{"id":17655,"date":"2022-09-20T01:30:55","date_gmt":"2022-09-20T07:30:55","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=17655"},"modified":"2023-05-23T13:16:32","modified_gmt":"2023-05-23T19:16:32","slug":"sergio-siempre-nos-haras-falta-por-arturo-gutierrez-plaza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2022\/09\/sergio-siempre-nos-haras-falta-por-arturo-gutierrez-plaza\/","title":{"rendered":"Sergio: siempre nos har\u00e1s falta por Arturo Guti\u00e9rrez Plaza"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cLos recuerdos \u2014por supuesto\u2014 son siempre delicados. Se despliegan, por entre el aire, y una vez que llegan hasta nosotros comienzan a trabajar \u2014con denuedo\u2014 ansiosos de puntillismo y originalidad\u201d. Esta frase, extra\u00edda de la primera novela de Sergio Chejfec, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Lenta biograf\u00eda <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(Buenos Aires: Puntosur, 1990), si bien pone en evidencia la densidad intelectual y la lucidez que caracteriza toda su escritura literaria \u2014siempre lujosamente morosa y reflexiva\u2014, nos permite tambi\u00e9n internarnos, con ciertas libertades, en ese \u00e1mbito enigm\u00e1tico de la memoria, para desde all\u00ed recordarlo.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Fue en Caracas, al poco tiempo de su llegada a esa ciudad, donde nos conocimos. En las faldas del \u00c1vila decidi\u00f3 residenciarse. All\u00ed arrib\u00f3 en 1990, para asumir la jefatura de redacci\u00f3n de la revista <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Nueva Sociedad<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y all\u00ed vivi\u00f3 hasta 2005, cuando junto a su esposa, Graciela Montaldo, decidieron emprender una nueva mudanza; esta vez a New York, donde ella recibi\u00f3 una oferta laboral de la Universidad de Columbia y \u00e9l comenz\u00f3 a dar cursos en la maestr\u00eda de Escritura Creativa en espa\u00f1ol, en NYU.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Durante su etapa venezolana fueron muchas las ocasiones en que coincidimos y conversamos en reuniones de amigos y eventos literarios o de otra \u00edndole. Su discreta calidez y su honesta sencillez le abrieron, desde su llegada a Caracas, las puertas de la amistad y el cari\u00f1o. Son muchos los testimonios que dan cuenta de eso, muchas las amistades que cultiv\u00f3 por aquellos a\u00f1os, ganadas por esa mirada silenciosa y afable que tambi\u00e9n nos observa desde sus escritos, siempre sin prisa. Escritos detenidos en la recreaci\u00f3n del detalle y en el regusto de contemplar el transcurrir del pensamiento.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Su particular ligaz\u00f3n con Caracas y con las amistades nacidas all\u00ed (las que tuvo con Salvador Garmendia, Victoria de Stefano, Igor Barreto, por ejemplo) se evidencian en varias p\u00e1ginas de su libro <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Teor\u00eda del ascensor <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(Zaragoza: Jekyll &amp; Jill, 2016)<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"><sup>1<\/sup><\/span><span style=\"font-weight: 400;\">. En el 2011, tanto Gina Saraceni, otra de sus grandes amigas venezolanas, como yo, quienes para entonces \u00e9ramos profesores de la Universidad Sim\u00f3n Bol\u00edvar, donde tambi\u00e9n fue profesora por muchos a\u00f1os Graciela Montaldo, lo invitamos a Caracas a un congreso de escritura creativa que tendr\u00eda lugar en noviembre de ese a\u00f1o. En la respuesta que me dio un d\u00eda despu\u00e9s, a la carta que le envi\u00e9 el 29 de septiembre, me manifest\u00f3 su pesar por no poder aceptar la invitaci\u00f3n, debido a otros compromisos ineludibles, en estos t\u00e9rminos: \u201cNo sabes cu\u00e1nto lamento que no den las fechas. Me habr\u00eda encantado reencontrarme con los amigos y toda esa bella ciudad\u201d. La \u00faltima vez que nos vimos fue en Bogot\u00e1, en un congreso literario en la Universidad Javeriana. Recuerdo que all\u00ed conversamos sobre los contrastes entre Caracas y Bogot\u00e1, a prop\u00f3sito de nuestras propias experiencias de vida en ambas ciudades; del \u201cDiscurso de Caracas\u201d, de Roberto Bola\u00f1o, le\u00eddo en el acto de recepci\u00f3n del Premio R\u00f3mulo Gallegos, en 1999; y de lo dicho por \u00c1ngel Rama en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La ciudad letrada<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, donde el intelectual uruguayo indaga en la noci\u00f3n de la \u201cciudad geom\u00e9trica\u201d y en las implicaciones de la planificaci\u00f3n ordenada y desordenada en los casos de esas villas coloniales, capitales de Venezuela y Colombia, con el objeto de mostrar el rol de las ideolog\u00edas soterradas que actuaron y siguen actuando en la concreci\u00f3n urbana de cada una de ellas.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esa vinculaci\u00f3n con Venezuela se mantuvo siempre. Pude corroborarla en varias ocasiones, cuando ambos viv\u00edamos en Estados Unidos \u2014\u00e9l en New York, yo en Cincinnati y, luego, en Oklahoma.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Calculo que habr\u00e1 sido en el 2005, en un viaje improvisado de fin de semana que hice a Chicago con un amigo colombiano, Julio Quintero, que me encontr\u00e9 con Sergio y Graciela paseando por Michigan Avenue, caminando por la misma acera, en sentido contrario al m\u00edo. Ni ellos ni yo viv\u00edamos en esa ciudad y las probabilidades de encontrarnos en ese lugar, en ese momento, no eran demasiado prominentes. De todo lo que conversamos en ese encuentro s\u00f3lo recuerdo que me coment\u00f3 que acababa de venir de Venezuela o que estaba por ir para all\u00e1, pues estaba investigando en varios archivos sobre Rafaela Baroni, personaje del que yo ten\u00eda pocas noticias para ese entonces y que se convertir\u00eda en la figura activadora de la trama narrativa de su novela <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Baroni, un viaje <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(Buenos Aires: Alfaguara, 2007). Luego de ese encuentro, le habl\u00e9 a Julio de la obra literaria de Sergio, la cual desconoc\u00eda, y dos a\u00f1os despu\u00e9s, para mi sorpresa, tras un viaje que hizo a Buenos Aires me coment\u00f3 que hab\u00eda encontrado en una librer\u00eda ese libro \u201cde tema venezolano\u201d de Chejfec. De inmediato se lo ped\u00ed prestado y tras una absorbente lectura me anim\u00e9 a escribir una r\u00e1pida rese\u00f1a, que inesperadamente gan\u00f3 un premio para escritos de ese g\u00e9nero en Venezuela. El texto dec\u00eda lo siguiente:\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desde el mismo t\u00edtulo, este libro nos se\u00f1ala e invita a transitar junto al narrador un recorrido por una superficie que finalmente hallaremos metaforizada en una peque\u00f1a hoja de papel de estraza, arrugada por el pu\u00f1o de una mano. Y, en efecto, si bien all\u00ed tiene lugar el curso imaginario de ese viaje por algunas regiones de Venezuela, la carga simb\u00f3lica de ese papel sin lisuras nos lleva a seguir los pasos de un discurso de incierta movilidad que se desplaza entre los pliegues de una geograf\u00eda m\u00faltiple, tanto en lo f\u00edsico como en lo an\u00edmico e intelectual.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A partir de la descriptiva reflexi\u00f3n que motiva la figura de Jos\u00e9 Gregorio Hern\u00e1ndez, hecha sobre una talla de madera por la artista trujillana Rafaela Baroni, Chejfec va construyendo una particular constelaci\u00f3n que tiene al personaje de Baroni como centro, desde el cual se irradian diversos v\u00ednculos con figuras como el mismo m\u00e9dico santo de Isnot\u00fa, poetas como Juan S\u00e1nchez Pel\u00e1ez e Igor Barreto o artistas como Armando Rever\u00f3n, Juan Andrade y Tom\u00e1s Barazarte.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Se trata de un viaje por interioridades e intersticios, un acercamiento detenido y cauteloso, profundamente intelectual y de un admirable despojo, que explora cierta inocencia inmanente, cierta pureza de alma, y la rec\u00f3ndita sabidur\u00eda art\u00edstica enraizada a esa particular geograf\u00eda, pues, como bien dice el narrador en el largo mon\u00f3logo que conforma la novela: \u201cMe pareci\u00f3 que esa inocencia es un c\u00f3digo gen\u00e9tico del arte, y que si yo quer\u00eda hablar de Baroni deb\u00eda obedecerlo, as\u00ed como si quer\u00eda hablar de cualquier otra cosa\u201d (p. 101).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El discurso se despliega como una enigm\u00e1tica (y a la vez muy concreta) y detallada reflexi\u00f3n sobre un espacio que constantemente es cartografiado, al menos, en tres planos: el correspondiente a las entidades f\u00edsicas referidas en la narraci\u00f3n (Bocon\u00f3, Betijoque, Isnot\u00fa, Valera, M\u00e9rida, Hoyo de la Puerta, Maracay, Caracas, etc.); el conformado por la dimensi\u00f3n existencial de los poetas y artistas aludidos y ligados a esas entidades o a las experiencias por ellas suscitadas; y, por \u00faltimo, el texto mismo como extensi\u00f3n explorada o por explorar, en la que se nos recuerda c\u00f3mo \u2014o d\u00f3nde\u2014 ha sido narrado lo hasta ahora dicho y se anuncia qu\u00e9, posiblemente, luego se dir\u00e1.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Una suerte de ingravidez determina todas las percepciones espacio temporales de esta novela. Ingravidez a la que se suma una red de indefiniciones acerca de una trama que se desvanece en una continua latencia. A trav\u00e9s de esta dilatada reflexi\u00f3n que se desplaza geogr\u00e1ficamente, se ponen en relieve los atributos topogr\u00e1ficos que emparentan el espacio con el pensamiento: \u201cespacio en el sentido m\u00e1s abstracto e intangible de la palabra, la palpitaci\u00f3n del entorno, la sensaci\u00f3n de armon\u00eda, fatalidad o amenaza, el tono del ambiente\u201d (p. 79). Con mirada extranjera el narrador innominado halla en el otro y en lo otro, en lo distinto, una presencia incisiva en la que se manifiestan valores elementales que conjugan la inocencia art\u00edstica y la simplicidad de lo primitivo, aquello que perdura sin renunciar a lo primigenio.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esta indagaci\u00f3n se torna obsesiva y convoca la admiraci\u00f3n y la nostalgia por aquello que se sabe aut\u00e9ntico, pero inaccesible (irremediablemente ajeno): formas de emprendimiento art\u00edstico profundamente ligadas a un orden natural, ritual y colectivo, donde entre m\u00e1scaras y sombras, rituales y escenificaciones se retan cotidianamente los l\u00edmites entre lo real y lo ficticio, lo sagrado y lo profano, lo culto y lo popular, la vida y la muerte.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Quiz\u00e1s, a primera vista, uno de los asuntos m\u00e1s desconcertantes de la obra de Chejfec resulta, precisamente, de evidenciar el contraste entre la sofisticaci\u00f3n de su apuesta verbal, la confecci\u00f3n de una escritura no hecha para todo p\u00fablico, y su inter\u00e9s, al menos en cierta zona de su extensa bibliograf\u00eda, por un arte y un tipo de artistas vinculados a tradiciones populares y rituales, desentendidas de las convenciones de la sociedad culta y urbana. Sin embargo, tal vez, esa extra\u00f1eza producto del desconocimiento de lo ajeno y la fascinaci\u00f3n por acercarse a experiencias en las que reside una verdad y una inocencia, entre elemental y ancestral, que apenas se sospecha, se conjuga org\u00e1nicamente con la b\u00fasqueda que subyace en toda su literatura. No en balde su cercan\u00eda con la poes\u00eda y la persona de Igor Barreto, poeta cronista del llano y las barriadas marginales de la urbe en Venezuela, adem\u00e1s de criador de gallos de pelea, a quien dedica su poemario <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Gallos y huesos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (Buenos Aires: Santiago Arcos, 2003). As\u00ed tambi\u00e9n, su atracci\u00f3n por figuras como la mencionada Rafaela Baroni o el pintor Armando Rever\u00f3n, signo emblem\u00e1tico de la muy singular modernidad art\u00edstica venezolana. A prop\u00f3sito de este \u00faltimo, en el 2007, a\u00f1o de aparici\u00f3n de su novela sobre la multidimensional y autodidacta artista, actriz y cantante trujillana, viaj\u00e9 a New York, desde Cincinnati, con el escritor y amigo chileno Marcelo Rioseco para ver la exposici\u00f3n de la obra del artista de Macuto en el MoMa. All\u00ed, una vez m\u00e1s, me reun\u00ed con Sergio, en un acto en el que Argentina y Venezuela se encontraban, nuevamente, en Manhattan. En el Centro Juan Carlos I de Espa\u00f1a del NYU, el 23 de marzo, se dio una lectura de poes\u00eda en la que participaron las poetas venezolana y argentina, Patricia Guzm\u00e1n y Mercedes Roff\u00e9, presentadas, tambi\u00e9n respectivamente, por los escritores venezolano y argentino, Alejandro Vardieri y Sergio Chejfec. Ese d\u00eda hablamos de poes\u00eda, de Rever\u00f3n y de la situaci\u00f3n venezolana y argentina, en tiempos de Ch\u00e1vez y de Kichner.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El 5 de junio de 2008 muri\u00f3 Eugenio Montejo, poeta amigo de ambos y cuya pasi\u00f3n por Rever\u00f3n tambi\u00e9n fue manifiesta. Cuando le escrib\u00ed, a los pocos d\u00edas de esa infortunada noticia, para darle tambi\u00e9n noticias de la aparici\u00f3n de la rese\u00f1a de su libro en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Hispam\u00e9rica<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, me dijo: \u201cmuchas gracias por avisarme. Voy a estar pendiente de conseguir un ejemplar de la revista. Ahora estoy en Buenos Aires, bajo la triste ola de la muerte de Eugenio. No pude ni puedo creerlo\u201d. El eco de esa frase resuena ahora, fort\u00edsimamente, al pensar y sentir la muerte de Sergio como algo todav\u00eda inaudito, algo no cre\u00edble. Sergio muri\u00f3 el 2 de abril de este a\u00f1o. La noticia nos sorprendi\u00f3 a todos y a\u00fan nos sorprende. Otro 2 de abril, 6 a\u00f1os antes, le escrib\u00ed para decirle lo siguiente:<\/span><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">Yo, por ahora, sigo en la Universidad de Oklahoma como profesor visitante. Estimo que estar\u00e9 aqu\u00ed por uno o dos a\u00f1os m\u00e1s, dadas las limitaciones de la visa que tengo y haciendo tiempo para ver qu\u00e9 pasa con Venezuela. \u00a0<\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">Te cuento que desde ac\u00e1 estoy, junto con un grupo de amigos, embarcado en un proyecto para la creaci\u00f3n de una revista literaria biling\u00fce, llamada <\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">Latin American Literature Today<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> (LALT)<\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">. Hemos pensado en ti como posible miembro del Consejo Editorial. Ojal\u00e1 te animes a acompa\u00f1arnos. Ya me dir\u00e1s.<\/span><\/em><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Su respuesta, el 3 de abril, fue la siguiente:<\/span><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">Querido Arturo<\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">Cuenta conmigo, y muchas gracias por tenerme en cuenta. Espero que la revista cumpla con todas las expectativas que se proponen, y m\u00e1s.<\/span><\/em><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Gracias a ti, Sergio, por tu apoyo y amistad. Hoy desde ac\u00e1, desde las p\u00e1ginas de esta revista que ayudaste a forjar, te recordamos y rendimos homenaje, con inmensa admiraci\u00f3n y afecto. Siempre nos har\u00e1s falta.\u00a0<\/span><\/p>\n<h6><\/h6>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\"><sup>1<\/sup><\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> Un extracto de ese libro fue publicado en nuestro dossier dedicado a Victoria de Stefano (<\/span><a href=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2018\/01\/victoria-de-stefano-presence-leaves-work-waiting-sergio-chejfec\/\"><span style=\"font-weight: 400;\">LALT Nro. 5, febrero de 2018<\/span><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">), quien, a su vez, colabora en el presente dossier con un ensayo titulado: \u201cIniciaci\u00f3n y culminaci\u00f3n de la obra de Sergio Chejfec\u201d.<\/span><\/h6>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Sergio Chejfec, autor argentino, cortes\u00eda de Graciela Montaldo.\u00a0<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cLos recuerdos \u2014por supuesto\u2014 son siempre delicados. 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