{"id":21567,"date":"2023-03-06T13:01:33","date_gmt":"2023-03-06T19:01:33","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=21567"},"modified":"2023-05-21T17:17:51","modified_gmt":"2023-05-21T23:17:51","slug":"la-tierra-baldia-cumple-cien-anos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2023\/03\/la-tierra-baldia-cumple-cien-anos\/","title":{"rendered":"La tierra bald\u00eda cumple cien a\u00f1os"},"content":{"rendered":"<p><b>Celebraci\u00f3n de un poema emblem\u00e1tico<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cAbril es el mes m\u00e1s cruel, engendrando \/ Lilas de la tierra muerta, mezclando \/ Memoria y deseo, removiendo \/ P\u00e1lidas ra\u00edces con lluvia de primavera\u201d<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">1<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">. Cualquier lector m\u00e1s o menos enterado de los avatares de la poes\u00eda occidental moderna reconocer\u00e1 esos versos y sabr\u00e1 que pertenecen al comienzo de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The Waste Land<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">), el c\u00e9lebre poema de Thomas Stearns Eliot (1888-1965), publicado hace exactamente cien a\u00f1os, en diciembre de 1922. Tan emblem\u00e1ticas son sus l\u00edneas iniciales, tan reconocibles sus im\u00e1genes, que el poema casi no necesita presentaci\u00f3n. Se trata, en efecto, de un verdadero cl\u00e1sico contempor\u00e1neo. Nacido en Saint Louis (Missouri), Estados Unidos, pero descendiente de una de las m\u00e1s importantes familias de Boston (los llamados \u201cbrahmines\u201d), T. S. Eliot es considerado uno de los poetas m\u00e1s importantes, si es que no el m\u00e1s importante, en lengua inglesa del siglo XX. Esa primac\u00eda se ha extendido hasta el XXI, y ahora que se celebran los cien a\u00f1os de su poema m\u00e1s c\u00e9lebre, el renovado inter\u00e9s por esa obra en particular y por la labor literaria de Eliot en general ha producido en el mundo anglosaj\u00f3n una ola de nuevos comentarios cr\u00edticos, biograf\u00edas del escritor, documentales para la televisi\u00f3n y cuidadas ediciones de sus poemas, adem\u00e1s de la monumental edici\u00f3n anotada de toda su prosa cr\u00edtica en ocho vol\u00famenes, as\u00ed como la de su espistolario completo, hasta ahora en nueve tomos. Adem\u00e1s, se han reeditado, ahora a todo color, los folios del manuscrito del poema con las correcciones de Ezra Pound y los comentarios de Vivienne Haigh-Wood, primera esposa de Eliot. Incluso, la editorial Faber &amp; Faber de Londres (de la que Eliot fue su director m\u00e1s famoso) lanz\u00f3 una aplicaci\u00f3n disponible para iPhone y iPad sobre el poema con detallados comentarios textuales y filol\u00f3gicos a manos de especialistas, reproducciones del manuscrito y videos con entrevistas a poetas como Seamus Heaney y estudiosos como Craig Raine y Jeanette Winterson, adem\u00e1s de lecturas del poema a manos del mismo Eliot, del poeta Ted Hughes y de los actores Alec Guiness, Jeremy Irons y Viggo Mortensen, entre otros. No debiera extra\u00f1arnos esa profusi\u00f3n erudita y comercial: desde que <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> apareci\u00f3 la cr\u00edtica se ha dedicado a desmontar sus mecanismos, a interpretar sus versos en detalle, esclareciendo cada alusi\u00f3n erudita o biogr\u00e1fica, leyendo en ellos ciertas claves vitales de su autor con tal de encontrar la fuente de su creatividad y de su visi\u00f3n pesimista del mundo; tambi\u00e9n se ha querido indagar, a mi juicio exageradamente, sobre ciertos aspectos de la vida \u00edntima de Eliot que se supone el poema revela, ya sean episodios oscuros de su vida sexual, o su depresi\u00f3n, o el estrepitoso fracaso de su primer matrimonio, algo curioso, por lo dem\u00e1s, si pensamos que su autor abog\u00f3 famosamente por la impersonalidad en la poes\u00eda. No es arriesgado afirmar que <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> no es solo un poema emblem\u00e1tico de la vanguardia en lengua inglesa: es ante todo un \u00edcono, un t\u00f3tem, un monumento literario que cifra y condensa en sus cuatrocientos treinta y tres versos aspectos determinantes de la vida moderna, especialmente los relativos al momento en que fue escrito.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>\u201cUn mont\u00f3n de im\u00e1genes rotas\u201d<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A pesar de todas las interpretaciones, de las investigaciones detalladas hasta lo exhaustivo de querer determinar el tipo de papel en que Eliot escribi\u00f3 el poema y las m\u00e1quinas de escribir que utiliz\u00f3 para transcribirlo, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> sigue siendo un enigma, \u201cun obelisco cubierto de signos, invulnerable ante los vaivenes del gusto y las vicisitudes del tiempo\u201d, como dijo certeramente Octavio Paz. La mejor prueba de la perdurabilidad del poema es que todav\u00eda, a pesar de las sobreinterpretaciones, conserva su novedad y su frescura, y sorprende por igual tanto a quienes lo leen por primera vez como a quienes vuelven sobre sus versos. \u00bfC\u00f3mo se explica esto? Por supuesto que, para un poema tan complejo, las razones son muchas y var\u00edan seg\u00fan los gustos de quien lo lee. Aventuro aqu\u00ed mis respuestas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En primer lugar, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> parece haber captado muy bien el esp\u00edritu de la Europa de la primera posguerra, que se encontraba entre el pesimismo absoluto producto de su destrucci\u00f3n (\u201c\u00bfQu\u00e9 son estas ra\u00edces que se aferran, qu\u00e9 ramas brotan \/ De esta basura pedregosa? Hijo de hombre, \/ No lo puedes decir, o suponer, ya que conoces s\u00f3lo \/ Un mont\u00f3n de im\u00e1genes rotas\u201d, dice el poema)\u00a0 y el desenfrenado hedonismo de la d\u00e9cada del veinte, conocida como \u201clos a\u00f1os locos\u201d (\u201cOh Oh Oh Oh ese rag shakespereano<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u23af<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> \/ Es tan elegante \/ Tan inteligente\u201d); en segundo lugar, el poema posee un equilibrio entre la alta cultura y la cultura popular digno de los mejores momentos de Chaucer o de William Shakespeare; en tercer lugar tenemos la curiosa construcci\u00f3n del poema, su complejo edificio hecho de varias voces yuxtapuestas, que sigue el modelo de Jules Laforgue y, en especial, el de Apollinaire. Pero por sobre todas las cosas es el tono novedoso de Eliot el que ha intrigado desde siempre a los lectores, ese timbre entre coloquial y dem\u00f3tico tan poco com\u00fan en la poes\u00eda en lengua inglesa de la \u00e9poca, que todav\u00eda se encontraba procesando los logros m\u00e1s sublimes del romanticismo. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> fue la magistral culminaci\u00f3n de un proceso de desacralizaci\u00f3n de la poes\u00eda, que termin\u00f3 por darle forma definitiva a la vanguardia en lengua inglesa, conocida en ese idioma como \u201cModernism\u201d. Por \u00faltimo, un dato nada menor que ha contribuido grandemente a su mitolog\u00eda: las enmiendas al manuscrito que realizara su compatriota y colega Ezra Pound, expatriado tambi\u00e9n en Europa, cuando Eliot le entreg\u00f3 el ca\u00f3tico producto de sus noches de insomnio. Esos folios, perdidos por largo tiempo y rescatados del olvido en 1971, revelaron que el poema era al menos dos veces m\u00e1s extenso que el que finalmente se public\u00f3. Pound, \u00e9l mismo uno de los grandes poetas del siglo XX, quien, por lo dem\u00e1s promovi\u00f3 incansablemente otra obra fundamental de la vanguardia en lengua inglesa aparecida en 1922 (la novela <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Ulises<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de James Joyce) tuvo la inteligencia para reconocer lo mejor de ese verdadero diamante en bruto que ten\u00eda ante sus ojos y transformarlo en la obra maestra que finalmente vio la luz. Eliot, por su parte, tuvo la sabia confianza para aceptar lo que Pound le sugiri\u00f3. La primera esposa de Eliot, Vivienne Haigh-Wood, tambi\u00e9n hizo sugerencias y coment\u00f3 el manuscrito con pericia y autoridad; por ese motivo podemos decir tambi\u00e9n que el poema m\u00e1s significativo en lengua inglesa del siglo XX es, para utilizar el conocido t\u00e9rmino de Freud (y vaya que ha habido lecturas freudianas de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">) una verdadera <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">novela familiar<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, algo que mucho le agrega a su atractivo.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Fragmentos apuntalados contra las ruinas<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Si pensamos en la novedad radical de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, es f\u00e1cil caer en la tentaci\u00f3n de pensar que apareci\u00f3 en el firmamento po\u00e9tico occidental como un luminoso cometa que alter\u00f3 todo a su paso; que el joven de 34 a\u00f1os que era su autor perge\u00f1\u00f3 semejante obra en una especie de \u201c\u00e9ter\u201d, como hubiera dicho Hegel, en donde engendr\u00f3 sus palabras sin la intervenci\u00f3n de ninguna fuerza contingente. Pero la historia de la literatura nos ense\u00f1a que incluso las obras m\u00e1s singulares no nacen en el vac\u00edo. Aparte de las influencias que sobre Eliot ejercieron las lecturas de Tristan Corbi\u00e8re, Jules Laforgue y Guillaume Apollinaire, entre muchos otros, y adem\u00e1s de la erudici\u00f3n y la vasta cultura que siempre tuvo, \u00e9l mismo hab\u00eda allanado el camino para su obra maestra desde que public\u00f3 su primer libro de poemas, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Prufrock y otras observaciones<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1917). \u00bfQu\u00e9 pensar, por ejemplo, de poemas como \u201cLa canci\u00f3n de amor de J. Alfred Prufrock\u201d? Su comienzo, tambi\u00e9n emblem\u00e1tico, tiene que haber sido muy extra\u00f1o para los lectores de la \u00e9poca: \u201cVamos entonces, t\u00fa y yo, \/ Cuando el atardecer se extiende contra el cielo \/ Como un paciente anestesiado sobre una mesa\u201d<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">2<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">. En vez de describir un atardecer en t\u00e9rminos \u201cpo\u00e9ticos\u201d, Eliot rompe con el clich\u00e9 y lo compara con un paciente de hospital. Lo mismo sucede en \u201cPreludios\u201d, otro poema de esa colecci\u00f3n: \u201cEl anochecer de invierno se asienta \/ con olor a bistec en los pasillos. \/ Seis en punto. \/ Las colillas quemadas de d\u00edas humeantes\u201d, en donde desaparecen los esperables atardeceres melanc\u00f3licos lluviosos o nevados. Por \u00faltimo, estos versos de \u201cGerontion\u201d, pertenecientes a <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Poemas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1920), el segundo libro de Eliot, que parecen adelantar la visi\u00f3n pesimista de la historia que prevalecer\u00e1 en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: \u201cPiensa ahora, \/ La historia tiene muchos pasadizos enga\u00f1osos, pasillos artificiosos \/ Y se escapa, embauca con ambiciones cuchicheantes \/ Nos conduce a vanidades\u201d. Ya se escuchaban por entonces los ecos de la desolada voz del gran poema que Eliot publicar\u00eda apenas dos a\u00f1os despu\u00e9s: \u201cLa horrible audacia de la rendici\u00f3n de un momento \/ Que toda una edad de prudencia nunca puede revocar \/ Por esto, y s\u00f3lo por esto, hemos existido \/ Lo que no aparecer\u00e1 en nuestros obituarios \/ O en memorias cubiertas por la caritativa ara\u00f1a \/ O bajo sellos rotos por el delgado procurador \/ En nuestros cuartos vac\u00edos\u201d. Podemos ver de esta manera que Eliot fue, desde sus comienzos po\u00e9ticos, lo que Harold Bloom llam\u00f3 \u201cpoeta fuerte\u201d que impuso su lenguaje, dejando una marca indeleble en la tradici\u00f3n que le dio origen.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Despu\u00e9s de sus estudios de pregrado y de doctorado en la Universidad de Harvard, Eliot se traslad\u00f3 definitivamente a Inglaterra en 1914, aunque sin perder contacto con su pa\u00eds de origen y su cultura literaria. Con el tiempo alcanz\u00f3 la fama universal, convirti\u00e9ndose en el intelectual p\u00fablico m\u00e1s importante de su \u00e9poca. Todo ello culmin\u00f3 con la obtenci\u00f3n del Premio Nobel de Literatura en 1948. El fuerte v\u00ednculo que sinti\u00f3 con sus antepasados brit\u00e1nicos lo llev\u00f3 a adoptar la nacionalidad inglesa y, de modo repentino, la fe anglicana. Hay algo de nostalgia reaccionaria en esas adhesiones, en el querer, como intent\u00f3 hacerlo, volver a la fe de Roma v\u00eda la iglesia de Inglaterra, aunque nunca concret\u00f3 lo que \u00e9l ve\u00eda como una natural adopci\u00f3n del catolicismo. Tal como Ezra Pound, que quiso encontrar cierta unidad perdida en la poes\u00eda provenzal del siglo XII o en la literatura y la filosof\u00eda de la antigua China, Eliot, hijo del Nuevo Mundo, sinti\u00f3 la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">necesidad<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de la historia y del arraigo. Ante un mundo que \u00e9l retrat\u00f3 en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00ed<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">a como un p\u00e1ramo pedregoso, est\u00e9ril y desolado (\u201cEl sudor es seco y los pies est\u00e1n en la arena \/ Si ah\u00ed s\u00f3lo hubiera agua entre las rocas\u201d) no pod\u00eda m\u00e1s que identificarse con el pr\u00edncipe de Aquitania de la torre abolida, atinando solamente a murmurar \u201cestos fragmentos [que] he apuntalado contra mis ruinas\u201d. En buena medida, la vida y la obra de Eliot despu\u00e9s de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> son el intento de escapar precisamente del estado an\u00edmico que gener\u00f3 su poema m\u00e1s revolucionario.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>El contexto latinoamericano<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La influencia de T. S. Eliot en Am\u00e9rica Latina ha sido grande y fecunda. Muy pronto empezaron en este lado del mundo las traducciones al castellano de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (el mexicano Enrique Mungu\u00eda y el puertorrique\u00f1o \u00c1ngel Flores fueron los primeros, ambos en 1930), y desde entonces su obra no ha dejado de traducirse a nuestro idioma, tanto en el continente como en Espa\u00f1a. Algo de ese esp\u00edritu innovador y revolucionario encontr\u00f3 entre nosotros un eco que no se ha extinguido. Y como el arte ofrece en ocasiones coincidencias que no hay m\u00e1s remedio que llamar extraordinarias, ese mismo a\u00f1o 1922 aparecieron en Am\u00e9rica Latina algunos libros tan radicales en su experimentaci\u00f3n y su visi\u00f3n del mundo como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">; pienso en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Trilce<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de C\u00e9sar Vallejo, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">20 poemas para ser le\u00eddos en el tranv\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de Oliverio Girondo y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los gemidos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de Pablo de Rokha. A su modo, esos escritores tambi\u00e9n se rebelaron contra un mundo que percib\u00edan como hostil e inf\u00e9rtil; a su modo tambi\u00e9n, cada uno de ellos lanz\u00f3 contra esa visi\u00f3n pesimista un grito que, como el \u00faltimo verso de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, es un mantra que todav\u00eda resuena poderoso: \u201cShantih shantih shantih\u201d.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">1<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> A lo largo de este comentario, utilizo la traducci\u00f3n del poema hecha por Juan Carlos Villavicencio y Braulio Fern\u00e1ndez Biggs (T. S. Eliot: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Santiago de Chile: DscnTxt Editores, 2017).<\/span><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">2 <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Para las citas de este y de los siguientes poemas, he recurrido a las traducciones de Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">T. S. Eliot: Poes\u00edas reunidas (1909-1962)<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Madrid: Alianza Editorial, 2003. En algunos casos he modificado levemente las versiones de Valverde.<\/span><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: T.S. Eliot, por Steven May\/Alamy Stock Photo.<\/span><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Celebraci\u00f3n de un poema emblem\u00e1tico \u201cAbril es el mes m\u00e1s cruel, engendrando \/ Lilas de la tierra muerta, mezclando \/ Memoria y deseo, removiendo \/ P\u00e1lidas ra\u00edces con lluvia de primavera\u201d1. 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