{"id":22000,"date":"2023-03-14T13:02:49","date_gmt":"2023-03-14T19:02:49","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=22000"},"modified":"2023-05-21T17:23:59","modified_gmt":"2023-05-21T23:23:59","slug":"un-adios-al-hombre-amable-en-memoria-de-marcelo-cohen-1951-2022","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2023\/03\/un-adios-al-hombre-amable-en-memoria-de-marcelo-cohen-1951-2022\/","title":{"rendered":"Un adi\u00f3s al hombre amable: En memoria de Marcelo Cohen (1951-2022)"},"content":{"rendered":"<p style=\"padding-left: 40px;\"><b>I. Finales<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Dos entrevistas punt\u00faan \u2013una de ellas inaugura y la otra, lejos de cerrar, relanza\u2013 mi relaci\u00f3n con Marcelo Cohen: relaci\u00f3n de admiraci\u00f3n, de atenta sorpresa, de gratitud. Tengo muy presente aquella segunda conversaci\u00f3n. Fue en 2013. Las huestes de la revista <\/span><a href=\"https:\/\/revistaelansia.com.ar\/category\/numeros-anteriores\/el-ansia-1\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">El ansia<\/span><\/i><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">, dirigidas por el escritor Jos\u00e9 Mar\u00eda Brindisi, asediaban entonces cari\u00f1osamente al creador del territorio ficcional del Delta Panor\u00e1mico.<\/span><sup><span style=\"font-weight: 400;\">1<\/span><\/sup><span style=\"font-weight: 400;\"> Aquel acecho colectivo era y es la pol\u00edtica de la revista, que el editor, en su art\u00edculo de presentaci\u00f3n para el primer n\u00famero, enunciaba en estos t\u00e9rminos:\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Seguirlos, pens\u00e9, rodearlos, meternos en sus vidas no para revelar sus enigmas sino para ser part\u00edcipes de su silencio. Hacerlos hablar para que nunca den en el clavo, chocarnos con esa imposibilidad. Hay un n\u00facleo, pens\u00e9, un n\u00facleo al que nunca vamos a acceder, y que tal vez ellos mismos, los escritores, desconozcan, o les est\u00e9 vedado traducir en palabras. [\u2026] Para que ese retrato tomara cuerpo deb\u00edan ser unos pocos autores por n\u00famero, y tres nos parecieron suficientes. Tres autores por a\u00f1o, tres escritores con los que pudi\u00e9semos juntarnos a conversar, comer, beber, y a partir de all\u00ed, de escucharlos, ver c\u00f3mo se iba tramando una red que deb\u00eda situarlos en el centro. La primera elecci\u00f3n para este n\u00famero inaugural recay\u00f3 en Marcelo Cohen.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cohen hab\u00eda aceptado de buena gana, con una paciencia de padre o de hermano mayor, aquel desfile de entrevistadores, aquella verdadera marabunta literaria. Brindisi tuvo la generosidad de invitarme a formar parte de la tropa, aunque, en cierto modo, en la posici\u00f3n del francotirador: yo pod\u00eda elegir un tema, un abordaje, un costado de Cohen, y tratar de acercarme, desde all\u00ed, al meollo silencioso de su obra, de su humanidad, a ese n\u00facleo \u201cintraducible\u201d de su trayectoria vital y literaria. Antes de reunirnos, le anticip\u00e9 a Marcelo aquello de lo que quer\u00eda que habl\u00e1ramos: un tema que podr\u00eda resumirse \u2013de manera por dem\u00e1s torpe y equ\u00edvoca\u2013 en la palabra <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">religi\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Fui a su encuentro dici\u00e9ndome que referirme a <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">aquello<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de manera expl\u00edcita hab\u00eda sido un error y que la entrevista estaba condenada al fracaso. A lo largo de los dos kil\u00f3metros que separaban su casa del bar donde nos reunir\u00edamos, Marcelo Cohen deb\u00eda estar dici\u00e9ndose \u2013pensaba yo\u2013 algo parecido. Sin embargo, muy pronto me enterar\u00eda, aquella propuesta le hab\u00eda suscitado, mientras caminaba hacia all\u00ed, una larga reflexi\u00f3n. Apenas tuve tiempo de encender el grabador, porque, con una ecuanimidad ejemplar, una entrega absoluta y un coraje imperturbable, \u00e9l se meti\u00f3 de lleno en el asunto antes incluso de ordenar su caf\u00e9: abord\u00f3 de manera tan sincera aquel n\u00facleo impl\u00edcito de su pensamiento para intentar traducirlo, traducirse, que al principio no lo reconoc\u00ed, no me di cuenta de que efectivamente me estaba hablando de eso, convirtiendo mi incitaci\u00f3n tem\u00e1tica en algo mucho m\u00e1s interesante y que val\u00eda, como se dice, la pena. Me habl\u00f3 de la finalidad y de los finales, en los que no cre\u00eda, y de los intentos de la literatura por darse a s\u00ed misma temas nuevos, por extender sus l\u00edmites, por renovar un sentido de la \u201cargumentaci\u00f3n\u201d en la doble acepci\u00f3n de despliegue anecd\u00f3tico, por un lado, y de exploraci\u00f3n epistemol\u00f3gica del mundo a trav\u00e9s del discurso, por otro; argumentaci\u00f3n que en lugar de conducir deliberadamente, como en la ret\u00f3rica cl\u00e1sica, hacia conclusiones prefijadas \u2013finalidades, finales, manipulaciones pol\u00edticas, religiosas o literarias\u2013, busca dirigirse hacia un horizonte en perpetua apertura. Ahora me digo que esa tarde Cohen llev\u00f3 a la pr\u00e1ctica conmigo, magistralmente, una aspiraci\u00f3n que trato de inculcar en los alumnos de mis talleres literarios. \u201cHay que decepcionar, suave o brutalmente, las expectativas del lector \u2013les digo\u2013: para ofrecerle algo mejor a cambio\u201d. Eso fue lo que hizo Marcelo Cohen, y creo que no solamente en aquella entrevista, sino en el conjunto de su obra literaria \u2013tanto de ficci\u00f3n como de ensayo y de traducci\u00f3n\u2013, y me atrevo a afirmar que una disposici\u00f3n consistente con esa b\u00fasqueda guiaba su conducta en la vida diaria.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Uno se explica bien que Cohen fuese un adicto confeso a la traducci\u00f3n: la apor\u00eda de nombrar lo que no puede nombrarse, y para lo que sin embargo uno no puede renunciar a intentar, de todos modos, encontrar el nombre, era en \u00e9l una especie de compromiso \u00e9tico, de devoci\u00f3n sin dioses.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><b>II. Gatos<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No hay nada deliberado en esto. Me he llevado a la playa un libro que M. C. tradujo hace casi veinte a\u00f1os. No pensaba en la escritura del presente ensayo cuando lo eleg\u00ed entre mi peque\u00f1a biblioteca de viaje, para llevarlo esta ma\u00f1ana en la mochila junto con la silla plegable y el sombrero panam\u00e1. Mentira, hay algo deliberado en esto. Sab\u00eda que en alg\u00fan momento de mi estad\u00eda junto al mar escribir\u00eda este ensayo, y por eso, tal vez, el libro de M. John Harrison entr\u00f3 en la valija. Pas\u00f3 luego al estante que reserv\u00e9 a mis libros en la casa de mi madre \u2013que ya no est\u00e1\u2013 y m\u00e1s tarde sali\u00f3 del estante para invitarme a su lectura. Le\u00eda en los pocos ratos libres entre sesiones de traducci\u00f3n y clases virtuales, a veces en el jard\u00edn, otras, pocas, como hoy, en la playa, donde hasta ahora casi no hab\u00eda le\u00eddo m\u00e1s que alguna que otra p\u00e1gina suelta, demasiado \u201ccansado de palabras\u201d para leer <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">por placer<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (como la paradoja del \u201cs\u00e9 espont\u00e1neo\u201d, a veces he tenido que forzarme a m\u00ed mismo a leer por placer).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hoy, por fin, entonces, entro en el hechizo de este objeto raro, construido en una lengua que no reconozco y que sin embargo me es \u00edntimamente familiar. Podr\u00eda decirse al rev\u00e9s: reconozco esta voz que sin embargo rompe con amorosa meticulosidad, con fresco esmero (aunque parezca un ox\u00edmoron), los h\u00e1bitos de la lengua de la tribu. Podr\u00eda decirse, tambi\u00e9n: aunque la disposici\u00f3n de las palabras me es ajena, aunque las renueva el paladar estricto y preciso del traductor, reconozco, por debajo de ellas, la deontolog\u00eda y el gusto personal que han presidido su elecci\u00f3n. Discuto <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">in pectore<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> las palabras: por qu\u00e9 Marcelo Cohen ha optado por esta y no por aquella; me invito a recordar m\u00e1s tarde algunas de esas opciones, porque podr\u00edan resolverme problemas de traducci\u00f3n futuros; logran, me digo, dar a la vez las sensaciones \u2013que yo tambi\u00e9n busco al traducir\u2013 de naturalidad y de singularidad. La misma singularidad que uno espera de los originales, puesto que \u2013primer principio de la \u00e9tica literaria que creo compart\u00edamos\u2013 lo \u00faltimo que uno pide de un escritor, en el idioma que sea, es que ruede sin sobresaltos sobre las arrulladoras y familiares praderas \u2013est\u00e9riles\u2013 de una lengua convencional.<\/span><\/p>\n<p>(\u00bfY cu\u00e1l ser\u00e1, me pregunto, la expresi\u00f3n inglesa que eligi\u00f3 traducir por \u201cpaseando cavilosamente de un coche a otro\u201d? Referida a un gato.)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><b>III. Un pa\u00eds nuevo<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Me distraen de la lectura mis propios pensamientos (como si no alcanzara con la incomodidad de sostener el libro bajo el sol; con la visi\u00f3n de los cuerpos semidesnudos que hacen titilar mis instintos algo adormilados; con los ni\u00f1os que persiguiendo una pelota casi se caen entre mis piernas; o con los escuchadores seriales de m\u00fasica en la playa de los que vengo huyendo, desplazando mi silla primero aqu\u00ed, luego all\u00e1, a medida que nuevas brigadas de estos suicidas ac\u00fasticos atados a sus bombas de horror estereof\u00f3nico van desembarcando en los sitios que dejo libres y detonan sus artefactos sonoros; de tal modo que a fuerza de huir acabo con los pies en la orilla mientras las patas en forma de U de mi silla de aluminio, escorando peligrosamente hacia la izquierda, se hunden poco a poco en la arena h\u00fameda y pierdo la esperanza de que el ruido de las olas acalle el ritmo machac\u00f3n y el ronroneo de idiotez y rima obvia). Pienso: en esa \u00e9poca, cuando este libro fue publicado, en el a\u00f1o 2000, y pocos a\u00f1os despu\u00e9s, r\u00e1pidamente, en 2004, editado tambi\u00e9n en espa\u00f1ol, cuando llev\u00e9 a casa este ejemplar, cuando V. lo tom\u00f3 de mi biblioteca y lo ley\u00f3 y me dijo: \u201ces extraordinario\u201d \u2013desde entonces ha seguido reposando en su estante, a la espera de un momento no menos extraordinario para que yo lo lea; y entretanto V. se ha ido ya de mi vida (dejando algunos papelitos que se\u00f1alan sus pasajes predilectos en algunos de los cuentos del libro) y M. C., el traductor y amigo por quien yo me hab\u00eda convencido, en primera instancia, de llevar este libro a casa, muri\u00f3 hace pocas semanas\u2013. En esa \u00e9poca, digo que me digo, ahora, en esta playa, distra\u00eddo del libro por mis propios pensamientos, \u00bfexist\u00eda internet? Desde luego que s\u00ed: de manera algo m\u00e1s rudimentaria que hoy, pero exist\u00eda. Y por qu\u00e9 me pregunt\u00e9 esto, me pregunto ahora. Trato de seguir el hilo de pensamientos que me alej\u00f3 del libro: en uno de los cuentos de Harrison, traducidos por Marcelo Cohen, una mujer que viaja en un tren suburbano escribe una carta, una carta en papel, que la mujer destina precisamente a la amiga a la que se dirige a visitar. \u00bfEra consciente esta mujer, me pregunt\u00e9, de que probablemente su carta llegar\u00eda mucho despu\u00e9s que ella misma? \u00bfO que no llegar\u00eda nunca? De all\u00ed salt\u00e9, supongo, a curiosidades de traductor: c\u00f3mo averigu\u00f3 M. C. ciertas cuestiones mientras traduc\u00eda, notablemente, este libro. Por ejemplo, cuestiones geogr\u00e1ficas, el orden y la disposici\u00f3n de las estaciones de tren de la periferia londinense, esa clase de asuntos que siempre plantean dudas m\u00e1s o menos fastidiosas para el traductor: porque son dudas f\u00e1cticas, problemas referenciales, y no problemas expresivos o disyuntivas art\u00edsticas. \u00bfExist\u00eda internet para facilitarle al traductor la tarea? Claro, fue as\u00ed como llegu\u00e9 a esa pregunta, lo que prueba que, contra mis viejas esperanzas, yo estaba leyendo este libro extraordinario en un tiempo completamente ordinario. Me explico. En verdad es como dijo V.: extraordinario, el libro. Pero yo no he podido reservar a su lectura un tiempo de excepci\u00f3n, un momento en que todas mis energ\u00edas mentales est\u00e9n disponibles para absorberme en \u00e9l, un tiempo de verdadera compenetraci\u00f3n art\u00edstica: el arte de leer. Y entonces, lector ordinario en una situaci\u00f3n ordinaria, me distraigo con mis propios reflejos condicionados de traductor.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Efectivamente, hubo internet desde 1969, \u201ccuando el Departamento de Defensa desarroll\u00f3 ARPANET\u201d, etc\u00e9tera, etc\u00e9tera, como leer\u00e9 m\u00e1s tarde, cuando me siente a transcribir en mi computadora las anotaciones de esta ma\u00f1ana en la playa (anotaciones en las que he dejado en blanco, astutamente, el espacio para este p\u00e1rrafo). Desde luego, pasar\u00edan varias d\u00e9cadas antes de que dicho desarrollo se hallara a disposici\u00f3n de los comunes mortales de este mundo \u2013entre ellos, los traductores\u2013, es decir, hasta que Mengano invent\u00f3 tal cosa y Sultano implement\u00f3 tal otra. Yo mismo, a fines de la d\u00e9cada de los 90, traduje mi primer libro, un relato de viaje de Alexandre Dumas por Espa\u00f1a, la salvaje Espa\u00f1a del siglo XIX, siguiendo el itinerario del escritor y sus amigos \u2013que iban a caballo\u2013 sobre un inmenso Atlas comprado a tal fin, puesto que internet era todav\u00eda un lujo incipiente y lejano para un pobre traductor primerizo; recuerdo que Dumas alteraba los nombres de todos los pueblos, y cuando le dec\u00edan \u201cpesetas\u201d, \u00e9l entend\u00eda <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">piec\u00e8ttes<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: moneditas\u2026 En fin, tenemos internet desde tal y cual a\u00f1o, ya no importa en realidad. Y entonces retomo lo que hab\u00eda escrito en la playa, en el cuaderno que deb\u00ed evitar, con dificultad, que cayese a la arena y se mojara o que el viento lo desmelenara en exceso, mientras, por debajo del cuaderno, con la misma mano izquierda, sosten\u00eda el libro de Harrison tratando de salvarlo de los mismos peligros (y el dedo \u00edndice de esa mano se introduc\u00eda entre las p\u00e1ginas a modo de se\u00f1alador).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Como digo, acabo de consultar esta informaci\u00f3n sobre internet, y lo hice \u2013valga la redundancia\u2013 <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">en internet<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Y entonces me acuerdo de la frase de Bertrand Russel que Borges incluye en su cuento \u201cTl\u00f6n Uqbar Orbis Tertius\u201d: \u201cEl mundo fue creado hace escasos minutos, dotado de una humanidad que recuerda un pasado ilusorio\u2026\u201d (y de muchos idiotas que escuchan m\u00fasica en la playa, a\u00f1ado yo, con cierta amargura posmoderna).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y me digo que esto que acaba de pasarme \u2013que yo deba depender del propio internet para responder a mi pregunta sobre la antig\u00fcedad de internet, como si habit\u00e1ramos una tautolog\u00eda sin escape, una profec\u00eda imb\u00e9cil\u2013 es un triste comentario a nuestra situaci\u00f3n actual; y me pregunto qu\u00e9 dir\u00eda al respecto Marcelo Cohen, con su incre\u00edble claridad para examinar el esp\u00edritu de su tiempo, si ahora mismo yo pudiese entrevistarlo una vez m\u00e1s. Y entonces, despu\u00e9s de quedarme un instante abstra\u00eddo, con la mirada en el horizonte, vuelvo al libro y leo: \u201cUno ni siquiera puede cambiarse a s\u00ed mismo \u2013es M. John Harrison el que habla a trav\u00e9s de la voz del traductor Marcelo Cohen; o es Cohen el que se expresa a trav\u00e9s del diario del escritor suicida creado por Harrison\u2013. Todo experimento en esa direcci\u00f3n no tarda en deteriorarse en luchas amargas y exasperadas. Uno se encarama al muro y ve un pa\u00eds nuevo. \u00a1Bien! \u00a1No volver\u00e1 nunca a ser el de antes! Pero ya mientras se est\u00e1 felicitando se descubre atada a una pierna la cuerda de tarjetas de Navidad, facturas de gas, cartas a\u00e9reas y fotos de familia que nunca le permitir\u00e1n ser otro\u201d.<\/span><sup><span style=\"font-weight: 400;\">2<\/span><\/sup><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><b>IV. En esto nos hemos convertido<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El arrebato verbal de Harrison, con su arbitrariedad po\u00e9tica, ese no saber lo que se quiere decir hasta que las propias palabras se hagan cargo de averiguarlo, casa a la perfecci\u00f3n con la capacidad de Cohen para llevar el control del discurso hasta m\u00e1s all\u00e1 de un l\u00edmite de velocidad en el que los caballos del lenguaje se desbocan, y ah\u00ed, rienda larga y que vayan para donde tengan que ir: en medio del desorden del mundo, soltarle la mano a la ni\u00f1ez cartesiana de la prosa y dejar que se extrav\u00ede hasta que se haga adulta a fuerza de verdades fractales, es decir, de poes\u00eda. Harrison ya es, con solo este cuento, uno de mis autores favoritos; como lo es el propio Cohen, responsable de que yo pueda leer a aquel: no solo porque lo tradujo (yo podr\u00eda, con alg\u00fan esfuerzo, leerlo en el original), sino, sobre todo, porque lo \u201cdescubri\u00f3\u201d para nosotros.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desde que Marcelo Cohen muri\u00f3, pienso, me acompa\u00f1a de una manera extra\u00f1a. Primero redescubr\u00ed uno de sus cuentos, \u201cLa gran cadena de los panaderos\u201d, que unos meses antes hab\u00eda dejado a medio leer sobre mi mesa de luz (como he dicho en otra parte: \u201cel panadero del cuento de Cohen experimenta una de las m\u00e1s prodigiosas aventuras de la sensibilidad que jam\u00e1s he le\u00eddo. No dir\u00e9 revelaci\u00f3n porque nada se le revela, salvo el tumultuoso paso del mundo a trav\u00e9s del ojo de aguja de un instante\u201d); luego, en un fin de semana de b\u00fasqueda febril de \u201cse\u00f1ales\u201d suyas, rele\u00ed <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">M\u00fasica prosaica<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, que habla de traducci\u00f3n, y de literatura, y de la vida, y por qu\u00e9 no, de religi\u00f3n, y sent\u00ed que Cohen se adelantaba en todo a mis propias preocupaciones y que encontraba maneras m\u00e1s sabias, m\u00e1s sanas, m\u00e1s ecu\u00e1nimes de lidiar con ellas; por \u00faltimo, a trav\u00e9s de una de sus traducciones, me recuerda que la perplejidad es ley y que las certezas son la enga\u00f1osa excepci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Imposible, en casi cualquier playa del mundo donde haya otros humanos, o\u00edr el rumor del mar como lo que es: el pulso mismo del mundo. Todo invadido por el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">chingui chingui<\/span><\/i> <i><span style=\"font-weight: 400;\">chingui<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de los altoparlantes cuentapropistas (ya no hacen falta alt\u00edsimos decibeles centralmente controlados por alg\u00fan Big Brother idiotizador: cada energ\u00fameno lava su propio cerebro a voluntad\u2026 mientras enjuaga tambi\u00e9n los cerebros de sus vecinos). Esto, entre otras cosas, es lo que hace imposible que uno encuentre ya un momento extraordinario de epifan\u00eda: toda epifan\u00eda est\u00e1 excluida o se ha vuelto fatigosamente cuesta arriba. Hay que defender con u\u00f1as y dientes el instante, porque pretender defender toda una tarde, o tan solo una hora de silencio, ser\u00eda impensable. Otro instante presente. Otra frase de un gran libro. Otra ola del mar. Nada m\u00e1s, antes de que el sol nos abrase, o el hambre nos llame de vuelta a casa. La guerra nos asalta y nos vence desde adentro. Distra\u00eddos hasta la m\u00e9dula del tiempo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y aparece esta frase del libro (son, otra vez, Harrison y Cohen, mancomunados): \u201cNo deber\u00edamos tener que vivir si no podemos vivir en la vida sin pensar, como los animales\u201d. Y esta otra: \u201cA\u00f1os m\u00e1s tarde\u201d, ley\u00f3 [la que lee es la misma mujer que escrib\u00eda una carta a bordo del tren, y es hermana de un famoso escritor que acaba de morir. Ella ahora est\u00e1 en la casa de su hermano revisando sus papeles in\u00e9ditos. \u201cA\u00f1os m\u00e1s tarde\u201d, en el diario del escritor, significa <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">a\u00f1os despu\u00e9s <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">de una visita que hizo, cuando era un joven soldado ya un tanto c\u00ednico pero poeta, destacado en alg\u00fan lugar de la Europa que iba a ser arrasada por la Segunda Guerra Mundial, a una peque\u00f1a prostituta gitana tanto o m\u00e1s joven que \u00e9l; y antes de arrodillarse \u201csobre m\u00ed en la luz t\u00e9trica para vaciarme con una r\u00e1pida sacudida de pelvis\u201d (p. 37) la muchacha le dijo la suerte; entonces, a\u00f1os m\u00e1s tarde] \u201csolo pude pensar que Birkenau hab\u00eda estado con nosotros en esa pieza. Un camorrero <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Kommando<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de sepultura borracho de gasoil y formalina esperaba ya afuera, como parientes a la puerta de una suite nupcial, cuando ella corri\u00f3 la cortina, esparci\u00f3 las cartas y pensativamente\u2026\u201d (p. 36). Pensativamente, yo me digo \u2013<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">chingui chingui chingui<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u2013: \u00bfen qu\u00e9 nos hemos convertido si, en lugar de las honduras de precipicio sensible a las que me llevan estas frases, es la mera condici\u00f3n de posibilidad de la lectura en s\u00ed misma lo que, en este momento, aqu\u00ed, en esta playa donde trato de leer dos frases seguidas sin que me distraigan la m\u00fasica vana y mis crujidos internos, lo que debo defender y preservar y esforzarme por convertir en un momento \u201cex-tra-or-di-na-rio\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y me pregunto si este ser\u00e1 un buen homenaje al esp\u00edritu del traductor y del amigo a quien debo dos quintas partes de mi lucidez. \u00c9l sabr\u00eda c\u00f3mo lidiar con estas cosas, me digo. \u00c9l sabr\u00eda.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><b>V. Horizontes<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Habl\u00e1bamos en confianza, no solamente porque aquella era la segunda vez que yo lo entrevistaba \u2013y desde la entrevista inicial, a finales de los a\u00f1os 90, nos hab\u00edamos encontrado alguna que otra vez a conversar, sin intimar pero mostr\u00e1ndonos siempre una gran calidez rec\u00edproca\u2013 sino, sobre todo, porque Cohen encarnaba perfectamente su propio ideal de hospitalidad. \u00c9l mismo era en cierto modo el \u201chombre amable\u201d de su libro de 1998 que hab\u00eda motivado nuestro primer encuentro: un hombre que descubre que la amabilidad \u2013a la manera de la no-violencia de un Gandhi o, por qu\u00e9 no, de un Cristo\u2013 puede revolucionar el mundo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hasta hace pocos d\u00edas yo no recordaba cu\u00e1ndo hab\u00eda tenido lugar aquella primera entrevista, ni en qu\u00e9 medio de prensa hab\u00eda sido publicada: todo lo que reten\u00eda de ella era la marca que dejaron en m\u00ed las diversas lecturas de la obra de Cohen que realic\u00e9 a fin de prepararme, durante las semanas previas, para nuestro encuentro; la profunda huella que me hab\u00eda dejado el personaje de su libro, un hombre com\u00fan, s\u00fabitamente despierto, en medio de las penurias de un mundo degradado y violento, a la revelaci\u00f3n de la amabilidad; la estela bienhechora que dej\u00f3 en mi \u00e1nimo la receptividad generosa de mi entrevistado, que llevaba poco tiempo de haberse reinstalado en la Argentina despu\u00e9s de veinte a\u00f1os de vida en Barcelona. Aquel era precisamente el primero de sus libros que hab\u00eda sido escrito \u00edntegramente en Buenos Aires.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hace pocas semanas, cuando Marcelo Cohen muri\u00f3 y poco a poco comenzaron a emerger, aqu\u00ed y all\u00e1, voces que lo recordaban, el Archivo Hist\u00f3rico de Revistas Argentinas (AHIRA) public\u00f3 en las redes sociales una copia facsimilar de aquella vieja entrevista, aparecida el martes 29 de diciembre de 1998 en el suplemento \u201cGrandes L\u00edneas\u201d que dirig\u00eda Mart\u00edn Prieto para el diario <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El ciudadano<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Rosario. <\/span><a href=\"https:\/\/ahira.com.ar\/ejemplares\/grandes-lineas-29-12-1998\/?fbclid=IwAR1UXEgBtcsTv3l9pJCIkjCKMHB9z1hgbdFtVsL-SZkel_P9cAdiUyDESAo\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201c\u00bfC\u00f3mo se hace para salir del kitsch verbal argentino?\u201d<\/span><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">, fue la frase de Cohen que el editor eligi\u00f3 para titular el reportaje. Reportaje que, al igual que el encuentro publicado en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El ansia<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> en octubre de 2013 bajo el t\u00edtulo de \u201cEl mundo es las historias que hacemos\u201d, la fluidez vital de las respuestas de Marcelo Cohen salv\u00f3 de naufragar en la estrechez de mis preguntas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Advierto, al releer ambas entrevistas, que en cierto modo las dos se convirtieron en hitos de mi propia sensibilidad, en un grado que yo mismo no pod\u00eda imaginar cuando las realic\u00e9, ni siquiera cuando salieron de imprenta y las tuve ante m\u00ed con relativa distancia. Como si Marcelo Cohen hubiese ejercido sobre mi propio despliegue intelectual un discreto magisterio que ninguno de los dos busc\u00f3, y que yo mismo, que fui su beneficiario, no hab\u00eda reconocido de manera cabal hasta este momento. Y aunque siempre tuve por \u00e9l un afectuoso y t\u00e1cito reconocimiento, con esa nada solemne consideraci\u00f3n que se consagra a las personas que uno admira y a las que debe agradecer doblemente porque no solo nos brindan su ejemplo o su sabidur\u00eda sino tambi\u00e9n, por a\u00f1adidura, su llana confianza y hasta su amistad, siempre resulta agridulce darse cuenta del alcance de la influencia que una persona ha tenido en nosotros precisamente en el momento en que esa persona muere. Marcelo Cohen ha muerto y esa muerte, que sin embargo podr\u00eda decirse que me tocaba de lejos \u2013no form\u00e9 parte del c\u00edrculo \u00edntimo de sus afectos; no particip\u00e9 de los proyectos que lo tuvieron, en los \u00faltimos a\u00f1os, en el centro de ciertas redes vinculares\u2013, me devast\u00f3. Como me ha pasado con seres queridos mucho m\u00e1s cercanos, no cre\u00eda, no pod\u00eda convencerme, durante los primeros d\u00edas, de que Marcelo no est\u00e1 m\u00e1s. Su presencia, aunque no nos frecuent\u00e1ramos mucho, sobre todo desde que su salud lo hab\u00eda obligado a moderar su trato social, era para m\u00ed una promesa de que habr\u00eda nuevos encuentros, de que yo todav\u00eda podr\u00eda acudir a \u00e9l en busca de un espejo l\u00facido, de que incluso podr\u00eda un d\u00eda volver a entrevistarlo, hacerle la pregunta tonta, ingenua o desinformada que rondara mi cabeza, y que \u00e9l entonces tallar\u00eda con ella un peque\u00f1o diamante despierto, cuyas facetas refulgentes iluminar\u00edan por largo tiempo mis propias ideas sobre la literatura y la vida, mi propia aspiraci\u00f3n a horizontes abiertos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><sup><span style=\"font-weight: 400;\">1<\/span><\/sup><span style=\"font-weight: 400;\"> Cohen fue autor de las novelas <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El pa\u00eds de la dama el\u00e9ctrica<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1984), <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Insomnio<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1985), <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El sitio de Kelany<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1987), <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El o\u00eddo absoluto<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1989), <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El fin de lo mismo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1992), <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El testamento de O\u2019Jaral<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1995), <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Inolvidables veladas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1996), <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Hombres amables<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1998), <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Donde yo no estaba<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2006) <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Balada<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2011), <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Gongue<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2012). Sus <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Relatos reunidos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> se publicaron en 2014. Las cr\u00edticas imaginarias de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La calle de los cines<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, en 2018. Y no olvidemos sus ensayos, como los de ese librito imprescindible: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">M\u00fasica prosaica (cuatro piezas sobre traducci\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">), de 2014. Un corpus literario al que hay que sumar decenas de brillantes traducciones al espa\u00f1ol: Shakespeare, Hawthorne, Raymond Roussel, A. R. Ammons, Machado de Assis, Gene Wolfe, Fernando Pessoa, William Burroughs, M. John Harrison y muchos otros autores cuyo descubrimiento busc\u00f3, por todos los medios, ofrecer a nuestro goce.<\/span><\/h6>\n<h6><sup><span style=\"font-weight: 400;\">2<\/span><\/sup><span style=\"font-weight: 400;\"> Dar\u00e9 aqu\u00ed la referencia bibliogr\u00e1fica en espa\u00f1ol, no solo por si alg\u00fan lector o lectora se dejara cautivar por estas frases lo suficiente para buscar el cuento y leerlo, sino tambi\u00e9n porque soy un traductor considerado y quiero facilitarle la tarea a mi colega \u2013una traductora que conozco bien\u2013 ya que, si las editoras de esta revista biling\u00fce aceptan mi homenaje a Marcelo Cohen a pesar de su exagerada longitud, si no encuentran que es tambi\u00e9n un objeto demasiado raro, la traductora deber\u00e1 buscar, diligentemente, la cita en el original ingl\u00e9s. Aqu\u00ed va entonces lo que yo s\u00e9, querida Frances: M. John Harrison, \u201cPeque\u00f1as reliquias\u201d, en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Preparativos de viaje<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, traducci\u00f3n de Marcelo Cohen, Buenos Aires, editorial Interzona, colecci\u00f3n \u201cL\u00ednea C\u201d, 2004, p. 39. Y va otra peque\u00f1a ayudita: el libro original se llama <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Travel Arrangements<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2000); todo su contenido fue reimpreso en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Things That Never Happen <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(2002). Del mismo libro, recomiendo como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">bonus track<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> este otro cuento incre\u00edble: \u201cCasas negras\u201d \u2013como es de suponer, \u201cBlack houses\u201d\u2013 donde he le\u00eddo el m\u00e1s bello y descomedido intento de captar la inasible esencia del encuentro, ef\u00edmero, entre dos amantes.<\/span><\/h6>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Marcelo Cohen, escritor, traductor y cr\u00edtico argentino, en Barcelona (Alamy Stock Photo).<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. Finales Dos entrevistas punt\u00faan \u2013una de ellas inaugura y la otra, lejos de cerrar, relanza\u2013 mi relaci\u00f3n con Marcelo Cohen: relaci\u00f3n de admiraci\u00f3n, de atenta sorpresa, de gratitud. Tengo muy presente aquella segunda conversaci\u00f3n. Fue en 2013. Las huestes de la revista El ansia, dirigidas por el escritor Jos\u00e9 Mar\u00eda Brindisi, asediaban entonces cari\u00f1osamente [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":22356,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[4167],"tags":[4411],"genre":[],"pretext":[],"section":[],"translator":[2613],"lal_author":[4381],"class_list":["post-22000","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sobre-la-traduccion","tag-numero-25-es","translator-frances-riddle-es","lal_author-ariel-dilon-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22000","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=22000"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22000\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/22356"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=22000"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=22000"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=22000"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=22000"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=22000"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=22000"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=22000"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=22000"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}