden ciertas personas. En el pueblo todos nos ubic\u00e1bamos, y \u00e9l sab\u00eda muy bien qui\u00e9n era yo. Lo salud\u00e9 con cierto recelo, decidido a no trabar mucha conversaci\u00f3n con \u00e9l. Hern\u00e1ndez y su seguridad apabullante nunca me hab\u00edan ca\u00eddo bien.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo est\u00e1 tu mujer? \u2014Bien \u2014respond\u00ed\u2014, todo bien. \u2014Supe que ahora eres novelista \u2014dijo, y apoy\u00f3 una mano peque\u00f1\u00edsima, pero muy pesada, en mi hombro. \u2014Hago lo que puedo.<\/p>\n<p>\u2014Cu\u00e9ntame de qu\u00e9 va tu novela \u2014dijo, y torci\u00f3 la boca, ligeramente, como si fuese a estornudar: un extra\u00f1o tic que lo acompa\u00f1aba desde hac\u00eda alg\u00fan tiempo. Se sent\u00f3 a mi lado y estir\u00f3 las piernas\u2014. \u00bfO eres como esos escritores que nunca cuentan nada?<\/p>\n<p>\u2014Estoy corrigiendo el principio \u2014dije.<\/p>\n<p>\u2014Ah, ya veo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En mi adolescencia hab\u00eda tenido la costumbre de leer muchas novelas, sobre todo rusas, y durante muchos a\u00f1os pens\u00e9, efectivamente, en dedicarme a escribir. Quiz\u00e1 por eso me resultaba tan natural mentir y no ten\u00eda problemas en hablar como si fuese un escritor. \u00c9l dijo:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSabes?, yo tambi\u00e9n estoy dedic\u00e1ndome a la literatura. \u2014Qu\u00e9 bien \u2014dije, y trat\u00e9 de parecer entusiasmado. Cada vez que ve\u00eda a Hern\u00e1ndez en el supermercado o en el club, siempre a lo lejos, me parec\u00eda incre\u00edble que un hombre con su vitalidad hubiese sido capaz de querer matarse quemando su casa.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed \u2014continu\u00f3\u2014, estoy haciendo una novela. Un novel\u00f3n m\u00e1s bien. Trata sobre la decadencia de los principios que sostienen la civilizaci\u00f3n occidental.<\/p>\n<p>Sus ojos chispeantes, nerviosos, esos ojitos siempre alerta esperaban que yo dijera algo, pero no quise darle en el gusto.<\/p>\n<p>\u2014Incluso asisto a un taller \u2014dijo, y aspir\u00f3 el aire muy fuerte, inflando esa enorme barriga que atajaba la polera\u2014. \u00bfQu\u00e9 escritores te gustan?<\/p>\n<p>\u2014Mmm, varios&#8230; Sobre todo norteamericanos. Me gustan mucho Thomas Pynchon y Don DeLillo, por ejemplo. \u00bfLos conoces?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, claro.<\/p>\n<p>Yo jam\u00e1s hab\u00eda le\u00eddo a Pynchon y a DeLillo, pero sab\u00eda que exist\u00edan, hab\u00eda le\u00eddo algo sobre ellos en alguna parte y no me parec\u00eda mala idea citarlos porque ten\u00eda la sensaci\u00f3n de que eran muy buenos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY t\u00fa? \u2014dije. \u2014\u00bfYo qu\u00e9? \u2014Qu\u00e9 lees t\u00fa. \u2014Ah, de todo \u2014suspir\u00f3\u2014. Me gusta leer de todo. No discrimino. Creo que cada cual tiene algo que decir. Siempre he pensado eso. Puedo leer algo de autoayuda un d\u00eda y luego pasarme a una novelita rom\u00e1ntica o media eroticona \u2014una sonrisa que intent\u00f3 ser c\u00f3mplice se dibuj\u00f3 en la cara del doctor Hern\u00e1ndez\u2014. Me gustan todas las novelas. Y tambi\u00e9n leo ensayos modernos, como los que se hacen ahora. Yo creo que se puede escribir sobre cualquier cosa.<\/p>\n<p>Pens\u00e9 que Hern\u00e1ndez no sab\u00eda nada de literatura. Lo vi torcer la boca y sacar su petaca. Permiso, dijo, y bebi\u00f3 un poco.<\/p>\n<p>\u2014Pero a\u00fan no me has dicho cu\u00e1l es el tema de tu novela.<\/p>\n<p>Me pregunt\u00e9 si Hern\u00e1ndez alguna vez conoci\u00f3 a mi hija. Quiz\u00e1 \u00e9l podr\u00eda haberme dicho si mi ex mujer visit\u00f3 esta playa, o el pueblo que rodea la playa. Yo sab\u00eda que ella ten\u00eda parentela en el litoral. Pens\u00e9 incluso en preguntarle directamente si hab\u00eda visto a Camila en la playa, pero me arrepent\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014Es sobre hombres \u2014dije despu\u00e9s de un rato, improvisando\u2014, mi novela. Hombres que caminan solos, junto al mar.<\/p>\n<p>Hern\u00e1ndez se sacudi\u00f3 la arena del buzo. \u2014\u00bfQuieres? \u2014estir\u00f3 la petaca. \u2014No \u2014dije\u2014, ya no bebo\u2014. Por aqu\u00ed cerca hay un lugar donde venden empanadas de mariscos. Se llama Los Siete Pitufos. Imagin\u00e9 a Hern\u00e1ndez rociando su casa con bencina. De todas las formas posibles que uno puede escoger para matarse, esa me pareci\u00f3 la peor. \u2014Son muy ricas \u2014dijo Hern\u00e1ndez, nervioso\u2014. Las hacen con mucho queso. Hay de todo. Hasta de locos. \u00bfConoces el lugar? \u2014No, nunca he ido.<\/p>\n<p>\u2014Son muy buenas \u2014dijo, y bebi\u00f3 de su petaca un buen trago. \u2014Me imagino. \u2014\u00bfTe dio hambre? \u2014S\u00ed, la verdad es que s\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014Vamos, yo te invito. \u2014Mi mujer me espera en casa \u2014le dije. Hern\u00e1ndez mir\u00f3 sus zapatillas blancas con una tristeza que me pareci\u00f3 terrible.<\/p>\n<p>Torci\u00f3 la boca. Dijo: \u2014Podemos ir por unas empanadas y luego te vas donde tu mujer. \u2014Es que me est\u00e1 esperando, no puedo llegar tarde. Vamos a ir al mercado. \u2014El mercado \u2014repiti\u00f3 Hern\u00e1ndez, para s\u00ed mismo. Me levant\u00e9. Me sacud\u00ed la arena de los jeans.<\/p>\n<p>Una pareja de j\u00f3venes pas\u00f3 trotando, muy cerca de nosotros. Se ve\u00edan felices y confiados. Hern\u00e1ndez y yo los miramos trotar, como si fuesen dos apariciones fantasmales en medio de la soledad de la playa. Hern\u00e1ndez se levant\u00f3 tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>\u2014Espero que volvamos a vernos \u2014dijo entusiasmado. Hab\u00eda recobrado esa alegr\u00eda falsa que parec\u00eda acompa\u00f1arlo siempre.<\/p>\n<p>\u2014Yo tambi\u00e9n espero que nos veamos \u2014dije por decir algo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSabes&#8230;? Yo no soy escritor, nunca en mi vida he escrito una sola l\u00ednea \u2014dijo, como si mentir fuese algo muy natural.<\/p>\n<p>Lo mir\u00e9 con detenci\u00f3n y por un instante tuve la sensaci\u00f3n de que se largar\u00eda a llorar. Pero en vez de eso volvi\u00f3 a sonre\u00edr y a beber de su petaca.<\/p>\n<p>\u2014Debo irme, doctor Hern\u00e1ndez. \u2014S\u00ed, s\u00ed, no te detengo m\u00e1s. Nos dimos la mano y comenzamos a caminar en direcciones opuestas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando llegu\u00e9 a casa, Antonieta me esperaba con el desayuno servido. Hab\u00eda huevos y queque de zanahoria. Le cont\u00e9 todo lo que me hab\u00eda dicho Hern\u00e1ndez, le habl\u00e9 de su novela y le dije que no era tan antip\u00e1tico. Omit\u00ed decirle que hab\u00eda mentido sobre su afici\u00f3n literaria.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfVamos al mercado hoy? \u2014me pregunt\u00f3 mientras serv\u00eda leche. \u2014S\u00ed, hay que comprar pescado y verduras. Antonieta bati\u00f3 su caf\u00e9 y le dio una mordida a su pan con quesillo. \u2014A Camila le hubiese gustado venir a la playa \u2014dije\u2014. Nunca se me ocurri\u00f3 traerla. Siempre pens\u00e9 que le har\u00eda mal moverse tanto. Pero de verdad creo que hubiese sido una buena idea.<\/p>\n<p>\u2014Creo lo mismo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe imaginas? La ni\u00f1a corriendo por ah\u00ed, por el cerro&#8230; O frente al mar, moj\u00e1ndose los pies.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, deber\u00edamos haberla tra\u00eddo.<\/p>\n<p>\u2014Hubiese sido una buena idea \u2014dije, y pens\u00e9 en la casa incendiada de Hern\u00e1ndez, y me arrepent\u00ed por no haberlo acompa\u00f1ado a comprar empanadas\u2014. Hubiese sido una buena idea.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi mujer y yo sol\u00edamos arrendar una casa en la playa. Nos gustaba salir de Santiago de vez en cuando y ver pasar la tarde frente a la terraza. Mi mujer se llama Antonieta y trabaja como periodista cultural en varios diarios. Nos hab\u00edamos casado hac\u00eda dos a\u00f1os, luego de divorciarme de la madre de Camila, mi \u00fanica hija. 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