{"id":20275,"date":"2022-12-09T12:07:07","date_gmt":"2022-12-09T18:07:07","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=20275"},"modified":"2023-05-21T18:06:56","modified_gmt":"2023-05-22T00:06:56","slug":"un-fragmento-de-la-caza-del-venado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2022\/12\/un-fragmento-de-la-caza-del-venado\/","title":{"rendered":"Un fragmento de La caza del venado"},"content":{"rendered":"<p><b>Ram\u00f3n<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Dicen que don Eva vive solo desde hace un a\u00f1o \u2014me coment\u00f3 Julieta el otro d\u00eda\u2014. A quien pregunta, le contesta que Yolanda, su mujer, se fue a su pueblo y no tarda en regresar. Pero tambi\u00e9n cuentan que lo abandon\u00f3, o que se suicid\u00f3; y que el viejo, por verg\u00fcenza, no quiere reconocer ni una cosa ni la otra. Otros creen que la tiene encerrada en la casa, pero m\u00e1s de uno asegura, y yo s\u00ed lo creo, que la mat\u00f3 y la enterr\u00f3 en el jard\u00edn.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a1Ay, Julieta! Sale con cada ocurrencia. Cuando le digo que son chismes, que el viejo es a todo dar, me reta a que le pregunte por su mujer. Habla a lo tarugo, sin conocerlo. No quiere hacer migas con los vecinos porque, seg\u00fan ella, no viviremos aqu\u00ed por mucho tiempo, pero eso est\u00e1 por verse.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A m\u00ed el viejo me cay\u00f3 bien desde que lo vi limpiando el frente de su casa. Llevaba puesta una boina de lana negra en la cabeza y una chamarra tambi\u00e9n de lana, pero de un color negro pardo, y barr\u00eda la banqueta como si tuviera todo el tiempo del mundo, empezando por una orilla y poco a poco llev\u00e1ndose la basura con la escoba hasta la otra, levantando una polvareda de poca madre. As\u00ed lo hace todos los d\u00edas, esa es su rutina diaria.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La casa de don Evaristo no es como las otras. El barandal de hierro, alto, como de dos metros, de color verde bosque y con figuras de flores doradas, es apenas el envoltorio. Las dos ventanas grandes de arriba, con adoquines alrededor, evitando la base, parecen las pesta\u00f1as de unos ojos enigm\u00e1ticos, de esos que enganchan a primera vista. Las dos de abajo, peque\u00f1as, una al lado de la otra y cubiertas con cortinas negras, dan la impresi\u00f3n de dos lunares. Con la puerta de madera fina en el centro, adornada con un cristal biselado, toda la casa parece una mujer distinguida de sonrisa discreta. Y m\u00e1s porque est\u00e1 pintada o vestida de color amarillo vainilla, que me imagino resaltar\u00e1 con el color rosado de la buganvilia que florecer\u00e1 en el verano. A los pies de los arbustos del lado izquierdo, verdes, sanos, acomodadas en l\u00ednea hay macetas de varios tama\u00f1os, llenas de tierra seca, esperando que les planten teresitas, margaritas o geranios, as\u00ed como don Evaristo espera o desespera, guardando o aguardando un no s\u00e9 qu\u00e9.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Nunca se lo he dicho, pero para m\u00ed que a sus sesenta y tantos tiene la vida resuelta: mujer, hijos, casa propia y una pensi\u00f3n para los gastos. Qui\u00e9n como \u00e9l. Llegar a esa edad para hacer con el tiempo lo que a uno le venga en gana, es un lujo. Conozco varios se\u00f1ores que a su edad siguen como yo, con una mano atr\u00e1s y otra adelante.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Fue a mediados de febrero cuando me anim\u00e9 a hablarle por primera vez. Llegu\u00e9 del trabajo y como Julieta se hab\u00eda ido al <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">gym <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">y los ni\u00f1os jugaban al Nintendo, sal\u00ed a la calle para quitarme de encima la modorra. All\u00ed estaba Benito, el borrach\u00edn del barrio. Me sent\u00e9 a su lado, en la orilla de la banqueta, y encend\u00ed un cigarro.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Ese viejo est\u00e1 tocado \u2014me coment\u00f3 al tiempo que me ped\u00eda una fumada.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00bfPor qu\u00e9 lo dices? \u2014le pregunt\u00e9, convid\u00e1ndole el cigarro.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Porque s\u00f3lo a \u00e9l se le ocurre cuidar el jard\u00edn para una mujer que no va a volver.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00bfC\u00f3mo lo sabes?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Es mujer, por lo tanto, traicionera \u2014asegur\u00f3, y luego de dar la \u00faltima fumada y regresarme el cigarro, le dio por cantar: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cHip\u00f3crita, sencillamente hip\u00f3crita, perversa, te burlaste de m\u00ed\u2026\u201d.<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mientras Benito segu\u00eda echando a perder el bolero alcanc\u00e9 a ver a don Evaristo saliendo de su casa. Llevaba en la mano una barra larga de metal, de esas que se usan para hacer hoyos en la tierra. Cruc\u00e9 la calle. Unos cuantos pasos y ya estaba frente a su casa. \u00c9l empez\u00f3 a escarbar en la jardinera, muy cerca de la entrada. Echaba madres y padres, dejando a un lado la barra para descansar de cuando en cuando. En una de esas le pregunt\u00e9 qu\u00e9 hac\u00eda.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00bfQu\u00e9 no ve? \u2014contest\u00f3 sin mirarme.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ech\u00e9 un vistazo hacia el porche. Junto a la banca de madera vi un \u00e1rbol en un balde de pl\u00e1stico. Le pregunt\u00e9 si lo iba a plantar. No me contest\u00f3. Tom\u00f3 agua directo de la jarra que ten\u00eda en la mesa de patio y volvi\u00f3 a agarrar el hierro con las manos llenas de ampollas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014D\u00e9jeme le ayudo \u2014ofrec\u00ed, tratando al mismo tiempo de abrir la puerta del barandal.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00bfUsted qui\u00e9n es? \u2014me pregunt\u00f3 arqueando las cejas canosas y clavando la mirada desconfiada de sus ojos color miel seca en los m\u00edos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Soy Ram\u00f3n, su vecino. Vivo all\u00e1, enfrente \u2014dije apuntando con la mano.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A rega\u00f1adientes, a paso cansado, se encamin\u00f3 al barandal y sac\u00f3 la llave del pantal\u00f3n revolcado para abrir el candado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014A ver si es cierto que es usted tan salsa \u2014y me se\u00f1al\u00f3 el garrote con la mano ampollada.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La agarr\u00e9 y empec\u00e9 a cavar. Muy pronto me di cuenta por qu\u00e9 el viejo echaba madres y padres; justo donde se le ocurri\u00f3 plantar el \u00e1rbol hab\u00eda una piedra como del tama\u00f1o de una pelota de b\u00e1squetbol.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00bfPor qu\u00e9 mejor no hacemos el hoyo ac\u00e1, junto a la buganvilia? Parece que aqu\u00ed la tierra es m\u00e1s blanda y\u2026<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No pude terminar de hablar. Sus ojos de miel petrificada se volvieron de acero.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00a1C\u00e1llese! \u00a1No sabe lo que dice! \u2014Y me arrebat\u00f3 la barra con los brazos temblorosos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Pero\u2026<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Pero nada. Esta es mi casa y aqu\u00ed se hacen las cosas como yo digo. V\u00e1yase. No lo necesito.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Le quit\u00e9 la barra. Ante sus ojos iracundos escarb\u00e9 lo que pude alrededor de la piedra, limpi\u00e1ndome el sudor de la frente con la manga de la camisa, hasta que tom\u00e9 un descanso.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00bfNo que muy ching\u00f3n? \u2014Y solt\u00f3 una carcajada dejando ver sus dientes amarillentos y chuecos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Me cay\u00f3 en los huevos. Yo de menso queriendo ayudar y \u00e9l haci\u00e9ndome bulla. Volv\u00ed a tomar el lingote y lo enterraba con m\u00e1s ganas alrededor de la piedra para callarle la boca. Sacaba la tierra con una pala bajo la mirada burlona del viejo y aunque estuvo cabr\u00f3n, saqu\u00e9 la pinche piedra y adrede la dej\u00e9 caer cerca de sus pies. Me mir\u00f3 azorado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Pues, de que es usted ching\u00f3n, no hay duda. De una vez tr\u00e1igase el \u00e1rbol y pl\u00e1ntelo, se ve que tiene buena mano. Mientras, voy a la tienda. \u00bfQuiere una cervecita?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Sim\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00bfDe cu\u00e1l?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Caguama.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Hasta barato me result\u00f3.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Aquella tarde fui yo quien plant\u00f3 el ciruelo, aunque \u00e9l siempre diga que lo plantamos entre los dos. Y s\u00ed, ahora que lo pienso, se puso ro\u00f1oso cuando le propuse plantar el \u00e1rbol junto a la buganvilia, pero no por eso voy a desconfiar, ni a preguntarle por su mujer. Seguro que me contar\u00e1 una de estas tardes. \u00c9l no toma cerveza sino <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">brandy<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, como los hombres, me dice para picarme la cresta y, aunque no toma mucho, los tragos hacen que sus pl\u00e1ticas me sepan m\u00e1s sabrosas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Evaristo<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Como ya empiezo a tenerle confianza, en vez de llamarlo Ram\u00f3n le voy a decir M\u00f3n. Yo me llamo Evaristo, pero cuidadito y haga por decirme Eva. Suena a mariconada. A m\u00e1s de tres les romp\u00ed el hocico por llamarme as\u00ed. S\u00ed, soy bien b\u00e1rbaro. Nac\u00ed en Santa B\u00e1rbara, un pinche pueblo de mineros muertos de hambre. Entre ellos mi padre, Ferm\u00edn Mor\u00e1n, as\u00ed viniera de una de las familias m\u00e1s acomodadas del lugar. Aunque, como le dije, en aquel caser\u00edo miserable, compuesto de casas sin ventanas, sin puertas, por donde el viento entraba y sal\u00eda como Juan por su casa, con tan s\u00f3lo un cuarto que serv\u00eda de cocina, rec\u00e1mara y cuarto de ba\u00f1o. La mayor\u00eda cre\u00edamos que las familias que ten\u00edan algo m\u00e1s que fr\u00edjoles en las mesas eran ricos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por borracho y desobligado, de los Mor\u00e1n mi pap\u00e1 s\u00f3lo hered\u00f3 el apellido y nada m\u00e1s por \u00e9ste logr\u00f3 matrimoniarse con Ester Pati\u00f1o, mi mam\u00e1, una muchacha flacucha de ojos tristes y muy tonta por haberse casado con el bueno para nada de mi padre, a seg\u00fan me cont\u00f3 una de mis t\u00edas, pese a las advertencias de sus hermanos, quienes nunca tuvieron a bien ver que ella se desposara con un simple minero, con todo y que se apellidara Mor\u00e1n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y ten\u00edan raz\u00f3n, M\u00f3n. De ni\u00f1o yo ve\u00eda que en los ojos de mi mam\u00e1 habitaba el sufrimiento. \u00bfC\u00f3mo no? \u00c9ramos siete hijos, dos hombres y cinco mujeres, sin contar los tres que murieron al poco tiempo de haber nacido, todos lombricientos y con la chingada hambre pintada en la boca. Mi pap\u00e1 no la ve\u00eda, en primera, porque llegaba a la casa cuando ya nos hab\u00eda vencido el sue\u00f1o; y en segunda, porque siempre llegaba borracho. Pero f\u00edjese que entre dormido y despierto mientras esperaba a que mi padre regresara, yo escuchaba el llanto quedo de mi madre, acompa\u00f1ado por el crujido de las patas de la silla cada vez que se levantaba para asomarse por la ventana. As\u00ed como estaba de chiquillo, en lo que trataba de dormir, me imaginaba que la cargaba, la cobijaba y la arrullaba, como si ella fuera la hija y no yo el cr\u00edo. As\u00ed eran mis duermes, M\u00f3n, angustiados por no poder aminorar los sollozos de mi madre.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Luego ya de m\u00e1s grandecillo se me fue encajando, muy adentro, una rabia hija de la chingada que no me dejaba llorar, cuando algunas veces mi madre amanec\u00eda con un moret\u00f3n en los ojos, uno que ella dec\u00eda haberse causado por tonta, por no ver en la noche en d\u00f3nde se hallaba la puerta. Usted no se imagina lo que un hijo sufre cuando el padre golpea a la madre, es m\u00e1s que una mentada, es una pu\u00f1alada por la espalda. Pero ha de saber que, a diferencia del cobarde de Javier, mi hermano mayor, un d\u00eda, cuando yo andaba por ah\u00ed de los diez, me di de chingazos con mi viejo. Claro que, por lo enclenque que yo estaba, me tumb\u00f3 al piso de un jodazo en el hombro, pero desde entonces, no s\u00e9 si por verg\u00fcenza o por prudencia, no volvi\u00f3 a ponerle la mano encima a mi madre.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De ah\u00ed en adelante, qu\u00e9 le digo, cargo tambi\u00e9n con esa culpa porque en el fondo, muy en el fondo, yo lo quer\u00eda como cualquier mocoso quiere a su padre, as\u00ed sea \u00e9ste un cabr\u00f3n. Despu\u00e9s vinieron otras desgracias que me hicieron salir huyendo de aquel pinche pueblo muerto de hambre, pero de esas y otras ya le contar\u00e9. Bueno, M\u00f3n, estuvo buena la pl\u00e1tica. Usted no es como los otros, usted s\u00ed sabe escuchar. Lo espero aqu\u00ed ma\u00f1ana con una cervecita a la misma hora, si es que su mujer lo deja venir, digo. Ya son las diez. Voy a tratar de dormir.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Evaristo<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Te hablas frente al espejo que buscas en la penumbra de la noche. Eres el que da vueltas y vueltas en esta cama rodeada de ratas, de cobijas hediondas a tus orines, de almohadas en las que se acumulan tus \u00e1cidas babas y la cerilla de tus orejas sordas, la que se te derrite por las noches, mientras subes y bajas la escalera, contando las gotas que caen del grifo sobre el vaso que poco a poco se va llenando del agua que te recuerda que llevas piojos en la cabeza y lanas en los escondrijos de tu cuerpo, porque ya no te ba\u00f1as, tambi\u00e9n te da miedo, te horroriza pensar que el agua descubra tu mirada prisionera, la que se empe\u00f1a en no ver m\u00e1s all\u00e1 de tu nariz llena de mocos endurecidos con la tierra que levantas al barrer todos los d\u00edas el frente de tu casa vac\u00eda de mujer, de olor a jab\u00f3n hervido y de ropa blanca doblada sobre la mesa, tambi\u00e9n vac\u00eda, vieja, reumienta y crujiente como t\u00fa y tu conciencia, la que te lleva todas las ma\u00f1anas al jard\u00edn por si encontraras entre la tierra la ra\u00edz que hace tiempo te culpa y te envenena, la que lleva atado tu ombligo, el que sembr\u00f3 tu madre en aquella tierra miserable, con el que extiendes y arrastras la rabia que reconoces en el espejo, oculto bajo la mustia luz de la veladora que le enciendes a la noche, la que te echa encima una frazada de insomnio encanecido, como los cabellos que te quedan y que te hacen repetirte que eres un miserable al que le cuelgan dos huevos secos, incapaces de hacerte abrir el diario empolvado de Yolanda, el que encontraste hace d\u00edas y al que le sacas la vuelta por miedo a leer lo que dice su cuidada caligraf\u00eda, aquello que tal vez escrib\u00eda encerrada en su cuarto meses antes de descubrir que se ir\u00eda, aquello que quiz\u00e1s te haga comprender el deseo de su partida. Pero por m\u00e1s que quieras ocultarlo, en el fondo sabes que ya es hora. Pon al d\u00eda el calendario. Ajusta las manecillas veloces del reloj. Anda, imb\u00e9cil, abre ese cuaderno. Am\u00e1rrate los huevos y de una vez por todas empieza a leer.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Yolanda<\/b><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Evaristo no quiere que vaya este a\u00f1o. Que ya jubilado hay que cuidar el dinero. No s\u00e9 para qu\u00e9. Desde su sentencia, la comida ya no tiene condimento. Zapatos, sombreros, bolsos, perfumes, trajes para mi viaje anual. \u00bfQu\u00e9 hacer con todo lo que guardo en el ropero? Le caer\u00e1n encima mis cincuenta y siete a\u00f1os, se volver\u00e1n polilla, como yo esqueleto si me quedo a perecer en esta jaula pintada de amarillo.\u00a0<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">En realidad nunca he vivido en esta ciudad, adolescente precoz que le gusta revolcarse en los excesos: fr\u00edo, calor, tormenta, sequ\u00eda. Y este viento fronterizo, voluntarioso, empujando y golpeando mi cuerpo sure\u00f1o que tiende a inclinarse hacia mi pueblo, a Jalisco, donde los callejones guardan besos coloniales, all\u00e1 donde la villa es una do\u00f1a que s\u00ed sabe c\u00f3mo poner la mesa, all\u00e1 donde las gotas reci\u00e9n ca\u00eddas yacen en las hojas del aguacate, en las limas y en la buganvilia del zagu\u00e1n en la casa de mis padres.\u00a0<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfY si regresara para quedarme?\u00a0<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Lavar la sangre de mi madre derramada en la baldosa.\u00a0<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Amarrar a mi padre de la pata de la cama y darle la guitarra.\u00a0<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a1Que cante!\u00a0<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Mientras camino por las calles empedradas, reci\u00e9n ba\u00f1adas por la lluvia de la tarde, siguiendo el sonido acuoso de las campanas que llaman a las almas a congregarse en el centro de la plaza.\u00a0<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Llegar tomada de la mano tibia de mi madre a la esquina, donde el aroma de pan reci\u00e9n horneado abre toda clase de apetitos.\u00a0<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Ver mi silueta delgada en el espejo de la costurera, mi larga cabellera negra, mi pecho empezando a crecer y mi mirada confiada al ver a mi madre con los labios pintados, sentada en la banca, d\u00e1ndole un beso a mi hermana.<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Circular por mi cuenta, con un vestido nuevo, abrazada de amigas, en sentido contrario a los muchachos, entre sonatas pretenderme Alejo con una margarita.\u00a0<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Darle el primer beso, sin temor a las miradas, y abrazarle percibiendo su olor a frutas de estaci\u00f3n.<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Pero antes preciso seccionar el miedo que hila lo callado, retomar mi voluntad de moza, enterrada por cuarenta a\u00f1os de matrimonio entre la ropa sucia acumulada en los cestos envejecidos, entre la frialdad de las s\u00e1banas decoloradas, entre el hervor de las sopas diarias, entre las fotograf\u00edas de mis hijos que ya se fueron y, sobre todo, entre el monedero, donde se halla hacinado el dominio de Evaristo.\u00a0<\/span><\/i><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Sigue escribiendo, Yolanda Monta\u00f1o de Anza, libera tu nombre y apellidos.\u00a0\u00a0<\/span><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Escena de la calle, Guanajuato, M\u00e9xico, por Matt Hanns Schroeter, Unsplash.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ram\u00f3n \u2014Dicen que don Eva vive solo desde hace un a\u00f1o \u2014me coment\u00f3 Julieta el otro d\u00eda\u2014. A quien pregunta, le contesta que Yolanda, su mujer, se fue a su pueblo y no tarda en regresar. 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