{"id":21584,"date":"2023-03-07T13:03:36","date_gmt":"2023-03-07T19:03:36","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=21584"},"modified":"2024-05-16T08:49:37","modified_gmt":"2024-05-16T14:49:37","slug":"el-lago-plateado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2023\/03\/el-lago-plateado\/","title":{"rendered":"El lago plateado"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las caminatas para encontrar agua potable se hac\u00edan cada a\u00f1o m\u00e1s y m\u00e1s largas, pues las compa\u00f1\u00edas petroleras hab\u00edan convertido los r\u00edos del Delta en pantanos espesos y aceitosos. Muchos j\u00f3venes hab\u00edan comenzado a sufrir enfermedades que ni los brujos pod\u00edan diagnosticar. Ingwa Mgbuto, sin embargo, manten\u00eda su t\u00edpica sonrisa abierta y contagiosa, repleta de dientes grandes y blancos como una palmera de marfil.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A pesar de su buena disposici\u00f3n, Ingwa parec\u00eda destinado a la soledad. Hab\u00eda quedado hu\u00e9rfano a los cinco a\u00f1os y desde entonces fue criado por la esposa m\u00e1s joven de Agbalfune, que as\u00ed se llamaba el antiguo amigo de su padre. Y una vez m\u00e1s volvi\u00f3 a quedarse solo cuando Agbalfune tuvo que emigrar hacia Umouko donde, seg\u00fan dec\u00edan, encontr\u00f3 trabajo en una plantaci\u00f3n de camotes. A los diecis\u00e9is a\u00f1os, Ingwa participaba de los entrenamientos y las operaciones de las guerrillas, y como se encontraba sudando los \u00faltimos coletazos de una fiebre, pudo quedarse en una base secreta camuflada en el mercado de la ciudad. Desde un principio se encontr\u00f3 a gusto, pues si bien no ten\u00edan all\u00ed ni un ba\u00f1o, s\u00ed contaban con una computadora conectada a internet. Ingwa se pasaba los d\u00edas frente a la pantalla, y desde que encontr\u00f3 <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Google Earth<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, comenz\u00f3 a pasar all\u00ed tambi\u00e9n las noches. Le parec\u00eda incre\u00edble poder recorrer el mundo con s\u00f3lo apretar unas teclas. Sin esfuerzo alguno, ascend\u00eda y descend\u00eda las cordilleras de Marruecos, transitaba las galer\u00edas de la Muralla China, remontaba los brazos del Amazonas, sobrevolaba el desierto del Sahara, o recorr\u00eda, a vuelo de p\u00e1jaro, antiguas callecitas peruanas. Ingwa sab\u00eda que aquellos paisajes eran im\u00e1genes captadas por sat\u00e9lites y, sin embargo, despu\u00e9s de pasar horas frente a la pantalla, llegaba a fantasear que era \u00e9l mismo quien orbitaba en torno al planeta, como si lo espiara en secreto.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un d\u00eda, Ingwa baj\u00f3 por la costa del Pac\u00edfico hasta el sur de California, y volteando hacia un gran valle, avanz\u00f3 por sobre los techos de casas con piscina y sobre \u00e1rboles de copas frondosas: fue entonces que descubri\u00f3 el lago. Instant\u00e1neamente se sinti\u00f3 atra\u00eddo por aquellas aguas cristalinas rodeadas de laderas f\u00e9rtiles y casas pintorescas. El lago se llamaba <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Silver Lake,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y apenas ley\u00f3 ese nombre, su imaginaci\u00f3n fue incitada a tal punto que crey\u00f3 haber descubierto un espejismo hecho realidad. Ingwa no se hubiera podido imaginar un nombre m\u00e1s paradis\u00edaco: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">el lago plateado en el estado dorado<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Dedic\u00f3 varios d\u00edas a observarlo. Lo que hab\u00eda comenzado como un entretenimiento se transform\u00f3 en una obstinada ceremonia. Hac\u00eda girar la perspectiva, se acercaba hasta que las ondas de la superficie se descompon\u00edan en fragmentos digitales y se alejaba hasta que el lago desaparec\u00eda en medio de un vasto territorio monta\u00f1oso, ensayaba diferentes \u00e1ngulos y distancias, y cada vez lo imaginaba como fuente de nuevos e impredecibles poderes m\u00e1gicos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ingwa super\u00f3 la fiebre aunque le naci\u00f3 un sarpullido virulento en los brazos y las piernas. En todo caso, cuando sali\u00f3 finalmente del refugio, ya hab\u00eda tomado la decisi\u00f3n: sin importar los miles de kil\u00f3metros que se extendieran entre Nigeria y California, llegar\u00eda hasta el lago plateado; y sin m\u00e1s pre\u00e1mbulos que los mismos pasos que lo condujeron hacia el exterior del mercado, comenz\u00f3 el viaje. Camin\u00f3 a trav\u00e9s de la ciudad, ajeno al caos del tr\u00e1nsito, hasta que las calles se transformaron en senderos de barro y luego en una extensa llanura fangosa. Avanz\u00f3 entre las casillas deshechas que anunciaban el r\u00edo, y bordeando la margen izquierda recorri\u00f3 a pie el largo trayecto hacia Ewokiri. Cuando lleg\u00f3 ya era de noche. El r\u00edo estaba iluminado por las antorchas de las petroleras. El fuego crepitaba entre resoplidos descomunales que adem\u00e1s impregnaban el aire con el olor acre del metano. Desde una distancia imprecisa la humedad tra\u00eda el retumbar de unos tambores. Ingwa observ\u00f3 el r\u00edo, encendido por los reflejos de las llamas, y se dej\u00f3 seducir por las sensuales vetas iridiscentes que reptaban sobre la superficie aceitosa. En la orilla, sobre un mont\u00edculo de barro, reconoci\u00f3 los vestigios de un antiguo altar. Se trataba de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">owu iyingi<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Ingwa no llevaba consigo una nuez de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">kola<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> o vino de palma como para ofrendarle. Rebusc\u00f3 en sus bolsillos y lo \u00fanico que pudo encontrar fue una tapa de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Coca Cola<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> que hab\u00eda guardado creyendo que tra\u00eda premio. Dej\u00f3 la tapa sobre el altar esperando que la diosa supiera apreciar el gesto a pesar de todo y bendecir a cambio su incipiente traves\u00eda.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ingwa continu\u00f3 su camino. A medida que se adentraba en el manglar, se disipaba el resplandor de los fuegos y el golpe de los tambores. Crec\u00eda en cambio la oscuridad y el grito de los insectos. En un codo remoto del arroyo y haciendo equilibrio sobre unas ra\u00edces, subi\u00f3 a bordo de una barcaza. La hab\u00edan cargado clandestinamente cerca de una plataforma de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Shell<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Ingwa contaba con que el barco pirata, a quien vender\u00edan el crudo, lo llevar\u00eda hacia Estados Unidos. Se calz\u00f3 un pasamonta\u00f1as y se qued\u00f3 dormido sobre la cubierta. Cuando despert\u00f3, ya hab\u00eda comenzado a clarear y la comba del Delta se ve\u00eda como una mancha de vegetaci\u00f3n en el horizonte. Reci\u00e9n entonces, Ingwa sinti\u00f3 que el viaje hab\u00eda comenzado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El buque los esperaba a unos cien kil\u00f3metros al oeste de Cabo Verde. Era una nave construida en Hamburgo, pero con bandera portuguesa y perteneciente a una compa\u00f1\u00eda de armenios. Cuando Ingwa se enter\u00f3 que, de hecho, la nave viajaba con destino a Texas, hizo lo imposible para sumarse a la tripulaci\u00f3n. Tarde se dio cuenta, sin embargo, que vivir\u00eda en ese barco los peores d\u00edas de su vida. Lo golpeaban por gusto y a veces hasta por aburrimiento y lo \u00fanico que alcanzaba a ingerir era el agua sucia con que le hac\u00edan limpiar la cubierta. Pasaba las noches casi muerto de hambre en el camaranch\u00f3n m\u00e1s oscuro de la bodega, rasc\u00e1ndose las erupciones que se le hab\u00edan abierto como llagas vivas. En el vac\u00edo de aquella oscuridad pensaba en los ancestros que nunca tuvo, en los h\u00e9roes que nunca conoci\u00f3 y en los dioses a quienes s\u00f3lo cantaba por costumbre, pero a quienes, de repente, se descubri\u00f3 invocando entre lamentos silenciosos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando el buque cal\u00f3 en el puerto, Ingwa estaba vivo y lo suficientemente l\u00facido como para escaparse antes de que los armenios comenzaran a buscarlo. Camin\u00f3 como pudo entre las gr\u00faas y los contenedores, hacia una avenida que desembocaba en la ciudad. Se encontraba en Texas City, y pas\u00f3 all\u00ed una noche reparadora junto a un vagabundo que le ofreci\u00f3 las sobras de un plato de comida china. A la ma\u00f1ana siguiente comenz\u00f3 su caminata hacia Houston donde tom\u00f3 el tren a Los \u00c1ngeles. Descalzo, lastimado, sucio y con las ropas revelando las p\u00fastulas abiertas sobre su piel, Ingwa pasaba completamente desapercibido, nadie se le acercaba ni para ayudarlo ni para castigarlo. As\u00ed atraves\u00f3 varias estaciones: San Antonio, Del R\u00edo, Alpine, hasta que un guardia, confundi\u00e9ndolo con un pordiosero sin destino, lo hizo bajar en El Paso. Ingwa simplemente esper\u00f3, se subi\u00f3 al siguiente tren y contin\u00fao el viaje. Eran las cinco y media de la tarde cuando lleg\u00f3 a la Estaci\u00f3n Central de Los \u00c1ngeles. Se deshizo del imponente edificio como si se sacara un peso de encima y camin\u00f3 hacia el norte listo para ser bienvenido por un paisaje de belleza abrumadora. Los embotellamientos masivos, los edificios y las calles en construcci\u00f3n, contradec\u00edan, sin embargo, esa expectativa. Una flecha indicaba el camino hacia Silver Lake. Ingwa anduvo veinte minutos en ese sentido sin encontrar nada. Por fin, una mujer pas\u00f3 corriendo con un perro y escuchando m\u00fasica por los aud\u00edfonos. Ingwa la par\u00f3 con un gesto. La mujer se detuvo, pero comenz\u00f3 a correr en el lugar. Sin quitarse los aud\u00edfonos observaba a Ingwa como esperando la pregunta. Ingwa estaba mareado. Todo se mov\u00eda tanto a su alrededor que el mundo le pareci\u00f3 un inmenso garabato:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Silver Lake? \u2014pregunt\u00f3.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Esto es Silver Lake.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00bfEl lago? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el lago?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00bfCu\u00e1l lago?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014El lago Silver Lake.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Ah, el lago\u2026 Ah\u00ed, del otro lado de esa calle que sube \u2014con el brazo todav\u00eda extendido, la mujer dej\u00f3 de saltar en el lugar y se alej\u00f3 con el perro.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ingwa tom\u00f3 por esa calle, lleg\u00f3 a la cima y desde all\u00ed lo vio. Comenz\u00f3 a correr como para zambullirse, pero vacil\u00f3 por un momento. El lago estaba rodeado por dos vallas de seguridad rematadas con alambres de p\u00faa. Incr\u00e9dulo, lo recorri\u00f3 unos metros, mirando el agua a trav\u00e9s del alambrado hasta que, sobre el tejido de la valla, descubri\u00f3 el cartel:\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b>PROPIEDAD DEL<br \/>\n<\/b><b>DEPARTAMENTO DE AGUA Y ENERG\u00cdA DE LOS \u00c1NGELES.<br \/>\n<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><b>NO TRASPASAR<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b>\u00a0\u00a0El reservorio Silver Lake constituye parte del abastecimiento de agua de la ciudad de Los \u00c1ngeles.<br \/>\nHa recibido su nombre en honor a Herman Silver, primer presidente de la Junta de Comisionados de Aguas Municipales de esta ciudad.\u00a0<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ingwa tuvo que aceptar que aquello no era un lago sino un reservorio, que el nombre no lo ten\u00eda por el color sino por alg\u00fan oficial corrupto, y que aquel azul profundo, casi esmeralda, que lo hab\u00eda cautivado en la pantalla de la computadora, era s\u00f3lo el reflejo del cielo. Vista desde all\u00ed el agua adquir\u00eda un color terroso cubierto de un polvillo ceniciento. De todas maneras, Ingwa trep\u00f3 el vallado y salt\u00f3 hacia el otro lado. En la acrobacia se cort\u00f3 un muslo, pero no lo sinti\u00f3. El reservorio estaba rodeado por una empalizada de cemento con grandes fisuras reparadas en alquitr\u00e1n. Ingwa baj\u00f3 por all\u00ed, se quit\u00f3 los restos de ropas que ya ni lo cubr\u00edan y desnudo se introdujo en el agua.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El sol estaba bajando y la atm\u00f3sfera cargada de la gran ciudad hab\u00eda impreso en el cielo unas tonalidades magentas y anaranjadas, te\u00f1idas de vetas casi fosforescentes. En el momento en que se sumergi\u00f3 se le fue el cansancio, el dolor de los huesos y el ardor abismal de las erupciones. El corte en la pierna liberaba peque\u00f1as volutas de sangre que se disolv\u00edan en el agua. Ingwa se sent\u00eda bien. Abri\u00f3 los brazos, las piernas, llen\u00f3 los pulmones de aire y haciendo la plancha se dej\u00f3 arrastrar por la corriente que se desplazaba hacia el sur. Mir\u00f3 hacia el cielo y sonri\u00f3 exageradamente, exhibiendo esa fila impecable de dientes grandes y blancos: sab\u00eda que alg\u00fan sat\u00e9lite lo estar\u00eda fotografiando.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Este cuento pertenece a la colecci\u00f3n titulada <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La burocracia mandarina<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Pablo Baler, publicado inicialmente en Brasil en 2013 y luego, para el d\u00e9cimo aniversario de su publicaci\u00f3n, en Argentina por Ediciones del Camino.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Palmera en Los \u00c1ngeles, California, por Martin Bobb-Semple, Unsplash.<\/span><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las caminatas para encontrar agua potable se hac\u00edan cada a\u00f1o m\u00e1s y m\u00e1s largas, pues las compa\u00f1\u00edas petroleras hab\u00edan convertido los r\u00edos del Delta en pantanos espesos y aceitosos. 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