{"id":20271,"date":"2022-12-09T12:06:44","date_gmt":"2022-12-09T18:06:44","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=20271"},"modified":"2023-05-21T18:06:34","modified_gmt":"2023-05-22T00:06:34","slug":"yeguas-y-terneros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2022\/12\/yeguas-y-terneros\/","title":{"rendered":"Yeguas y terneros"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">La Marieta era hija de los peones de nuestra hacienda en Machachi. Bien bajita, siempre llevaba el pelo hecho una trenza cosida. Ten\u00eda la piel parecida a la del caf\u00e9 con leche que mi pap\u00e1 nos hizo tomar desde peque\u00f1os y era la sexta de sus hermanos. Sus pap\u00e1s hab\u00edan trabajado para mis abuelos, y sus abuelos para mis bisabuelos. Toda la vida vivieron en esa casita hecha de un cemento que sobr\u00f3 cuando se alzaron paredes en el corral de las vacas. La casa quedaba hacia la parte de atr\u00e1s de la hacienda, justo al costado de los corrales. No la conoc\u00ed por dentro a pesar de que la Marieta me invit\u00f3 un mont\u00f3n de veces. Mis pap\u00e1s me lo ten\u00edan prohibido y a los suyos tampoco parec\u00eda gustarles la idea.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Lo cierto es que nos hicimos inseparables. Desde que ella ten\u00eda cinco y yo tres, pas\u00e1bamos juntas todos los fines de semana y feriados en la hacienda. Jug\u00e1bamos a la cocinita con las ollas de barro, a las carreras, a las escondidas, pero s\u00f3lo en los jardines delanteros para no perdernos; a encontrar piedras chicas de color blanco, que era muy dif\u00edcil porque en la hacienda eran grises; a correr a los perros, y mientras \u00edbamos creciendo tambi\u00e9n mont\u00e1bamos los caballos y orde\u00f1\u00e1bamos las vacas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A mi mam\u00e1 no le gustaba que me juntara tanto con ella, por eso hubo una \u00e9poca en que me obligaba a invitar a alguna amiguita de la escuela, pero termin\u00e1bamos jugando las tres o la invitada era dejada de lado. Recuerdo una vez que me traje una <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cabbage Patch <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">escondida en el auto para prestarle a la Marieta y poder jugar con buenas mu\u00f1ecas y no con esas de trapo o las viejas de la colecci\u00f3n de mi abuela. Cuando mi mam\u00e1 la vio a la Marieta con la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cabbage <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">se la quit\u00f3 enseguida y fue a hablar con su mam\u00e1. No s\u00e9 qu\u00e9 le habr\u00e1 dicho pero ese fin de semana no se acerc\u00f3 para nada a nuestra casa de estilo colonial. Estaba llena de arcos y entradas con vidrios y maderas viejas. Ese fin de semana la extra\u00f1\u00e9 mucho y llorando le dije a mi mam\u00e1 que yo le hab\u00eda prestado esa mu\u00f1eca, que a m\u00ed me gustaba jugar con la Marieta. Mi mam\u00e1 trat\u00f3 de distraerme, me dijo que fu\u00e9ramos a pasear por los pastos aleda\u00f1os, que pod\u00edamos quiz\u00e1 ir al primer refugio del Cotopaxi, pero yo no quise salir. Cuando le grit\u00e9 que era una mala y que nunca iba a poder evitar que la Marieta fuera mi mejor amiga, ella decidi\u00f3 que volvi\u00e9ramos a Quito antes de lo planeado. Dejamos de ir por dos fines de semana, pero luego mi pap\u00e1 la convenci\u00f3 de que no era tan grave, que qu\u00e9 tan terrible pod\u00eda ser que fuera amiga de la Marieta. Desde ah\u00ed, mi mam\u00e1 no me volvi\u00f3 a molestar sobre eso.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Yo llegaba los viernes por la tarde y la Marieta ya me estaba esperando, nos abr\u00eda el port\u00f3n para que entrara nuestra camioneta. Era fuerte porque las puertas estaban hechas de un metal pesado. Yo bajaba del auto rapid\u00edsimo y le agarraba la mano, que estaba caliente, para ir a jugar. Cuando nos cans\u00e1bamos de jugar por los jardines, por la granja, por donde las vacas, nos tir\u00e1bamos en el pasto. A veces le sacaba una tacita de caf\u00e9 con leche sin que mis pap\u00e1s se dieran cuenta.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Algunos fines de semana la hacienda se llenaba de invitados. Muchos ven\u00edan con sus hijos, algunos de mi edad. Mientras mis pap\u00e1s y sus amigos se la pasaban tomando y bailando, los ni\u00f1os hac\u00edamos lo que nos daba la gana, no nos prestaban mucha atenci\u00f3n. En esos momentos parec\u00eda no importarles si me iba a la casa de la Marieta o con qui\u00e9n jugaba. El pap\u00e1 de la Marieta tambi\u00e9n se emborrachaba. Se beb\u00eda de la botella un trago blanco que, seg\u00fan ella, ol\u00eda asqueroso. Esos d\u00edas nos pas\u00e1bamos horas en los corrales porque la m\u00fasica de la hacienda no llegaba hasta ah\u00ed. Las vacas dorm\u00edan como perros, la Marieta lo dijo: parecen perros cuando duermen. Se acuestan encima de sus cuatro patitas y se babean. Recuerdo clarito una noche en que una vaca en vez de acostarse as\u00ed, lo hizo boca arriba. Su panza enorme ca\u00eda hacia los costados. La boca torcida, las orejas hacia atr\u00e1s. Nosotras nos re\u00edamos mientras tom\u00e1bamos caf\u00e9 con leche sentadas en el heno. Despu\u00e9s de un buen rato nos quedamos dormidas. La mam\u00e1 de la Marieta vino bien tarde, medio temblando, no s\u00e9 si de fr\u00edo o de susto. Carg\u00f3 a la Marieta en la espalda y a m\u00ed me dijo que por favor entrara calladita a mi casa, que por favor no dijera nada. Y as\u00ed hice. Mi pap\u00e1 dormido en el sill\u00f3n que mi bisabuela se hab\u00eda tra\u00eddo desde Francia, ten\u00eda la camisa empapada y manchada de vino. Las gotas tambi\u00e9n hab\u00edan ca\u00eddo en el sill\u00f3n. Mi mam\u00e1 estaba encerrada en el cuarto y los amigos de mis pap\u00e1s, supongo, que en sus habitaciones.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando cumpl\u00ed los catorce todo cambi\u00f3. Ya no me esperaba en la puerta ni nos la abr\u00eda. Yo la buscaba, siempre la buscaba, pero cuando la ve\u00eda estaba trabajando. Orde\u00f1aba las vacas, les pon\u00eda inyecciones, se hac\u00eda cargo de los terneros, tambi\u00e9n encasillaba a los caballos y adem\u00e1s cargaba costales. Yo le dec\u00eda a mi mam\u00e1 que no deber\u00edan hacerle cargar cosas tan pesadas a una chica de diecis\u00e9is, pero ella me contestaba que era decisi\u00f3n de sus padres.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ya sin la Marieta, me dediqu\u00e9 a montar mi yegua cuando iba a la hacienda. La verdad es que lo hac\u00eda muy bien. Me iba cerca del Cotopaxi. En esos paseos entend\u00ed lo que significaba que mi familia fuera due\u00f1a de todas esas tierras, incluida la monta\u00f1a. Pero ni los due\u00f1os de una monta\u00f1a pueden evitar que sus descendientes sean testigos de c\u00f3mo la vida se desencadena. A la vida no le importa qui\u00e9n es due\u00f1o de qu\u00e9 o de qui\u00e9n. Tampoco le importa el tiempo, ni nada. La vida es.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Una noche me qued\u00e9 mirando el Cotopaxi hasta tarde. A la vuelta tuve ganas de ver a la Marieta, llev\u00e9 a la yegua hasta los corrales, cerca de su casa. Escuch\u00e9 gemidos fuertes, no eran los de una vaca aunque parec\u00edan ser de alg\u00fan animal. Eran gritos, alaridos. Dej\u00e9 a la yegua afuera y cuando entr\u00e9 a los corrales, vi unas vacas echadas. Ninguna panza arriba. Algunas estaban despiertas, quiz\u00e1 los gritos no las dejaban dormir. Atr\u00e1s de ellas, estaba la Marieta. Los gritos eran suyos. Estaba en cuclillas sin calz\u00f3n, ten\u00eda el pelo mojado. Era la primera vez que se lo vi suelto. Su mam\u00e1 la sosten\u00eda por la espalda.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Me acerqu\u00e9 y pude verla de frente. Estaba como ida, sudando y movi\u00e9ndose de una forma extra\u00f1a. Yo me qued\u00e9 paralizada, su madre se percat\u00f3 de mi presencia y seguro me quiso decir que me fuera, pero en ese momento lo \u00fanico que hizo fue decirle que puje, que \u201c\u00a1es hora del puje, mijita!\u201d, le gritaba. La Marieta llorando dijo que no sab\u00eda pujar. \u201cHaga como si hace caca, mijita\u201d, le dijo su madre y en ese momento sali\u00f3 la cabeza del beb\u00e9. Yo lo vi, la cabeza se movi\u00f3 de un lado a otro y cuando la madre le volvi\u00f3 a decir que pujara, los hombros salieron y el beb\u00e9 se desliz\u00f3 con una baba y cay\u00f3 sobre una s\u00e1bana. La Marieta lo agarr\u00f3 ensangrentado y lo puso en su pecho. Su madre tambi\u00e9n lo tocaba y le dec\u00eda \u201cmi guagua, mi guagua bello\u201d. Entonces la Marieta me mir\u00f3, y entend\u00ed su pedido de que me fuese, de que no volviera.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Me dediqu\u00e9 s\u00f3lo a cabalgar cuando iba a la hacienda. A ella y su beb\u00e9 no s\u00e9 a d\u00f3nde los mandaron. Tampoco s\u00e9 qui\u00e9n la embaraz\u00f3 ni si mis padres supieron del parto. Nosotros segu\u00edamos yendo a la hacienda como si nada. De hecho, mis pap\u00e1s ahora pasan all\u00e1 m\u00e1s que en su casa de Quito.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Yo me vine a estudiar a Alemania y ac\u00e1 me cas\u00e9. Mi marido no conoce la hacienda. Nunca m\u00e1s pens\u00e9 en el parto de la Marieta hasta el m\u00edo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00c9ste tan planeado, tan decente: higi\u00e9nico.<\/span><\/p>\n<h6><\/h6>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Soledad Lorieto, Unsplash.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Marieta era hija de los peones de nuestra hacienda en Machachi. Bien bajita, siempre llevaba el pelo hecho una trenza cosida. 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