{"id":21747,"date":"2023-03-03T13:01:28","date_gmt":"2023-03-03T19:01:28","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=21747"},"modified":"2023-05-21T17:15:45","modified_gmt":"2023-05-21T23:15:45","slug":"el-viajero-y-su-sombra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2023\/03\/el-viajero-y-su-sombra\/","title":{"rendered":"El viajero y su sombra\u00a0"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mi padre hizo un solo gran viaje en su vida, cuando le toc\u00f3 hacer el Servicio Militar en R\u00edo Gallegos, en el extremo sur de la Patagonia. Conoci\u00f3 la nieve y los barcos y cuando volvi\u00f3 al campo que mi abuelo arrendaba en Lincoln, un partido al oeste de la ciudad de Buenos Aires, en el coraz\u00f3n llano de la pampa h\u00fameda, ya apenas si se movi\u00f3. \u00c9l sol\u00eda decir: \u201cA m\u00ed me gusta viajar, pero a la noche quiero dormir en mi cama\u201d. Hombre de a caballo, aprendi\u00f3 a conducir a los cincuenta y un a\u00f1os y nunca superaba los sesenta kil\u00f3metros por hora. Lo mareaba transportarse en \u00f3mnibus, ni hablar en barco y sobre su cad\u00e1ver lo har\u00edan subir a un avi\u00f3n. Por eso nunca entendi\u00f3 mi obsesi\u00f3n por hacer el curso de paracaidismo en el Club Escuela de la ciudad de La Plata. \u00bfQu\u00e9 clase de hijo trastornado decid\u00eda arrojarse al vac\u00edo desde mil metros de altura? Siempre quise ser diferente a mi padre, para que no se notara que \u00e9ramos tan parecidos. Pens\u00e9 que el paracaidismo me dar\u00eda ideas para escribir, pero al cuarto salto comprend\u00ed que lo mejor era continuar el taller literario que hab\u00eda iniciado y suspendido con el escritor Jos\u00e9 \u201cPepe\u201d Murillo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y fue esa elecci\u00f3n de empezar a entender c\u00f3mo se pod\u00eda construir una estructura narrativa lo que termin\u00f3 configurando el mapa de mi vida. Y fue por los libros que publiqu\u00e9 para j\u00f3venes lectores que empec\u00e9 a viajar seguido. Mi primer relato para ni\u00f1os habla del campo de mi infancia, de la mutaci\u00f3n que sufr\u00edan los ranchos habitados cuando se quedaban solos y se convert\u00edan en taperas: casas abandonadas que normalmente habitaba el fantasma de alg\u00fan antiguo residente. Historias de embrujos, de chicos que se aburr\u00edan, que deseaban irse pronto a la ciudad. Porque al principio el viaje de la imaginaci\u00f3n fue corto: volv\u00ed a mi paisaje de infancia. Fue por la acumulaci\u00f3n de lecturas, de otros tiempos, de otras tradiciones, que entend\u00ed un concepto clave: todo nos pertenece. El dominio de un lector es el Universo. Mis viajes imaginarios pod\u00edan llevarme a Londres, en el siglo XIX. A un pueblo de la campi\u00f1a francesa, a lugares inventados; a Tit\u00e1n, cercan\u00edas de Saturno.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un personaje de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El extranjero misterioso<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, un relato de Mark Twain, se llamaba a s\u00ed mismo el Viajero. Viv\u00eda en una aldea medieval, en el centro de Austria, y una vez en toda su vida hab\u00eda visitado Viena. Con la perspectiva del paso del tiempo, la fanfarroner\u00eda del \u201cviajero\u201d nos provoca ternura, pero me hizo pensar en cuando viajar era ir al pueblo de al lado. Ahora estamos en una bulimia viajera, en la era del turismo global, nada alcanza: recorremos el mundo y de pronto, si nos sorprende una pandemia, nos damos cuenta qu\u00e9 lejos estamos de casa. Las distancias son las mismas, los medios de transporte hacen magia: volamos enfundados en exoesqueletos de acero sobre los oc\u00e9anos. Ni qu\u00e9 decir de los millonarios que viajan al espacio y que dentro de algunos siglos provocar\u00e1n la misma ternura del personaje de Mark Twain. Fanfarrones con dinero, que pagaron bien caro sus minutos en el espacio.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El mundo se abre, pero puede cerrarse a su antojo. Los pa\u00edses intercambian pasajeros hasta que algo patea el tablero y todos a casa, con suerte o, acaso, un tiempo varados en aeropuertos fr\u00edos. Una guerra, un virus. Tengo una noticia: hay un mundo que nunca se cierra. Un mundo que contiene todas las variaciones posibles de mundos. Ya saben de qu\u00e9 hablo. Los libros, nuestra m\u00e1quina del tiempo, el lugar donde hablamos con los muertos y nos hacemos \u00edntimos de Kafka. O de Roald Dahl, Balzac, Tolstoi.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mi primer taller literario fue en la casa del escritor Jos\u00e9 \u201cPepe\u201d Murillo en los tempranos ochenta. Era un escritor reconocido y premiado, especialmente en el g\u00e9nero infantil y juvenil. Le\u00edamos cuentos de Borges; o los poemas de Elvio Romero, el gran poeta de Paraguay. Me impresionaba mucho estar ante un escritor, pero eso no me imped\u00eda teclear en la m\u00e1quina de escribir textos destinados al olvido, pero que conforman el ejercicio imprescindible de todo aprendiz. Nadie nace sabiendo. Yo sent\u00eda, con inalterable convicci\u00f3n, que en mi futuro estaba la construcci\u00f3n de maquinarias narrativas. Era imposible no ser escritor y parec\u00eda imposible llegar a serlo. Pero no ten\u00eda un plan B. Hab\u00eda que insistir.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En 1990 publiqu\u00e9 un libro compuesto por una treintena de cuentos breves. El m\u00e1s largo y que titul\u00f3 al conjunto, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">No temas cuando la visita te salude,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> era, sin que yo lo supiera, un texto para ni\u00f1os. A\u00f1os despu\u00e9s, empec\u00e9 a publicar cuentos en revistas como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Billiken <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">o <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La Naci\u00f3n de los Chicos.<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> Las editoriales tradicionales armaban colecciones espec\u00edficas, a la vez que surg\u00edan otras solo dedicadas al p\u00fablico infantil y juvenil. Una voz nueva, aut\u00e9ntica, surgi\u00f3 en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Ganas de tener miedo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1998), mi primer relato para j\u00f3venes lectores. Como si hubiera dejado de lado una tradici\u00f3n que me aplastaba, una falsa idea de lo que era ser escritor, algo que parec\u00eda venir por fuera de m\u00ed y no de lo que yo era. La alegr\u00eda de la aventura, de la imaginaci\u00f3n, aplicada a mi memoria personal, y a las lecturas acumuladas. Aprend\u00ed los mecanismos que nos llevan a poner esas im\u00e1genes en palabras, como un pintor usa su paleta de colores.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando mi vida como escritor se encarril\u00f3, empezaron a llegar invitaciones. Para ferias, para escuelas de peque\u00f1as localidades, apoyadas por el municipio o alguna fundaci\u00f3n. Editoriales que se pon\u00edan en gastos y me llevaban de una ciudad a otra. Una de ellas me invit\u00f3 a Asunci\u00f3n, mi primer viaje internacional. Poco a poco, empec\u00e9 a notar el privilegio de mi humilde oficio, conoc\u00ed todas las provincias de la territorialmente inmensa Argentina. De Misiones, Formosa y Jujuy en un extremo, hasta Ushuaia. Decenas de ciudades, pueblos, y algunas escuelas rurales. De un hotel cinco estrellas en Mar del Plata, con vista a una playa invernal; a un trist\u00edsimo albergue junto a la ruta, en las afueras de un pueblo, que las parejas usaban como refugio amoroso. En general, dignos hospedajes.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un escritor viaja despu\u00e9s del libro. Viaja despu\u00e9s de que los lectores lo conocieron por esas historias. Entonces sobreviene un inter\u00e9s genuino y la expectativa ante la futura visita.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La mayor\u00eda de mis narraciones han nacido de viajes, con una fuerza irresistible. Las nuevas impresiones, el paisaje diferente, el acento de los lugare\u00f1os, ese est\u00edmulo de un ambiente desconocido y tambi\u00e9n familiar, porque los libros son el santo y se\u00f1a de la logia universal de los lectores. Las ideas y los viajes se llevan de maravillas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En Huanguel\u00e9n me cuentan una historia fant\u00e1stica y un a\u00f1o despu\u00e9s escribo una novela.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En Santiago del Estero, en una tarde t\u00f3rrida, me llevan a conocer lugares emblem\u00e1ticos. Poco despu\u00e9s escribo una novela.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Llego a La Rioja a las dos de la madrugada. La terminal de \u00f3mnibus est\u00e1 afantasmada por la niebla. En torno a m\u00ed el silencio, las sombras. El taxista que me lleva al hotel me aclara que no es niebla, es polvo. Se r\u00ede de mi sugesti\u00f3n y me aclara: \u201cEsto no es Londres\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Una profesora de Lengua me espera en una parada sobre la ruta, en Tanti, provincia de C\u00f3rdoba. Vamos a su casa, situada en un m\u00e1gico bosque serrano, donde el agua transparente baja desde las cumbres. Agua fr\u00eda, piedras coloridas: mica, feldespato, cuarzo. Cuida una casa que perteneci\u00f3 a un sant\u00f3n: nace otra historia.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y los chicos y chicas que preguntan: Al escribir, \u00bfeleg\u00eds las palabras?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfPara qu\u00e9 deber\u00edamos leer los libros si lo que cuentan son cosas que no sucedieron?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfEn qu\u00e9 lugar de la casa escrib\u00eds? \u00bfC\u00f3mo se te ocurren los cuentos? \u00bfTu familia te apoy\u00f3? \u00bfHasta cu\u00e1ndo vas a escribir? \u00bfLas cosas que cont\u00e1s te pasaron de verdad? \u00bfAlguna vez viste un fantasma? \u00bfC\u00f3mo te llam\u00e1s?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando un chico en su ingenuidad me pregunt\u00f3 si yo so\u00f1aba con ganar el Premio Nobel, no respond\u00ed con cinismo. Simplemente le dije, por respeto a su inocencia, que yo so\u00f1aba los sue\u00f1os que no depend\u00edan de otros para realizarse. Pero como todo no va de premios, un chico, en el patio del colegio, me dijo:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00a1Autor! \u00bfMe podr\u00edas atar los cordones?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y s\u00ed, le at\u00e9 los cordones.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Antes o despu\u00e9s les contar\u00e9 por qu\u00e9 me gusta leer, por qu\u00e9 escribo y c\u00f3mo esas dos acciones, leer, escribir, producen una alquimia ilimitada en el devenir de los d\u00edas. Y as\u00ed c\u00f3mo no podemos ver el movimiento de la planta mientras crece; sin embargo, la planta crece.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un pedazo de tirante \u2014convertido en escultura\u2014 de la vieja estaci\u00f3n de ferrocarril de Alejo Ledesma, en la provincia de C\u00f3rdoba. El fragmento de un meteorito recogido del Campo del Cielo, en los l\u00edmites del Chaco y Santiago del Estero. Un cuadro que pint\u00f3 Gabriel Jes\u00fas D\u00edaz, un joven pintor de Uqu\u00eda, en Jujuy, un pueblo enclavado en la Quebrada de Humahuaca. Cartas. Una bandeja para desayunar.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al rev\u00e9s de mi padre, me convert\u00ed finalmente en un escritor viajero y aunque me encanta dormir en mi cama, tambi\u00e9n me gusta extra\u00f1arla. La demasiada placidez atenta contra la inspiraci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Quino Al, Unsplash.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi padre hizo un solo gran viaje en su vida, cuando le toc\u00f3 hacer el Servicio Militar en R\u00edo Gallegos, en el extremo sur de la Patagonia. 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