{"id":1849,"date":"2017-10-30T02:54:52","date_gmt":"2017-10-30T08:54:52","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/10\/pharos-jazmina-barrera\/"},"modified":"2023-06-07T07:56:25","modified_gmt":"2023-06-07T13:56:25","slug":"pharos-jazmina-barrera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/10\/pharos-jazmina-barrera\/","title":{"rendered":"&#8220;Faro&#8221; de Jazmina Barrera"},"content":{"rendered":"<div class=\"caption\"><\/div>\n<p><i>44\u00b040\u203236.4\u2033N 124\u00b04\u203245.9\u2033O<\/i><\/p>\n<p><i>Yaquina Head Lighthouse. Torre de ladrillos pintados de blanco, de 28 metros.<br \/>\nLinterna con lente original de Fresnel, visible a 31 km mar adentro.<br \/>\nFases de dos segundos encendido, dos segundos apagado, dos segundos encendido, catorce segundos apagado. <\/i><\/p>\n<p>No conoc\u00eda los faros, pero ya hab\u00eda so\u00f1ado con uno cuando era ni\u00f1a; estaba abandonado y lejos de la costa. Debajo ten\u00eda un jard\u00edn y una casa donde viv\u00eda con mi madre y mi padre. En el sue\u00f1o le preguntaba a mi padre qu\u00e9 hab\u00eda encontrado en su ronda por los cuartos derruidos. \u00c9l me respond\u00eda que s\u00f3lo el esqueleto de un murci\u00e9lago. Yo insist\u00eda en aclarar que el animal ya estaba muerto, pero \u00e9l dec\u00eda para s\u00ed mismo, como en el <i>trailer<\/i> de una pel\u00edcula de terror: \u201cmuerto, pero vivo\u201d. Se ve\u00eda la punta del faro: un \u00e1tico oscuro en donde el esqueleto de un murci\u00e9lago bat\u00eda con sus manos huesudas una p\u00f3cima en un caldero. La c\u00e1mara hac\u00eda entonces un acercamiento al cr\u00e1neo, que dec\u00eda con voz chillona: \u201cestoy preparando venganza para quien me mat\u00f3\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Dice Robert Louis Stevenson que visitar faros es visitar siglos pasados. En su libro <i>Mi familia de ingenieros<\/i> eso es precisamente lo que hace. Recupera, con la ayuda de cartas y diarios, la historia de su padre, Thomas Stevenson; de su abuelo, Robert Stevenson; y del padrastro de \u00e9ste, Thomas Smith: ingenieros, inventores todos, pioneros en la creaci\u00f3n de faros.<\/p>\n<p>La costa escocesa es de mares en zozobra, cielos tormentosos, promontorios (\u201ccumbres borrascosas\u201d), p\u00e1ramos e islas. Corr\u00eda el a\u00f1o de 1786 y en todo el litoral alumbraba un punto \u00fanico: The Isle of May, con una torre de 1635 que encumbraba una fogata de carb\u00f3n. En 1791 la fogata provoc\u00f3 un incendio en el cual murieron el guardafaros y sus cinco hijos. S\u00f3lo sobrevivi\u00f3 una ni\u00f1a a la que encontraron tres d\u00edas despu\u00e9s, transformada para siempre por haber visto el incendio reflejado en el mar.<\/p>\n<p>The Isle of May era la \u00fanica luz para aquella costa de n\u00e1ufragos y piratas: una sola luz insuficiente. Por eso en aquel a\u00f1o las autoridades decidieron construir cuatro faros m\u00e1s. La tarea necesitaba de ingenieros, que a\u00fan no se conoc\u00edan con ese nombre, encargados de construir las torres, encender las luces, organizar, repensar y reclutar de la nada un nuevo oficio: el de farero. El abuelo Stevenson y su padrastro se unieron entonces a la Board of Northern Lights, para juntos iluminar ciertos puntos estrat\u00e9gicos de aquella costa.<\/p>\n<p>El ingeniero como artista. Stevenson describe la profesi\u00f3n de su abuelo y de su padre como si hablara de poetas rom\u00e1nticos. El ingeniero, como un Wordsworth o un Coleridge, proyecta sus obras de cara a la naturaleza. Su materia, sin embargo, no es el lenguaje sino la naturaleza misma. Para ello necesita el \u201cingenio\u201d y la intuici\u00f3n que Stevenson llama \u201cel sentimiento de las leyes f\u00edsicas y de la escala de la naturaleza\u201d. Sus sentidos deben captar hasta el m\u00e1s m\u00ednimo detalle. Para poder deducir, por ejemplo, la magnitud de las olas, el ingeniero debe considerar la inclinaci\u00f3n del suelo, la configuraci\u00f3n de la costa, la profundidad del agua en la playa y la clase de hierbas y caracoles del lugar. Su observaci\u00f3n y su instinto contrarrestaban la falta de herramientas, que llegar\u00edan con la revoluci\u00f3n industrial. Dice Stevenson que muchas veces observ\u00f3 a su padre contemplar las olas durante horas seguidas, cont\u00e1ndolas, anotando cu\u00e1ndo retroced\u00edan y cu\u00e1ndo romp\u00edan. Su tarea era prever lo imprevisible: c\u00f3mo es que la torre o la presa desviar\u00eda la marea, exagerar\u00eda las olas, contendr\u00eda el agua de lluvia o atraer\u00eda los rayos. Y todo esto a la intemperie, surcando mares inh\u00f3spitos y embravecidos o, ya en la costa, sin m\u00e1s que una casa de campa\u00f1a para dormir.<\/p>\n<p>La gente de los pueblos tambi\u00e9n era una amenaza. Supersticiosos, acostumbrados a que la guerra y la violencia vinieran del mar (por el mar llegaban los vikingos), cre\u00edan que un hombre rescatado de las aguas ser\u00eda la ruina de quien lo salvara. En una ocasi\u00f3n, a Thomas Smith lo confundieron con un picto (as\u00ed se designaba a ciertas tribus escocesas que hablaban picto) y de no ser porque el abuelo Stevenson acudi\u00f3 a su rescate quiz\u00e1s hubiera sido linchado. El propio abuelo Stevenson se convirti\u00f3 en sospechoso de espionaje cuando en un pueblo se le ocurri\u00f3 preguntar por las condiciones de un faro: estuvieron a punto de ejecutarlo.<\/p>\n<p>En 1814, sir Walter Scott realiz\u00f3 un viaje a Escocia con una comisi\u00f3n de inspectores de faros en la que se encontraba Robert Stevenson, a bordo de un buque faro llamado Pharos. Scott escribi\u00f3 un diario durante este viaje y ah\u00ed cuenta de Bessie Millie, una anciana que viv\u00eda en el pueblo de Stromness y que se ganaba la vida vendi\u00e9ndole vientos favorables a los marineros. Nadie osaba embarcarse sin antes visitar a Bessie Millie, quien ped\u00eda en sus rezos que el viento acompa\u00f1ara el trayecto del marinero. Para llegar a su casa, que Scott describe como la morada del mism\u00edsimo dios de los vientos, hab\u00eda que transitar por una serie de caminos maltrechos y peligrosos. Bessie ten\u00eda cerca de cien a\u00f1os, estaba consumida y marchita como una momia, con un pa\u00f1uelo atado al cuello, del color de su cuerpo cadav\u00e9rico. Sus dos ojos azules brillaban de pronto con la luz de la locura. \u201cSu nariz y su barbilla llegaban casi a tocarse y, en conjunto, lograban una expresi\u00f3n de malicia tal, que de pronto ten\u00eda el aspecto de H\u00e9cate\u201d. (H\u00e9cate: la diosa griega de la noche y los fantasmas).<\/p>\n<p>La familia del abuelo Stevenson estaba repleta de mujeres piadosas y ni\u00f1os moribundos, pero ni la pobreza ni la enfermedad menguaron su sed de conocimiento. Durante el invierno, cuando los viajes eran casi imposibles, se refugiaba en la Universidad de Edimburgo, la misma que por esos tiempos daba asilo tras sus gruesos muros de piedra a Charles Darwin y David Hume. El abuelo Stevenson estudiaba all\u00ed matem\u00e1ticas, qu\u00edmica, historia natural, agricultura, filosof\u00eda moral y l\u00f3gica.<\/p>\n<p>Fue el primero en construir un faro sobre una roca marina, lejos de la costa. Bell Rock se llamaba aquella enorme piedra oce\u00e1nica que hizo naufragar a muchos y en la cual, se dec\u00eda, merodeaba el esp\u00edritu de un pirata. A\u00f1os despu\u00e9s, el padre de Stevenson tambi\u00e9n contribuy\u00f3 a la evoluci\u00f3n de los faros, cuando transform\u00f3 la lente de Fresnel, combin\u00e1ndola con metal y haci\u00e9ndola m\u00e1s potente.<\/p>\n<p>\u201cQuiz\u00e1s es por herencia de la sangre\u201d, dice Robert Louis Stevenson, \u201cpero conozco muy poco que inspire tanto como esta locaci\u00f3n del faro en un espacio designado de brezo y aire, por el que surcan las aves marinas\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>No se puede pensar el faro sin el mar. Porque son uno, pero a la vez lo contrario.<\/p>\n<p>El mar se expande hacia el horizonte, el faro apunta en direcci\u00f3n al cielo.<\/p>\n<p>El mar es movimiento perpetuo; el faro es un vig\u00eda congelado.<\/p>\n<p>El mar es voluble, \u201cun campo de batalla de emociones\u201d, lo llama Virginia Woolf. El faro es un se\u00f1or estoico, inamovible.<\/p>\n<p>El mar atrae desde la lejan\u00eda, detr\u00e1s de las dunas, con su sonido. El faro llama con su luz entre la bruma y las mareas.<\/p>\n<p>El mar es la primac\u00eda del l\u00edquido. El faro es la encarnaci\u00f3n del s\u00f3lido.<\/p>\n<p>El mar, la mar, es femenina por antonomasia biol\u00f3gica y mitol\u00f3gica. El faro es masculino hasta por parecido fon\u00e9tico.<\/p>\n<p>El mar es imperio de la naturaleza. El faro es el artificio que en su digna peque\u00f1ez se le opone.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>La palabra bit\u00e1cora proviene del franc\u00e9s <i>bitacle<\/i>, una especie de armario fijado a la cubierta del barco, cerca del tim\u00f3n y de la aguja n\u00e1utica, y que sol\u00eda incluir un cuaderno donde los navegantes dejaban constancia de los sucesos y de la forma en la que se resolv\u00edan los contratiempos en sus viajes. Este cuaderno se guardaba en la bit\u00e1cora, donde era protegido de las tormentas y otros desastres. Serv\u00eda, al igual que la caja negra de los aviones, como libro de consulta ante las vicisitudes del viaje, para determinar responsabilidades y prevenir futuros errores. Con el tiempo, la noci\u00f3n de bit\u00e1cora pas\u00f3 a asociarse de manera casi exclusiva a la de cuaderno de bit\u00e1cora.<\/p>\n<p>Igual que la del navegante, la bit\u00e1cora del faro est\u00e1 organizada cronol\u00f3gicamente y en ella el farero consigna la informaci\u00f3n t\u00e9cnica y climatol\u00f3gica, los desperfectos y las soluciones. Lo principal es anotar la hora del alumbrado para hacer constar que se encendi\u00f3.<\/p>\n<p>El abuelo Stevenson escrib\u00eda un diario de viaje, aunque era m\u00e1s una relator\u00eda de hechos que un compendio de narraciones y opiniones. Ten\u00eda, sin embargo, mucha m\u00e1s informaci\u00f3n personal de la que podr\u00eda encontrarse en la bit\u00e1cora de un farero. Su diario estaba escrito en papel rayado y ten\u00eda un \u00edndice, como si anticipara la consulta de su nieto o fuera consciente de la originalidad de su tarea y quisiera preservar a detalle su historia. Mucho en ese diario \u201ces \u00fatil y curioso\u201d, escribi\u00f3 el nieto, \u201cmucho resulta ocioso y mucho s\u00f3lo puede describirse como un intento por referir aquello que no puede ser puesto en palabras\u201d. Cuando Stevenson hablaba de su trabajo, el ni\u00f1o se aburr\u00eda: el hombre tardaba horas en explicarle a su hijo c\u00f3mo medir, c\u00f3mo saber, c\u00f3mo prever, cuando en realidad se guiaba por el instinto m\u00e1s que por los instrumentos. Stevenson encontr\u00f3 en el diario de su abuelo, como dice, \u201cla biograf\u00eda completa de un ingeniero entusiasta\u201d.<\/p>\n<p>Lo ocioso, lo aburrido: la bit\u00e1cora de un marinero, de un ingeniero, de un farero, es una lista mon\u00f3tona de observaciones y cifras. Pareciera como si todos los d\u00edas fueran iguales, tormentas m\u00e1s, tormentas menos. Tan repetitivo como el movimiento de la luz del faro. En palabras de Menchu Guti\u00e9rrez: \u201cEl ritmo monocorde de la luz, de sus destellos y ocultaciones, aplaca la memoria y diluye como tinta en el vaso de la cabeza\u201d<i>.<\/i> Anestesia en la memoria de los d\u00edas de faro. Cuando el tiempo es indefinido, el calendario y el reloj se vuelven indispensables para evitar la par\u00e1lisis. Por eso la bit\u00e1cora, o el diario, es un referente constante, \u00fanica herramienta contra el tedio: cada d\u00eda menos una cruz m\u00e1s sobre el papel. A falta de un interlocutor, en el diario es posible construirse en el tiempo de la narraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Hace un par de a\u00f1os visit\u00e9 en el Guggenheim la exposici\u00f3n del escultor de luz James Turrell. La segunda pieza era una columna de luz blanca, una l\u00ednea que brillaba sobre una pared igual de blanca. Todos los visitantes nos mov\u00edamos hacia ella. La luz, dice Turrell, ocupa un espacio, tiene masa y se percibe con la vista pero tambi\u00e9n con el tacto. Anne Carson dice que la luz no se observa ni se respira, es s\u00f3lo una presi\u00f3n que se siente. La describe como estar en el mismo cuarto con un hombre al que amas. Ambos coinciden en esa sensaci\u00f3n que oprime, que interact\u00faa con la carne. Coincide tambi\u00e9n John Berger, que dice que la luz es ubicua y se siente, te pone una mano en la espalda y t\u00fa \u201cno te vuelves, porque reconoces su tacto desde hace mucho, mucho tiempo\u201d<i>. <\/i><\/p>\n<p>Los humanos absorben la luz por la piel, comen luz. Pero aun as\u00ed persisten en atraparla. La luz podr\u00eda encontrarse en la ra\u00edz de la codicia del oro, la fascinaci\u00f3n por el cine y la fotograf\u00eda. As\u00ed van los barcos a los faros, como insectos hacia un farol. Porque un farol, una antorcha, una bengala, una vela, un cerillo, son faros peque\u00f1os cuya luz tambi\u00e9n requiere, convoca y re\u00fane.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Hay experiencias que se viven en un presente retrospectivo, mientras se evoca su recuerdo, a sabiendas de que \u00e9ste se recordar\u00e1 en el futuro. Llegar al faro de Yaquina Head, el que ve\u00eda desde Newport, nos tom\u00f3 veinte minutos en coche y diez minutos a pie desde el estacionamiento. Yaquina Head antes era llamado Foulweather Lighthouse (el faro del mal clima), y es una torre de 28 metros de altura, blanca y con la punta negra.<\/p>\n<p>El faro va apareciendo entre las colinas cubiertas por colchas de retazos verdes, flores blancas y amarillas, y esos pastos que se mueven con el viento y que Virginia Woolf describe siempre a punto de huir a un pa\u00eds lunar desierto. Crece, se acerca, y mostraba primero la punta, luego su lente con panza de cobre, despu\u00e9s la plataforma de observaci\u00f3n, la torre, la puerta y la casa bajo el faro. Distante y austero describe Woolf a su faro. \u00a1Qu\u00e9 importante es la distancia!, dice luego. El faro es a lo lejos un fantasma, m\u00e1s un mito, un s\u00edmbolo. De cerca es un hermoso edificio. Al estar dentro del faro, \u00e9ste deja de serlo, porque el faro es direcci\u00f3n y nunca un punto de llegada. Incluso dentro, segu\u00ed movi\u00e9ndome por las escaleras de caracol, por la espiral de fierro que me acercaba a la punta. All\u00ed estaba el lente de Fresnel que llevaba la luz 31 kil\u00f3metros mar adentro.<\/p>\n<p>En ingl\u00e9s, <i>lighthouse<\/i> es la casa de la luz, que, adem\u00e1s de albergarla y protegerla, la transforma despu\u00e9s en lenguaje. Su luz habla. Avisa de puntos peligrosos, bancos de arena, arrecifes y la cercan\u00eda de un puerto, dice adem\u00e1s a qu\u00e9 distancia est\u00e1 y de qu\u00e9 faro se trata seg\u00fan su parpadeo. El faro de Yaquina Head parpadea dos segundos s\u00ed, dos segundos no, dos segundos s\u00ed, catorce segundos no. El faro que ve la se\u00f1ora Ramsay en <i>To the Lighthouse<\/i> brilla con dos destellos cortos seguidos de uno largo.<\/p>\n<p>Fueron s\u00f3lo unos minutos en el faro. Al salir nos detuvimos junto a un letrero anclado al suelo que dec\u00eda: \u201cDesde aqu\u00ed se pueden ver ballenas\u201d. Y no pas\u00f3 ni un minuto cuando vimos dos (\u00bfo eran tres, cuatro?) ballenas jorobadas. Gris sobre gris: las ballenas en las olas. Le\u00ed que nadie sabe bien a bien por qu\u00e9 saltan y deseo que nadie nunca lo averig\u00fce.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s bajamos a la playa. Una playa peque\u00f1a repleta de piedras negras perfectamente pulidas y trozos de algas verdes. Hay dos fotograf\u00edas donde estoy sentada en una roca grande de la playa. No se me ve la cara. Estoy viendo hacia un horizonte que tampoco se distingue bien en la foto. Ahora me pregunto qu\u00e9 hab\u00eda ah\u00ed. \u00bfHab\u00eda nubes, barcos, aves? Creo recordar unos p\u00e1jaros negros caminando cerca de m\u00ed sobre las rocas.<\/p>\n<p>Me acuerdo, eso s\u00ed, de voltear a ver el faro y sentirlo ya muy lejano. Como si nunca hubiera estado ah\u00ed. Porque incluso llegando a la punta, asom\u00e1ndose al balc\u00f3n desde donde se domina el mar entero y el horizonte, ya ante la fuente de luz, una nunca llega al faro. Al igual que James, decepcionado porque el faro al que por fin arriba no es como el que imagin\u00f3 en su infancia. El recuerdo nunca alcanza a la experiencia. El recuerdo de este viaje, mis palabras sobre el recuerdo, siempre ser\u00e1n insuficientes para lo que fue. <i>To the Lighthouse<\/i> tiene en la preposici\u00f3n del t\u00edtulo la historia entera, que siempre se mueve hacia el faro, que ante todo es ideal, recuerdo, promesa: lo inaccesible. Lo que nos mueve.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Fragmento de\u00a0<em>Cuaderno de faros <\/em>de Jazmina Barrera<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><i>Yaquina Head Lighthouse. Torre de ladrillos pintados de blanco, de 28 metros. Linterna con lente original de Fresnel, visible a 31 km mar adentro. 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