{"id":1940,"date":"2018-01-26T23:18:03","date_gmt":"2018-01-27T05:18:03","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2018\/01\/leaving-behind-realitys-ruins-following-digital-tracks-latin-american-cyberpunk\/"},"modified":"2023-06-06T20:08:21","modified_gmt":"2023-06-07T02:08:21","slug":"leaving-behind-realitys-ruins-following-digital-tracks-latin-american-cyberpunk","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2018\/01\/leaving-behind-realitys-ruins-following-digital-tracks-latin-american-cyberpunk\/","title":{"rendered":"&#8220;Dejando atr\u00e1s las ruinas de lo real: Tras las huellas digitales del cyberpunk latinoamericano&#8221; de Marcelo Novoa"},"content":{"rendered":"<div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'; color: #424242; min-height: 15.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'; color: #424242}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times}<br \/>p.p6 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p7 {margin: 2.2px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p8 {margin: 2.2px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p9 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.s1 {color: #424242}<br \/>span.s2 {text-decoration: underline ; color: #00000a}<br \/><\/style>\n<p>Se\u00f1alemos aqu\u00ed una ascendente pr\u00e1ctica de mercadeo digital y que puede denominarse \u201cconfusi\u00f3n consensuada\u201d; \u00e9sta escudri\u00f1a en sectores a\u00fan invisibles de la red donde los productos culturales son rebeldes al consumo masivo. Entonces, este \u201cconsenso en las sombras\u201d se da ma\u00f1a identificando nodos sensitivos inusuales (como artistas, obras o tem\u00e1ticas a\u00fan sin etiquetar) y procede a desmenuzarlos en hitos aislados (sin contexto ni paratexto posible), para devolverlos al ruedo burs\u00e1til, recubiertos de la sutil gasa indeleble de las llamadas tendencias \u201cen alza\u201d. \u00bfPara qu\u00e9? Para que luego millones de usuarios, al\u00e9rgicos a la publicidad habitual, los recepcionen sin sentirse forzados, o lo que es peor, violentados. Pues su satisfacci\u00f3n\/rechazo a\u00fan sigue intacta y al alcance de la mano, apenas a un clic de distancia.<\/p>\n<p>Por ello, no dudaremos en comprobar aqu\u00ed el impacto est\u00e9tico y program\u00e1tico del <i>cyberpunk<\/i> en la cultura latinoamericana (desde los 90 al presente milenio); pues si antes dicha comunidad fue visualizada como simple consumidora pasiva de productos culturales primermundistas de alta densidad: c\u00f3mics, cine, m\u00fasica, videojuegos o plataformas multimediales. Ahora somos parte ineludible del caldero <i>high tec<\/i> donde se fr\u00ede a fuego lento nuestra modernidad l\u00edquida, no importando d\u00f3nde nos encontremos, ni menos, de d\u00f3nde provengamos.<\/p>\n<p>Aunque el movimiento literario <i>cyberpunk<\/i> norteamericano se consider\u00f3 a s\u00ed mismo un \u201cnuevo g\u00e9nero\u201d all\u00e1 por los 80 s\u00f3lo consigui\u00f3 mantener dicho estatus hasta el 2000. \u00bfPero, qu\u00e9 novedad represent\u00f3 al interior de la ciencia ficci\u00f3n para hacerse tan popular y digno del plagio comercial hasta la caricatura? Lo primero, claramente, fue su sinton\u00eda con el \u201cmalestar de \u00e9poca\u201d (un giro fascista mundial a cargo de Reagan, Thatcher y las dictaduras latinoamericanas, en lo pol\u00edtico; pero tambi\u00e9n, el curso de impacto inminente en las endebles econom\u00edas de los desprovistos microclimas tercermundistas). As\u00ed mismo, todas las novelas y relatos <i>cyberpunk<\/i> ten\u00edan la peculiaridad de estar ambientadas en ciudades del tama\u00f1o de pa\u00edses peque\u00f1os o derechamente mundos dist\u00f3picos. Pero no s\u00f3lo se trat\u00f3 de extrapolar totalitarismos, propios de la Guerra Fr\u00eda, describiendo f\u00e9rreas sociedades centralizadas, sino que situaron a sus protagonistas de neo-posguerra (ladrones, <i>outsiders<\/i>, perdedores) en turbios callejones y guetos atestados de esas mega-metr\u00f3polis, enfrent\u00e1ndose a formidables corporaciones con novedosas t\u00e1cticas de guerrilla inform\u00e1tica y transmedial, al centro de neotribus urbanas siempre en descomposici\u00f3n, a sabiendas que sus destinos son regidos por ignotos hilos del capital y la tecnolog\u00eda de punta (cibern\u00e9tica, gen\u00e9tica, rob\u00f3tica y toda la parafernalia armamentista que se perpetra de espaldas al elector en ocultos laboratorios subterr\u00e1neos, como infeliz alegor\u00eda de la arrogante paranoia de las superpotencias).<\/p>\n<p>Erick J. Mota, autor de <i>Habana underwater<\/i>, una versi\u00f3n posciberpunk de la Cuba actual, en su art\u00edculo <i>El cyberpunk, una deconstrucci\u00f3n de la realidad. Apuntes sobre un posible \u2018neo-ciber-punk cubano <\/i>puntualiza: \u201cEl cyberpunk extrapol\u00f3 los miedos de la sociedad norteamericana en plena guerra fr\u00eda. El miedo a una nueva guerra, peor a\u00fan, a perderla y quedar pobres y dependientes del capital extranjero. El miedo a volver a una neo gran depresi\u00f3n. El miedo a que el poder pol\u00edtico de la democracia sucumbiera al dinero de corporaciones extranjeras. El miedo a las nacientes corporaciones japonesas. El miedo a ser gobernados por un poder econ\u00f3mico extranjero perteneciente a una cultura rara, ajena y posiblemente rencorosa por dos bombas at\u00f3micas. (El <i>cyberpunk<\/i>) recrea un ambiente de postapocalipsis econ\u00f3mico que funcionaba en los lectores como un mundo-espejo de sus miedos en la realidad real [\u2026]\u201d.<\/p>\n<p>Las novelas y relatos de William Gibson, Bruce Sterling o Pat Cadigan se alejaron as\u00ed de la ciencia ficci\u00f3n ortodoxa para asomarse a una filosa prosa colindante con la poes\u00eda urbana, digna de los cl\u00e1sicos del g\u00e9nero policial, pero situados en un futuro cercano irreconocible. A la vez que desde\u00f1aban intencionalmente el culto a la ciencia y la tecnolog\u00eda bienhechora de sus predecesores. Pues el <i>cyberpunk<\/i> cl\u00e1sico no fue la extrapolaci\u00f3n de los peligros de la computaci\u00f3n (aunque instalar\u00eda definitivamente esa subcultura casi ilegal de superusuarios rebautizados en <i>hackers<\/i>), reflejando un <i>zeitgeist<\/i> mutante en el espejo roto de la realidad tal si \u00e9sta estuviera conformada por fractales hologr\u00e1ficos de un feroz tiempo contiguo. Llegando, inclusive, a prefigurar sus antecesores en nombres claves como George Orwell, Alfred Bester, William Burroughs y Philip K. Dick; pues de este \u00faltimo inmortalizar\u00e1n su imaginario en el filme <i>Blade Runner <\/i>(1982). Inclusive su obsesivo recelo al naciente poder\u00edo nip\u00f3n ayudar\u00eda a modelar el neo-cyberpunk japon\u00e9s, pues artistas como Katsuhiro Otomo y Masamure Shirow, seducidos por los alcances visuales del g\u00e9nero, pusieron su ej\u00e9rcito de ilustradores y animadores a recrear lo que hasta hoy se reconoce como \u201cest\u00e9tica cyberpunk\u201d en mangas y anim\u00e9 sobresalientes. <i>Akira<\/i> (1988) o <i>Ghost in the Shell <\/i>(1993) fijaron en nuestras retinas las enrarecidas atm\u00f3sferas postindustriales y las arquitecturas tecno-delirantes de manera tan poderosamente evocativa como las novelas en que se inspiraron.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, reci\u00e9n iniciado el nuevo milenio, la audaz promesa de un genuino movimiento literario se licu\u00f3 apenas en un subg\u00e9nero, y de ah\u00ed al <i>mainstream<\/i> esteticista, bastaba una sola tecla. Luego, libros que se autocopiaron hasta el clich\u00e9, junto a comics y filmes de bajo presupuesto y pobr\u00edsimo aporte argumental, congelaron su rara poes\u00eda y su rudeza milenarista en simples gui\u00f1os vacuos para aludir a un futuro facilista y simpl\u00f3n, que los instal\u00f3 inc\u00f3modamente en el museo de los experimentos literarios con fecha de caducidad. Cuando en realidad, desde el minuto cero y hasta ahora mismo viajan diluidos en jergas juveniles, trasmutados en artes <i>borderline<\/i>, nutriendo aun los dialectos inform\u00e1ticos y repercutiendo como ruido de fondo en tant\u00edsima tesis social de g\u00e9nero e impacto tecnol\u00f3gico sobre los cuerpos y todas aquellas variantes de lo que sumariamente citaremos aqu\u00ed como \u201ccibercultura\u201d; sin olvidar, por cierto, los protocolos de contingencia ante la cada vez m\u00e1s real autonom\u00eda de las IA.<\/p>\n<p>Entonces, \u00bfexiste o no, algo llamado cyberpunk latinoamericano?<\/p>\n<p>Lo primero es decir que nos encontraremos con un pu\u00f1ado de obras pioneras, insertas en los c\u00f3digos y claves del g\u00e9nero, pero con inusuales variantes estil\u00edsticas y ling\u00fc\u00edsticas de cada pa\u00eds o zona geograf\u00eda (jerga, <i>slang<\/i> o lunfardo de nuevo cu\u00f1o), las mismas que no hallaremos en el resto de la ciencia ficci\u00f3n local, que ambiciona ser neutra y equilibrada, pero que a la vez intenta deslumbrarnos con sociedades y artefactos impensados. Reescribir\u00e1n as\u00ed su modalidad textual interceptando constantemente la gran tradici\u00f3n fant\u00e1stica y colm\u00e1ndola de detritus industriales de una modernidad nunca resuelta, lo que acabar\u00e1 por hiperventilar esa precaria noci\u00f3n de cu\u00e1n ben\u00e9fica deb\u00eda resultarnos la globalizaci\u00f3n y que solo al cyberpunk-escrito<i>-desde-ac\u00e1<\/i> le interes\u00f3 desinflar tan concienzudamente. Entonces, en plena d\u00e9cada de los 90, este flamante <i>movimiento<\/i> se manifestar\u00e1 en una postura rupturista de j\u00f3venes creadores interdisciplinarios que colaboran en la proliferaci\u00f3n de fanzines<i>, <\/i>e-zines<i>, revistas y sitios web<\/i> desde M\u00e9xico hasta Argentina, pasando por Cuba, concentrando los mayores aportes al g\u00e9nero, adem\u00e1s de sumar otros vectores furtivos al mapa de la ciencia ficci\u00f3n latinoamericana, como Chile o Bolivia.<\/p>\n<p>Porque Latinoam\u00e9rica s\u00ed ley\u00f3 una singularidad impensada bajo la letra anglosajona. Al reconocerse de inmediato en las luces y sombras de esta miseria pos-cualquier guerra, que tan bien se describ\u00eda en las novelas germinales gringas (inauguradas por <i>Neuromante<\/i> (1984), consagradas por <i>Mirrorshades<\/i> (1988) o <i>Snowcrash<\/i> (1989) que marcar\u00eda la temprana clausura del movimiento) y que llegaron hasta nuestros lectores a trav\u00e9s de <i>fanzines<\/i> que los copiaban sin permiso, de traductores improvisados que sub\u00edan sus versiones libres a la red y de ese noble \u201ccorreo de las brujas\u201d que es y ha sido la generosa comunidad latina del fandom, al interpretarlo como hiperrealismo o naturalismo m\u00e1gico 2.0. Y por eso copiaron, deformando, doblando el original en \u00e1ngulos inveros\u00edmiles, pero con la convicci\u00f3n de que estaban dando cuenta de un impropio esp\u00edritu aterrado de \u00e9poca neomilenarista. Como bien dice Erick J. Mota: \u201cEn todo caso, Latinoam\u00e9rica se aparta de la corriente principal de la ciencia ficci\u00f3n, hasta ahora impuesta por sus creadores anglosajones. Ofrecen un cyberpunk con chamanes, exorcismos controlados, m\u00e9diums militares, y teclados-ouija. Una nueva propuesta m\u00edstico-inform\u00e1tica-hard. Algo diferente concebido por autores hispanohablantes. Un acercamiento desde un lente diferente, incluso, un aporte a la ciencia ficci\u00f3n [\u2026]\u201d como sucede con la novela a\u00fan invisible en nuestros pagos: <i>Elei<\/i> (1988) del chileno Leonardo Gaggero, que versiona <i>Nova Express<\/i> (1964) de William Burroughs, pero en clave de dictadura bananera revisitada como si fuese \u201cun c\u00f3mic underground\u201d.<\/p>\n<p>Las otras novelas y narraciones breves, m\u00e1s reconocidas por estudiosos y lectores son: Santa Clara Poltergeist (1991) del multiartista brasile\u00f1o Fausto Fawcett, ambientada en una Copacabana calenturienta, decadente y futurista; La Primera Calle de la Soledad (1993) del mexicano Gerardo Horacio Porcayo, que advierte la eclosi\u00f3n de peligrosas sectas religiosas de nuevo cu\u00f1o;<i> Latinoam\u00e9rica 2025 <\/i>(1994) del boliviano Fernando Aracena Cejas (usando el seud\u00f3nimo de Carlos Nova) instala su juvenil guerrilla cibern\u00e9tica contra gobiernos totalitarios t\u00edteres de megaempresas; o el ensayo sin precedentes <i>Realidad virtual y cultura cyberpunk <\/i>(1995) del siempre adelantado autor cubano Ra\u00fal Aguiar; y el resto del equipo cyber-mexica, con sus colecciones de relatos: <i>Yonke<\/i> (1998) de Pepe Rojo, <i>\u00a1Bzzzzzzzt! Ciudad Interfase<\/i> (1998) de Bernardo Fern\u00e1ndez Bef y <i>Perro de Luz<\/i> (1999) de Gerardo Sifuentes, que descorren el velo de la miseria fin de siglo para descerrajar c\u00f3digos binarios de las b\u00f3vedas bien intencionadas de los poderosos de siempre.<\/p>\n<p>Y el siglo XXI nos trajo bytes nuevos en arcaicos chips, o viceversa de un acelerado caleidoscopio en realidad aumentada. Partamos con <i>Sue\u00f1os Digitales<\/i> (2000) del boliviano Edmundo Paz Sold\u00e1n, que nos habla de tecnofetichismo, manipulaci\u00f3n de im\u00e1genes y verdades hist\u00f3ricas pasadas por <i>photoshop<\/i>; <i>Ejec\u00fatese el Ma\u00f1ana<\/i> (2000) del ecuatoriano JD Santib\u00e1\u00f1ez, un duro neothriller pol\u00edticamente incorrecto; <i>Donde yo no estaba<\/i> (2001) del argentino Marcelo Cohen muestra un mundo postapocal\u00edptico que ha degenerado hacia la no-linealidad temporal; <i>Ni\u00f1os de Ne\u00f3n<\/i> (2001) y <i>Dioses de Ne\u00f3n<\/i> (2006) del cubano Michel Encinosa F\u00fa, nos hace perder pie a la vez que nos encumbra entre mega-chabolas de Ofidia, su alucinante NeoAntillas; <i>Ygdrasil<\/i> (2005) del chileno Jorge Baradit, oportunamente expande sus m\u00faltiples contagios intertextuales de cultura pop y ciberchamanismo; <i>Postales del Porvenir<\/i>.<i> La literatura de anticipaci\u00f3n en la Argentina neoliberal (1988-1995) <\/i>(2006) del acad\u00e9mico Fernando Reati, tard\u00edamente advierte en ciertas novelas postapocal\u00edpticas de su pa\u00eds una certera cr\u00edtica al presente neoliberal;<b> <\/b>Gel Azul (2007) del mexicano Bernardo Fern\u00e1ndez Bef, se las toma contra los nuevos para\u00edsos artificiales de realidad virtual; <i>La Segunda Enciclopedia de Tl\u00f6n<\/i> (2007) del gran chileno, Sergio Meier, anota penetrantes notas de campo sobre las implicancias esot\u00e9ricas de construir catedrales virtuales en universos paralelos; <i>Nova de cuarzo<\/i> (2001) e <i>Hipernova<\/i> (2012) del cubano Vladimir Hern\u00e1ndez, desmontan el oculto deleite militarista de los juegos de ciberespacio, mientras los reescribe con divertida lucidez; <i>Ideva: Liberaci\u00f3n<\/i> (2016) del chileno Mat\u00edas Garret\u00f3n introduce el <i>biopunk<\/i> a la ecuaci\u00f3n de masas empobrecidas + r\u00e9gimen totalitario = experimentaci\u00f3n gen\u00e9tica con IAs a punto de cocci\u00f3n; para devolvernos hasta uno de los pioneros, <i>Plasma Expr\u00e9s<\/i> (2016) de Gerardo Horacio Porcayo, con un D.F. que se hunde e inunda, y donde afloran in\u00e9ditas tribus urbanas, a\u00fan m\u00e1s da\u00f1inas que sus sectas neomilenaristas de hace dos d\u00e9cadas atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Y no nos olvidamos aqu\u00ed de los magn\u00edficos cuentos de <i>Primera l\u00ednea<\/i> (1983) de Carlos Gardini, quien es considerado el precursor de la est\u00e9tica <i>cyberpunk <\/i>en Argentina, iniciando a su vez, la ficcionalizaci\u00f3n cr\u00edtica de la guerra de Malvinas, para transmutar en la sombra tras el trono de la anticipaci\u00f3n porte\u00f1a. Hoy, la nueva camada de autores rioplatenses retomar\u00e1n el g\u00e9nero haci\u00e9ndolo propio, al rearmar an\u00e1logamente sus imaginarios digitales, tal como sucede en \u00bfSue\u00f1an los gauchoides con \u00f1and\u00faes el\u00e9ctricos? (2013) relatos del argentino Michel Nieva, que hace o\u00eddos sordos a su tradici\u00f3n para distorsionarla en una anticipaci\u00f3n estramb\u00f3tica; <i>Los cuerpos del verano<\/i> (2013) de Mart\u00edn Felipe Castagnet, donde las almas tras d\u00e9cadas de \u201cflotaci\u00f3n\u201d en internet se reincorporan a an\u00f3nimos cuerpos para acabar siempre en medio de nuevas venganzas; <i>Cr\u00eda terminal<\/i> (2014) de Germ\u00e1n Maggiori es un colorido vistazo al inadmisible mundo hacia donde marchamos felices; <i>El recurso humano<\/i> (2014) de Nikol\u00e1s Mavrakis explora las contingencias paranoicas del lenguaje que construye realidades entretejidas de spams y firewalls; <i>Las constelaciones oscuras<\/i><b><i> <\/i><\/b>(2015) de Pola Oloixarac est\u00e1 plagada de bi\u00f3logos y hackers con sus c\u00f3dices por revertir, en la vieja restituci\u00f3n del control total de unos sobre otros; y los cuentos Pyongyang <i>(2017)<\/i> de <i>Hern\u00e1n Vanoli<\/i> retratan una suerte de selfis falseadas por stress de \u00e9xito a escala industrial o bien, simple ahogo por mengua de dosis de la tecnodependencia de cada d\u00eda.<\/p>\n<p>Hoy lo sabemos, sin ambages, fuimos enga\u00f1ados y lo aceptamos sin oponer resistencia. Televisi\u00f3n por cable, sonido est\u00e9reo, discos compactos, cirug\u00eda est\u00e9tica, implantes de silicona, alimentos cancer\u00edgenos. Todo el futuro prometido lo cambiamos por un simple pantallazo en las redes virtuales. Mientras el cuerpo se esfumaba un poco cada vez (las grandes masas ac\u00e9falas disfrutando a cabalidad de sus econom\u00edas a escala infinitesimal), fuimos confinados a porciones m\u00e1s y m\u00e1s insignificantes de soma real. Y esta verdad\/mentira orwelliana lo cubri\u00f3 todo hasta donde la vista alcanzaba, estableciendo un nudo est\u00e9tico-conceptual dif\u00edcil de zanjar en todo escritor latinoamericano de los 80 y 90, que no fuese por la v\u00eda subliminal del Realismo Sucio o la explosiva pero infecunda denuncia pol\u00edtica. Y nos ha costado d\u00e9cadas que la comunidad lectora examine discretamente el mapa literario del periodo en su totalidad. Por ello presiento que visitar aqu\u00ed algunos nombres y obras adscritas al subg\u00e9nero <i>cyberpunk<\/i> tiene especial relevancia, pues nos conduce a pensar desde ahora en nuevos enfoques cr\u00edticos; por ejemplo, dejar de acusar la reiterada desideologizaci\u00f3n de los referentes culturales mal llamados masivos (terror, fantas\u00eda y ciencia ficci\u00f3n), puesto que es tal lectura miope la causante de la circulaci\u00f3n restringida de las obras aqu\u00ed consignadas, y no su real val\u00eda est\u00e9tico-ideol\u00f3gica, que esperamos sea puesta a prueba por el lector inquieto.<\/p>\n<p>Y antes de clausurar este tragaluz con aerosol reflectante, dejemos inscritas en la pared descascarada de un min\u00fasculo cuarto de motel siglo XXI, las perspicaces palabras del joven autor argentino, Michel Nieva, en su conferencia del 2016, \u201cUna lectura cyberpunk de la literatura argentina\u201d, que sin dar su brazo a torcer frente a los placeres para nada virtuales de la tecnofilia, defiende el car\u00e1cter contestatario de este movimiento literario, el <i>cyberpunk<\/i> escrito desde\/para Latinoam\u00e9rica: \u201cEste festejo ciego del dispositivo, que a diario vivimos, no es otra cosa que el esteticismo de la tecnolog\u00eda, que mueve millones y que el capital concentrado propugna. Pero a esta estetizaci\u00f3n de la tecnolog\u00eda s\u00f3lo podemos responder con una politizaci\u00f3n tecnol\u00f3gica del arte, con una literatura que engendre distop\u00edas sobre los modos econ\u00f3micos de producci\u00f3n del presente [\u2026]\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Conc\u00f3n, verano del 2018<\/p>\n<h6>Foto: JC Gellidon, Unsplash.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se\u00f1alemos aqu\u00ed una ascendente pr\u00e1ctica de mercadeo digital y que puede denominarse \u201cconfusi\u00f3n consensuada\u201d; \u00e9sta escudri\u00f1a en sectores a\u00fan invisibles de la red donde los productos culturales son rebeldes al consumo masivo. Entonces, este \u201cconsenso en las sombras\u201d se da ma\u00f1a identificando nodos sensitivos inusuales (como artistas, obras o tem\u00e1ticas a\u00fan sin etiquetar) y procede a desmenuzarlos en hitos aislados (sin contexto ni paratexto posible), para devolverlos al ruedo burs\u00e1til, recubiertos de la sutil gasa indeleble de las llamadas tendencias \u201cen alza\u201d.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1937,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4460,3016],"genre":[2019],"pretext":[2033,2032],"section":[2370],"translator":[2508],"lal_author":[3420],"class_list":["post-1940","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-numero-5","tag-science-fiction-es","genre-essay-es","pretext-ensayo-es","pretext-essay-es","section-latin-american-science-fiction-es","translator-michael-redzich-es-2","lal_author-marcelo-novoa-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1940","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1940"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1940\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1937"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1940"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1940"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1940"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=1940"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=1940"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=1940"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=1940"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=1940"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}