{"id":2330,"date":"2018-07-23T22:04:26","date_gmt":"2018-07-24T04:04:26","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2018\/07\/mario-vargas-llosa-and-concepts-marcelo-pellegrini\/"},"modified":"2023-06-06T09:41:55","modified_gmt":"2023-06-06T15:41:55","slug":"mario-vargas-llosa-and-concepts-marcelo-pellegrini","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2018\/07\/mario-vargas-llosa-and-concepts-marcelo-pellegrini\/","title":{"rendered":"&#8220;Mario Vargas Llosa y los conceptos&#8221; de Marcelo Pellegrini"},"content":{"rendered":"<div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>\np.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>\np.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>\n<\/style>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-2325\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/lallamadadelatribu.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"568\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/lallamadadelatribu.jpg 600w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/lallamadadelatribu-300x284.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/p>\n<\/div>\n<div class=\"caption\">Imagen de la portada de\u00a0<em>La llamada de la tribu<\/em> de Mario Vargas Llosa.<\/div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>\np.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>\np.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>\n<\/style>\n<p>Desde los inicios mismos de su extraordinaria carrera como escritor, el novelista peruano Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936) ha buscado incansablemente reflexionar en profundidad sobre la naturaleza del g\u00e9nero que con tanto \u00e9xito ha cultivado. La literatura (y su cr\u00edtica) cristalizan para \u00e9l en la ficci\u00f3n, y de ah\u00ed se desprenden todas las consecuencias que la definen. Ya en los relatos de <i>Los jefes<\/i>, su primer libro de 1959, podemos percibir, bajo la temprana influencia de Hemingway y Faulkner, cu\u00e1l era su intenci\u00f3n: ir en contra de la literatura que se cultivaba en su pa\u00eds, que, como dijo en el pr\u00f3logo a la reedici\u00f3n de <i>Los jefes<\/i> y <i>Los cachorros<\/i>, era \u201cuna literatura de campesinas estupradas por ignominiosos terratenientes, escrita con muchas esdr\u00fajulas, que los cr\u00edticos llamaban \u2018tel\u00farica\u2019\u201d y que \u00e9l \u201codiaba por tramposa, pues sus autores parec\u00edan creer que denunciar la injusticia los exim\u00eda de toda preocupaci\u00f3n art\u00edstica y hasta gramatical\u201d. La trayectoria posterior de Vargas Llosa no s\u00f3lo confirma esta convicci\u00f3n, sino que adem\u00e1s permite ver que, tal como los grandes novelistas que \u00e9l admira, su obra cuenta lo narrado pensando cuidadosamente en los mecanismos que lo hacen posible. Nadie puede sustraerse a la deslumbrante t\u00e9cnica de novelas que ya son verdaderos cl\u00e1sicos contempor\u00e1neos, como <i>La ciudad y los perros<\/i> (1963), <i>La casa verde <\/i>(1966), <i>Conversaci\u00f3n en La Catedral<\/i> (1969), <i>Pantale\u00f3n y las visitadoras<\/i> (1973) y <i>La guerra del fin del mundo<\/i> (1981). All\u00ed, en narraciones que van desde la s\u00f3rdida convivencia en un colegio militar para hombres hasta una rebeli\u00f3n anti republicana en un pueblo perdido en el Sert\u00f3n brasile\u00f1o, pasando por la profunda meditaci\u00f3n sobre la corrupci\u00f3n de una dictadura y por el carnavalesco humor que rodea las acciones de un puesto militar en la selva, Vargas Llosa ha mostrado por qu\u00e9 debe consider\u00e1rselo no s\u00f3lo uno de los mejores novelistas contempor\u00e1neos sino, sobre todo, como un maestro de su t\u00e9cnica; bajo la apariencia de un realismo que sin duda aprendi\u00f3, entre otros, de Flaubert, el escritor peruano ofrece juntas la teor\u00eda y la praxis de la novela, llev\u00e1ndola a dimensiones estil\u00edsticas que no hab\u00edan sido alcanzadas hasta ese momento y que sin duda ser\u00e1n dif\u00edciles de superar. Su consagraci\u00f3n en el a\u00f1o 2010, al otorg\u00e1rsele el Premio Nobel de Literatura, fue el reconocimiento universal de esa excelencia art\u00edstica.<\/p>\n<p>Pero no s\u00f3lo ha sido en la ficci\u00f3n misma que Vargas Llosa ha puesto en pr\u00e1ctica sus dones cr\u00edticos. Adem\u00e1s de novelas, su obra cuenta con un generoso repertorio de cr\u00f3nicas, ensayos, memorias, vol\u00famenes monogr\u00e1ficos sobre autores de su predilecci\u00f3n, obras teatrales, discursos, rese\u00f1as, entrevistas y conversaciones, cartas abiertas, adem\u00e1s de los art\u00edculos period\u00edsticos (su primera vocaci\u00f3n relacionada con la escritura fue el periodismo) que publica todos los meses en muchos medios noticiosos del mundo, traducidos a m\u00e1s de una decena de idiomas. Si pensamos en el desarrollo de la literatura hispanoamericana moderna, esa que comenz\u00f3 con el modernismo, Vargas Llosa es un perfecto heredero de aquellos \u201cpol\u00edgrafos\u201d en quienes la cantidad no estaba re\u00f1ida con la calidad, muy al modo de Jos\u00e9 Mart\u00ed y Rub\u00e9n Dar\u00edo, maestros a los que admira al punto de haberle dedicado a este \u00faltimo su tesis de bachillerato en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En estas p\u00e1ginas pondr\u00e9 especial atenci\u00f3n a ese aspecto de su obra literaria, enfatizando, sobre todo, el uso de algunos conceptos que esgrime para desarrollar sus argumentos; terminar\u00e9 hablando sobre su m\u00e1s reciente libro ensay\u00edstico, a mi juicio el m\u00e1s pretendidamente conceptual de todos, que en su centro posee la que considero una muy pol\u00e9mica idea.<\/p>\n<p>Desde el conocido <i>Garc\u00eda M\u00e1rquez: historia de un deicidio<\/i> (1971) hasta <i>Conversaci\u00f3n en Princeton<\/i> (2017), Vargas Llosa ha incursionado en lo que podr\u00edamos llamar una cr\u00edtica que va de lo (auto)biogr\u00e1fico a lo intr\u00ednseco de la obra que analiza, incluyendo la suya propia. El nivel de detalle en el que su libro sobre Garc\u00eda M\u00e1rquez incurre a la hora de leer la producci\u00f3n de su c\u00e9lebre contempor\u00e1neo colombiano desde sus primeros libros hasta <i>Cien a\u00f1os de soledad<\/i> es, por decir lo menos, deslumbrante. Vargas Llosa casi literalmente desmonta, en un tomo de m\u00e1s de 600 p\u00e1ginas, la obra de Garc\u00eda M\u00e1rquez y la analiza desde todos los puntos de vista posibles, comenzando por el biogr\u00e1fico, al contar sus or\u00edgenes familiares; esas p\u00e1ginas se leen, como en muchas obras cr\u00edticas de Vargas Llosa, como una verdadera narraci\u00f3n, donde el personaje real, por llamarlo as\u00ed, adquiere dimensiones cercanas a la ficci\u00f3n debido a la capacidad del cr\u00edtico para crear la m\u00e1scara sobre la que\u00a0 habla, y para crearse a s\u00ed mismo como el lector ideal de esa obra. Este hecho, esta sensaci\u00f3n verdaderamente palpable, no hace m\u00e1s que hablar bien de las habilidades narrativas de Vargas Llosa, quien incluso en la exposici\u00f3n pretendidamente acad\u00e9mica logra crear mundos. El ensayo descansa de tal manera en la biograf\u00eda que Vargas Llosa incluso se da tiempo para contar c\u00f3mo conoci\u00f3 a Garc\u00eda M\u00e1rquez en el aeropuerto de Caracas en 1967. Ya he mencionado la lectura absolutamente detallista que el escritor peruano hace de las obras de su colega; se trata de una lectura \u201cde novelista a novelista\u201d, que, como suele suceder, posee un valor por sobre todo testimonial. No sugiero con esto que lo que Vargas Llosa dice sobre Garc\u00eda M\u00e1rquez sea in\u00fatil; por el contrario, es \u00fatil de muchas maneras, pero, me atrevo a decir, no lo es desde el punto de vista estrictamente cr\u00edtico. Al recorrer <i>Historia de un deicidio<\/i> no podemos m\u00e1s que admirar a ese lector comprometido hasta las \u00faltimas consecuencias con lo que comenta, dispuesto a desentra\u00f1ar todos los secretos y los mecanismos internos de la obra que examina. Pero, \u00bfes posible llamar a esto <i>cr\u00edtica<\/i>? La respuesta es positiva si hablamos de cr\u00edtica como una lectura puntillosa y detallista; es negativa si consideramos, como considero yo, que la cr\u00edtica no es s\u00f3lo un ejercicio de lectura sobre aspectos particulares de una obra susceptibles de ser explicados biogr\u00e1ficamente, o desde el punto de vista testimonial de un colega en el oficio de las letras. Lo que esas lecturas nos revelan es el esfuerzo, en ocasiones descomunal, de un \u201clector total\u201d, muy en el esp\u00edritu del llamado \u201cboom\u201d de las letras latinoamericanas.<\/p>\n<p>Lo mismo sucede en casi toda la llamada obra cr\u00edtica de Vargas Llosa. Si examinamos de cerca, por ejemplo, <i>La org\u00eda perpetua<\/i>, su ensayo sobre Flaubert y Madame Bovary (la novela y el personaje), nos encontraremos con ese mismo esp\u00edritu: un compromiso total con el libro y con su autor, un fanatismo absoluto y absolutista rico en reflexiones muy detalladas sobre los personajes en cuesti\u00f3n, lleno de referencias a la biograf\u00eda del autor, a su correspondencia, a sus h\u00e1bitos de trabajo, a su disciplina casi autodestructiva. Sin duda alguna, Vargas Llosa ley\u00f3 <i>Madame Bovary<\/i> m\u00e1s de una vez y se sinti\u00f3 identificado con su autor y con los personajes que cre\u00f3; pero la pregunta persiste: \u00bfse trata de un libro sobre Flaubert o sobre Vargas Llosa? Yo confieso que cada vez que leo ese estupendo ensayo termino conociendo m\u00e1s al autor peruano que al franc\u00e9s. Se me dir\u00e1 que nada hay de malo en ello, que cuando un escritor o cr\u00edtico (incluso el m\u00e1s \u201cobjetivo\u201d) escribe sobre otro siempre est\u00e1 escribiendo sobre s\u00ed mismo. Eso es muy cierto. Sin embargo, sigo pensando que no se trata de una labor cr\u00edtica en el sentido m\u00e1s estricto del t\u00e9rmino. Intentar definir y dilucidar lo que es la cr\u00edtica siempre ha sido una tarea espinosa que a menudo nos lleva a los fascinanes pero no siempre amigables laberintos de la hermen\u00e9utica, y no es mi intenci\u00f3n incursionar en ese \u00e1mbito ahora. Pero ya que necesitamos una definici\u00f3n aunque sea m\u00ednima, digo que cuando hablo de cr\u00edtica en un sentido \u201cestricto\u201d del t\u00e9rmino me refiero, como mencion\u00e9 l\u00edneas atr\u00e1s, a una lectura que no se detiene en cada particularismo de la obra que analiza y se atreve a elaborar conceptos que expliquen su funcionamiento en relaci\u00f3n con otras obras, ya sean del autor analizado o de otros que pueden serle afines. Algunos llamar\u00e1n a esto \u201cteor\u00eda\u201d; otros, \u201cfilosof\u00eda\u201d e, incluso, unos cuantos m\u00e1s hablar\u00e1n de \u201cpo\u00e9tica\u201d. Como sea que la definamos, lo que hace Vargas Llosa no es m\u00e1s que comentar obras basado en opiniones otorgadas por su vasta experiencia en el oficio de la escritura; al hacerlo prescinde de elaborar conceptos, o elabora algunos muy vagos e imprecisos. Un ejemplo muy conocido de esto es lo que formul\u00f3 en <i>Historia de un deicidio<\/i>: \u201cEscribir novelas es un acto de rebeli\u00f3n contra la realidad, contra Dios, contra la creaci\u00f3n de Dios que es la realidad (\u2026) [l]a \u00fanica manera de averiguar el origen de esa vocaci\u00f3n es un riguroso enfrentamiento de la vida y la obra: la revelaci\u00f3n est\u00e1 en los puntos en que ambas se confunden. El <i>por qu\u00e9<\/i> escribe un novelista est\u00e1 visceralmente mezclado con el <i>sobre qu\u00e9<\/i> escribe: los \u2018demonios\u2019 de su vida son los \u2018temas\u2019 de su obra\u201d.<\/p>\n<p>Sustituci\u00f3n de la realidad por medio de la ficci\u00f3n, \u201cdemonios\u201d como \u201ctemas\u201d, \u201cvida\u201d versus \u201cobra\u201d. Esos son los conceptos y sus variaciones que Vargas Llosa ha esgrimido una y otra vez a lo largo de su carrera como ensayista. Ya sea que escriba sobre V\u00edctor Hugo o sobre Juan Carlos Onetti; sobre Jos\u00e9 Mar\u00eda Arguedas o sobre \u201cla civilizaci\u00f3n del espect\u00e1culo\u201d; sobre la ficci\u00f3n como \u201cla verdad de las mentiras\u201d o sobre sus propias novelas, el escritor peruano ha se\u00f1alado una y otra vez que el arte es el espacio privilegiado de la utop\u00eda, de los sue\u00f1os, de las aspiraciones m\u00e1s luminosas y los deseos m\u00e1s oscuros del hombre, dejando la \u201crealidad real\u201d para otros \u00e1mbitos como, por ejemplo, la pol\u00edtica. Confieso que siempre me sorprendi\u00f3 esa especie de ingenuidad conceptual, viniendo sobre todo de un novelista que ha escrito una de las producciones literarias m\u00e1s autoconscientes de las \u00faltimas d\u00e9cadas. Cada vez que he le\u00eddo sus ensayos o escuchado sus conferencias, muchas de ellas disponibles en YouTube, me he preguntado lo mismo. Esto se confirma en el reciente libro <i>Conversaci\u00f3n en Princeton<\/i>, donde Vargas Llosa, en la compa\u00f1\u00eda conversacional de Rub\u00e9n Gallo, se\u00f1ala una y otra vez que \u201cla literatura reemplaza a la verdad\u201d, y que en esas extraordinarias ocasiones llamadas <i>La guerra y la paz<\/i> o <i>Los miserables<\/i> se impone por sobre la verdad a secas. Es aqu\u00ed donde, a mi juicio, comienza el gran problema conceptual de Vargas Llosa. Nunca este escritor ha aclarado qu\u00e9 entiende por \u201cverdad\u201d cuando usa el t\u00e9rmino, y en ocasiones da la impresi\u00f3n de que \u201cla verdad\u201d es un t\u00e9rmino intercambiable por \u201cla realidad\u201d. Pero finalmente, y despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, tenemos una respuesta; se encuentra en <i>La llamada de la tribu<\/i> (2018), su libro m\u00e1s reciente. Ah\u00ed, la verdad tiene directa relaci\u00f3n con un \u00e1mbito crucial para cualquier escritor: la relaci\u00f3n del lenguaje con el mundo, y, m\u00e1s espec\u00edficamente, el <i>estatus<\/i> del lenguaje frente a ese mundo.<\/p>\n<p><i>La llamada de la tribu<\/i> es, en palabras de su autor, un \u201clibro autobiogr\u00e1fico\u201d (otra vez la autobiograf\u00eda) que \u201c[D]escribe mi propia historia intelectual y pol\u00edtica\u201d. Su modelo es, como dice en el pr\u00f3logo, el libro <i>Hacia la estaci\u00f3n de Finlandia<\/i>, de Edmund Wilson. Vargas Llosa dice que no hubiera escrito su libro si no hubiera le\u00eddo, hace un par de d\u00e9cadas atr\u00e1s, el del ensayista estadounidense. Wilson describe la historia del concepto de revoluci\u00f3n, desde sus or\u00edgenes en la lectura que Michelet hizo de Vico hasta la Revoluci\u00f3n Bolchevique de 1917. Se trata de un verdadero ejercicio de \u201chistoria intelectual\u201d que le sigue la pista a una idea y analiza cuidadosamente su impacto en el mundo. Un muy mal favor se hace a s\u00ed mismo Vargas Llosa al citar ese libro como modelo para el suyo. <i>La llamada de la tribu<\/i> no posee ni de cerca la solvencia que exhibe el cr\u00edtico estadounidense; el autor peruano se limit\u00f3 a reunir siete ensayos sobre siete pensadores liberales en orden cronol\u00f3gico, desde Adam Smith hasta Jean-Fran\u00e7ois Revel, pasando por Ortega y Gasset, Friedrich von Hayek, Karl Popper, Raymond Aron e Isaiah Berlin. Nada de org\u00e1nico hay en este volumen, nada que pueda compararse al tit\u00e1nico ejercicio intelectual de Edmund Wilson, s\u00f3lo una reuni\u00f3n de ensayos en donde, como siempre en Vargas Llosa, la (auto)biograf\u00eda se entremezcla con las ideas de los personajes en cuesti\u00f3n. No niego que muchas ideas son expuestas por el novelista con claridad, pero si <i>Hacia la estaci\u00f3n de Finlandia<\/i> es una verdadera investigaci\u00f3n intelectual, <i>La llamada de la tribu<\/i> es un ejercicio de buen periodismo que en ocasiones llega a ser un correcto ensayismo.<\/p>\n<p>Es notoria en el libro la admiraci\u00f3n que Vargas Llosa profesa por Karl Popper, admiraci\u00f3n, por lo dem\u00e1s, que \u00e9l ha se\u00f1alado en numerosas entrevistas y art\u00edculos. El ensayo que le dedica es el m\u00e1s largo del conjunto, y ah\u00ed comenta en detalle <i>La sociedad abierta y sus enemigos<\/i> (1945), el libro m\u00e1s importante del pensador austriaco. En atenci\u00f3n al espacio disponible, me detendr\u00e9 exclusivamente en este ensayo no s\u00f3lo porque es el m\u00e1s importante de <i>La llamada de la tribu<\/i> sino tambi\u00e9n porque en \u00e9l hay una idea que creo tiene consecuencias cruciales a la hora de considerar qu\u00e9 piensa Vargas Llosa sobre su oficio. Como lo adelant\u00e9 l\u00edneas atr\u00e1s, esa idea tiene que ver con el lenguaje y su \u00edntima relaci\u00f3n con el concepto de \u201cverdad\u201d. En la nota n\u00famero 50 del cap\u00edtulo 11 de <i>La sociedad abierta y sus enemigos<\/i>, Popper se\u00f1ala algo que lo ubica directamente en la tradici\u00f3n filos\u00f3fica plat\u00f3nica que \u00e9l mismo denuncia: \u201cHablar claro es hablar de tal manera que las palabras no importen\u201d. Las \u201cdefiniciones operacionales\u201d, seg\u00fan Popper, especies de conceptos-clave que abren numerosas puertas, nos ayudar\u00e1n a desplazarnos hacia campos del pensamiento en los que nada o muy poco dependa de las palabras. Cuando Vargas Llosa cita esas palabras (dando la referencia de manera muy inexacta y confusa, hay que decir) parece no escandalizarse en lo absoluto. Pero motivos para el esc\u00e1ndalo hay, y de qu\u00e9 manera. Popper, como buen fil\u00f3sofo, adolece de sordera al despreciar el material mismo las palabras que le permite pensar. Ir\u00f3nicamente, eso lo pone al mismo nivel de esa tradici\u00f3n filos\u00f3fica (Plat\u00f3n, Hegel y Marx) que \u00e9l pretende desprestigiar pol\u00edticamente, se\u00f1al\u00e1ndola como el origen de los totalitarismos modernos. Porque la filosof\u00eda occidental, desde sus or\u00edgenes griegos hasta hoy, ha querido una y otra vez olvidarse del lenguaje y no escucharlo; ha querido describir el mundo precisamente sin prestar atenci\u00f3n a aquello que le permite describirlo. La vieja f\u00e1bula kantiana de la paloma que quiere volar prescindiendo del aire para ser m\u00e1s libre sin saber que es el aire lo que le permite volar se cumple con esa idea de Popper. Vargas Llosa parece aceptarla, aunque con ciertos reparos que, sin embargo, no lo separan del todo de Popper; para el novelista las palabras s\u00ed importan, y reconoce que la \u201creticencia\u201d de Popper a considerar el lenguaje como una realidad aut\u00f3noma ha tenido \u201cconsecuencias negativas en su obra\u201d, volvi\u00e9ndola a ratos imprecisa y confusa. Pero Vargas Llosa se detiene ah\u00ed y no considera el lenguaje como algo del todo importante tampoco. Para \u00e9l son las ideas las que cuentan, y las palabras son objetos m\u00e1s bien inocentes que \u201ca lo m\u00e1s, aburren, hipnotizan o escandalizan\u201d. \u00bfC\u00f3mo es posible que un escritor piense que eso es posible? \u00bfC\u00f3mo puede alguien que ha creado universos enteros con las palabras postule que \u00e9stas son prescindibles? La respuesta a estas preguntas se encuentra en esta sorprendente declaraci\u00f3n que Vargas Llosa le hace a Rub\u00e9n Gallo en <i>Conversaci\u00f3n en Princeton<\/i>: \u201c<i>La casa verde<\/i> (\u2026) fue una novela muy marcada por Faulkner, donde el lenguaje se interpone entre el lector y la historia (\u2026) Yo no quer\u00eda que en <i>Conversaci\u00f3n en La Catedral<\/i> ocurriera lo mismo y quiz\u00e1 por eso el lenguaje intenta ser transparente, puramente funcional, al extremo de que la historia pareciera vivir por s\u00ed misma, sin pasar por el lenguaje. Busqu\u00e9 un lenguaje totalmente invisible\u201d. El lenguaje invisible como ideal de la escritura: un <i>pathos<\/i> filos\u00f3fico en el peor sentido del t\u00e9rmino.<\/p>\n<p>En cuanto al concepto de verdad, cuya versi\u00f3n popperiana \u00e9l acepta sin reparos, Vargas Llosa no es menos pol\u00e9mico. Para Popper, la verdad \u201cse descubre\u201d en un proceso que no tiene fin. Fiel a sus or\u00edgenes de fil\u00f3sofo de la ciencia, se\u00f1al\u00f3 que la verdad se encuentra all\u00e1 afuera, esperando ser descubierta, y que debe ser puesta a prueba desde todos los puntos de vista posibles; si resiste, como dice Vargas Llosa, ese \u201casalto cr\u00edtico\u201d, har\u00e1 \u201cavanzar el conocimiento de la naturaleza y la sociedad\u201d. La verdad en Popper, agrega Vargas Llosa, \u201ctiene un pie asentado en la realidad objetiva, a la que Popper reconoce una existencia independiente de la mente humana, y ese pie es, seg\u00fan una definici\u00f3n del f\u00edsico polaco Alfred Tarski que \u00e9l hace suya, la coincidencia de la teor\u00eda con los hechos\u201d (vale aclarar que Tarski no era f\u00edsico, sino l\u00f3gico y matem\u00e1tico). As\u00ed, la verdad existe objetivamente y no depende de su elaboraci\u00f3n en el lenguaje, porque, ya sabemos, \u00e9ste posee un estatuto m\u00e1s bien menor y de importancia relativa. Porque es s\u00f3lo a la ficci\u00f3n y al arte que se les permite la inocente tarea de crear verdades que son mentiras, porque la literatura acontece en un vac\u00edo en donde todo es aceptable, porque las palabras no hacen m\u00e1s que hipnotizar o escandalizar sin consecuencia alguna. Para Vargas Llosa las palabras est\u00e1n <i>al servicio<\/i> de la realidad y de la verdad, y s\u00f3lo son aut\u00f3nomas, aunque poco importantes, cuando se trata de elaborar ficciones. La novela y el arte en general tienen para Mario Vargas Llosa una pasmante inconsecuencia, y no son m\u00e1s que un juego.<\/p>\n<p>Bajo la r\u00fabrica del venerable g\u00e9nero ensay\u00edstico, Vargas Llosa ha querido escribir un estudio como el de su modelo Edmund Wilson. Pero sus falencias saltan a la vista. Lo que tambi\u00e9n se hace evidente es la profunda decepci\u00f3n que causan sus ideas.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Marcelo Pellegrini<br \/>\nUniversity of Wisconsin-Madison<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde los inicios mismos de su extraordinaria carrera como escritor, el novelista peruano Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936) ha buscado incansablemente reflexionar en profundidad sobre la naturaleza del g\u00e9nero que con tanto \u00e9xito ha cultivado.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":2328,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4458,2984],"genre":[2019],"pretext":[],"section":[2344],"translator":[2458],"lal_author":[3421],"class_list":["post-2330","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-numero-7","tag-peru-es","genre-essay-es","section-essays-es","translator-arthur-malcolm-dixon-es","lal_author-marcelo-pellegrini-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2330","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2330"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2330\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2328"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2330"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2330"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2330"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=2330"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=2330"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=2330"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=2330"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=2330"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}