{"id":1993,"date":"2018-01-30T01:39:49","date_gmt":"2018-01-30T07:39:49","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2018\/01\/history-some-prizes-sergio-pitol\/"},"modified":"2024-04-16T05:29:19","modified_gmt":"2024-04-16T11:29:19","slug":"history-some-prizes-sergio-pitol","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2018\/01\/history-some-prizes-sergio-pitol\/","title":{"rendered":"&#8220;Historia de unos premios&#8221; de Sergio Pitol"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 12.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 36.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 36.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<p>El d\u00eda 24 de julio se me inform\u00f3 que un jurado internacional me hab\u00eda adjudicado el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe &#8220;Juan Rulfo&#8221;. Dif\u00edcilmente podr\u00eda expresar la emoci\u00f3n de ese momento. El mismo nombre del premio es un motivo de satisfacci\u00f3n y de orgullo, equivale a recibir otro premio.<\/p>\n<p>Como sucede siempre en esas circunstancias, de los pliegues profundos de la memoria van surgiendo escenas, gestos, frases, a veces s\u00f3lo monos\u00edlabos.<\/p>\n<p>Juan Rulfo en Varsovia, al lado de Julio Cort\u00e1zar, Danuta Rycerz y Augusto Monterroso conversando con un selecto p\u00fablico de hispanoamericanistas, traductores, escritores y periodistas y sobre todo con un entusiasta enjambre de estudiantes que hab\u00edan le\u00eddo sus libros en su mayor\u00eda en polaco.<\/p>\n<p>Juan Rulfo en Par\u00eds, en casa de Alfredo Bryce Echenique, tambi\u00e9n con Tito Monterroso, Manuel Scorza, Enrique Lihn, Julio Ram\u00f3n Rybeiro, y varios escritores latinoamericanos en una fiesta que culmin\u00f3 en una borrascosa discusi\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Juan Rulfo en las comidas de los lunes en casa de Alba y Vicente Rojo, con Fernando Ben\u00edtez, Jaime y Celia Garc\u00eda Terr\u00e9s, Tito Monterroso, B\u00e1rbara Jacobs, Catalina Sierra y Carlos Monsiv\u00e1is siguiendo en silencio algunas incisivas conversaciones sobre la actualidad mexicana.<\/p>\n<p>Juan Rulfo sentado en una butaca colocada especialmente para \u00e9l en una librer\u00eda de Insurgentes Sur, El \u00c1gora, donde algunas veces lo vi conversar con Federico Campbell.<\/p>\n<p>En cada una de esas ocasiones me pareci\u00f3 ver siempre a un hombre en lucha, sin mostrar esfuerzo ni casi inter\u00e9s, con la misma materia desvariada e invisible que es la vida; con el aire. Un sobreviviente.<\/p>\n<p>S\u00f3lo en El \u00c1gora, en su rinc\u00f3n particular parec\u00eda distenderse, era un pez en el agua, o mejor un fr\u00e1gil animal de tierra firme seguro de su espacio.<\/p>\n<p>Verlo, o\u00edrlo, vislumbrarlo a lo lejos significaba remitirse de inmediato a\u00a0<i>Pedro P\u00e1ramo<\/i>, a &#8220;Lubina&#8221;, a &#8220;Diles que no me maten&#8221;, &#8220;Es que somos muy pobres&#8221; y &#8220;Anacleto Morones&#8221;. Era el Tusitala, t\u00e9rmino, seg\u00fan Stevenson, con el que en las islas de los mares del sur se designa al narrador de historias, el personaje m\u00e1s importante de la isla. Su voz era la de sus protagonistas, una combinaci\u00f3n de murmullos, de viento y de silencio. Era el hombre que hab\u00eda transformado nuestra narrativa, aquel que al escribir una novela y unos cuentos de car\u00e1cter rural, utilizando un idioma en apariencia campesino realiz\u00f3 la proeza de convertir en cenizas, en arena, en escoria a toda la literatura costumbrista de la \u00e9poca. Tal como Cervantes, cuando al escribir una novela de caballer\u00eda sepulta a todas las novelas del g\u00e9nero.<\/p>\n<p>Con Rulfo se inicia en M\u00e9xico la narrativa contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>Lo que mi generaci\u00f3n y las siguientes le debemos es incalculable, aunque algunos de sus beneficiarios deciden ignorarlo.<\/p>\n<p>A partir de ese 24 de julio, he sido frecuentemente entrevistado. A la inevitable pregunta, la de rigor, sobre mi reacci\u00f3n ante el premio o ante los premios en general, he respondido algo que siempre he tenido claro: un escritor no escribe para ganar premios ni homenajes, lo hace por necesidad biol\u00f3gica; escribe como respira. Y si alguna vez su tarea es premiada deber\u00e1 aceptarlo como un est\u00edmulo, como algo casual, un mero signo del azar. Y le har\u00e1 bien recordar, para situarse en la realidad, que, ya en el periodo de los premios, algunas de las m\u00e1s altas figuras de la literatura no obtuvieron ninguno, por razones varias. Es el caso de Tolstoi, de Ch\u00e9jov, de Lowry, de Kafka, de L\u00f3pez Velarde, de Lampedusa, de Vallejo. En cambio, una multitud de\u00a0<i>literatti<\/i>\u00a0han lucido en el f\u00e9retro un pecho deslumbrante de entorchados y medallas, a quienes hoy ya nadie recuerda porque en verdad no fueron reales, nada significaron. Fueron figuras de relleno, brillantes y vanidosas, nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>He recibido algunos premios y los he acogido con gratitud y emoci\u00f3n. En 1956, a los veintitr\u00e9s a\u00f1os de edad, casi todos mis compa\u00f1eros de generaci\u00f3n hab\u00edan colaborado en revistas y suplementos literarios y algunos contaban ya con un libro. Yo hab\u00eda escrito unos cuantos relatos que por inseguridad no me atrev\u00eda a publicar. Los reescrib\u00eda sin cesar, jugaba con ellos y de vez en cuando se los dejaba leer a Monsiv\u00e1is o a alg\u00fan otro amigo. Trabajaba como corrector de estilo en la Compa\u00f1\u00eda General de Ediciones, una empresa creada por Mart\u00edn Luis Guzm\u00e1n y Rafael Gim\u00e9nez Siles, y dirigida por este \u00faltimo. Hice all\u00ed amistad con Aurelio Garz\u00f3n del Camino, un traductor infatigable que verti\u00f3 al espa\u00f1ol la entera Comedia Humana de Balzac, m\u00e1s todas las novelas de Zola y muchos otros libros franceses. Era el director de correctores en la editorial. Al poco tiempo hab\u00edamos descubierto que coincid\u00edamos en curiosidades literarias, y que ten\u00edamos amistades comunes. Tal vez lo que fundamentalmente nos un\u00eda era nuestra devoci\u00f3n al humor y a la parodia, en la que \u00e9l era un maestro. Aquel modesto gram\u00e1tico espa\u00f1ol refugiado en M\u00e9xico me transmiti\u00f3 su pasi\u00f3n por el idioma, que \u00e9l convert\u00eda casi en apostolado. Con frecuencia sal\u00edamos a comer en los varios para\u00edsos gastron\u00f3micos que ten\u00eda detectados cerca de la editorial. Y en cada una de esas ocasiones asist\u00ed a una lecci\u00f3n de literatura y gram\u00e1tica, enunciada con gracia y sin pedanter\u00eda. De \u00e9l aprend\u00ed que el mejor est\u00edmulo para un escritor proced\u00eda de la familiaridad con los momentos de mayor esplendor del idioma. Me explicaba, libro en mano, que el estilo de Alfonso Reyes era una destilaci\u00f3n de los mejores segmentos de la lengua, desde el\u00a0<i>Cantar de Mio Cid<\/i>, una de cuyas primeras versiones al castellano fue hecha precisamente por \u00e9l, hasta el lenguaje vern\u00e1culo y cotidiano de nuestros d\u00edas, pero en el tr\u00e1nsito pasaba por\u00a0los fastos del Siglo de Oro, las cadencias del modernismo, las audacias vanguardistas de los veinte y los treinta, hasta llegar a Borges. Sin mostrar de ninguna manera las costuras crear un estilo. Escribir, dec\u00eda,\u00a0no significaba copiar a los maestros, ni utilizar t\u00e9rminos obsoletos como lo hab\u00edan hecho algunos neocolonialistas mexicanos. El objetivo fundamental de la lectura era intuir el &#8220;genio de la lengua&#8221;, la posibilidad de modularla a discreci\u00f3n, de volver nueva una palabra mil veces repetida con s\u00f3lo acomodarla en la posici\u00f3n adecuada en una frase. En la obra de Rulfo se lograba, dec\u00eda \u00e9l, la riqueza y perfecci\u00f3n de un estilo, era una lengua que conten\u00eda resonancias de todos los tiempos, donde los vocablos campesinos val\u00edan por su estilizaci\u00f3n, para no llegar a esa reducci\u00f3n costumbrista t\u00edpica de los libros de Jos\u00e9 Rub\u00e9n Romero en M\u00e9xico o Jos\u00e9 Mar\u00eda Pereda en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Garz\u00f3n del Camino sab\u00eda, por confesi\u00f3n propia, claro, que yo escrib\u00eda cuentos y que no me atrev\u00eda a publicarlos por considerarlos a\u00fan muy inmaduros. Al fin le entregu\u00e9 para su lectura algunos de ellos, y a los pocos d\u00edas me coment\u00f3 sus impresiones: sus fallas y las eventuales posibilidades de enmienda. De golpe me espet\u00f3 que le hab\u00eda entregado uno de esos cuentos a un amigo suyo que colaboraba en una revista espantosa que cada cierto tiempo premiaba un cuento. Para no comprometerme lo hab\u00eda enviado con un nombre ficticio.<\/p>\n<p>Por supuesto, la revista es una porquer\u00eda, me dijo. Y eso tiene la ventaja de que ning\u00fan conocido tuyo la ver\u00e1 jam\u00e1s. Lo importante es leer en letra de imprenta lo que has escrito. Eso te proporcionar\u00e1 la distancia para conocer tus errores, que son muchos, y detectar si alguna frase vale la pena para afianzarse en ella, y reforzarla hasta donde el texto lo permita. Aquella revista se llamaba\u00a0<i>Aventura y Misterio<\/i>. El cuento &#8220;Amelia Otero&#8221; recibi\u00f3 el primer premio, y el autor, que era yo, apareci\u00f3 con el nombre de Xavier Fierro. Garz\u00f3n del Camino tuvo raz\u00f3n, y yo le quedar\u00e9 agradecido para siempre. Ver un cuento propio publicado en alguna parte era el primer intento de cortar el cord\u00f3n umbilical. Uno puede leer como si el texto no le perteneciera, especialmente en una revista tan mala como esa y protegido con un nombre ficticio. Comenc\u00e9 a advertir mis carencias, no s\u00f3lo las de ese cuento en especial sino tambi\u00e9n las que padec\u00edan los dem\u00e1s. La suma de dinero no tuvo la menor importancia, el premio consisti\u00f3 en otorgarme la seguridad que me faltaba, y tanto lo logr\u00f3 que poco tiempo despu\u00e9s me anim\u00e9 a visitar con un jovenc\u00edsimo Jos\u00e9 Emilio Pacheco a Juan Jos\u00e9 Arreola para proponerle publicar textos nuestros en sus hermosos Cuadernos de El Unicornio.\u00a0<i>La sangre de Medusa<\/i>, de Jos\u00e9 Emilio, y mi\u00a0<i>Victorio Ferri cuenta un cuento<\/i>, aparecieron en 1958. En ellos nos mostramos por primera vez al mundo en una publicaci\u00f3n individual.<\/p>\n<p>Cada premio tiene su historia, y en mi caso una consecuencia feliz. En 1978 ocupaba un puesto en la embajada de M\u00e9xico en Mosc\u00fa. Luchaba desde hac\u00eda seis o siete a\u00f1os con una novela empecinada en hacerme la vida imposible, un relato d\u00edscolo que me surti\u00f3 de bloqueos, empantanamientos, par\u00e1lisis de voluntad, y de varias maldades m\u00e1s. Se trataba de una historia que hab\u00eda concebido una noche en Xalapa, de la que ya ten\u00eda el principio, el final, los personajes, la trama, las situaciones, los espacios, todo a fin de cuentas. Cre\u00ed poder resolverla en unas cuantas semanas y dejarla descansar un poco m\u00e1s de tiempo para luego afinarla, perfeccionarla, y publicarla pronto. Nada sucedi\u00f3 de esa manera. La escrib\u00ed y reescrib\u00ed varias veces. Al fin la romp\u00ed, decidido a olvidarla para siempre y poder emprender otro proyecto, pero apenas encontraba otra trama la vieja novela se interpon\u00eda entre m\u00ed y el nuevo trabajo. A la secci\u00f3n cultural de la embajada llegaban entonces algunas publicaciones culturales mexicanas, entre ellas de vez en cuando\u00a0<i>La Palabra y el Hombre<\/i>, la revista literaria de la Universidad Veracruzana. Un d\u00eda, de regreso de la casa de Tolstoi en Mosc\u00fa, que visitaba por primera vez, hoje\u00e9 un ejemplar de esa revista, y vi una convocatoria del concurso anual de cuento que auspiciaba. Faltar\u00edan unas dos o tres semanas para que se cumpliera la fecha de clausura. Esa noche, en una cena de diplom\u00e1ticos me comport\u00e9 como un fantasma, al grado que algunos se preocuparon por m\u00ed creyendo que hab\u00eda contra\u00eddo una de esas gripes mort\u00edferas t\u00edpicas del deshielo. Es cierto, hab\u00eda estado abstra\u00eddo, intranquilo, fastidiado, pero no por enfermedad. Al llegar a mi departamento comenc\u00e9 a borronear algunos apuntes sobre un joven mexicano que llega a Par\u00eds en busca de las huellas de su padre desaparecido en Francia muchos a\u00f1os atr\u00e1s, durante un viaje del que jam\u00e1s regres\u00f3 a casa. En los a\u00f1os anteriores y aun entonces hab\u00eda yo contra\u00eddo una pasi\u00f3n abrumadora por la \u00f3pera, al grado de convertirla casi en una raz\u00f3n de vida. De inmediato incorpor\u00e9 temas oper\u00edsticos, la figura de una cantante mexicana frustrada, la de una hermana suya, especialista en Conrad, autora de un ensayo sobre\u00a0<i>Lord Jim<\/i>, el hu\u00e9rfano desamparado que va encontrando y perdiendo padres por el mundo, y esas y otras muchas l\u00edneas se enlazaron, formaron una trama y comenc\u00e9 despu\u00e9s de siete a\u00f1os de par\u00e1lisis a escribir un cuento: &#8220;Asimetr\u00eda&#8221;. Lo termin\u00e9 en unos cuantos d\u00edas, lo envi\u00e9 a Xalapa y a su debido tiempo recib\u00ed la noticia de que hab\u00eda ganado el primer premio. Fue un premio formidable, soberbio, pues me signific\u00f3 la vuelta a la escritura. Es posible que el instinto, ligado por entero y desde toda la vida, a la literatura, me hubiese hecho reparar en aquella convocatoria al abrir una revista y devolverme al buen camino. A partir de entonces segu\u00ed escribiendo en Mosc\u00fa con una pasi\u00f3n y una felicidad que pocas veces hab\u00eda conocido y que s\u00f3lo recuper\u00e9 muchos a\u00f1os despu\u00e9s, al trabajar algunos textos de\u00a0<i>El arte de la fuga<\/i>. Tengo la certeza de que si algo quedara de m\u00ed en el futuro ser\u00edan unas cuantas p\u00e1ginas o al menos unos p\u00e1rrafos de aquellos cuatro cuentos moscovitas. A &#8220;Asimetr\u00eda&#8221; se unieron otros tres relatos: &#8220;Nocturno de Bujara&#8221;, &#8220;Vals de Mefisto&#8221; y &#8220;El relato veneciano de Billie Upward&#8221;. Me sorprendi\u00f3 que despu\u00e9s de terminar ese cuadrivio logr\u00e9 reescribir de principio a fin aquella novela preterida y terriblemente desalentadora que me hab\u00eda hecho perder varios a\u00f1os de vida. La escrib\u00ed con una rapidez desconcertante, como si la mano fuera guiada por una voluntad superior a la m\u00eda, o, m\u00e1s bien, como si la mano fuera la que pensara, discerniera, ajustara la trama y decidiera el lenguaje. Adem\u00e1s, aquel libro de relatos que se inici\u00f3 con un premio veracruzano, al ser publicado en M\u00e9xico, con el t\u00edtulo de\u00a0<i>Nocturno de Bujara<\/i>, gan\u00f3 el Premio Villaurrutia.<\/p>\n<p class=\"pullquote\">Y as\u00ed, al pasar de premio a premio ha ido discurriendo una existencia y una escritura que hacen pocos esfuerzos para halagar al mundo.<\/p>\n<p>Algunos psicoanalistas me reprochan una falta de competividad. Deseo estar en el campo, escribir en una caba\u00f1a oculta entre la maleza para que nadie me perturbe, poder producir en soledad, llevar una vida apartada del mundo, pero soy susceptible a los goces del mundo, a la conversaci\u00f3n, al\u00a0<i>gossip<\/i>, a disfrutar y re\u00edrme de y con los protagonistas de la comedia humana.<\/p>\n<p>La etapa de mi vida que transcurri\u00f3 en Barcelona fue una de las \u00e9pocas en que sent\u00ed m\u00e1s proximidad a un estado de libertad. Bajo un r\u00e9gimen autoritario por antonomasia, el de Franco, no permit\u00ed que mi libertad interior se alterara. En aquel Estado aut\u00e1rquico y ortodoxo por excelencia, Beatriz de Moura y un grupo de amigos nos divert\u00edamos inmensamente al crear en Tusquets, su editorial, una colecci\u00f3n exclusivamente de heterodoxos.<\/p>\n<p>Siempre que leo algo u oigo hablar sobre la libertad, o cuando pienso en ella, me cobijo a la sombra de Ch\u00e9jov.<\/p>\n<p>Podr\u00eda prescindir de leer infinidad de obras maestras escritas por autores geniales, pero jam\u00e1s de las de Ch\u00e9jov. Sin sus cuentos, novelas, teatro y correspondencia, mi vida habr\u00eda registrado una grave carencia. Pienso en un mundo sin Ch\u00e9jov y s\u00f3lo vislumbro calles y plazas grises, desesperanzadas e ins\u00edpidas. De un modo tranquilo y extremadamente educado, Ch\u00e9jov es uno de los escritores m\u00e1s profundamente subversivos que hayan\u00a0existido. Su moral est\u00e1 concentrada en una frase: &#8220;La indiferencia es la par\u00e1lisis del alma, la muerte prematura&#8221;.<\/p>\n<p>Ch\u00e9jov era hijo de siervos. Naci\u00f3 un a\u00f1o o dos antes de que se proclamara el edicto de abolici\u00f3n de la servidumbre, palabra que en Rusia significaba esclavitud. Durante toda su vida record\u00f3 que s\u00f3lo por una fecha determinada, su vida, desde el nacimiento, dej\u00f3 de estar regida por el azar. Hubiera podido ser vendido, regalado como un cachorro, jugado a las cartas o a los dados, como le hab\u00eda sucedido a algunos familiares. El hecho de haber nacido siervo fue un acicate extraordinario. Se convirti\u00f3 en el mayor escritor de su pa\u00eds. Su obra, de modo indirecto, velado o a veces abiertamente claro, rechaza cualquier forma de tiran\u00eda pol\u00edtica, administrativa, familiar, profesional, o de otra especie.<\/p>\n<p>Hay maravillosas definiciones de la libertad; yo prefiero la manera sencilla, cotidiana, con que el autor ruso se refiere a ella. Es famosa la carta de Ch\u00e9jov a Suvorin, su editor:<\/p>\n<p>\u201cEscriba usted el relato de un joven [se refer\u00eda a \u00e9l mismo] hijo de siervos, antiguo empleado de tienda, cantante de coro, aprendiz, estudiante, educado en el respeto a los altos cargos, el h\u00e1bito de besar la mano de los popes, de reverenciar ideas ajenas, de dar las gracias por cada trozo de pan recibido, que en su ni\u00f1ez fue azotado muchas veces, que ha ido a dar lecciones sin el calzado apropiado para caminar en la nieve, a quien le gustaba almorzar en la casa de sus parientes ricos, que, sin necesidad alguna, s\u00f3lo por sentir su nimiedad, ha sido hip\u00f3crita ante Dios y ante los hombres, escriba usted c\u00f3mo ese joven extirpa de su ser, gota a gota, al esclavo, y un buen d\u00eda al despertar advierte que por sus venas ya no corre sangre de siervos sino verdadera sangre, sangre humana. En ese instante comienza a ser no s\u00f3lo un escritor sino un hombre libre.\u201d<\/p>\n<p>Y en una carta a otro amigo, Alexei Plescheiev:<\/p>\n<p>\u201cMe gustar\u00eda ser un artista libre y nada m\u00e1s. Odio la mentira y la violencia en todas sus formas. El farise\u00edsmo, la estrechez de miras y la arbitrariedad no s\u00f3lo reinan en casa de los comerciantes y en las comisar\u00edas de polic\u00eda, sino que los encuentro tambi\u00e9n en el mundo de la ciencia, la literatura y aun entre la juventud. Me siento por encima de falsedades y prejuicios. Para m\u00ed lo m\u00e1s sagrado es el cuerpo del hombre, su salud, su inteligencia, su talento, su inspiraci\u00f3n, su amor y su libertad, la m\u00e1s absoluta libertad que alguien pueda concebir, la libertad para oponerse a la violencia y a la mentira&#8230;\u201d<\/p>\n<p>El Premio Herralde de novela recay\u00f3 en 1984 en mi libro\u00a0<i>El desfile del amor<\/i>, lo que me gan\u00f3 presencia en los medios literarios espa\u00f1oles. La novela se tradujo a varios idiomas, pero su mayor efecto lo tuvo en M\u00e9xico. Hac\u00eda muchos a\u00f1os que yo escrib\u00eda desde Europa y publicaba en M\u00e9xico en ediciones de peque\u00f1o tiraje. Mis libros recibieron por a\u00f1os aqu\u00ed muy escasa atenci\u00f3n cr\u00edtica. Tuve desde el principio un pu\u00f1ado de entusiastas, pero tambi\u00e9n algunos malquerientes, que consideraban mi narrativa anticuada, fuera de moda, debido, entre otras razones, a que mis personajes no hac\u00edan ejercicio f\u00edsico y se pasaban el tiempo hablando de pintura o de literatura. El premio espa\u00f1ol modific\u00f3 el panorama, mis lectores aumentaron y la cr\u00edtica ha terminado por situar mi obra en el canon de la literatura mexicana. La noci\u00f3n de tener \u00e9xito en Europa me hizo visible en mi pa\u00eds. As\u00ed fueron las cosas. A\u00a0<i>El desfile del amor<\/i>\u00a0sucedieron otras dos novelas:\u00a0<i>Domar a la divina garza<\/i>\u00a0y\u00a0<i>La vida conyugal<\/i>. Constituyen un tr\u00edptico carnavalesco. En alguna parte he descrito esta experiencia:<\/p>\n<p>\u201cA medida que el lenguaje oficial escuchado y emitido todos los d\u00edas se volv\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s rarificado, el de mi novela, por compensaci\u00f3n, se animaba m\u00e1s, se hac\u00eda zumb\u00f3n y canallesco. Cada escena era una caricatura del mundo enmascarado, es decir caricatura de la caricatura. Encontr\u00e9 refugio en el relajo&#8230; La funci\u00f3n de los vasos comunicantes establecidos entre las tres novelas me result\u00f3 de pronto clara: tend\u00eda a reforzar la visi\u00f3n grotesca que las sustentaba. Todo lo que tuviese aspiraciones a la solemnidad, a la sacralizaci\u00f3n, a la autocomplacencia, se desbarrancaba de repente en la mofa, la vulgaridad y el escarnio. Se impon\u00eda un mundo de disfraces. Todas las situaciones, tanto en conjunto como separadas, ejemplifican las tres fases fundamentales que Bajt\u00edn encuentra en la farsa carnavalesca: la coronaci\u00f3n, el destronamiento y la paliza final.\u201d<\/p>\n<p>Pasaron muchos a\u00f1os desde la aparici\u00f3n en 1957 de mi primera publicaci\u00f3n, y mis \u00faltimos libros comenzaron a tener una acogida cr\u00edtica favorable. Y el hecho de ser todav\u00eda un escritor en activo, que publica regularmente textos literarios en revistas y suplementos culturales, y es invitado a dictar conferencias o a impartir cursillos en el pa\u00eds o en el extranjero, debi\u00f3 haber convencido en 1993 al jurado del Premio Nacional de las Artes de que hab\u00eda llegado el momento de otorgarme el de ling\u00fc\u00edstica y literatura.<\/p>\n<p>En efecto, lo recib\u00ed con un poco de retraso porque las circunstancias del momento eran especialmente an\u00f3malas. El d\u00eda 1 de enero de 1994 hab\u00edan sido tomadas en acci\u00f3n militar tres ciudades de Chiapas, las que por unos d\u00edas estuvieron en poder de los rebeldes. Era algo que no hab\u00eda sucedido en M\u00e9xico desde hac\u00eda muchas d\u00e9cadas. Comenzamos a ver en los noticieros de la televisi\u00f3n o en los peri\u00f3dicos fotos que siempre hab\u00edamos considerado normales en Centro o Sudam\u00e9rica, pero jam\u00e1s aqu\u00ed. Nadie pod\u00eda hacer nada en esos d\u00edas sino leer peri\u00f3dicos y ver la televisi\u00f3n. Las conversaciones por lo general giraban en torno a ese fen\u00f3meno. El premio de 1993 no se entreg\u00f3 sino hasta principios de febrero del 94. Todo era muy confuso y era dif\u00edcil entender en los primeros d\u00edas lo que realmente ocurr\u00eda. Me pidieron que leyera el discurso de agradecimiento a nombre de todos los premiados. Me excus\u00e9. Hubiera hablado s\u00f3lo si fuera a t\u00edtulo personal, pero leer un discurso que deb\u00eda representar a todos los premiados me parec\u00eda irresponsable, y abusivo con quienes pod\u00edan tener puntos de vista muy diferentes a los m\u00edos. La ceremonia fue muy tensa, la gravedad de la situaci\u00f3n creaba un nerviosismo exacerbado. El fil\u00f3sofo Fernando Salmer\u00f3n ley\u00f3 p\u00e1ginas soberbias y firmes, haci\u00e9ndole saber al presidente de la Rep\u00fablica la preocupaci\u00f3n de muchos intelectuales y su repulsa a una acci\u00f3n militar que pudiera desencadenar actos de genocidio semejantes a los vividos en la vecina Guatemala.<\/p>\n<p>Las circunstancias creadas en torno al Premio Nacional me condujeron de modo sinuoso a mi siguiente libro,\u00a0<i>El arte de la fuga<\/i>. Ninguno de los periodistas que me entrevistaron en aquella ocasi\u00f3n se interes\u00f3 por mis libros, por el premio o la ceremonia, ni por ning\u00fan proyecto literario que pudiera tener para el futuro. Quer\u00edan m\u00e1s bien saber qu\u00e9 pensaba yo sobre la rebeli\u00f3n en Chiapas, cu\u00e1l era mi posici\u00f3n al respecto. Yo no pod\u00eda responder sino conjeturas. No era partidario de la lucha armada, me aterrorizaba que aquel brote guerrillero llegara a convertirse en algo como Sendero Luminoso: un movimiento eterno que no deseara el fin, un goce de la violencia por s\u00ed misma, un retroceso en todos los sentidos. Pero le daba la raz\u00f3n a los alzados en cuanto a que la situaci\u00f3n de miseria y degradaci\u00f3n de los ind\u00edgenas chiapanecos hab\u00eda llegado a grados de absoluto desamparo. La injusticia era flagrante. Deseaba que el gobierno se determinara a buscar una paz justa y empezar a remediar la situaci\u00f3n atroz de los indios chiapanecos.<\/p>\n<p>Para despejar algunas de mis dudas, para tratar de comprender esa intrincada situaci\u00f3n hist\u00f3rica decid\u00ed viajar a Chiapas, y lo hice poco despu\u00e9s de recibir el premio. Llegu\u00e9 a San Crist\u00f3bal de las Casas. All\u00ed volv\u00ed a encontrar a Monsiv\u00e1is. Era una ciudad ins\u00f3lita. Much\u00edsimos grupos de periodistas extranjeros, instalaciones de televisi\u00f3n de lo m\u00e1s sofisticado, docenas de lenguas se mezclaban entre s\u00ed, y millares y millares de ind\u00edgenas que llenaban las calles, colmaban las iglesias y sus atrios, muchos de ellos exiliados de las monta\u00f1as circundantes a la ciudad por pavor a la guerra. Pas\u00e9 cuatro o cinco d\u00edas en Chiapas. Habl\u00e9 con gente de distinto tipo. Y descubr\u00ed un mundo que apenas lograba sobrevivir en su aterradora orfandad. Ch\u00e9jov, al volver de la isla de Sajal\u00edn, uno de los penales m\u00e1s l\u00f3bregos del zarismo, declar\u00f3 que dicho viaje hab\u00eda transformado su concepci\u00f3n de la vida, y que su literatura mostrar\u00eda de alg\u00fan modo esa transformaci\u00f3n. Cuando al fin llegu\u00e9 a mi casa, a mi jard\u00edn, a mis perros, estaba colmado de dolor y de ira. Le\u00ed unas l\u00edneas de Octavio Paz que siempre me iluminan: &#8220;Pero en nuestra historia aparece un elemento desconocido en Espa\u00f1a: el mundo indio. Es la dimensi\u00f3n a un tiempo \u00edntima e insondable, familiar e inc\u00f3gnita de mi pa\u00eds. Sin ella no ser\u00edamos lo que somos [&#8230;]. El mundo indio fue desde el principio el mundo otro, en la acepci\u00f3n m\u00e1s fuerte del t\u00e9rmino. Otredad que, para nosotros los mexicanos, se resuelve en identidad, lejan\u00eda que es proximidad [&#8230;]&#8221; Lo dice en su discurso al recibir en 1982 el Premio Cervantes. Le\u00eda esas palabras y pensaba en los grupos de chamulas, tzeltales, tzotziles, choles, tojolabales que ve\u00eda arracimados y humillados al lado de los retenes militares en los caminos que acababa de recorrer. Los mexicanos hab\u00edamos vivido esos \u00faltimos a\u00f1os un delirio monumental. Se nos dec\u00eda y repet\u00eda sin cesar que ten\u00edamos puesto un pie en el umbral del primer mundo y lo que mis ojos capturaron fueron vertederos lamentables del decimotercer mundo. En eso se hab\u00edan convertido quienes comparten nuestro yo. Hubo, sin embargo, algo de alentador en el proceso. Se empez\u00f3 a intuir la continuidad hasta entonces intermitente de una sociedad civil. Y comenc\u00e9 a escribir\u00a0<i>El arte de la fuga<\/i>, libro que apenas roza la cuesti\u00f3n de Chiapas, pero que nace de todo lo que se movi\u00f3 en m\u00ed\u00a0durante esos d\u00edas, transformado por la literatura en un peregrinaje hacia el centro de m\u00ed mismo, a mi infancia, a mis ra\u00edces. En cuatro d\u00edas, hab\u00eda rejuvenecido cuarenta a\u00f1os. Es posible que ese aliento haya tocado alguna fibra del lector. Hab\u00eda escrito aquellas p\u00e1ginas como un registro personal, casi secreto, y de inmediato se convirti\u00f3 con mucho en el libro m\u00e1s popular de todos los que he escrito. Es m\u00e1s, me vali\u00f3 otro premio: el Mazatl\u00e1n.<\/p>\n<p>Esta es, pues, la historia de mis premios y de sus consecuencias. El Premio Juan Rulfo cuya adjudicaci\u00f3n me honra, lleva el nombre del m\u00e1s extraordinario narrador mexicano, cuyos libros\u00a0<i>Pedro P\u00e1ramo<\/i>\u00a0y\u00a0<i>El llano en llamas<\/i>\u00a0nacieron ya como dos cl\u00e1sicos de nuestra literatura, y as\u00ed se les vio desde el momento de su aparici\u00f3n. Mi admiraci\u00f3n por Rulfo y sus libros es inmensa. Prometo intentar en el futuro, hasta el alcance de mis fuerzas, ser digno de este premio y ese nombre venerable.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6>Foto: Sergio Pitol, escritor mexicano, recibe el Premio Cervantes del Rey Juan Carlos I de Espa\u00f1a, 2005.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El d\u00eda 24 de julio se me inform\u00f3 que un jurado internacional me hab\u00eda adjudicado el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe &#8220;Juan Rulfo&#8221;. Dif\u00edcilmente podr\u00eda expresar la emoci\u00f3n de ese momento. El mismo nombre del premio es un motivo de satisfacci\u00f3n y de orgullo, equivale a recibir otro premio.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1990,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[2956,4460],"genre":[2019],"pretext":[2033,2032],"section":[2375],"translator":[2460],"lal_author":[3037],"class_list":["post-1993","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-mexico-es","tag-numero-5","genre-essay-es","pretext-ensayo-es","pretext-essay-es","section-featured-author-sergio-pitol-es","translator-george-henson-es","lal_author-sergio-pitol-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1993","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1993"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1993\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32339,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1993\/revisions\/32339"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1990"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1993"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1993"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1993"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=1993"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=1993"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=1993"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=1993"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=1993"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}