{"id":1799,"date":"2017-10-26T16:19:59","date_gmt":"2017-10-26T22:19:59","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/10\/flesh-auction-pedro-novoa\/"},"modified":"2024-04-15T03:29:16","modified_gmt":"2024-04-15T09:29:16","slug":"flesh-auction-pedro-novoa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/10\/flesh-auction-pedro-novoa\/","title":{"rendered":"&#8220;Carne de subasta&#8221; de Pedro Novoa"},"content":{"rendered":"<div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right;\">\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; text-indent: 28.4px; line-height: 30.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; line-height: 30.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; line-height: 30.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; line-height: 30.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; line-height: 30.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p6 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; text-indent: 28.4px; line-height: 30.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p7 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; text-indent: 28.4px; line-height: 30.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/><\/style>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><i>El juego est\u00e1 arreglado, naturalmente.<br \/>\nPero no te detengas por eso.<\/i><br \/>\nRobert Heinlein<\/p>\n<p><b>I<\/b><\/p>\n<p>El taxi ha cruzado el centro de la ciudad, rasante y veloz como una ojiva nuclear, se ha detenido en una esquina prohibida y t\u00fa, a\u00fan con la est\u00e1tica a flor de piel, le has pagado al taxista, has bajado del auto y cotejado la hora, todo en un solo movimiento: la cara endurecida por el fr\u00edo, los ojos rojos, la lengua pegoteada en el paladar. Caminas por las delgadas aceras del Cusco y piensas en el Guajolote y su clan sure\u00f1o: Ya ver\u00edan esas pinches ratas, le rajar\u00edas la mism\u00edsima madre en su propia tierra. A m\u00ed con chingaderas de aqu\u00ed o de all\u00e1. Esta vez no se te adelantar\u00edan\u2026<\/p>\n<p>Cruzas un pasaje, contemplas los muros incaicos, su empedrado geom\u00e9tricamente encajado, sin fisuras, sin error. Guajolote puto, no debi\u00f3 llevarse la Gran Venus de Guanajuato ese d\u00eda que ya la ten\u00edas pr\u00e1cticamente en tus manos. Y luego de unos a\u00f1os, despu\u00e9s de haber vendido el bultito a los franchutes, venir a restreg\u00e1rtelo en la cara con sus acostumbrados mensajitos de texto, el muy culero. Y eso de que todos somos carne de subasta, que tarde o temprano terminamos vendidos al mejor postor, qu\u00e9 uno es as\u00ed, que uno es as\u00e1, que todo depende del martillero que est\u00e1 all\u00e1 arriba, que no te enmules, que Jalisco no te rajes. Pen-de-jo, ahora vas a tener tu Jalisco, pero bien dentro: \u00a1enterito y bien ching\u00f3n!<\/p>\n<p>Resoplas, todav\u00eda no te acondicionas del todo a estos nuevos aires peruanos. Llevas la atm\u00f3sfera atascada en los pulmones, un desayuno mal digerido y toda la noche del vuelo sin dormir: lo que era el pinche <i>jet lag<\/i>.\u00a0 Ganas unos metros y buscas el bar donde ten\u00edas que llegar: \u00bfc\u00f3mo se llamaba? Sigues avanzando media cuadra m\u00e1s y abordas a un poblador que esperaba su bus en un paradero: Buenos d\u00edas, carnal, estoy buscando el bar Pututos, Kututus o algo parecido. El poblador te mira con esa mezcla de pena y apremio que inspiran los turistas reci\u00e9n llegados. Dir\u00e1 Ukukus, te corrige, es el que est\u00e1 a media cuadra, <i>aquicito<\/i> nom\u00e1s, \u00bflo ve? Te se\u00f1ala con un dedo elocuente, did\u00e1ctico, es el letrero que destaca entre todos, el \u00fanico que tiene luces de ne\u00f3n. Y t\u00fa (\u00a1qu\u00e9 poca madre!), sonriente, avergonzado, que s\u00ed lo ve\u00eda, que muy amable y vaya qu\u00e9 ciego estaba para no haberlo visto a la primera.<\/p>\n<p>Cruzas la pista y llegas al bar.<\/p>\n<p>En la puerta te recibe el vigilante vip, un orangut\u00e1n enorme de rostro aburrido que se agacha, te palmotea los tobillos, las pantorrillas, va subiendo y te estruja el culo, la espalda, los sobacos y est\u00e1 limpio, le dice al intercomunicador que tiene colgado al lado izquierdo de su boca, como un escarabajo suspendido. Pasas, observas el lugar, es agradable, amplio. El cl\u00e1sico ambiente de una fiesta privada o de una conspiraci\u00f3n: poca gente, poca luz y m\u00fasica jazz a bajo volumen. Lo tienes todo bajo control, Jalisco, susurras como para no olvidarlo. Hace meses el clan del Norte te hab\u00eda facilitado el soplo del a\u00f1o: en ese bar, dentro de un par de horas se estar\u00eda subastando las Orejeras m\u00e1s buscadas del Se\u00f1or de Sip\u00e1n. Terminada la puja, tu clan se encargar\u00eda de hacer pasar <i>el bultito<\/i> por los aeropuertos del Cusco y Par\u00eds convenientemente. Sonr\u00edes, miras tu reloj: las tres de la tarde. \u00d3rale, Jalisco, a ponerse abusado. La hora de la verdad hab\u00eda llegado, la neta que s\u00ed.<\/p>\n<p>Vamos a ver qu\u00e9 onda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>II<\/b><\/p>\n<p>Terminado el remate de un cuadro de la Escuela cusque\u00f1a, un par de monedas coloniales y una cer\u00e1mica de la cultura Tiahuanaco, el hombrecillo que fung\u00eda de martillero suspir\u00f3. Estaba listo para el gran cierre del d\u00eda. Durante las dos horas que hab\u00edan transcurrido, los postores hab\u00edan estado cautos. Nadie hab\u00eda arriesgado m\u00e1s de la cuenta. A pesar de ser una subasta \u00abnegra\u00bb, los pujadores se hab\u00edan comportado dentro de los niveles de la sensatez: celulares en vibrador, laptops desconectadas, no aud\u00edfonos, no bebidas, no drogas.<\/p>\n<p>Durante unos segundos, el martillo qued\u00f3 relegado encima de una vieja c\u00e1tedra en el m\u00e1s completo abandono. Aprovechaste para observar a los postores: sus rostros, sus facciones, todo te pareci\u00f3 sospechosamente irrelevante. Eso te inquiet\u00f3, Jalisco, te val\u00eda madres, prefer\u00edas estar entre perros bien gachos, de trazos definidos y no en esa especie de concierto de rostros plastificados. En eso llegaron dos sujetos enviados por el clan del Norte, te tra\u00edan el dinero para la subasta del cierre en dos peque\u00f1as mochilas. T\u00fa las recibiste sin ceremonias, las entreabriste una por una y te dejaste seducir por los fajos de d\u00f3lares que, cuidadosamente acomodados, te hicieron recordar la perfecci\u00f3n geom\u00e9trica de los muros incaicos.<\/p>\n<p>El martillero sac\u00f3 de la parte inferior de su c\u00e1tedra la <i>vedette<\/i> del show: una cajita de cristal en cuyo interior dos orejeras impresionantes relumbraban como soles dentro de un universo en miniatura. De pronto vibr\u00f3 tu pinche m\u00f3vil, \u00bfqui\u00e9n se atrev\u00eda a llamar justo ahora? Hac\u00eda fr\u00edo, pero comenzaste a sudar, no deb\u00edas responder, pero tu curiosidad pudo m\u00e1s. Con disimulo sacas tu aparato y lees el mensaje de texto que te han enviado desde un n\u00famero desconocido: &#8220;Esas orejeras son carne de subasta como t\u00fa&#8221;. Guardas tu tel\u00e9fono, deb\u00eda de ser el Guajolote, \u00bfqui\u00e9n m\u00e1s? Pretend\u00eda meterte miedo, Jalisco, pero no lo conseguir\u00eda, te val\u00eda madres su intento de rajarte.<\/p>\n<p>Observas con detenimiento a los pujadores, \u00bfcu\u00e1l de ellos ser\u00eda el reculero infiltrado? Quiz\u00e1 el del mostacho, o el escuincle del chullo multicolor, o ese otro, el tipo que luc\u00eda un terno impecable, o aquel anciano desdentado que parec\u00eda masticar el aire&#8230; No sabes, pero por ah\u00ed deb\u00edan estar. Pod\u00edas oler y hasta sentir su respiraci\u00f3n de pinches ratas sure\u00f1as. Pero no importaba, hoy deb\u00edas ganarles por puesta de mano y sonre\u00edste.<\/p>\n<p>El chaparrito del martillo desenrosc\u00f3 una voz estent\u00f3rea de bar\u00edtono ebrio: Damas y caballeros, lo esperado de esta tarde: las orejeras del Se\u00f1or de Sip\u00e1n. Ciento treinta gramos de oro turquesa con incrustaciones de gemas multicolores y concha de Spondylus. Lo singular de estas joyas es que son las \u00fanicas referidas a un ritual de guerra y no las ceremoniales que se conocen hasta ahora.<\/p>\n<p>Algunos acercaban, pasmados, sus cabezas de gatos curiosos.<\/p>\n<p>El martillero prosigui\u00f3: presentan en alto relieve la batalla fabulosa del hombre contra su destino. Un destino feroz y tremebundo representado por una deidad zoomorfa (mitad puma y mitad serpiente) en pleno salto de ataque. Mide ciento veinte mil\u00edmetros de alto, cien de largo y ciento diez de ancho. Tiene una antig\u00fcedad de por lo menos dos mil quinientos a\u00f1os y el precio base de esta maravilla es diez mil d\u00f3lares. \u00bfQui\u00e9n da m\u00e1s?<\/p>\n<p>Hab\u00eda comenzado la chingadera.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>III<\/b><\/p>\n<p>El del mostacho no se qued\u00f3 en mamadas y le entr\u00f3 duro y parejo al baile, ofreci\u00f3 quince, luego veinte, pero se detuvo en treinta mil. El chavo que estaba dentro de un chullo que solo le dejaba libres la nariz y la boca lleg\u00f3 a cuarenta mil. El del terno pulcro se raj\u00f3 y con mucha frustraci\u00f3n se plant\u00f3 en cuarenta y cinco mil, m\u00e1s es una locura, protest\u00f3. Pero el anciano fue el que se rob\u00f3 el show, chimuelo como estaba, tap\u00f3 el hocico a todos con ochenta mil de los grandes. \u00d3-ra-le, me-xi-ca-ni-to, y ahora c\u00f3-mo-la-vez, te dijo canturreando las palabras, en un tono que pretendi\u00f3 ser ofensivo, pero que solo te hizo re\u00edr. En las bolsas ten\u00edas m\u00e1s que eso, pero hab\u00eda que ser cauto. Noventa mil d\u00f3lares y una dentadura nueva para que mi abuelote mastique bien su chingadera diaria, bromeaste, confiado, ganador. Los pujadores te miraron como si, de golpe, fueras la entidad zoomorfa de las orejeras.<\/p>\n<p>El peque\u00f1o martillero engol\u00f3 su voz aguardentosa todo lo que pudo, levant\u00f3 el martillo y Noventa mil a la una, noventa mil a las dos\u2026<\/p>\n<p>Noventa y cinco mil, dijo el pinche mocoso del chullo. Lo miraste encabronado, pero tranquilo, Jalisco, susurraste. No pod\u00edas excederte, ten\u00edas en la bolsa cien mil, pujar todo lo que ten\u00edas era adem\u00e1s de arriesgado, est\u00fapido: Noventa y ocho mil, dijiste, se te part\u00eda la voz, el mundo, la madre. Comenzaste a sudar, viste en el portador del chullo al Guajolote y su bola de ojetes del clan sure\u00f1o burl\u00e1ndose por segunda vez de ti. Imaginaste las noticias que saldr\u00edan luego de la venta de las orejeras, la suma astron\u00f3mica que de seguro conseguir\u00eda en la casa Sotheby&#8217;s de Par\u00eds como lo hizo la Venus de Guanajuato en su momento. Pasaste una saliva espesa, densa, oprobiosa, se hab\u00eda anulado la raz\u00f3n y el tiempo. Solo saliste de tu estado de imbecilidad cuando escuchaste el martillazo final y vendido al se\u00f1or Jalisco, felicitaciones.<\/p>\n<p>Esa noche, en la habitaci\u00f3n de tu hotel, luego de embalar convenientemente &#8220;el bultito&#8221;, te metiste cuatro pastillas para dormir y quedaste encima de tu cama reducido a la conveniente condici\u00f3n de bulto. Al d\u00eda siguiente te despert\u00f3 el tel\u00e9fono de recepci\u00f3n: Al\u00f3, \u00bfse\u00f1or Jalisco M\u00e9ndez?<\/p>\n<p>Bueno, s\u00ed, \u00e9l mero mero, \u00bfqu\u00e9 rollo?<\/p>\n<p>La polic\u00eda est\u00e1 subiendo a su habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>IV<\/b><\/p>\n<p>En la carceleta de la comisar\u00eda del Cusco, revisaste tu tel\u00e9fono, el cabr\u00f3n del Guajolote te hab\u00eda dejado otro mensaje: &#8220;El que puja mucho y mal, se caga antes de tiempo&#8221;. Que no mamara, est\u00e1s seguro que ese g\u00fcey estaba agitando las aguas de este fango para hundirte. Pero no lo permitir\u00edas, esta vez no. Ser\u00edas m\u00e1s que prudente, ser\u00edas ching\u00f3n.<\/p>\n<p>Buenos d\u00edas, se\u00f1or M\u00e9ndez, soy el Comandante encargado de las investigaciones sobre la subasta ilegal de ayer\u2026<\/p>\n<p>Disculpe que lo interrumpa, oficial, pero no hablar\u00e9 una palabra hasta que no llegue mi abogado. Le rogar\u00e9 que me permita hacer un par de llamadas\u2026<\/p>\n<p>El polic\u00eda estaba desconcertado, ten\u00eda el rostro bovino, hinchado del lado derecho, como si tuviera rumiando una eterna bola de alfalfa. \u00bfNo lo entiendo?, pero si es su deseo, no hay ning\u00fan problema. Lo mando llamar, est\u00e1 alojado en el mismo hotel donde usted estaba.<\/p>\n<p>Ahora el desconcertado eras t\u00fa. \u00bfQu\u00e9 desmadre era todo esto? Ibas a reclamar, pero mejor decidiste averiguar qui\u00e9n era tu supuesto abogado. \u00bfPuede traerlo aqu\u00ed, por favor?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>V<\/b><\/p>\n<p>Cuando entr\u00f3, en el momento exacto que se sac\u00f3 el sombrerito panam\u00e1 \u2013que luc\u00eda esa ma\u00f1ana\u2013, reconociste al enorm\u00edsimo cabr\u00f3n. D\u00e9jenos solo, comandante, muchas gracias por todo, le dijo al polic\u00eda con su inconfundible vocecita de pajarraco ahorcado. El comandante asinti\u00f3 con un gesto entre sumiso y obsequioso: Les doy lo acordado, para que ustedes se repartan como crean conveniente. L\u00e1stima que no se haya recuperado &#8220;el bultito&#8221;. Hubiera sido mejor para todos, lament\u00f3 y dej\u00f3 un sobre manila encima de la mesa.<\/p>\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 se trata toda esta pendejada?<\/p>\n<p>Ya te explicar\u00e9, Jalisco, \u00bfc\u00f3mo est\u00e1s?<\/p>\n<p>Hasta el ojete, estoy en el subsuelo de donde hubiera querido estar.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u00bfY lo preguntas? No mames, g\u00fcey, me has denunciado y en ese sobre tienes la lana que Judas cobr\u00f3 por Cristo\u2026 \u00bfCarne de subasta y barata, no, pinche pendejo?<\/p>\n<p>No te adelantes, este dinero es para los dos.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9? \u00bfNo me denunciar\u00e1n por adquisici\u00f3n irregular de arqueolog\u00eda?<\/p>\n<p>No, Jalisco y no te rajes por lo que voy a decir. Yo le asegur\u00e9 a la polic\u00eda que iba a infiltrar a un colaborador eficaz en la subasta negra, para que fingiera comprar las orejeras y capturar al saqueador que las vend\u00eda. Cosa que ya se hizo y ac\u00e1 est\u00e1 la recompensa: dos mil d\u00f3lares para ti y dos mil para m\u00ed. Abri\u00f3 el sobre manila, separ\u00f3 lo suyo y te dio el resto.<\/p>\n<p>Recibiste la lana, pero no la contaste. Estabas ofendido, qu\u00e9 se cre\u00eda este g\u00fcey\u2026 \u00bfY la feria que pagu\u00e9 por las orejeras?<\/p>\n<p>Yo tengo el dinero, la polic\u00eda me lo entreg\u00f3 ayer.<\/p>\n<p>\u00bfMe lo dar\u00e1s?<\/p>\n<p>Depende, si dejas a los norte\u00f1os y te vienes con nosotros. Eres bueno, mexicano, pero est\u00e1s en el equipo contrario.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 el polic\u00eda dijo que no se hab\u00eda recuperado el bultito?<\/p>\n<p>Porque no se ha recuperado, t\u00fa compraste una imitaci\u00f3n y esa es la que tienen las autoridades. Las verdaderas orejeras est\u00e1n ahora en poder de nuestro clan en Francia\u2026<\/p>\n<p>De golpe, comenzaste a entender algunas cosas: el chaparrito del martillo hizo el cambiazo debajo de la c\u00e1tedra, \u00bfno?<\/p>\n<p>As\u00ed es, el martillero era de nuestro clan, como todos los pujadores. Solo el que vend\u00eda el bultito, t\u00fa y la polic\u00eda no sab\u00edan qui\u00e9n era qui\u00e9n. \u00bfC\u00f3mo la ves?<\/p>\n<p>Tengo que reconocer que son una perfecta bola de pendejos.<\/p>\n<p>Si te pasas a los nuestros, recuperas tus noventa y ocho mil, y te ofrezco el diez por ciento de lo que se obtenga por la venta de las orejeras verdaderas all\u00e1 en Par\u00eds\u2026 \u00bfQu\u00e9 dices mexicano? Recuerda que todos somos carne de subasta. Si hasta Cristo fue vendido por treinta monedas, \u00bfpor qu\u00e9 un simple cabr\u00f3n como t\u00fa no?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>VI<\/b><\/p>\n<p>Por un momento recuerdas la escena en la filigrana de las orejeras del Se\u00f1or de Sip\u00e1n: el hombre luchando contra un destino escabroso y atroz. Quiz\u00e1 a eso se resuma todo: a luchar en las peores circunstancias, apostar y ver qu\u00e9 pasa. Bajas la guardia, ya no hab\u00eda m\u00e1s que hacer, la propuesta del Guajolote era como optar por una nueva vida: los ojos inyectados en sangre, nuevamente la lengua pegoteada al paladar, la rabia disuelta en la saliva espesa.<\/p>\n<p>Acepto, pinche culero, le respondes, convencido, arrebatado como el luchador de la filigrana precolombina ante su destino feroz. Y, desde alg\u00fan lugar del mundo, escuchas un atronador martillazo que te deja sordo, libre de tu pasado, lleno de un ma\u00f1ana inquietante, pero de poca, poqu\u00edsima madre, carnal.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Acepto, pinche culero, le respondes, convencido, arrebatado como el luchador de la filigrana precolombina ante su destino feroz. 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