{"id":1827,"date":"2017-10-28T21:38:36","date_gmt":"2017-10-29T03:38:36","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/10\/room-house-city-ones-own-four-women-prose-writers-latin-america-sebastian-diez\/"},"modified":"2024-04-15T04:31:41","modified_gmt":"2024-04-15T10:31:41","slug":"room-house-city-ones-own-four-women-prose-writers-latin-america-sebastian-diez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/10\/room-house-city-ones-own-four-women-prose-writers-latin-america-sebastian-diez\/","title":{"rendered":"&#8220;Una habitaci\u00f3n, una casa, una ciudad propia. Cuatro prosistas latinoamericanas&#8221; de Sebasti\u00e1n Diez"},"content":{"rendered":"<div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Georgia; color: #aa1500}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 35.4px; text-align: justify; font: 12.0px Georgia; color: #aa1500}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 35.4px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p6 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Georgia; color: #aa1500}<br \/>span.s1 {text-decoration: underline ; color: #106dd6}<br \/><\/style>\n<\/div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 35.4px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.s1 {font: 12.0px Times}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<p><b>P\u00fablica y privada<\/b><\/p>\n<p>&#8220;\u00a1Ah,qu\u00e9 gran hombre era esta mujer!&#8221;, le dice un Flaubert senil a un eminente cuentista franc\u00e9s, luego de leerle un pasaje de una carta que le escribiera George Sand, aquella mujer que pasar\u00eda a la historia de la literatura con nombre de hombre.<\/p>\n<p>Corren los \u00faltimos lustros del siglo XIX y la mujer a\u00fan rastrea su lugar, o se lo hace a trompicones, en la escena cultural. La sentencia que saliera de la boca del novelista melanc\u00f3lico no tiene intenciones de ironizar, en absoluto, es m\u00e1s, contiene en s\u00ed la admiraci\u00f3n impotente o el elogio innominable a\u00fan entonces para una mujer de letras.<\/p>\n<p>En casi todos los \u00e1mbitos, de lo que sea, de lo imaginable, hay espacios permitidos para cada g\u00e9nero, tanto simb\u00f3licos como geogr\u00e1ficos, mentales o corporales. Lo que pareciera una perogrullada en aquellos a\u00f1os, se expresa en los estamentos r\u00edgidos del hombre-p\u00fablico y la mujer-privada, si bien cada vez m\u00e1s disueltos en estos d\u00edas, pero que siguen cercando, sin duda, los dominios para cada uno. En aquel siglo, y en los de antes, la orden era: la mujer no debe publicar, ella no puede hacerse p\u00fablica.<\/p>\n<p>\u00bfAcaso no fue la impostura el recurso que utilizaron las mujeres desde el siglo XVIII en adelante para poder entrar en la literatura, la estrategia m\u00e1s eficaz para sacarse de encima el prejuicio de la virilidad p\u00fablica? Hay s\u00edntomas \u2015o un sin n\u00famero de ejemplos\u2015 de este fen\u00f3meno, como para inventariar: Emily Dickinson escribe su poes\u00eda encerrada en su casa y sus \u00faltimos a\u00f1os apenas sale de su pieza, no se conoce su obra hasta despu\u00e9s de muerta. Las hermanas Bront\u00eb publican sus novelas can\u00f3nicas como los hermanos Bell. Jane Austen, pionera y rupturista, publica sus libros con la enigm\u00e1tica estampa de \u201cA lady\u201d. A comienzos del siglo XX, Colette \u201ccede\u201d sus primeras obras a su marido, public\u00e1ndolas con el nombre de \u00e9ste para que el p\u00fablico no se guiara por \u201clos prejuicios contra una mujer escritor\u201d. M\u00e1s cerca de nosotros, Teresa Willms Montt, hace p\u00fablicos sus escritos bajo el seud\u00f3nimo (asexuado o hermafrodita) de <i>Tebac<\/i>. El nombre travestido que usara Willa Cather para publicar (como un Will feminizado) ya en 1925, es un <i>mutatis mutandis <\/i>parad\u00f3jico de esta tendencia tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Todas recluidas en el espacio privado, a veces bajo la sombra de un var\u00f3n s\u00e1dico (a Delmira Agustini la mat\u00f3 su marido a los 27, por ejemplo, \u00bfprimer feminicidio de la literatura?), silenciadas pero nunca ajenas al lenguaje. Como lectoras primero \u2015actividad pasiva, contemplativa, privada\u2015 y como escritoras despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Vemos un signo civilizatorio en la escritura; la lectura, en cambio, es un gesto de supervivencia, de barbarie, en el que las mujeres son un sujeto central \u2015es arquet\u00edpica la imagen de la mujer lectora: Emma Bovary, la copista de Dostoievsky, las cartas de Kafka a Felice, etc. La lectura es la infancia detenida. La escritura y la publicaci\u00f3n, luego, son gestos transgresores, estados de rebeld\u00eda, zonas en disputa para la mujer.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Prosa y poes\u00eda<\/b><\/p>\n<p>\u00bfResuellan ecos de esta prohibici\u00f3n en la actualidad? \u00bfC\u00f3mo utilizan la escritura las mujeres? En un art\u00edculo anterior habl\u00e9 de textos mutantes \u2015del ensayo, como verbo y sustantivo. All\u00ed, a grandes rasgos, daba a entender que un c\u00famulo de digresiones tiene la posibilidad hoy de convertirse en un texto literario, esto siempre y cuando haya una armon\u00eda que trascienda su contenido; que se halle, m\u00e1s bien, en su estilo de prosa o en su forma de acople. En dicho art\u00edculo no nombr\u00e9 mujeres, \u00bfpor qu\u00e9? Lo mismo me pregunto, si hay muchas que escriben de esta forma tanto m\u00e1s o mejor, y que colindan con la hibridez, que manejan la feliz degeneraci\u00f3n de los g\u00e9neros a la que alud\u00eda, como la espuma. Mis m\u00e1s sinceras disculpas por este desaire. Sea quiz\u00e1s otra forma de discriminaci\u00f3n. Ha sido dif\u00edcil hablar de la obra de mujeres sin deslindarse de c\u00e1nones hegem\u00f3nicos, cositas que le transcurren a uno en la mente por la pura costumbre de hombre. Por lo que decid\u00ed no hablar m\u00e1s que de mujeres, como para sopesar la cuesti\u00f3n. Quiero ver la relaci\u00f3n de la prosa con la mujer, pero no con la prosa com\u00fan y pragm\u00e1tica, sino con la prosa como forma de arte. Eleg\u00ed a cuatro mujeres, por pura afinidad deliberada, por mi gusto de lector, para analizarlas de acuerdo a una secuencia evolutiva de independencia en el empleo de \u00e9sta.<\/p>\n<p><i>La prosa cuenta, comunica; la poes\u00eda nombra, crea lenguaje<\/i>, dice la Susan Sontag en su hermoso ensayo \u201cLa prosa de una poeta\u201d (1983, en <i>Cuesti\u00f3n de \u00e9nfasis<\/i>, que usara como introducci\u00f3n a las prosas completas de la poeta rusa Marina Tsviet\u00e1ieva \u2015quiz\u00e1s su mejor poes\u00eda). Un post estructuralista, si se entrometiera, agregar\u00eda: <i>la prosa comercia; la poes\u00eda re-produce, lo produce de otra forma<\/i>. Le\u00eda hace poco en <i>La Condici\u00f3n Humana<\/i> de la Hannah Arendt la siguiente aseveraci\u00f3n, &#8220;lo p\u00fablico remite a la acci\u00f3n y al discurso (si entendemos \u00e9ste como un medio de comunicaci\u00f3n); lo privado a la reproducci\u00f3n y al trabajo&#8221;. La discursividad de la prosa, la reproducci\u00f3n de la poes\u00eda. \u00bfSer\u00e1 muy descabellado hablar, entonces, de una prosa-p\u00fablica en oposici\u00f3n a una poes\u00eda-privada? Como dije, la Historia ha demostrado que en la literatura, y especialmente en la prosa, se libra una disputa del g\u00e9nero que pugna por ser utilizada como medio de expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Prosa de mujer<\/b><\/p>\n<p>La prosa de mujeres que he rastreado en Latinoam\u00e9rica nos avisa que aquella \u00e9poca cavernaria ha acabado, mucha escritora genial ha salido al trote, como la mexicana Cristina Rivera Garza o la peruana Gabriela Wiener, pero el camino que se abre ante ellas sigue lleno de trampas. La trampa fundamental suele ser el contenidismo atroz (como cualquier contenidismo) de la condici\u00f3n de la mujer en muchas de sus prosas. Una discursividad paleol\u00edtica que enuncia hasta el cansancio la situaci\u00f3n de conflicto hist\u00f3rico, apocando las palabras y panfleteando con f\u00f3rmulas gastadas, que no animan otra cosa que al conservadurismo de la forma.El auto-boicot aqu\u00ed es evidente, la sujeci\u00f3n a la pr\u00e1ctica de la lengua sigue operando en relaci\u00f3n a ese <i>otro<\/i>, a una dicotom\u00eda, a una dial\u00e9ctica, a la heteronorma; la fuerza gravitacional es antropom\u00f3rfica: el hombre. La prosa se carga de ideas a\u00f1ejas y cuando el \u00e1nimo era la rebeli\u00f3n, no quedan m\u00e1s que eructos vac\u00edos de mujeres tristes. Una palabra vale m\u00e1s que mil im\u00e1genes, dec\u00eda Fogwill; las im\u00e1genes t\u00edpicas han saturado la escritura de algunas mujeres. El fen\u00f3meno no es nuevo, el discurso pol\u00edtico suele intoxicar la literatura.<\/p>\n<p>Lo que me interesa son operaciones literarias mucho m\u00e1s acertadas, que convierten a algunas mujeres, como prosistas, a mi entender, en pin\u00e1culos o alturas cenitales de la literatura, y hasta me atrever\u00eda a decir \u2015como lo hiciera el recordado Piglia en su momento con Mar\u00eda Moreno, celebr\u00e1ndola como la mejor escritora argentina\u2015 quiz\u00e1s las mejores prosistas de hoy en d\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Carmen Oll\u00e9, <i>Por qu\u00e9 hacen tanto ruido <\/i>y <i>Retrato de mujer sin familia ante una copa<\/i><\/b><\/p>\n<p>&#8220;Con la misma crudeza con la que \u00e9l pretend\u00eda culearme en todas las poses, hacerlo al filo del catre\u2026ese era el momento elegido para hacerme confidencias literarias y elogiar mis poemas&#8221;, dice la poeta peruana Carmen Oll\u00e9 (Lima, 1947) al comienzo de uno de los cap\u00edtulos de <i>Por qu\u00e9 hacen tanto ruido<\/i> (Flora Trist\u00e1n editora, Lima, 1992; reedici\u00f3n de Intermezzo Tropical en 2015) acerca de su relaci\u00f3n marital con Enrique Ver\u00e1stegui, uno de los faros del movimiento art\u00edstico po\u00e9tico de los a\u00f1os setentas en el Per\u00fa, Hora Zero. Con un registro total otro al de su poes\u00eda, lleva a cabo una prosa autobiogr\u00e1fica que tiene como centro, o punto gravitacional, al poeta.<\/p>\n<p>La descubr\u00ed hace muy poco. Sus poemas m\u00e1s importantes est\u00e1n en su libro <i>Noches de Adrenalina<\/i> (Cuadernos del Hipocampo, 1981), que tienen una prosodia excepcional. En su obra en prosa propiamente tal, por otra parte, el vuelo es a media altura. El enaltecimiento del lenguaje no est\u00e1 al mismo nivel. Las memorias de una mujer casada con un poeta psic\u00f3tico es la comidilla del libro que evidencia que la prosa siga siendo, de alguna manera, dominio del hombre, pues su contenido orbita alrededor de \u00e9l, como un s\u00edmbolo que perturba, como la respuesta al trauma (el de la mujer apocada ante el hombre), figuras arquet\u00edpicas como las que pueden ser el padre, la autoridad o el enamorado, que persisten en la escritura. En la poes\u00eda, en cambio, el tono es de empoderamiento total; en esta prosa se destila mucha duda.<\/p>\n<p>Sin embargo, la estructura del texto muestra los cimientos de lo que ser\u00eda su \u00faltima incursi\u00f3n en la prosa, <i>Retrato de mujer sin familia ante una copa <\/i>(Peisa, 2007) que es un texto cuyo mecanismo hecho de fragmentos, muy en la l\u00ednea de Margo Glantz, crea una ficci\u00f3n reflexiva, en forma de la llamada novela-ensayo, con una prosa m\u00e1s densa y una libertad depurada, no tan visceral como en su primeras prosas. Para entender este mutante, vale echarle una ojeada a <i>De la vida como met\u00e1fora a la vida como ensayo <\/i>(UNAM, 2015) de Blanca Trevi\u00f1o que narra m\u00e1s o menos la creaci\u00f3n de este artilugio narrativo-reflexivo, en donde la materia del texto es pensamiento, o reflexi\u00f3n, que transcurre alrededor de un hecho.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Adriana Vald\u00e9s, <i>Vistas parciales<\/i><\/b><\/p>\n<p>Un fen\u00f3meno an\u00e1logo ser\u00eda el texto que Adriana Vald\u00e9s (Santiago de Chile, 1943) publicara en 2008, para conmemorar los veinte a\u00f1os de la muerte del poeta Enrique Lihn, por un c\u00e1ncer al pulm\u00f3n que lo aquejaba desde 1987 y cuya muerte acontecer\u00eda al a\u00f1o siguiente, en una suerte de ritual dom\u00e9stico, en la ya legendaria calle Passy de Santiago. El libro es <i>Vistas parciales<\/i>, publicado por Palinodia, primera aproximaci\u00f3n biogr\u00e1fica a la figura del poeta, que junto con la de Roberto Merino, <i>Lihn, ensayos biogr\u00e1ficos <\/i>(UDP, 2016) constituyen hasta ahora el semillero para una futura biograf\u00eda m\u00e1s acabada.<\/p>\n<p>En <i>Vistas parciales, <\/i>entre muchas otras cosas, se relata la muerte del poeta vista desde una mirada netamente dom\u00e9stica, que entrev\u00e9 una relaci\u00f3n \u00edntima con el autor; pues claro, hab\u00edan sido pareja a lo largo de casi siete a\u00f1os. La escritura se crea desde la propia experiencia en relaci\u00f3n con el otro, como en Oll\u00e9. La obra anterior de Ariadna (como la nombra Lihn en sus poemas) se reduce a unos cuantos textos de corte m\u00e1s bien acad\u00e9mico, que sin ser ejecutados en un lenguaje muy silabeado, no llegan a la altura de \u00e9ste, en donde la prosa objetiva, digamos que meramente maquinal, obliga a la narraci\u00f3n a convertirse, de pronto, en un transcurso de recuerdos, contemplados desde diversas posturas, que arman un texto bell\u00edsimo, de una coherencia interna encomiable.<\/p>\n<p>Una monja enamorada de Shelley, dice ella en una entrevista. Y ese es el pulso de su narraci\u00f3n, que nos logra transmitir su encandilamiento frente al escritor, al poeta que procede a escribir su \u00faltimo libro, en la agon\u00eda, en su antigua casa, no por el tiempo, sino por ese aire de mala vida que lo acompa\u00f1\u00f3, su <i>Diario de muerte<\/i> (Universitaria, 1988); una muerte que se hace p\u00fablica por otros medios. En cualquier caso, no deja de ser un hombre el centro gravitacional de su texto m\u00e1s logrado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Margo Glantz, <i>En breve herida<\/i><\/b><\/p>\n<p>En M\u00e9xico los ancianos son vanguardistas. Sergio Pitol (Puebla, 1933) y Margo Glantz (M\u00e9xico, 1930) nos han mostrado, en especial estos \u00faltimos a\u00f1os, algunas de las obras m\u00e1s de avanzada que pudiera publicar cualquier otro escritor joven, o al menos con batallas en el cuerpo, con algunas cuantas obras a sus espaldas, en general con formas m\u00e1s o menos id\u00e9nticas. Pues es eso, precisamente, lo que destaca en las obras de esta \u00e1nima y este \u00e1nimus mexicanos: lo interesante es la forma en que est\u00e1n construidas. En especial sus textos \u00faltimos, como los autobiogr\u00e1ficos y reflexivos de la <i>Trilog\u00eda de la Memoria<\/i> (Anagrama, 2007) de Pitol o la an\u00e9cdota \u00e9pica de <i>Por breve herida <\/i>(Sexto piso, 2016) de Margo Glantz, donde no es la intertextualidad, ni lo metaliterario (ese truco demasiado manido por Vila-Matas \u2015pupilo de Pitol\u2015 que, a mi modo de ver, ya se ha secado), sino la hibridez y\/o mutaci\u00f3n de los g\u00e9neros. Textos de diversa naturaleza que se trenzan sin not\u00e1rsele las costuras. O como dice una Margo Glantz de 87 a\u00f1os en una entrevista reciente:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">textos muy breves, \u00a0[\u2026] cuadros de pensamientos, pinturas de pensamiento, que son textos que van mucho m\u00e1s all\u00e1 del aforismo, pero que son textos bastante fragmentarios, (\u2026) no est\u00e1n inscritos en ning\u00fan g\u00e9nero espec\u00edfico, ni siquiera en filosof\u00eda, ni en poes\u00eda, sino que participan de todos.<\/p>\n<p>La continuaci\u00f3n de la poes\u00eda por otros medios, sea como sea, como dice Joseph Brodsky de la prosa de Tsviet\u00e1ieva. La buena prosa se expresa en trazo acotado, esa es su caracter\u00edstica m\u00e1s frecuente. Hay formas en que algunos se entienden a corto aliento, o llevados por la cultura de la c\u00e1psula a utilizar partes de algo para hacer otra cosa, el llamado <i>arte shanzhai<\/i>.<\/p>\n<p>Las series, la producci\u00f3n de series, lo que vuelve a la m\u00e1quina el foco espec\u00edfico de la lengua, para replegarse sobre s\u00ed misma, una m\u00e1quina de sentido. De cualquier forma, son peligrosos los excesos, pues la coherencia es inevitable para comunicar.<\/p>\n<p>Las formas se repiten, los moldes se fabrican y desde su salida del horno no paran de manosearse hasta que se extrav\u00edan; y no en la cosmolog\u00eda, sino en el aburrimiento de los lectores. Escribir art\u00edculos, cr\u00f3nicas, ensayos de un tiempo a esta parte, que no son muchas d\u00e9cadas, ya es un anacronismo. Los g\u00e9neros se han degenerado. Y, no hay duda, a\u00fan figuran en el s\u00e9quito algunos puristas apelando a un juez inexistente, que presupone un canon, cuyos cimientos yacen casi todos en la Academia.<\/p>\n<p>Es el libro <i>tralfamadoriano <\/i>de Vonnegut: breves conjuntos de s\u00edmbolos (textos) separados por estrellas, donde &#8220;el autor los ha escogido con cuidado; as\u00ed que, al ser vistos simult\u00e1neamente producen una imagen de la vida&#8221;, como el Aleph borgeano. Es como la respuesta escrita a la teor\u00eda psic\u00f3tica de Macedonio Fern\u00e1ndez, eso del lector salteado, de que existe una suerte de lector que no lee atentamente toda la sucesi\u00f3n de grafemas de un texto, sino que pasa por encima de algunos (saltan) rastreando el texto, evoc\u00e1ndolo, m\u00e1s que teniendo con el signo una relaci\u00f3n puntillosa, m\u00e1s bien de reconocimiento de series, de combinaciones posibles, m\u00e1s que de signos.<\/p>\n<p>Margo Glantz, acaba con la dualidad, por eso la \u201can\u00e9cdota \u00e9pica\u201d. Un tratamiento odontol\u00f3gico y la pintura de Francis Bacon, este ser\u00eda el trasunto de la novela. Fragmentos que ensayan en torno a las posibles combinaciones de estos dos temas.Crea este nuevo tipo de texto, fragmentario, que coge muchos registros y los emplea, como a los documentos, en archivos que constituyen el propio libro. A pesar de esta fragmentariedad, el texto posee una coherencia interna y una complicidad con el lector. Glantz logra esta independencia y conquista la prosa como pocas escritoras latinoamericanas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Mar\u00eda Moreno, <i>El Affair Skeffington <\/i>y<i> Black out<\/i><\/b><\/p>\n<p>Mar\u00eda Moreno arma en <i>El Affair Skeffington<\/i> (Bajo la luna, 1992; Mansalva, 2013) un juego con la performatividad escrita; las reflexiones de su personaje son las suyas, como advierte en la contratapa. Un movimiento similar al del Nabokov de <i>P\u00e1lido fuego<\/i>, donde a partir del poema citado al inicio (un poema, evidentemente de Nabokov) se teje una trama narrativa en forma de comentarios a ese poema. En el caso de Moreno es al rev\u00e9s, inventa una biograf\u00eda de una muchacha francesa, que se code\u00f3 con lo m\u00e1s <i>delicatesen<\/i> del Par\u00eds de los a\u00f1os veinte, aficionada al incipiente psicoan\u00e1lisis, turista sexual y bohemia asidua; para luego hacer el comentario al manuscrito encontrado (ese recurso pop borgeano) a una serie de poemas de la misma Dolly Skeffington, una poeta un poco olvidada en el canon. La impostura se juega aqu\u00ed como forma de ocultar la \u201cautor\u00eda\u201d, atribuy\u00e9ndosela a un personaje de ficci\u00f3n. Moreno ha sido mucho m\u00e1s le\u00edda como cronista, una prosa p\u00fablica que detenta en s\u00ed los ecos de lo que ser\u00eda su obra posterior. El <i>Affair Skeffington<\/i> es de 1992 y, de hecho, su primera novela y primer libro. En sus comienzos la operaci\u00f3n, se ve, fue distinta. Enmascara su poes\u00eda (el dominio privado) tras un personaje de ficci\u00f3n, es decir, la resistencia a publicarla.<\/p>\n<p>Los dominios desaparecen, para este efecto, en su libro m\u00e1s reciente, <i>Black Out<\/i> (Random House, 2017).Los l\u00edmites han sido superados, el g\u00e9nero es intrascendente. Quiz\u00e1s sea la prosa la que cuenta en s\u00ed algo, por su diluirse en la mente, por su sonsonete que resuella en la memoria. Una prosa que puede contar lo que sea. Bastante faulkneriana, sin duda, ebria, que divaga no sin orientaci\u00f3n, mejor dicho, con esa misma desorientaci\u00f3n como camino a documentar. El viaje antes que la conceptualizaci\u00f3n o el tempo. El arco se tensa.<\/p>\n<p>La mujer tiene lengua propia, escribe con una prosa exquisita y cualquier cosa, aunque diminuta sea, en el trazo de esta mujer queda nacida. \u00bfPodr\u00eda un hombre escribir como Mar\u00eda Moreno? Es posible, pero tampoco es el caso. No es ya la prosa masculina, la femenina, sino una prosa hiperlaxa. Reconozco que puede ser demasiado exagerado hacer esta comparaci\u00f3n, pero quien la haya le\u00eddo nota que el uso de la palabra ya no se casa con su g\u00e9nero o simplemente se larga a panfletear sobre ciertos temas que ata\u00f1en a la \u201cmujer borracha e iluminada\u201d, sino que muestra los comportamientos propios de un organismo vivo, autosuficiente. Eso que Charles Olson dec\u00eda de la energ\u00eda, de la perfecta relaci\u00f3n que deb\u00eda tener el texto como energ\u00eda contenida, como la que sucesivamente a la lectura saltar\u00eda hacia el lector provoc\u00e1ndole eso que muchos de nosotros, creo, conocemos, el deslumbramiento, la manera en que un texto puede modificarte.<\/p>\n<p>El alcoholismo, supuesto protagonista de <i>Black Out,<\/i> no se vanagloria de su condici\u00f3n s\u00f3rdida u oscura. Nunca est\u00e1 mencionado como algo inmoral. Si bien acarrea cierto impulso autodestructivo, de igual manera constituye, en sus comienzos, el medio para entrar en el c\u00edrculo de hombres que discut\u00edan la cultura en la Argentina de los 70s. La mujer se priva de estas circunstancias, quiz\u00e1s por su condici\u00f3n hist\u00f3rica, y sin embargo, el allanar o reparar en las costumbres de los hombres de letras, le permiten entrar al c\u00edrculo. Esa escuela del hombre de letras, bohemio, con dos excesos vitales, el alcohol y la divagaci\u00f3n intelectual, en el que la mujer era un bicho raro, Mar\u00eda Moreno la invade y la modifica: ya no es m\u00e1s la sordidez, sino la elegancia de recorrer lo obscuro.La relaci\u00f3n entre alcohol y literatura: una comuni\u00f3n. No son para\u00edsos artificiales. No es una fantas\u00eda privada e individual, m\u00e1s bien un \u00e9xtasis colectivo, como dice Baudelaire sobre el vino. La mujer sale del lugar que el hombre le asign\u00f3, la casa, lo privado y se repliega en lo p\u00fablico con todos sus misterios e incertidumbres.<\/p>\n<p>Hay una tendencia argentina a psicoanalizar hasta el detalle inocuo de una cena familiar, que se filtra en el modus operandi de la prosa cr\u00edtica, o reflexiva de Mar\u00eda Moreno. Los recuerdos se observan con la distancia de un taxidermista: el dolor no parece dolor, sino una ficci\u00f3n, o mejor, una an\u00e9cdota que se cuenta como un ejercicio de estilo. No hay vanagloria de lo decadente, tampoco una manera refrita de se\u00f1alar \u201cla realidad\u201d (en su acepci\u00f3n sucia, digamos). Sencillamente un juego con la memoria, un transcurrir por el patio trasero como quien dirige a un grupo de turistas por un zool\u00f3gico. No sin elegancia, por supuesto. No carente de dudas, pues como se sabe, el estilo es la suma de las incertidumbres.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Sebasti\u00e1n Diez<br \/>\nSantiago de Chile, primavera de 2017<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00ab\u00a1Ah,qu\u00e9 gran hombre era esta mujer!\u00bb, le dice un Flaubert senil a un eminente cuentista franc\u00e9s, luego de leerle un pasaje de una carta que le escribiera George Sand, aquella mujer que pasar\u00eda a la historia de la literatura con nombre de hombre.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1824,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[3732,4461],"genre":[2019],"pretext":[],"section":[2344],"translator":[2458],"lal_author":[3588],"class_list":["post-1827","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-feminist-lit-es","tag-numero-4","genre-essay-es","section-essays-es","translator-arthur-malcolm-dixon-es","lal_author-sebastian-diez-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1827","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1827"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1827\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32291,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1827\/revisions\/32291"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1824"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1827"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1827"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1827"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=1827"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=1827"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=1827"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=1827"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=1827"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}