{"id":1920,"date":"2018-01-26T07:42:12","date_gmt":"2018-01-26T13:42:12","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2018\/01\/sergio-pitol-translator-dario-jaramillo-agudelo\/"},"modified":"2024-04-16T05:44:36","modified_gmt":"2024-04-16T11:44:36","slug":"sergio-pitol-translator-dario-jaramillo-agudelo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2018\/01\/sergio-pitol-translator-dario-jaramillo-agudelo\/","title":{"rendered":"&#8220;Sergio Pitol, traductor&#8221; de Dar\u00edo Jaramillo Agudelo"},"content":{"rendered":"<div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; text-indent: 14.2px; line-height: 23.0px; font: 11.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-indent: 14.2px; line-height: 23.0px; font: 11.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; text-indent: 14.2px; line-height: 23.0px; font: 11.0px 'Times New Roman'; min-height: 12.0px}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; line-height: 23.0px; font: 11.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; line-height: 12.0px; font: 11.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p6 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; line-height: 12.0px; font: 11.0px 'Times New Roman'; min-height: 12.0px}<br \/>p.p7 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; line-height: 23.0px; font: 11.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p8 {margin: 6.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; text-indent: 14.2px; line-height: 23.0px; font: 9.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<\/div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; text-indent: 14.2px; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; text-indent: 14.2px; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; text-indent: 14.2px; line-height: 12.0px; font: 11.0px 'Times New Roman'; min-height: 12.0px}<br \/>p.p6 {margin: 6.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; text-indent: 14.2px; line-height: 23.0px; font: 11.0px 'Times New Roman'; min-height: 12.0px}<br \/>p.p7 {margin: 6.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; text-indent: 14.2px; line-height: 23.0px; font: 11.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p8 {margin: 6.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; text-indent: 14.2px; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.s1 {font: 10.0px 'Times New Roman'}<br \/><\/style>\n<p>1<\/p>\n<p>Quien haya conocido a Sergio Pitol, pongamos por caso, en una feria del libro en cualquier parte del mundo, quien lo haya visto en alg\u00fan encuentro de escritores, quien \u2014meti\u00e9ndonos en la m\u00e1quina del tiempo\u2014 lo haya tratado como diplom\u00e1tico, sin profundizar demasiado en intenciones o en recovecos de su modo de ser, siempre dir\u00e1 que Pitol es un hombre elegante, sobrio, atento, caballeroso, fina, fin\u00edsimamente bien comportado. Dir\u00e1, en fin, que es un hombre centrado.<\/p>\n<p>Y no se equivocar\u00e1. Estar\u00e1 diciendo una verdad objetiva, sin pliegues. Sin pliegues porque no habr\u00e1 detallado los pliegues: dicen los astr\u00f3logos que mientras el signo determinado por la fecha de nacimiento establece el modo de ser, la hora y el lugar de nacimiento son la causa del signo ascendente, signo que revela la forma como se presenta ante el mundo la persona. El primero es la cara y el segundo es la m\u00e1scara. Y \u201cla m\u00e1scara es el espejo del alma\u201d. Esto lo digo porque Sergio Pitol, cuyo ascendente lo se\u00f1ala como el m\u00e1s centrado, en realidad tiene una profunda, una irrenunciable pasi\u00f3n por lo que esta fuera del centro, es decir, por lo exc\u00e9ntrico.<\/p>\n<p>Oigamos lo que le dijo Pitol a su gran amigo Carlos Monsiv\u00e1is en fecha reciente: \u201cEn mis libros abundan los exc\u00e9ntricos, quiz\u00e1s en demas\u00eda, pero es natural. Recuerda, Carlos, nuestra adolescencia y ver\u00e1s que nos movimos entre ellos. Nuestro amigo Luis Prieto, el rey de los exc\u00e9ntricos, nos condujo a ese mundo. Habl\u00e1bamos un lenguaje que poca gente entend\u00eda. Y en mis largos a\u00f1os en Europa, sobre todo en Polonia y la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, mi mundo era \u00e9se. Las dictaduras, la opresi\u00f3n, los produc\u00edan; ser raro era un camino a la libertad. La Inglaterra e Irlanda victorianas produjeron un ej\u00e9rcito de ellos; quiz\u00e1s por eso tienen una literatura espl\u00e9ndida, Sterne, Swift, Wilde y sus sucesores. Cuando viv\u00ed en Barcelona, a final de los sesenta y los setenta, me mov\u00eda en c\u00edrculos literarios que rozaban la excentricidad, el juego, ahora cuando los veo son otros, normales, almidonados, convencionales\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>2<\/p>\n<p>La excentricidad de Pitol no es estridente. \u00c9l conserva las formas caballerescas y atildadas de su ascendente astrol\u00f3gico, de su profesi\u00f3n de diplom\u00e1tico, de ni\u00f1o bien criado por la abuela. Y bajo esa caparaz\u00f3n hace su juego, que va en varias direcciones: como ensayista, como autor de ficci\u00f3n, como traductor.<\/p>\n<p class=\"pullquote\">Como ensayista, por ejemplo, lo que ha hecho Pitol es reinventar el g\u00e9nero.<\/p>\n<p>\u00c9l mismo ha dicho que \u201ces raro que un ensayista al escribir un texto incorpore elementos narrativos, con tramas y personajes novelescos. Puede haberlos, pero yo no recuerdo m\u00e1s que a Magris y Sebald. Como mis ensayos eran bastante aburridos y tristones, comenc\u00e9 a interpolar una que otra peque\u00f1a trama, un sue\u00f1o, unos juegos y varios personajes\u201d. Por ejemplo, en <i>El mago de Viena <\/i>figura la s\u00edntesis de una desopilante novela titulada igual, <i>El mago de Viena<\/i>,<i> <\/i>en donde figuran unas mujeres que \u201chab\u00edan sido monjas, y en esa condici\u00f3n hab\u00edan cometido sacrilegios inmencionables, perversidades sin cuenta, como llegar a estrangular a la portera del convento, al jardinero o hasta a la madre superiora para luego, durante largos a\u00f1os, andar perdidas por el mundo hasta ser encontradas, reconocidas y colocadas en posesi\u00f3n de la cuantiosa fortuna depositada en una instituci\u00f3n bancaria por sus difuntos padres\u201d. Y, m\u00e1s adelante, en el mismo libro, insin\u00faa un relato que \u201cconfundir\u00e1 a la gente de orden, a la de raz\u00f3n, a los bur\u00f3cratas, a los pol\u00edticos, sus aduladores y sus guardaespaldas, a los trepadores, a los nacionalistas y cosmopolitas por decreto, a los pedantes y a los necios, a las cultas damas, a los lanzallamas, a los petimetres, a los sepulcros blanqueados y a los papanatas\u201d.<\/p>\n<p>El resultado final es algo que no es compilaci\u00f3n de ensayos, ni libro fragmentario \u2014aunque de ambos tiene\u2014, sino una mezcla alqu\u00edmica de cr\u00f3nica de viajes, juego de palabras, aproximaci\u00f3n a este texto o a aquel artista, diario, memoria personal, autobiograf\u00eda, trascripci\u00f3n de citas, en fin, un <i>tutti frutti<\/i> de sabor nuevo, de nueva textura, una verdadera delicia, como son <i>El mago de Viena<\/i>, que he venido citando y <i>El viaje<\/i>, ese diario que nos lleva por el pasado, por Praga y por Rusia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>3<\/p>\n<p>En cuanto a su narrativa, el propio Pitol la divide en tres etapas. \u201cMis primeros relatos \u2014dice en <i>El mago de Viena\u2014<\/i>\u00a0me parecen ahora como un intento de expulsar de m\u00ed la infancia. Me resulta extra\u00f1o; siempre cre\u00ed que esas narraciones eran un homenaje a mi ni\u00f1ez, a la vida rural, a mis enfermedades iniciales, a mi neurastenia precoz y resulta que tal vez nunca hubo nada de eso. En el fondo, enmascarado, intentaba liberarme de toda ligadura. Quer\u00eda ser s\u00f3lo yo mismo\u201d. Y a\u00f1ade: \u201cen esa primera etapa, mi escritura tend\u00eda a la severidad. Los personajes de esas historias muestran permanentemente un rictus tr\u00e1gico. Era un mundo carente de luz, a pesar de estar enclavado en el tr\u00f3pico mexicano, muy cerca del mar\u201d.<\/p>\n<p>Veamos lo que dice del siguiente per\u00edodo: \u201cmi siguiente etapa, la segunda, fui vitalmente contundente. Reci\u00e9n ingresado a la universidad en la Ciudad de M\u00e9xico comenc\u00e9 a viajar. Fue la manera de contradecir el encierro infantil en habitaciones impregnadas de un dulz\u00f3n olor a p\u00f3cimas y yerbas medicinales. Estuve en Nueva York y New Orleans, en Cuba y Venezuela. En 1961 decid\u00ed pasar unos meses en Europa y me demor\u00e9 cerca de 30 a\u00f1os en volver a casa. (\u2026) Me mov\u00eda por el mundo con una libertad absolutamente prodigiosa, no le\u00eda sino por razones hedonistas; hab\u00eda eliminado de mi entorno cualquier obligaci\u00f3n que me pareciera engorrosa\u201d.<\/p>\n<p>Oigamos el testimonio del propio Pitol sobre la tercera etapa: \u201cel siguiente movimiento, el tercer aire de mi narrativa, est\u00e1 marcado por la parodia, la caricatura, el relajo y por una repentina y jubilosa ferocidad. El corpus del per\u00edodo lo componen tres novelas: <i>El desfile del amor <\/i>(1984), <i>Domar a la divina garza <\/i>(1988) y <i>La vida conyugal<\/i> (1991). Ahora, a la distancia, no me asombra la irrupci\u00f3n de esa vena jocosa y disparatada de mi escritura. M\u00e1s bien, me deber\u00eda sorprender lo tard\u00edo de su aparici\u00f3n, sobre todo porque si algo abunda en mi lista de autores preferidos son los creadores de una literatura par\u00f3dica, exc\u00e9ntrica, desacralizadora, donde el humor desempe\u00f1a un papel decisivo, mejor todav\u00eda si el humor es delirante: Gogol, Sterne, Nabokov, Gombrowicz, Beckett, Bulg\u00e1kov, Goldoni, Borges (cuando es \u00e9l, pero sobre todo cuando se transforma en Bustos Domeq), Carlo Emilio Gadda, Landolfi, Torri, Monterroso, Firbank, Monsiv\u00e1is, C\u00e9sar Aira, Kafka, Flan O\u2019Brian\u2026\u201d.<\/p>\n<p>Pocos p\u00e1rrafos m\u00e1s adelante, Pitol alude a la impresi\u00f3n que le caus\u00f3 la lectura de <i>La cultura popular a finales de la Edad Media y principios del Renacimiento<\/i> de Mija\u00edl Bajtin. Y, sobre esta base, recientemente, Rodolfo Mendoza anota lo siguiente: \u201cBajtin dec\u00eda que su coterr\u00e1neo Alexander Herzen observaba que la risa ten\u00eda algo de revolucionario, que \u2018Nadie se r\u00ede en la iglesia, en el palacio, en la guerra, ante el jefe de la oficina [&#8230;] los sirvientes no se atreven a re\u00edr ante el amo. S\u00f3lo los de igual condici\u00f3n se r\u00eden entre s\u00ed\u2019. Si recordamos cualquier novela del <i>Tr\u00edptico del carnaval<\/i> o algunos cuentos pitolianos, podemos ver esa libertad \u2013a partir de la parodia, la s\u00e1tira, la risa revolucionaria que muestra el Pitol narrador. Esa libertad que no s\u00f3lo se exhibe en los temas y los personajes, sino, sobre todo, en la prosa misma. La prosa de este autor es de una libertad \u201cavasalladora\u201d. La libertad rompe todos los \u00f3rdenes: el narrativo, el espacial, el del lenguaje. La caracter\u00edstica de esta obra narrativa es, precisamente, ese gran elogio a la libertad, esa ambici\u00f3n del escritor por lograr algo que sabe s\u00f3lo se puede alcanzar en la literatura\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>4<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed tenemos un ensayista at\u00edpico, un narrador que no transita por la calle principal ni por las tradiciones conocidas sino que busca nuevas paternidades, nuevas filiaciones, que explora en contrav\u00eda del engolamiento y de la seriedad y busca lo c\u00f3mico como caricatura de la realidad, que explora la realidad en cuanto desasimiento del lugar com\u00fan, en contra del camino recorrido.<\/p>\n<p>Descentrada, exc\u00e9ntrica, arriesgada, esa ruta que Pitol asume desde un principio, le vale convertirse en referente: casi cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s de emprender su propio camino, de irlo construyendo a medida que lo recorre, medio siglo despu\u00e9s de asumirse como distinto, Pitol ha merecido los dos principales reconocimientos que se le dan a un escritor en nuestra lengua: Premio de la Feria del libro de Guadalajara, llamado tambi\u00e9n premio Juan Rulfo, en 1999 y Premio Cervantes en 2005.<\/p>\n<p>Ese apego por lo distinto, y aqu\u00ed, despu\u00e9s de tres p\u00e1ginas, llego por fin a la materia que hoy nos convoca, se nota en los materiales que Sergio Pitol ha traducido al espa\u00f1ol.<\/p>\n<p class=\"pullquote\">Lo primero que debo decir de las traducciones de Pitol, es que no se trata de un traductor que escribe sino de un escritor que traduce.<\/p>\n<p>Lo principal que nos regala Pitol en sus versiones es el castellano impecable, transparente, fluido e hilvanado de un excelent\u00edsimo escritor. Eso es lo primero y lo m\u00e1s importante, si bien tambi\u00e9n cabe considerar como lo m\u00e1s importante la marginalidad de los textos y de las literaturas que Pitol ha tra\u00eddo a nuestro idioma.<\/p>\n<p>Con su particular\u00edsimo humor, que es capaz de dirigir contra s\u00ed mismo, Carlos Monsiv\u00e1is se refiere a la ocasi\u00f3n cuando presumi\u00f3 delante de Sergio Pitol que ten\u00eda una biblioteca en tres idiomas. Cuenta Monsiv\u00e1is que \u201cen ese momento (Pitol) me mir\u00f3 con tal misericordia y supe entonces lo que era la compasi\u00f3n, pues \u00e9l habla, escribe y traduce en siete idiomas. Su biblioteca es de siete idiomas\u201d.<\/p>\n<p>Sergio Pitol ha dicho que \u201cdesde que me fui a Europa, en los a\u00f1os 60, me puse a traducir porque no ten\u00eda otro trabajo. He traducido m\u00e1s de 30 libros, o cerca de 40. Y tuve la suerte de que pod\u00eda llamar a los editores de M\u00e9xico, Argentina o Espa\u00f1a y les propon\u00eda libros que me gustaban y que estaba yo leyendo. Solamente dos o tres me los impusieron para traducir\u201d.<\/p>\n<p>Imposible hacer la lista de todos los libros traducidos por Pitol. Del ingl\u00e9s, por ejemplo, trajo a nuestra lengua <i>Emma <\/i>de Jane Austen, <i>El coraz\u00f3n de las tinieblas<\/i> de Joseph Conrad, <i>El volc\u00e1n, el mezcal, los comisarios<\/i> de Malcom Lowry, para no hablar de <i>La vuelta de tuerca<\/i> de Henry James, y de textos de Robert Graves, de Nabokov y de Ackerley. Del italiano tradujo a Elio Vittorini, a Luigi Malerba, a Giuseppe Berto y a Giorgio Bassani. Del ruso una novela de Chejov que se adelanta a uno de los trucos m\u00e1s geniales de la novela policial, pues en la de Chejov, el narrador es el asesino. Del h\u00fangaro a Tibor Dery, del chino a Lu Hsun.<\/p>\n<p>P\u00e1rrafo aparte merece lo que ha hecho Sergio Pitol por acercar la literatura polaca al lector en espa\u00f1ol desde la inolvidable <i>Antolog\u00eda del cuento polaco<\/i>, aparecida en 1969 bajo el sello de Era, hasta los libros individuales de Kazimierz Brandys, Witold Gombrowicz (<i>Diario argentino, Cosmos<\/i>) y Jerzy Andrzejewski de quien hizo en espa\u00f1ol el simpar <i>Las puertas del para\u00edso<\/i>.<\/p>\n<p>Hay en Sergio Pitol una relaci\u00f3n \u00edntima entre el trabajo de traductor y la labor de su escritura personal. \u00c9l mismo cuenta que \u201ccuando le\u00ed, traduje y correg\u00ed <i>El buen soldado<\/i>, una novela extraordinaria de Ford Madox Ford, me entr\u00f3 una fuerza y una gana de escribir novela. Cada vez que quiero trabajar una novela leo muchas cosas, pero siempre dos libros cl\u00e1sicos: <i>Doctor Faustus<\/i>, de Thomas Mann, y <i>El buen soldado<\/i>. Todo eso me ha ayudado\u201d.<\/p>\n<p>Desde hace a\u00f1os hac\u00eda falta la iniciativa acad\u00e9mica y el apoyo institucional para reunir en una colecci\u00f3n las obras traducidas por Sergio Pitol. Y eso es lo que ha hecho la universidad de su estado origen, la Universidad Veracruzana, con esta colecci\u00f3n que ya se acerca a sus primero t\u00edtulos, <i>Pitol traductor<\/i>. Una colecci\u00f3n cuidada en su dise\u00f1o, en su tipograf\u00eda, en sus espl\u00e9ndidas car\u00e1tulas con fotograf\u00edas en blanco y negro. Esa colecci\u00f3n es la que nos re\u00fane hoy y yo, en representaci\u00f3n del los lectores viciosos, en representaci\u00f3n de los amigos de Sergio Pitol, estoy aqu\u00ed para agradecerle a \u00e9l, a la Universidad Veracruzana, a su editorial, a Rodolfo Mendoza, el regalo que nos han hecho con esta colecci\u00f3n que ya lleva cerca de quince t\u00edtulos. Enhorabuena.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Medell\u00edn, 29 julio 2009<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Para la Feria del libro de Bogot\u00e1, agosto, 2009<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Quien haya conocido a Sergio Pitol, pongamos por caso, en una feria del libro en cualquier parte del mundo, quien lo haya visto en alg\u00fan encuentro de escritores, quien \u2013meti\u00e9ndonos en la m\u00e1quina del tiempo\u2013 lo haya tratado como diplom\u00e1tico, sin profundizar demasiado en intenciones o en recovecos de su modo de ser, siempre dir\u00e1 que Pitol es un hombre elegante, sobrio, atento, caballeroso, fina, fin\u00edsimamente bien comportado. 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