{"id":1795,"date":"2017-10-26T15:58:55","date_gmt":"2017-10-26T21:58:55","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/10\/tattoo-ana-clavel\/"},"modified":"2023-06-07T08:07:06","modified_gmt":"2023-06-07T14:07:06","slug":"tattoo-ana-clavel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/10\/tattoo-ana-clavel\/","title":{"rendered":"&#8220;Un tatuaje&#8221; de Ana Clavel"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/><\/style>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Entre ella y Mart\u00edn bajaron la cortina met\u00e1lica del local de tatuajes. Despu\u00e9s de colocar los candados, echaron a andar por la calle de Tacuba que a\u00fan bull\u00eda\u00a0 de gente por ser s\u00e1bado. Era una noche c\u00e1lida as\u00ed que los vendedores de los Portales de Santo Domingo se abanicaban con los folletos y muestras de invitaciones que ofrec\u00edan a los paseantes, deseosos de convertirlos en los \u00faltimos clientes del d\u00eda. Varios negocios hab\u00edan cerrado pero otros manten\u00edan su luz fluorescente sobre mercanc\u00edas in\u00fatiles pero llamativas: adornos, l\u00e1mparas de papel, bisuter\u00eda, mu\u00f1ecas, ratones de cuerda. Los lugares de comida r\u00e1pida con sus televisores silenciosos segu\u00edan atrayendo gente que se perd\u00eda en una contemplaci\u00f3n bovina entre ver y masticar. Del &#8220;Sal\u00f3n Madrid&#8221; escapaban acordes de la Banda del Recodo que alguien del interior hab\u00eda puesto a sonar en una rocola, cuando Mart\u00edn le pidi\u00f3 que se detuvieran a comprar una botella de agua. Entraron a una miscel\u00e1nea. La chica que cobraba le dijo a Mart\u00edn que le gustaba el tatuaje de huesos que tra\u00eda en ambos brazos, como si su esqueleto se transparentara en esas partes del cuerpo. \u00c9l le respondi\u00f3 que cuando quisiera le hac\u00eda uno con rebaja especial por ser de negocios vecinos. Ella contest\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Pero no de huesos. Uno de flores como el de tu amiga\u2026 \u2014se refer\u00eda al que tra\u00eda Alina en el cuello y que se extend\u00eda hacia atr\u00e1s de su oreja izquierda. Alina sonri\u00f3 y se acerc\u00f3 a la dependienta, casi de su edad. Estir\u00f3 el cuello para que pudiera apreciarlo mejor.<\/p>\n<p>\u2014Si te fijas bien, hay una calavera en el centro de la flor\u2026 \u2014le dijo. La muchacha lanz\u00f3 una exclamaci\u00f3n de sorpresa y agrado.<\/p>\n<p>No hicieron otra parada hasta llegar al metro Z\u00f3calo. Apenas alcanzaron la zona de maquetas que representaba las pir\u00e1mides de la antigua Tenochtitl\u00e1n, se despidieron. Iban en direcciones opuestas: Mart\u00edn a Iztapalapa y Alina a Tacuba. \u00c9l dijo:<\/p>\n<p>\u2014Nos vemos el lunes. Me saludas a Juan.<\/p>\n<p>\u2014Claro\u2026 Yo le digo. Buen fin de semana \u2014contest\u00f3 ella.<\/p>\n<p>Descendi\u00f3 al and\u00e9n poblado de gente que regresaba a sus casas con el cansancio de un d\u00eda de compras y traj\u00edn en el centro. Un grupo de j\u00f3venes mestizos con paliacates en la frente y camisetas que dejaban ver sus brazos curtidos y correosos, bromeaban entre s\u00ed y se pasaban uno a otro una efigie de San Judas Tadeo de casi medio metro. La distrajo un mensaje del celular. Era de Juan pregunt\u00e1ndole cu\u00e1nto tiempo tardar\u00eda en llegar al lugar convenido para recogerla. Se aprest\u00f3 a contestarle que iba para all\u00e1. &#8220;Pero hay mucha gente, el metro no pasa y el calor est\u00e1 que arde\u2026&#8221;, termin\u00f3 de escribir justo antes de que el convoy arribara con su sonido desfogado.<\/p>\n<p>Cuando entr\u00f3 al vag\u00f3n tra\u00eda en mente el recuerdo de Juan. Su barba suave, sus manos de dise\u00f1ador, la loci\u00f3n de maderas que se pon\u00eda en el pecho y las axilas, siempre fresca y arom\u00e1tica por m\u00e1s que sudara. Llevaban poco m\u00e1s de un a\u00f1o viviendo juntos. En unos meses viajar\u00edan a un congreso de tatuajes en Atlanta. Muchos de los dise\u00f1os que Alina probaba con sus clientes, y que le hab\u00edan ganado cierta fama entre los tatuadores del centro, eran de Juan. Dragones escamados, hadas estilizadas, flores de un jard\u00edn de las delicias inusual.<\/p>\n<p>Apenas entrar se desocup\u00f3 un par de lugares. Eligi\u00f3 el que estaba m\u00e1s cerca de las puertas. Frente a ella estaba sentada una se\u00f1ora con dos ni\u00f1os peque\u00f1os que dorm\u00edan recargados entre s\u00ed. Un vendedor ambulante se abr\u00eda paso ofreciendo peque\u00f1os ventiladores port\u00e1tiles que pon\u00eda ante los rostros de los viajantes para demostrarles su efectividad. Cuando lo puso cerca de Alina, ella sinti\u00f3 la caricia del aire y no pudo evitar sonre\u00edrle al hombre en se\u00f1al de agradecimiento. Tan pronto se alej\u00f3 el vendedor, volvi\u00f3 a respirar el aire caliente del vag\u00f3n cargado de olores. Observ\u00f3 que la mayor\u00eda de los pasajeros llevaban ropas ligeras por donde se asomaban cuellos, brazos, piernas sedientas de frescura, pieles que exhalaban un vaho de humanidad demasiado org\u00e1nica. Los ni\u00f1os dormidos, con sus caritas suavizadas por la laxitud del sue\u00f1o, ten\u00edan los cabellos mojados por el sudor. Le pareci\u00f3 que uno de ellos, el m\u00e1s peque\u00f1o, se incomodaba dormido porque frunci\u00f3 el ce\u00f1o y se tall\u00f3 la nariz molesto como neg\u00e1ndose a respirar. Desvi\u00f3 la mirada a los otros viajeros que ten\u00eda enfrente y descubri\u00f3 de pronto en sus rostros cansados y sudorosos, una se\u00f1al inequ\u00edvoca de desagrado.<\/p>\n<p>Fue s\u00f3lo entonces que se percat\u00f3 del olor aquel, rancio, a humedad reconcentrada. Con el rabillo del ojo percibi\u00f3 al hombre que ten\u00eda a su lado. A diferencia del resto, llevaba un traje oscuro de tela gastada que brillaba por el uso. Las manos nudosas sal\u00edan de las mangas y mostraban una piel cetrina y opaca. Tambi\u00e9n repar\u00f3 en que el hombre era delgado y que su cabello perfectamente peinado era grasoso y ralo. Todo esto descubri\u00f3 sin necesidad de mirarlo directamente. Como tambi\u00e9n supo que ese olor desagradable que todos percib\u00edan y que ella acababa de identificar, emanaba de \u00e9l, de sus ropas, de sus poros, de sus pliegues. Un olor que hurgaba en la memoria desconocida de cosas oscuras y secretas. Estuvo a punto de levantarse aunque todav\u00eda le faltaran varias estaciones antes de llegar a su destino. Fue una reacci\u00f3n instintiva que s\u00f3lo control\u00f3 el temor de exhibir su rechazo, una especie de pudor por la verg\u00fcenza del otro. En su oficio de tatuadora se hab\u00eda acostumbrado al olor de las pieles de sus clientes, una esencia mezclada de resabios animales que la alimentaci\u00f3n y las emociones pod\u00edan intensificar. Tambi\u00e9n estaban los olores minerales de las tintas, concentraciones de una pureza inusual para el olfato humano que pod\u00edan llegar a la pestilencia. Pero aquello que ahora respiraba exced\u00eda su tolerancia. Se llev\u00f3 una mano al cuello, ah\u00ed donde florec\u00eda el tatuaje que llevaba expuesto, como para evitar que aquel olor la contaminara.<\/p>\n<p>Ech\u00f3 un vistazo a la tira de estaciones y cont\u00f3 las que a\u00fan ten\u00eda por delante. Al hacerlo, descubri\u00f3 en el cristal de la ventana los ojos del hombre que estaba a su lado. La miraba expectante, como si supiera que en cualquier momento ella se levantar\u00eda, alej\u00e1ndose, huyendo de \u00e9l. Sentirse observada la abrum\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s. Desvi\u00f3 la mirada y la concentr\u00f3 en el peque\u00f1o que dorm\u00eda recargado en el hermano. El calor no dejaba de humedecer los cuerpos. Seguramente intensificaba y reconcentraba el olor, aquel olor. Sinti\u00f3 sed y se arrepinti\u00f3 de no haber aceptado la botella de agua cuando Mart\u00edn se compr\u00f3 la suya. Comenz\u00f3 a adormecerse con el vaiv\u00e9n pero se oblig\u00f3 a permanecer alerta: no deseaba que un movimiento s\u00fabito del convoy la acercara m\u00e1s al hombre de traje. O que dormida, se le aflojara el cuerpo y llegara a tocar la tela o la piel de donde proven\u00eda el olor.<\/p>\n<p>De todos modos cay\u00f3 en una especie de letargo. Se sujet\u00f3 con una mano al asiento para evitar soltarse del todo. Pero el olor la invad\u00eda y la penetraba cada vez m\u00e1s. Tan s\u00f3lo un parpadeo y el escenario hab\u00eda cambiado. Atisb\u00f3 una habitaci\u00f3n en penumbra, de paredes h\u00famedas y s\u00f3rdidas. En el fondo, un resplandor amarillento destacaba la figura del hombre de traje ahora completamente desnudo salvo por unos papeles que tra\u00eda pegados en el cuerpo. Sentado frente a un escritorio, recortaba fotos de mujeres de una pila de revistas y luego se las fijaba en la piel. A falta de pegamento, lam\u00eda los recortes y los aplicaba directamente sobre su torso como si armara un rompecabezas o un <i>collage<\/i> tama\u00f1o natural. Fue tal la repugnancia que le provoc\u00f3 la escena que Alina se llev\u00f3 instintivamente una mano al cuello para proteger su flor. El gesto repentino provoc\u00f3 que el hombre la descubriera. Se aproxim\u00f3 a ella de un salto y el olor a rancio y humedad se arremolin\u00f3 en oleadas a su alrededor. Imposible respirar, pero imposible tambi\u00e9n apartar al hombre que ahora comenzaba a lamerla y tatuaba con restos de saliva su piel d\u00f3cil y dispuesta. Sinti\u00f3 que su lengua ard\u00eda.<\/p>\n<p>Un mensaje en los altavoces le anunci\u00f3 que hab\u00eda llegado a la estaci\u00f3n de su destino. Abri\u00f3 los ojos y encontr\u00f3 que la mujer de los ni\u00f1os los hab\u00eda despertado y se aprestaban a bajar llorosos y de mala gana. Pero el hombre a su lado ya no estaba. Seguramente hab\u00eda descendido en una estaci\u00f3n anterior, sin embargo a\u00fan pod\u00edan percibirse rastros de su olor en el aire contaminado. Alina se precipit\u00f3 en los andenes como si quisiera dejar atr\u00e1s el mal sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Juan la esperaba en el \u00e1rea de taquillas. Tan pronto se reconocieron entre los r\u00edos de gente, a ambos les brot\u00f3 una sonrisa alegre. Pero Alina adem\u00e1s lo abraz\u00f3 apenas lo tuvo cerca. Y al hacerlo aspir\u00f3 de su cuello y su barba ese aroma fresco que as\u00ed la rescataba. En efecto, el olor a rancio, a soledad reconcentrada, hab\u00eda desaparecido. Escuch\u00f3 que Juan le dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u2014Vamos a casa, Alina.<\/p>\n<p>Ella segu\u00eda sujeta a \u00e9l, neg\u00e1ndose a soltarlo.<\/p>\n<p>\u2014Vamos\u2026 \u2014insisti\u00f3 Juan.<\/p>\n<p>Pero Alina se aferraba a su abrazo en una resistencia obstinada. Hab\u00eda cerrado los ojos y en esa penumbra moment\u00e1nea hab\u00eda percibido que otro tatuaje se ramificaba en su interior, a\u00f1adiendo p\u00e9talos oscuros a la flor c\u00e1rdena de su propio coraz\u00f3n. No ya el olor aquel, sino su recuerdo de tinta indeleble.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pero Alina se aferraba a su abrazo en una resistencia obstinada. Hab\u00eda cerrado los ojos y en esa penumbra moment\u00e1nea hab\u00eda percibido que otro tatuaje se ramificaba en su interior, a\u00f1adiendo p\u00e9talos oscuros a la flor c\u00e1rdena de su propio coraz\u00f3n. No ya el olor aquel, sino su recuerdo de tinta indeleble.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1792,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[3732,2956,4461],"genre":[2012],"pretext":[],"section":[2349],"translator":[2460],"lal_author":[3187],"class_list":["post-1795","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-feminist-lit-es","tag-mexico-es","tag-numero-4","genre-fiction-es","section-fiction-es","translator-george-henson-es","lal_author-ana-clavel-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1795","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1795"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1795\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1792"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1795"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1795"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1795"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=1795"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=1795"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=1795"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=1795"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=1795"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}