{"id":2308,"date":"2018-07-23T20:05:12","date_gmt":"2018-07-24T02:05:12","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2018\/07\/estercilia-simanca-writer-who-makes-desert-blossom-ana-maria-ferreira\/"},"modified":"2023-06-06T09:32:28","modified_gmt":"2023-06-06T15:32:28","slug":"estercilia-simanca-writer-who-makes-desert-blossom-ana-maria-ferreira","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2018\/07\/estercilia-simanca-writer-who-makes-desert-blossom-ana-maria-ferreira\/","title":{"rendered":"&#8220;Estercilia Simanca: Una escritora que hace florecer el desierto &#8221; de Ana Mar\u00eda Ferreira"},"content":{"rendered":"<div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.s1 {color: #ff2600}<br \/><\/style>\n<\/div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/><\/style>\n<p>El desierto es un lugar tan m\u00e1gico como hostil, en la Guajira colombiana la mirada se pierde en el horizonte infinito y el calor hace que las figuras distantes se vuelvan difusas e irreales. All\u00ed en medio del calor y el viento vive la comunidad wayuu. Las mujeres ind\u00edgenas llevan c\u00f3modas mantas, que son holgados y largos vestidos, que les permiten sobrellevar el intenso clima de una tierra fant\u00e1stica, pero mortalmente \u00e1rida. En este lugar de contrastes, naci\u00f3 y vive la escritora Estercilia Simanca.<\/p>\n<p>Simanca es una mujer del desierto, con ambas la dureza y la belleza de su Guajira natal, es una mujer imponente y su fuerza le llega desde sus ancestros ya que muchas de las mujeres wayuu son as\u00ed como ella, hermosas y fuertes. Dentro de su comunidad la herencia se transmite por el lado materno, tambi\u00e9n son las abuelas y las t\u00edas las que toman decisiones importantes para sus familias y es el lado de la madre el que decide la pertenencia a la comunidad, por ejemplo, los hijos de una madre <i>arijuna<\/i>, no son completamente wayuu. Este matriarcado, sin embargo, como podemos leer en la obra de Simanca y Siosi\u00a0 \u0336 tambi\u00e9n en este dossier \u0336\u00a0 no evita que algunas veces los derechos de las ni\u00f1as y las mujeres wayuu sean vulnerados.<\/p>\n<p>Los ind\u00edgenas wayuu son la comunidad ind\u00edgena m\u00e1s grande de Colombia y habitan el desierto que comparten Colombia y Venezuela en la pen\u00ednsula de la Guajira. Los wayuu son binacionales y siendo fieles a su naturaleza viajera est\u00e1n siempre de rancher\u00eda en rancher\u00eda visitando a sus familiares cercanos y lejanos, asistiendo a celebraciones y entierros a ambos lados de la frontera.<\/p>\n<p>La comunidad wayuu tiene una rica cultura que se refleja en las coloridas mochilas y chinchorros que tejen las mujeres, o en los <i>jayeechi<\/i>s, los cantos tradicionales, que animan las tardes del desierto o en las historias que cuentan los <i>p\u00fctchipuu<\/i>. Sin embargo, su cultura no est\u00e1 solamente en las antiguas tradiciones que llegan hasta nuestros d\u00edas, sino que se reactualizan y se renuevan en la literatura escrita y los tres escritores rese\u00f1ados en este dossier, Estercilia Simanca, Vicenta Siosi y Vito Ap\u00fcshana, son un ejemplo del dinamismo y vivacidad de esta nueva tradici\u00f3n cultural.<\/p>\n<p>La literatura ind\u00edgena del continente americano, especialmente desde M\u00e9xico hacia el sur, ha privilegiado la poes\u00eda como su forma para la creaci\u00f3n por excelencia y Vito Ap\u00fcshana, junto a poetas como Fredy Chicangana y Hugo Jamioy se han consolidado como los poetas ind\u00edgenas colombianos con mayor difusi\u00f3n y por decirlo de alg\u00fan modo, prestigio. Estercilia Simanca por su parte ha preferido el cuento como la forma privilegiada para su literatura y alej\u00e1ndose un poco de los temas recurrentes en la poes\u00eda ind\u00edgena ha marcado su propio camino en las letras.<\/p>\n<p>Simanca ha mencionado varias veces, tanto en entrevistas como en diferentes publicaciones, que la categor\u00eda de \u2018escritora ind\u00edgena\u2019 la acorrala, a ella le gustar\u00eda ser presentada simplemente como una escritora o como una escritora colombiana o latinoamericana y que sus libros estuvieran en el mismo estante de los grandes narradores colombianos como Garc\u00eda M\u00e1rquez.\u00a0 Ella no quiere estar en una secci\u00f3n especial y no le gustan las etiquetas \u201cind\u00edgena\u201d o \u201cmujer\u201d que a veces pareciera que excluyen y exotizan.<\/p>\n<p>La literatura de Simanca est\u00e1 sin embargo inevitablemente arraigada a la realidad wayuu, la mayor parte de sus narraciones surgen de hechos y personajes reales de su comunidad. Por poner solo un ejemplo, en: \u201cManifiesta no saber firmar: Nacido 31 de diciembre\u201d, la autora narra su sorpresa cuando de ni\u00f1a se da cuenta, que todos los miembros de su familia hab\u00edan nacido el 31 de diciembre o por lo menos eso dec\u00edan todos sus documentos de identidad. No obstante, la sorpresa dio r\u00e1pidamente paso a la indignaci\u00f3n cuando la narradora se da cuenta que las fechas son puestas en masa por los funcionarios del estado para que los wayuu voten en las elecciones por el candidato de turno. En el mismo cuento es denunciado tambi\u00e9n c\u00f3mo estos mismos funcionarios, en parte por ignorancia, pero en parte tambi\u00e9n por racismo y desprecio, cambiaron los nombres de los wayuu algunas veces re-nombr\u00e1ndolos con nombres ofensivos y grotescos.<\/p>\n<p>El nombre, nuestro nombre, no representa solamente nuestra identidad como individuos, sino que muchas veces tambi\u00e9n refleja la comunidad a la que pertenecemos. Esto es especialmente verdad para las comunidades ind\u00edgenas quienes muchas veces deben borrar su identidad y de alg\u00fan modo occidentalizarse para poder ser admitidos en el discurso de la naci\u00f3n o para poder acceder a los servicios b\u00e1sicos. Esta situaci\u00f3n hace parte de las nuevas formas que toma la colonizaci\u00f3n. En el cuento de Simanca, la autora relata c\u00f3mo algunos de los nombres wayuu fueron cambiados simplemente por nombres occidentales, por ejemplo, a Yaya la renombraron Clara; y a Jierranta, Hilda. No obstante en los casos m\u00e1s perversos los registradores pusieron en las identificaciones nombres como \u201cCabeza\u201d, \u201cAlka-seltzer\u201d o incluso \u201cCosita Rica\u201d. Es imposible leer el cuento y no sentir que la indignaci\u00f3n de Simanca se vuelve tambi\u00e9n nuestra y no es este cuento el \u00fanico de sus textos donde esto ocurre.<\/p>\n<p>Vale la pena se\u00f1alar que Estercilia Simanca no es solamente escritora, sino que es tambi\u00e9n abogada y empresaria, y que el cuento \u201cManifiesta no saber firmar\u201d tuvo enormes consecuencias.\u00a0 La historia fue recogida por los medios de comunicaci\u00f3n y la directora colombiana Priscila Padilla cautivada e indignada por la historia, decidi\u00f3 realizar un documental basado en la denuncia de Simanca. La escritora tambi\u00e9n interpuso una acci\u00f3n legal contra el estado, en la cual buscaba que la naci\u00f3n colombiana rectificara los nombres de los wayuu y les diera alguna forma de restituci\u00f3n a estas personas.\u00a0 Un juzgado finalmente le dio la raz\u00f3n a la escritora y orden\u00f3 al estado colombiano proveer reparaci\u00f3n y restituci\u00f3n a los ind\u00edgenas afectados. Para muchos de ellos la sentencia lleg\u00f3 demasiado tarde.<\/p>\n<p>El cuento \u201cManifiesta no saber firmar\u201d, es un ejemplo de los intereses y tem\u00e1ticas que Estercilia Simanca ha desarrollado en toda su obra. Sus personajes, muchas veces mujeres o ni\u00f1os wayuu, son un reflejo de importantes aspectos de su cultura, otras veces pueden ser cr\u00edticas al estado colombiano y su desd\u00e9n por la realidad de las comunidades ind\u00edgenas. Del mismo modo, la escritora tambi\u00e9n escribe para denunciar pr\u00e1cticas de su propia comunidad con las que no est\u00e1 de acuerdo o que considera injustas o sexistas.<\/p>\n<p>La comunidad a la que pertenece Simanca, los wayuu, habita un territorio muy especial en el extremo norte de Colombia. Este lugar que, al occidente y al norte termina en el mar Caribe y al oriente con Venezuela, tiene la magia del desierto y tambi\u00e9n su maldici\u00f3n, el agua es un bien escaso. Este problema se ve agudizado por espor\u00e1dicas temporadas de sequ\u00eda que afectan especialmente el norte de la regi\u00f3n en lo que se conoce como la Alta Guajira. Los desaf\u00edos geogr\u00e1ficos contribuyen a la inexistencia de rutas de acceso, que junto al desinter\u00e9s del estado hacen que muchas comunidades wayuu carezcan de servicios b\u00e1sicos de salud, educaci\u00f3n e incluso de seguridad alimentaria. El maravilloso desierto guajiro es tambi\u00e9n un enemigo inmisericorde y durante las largas sequ\u00edas, los ni\u00f1os wayuu llegan a los puestos de salud muri\u00e9ndose de hambre y deshidrataci\u00f3n. Solo en los tres primeros meses de este a\u00f1o ya hab\u00edan sido reportados 16 ni\u00f1os muertos de desnutrici\u00f3n, las verdaderas cifras nunca las sabremos.<\/p>\n<p>En uno de los cuentos de Simanca, \u201cJam\u00fc\u201d publicado en su \u00faltimo libro, \u201cPor los valles de arena dorada\u201d (Bogot\u00e1: Loqueleo, 2017) escuchamos la voz de Jam\u00fc Epinayu Pushaina un ni\u00f1o wayuu que ha muerto de hambre. La historia sigue el alma del ni\u00f1o que vaga hambriento y que sigue pidiendo comida incluso despu\u00e9s de muerto. El ni\u00f1o camina por la casa de su madre y esp\u00eda la vida de sus hermanos y amigos quienes, tras sobrevivir una infancia de carencias, tienen ahora sus propios hijos, tambi\u00e9n desnutridos y sedientos.<\/p>\n<p>El drama de Jam\u00fc se agudiza en tanto que su madre lo abandon\u00f3 en el hospital y cuando volvi\u00f3 a reclamarlo, su cad\u00e1ver ya hab\u00eda sido enterrado en una fosa com\u00fan junto a otros 7 ni\u00f1os wayuu, por lo que no pueden identificarlo. Esta historia de tintes rulfianos, tiene un componente adicional que la hace incluso m\u00e1s tr\u00e1gica: la importancia del entierro para los wayuu.<\/p>\n<p>Dentro de las tradiciones funerarias de la comunidad se practican dos entierros, en el primero no es tan importante donde se entierra el cad\u00e1ver, puede ser enterrado en el lugar donde la persona muere como en la historia de Jam\u00fc. En este primer entierro, el velorio es tradicionalmente una gran fiesta donde la comida, los juegos y el chirrinche deben estar presentes en abundancia.\u00a0 Este velorio es una celebraci\u00f3n que puede durar varios d\u00edas, incluso semanas o meses. Sin embargo, esta no es la parte m\u00e1s trascendental del ritual ya que 10 o 15 a\u00f1os despu\u00e9s, viene el segundo entierro que cierra finalmente el ciclo de la vida y permite que el alma del difunto realice el \u00faltimo viaje. En el segundo entierro, los huesos del muerto son desenterrados, limpiados y trasladados al territorio tradicional de la familia. El segundo entierro es de alg\u00fan modo un ritual m\u00e1s \u00edntimo y profundo, ya que los huesos son llevados a su lugar de origen, de vuelta a la familia. Este lugar reparador, este pac\u00edfico sue\u00f1o le es vedado a Jam\u00fc, quien es enterrado solo una vez y junto a desconocidos, por lo que nunca podr\u00e1 volver a su casa a descansar para siempre.<\/p>\n<p>La historia de Jam\u00fc es tan triste como su propio nombre, la palabra <i>jam\u00fc<\/i> significa \u2018hambre\u2019 en wayunaiki y es otro de los textos en los que Estercilia Simanca nos golpea con la realidad y pone al lector a reflexionar sobre la situaci\u00f3n social de su comunidad.<\/p>\n<p>Para terminar, quisiera se\u00f1alar el papel especial que tienen las mujeres y las ni\u00f1as en la obra de Simanca. Aunque la autora no se considera especialmente interesada en enmarcar su obra dentro de una reivindicaci\u00f3n de g\u00e9nero, las mujeres de sus textos son seres maravillosos, fuertes y resilientes como fiel reflejo de las mujeres wayuu. Dentro de este grupo de personajes femeninos hay mujeres que deciden tomar su vida por las riendas, ni\u00f1as casadas contra su voluntad y mujeres exitosas. Estas mujeres que son madres, hermanas, hijas, t\u00edas, esposas, etc. construyen un espacio femenino donde lo bello y lo terrible se encuentran.<\/p>\n<p>Uno de estos personajes femeninos es Primeria, la protagonista del cuento \u201cJulamia\u201d. La palabra <i>julamia<\/i> se refiere, seg\u00fan la propia Simanca, a las mujeres solteras y v\u00edrgenes, que debido a su riqueza no pod\u00edan casarse. Esto se debe a que entre los wayuu existe la tradici\u00f3n de la dote, es decir que cuando una pareja quiere casarse, el hombre debe ofrecer a la familia de la novia: chivos, collares, ovejas, terneros y en los \u00faltimos tiempos incluso dinero en efectivo. La idea es que los hombres demuestran lo valiosa que es la mujer para \u00e9l y tambi\u00e9n agradecen a la familia haber cuidado hasta el momento de la novia. El tema de la dote es cada vez m\u00e1s controversial en tanto que puede terminar siendo una transacci\u00f3n econ\u00f3mica, como ha sido narrado por la propia Simanca. Algunos hombres bastante mayores con capacidad econ\u00f3mica pueden ofrecer dotes a familias muy pobres para llevarse a chicas muy j\u00f3venes, algunas veces, ni\u00f1as.<\/p>\n<p>Estos casos pueden ser incluso m\u00e1s problem\u00e1ticos, en tanto que la poligamia masculina es com\u00fan, un hombre puede casarse tantas veces como su riqueza le permita. Esta pr\u00e1ctica que tambi\u00e9n ha sido narrada por Vicenta Siosi, descarga a su vez una responsabilidad mayor sobre las mujeres wayuu. Ellas son las encargadas de preservar las tradiciones y costumbres, tambi\u00e9n la lengua y el sentido de pertenencia al territorio, mientras que los hombres pueden ir de rancher\u00eda en rancher\u00eda, por ponerlo de alg\u00fan modo, m\u00e1s despreocupadamente. Este aspecto de la cultura wayuu no es \u00fanico de la comunidad colombo-venezolana, sino que como explica Aili Mari Tripp en <i>La pol\u00edtica de derechos de las mujeres y diversidad cultural en Uganda<\/i> (2008) es com\u00fan en muchas comunidades donde las pr\u00e1cticas que oprimen o violentan a las mujeres, se preservan bajo la fachada de salvaguardar la cultura.<\/p>\n<p>Volviendo a \u201cJulamia\u201d, en el cuento se hace tambi\u00e9n referencia a otra tradici\u00f3n wayuu que concierne a las mujeres y que afecta tambi\u00e9n la dote: el encierro. En este ritual de paso, las j\u00f3venes wayuu que han experimentado la menarquia son literalmente encerradas por un tiempo, alejadas de la mirada de cualquier persona diferente de sus m\u00e1s cercanos familiares. El encierro, que puede durar desde un par de semanas hasta varios a\u00f1os, prepara a las ni\u00f1as para afrontar su vida adulta; all\u00ed aprenden, por ejemplo, a tejer. Al final del encierro la familia normalmente ofrece una fiesta en donde la nueva mujer baila la yonna, el baile tradicional wayuu, y ofrece a los invitados comida y regalos tejidos por ella. Esta tradici\u00f3n, que puede parecer sexista al <i>arijuna<\/i>, es narrada desde una perspectiva muy respetuosa por Simanca, en varios de sus cuentos.\u00a0 Es importante mencionar tambi\u00e9n que esta tradici\u00f3n se practica cada vez menos.<\/p>\n<p>El encierro y la fiesta de una joven wayuu hacen parte de la historia de \u201cJulamia\u201d, quien recuerda con amargura su propio encierro y c\u00f3mo ella no ha podido casarse. No obstante, en su historia ocurre una suerte de inversi\u00f3n. Primeria al ser tan rica, no tiene pretendientes ya que nadie puede ofrecer una dote equiparable a su propia riqueza. A lo largo del cuento la mujer se encuentra frustrada por su situaci\u00f3n y espera en vano poder casarse a\u00f1o tras a\u00f1o o como se mide el tiempo en el cuento, una temporada de lluvias tras otra. Al final de la historia, su familia decide darle la libertad para dotar ella y escoger a su propio esposo. Julamia toma plena conciencia del poder que tiene y decide buscar el mejor y m\u00e1s atractivo de los wayuu para casarse.<\/p>\n<p>Este cuento y en general toda la obra de Estercilia Simanca es una especie de ventana que le permite al lector saborear la rica y compleja cultura wayuu y al mismo tiempo es un aporte fundamental a la literatura contempor\u00e1nea. Su obra anclada en la realidad, pero tambi\u00e9n libre de las constricciones del ensayo nos transporta como lectores a la Guajira y nos deja la boca seca de una temporada en el desierto. La literatura ind\u00edgena latinoamericana tiene en Simanca a una de sus m\u00e1s importantes protagonistas; su mirada, al mismo tiempo cruda y po\u00e9tica, convergen en una obra literaria a la que vale la pena prestarle mucha atenci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Ana Mar\u00eda Ferreira<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El desierto es un lugar tan m\u00e1gico como hostil, en la Guajira colombiana la mirada se pierde en el horizonte infinito y el calor hace que las figuras distantes se vuelvan difusas e irreales. All\u00ed en medio del calor y el viento vive la comunidad wayuu. Las mujeres ind\u00edgenas llevan c\u00f3modas mantas, que son holgados y largos vestidos, que les permiten sobrellevar el intenso clima de una tierra fant\u00e1stica, pero mortalmente \u00e1rida. 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