{"id":1944,"date":"2018-01-26T23:49:10","date_gmt":"2018-01-27T05:49:10","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2018\/01\/victorio-ferri-tells-tale-sergio-pitol\/"},"modified":"2023-06-06T20:01:08","modified_gmt":"2023-06-07T02:01:08","slug":"victorio-ferri-tells-tale-sergio-pitol","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2018\/01\/victorio-ferri-tells-tale-sergio-pitol\/","title":{"rendered":"&#8220;Victorio Ferri cuenta un cuento&#8221; de Sergio Pitol"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<p style=\"text-align: right;\">Para Carlos Monsiv\u00e1is<\/p>\n<p>S\u00e9 que me llamo Victorio. S\u00e9 que creen que estoy loco (versi\u00f3n cuya insensatez a veces me enfurece, otras tan s\u00f3lo me divierte). S\u00e9 que soy diferente a los dem\u00e1s, pero tambi\u00e9n mi padre, mi hermana, mi primo Jos\u00e9 y hasta Jesusa, son distintos, y a nadie se le ocurre pensar que est\u00e1n locos; cosas peores se dicen de ellos. S\u00e9 que en nada nos parecemos al resto de la gente y que tampoco entre nosotros existe la menor semejanza. He o\u00eddo comentar que mi padre es el demonio y aunque hasta ahora jam\u00e1s haya llegado a descubrirle un signo externo que lo identifique como tal, mi convicci\u00f3n de que es quien es se ha vuelto indestructible. No obstante que en ocasiones me enorgullece, en general ni me place ni me amedrenta el hecho de formar parte de la progenie del maligno.<\/p>\n<p>Cuando un pe\u00f3n se atreve a hablar de mi familia dice que nuestra casa es el infierno. Antes de o\u00edr por primera vez esa aseveraci\u00f3n yo imaginaba que la morada de los diablos deb\u00eda ser distinta (pensaba, es claro, en las tradicionales llamas), pero cambi\u00e9 de opini\u00f3n y di cr\u00e9dito a sus palabras, cuando luego de un arduo y doloroso meditar se me vino a la cabeza que ninguna de las casas que conozco se parece a la nuestra. No habita el mal en ellas y en \u00e9sta s\u00ed.<\/p>\n<p>La perversidad de mi padre de tanto prodigarse me fatiga; le he visto el placer en los ojos al ordenar el encierro de alg\u00fan pe\u00f3n en los cuartos del fondo de la casa. Cuando los hace golpear y contempla la sangre que mana de sus espaldas laceradas muestra los dientes con expresi\u00f3n de j\u00fabilo. Es el \u00fanico en la hacienda que sabe re\u00edr as\u00ed, aunque tambi\u00e9n yo estoy aprendiendo a hacerlo. Mi risa se est\u00e1 volviendo de tal manera atroz que las mujeres al o\u00edrla se persignan. Ambos ense\u00f1amos los dientes y emitimos una especie de gozoso relincho cuando la satisfacci\u00f3n nos cubre. Ninguno de los peones, ni aun cuando est\u00e1n m\u00e1s trabajados por el alcohol, se atreve a re\u00edr como nosotros. La alegr\u00eda, si la recuerdan, otorga a sus rostros una mueca que no llega a ser sonrisa.<\/p>\n<p>El miedo se ha entronizado en nuestras propiedades. Mi padre ha seguido la obra de su padre, y cuando a su vez \u00e9l desaparezca yo ser\u00e9 el se\u00f1or de la comarca: me convertir\u00e9 en el demonio: ser\u00e9 el Azote, el Fuego y el Castigo. Obligar\u00e9 a mi primo Jos\u00e9 a que acepte en dinero la parte que le corresponde, y, pues prefiere la vida de la ciudad, se podr\u00e1 ir a ese M\u00e9xico del que tanto habla, que Dios sabe si existe o tan s\u00f3lo lo imagina para causarnos envidia; y yo me quedar\u00e9 con las tierras, las casas y los hombres, con el r\u00edo donde mi padre ahog\u00f3 a su hermano Jacobo, y, para mi desgracia, con el cielo que nos cubre cada d\u00eda, con un color distinto, con nubes que lo son s\u00f3lo un instante para transformarse en otras, que a su vez ser\u00e1n otras. Procuro levantar la mirada lo menos posible, pues me atemoriza que las cosas no sean siempre id\u00e9nticas, que se me escapen vertiginosamente de los ojos. En cambio, Carolina, para molestarme, no obstante que al ser yo su mayor deber\u00eda guardarme alg\u00fan respeto, pasa ratos muy largos en la contemplaci\u00f3n del cielo, y en la noche, mientras cenamos, cuenta, adornada por una est\u00fapida mirada que no se atreve a ser de \u00e9xtasis, que en el atardecer las nubes ten\u00edan un color oro sobre un fondo lila, o que en el crep\u00fasculo el color del agua sucumb\u00eda al del fuego, y otras bober\u00edas por el estilo. De haber alguien verdaderamente pose\u00eddo por la demencia en nuestra casa, ser\u00eda ella. Mi padre, complaciente, finge una excesiva atenci\u00f3n y la alienta a proseguir, \u00a1como si las necedades que escucha pudieran guardar para \u00e9l alg\u00fan sentido! Conmigo jam\u00e1s habla durante las comidas, pero ser\u00eda tonto que me resintiera por ello, ya que por otra parte s\u00f3lo a m\u00ed me concede disfrutar de su intimidad cada ma\u00f1ana, al amanecer, cuando apenas regreso a la casa y \u00e9l, ya con una taza de caf\u00e9 en la mano que sorbe apresuradamente, se dispone a lanzarse a los campos a embriagarse de sol y brutalmente aturdirse con las faenas m\u00e1s rudas. Porque el demonio (no me lo acabo de explicar, pero as\u00ed es) se ve acuciado por la necesidad de olvidarse de su crimen. Estoy seguro de que si yo ahogara a Carolina en el r\u00edo no sentir\u00eda el menor remordimiento. Tal vez un d\u00eda, cuando pueda librarme de estas sucias s\u00e1banas que nadie, desde que ca\u00ed enfermo, ha venido a cambiar, lo haga. Entonces podr\u00e9 sentirme dentro de la piel de mi padre, conocer por m\u00ed mismo lo que en \u00e9l presiento, aunque, desgraciadamente, incomprensiblemente, entre nosotros siempre se interpondr\u00e1 una diferencia: \u00e9l amaba a su hermano m\u00e1s que a la palma que sembr\u00f3 frente a la galer\u00eda, y a su yegua alazana y a la potranca que pari\u00f3 su yegua; en tanto que Carolina es para m\u00ed s\u00f3lo un peso estorboso y una presencia nauseabunda.<\/p>\n<p>En estos d\u00edas, la enfermedad me ha llevado a rasgar m\u00e1s de un velo hasta hoy intocado. A pesar de haber dormido desde siempre en este cuarto, puedo decir que apenas ahora me entrega sus secretos. Nunca hab\u00eda, por ejemplo, reparado en que son diez las vigas que corren a trav\u00e9s del techo, ni que en la pared frente a la cual yazgo hay dos grandes manchas producidas por la humedad, ni en que, y este descuido me resulta intolerable, bajo la pesada c\u00f3moda de caoba anidaran en tal profusi\u00f3n los ratones. El deseo de atraparlos y sentir en los labios el latir de su agon\u00eda me atenaza. Pero tal placer por ahora me est\u00e1 vedado.<\/p>\n<p>No se crea que la multiplicidad de descubrimientos que d\u00eda tras d\u00eda voy logrando me reconcilia con la enfermedad, \u00a1nada de eso! La a\u00f1oranza, a cada momento m\u00e1s intensa, de mis correr\u00edas nocturnas es constante. A veces me pregunto si alguien estar\u00e1 sustituy\u00e9ndome, si alguien cuyo nombre desconozco usurpa mis funciones. Tal s\u00fabita inquietud se desvanece en el momento mismo de nacer; me regocija el pensar que no hay en la hacienda quien pudiera llenar los requisitos que tan laboriosa y delicada ocupaci\u00f3n exige. S\u00f3lo yo que soy conocido de los perros, de los caballos, de los animales dom\u00e9sticos, puedo acercarme a las chozas a escuchar lo que el peonaje murmura sin obtener el ladrido, el cacareo o el relincho con que tales animales denunciar\u00edan a cualquier otro.<\/p>\n<p>Mi primer servicio lo hice sin darme cuenta. Averig\u00fc\u00e9 que detr\u00e1s de la casa de Lupe hab\u00eda fincado un topo. Tendido, absorto en la contemplaci\u00f3n del agujero pas\u00e9 varias horas en espera de que el animalejo apareciera. Me toc\u00f3 ver, a mi pesar, c\u00f3mo el sol era derrotado una vez m\u00e1s, y con su aniquilamiento me fue ganando un denso sopor contra el que toda lucha era imposible. Cuando despert\u00e9, la noche hab\u00eda cerrado. Dentro de la choza se o\u00eda el suave ronroneo de voces presurosas y confiadas. Pegu\u00e9 el o\u00eddo a una ranura y fue entonces cuando por primera vez me enter\u00e9 de las consejas que sobre mi casa corr\u00edan. Cuando reproduje la con versaci\u00f3n mi servicio fue premiado. Parece ser que mi padre se sinti\u00f3 halagado al revel\u00e1rsele que yo, contra todo lo que esperaba, pod\u00eda llegarle a ser \u00fatil. Me sent\u00ed feliz porque desde ese momento adquir\u00ed sobre Carolina una superioridad innegable.<\/p>\n<p>Han pasado ya tres a\u00f1os desde que mi padre orden\u00f3 el castigo de la Lupe, por maledicente. El correr del tiempo me va convirtiendo en un hombre, y, gracias a mi trabajo, mando conocimientos que no por serme naturales me dejan de parecer prodigiosos: he logrado ver a trav\u00e9s de la noche m\u00e1s profunda; mi o\u00eddo se ha vuelto tan fino como lo puede ser el de una nutria; camino tan sigilosa, tan, si se puede decir, aladamente, que una ardilla envidiar\u00eda mis pasos; puedo tenderme en los tejados de los jacales y permanecer all\u00ed durante largu\u00edsimos ratos hasta que escucho las frases que m\u00e1s tarde repetir\u00e1 mi boca. He logrado oler a los que van a hablar. Puedo decir, con soberbia, que mis noches rara vez resultan bald\u00edas, pues por sus miradas, por la forma en que su boca se estremece, por un cierto temblor que percibo en sus m\u00fasculos, por un aroma que emana de sus cuerpos, identifico a los que una \u00faltima verg\u00fcenza, o un rescoldo de dignidad, de rencor, de desesperanza, arrastrar\u00e1n por la noche a las confidencias, a las confesiones, a la murmuraci\u00f3n. He conseguido que nadie me descubra en estos tres a\u00f1os; que se atribuya a sat\u00e1nicos poderes la facultad que mi padre tiene de conocer sus palabras y castigarlas en la debida forma. En su ingenuidad llegan a creer que \u00e9sta es una de las atribuciones del demonio. Yo me r\u00edo. Mi certeza de que \u00e9l es el diablo proviene de razones m\u00e1s profundas.<\/p>\n<p>A veces, s\u00f3lo por entretenerme, voy a espiar la choza de Jesusa. Me ha sido dado contemplar c\u00f3mo su duro cuerpecito se entreteje con la vejez de mi padre. La lubricidad de sus contorsiones me trastorna. Me digo, muy para mis adentros, que la ternura de Jesusa deb\u00eda dirigirse a m\u00ed, que soy de su misma edad, y no al maligno, que hace mucho cumpli\u00f3 los setenta.<\/p>\n<p>En varias ocasiones ha estado aqu\u00ed el doctor. Me examina con pretenciosa inquietud. Se vuelve hacia mi padre y con voz grave y misericordiosa declara que no tengo remedio, que no vale la pena intentar ning\u00fan tratamiento y que s\u00f3lo hay que esperar con paciencia la llegada de la muerte. Observo c\u00f3mo en esos momentos el verde se torna m\u00e1s claro en los ojos de mi padre. Una mirada de j\u00fabilo (de burla) campea en ellos y ya para esos momentos no puedo contener una estruendosa risotada que hace palidecer de incomprensi\u00f3n y de temor al m\u00e9dico. Cuando al fin se va \u00e9ste, el siniestro suelta tambi\u00e9n la carcajada, me palmea la espalda y ambos re\u00edmos hasta la locura.<\/p>\n<p>Est\u00e1 visto que de entre los muchos infortunios que pueden aquejar al hombre, los peores provienen de la soledad. Siento c\u00f3mo \u00e9sta trata de abatirme, de romperme, de introducirme pensamientos. Hasta hace un mes era totalmente feliz. Las ma\u00f1anas las entregaba al sue\u00f1o; por las tardes correteaba en el campo, iba al r\u00edo, o me tend\u00eda boca abajo en el pasto, esperando que las horas sucedieran a las horas. Durante la noche o\u00eda. Me era siempre doloroso pensar; y evitaba hacerlo. Ahora, con frecuencia se me ocurren cosas y eso me aterra. Aunque s\u00e9 que no voy a morir, que el m\u00e9dico se equivoca, que en el Refugio necesita haber siempre un hombre, pues cuando muere el padre el hijo ha de asumir el mando: as\u00ed ha sido desde siempre y las cosas no pueden ya ocurrir de otra manera (por eso mi padre y yo, cuando se afirma lo contrario, estallamos de risa). Pero cuando solo, triste, al final de un largo d\u00eda comienzo a pensar, las dudas me acongojan. He comprobado que nada sucede fatalmente de una sola manera. En la repetici\u00f3n de los hechos m\u00e1s triviales se producen variantes, excepciones, matices. \u00bfPor qu\u00e9, pues, no habr\u00eda de quedarse la hacienda sin el hijo que sustituye al patr\u00f3n? Una inquietud peor se me ha incrustado en los \u00faltimos d\u00edas, al pensar que es posible que mi padre crea que voy a morir y su risa no sea, como he supuesto, de burla hacia el doctor, sino producida por el gozo que la idea de mi desaparici\u00f3n le produce, la alegr\u00eda de poder librarse al fin de mi voz y mi presencia. Es posible que los que me odian le hayan llevado al convencimiento de mi locura&#8230;<\/p>\n<p>En la capilla que los Ferri poseen en la iglesia parroquial de San Rafael hay una peque\u00f1a l\u00e1pida donde puede leerse:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Victorio Ferri<br \/>\nmuri\u00f3 ni\u00f1o<br \/>\nsu padre y hermana lo recuerdan con amor<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">M\u00e9xico, 1957<\/p>\n<h5 style=\"text-align: left;\">Foto: Carlos Monsiv\u00e1is, Margo Glantz y Sergio Pitol, escritores mexicanos.<\/h5>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>S\u00e9 que me llamo Victorio. 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