{"id":2417,"date":"2018-07-31T20:49:48","date_gmt":"2018-08-01T02:49:48","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2018\/07\/joyous-excess-eugenio-montejos-heteronymy-nicholas-roberts\/"},"modified":"2024-04-18T06:57:12","modified_gmt":"2024-04-18T12:57:12","slug":"joyous-excess-eugenio-montejos-heteronymy-nicholas-roberts","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2018\/07\/joyous-excess-eugenio-montejos-heteronymy-nicholas-roberts\/","title":{"rendered":"&#8220;El exceso jubiloso de la heteronimia de Eugenio Montejo&#8221; de Nicholas Roberts"},"content":{"rendered":"<div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/><\/style>\n<\/div>\n<p>A lo largo de la carrera de Eugenio Montejo, la cual abarca unos cuarenta a\u00f1os \u2014casi cincuenta si se incluye el temprano y en gran parte desconocido poemario <i>Humano para\u00edso<\/i> (1959)\u2014, la figura de Orfeo es una presencia constante. \u00c9sta no es una aseveraci\u00f3n novedosa; numerosos cr\u00edticos han comentado la importancia de Orfeo en la poes\u00eda de Montejo: sus metas, el \u00e9nfasis que all\u00ed se encuentra en la construcci\u00f3n l\u00edrica armoniosa, y la creencia en la posibilidad del retorno del Poeta en estos tiempos hueros en t\u00e9rminos po\u00e9ticos: todo apunta a y est\u00e1 arraigado en este s\u00edmbolo de la voz l\u00edrica definitiva. Espor\u00e1dicamente, la figura sale de forma titular, sea en el manifiesto po\u00e9tico que es &#8220;Orfeo&#8221;, de <i>Muerte y memoria<\/i> (1972), en &#8220;Orfeo revisitado&#8221; de <i>Alfabeto del mundo<\/i> (1988), a mitad de su producci\u00f3n literaria, o sea en &#8220;M\u00e1scaras de Orfeo&#8221;, del \u00faltimo poemario de Montejo, <i>F\u00e1bula del escriba<\/i> (2006), poema que recoge y contempla todas las anteriores obras, temas, e im\u00e1genes del poeta venezolano. Pero, la verdad, no hace falta nombrarlo, pues Orfeo yace latente en todo verso montejiano, tal como lo captura la imagen del poeta labrando a la luz de su l\u00e1mpara mientras el quebrado mundo de una quebrada humanidad duerme, imagen que envuelve y determina el corpus entero de Montejo. De forma \u00f3rfica, el poeta de la poes\u00eda montejiana se ve encomendado a despertar a la humanidad a trav\u00e9s de su producci\u00f3n l\u00edrica, nutri\u00e9ndola con sus versos de modo espiritual y emocional. Es una imagen y una faena cargadas de lo personal, de los recuerdos que retiene Montejo de su padre, un panadero, trabajando antes del alba para hacer los panes igual de revitalizadores que van a recibir y sustentar a los que pronto amanecer\u00e1n, como nos cuenta en el ensayo \u201cEl taller blanco\u201d de <i>El taller blanco<\/i> (1983). Montejo sol\u00eda reiterar que de ni\u00f1o esos panes alineados en los estantes de la panader\u00eda de su padre le parec\u00edan letras, palabras que as\u00ed formaban l\u00edneas de pan-poes\u00eda, cubiertas de una blanca capa de harina.<\/p>\n<p>Orfeo, sin embargo, no es el \u00fanico compa\u00f1ero permanente que tuvo Montejo en su largo viaje po\u00e9tico. En una entrevista con Antonio L\u00f3pez Ortega en 1999, Montejo confirm\u00f3 que su primer heter\u00f3nimo, Blas Coll, lo hab\u00eda acompa\u00f1ado en sus reflexiones literarias desde finales de los sesenta, aun si no sali\u00f3 \u00e9ste de forma impresa hasta 1981. Dado que el primer poemario importante de Montejo, <i>\u00c9legos<\/i>, se public\u00f3 en 1967, se podr\u00eda afirmar que este personaje ap\u00f3crifo constituye, como Orfeo, una presencia constante en la carrera de nuestro poeta. Me propongo sostener que, de hecho, es la cohabitaci\u00f3n de estas dos figuras lo que ancla y define la totalidad de la obra de Eugenio Montejo.<\/p>\n<p>La heteronimia, o la escritura heteron\u00edmica, es la pr\u00e1ctica de escribir bajo otras (inventadas) identidades autoriales (a diferencia de la seudonimia, donde el autor se vale s\u00f3lo de otros nombres). Antonio Machado y Fernando Pessoa son probablemente los dos autores m\u00e1s famosos y renombrados de este tipo de escritura, y pareciera que fueron \u00e9stos quienes inspiraron a Montejo a seguir este camino literario. Pessoa en particular se destaca aqu\u00ed: Montejo habl\u00f3 del escritor portugu\u00e9s y escribi\u00f3 sobre \u00e9l en numerosas oportunidades, con un respeto y un cari\u00f1o evidentes. La influencia de Pessoa se deja revelar, adem\u00e1s, en la descripci\u00f3n f\u00edsica que se nos da de Coll, donde su cara ovalada, sombrero de fieltro, y anteojos dorados constituyen un resumen m\u00e1s que adecuado de la imagen de Pessoa que se aprecia en las fotograf\u00edas m\u00e1s ic\u00f3nicas que quedan de \u00e9l. Pero si la superficie insin\u00faa una identificaci\u00f3n con el modernista lusitano, la biograf\u00eda de Blas Coll lo aparta de su precursor literario, tal como el uso que hace Montejo del t\u00e9rmino &#8220;voces oblicuas&#8221; para referirse a Coll y a las dem\u00e1s voces ap\u00f3crifas distancia la pr\u00e1ctica montejiana de los &#8220;heter\u00f3nimos&#8221; pessoanos. Tip\u00f3grafo, adem\u00e1s de fil\u00f3sofo y ling\u00fcista, Coll, nos informa Montejo, es posiblemente, hasta probablemente (aunque no indudablemente) de las Islas Canarias. Arrib\u00f3 un d\u00eda en un barco al peque\u00f1o pueblo coste\u00f1o (y ficticio) venezolano &#8220;Puerto Malo&#8221;, en donde estableci\u00f3 una tipograf\u00eda. Seg\u00fan Montejo, luego de la muerte de Coll (o se encuentra enterrado en Puerto Malo o zarp\u00f3 para irse a morir a otro lado), se descubri\u00f3 que hab\u00eda dejado un cuaderno de comentarios fragmentados, aforismos, y reflexiones variadas, muchos de los cuales tienen que ver con su opini\u00f3n de que hay que modificar la lengua espa\u00f1ola para el clima y paisaje de los tr\u00f3picos americanos y, de forma m\u00e1s general, para hacerla m\u00e1s eficaz: para Coll no hay excusa que valga para que una palabra tenga m\u00e1s de dos s\u00edlabas. Una es mucho mejor. Ninguna ser\u00eda perfecto.<\/p>\n<p>De hecho, como sus or\u00edgenes, la filosof\u00eda y pensamiento de Coll son oscilantes, diversos, y al parecer algo aleatorios a veces; la forma de sus escritos es vaga, a pesar de la afirmaci\u00f3n de que comprenden un simple &#8220;cuaderno&#8221;. Y aqu\u00ed nos encontramos con una pista que nos devela la paradoja principal y clave de Blas Coll. Personaje singular, cuya man\u00eda es la necesidad de reducir el lenguaje a su estado m\u00e1s concentrado, puro, y sencillo, todo lo suyo rebosa proliferaci\u00f3n y exceso. Montejo selecciona fragmentos y pasajes del cuaderno de Coll para publicarlos (traducidos del <i>colly<\/i>, idioma personal inventado de Coll), pero esta publicaci\u00f3n no cesa de expandir: se dieron a conocer seis ediciones de <i>El cuaderno de Blas Coll<\/i> (1981; 1983; 1998: 2005; 2006; 2007), cada una de las cuales contiene nuevos (y adicionales) trozos y fragmentos extra\u00eddos por Montejo del cuaderno del tip\u00f3grafo. Y no hay ninguna raz\u00f3n para dudar que este proceso de crecimiento textual hubiese continuado si Eugenio Montejo no se nos hubiese ido a tan temprana edad. Am\u00e9n de este ensanchamiento literario, es notable hasta qu\u00e9 punto los escritos de Coll mismos exceden los l\u00edmites de su cuaderno ap\u00f3crifo, al revelarse que hay fragmentos de texto grabados en hojas de diferentes tipos de plantas, metidas entre las p\u00e1ginas del libro, o que tambi\u00e9n existen otros artefactos, al parecer suplementarios, que abarcan almanaques y libritos, un diccionario privado escrito por Coll, una traducci\u00f3n de <i>La Biblia<\/i> y <i>La Odisea<\/i> al <i>colly<\/i>, proceso que acarre\u00f3 una severa reducci\u00f3n del tama\u00f1o de ambos, un muro adornado de papelitos llenos de garabatos, y hasta un breve grabado en un tronco de palmera que hac\u00eda las veces del dintel de la entrada de la caba\u00f1a r\u00fastica del tip\u00f3grafo.<\/p>\n<p>Y luego est\u00e1 el hecho de que de esta figura nacieran las otras m\u00faltiples voces oblicuas que conforman la familia heteron\u00edmica montejiana, definidas por Montejo como <i>col\u00edgrafos<\/i>, o disc\u00edpulos de Coll: Sergio Sandoval, oriundo de un peque\u00f1o poblado de los llanos venezolanos, quien escribe bajo una fuerte influencia de una variedad ecl\u00e9ctica de fuentes, sobre todo de \u00edndole oriental, buscando plasmar en sus versos \u201cla voz natural de su pueblo\u201d; Tom\u00e1s Linden, nacido en el pueblo coste\u00f1o venezolano Puerto Cabello, de madre venezolana y padre sueco, y criado en Suecia antes de regresar a su pa\u00eds natal para reencontrarse con su lengua y tierra maternas; Eduardo Polo, quien termin\u00f3 abandonando Puerto Malo para dedicarse a la m\u00fasica y la arqueolog\u00eda marina en otra parte del Caribe; Lino Cervantes, quien intenta llevar las ideas de Coll sobre la reducci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica a la pr\u00e1ctica en su poes\u00eda; Jorge Silvestre, figura misteriosa que acompa\u00f1a a Montejo en sus \u00faltimos tres poemarios. Hay tambi\u00e9n numerosos otros personajes nebulosos que se podr\u00edan considerar como voces oblicuas a medias; la mayor\u00eda de \u00e9stos se encuentran regados por las p\u00e1ginas desbordantes y proliferantes de <i>El cuaderno de Blas Coll<\/i>. Se rumora, incluso, que una voz adicional, bajo el nombre de Pedro Tranca, hubiese salido a la luz, si a Montejo se le hubiese concedido un viaje po\u00e9tico m\u00e1s largo. Pero la proliferaci\u00f3n no termina ah\u00ed. Adem\u00e1s del n\u00famero siempre-creciente de voces, los escritos de cada una de ellas se caracterizan por un proceso de actualizaci\u00f3n, expansi\u00f3n, el descubrimiento de obras in\u00e9ditas, y la reiterada declaraci\u00f3n editorial de que Montejo no nos est\u00e1 brindando sino una limitada muestra de un corpus mucho m\u00e1s extenso, sin mencionar la deslumbrante variedad de tipos de escritura que representan estos diversos tomos heteron\u00edmicos, desde las coplas llaneras venezolanas de Sandoval a los sonetos cl\u00e1sicos de Linden (y uno de los cuentos cortos m\u00e1s maravillosos que este lector ha tenido el placer de leer), desde la poes\u00eda infantil de Polo a los tri\u00e1ngulos invertidos de las creaciones po\u00e9ticas de Cervantes, donde cada una se va reduciendo a una sola s\u00edlaba. De todas las formas que es posible concebir, dondequiera que uno mire, hay exceso, un exceso inagotable, ilimitado, febril.<\/p>\n<p>Y sin embargo, la presencia de Montejo como editor, como la persona que determina las selecciones textuales, escribe los pr\u00f3logos a las obras de estas figuras, controla lo que se publica, y, en el caso de Coll, transcribe y traduce los escritos originales, nos devuelve a esa otra constante en la producci\u00f3n montejiana: Orfeo. Lo centr\u00edpeto y lo centr\u00edfugo coexisten en el universo po\u00e9tico de Montejo. M\u00e1s que eso: exigen ser tomados juntos, inseparables; y lo exigen en todos los aspectos de su po\u00e9tica.<\/p>\n<p>En lo que queda de este ensayo, me propongo abordar cuatro elementos claves de la po\u00e9tica de Montejo como ejemplos. Parece apropiado empezar por el m\u00e1s obvio: el del sujeto, es decir, el yo po\u00e9tico como sujeto. Para Montejo, obligado a vivir en y enfrentar el mundo moderno en donde no hay tiempo para la contemplaci\u00f3n, en donde los nexos de anta\u00f1o con la naturaleza y la comunidad se encuentran perdidos, el sujeto central, robusto, y entero (es decir, el sujeto rom\u00e1ntico o petrarquista) se desmorona y se fragmenta. En su lugar, s\u00f3lo quedan m\u00e1scaras; el sujeto es, como sol\u00eda decir Montejo, un <i>poliy\u00f3<\/i>. Oscar Wilde declar\u00f3 en alg\u00fan momento, \u201cPrestadle una\u00a0<i>m\u00e1scara<\/i>\u00a0[a un hombre] y os dir\u00e1 la\u00a0<i>verdad\u201d. Montejo, en un ensayo sobre la heteronimia que tiene como t\u00edtulo \u201cL<\/i>os emisarios de la escritura oblicua\u201d de <i>El taller blanco<\/i> modifica esta aseveraci\u00f3n, cambiando el art\u00edculo definido de Wilde por el indefinido: si una m\u00e1scara lleva a que se diga <i>una<\/i> verdad, pues las posibilidades reveladoras de m\u00faltiples m\u00e1scaras son hechizantes. Y tal vez aun m\u00e1s si esas m\u00e1scaras son de \u00edndole heteron\u00edmica. En el ensayo \u201cTornillos viejos en la m\u00e1quina del poema\u201d de <i>La ventana oblicua<\/i> (1974), Montejo preve\u00eda la capacidad de b\u00fasqueda instant\u00e1nea de internet; \u00bfser\u00e1 que su concepto del sujeto \u201cheteronimizado\u201d se puede considerar un precursor prof\u00e9tico de los avatares de la existencia moderna <i>online<\/i>?<\/p>\n<p>Apart\u00e1ndonos por ahora de las implicaciones m\u00e1s generales y humanas de la obra de Montejo, llegamos al segundo aspecto de la misma que quisiera abordar: el hecho de que sus versos tengan muy a menudo un tel\u00f3n de fondo inequ\u00edvocamente venezolano. Numerosos poemas de sus primeros libros tratan su juventud en Venezuela, sobre todo en las ciudades de Valencia y Caracas, y sus poemarios posteriores muchas veces destacan sonidos, visiones, y ritmos de los tr\u00f3picos venezolanos, enfoque que se entrelaza con un deseo de (volver a) descubrir un ser y un estar m\u00e1s aut\u00e9nticos en el pa\u00eds que lo vio nacer. Aqu\u00ed tambi\u00e9n se siente el impacto de sus voces oblicuas, las cuales nos piden entender que semejante descubrimiento de Venezuela ha de emprenderse desde innumerables \u00e1ngulos, adoptando y aceptando los diversos hilos del car\u00e1cter postcolonial, (post)industrial, y postmoderno de la naci\u00f3n en los siglos XX y XXI. Tal es el mensaje que hemos de sacar del viaje mar\u00edtimo de Blas Coll de las Canarias hasta Venezuela, del retorno de Tom\u00e1s Linden de Suecia a su madre patria, de la meta po\u00e9tica de Sergio Sandoval de desenterrar la verdadera voz del pueblo venezolano a trav\u00e9s del recorrido literario m\u00e1s global y heter\u00f3clito que se podr\u00eda imaginar. Y de la misma manera, \u00e9se tambi\u00e9n es el mensaje que debemos percibir en el hecho de que todos los heter\u00f3nimos de Montejo escriban de, sobre, o para Venezuela, sus parajes, y sus gentes, por medio de una deslumbrante diversidad de estilos y g\u00e9neros: los fragmentos de Coll en una lengua inventada, las coplas de Sandoval, los sonetos de Linden, las rimas chistosas de Polo, las construcciones po\u00e9ticas innovadoras de Cervantes. En la po\u00e9tica de Montejo, hay que acercarse a Venezuela de manera continua y m\u00faltiple, en el tiempo, el espacio, el lenguaje, y la forma literaria.<\/p>\n<p>Y luego pasamos al poeta mismo. Aqu\u00ed tambi\u00e9n la proliferaci\u00f3n que caracteriza la heteronimia de Montejo deja su impronta. En \u201cLa terredad de un p\u00e1jaro\u201d de <i>Terredad<\/i> (1978), Montejo distingue entre el p\u00e1jaro como especie y el p\u00e1jaro individual, miembro de esa especie. As\u00ed, se abre la posibilidad de ver en el poema una afirmaci\u00f3n de que Orfeo \u2014equiparable al p\u00e1jaro como especie\u2014 s\u00f3lo existe como amalgama de un n\u00famero potencialmente infinito de individuos. Dicho de otro modo, Orfeo jam\u00e1s se puede ni se podr\u00e1 identificar ni cercar de manera definitiva. Asimismo, en el poema \u201cEl canto del gallo\u201d de <i>Alfabeto del mundo<\/i> cada poeta individual se presenta como un ser compuesto por innumerables momentos po\u00e9ticos de canto: (la obra de) un poeta no finaliza nunca.<\/p>\n<p>Finalmente, toca el cuarto de los aspectos centrales de la obra de Montejo que me interesan aqu\u00ed: el lenguaje, las palabras, la palabra. Como ya mencion\u00e9, suele parecer que el objetivo de Montejo es que la poes\u00eda llegue a constituir esa palabra pura, armoniosa, sagrada que sea capaz de despertar a la humanidad de su estado ca\u00eddo. En esto, la figura de Orfeo es clave, con su capacidad potencial para cruzar la barrera entre la vida y la muerte y recuperar, rescatar lo que se hab\u00eda perdido. No obstante, para volver al principio de este ensayo, la descripci\u00f3n insinuada del producto po\u00e9tico como un pan nutritivo que podr\u00eda reanimar y resucitar a la humanidad adormecida es igual de importante, pues resalta un alineamiento de la palabra po\u00e9tica con el pan eucar\u00edstico, la hostia, es decir un alineamiento con (el cuerpo d)el Verbo de Dios. Reparando de paso en que, seg\u00fan leemos, Montejo habr\u00e1 recibido el cuaderno de Coll de las manos de un panadero ap\u00f3crifo quien habr\u00eda resguardado el tomo luego de la desaparici\u00f3n del tip\u00f3grafo, tambi\u00e9n podr\u00edamos destacar la meta ling\u00fc\u00edstica del mismo Coll de reducir cada palabra a la forma m\u00e1s simple, a una sola s\u00edlaba, o incluso al silencio, filosof\u00eda que recuerda no s\u00f3lo el silencio po\u00e9tico de Rimbaud, sino el hecho de que \u00e9ste sea precisamente el aspecto de la obra del simbolista franc\u00e9s que Montejo pone en primer plano en el ensayo que le dedic\u00f3 en 1966, con el t\u00edtulo \u201cRimbaud Rey\u201d, de <i>La ventana oblicua<\/i>. As\u00ed es que la obra tanto de Montejo como de Coll apunta al silencio y al Verbo, dos conceptos unidos en que ambos evocan el deseo de ir m\u00e1s all\u00e1 del lenguaje. Sin embargo, Coll nos lleva a todo menos al silencio, a todo menos a un Verbo sagrado y \u00fanico. En vez de una sola pan-palabra eucar\u00edstica, el torrente de palabras y seres que desencadena el extra\u00f1o tip\u00f3grafo se\u00f1ala, m\u00e1s bien, una multiplicaci\u00f3n de ese pan singular. El papel del poeta para Montejo, recordemos, no tiene que ver con un aislamiento religioso y silencioso, sino con el forjar del nexo perdido entre la gente y la naturaleza en, y a trav\u00e9s de, lo sagradamente po\u00e9tico.<\/p>\n<p>Es decir, la heteronimia de Montejo permea todos los aspectos de su obra. No s\u00f3lo se trata de ver que \u201cEugenio Montejo\u201d es, de hecho, una voz oblicua m\u00e1s, una que, por casualidad, cuenta con la biograf\u00eda del autor de carne y hueso. Aunque esto, sin duda, es cierto, tambi\u00e9n hay que entender que el compromiso de Montejo con la heteronimia tiene que ver, sobre todo, con el exceso, es excesivo, y excede sus propios l\u00edmites, desbord\u00e1ndose y difundi\u00e9ndose por todos los temas y preocupaciones principales y todas las metas po\u00e9ticas del escritor venezolano.<\/p>\n<p>Hay, sin embargo, un \u00faltimo elemento de la heteronimia montejiana que es menester mencionar. Y es \u00e9ste: que sobre todo es divertida, es graciosa. Desde la queja de Blas Coll de que <i>socorro<\/i> es una palabra totalmente rid\u00edcula para que cualquier lengua se la imponga a uno de sus hablantes al encontrarse \u00e9ste necesitado de ayuda urgente, hasta los juegos de palabra chistosos de los versos de Eduardo Polo; desde los fragmentos de chismes y opiniones atrevidos e insolentes de los residentes de Puerto Malo sobre su vecino tip\u00f3grafo, hasta el complejo y confuso \u2018juego\u2019 de esta red de voces que no cesa de expandirse, la escritura oblicua de Eugenio Montejo nos presenta a un escritor que simplemente se est\u00e1 divirtiendo de manera exuberante y l\u00fadica. Y eso nos lleva al \u00faltimo poema \u00f3rfico que public\u00f3 Montejo, \u201cM\u00e1scaras de Orfeo\u201d. Como sugiere el t\u00edtulo, es el lugar en donde, por fin, Orfeo y la heteronimia se encuentran, cara a cara. Es un poema que habla de Orfeo y todas las m\u00e1scaras con las cuales ha aparecido en la poes\u00eda de Montejo; no nombra a los heter\u00f3nimos, pero est\u00e1n presentes, igual que el p\u00e1jaro, la cigarra, y el sapo, tres de los disfraces de los que se ha vestido el poeta en el curso de esta traves\u00eda po\u00e9tica. Es un poema que, al mencionar el jazz, dialoga de manera abierta y expl\u00edcita con el primer poema de <i>\u00c9legos<\/i>, \u201cEn los bosques de mi antigua casa\u201d. Y es un poema que nos deja con la imagen del poeta, en forma de sapo, chapaleando y revolc\u00e1ndose en el lodo del tiempo y del espacio, mientras monta y distorsiona sus armon\u00edas po\u00e9ticas. Por m\u00e1s que la heteronimia de Montejo constituya una pr\u00e1ctica literaria que de modo provocador y complejo mina las fuerzas centr\u00edfugas y un\u00edvocas, mina (un entendimiento simplista de) lo \u00f3rfico, tambi\u00e9n es una pr\u00e1ctica literaria jubilosa y l\u00fadica.<\/p>\n<p>Una \u00faltima reflexi\u00f3n. En sus versos, Montejo define la vida como este tiempo que se nos concedi\u00f3 entre dos nadas. Nuestra vida es un libro entre las dos tapas que son nuestro nacer y nuestro morir; antes de aqu\u00e9l no \u00e9ramos nada; despu\u00e9s de \u00e9ste, eso es lo que nos espera de nuevo. Pero si ese tiempo es, de hecho, lo \u00fanico que tenemos, la obra de Montejo plantea que hagamos de \u00e9l un juego, un juego divertido, desconcertante, desafiante. Y \u00a1qu\u00e9 juego es su escritura oblicua! Pues, tal y como hizo con los l\u00edmites del cuaderno ap\u00f3crifo de Blas Coll, de igual manera con su proliferante y exuberante heteronimia Montejo se burl\u00f3 de los l\u00edmites que esas tapas buscaban imponerle a su propio libro, excedi\u00e9ndolas magn\u00edficamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Nicholas Roberts<\/p>\n<div>\n<h6><\/h6>\n<\/div>\n<h6 class=\"caption\">Eugenio Montejo, Malena Coelho, Victoria de Stefano, Juan S\u00e1nchez Pel\u00e1ez, Pedro Lastra, Arturo Guti\u00e9rrez Plaza y Antonio L\u00f3pez Ortega.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A lo largo de la carrera de Eugenio Montejo, la cual abarca unos cuarenta a\u00f1os \u2013casi cincuenta si se incluye el temprano y en gran parte desconocido poemario <i>Humano para\u00edso<\/i> (1959)\u2013, la figura de Orfeo es una presencia constante. \u00c9sta no es una aseveraci\u00f3n novedosa; numerosos cr\u00edticos han comentado la importancia de Orfeo en la poes\u00eda de Montejo: sus metas, el \u00e9nfasis que all\u00ed se encuentra en la construcci\u00f3n l\u00edrica armoniosa, y la creencia en la posibilidad del retorno del Poeta en estos tiempos hueros en t\u00e9rminos po\u00e9ticos: todo apunta a y est\u00e1 arraigado en este s\u00edmbolo de la voz l\u00edrica definitiva.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":2414,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4458,3],"genre":[2019],"pretext":[2032],"section":[2394],"translator":[],"lal_author":[3483],"class_list":["post-2417","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-numero-7","tag-venezuela","genre-essay-es","pretext-essay-es","section-featured-author-eugenio-montejo-es-2","lal_author-nicholas-roberts-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2417","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2417"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2417\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32449,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2417\/revisions\/32449"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2414"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2417"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2417"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2417"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=2417"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=2417"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=2417"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=2417"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=2417"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}