{"id":2384,"date":"2018-07-25T17:21:05","date_gmt":"2018-07-25T23:21:05","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2018\/07\/eloisa-claudia-ulloa-donoso\/"},"modified":"2023-06-06T09:39:47","modified_gmt":"2023-06-06T15:39:47","slug":"eloisa-claudia-ulloa-donoso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2018\/07\/eloisa-claudia-ulloa-donoso\/","title":{"rendered":"&#8220;Elo\u00edsa&#8221; de Claudia Ulloa Donoso"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p>Yo era un tipo solitario e inseguro hasta que conoc\u00ed a Elo\u00edsa. Confieso que al principio me fue dif\u00edcil entender lo de sus hombres, pero con el tiempo pude darme cuenta de que esa situaci\u00f3n me ayud\u00f3 a crecer.<\/p>\n<p>Nos conocimos a trav\u00e9s de una p\u00e1gina de contactos. Despu\u00e9s de intercambiar mensajes durante un tiempo ella me propuso que nos encontr\u00e1ramos en persona. Desde esa primera cita me dej\u00e9 seducir por su zalamer\u00eda y su elocuencia, que result\u00f3 ser la precisa para un tipo silencioso y hura\u00f1o como yo.<\/p>\n<p>Pronto se volvi\u00f3 costumbre que Elo\u00edsa se quedara en mi casa. Al principio se quedaba solo a dormir, pero cuando las visitas se hicieron m\u00e1s frecuentes llegamos a tener una convivencia estable. Esa cotidianeidad fortaleci\u00f3 mi confianza en ella. La calma que trajo la rutina me permiti\u00f3 observarla y fue entonces cuando repar\u00e9 en esa forma tan peculiar que ten\u00eda de tomar los objetos.<\/p>\n<p>Me percat\u00e9 una noche durante la cena. Antes de llev\u00e1rselos a la boca, deslizaba por la mesa los vasos y los cubiertos como si estuviera jugando a la ouija. D\u00edas despu\u00e9s not\u00e9 que no solo lo hac\u00eda en la mesa, sino que desplazaba otros objetos de la casa con las mismas maneras. Al principio no le di importancia, pero con el tiempo esos ademanes me llegaron a inquietar. Sab\u00eda, por experiencia, que las ma\u00f1as de las mujeres siempre anunciaban desenga\u00f1os. Ahora su presencia empez\u00f3 a perturbarme, m\u00e1s cuando fui consciente de lo poco que sab\u00eda de ella. Por ejemplo, no conoc\u00eda su casa. Elo\u00edsa siempre ten\u00eda un pretexto para que no la visitase, y yo aceptaba sus excusas para no incomodarla. Por su direcci\u00f3n, sab\u00eda que viv\u00eda en un distrito alejado y pobre, y a pesar de mi mortificaci\u00f3n nunca tuve el valor de cuestionarla.<\/p>\n<p>Un d\u00eda finalmente me aventur\u00e9. Viv\u00eda en uno de los pocos edificios que quedaban en unas calles llenas de locales de comida chatarra. La penumbra y el vapor de las fritangas disimulaban el trajinar de indigentes, prostitutas y perros abandonados por los alrededores de su barrio. Toqu\u00e9 uno de los timbres y una voz de ni\u00f1o me contest\u00f3 por el intercomunicador. Le ped\u00ed, amablemente, que me abriera la puerta, y as\u00ed lo hizo.<\/p>\n<p>Al final del vest\u00edbulo me encontr\u00e9 con un patio bien iluminado, con un estanque rodeado de frondosas tujas, arbustos de granada y maceteros de barro rebosantes de flores. Ese jard\u00edn me result\u00f3 tan ex\u00f3tico como la propia Elo\u00edsa. Me pregunt\u00e9 entonces si lo extra\u00f1o del lugar o su manera de mover los objetos eran motivos suficientes para desconfiar de ella. Mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando una vieja se apareci\u00f3 en el patio y empez\u00f3 a interrogarme:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oiga! \u00bfQu\u00e9 quiere? \u00bfQu\u00e9 hace ac\u00e1?<\/p>\n<p>\u2014Disculpe, estoy buscando a la se\u00f1orita Elo\u00edsa.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY por qu\u00e9 no llam\u00f3 a su timbre?<\/p>\n<p>\u2014Es que ninguno ten\u00eda n\u00famero.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, ella no est\u00e1, as\u00ed que haga el favor de retirarse. Los vecinos estamos cansados de tanto hombre raro que trae esa se\u00f1orita.<\/p>\n<p>Volv\u00ed a casa. Logr\u00e9 pasar esa noche al lado de Elo\u00edsa sin que ella notara mi desasosiego. Al d\u00eda siguiente, soport\u00e9 el ritual de alistarnos juntos, pero apenas vi que estaba completamente vestida la saqu\u00e9 a empujones hasta llevarla al garaje. No me dej\u00e9 convencer por sus lloriqueos. La sujet\u00e9 del cuello y la met\u00ed al auto. Al fin, cuando quedaban solo unos kil\u00f3metros para llegar a su casa, ella empez\u00f3 a hablar.<\/p>\n<p>El apartamento de Elo\u00edsa era lo m\u00e1s parecido a un basural que yo hubiese visto. Todo estaba desparramado. En algunos rincones se pod\u00eda notar una intenci\u00f3n de orden; sin embargo, parec\u00eda que un desequilibrado se hubiese hecho cargo de la tarea: hab\u00eda ropa dentro de la refrigeradora, macetas sobre el sof\u00e1, vajilla regada por todos los ambientes, latas de conserva apiladas al lado del ba\u00f1o. Imaginarla viviendo en ese chiquero me cre\u00f3 una mara\u00f1a de emociones. Dudaba entre la rabia y la l\u00e1stima cuando, de pronto, un hombre sali\u00f3 de su habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Elo\u00edsa dijo, casi susurrando:<\/p>\n<p>\u2014Por favor, no le hagas da\u00f1o. Ya te expliqu\u00e9 la situaci\u00f3n. Le voy a abrir la puerta para que se vaya.<\/p>\n<p>El sujeto abandon\u00f3 la casa, pero su actitud enajenada me turb\u00f3 hasta debilitarme por completo. Me desmoron\u00e9 y Elo\u00edsa se puso de rodillas a mi lado. Cuando empez\u00f3 a remover sus cachivaches, pude ver que todo lo que me hab\u00eda contado era cierto.<\/p>\n<p>La plaga de luci\u00e9rnagas la hab\u00eda invadido hac\u00eda algunos a\u00f1os. La idea de tener que exterminar esos bichitos luminosos la aflig\u00eda demasiado. Entonces pens\u00f3 que si arreglaba el patio como un frondoso jard\u00edn los insectos se ver\u00edan atra\u00eddos hacia su medio natural y abandonar\u00edan el apartamento. Pero, cuando el jard\u00edn estuvo listo e intent\u00f3 desalojar a los bichos, estos se resistieron. Y as\u00ed fue como ocurri\u00f3: ella empez\u00f3 a hablarles y, como impulsadas por su labia imparable, las luci\u00e9rnagas comenzaron a transformarse en hombres.<\/p>\n<p>Intent\u00f3 relacionarse con esos sujetos que ella misma cultivaba con sus discursos, pero desisti\u00f3 al darse cuenta de que esos hombres de luz, aunque ten\u00edan la capacidad de expresarse, no toleraban demasiada conversaci\u00f3n y se deterioraban hasta pudrirse. Esas p\u00e9rdidas la afectaron y se recluy\u00f3. Pas\u00f3 largo tiempo encerrada, experimentando formas de deshacerse de esos extra\u00f1os seres sin tener que matarlos. Solo deslizando los objetos que estaban impregnados de bichos fue que logr\u00f3 acercarlos a puertas y ventanas, para que saliesen volando de su casa.<\/p>\n<p>Vivir en silencio y sin poder moverse con libertad se le hizo insoportable. Hubo momentos en que se hartaba de su propia delicadeza y lo desordenaba todo, lo que terminaba exacerbando a la plaga. Padeci\u00f3 arranques de verborreas hist\u00e9ricas que derivaban en una serie de criaturas que atestaban su casa. Por lo general se iban cuando ella les abr\u00eda la puerta. Sin embargo, hubo algunos que se resistieron. A estos tuvo que hablarles hasta desintegrarlos, lo que no hac\u00eda sino perpetuar un c\u00edrculo vicioso. Unos insectos o\u00edan las conversaciones que descompon\u00edan a otros y ese barullo era suficiente para iniciar la transformaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Elo\u00edsa decidi\u00f3 no hablar m\u00e1s con ning\u00fan hombre. Hasta que me conoci\u00f3. Quedarse en mi casa le facilit\u00f3 la tarea de deshacerse de la mayor\u00eda de sus hombres enteros, y aliment\u00f3 a los perros callejeros con los seres atrofiados que le quedaban. De vez en cuando volvemos a su apartamento y ella me anima a que les hable a las luci\u00e9rnagas. Est\u00e1 convencida de que, si me empe\u00f1o, podr\u00eda hacer surgir a una mujer con mi charla. Yo suelto algunas frases amables que no logran m\u00e1s que trocar algunos bichitos en bultos gelatinosos con las protuberancias de un cuerpo femenino.<\/p>\n<p>Sinceramente, no estoy interesado en hablar con otras mujeres, pero le sigo la corriente porque creo que a ella le gustar\u00eda sentir que es la elegida entre varias; la har\u00eda sentir especial. As\u00ed son todas: si se preocupan de brillar es porque quieren, adem\u00e1s de atraparnos, opacar a las otras.<\/p>\n<p>Hay d\u00edas en que se pone a charlar con las luci\u00e9rnagas con la excusa de que yo pueda hacer nuevos amigos. Pero yo s\u00e9 que no es por eso. Su elocuencia no es otra cosa que un disfraz para su inseguridad. Nunca me lo va a decir, pero s\u00e9 que necesita contrastarme con otros hombres para convencerse de que ha escogido bien.<\/p>\n<p>Ahora Elo\u00edsa calla y me deja con los nuevos muchachos. Antes de despedirlos, les ofrezco unas cervezas que bebemos en silencio, pues no necesitamos demostrar nada. Sabemos bien que, a pesar de nuestro brillo tenue e intermitente, somos seres enteros y libres.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo era un tipo solitario e inseguro hasta que conoc\u00ed a Elo\u00edsa. 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