{"id":17292,"date":"2022-09-20T02:40:55","date_gmt":"2022-09-20T08:40:55","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?p=17292"},"modified":"2023-05-23T13:18:28","modified_gmt":"2023-05-23T19:18:28","slug":"el-desvalido-roger","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2022\/09\/el-desvalido-roger\/","title":{"rendered":"El desvalido Roger"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">Misericordia: Pu\u00f1al con que sol\u00edan ir armados los caballeros de la Edad Media para dar el golpe de gracia al enemigo.<br \/>\n<\/span><\/i><i><span style=\"font-weight: 400;\">Diccionario de la Real Academia<\/span><\/i><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Arrebujada en la manta el\u00e9ctrica, Eleanore Wharton ignor\u00f3 el primer timbrazo del despertador. El segundo sonar\u00eda dentro de un cuarto de hora, m\u00e1s en\u00e9rgico, m\u00e1s cargado de reproches en nombre de la disciplina, y si continuaba durmiendo tendr\u00eda que padecer cada cinco minutos un chillido insidiosamente calculado para transmitirle, hasta el fondo del sue\u00f1o, un sentimiento de culpa. Odiaba el despertador, pero lo consideraba una buena inversi\u00f3n. Sin duda los japoneses hac\u00edan bien las cosas. El vicio de quedarse aletargada entre las s\u00e1banas le hab\u00eda costado varios descuentos de salario. Ahora, con el auxilio de la alarma repetitiva, se hab\u00eda vuelto casi puntual. Ya no la rega\u00f1aban tan a menudo en Robinson &amp; Fullbright, la empresa donde trabajaba como secretaria ejecutiva desde hac\u00eda veinte a\u00f1os. Arrastraba, sin embargo, una injusta fama de dormilona que no quer\u00eda desmentir. Sus jefes eran hombres y los hombres no ten\u00edan menopausia. \u00bfC\u00f3mo explicarles que a veces amanec\u00eda deprimida, sin ganas de trabajar, enfadada consigo misma por haber cruzado la noche con su cad\u00e1ver a cuestas?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hoy estaba recayendo en la indolencia. No se levant\u00f3 con el segundo timbrazo: los japoneses pod\u00edan irse al infierno. Lo malo era que hab\u00edan logrado su prop\u00f3sito. Estaba despierta ya, tan despierta que reflexion\u00f3 sobre la funci\u00f3n c\u00edvica del sopor. Dios lo hab\u00eda inventado para que los hombres despertaran aturdidos y no pudieran oponerse al mecanismo inexorable de los d\u00edas h\u00e1biles. Pero ella se hab\u00eda levantado sin laga\u00f1as en el cerebro, absurdamente l\u00facida, y nada le imped\u00eda pensar que su indolencia era tan acogedora y tibia como la cama. Sac\u00f3 una mano del cobertor y busc\u00f3 a tientas el vaso de agua que hab\u00eda puesto sobre la mesita de noche. Por equivocaci\u00f3n tom\u00f3 el que conten\u00eda su dentadura postiza y bebi\u00f3 el amargo l\u00edquido verde (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Polident, for free-odor dentures<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">) que la preservaba de impurezas. \u00a1Qu\u00e9 asco tener cuarenta y nueve a\u00f1os! \u00a1Qu\u00e9 asco levantarse l\u00facida y decr\u00e9pita!<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pens\u00f3 en su colgante papada, en la repulsiva obligaci\u00f3n de \u201cembellecerse\u201d. Otro motivo m\u00e1s para faltar al trabajo: una vieja como ella no ten\u00eda por qu\u00e9 hacer presentable su fealdad. Al diablo con los cosm\u00e9ticos y las pinturas. Que la hierba y el moho crecieran sobre sus ruinas; de todos modos, nadie las mirar\u00eda. Se hab\u00eda divorciado a los treinta, sin hijos, y desde entonces evitaba el trato con los hombres. A sus amigas las ve\u00eda una vez al a\u00f1o, por lo general el d\u00eda de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Thanksgiving<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Nunca las buscaba porque a la media hora de hablar con ellas ten\u00eda ganas de que la dejaran sola. Su individualismo lindaba con la misantrop\u00eda. Se guarec\u00eda de la vida tras una coraza inexpugnable y rechazaba cualquier demostraci\u00f3n de afecto que pudiese resquebrajarla. Odiaba ser as\u00ed, pero \u00bfc\u00f3mo remediarlo? \u00bfTomando un curso de meditaci\u00f3n trascendental? Corr\u00eda el peligro de encontrarse a s\u00ed misma, cuando lo que m\u00e1s deseaba era perderse de vista. No, la meditaci\u00f3n y el psicoan\u00e1lisis eran supercher\u00edas, trucos de maquillaje para tapar las arrugas del alma (un sorbo de agua pura le quit\u00f3 el amargo sabor de boca) y ella necesitaba una restauraci\u00f3n completa, un cambio de piel. Eleanore Wharton era un costal de fobias. \u00bfPor qu\u00e9 ten\u00eda que o\u00edr su voz dentro y fuera del espejo? Si al menos variara el tema de sus mon\u00f3logos podr\u00eda soportarla, pero siempre hablaba de lo mismo: la comida grasosa era mala para la circulaci\u00f3n, Michael Jackson deber\u00eda estar preso por corromper a los j\u00f3venes; en este mundo de machos las mujeres de su clase no pod\u00edan sobresalir, los hombres quer\u00edan sexo, no eficiencia, la prueba eran los ejecutivos de la oficina, tan severos con las viejas y tan comprensivos con las jovencitas, pero nunca m\u00e1s permitir\u00eda que le descontaran dinero por sus retardos, eso no, por algo hab\u00eda comprado el despertador japon\u00e9s con alarma repetitiva que ahora le ordenaba salir de la cama con chillidos atroces: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">wake up fuckin\u2019 lazy, \u00bfest\u00e1s triste, puerca?<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> Pues mu\u00e9rete de amargura, pero despu\u00e9s de checar tarjeta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desconect\u00f3 el reloj en franca rebeli\u00f3n contra Robinson &amp; Fullbright. Llegar\u00eda tarde a prop\u00f3sito. No iba a desperdiciar una buena crisis existencial por complacer a sus jefes. Prendi\u00f3 el televisor desde la cama. La noche anterior hab\u00eda grabado un programa especial de Bob Hope y quer\u00eda cerciorarse de que su casetera no le hab\u00eda jugado una mala pasada. El aparato, como de costumbre, hab\u00eda hecho uno de sus chistes. Lo ten\u00eda programado para grabar a partir de las doce y ahora ve\u00eda en la pantalla el noticiero de las 11:30. Maldita Panasonic. Lo m\u00e1s latoso de sus descomposturas era tener que lidiar con el t\u00e9cnico de la empresa. Si manten\u00eda las distancias y cruzaba con \u00e9l unas cuantas palabras, las indispensables para explicarle cu\u00e1l era la falla, se creaba una situaci\u00f3n tensa, insoportablemente formal, pero cuando le ofrec\u00eda caf\u00e9 y trataba de romper el hielo sent\u00eda como si expusiera su intimidad en una vitrina. \u00bfPor qu\u00e9 no inventaban aparatos que arreglaran otros aparatos?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El noticiario exhib\u00eda im\u00e1genes frescas del terremoto de M\u00e9xico: edificios en ruinas, campamentos en las calles, mujeres que recorr\u00edan largas distancias para llenar baldes de agua. Pobre pa\u00eds. \u00bfD\u00f3nde quedaba M\u00e9xico exactamente? \u00bfJunto a Per\u00fa? El hombre de la NBC hablaba de veinte mil muertos. Hab\u00eda sobrevivientes entre los escombros, pero faltaba maquinaria para rescatarlos. Tambi\u00e9n escaseaban la ropa y los v\u00edveres. Toma de la marquesina de un hotel con un reloj detenido a las 7:19. \u201cLos mexicanos nunca podr\u00e1n olvidar esta hora, la hora en que la tierra quiso borrar del mapa la ciudad m\u00e1s populosa del mundo\u201d. Corte a un edificio desplom\u00e1ndose. Corte al presidente agradeciendo la ayuda internacional. Se ve\u00eda muy blanco para ser mexicano. Corte a gente del pueblo arrodillada en una iglesia. \u201cEn este escenario de dolor y tragedia los ni\u00f1os que han quedado sin familia y sin hogar son las principales v\u00edctimas\u201d. La c\u00e1mara tom\u00f3 a un ni\u00f1o semidesnudo que lloraba junto a las ruinas de una vecindad. \u201cNi\u00f1os como \u00e9ste buscan desesperadamente a sus padres \u2014el locutor fingi\u00f3 tener un nudo en la garganta\u2014 sin sospechar que nunca volver\u00e1n a encontrarlos\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Eleanore sinti\u00f3 una punzada en el coraz\u00f3n. \u00bfEl ni\u00f1o lloraba l\u00e1grimas negras o las te\u00f1\u00eda de negro el polvo de sus mejillas? Llevaba un su\u00e9ter agujereado que a juzgar por el temblor de su cuerpo no lo proteg\u00eda del fr\u00edo. Tendr\u00eda dos o tres a\u00f1os y sin embargo su cara convulsa, hinchada por el llanto, expresaba la desolaci\u00f3n de un anciano que hubiera visto cien guerras. Tras \u00e9l se levantaba, recortada contra un horizonte plomizo, una monta\u00f1a de cascajo por la que trepaban bomberos y rescatistas con tapabocas. La informaci\u00f3n sobre el terremoto finaliz\u00f3 con un close up del ni\u00f1o.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Regres\u00f3 el casete para verlo de nuevo. Ese pobre \u00e1ngel viv\u00eda en M\u00e9xico, pero, \u00bfd\u00f3nde estaba M\u00e9xico? Era el pa\u00eds de los mariachis que cantaban tango, de eso estaba segura, pero no pod\u00eda ubicarlo geogr\u00e1ficamente. Congel\u00f3 la imagen para estudiar al ni\u00f1o con detenimiento. Parec\u00eda desnutrido. Ella ten\u00eda la nevera llena de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">t.v. dinners<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (diet\u00e9ticos, por supuesto) y se regodeaba contemplando a una criatura que lloraba por un mendrugo de pan. Ego\u00edsta. \u00bfCon qu\u00e9 derecho permanec\u00eda en la cama lami\u00e9ndose las heridas mientras hab\u00eda en el mundo tantos ni\u00f1os infelices y dignos de compasi\u00f3n? Alguien tendr\u00eda que llevarlo a un orfanatorio, si acaso quedaban orfanatorios en pie. Incre\u00edble pero cierto: estaba enternecida. El peque\u00f1o damnificado le hab\u00eda devuelto las ganas de luchar. Hubiera querido meterse al televisor para consolarlo, para decirle que no estaba solo en el mundo. Salt\u00f3 de la cama con el amor propio revitalizado. Eso era lo que necesitaba para sentirse viva: una emoci\u00f3n pura. Desde la oficina llamar\u00eda al t\u00e9cnico de la Panasonic y hablar\u00eda con \u00e9l como una cotorra.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ocupada en escribir contratos de propiedad inmobiliaria y hacer llamadas al registro catastral, no tuvo tiempo de pensar en su nueva ilusi\u00f3n hasta pasadas las doce, cuando escuch\u00f3 un comentario del se\u00f1or Fullbright sobre el terremoto de M\u00e9xico. Lo que vio por televisi\u00f3n le hab\u00eda parecido tan pavoroso, tan impresionante, que nunca m\u00e1s ir\u00eda de vacaciones a Acapulco. Miserable. \u00bfC\u00f3mo se atrev\u00eda a invadir un territorio sentimental que le pertenec\u00eda por derecho propio? Apostaba cien d\u00f3lares a que hab\u00eda cambiado de canal para no ver la telenovela de los hu\u00e9rfanos mexicanos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Despu\u00e9s del lunch, aprovechando la ausencia de su jefe, consult\u00f3 la enciclopedia que tapizaba la sala de juntas. M\u00e9xico limitaba al norte con Estados Unidos y al sur con Guatemala. Costaba trabajo creer que Sudam\u00e9rica estuviera tan cerca de Estados Unidos, pero el mapa no dejaba lugar a dudas: hab\u00eda menos de tres pulgadas entre su pueblo, Green Valley, y la ciudad malherida donde lloraba una criatura sin hogar, sin familia, sin amor.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al regresar a casa volvi\u00f3 a encender la videocasetera. Nuevos y m\u00e1s intensos p\u00e1lpitos de misericordia le cimbraron el pecho. Rompiendo su costumbre de no comer despu\u00e9s del dinner hizo una cazuela de palomitas, puso a todo volumen el \u201cHimno a la alegr\u00eda\u201d en versi\u00f3n de Ray Coniff y se arrellan\u00f3 en la cama para ver la carita convulsa y adorable del ni\u00f1o mexicano que sentimentalmente ya le pertenec\u00eda. Dios lo hab\u00eda puesto en su televisor cuando faltaban cuatro d\u00edas para que saliera de vacaciones. La orden celestial no pod\u00eda ser m\u00e1s clara: corre a buscarlo, s\u00e1lvate amando a ese pedacito de carne. Se llamar\u00eda Roger, no importaba c\u00f3mo lo hubiera bautizado su madre. El mejor homenaje para la difunta ser\u00eda criar al hu\u00e9rfano en un ambiente sano que le hiciera olvidar el trauma del terremoto. El boleto de avi\u00f3n a M\u00e9xico no pod\u00eda ser muy caro. Y aunque lo fuera: estaba dispuesta a hacer sacrificios desde ahora.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El hotel que le recomendaron en la agencia de viajes ten\u00eda la ventaja de estar pegado a la embajada estadounidense, adonde se dirigi\u00f3 en primer lugar para saber cu\u00e1les eran los tr\u00e1mites de adopci\u00f3n en el pa\u00eds. El joven que atend\u00eda la ventanilla de informaci\u00f3n le dijo que adoptar un ni\u00f1o en M\u00e9xico era bastante complicado. El gobierno ped\u00eda muchos requisitos a los extranjeros, pero en las circunstancias que atravesaba el pa\u00eds quiz\u00e1 hubiera la consigna de agilizar el papeleo. No quer\u00eda desanimarla, pero el tr\u00e1mite pod\u00eda tardar m\u00e1s de un a\u00f1o.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sali\u00f3 de la embajada con una sonrisa de optimismo. Bienvenidas las dificultades: ella demostrar\u00eda que el amor las vence todas. Ten\u00eda el prop\u00f3sito de buscar al ni\u00f1o cient\u00edficamente. Antes que nada, ense\u00f1ar\u00eda el videocasete a la gente de la NBC para que le dijeran d\u00f3nde hab\u00edan encontrado al huerfanito. En la recepci\u00f3n del hotel obtuvo la direcci\u00f3n de la oficina de corresponsales extranjeros. La deletre\u00f3 con serias dificultades a un taxista enemigo del turismo que no puso empe\u00f1o en descifrar su balbuceante espa\u00f1ol y acab\u00f3 arrebat\u00e1ndole la tarjeta de mala manera. El recorrido por las calles de M\u00e9xico fue una sucesi\u00f3n de sorpresas, la mayor\u00eda desagradables. La ciudad era mucho m\u00e1s imponente de lo que supon\u00eda. M\u00e1s imponente y m\u00e1s fea. Vio tantos perros callejeros que se pregunt\u00f3 si no ser\u00edan sagrados, como las vacas en la India. \u00bfPor qu\u00e9 nadie se ocupaba de ellos? Los gigantescos charcos pod\u00edan ser efecto del terremoto, concediendo que hubiera da\u00f1ado el drenaje, pero ninguna cat\u00e1strofe natural justificaba la proliferaci\u00f3n de puestos de fritangas, el rugido ensordecedor de los autobuses, la insana costumbre de colgar prendas \u00edntimas en los balcones de los edificios. El paisaje no mejoraba en el interior del taxi. El conductor ten\u00eda cara de asesino, pero llevaba el tablero del coche abarrotado de im\u00e1genes religiosas. \u00bfA qui\u00e9n pod\u00eda rezarle un troglodita como \u00e9l, que arriesgaba la vida de sus pasajeros con tal de ganar un metro de terreno y gritaba horribles interjecciones a otros automovilistas igualmente inciviles?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En la oficina de corresponsales extranjeros esper\u00f3 m\u00e1s de dos horas al camar\u00f3grafo Abraham Goldberg, \u00fanica persona que a juicio de la recepcionista pod\u00eda ayudarla. No le gustaba nada tener que hablar con un jud\u00edo. Tampoco la conducta de los reporteros y las telefonistas que pasaban a su lado insult\u00e1ndola con la mirada. \u00bfCre\u00edan que hab\u00eda ido a vender una grabaci\u00f3n? Malditos chacales. Como ellos ganaban buenos d\u00f3lares con el espect\u00e1culo del terremoto, no comprend\u00edan que alguien perdiera tiempo y dinero por una causa noble. Abrazando el videocasete permaneci\u00f3 en su puesto. Era como abrazar a Roger, como protegerlo de aquella turba inhumana. Ten\u00eda sed, pero no tanta como para tomar agua del bebedero que hab\u00eda frente al sill\u00f3n de visitas. El agua de M\u00e9xico era veneno puro, lo hab\u00eda le\u00eddo en un art\u00edculo de Selecciones. Incluso los refrescos embotellados ten\u00edan amibas. No se\u00f1or, ella no iba a caer en la trampa. S\u00f3lo beber\u00eda su agua, el agua cristalina y pasteurizada que hab\u00eda tra\u00eddo de Green Valley en higi\u00e9nicas botellas de pl\u00e1stico.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Abraham Goldberg result\u00f3 ser tal y como lo hab\u00eda imaginado: narig\u00f3n, antip\u00e1tico, de pelo crespo y especialmente hostil con la gente que le quitaba el tiempo. No entend\u00eda o fing\u00eda no entender su petici\u00f3n. \u201c\u00bfPero usted quiere adoptar a ese ni\u00f1o en especial? \u00bfCree que podr\u00e1 encontrarlo entre 18 millones de habitantes? \u201d. A Eleanore le sobraban ganas de hacerlo jab\u00f3n, pero mantuvo la calma y respondi\u00f3 con su mejor sonrisa que no deseaba molestarlo, s\u00f3lo quer\u00eda un poco de ayuda para localizar al ni\u00f1o. Goldberg le prometi\u00f3 hacer algo y fue a cambiar impresiones con un reportero que estaba escribiendo a m\u00e1quina. Desde lejos Eleanore los oy\u00f3 re\u00edr. La tomaban por loca. Claro, para ellos ten\u00eda que estar loca cualquier persona de buenos sentimientos. El compa\u00f1ero de Goldberg, m\u00e1s amable o m\u00e1s hip\u00f3crita, la llev\u00f3 a un cuarto donde hab\u00eda una videocasetera. Vieron la escena del noticiero. Del ni\u00f1o se acordaba, pero no del nombre de la calle. \u00bfPor qu\u00e9 tanto inter\u00e9s en adoptar a ese ni\u00f1o si hab\u00eda muchos otros hu\u00e9rfanos en la ciudad? Eleanore se sinti\u00f3 herida. Por lo visto, la gente de la televisi\u00f3n era de piedra. \u00bfNo comprend\u00edan que ese ni\u00f1o, \u00e9se en particular, hab\u00eda despertado su instinto maternal, y los instintos maternales eran intransferibles? Haciendo un esfuerzo por serenarse pidi\u00f3 al reportero que tuviera la gentileza de llamar a un colega mexicano. El hombre de la NBC hizo un gesto de fastidio.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Se lo suplico. A una persona de la ciudad no le costar\u00e1 trabajo identificar la calle. Vine desde Oklahoma por este ni\u00f1o. Si usted no me ayuda estoy perdida \u2014solloz\u00f3.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Minutos despu\u00e9s lleg\u00f3 al cuarto un mexicano biling\u00fce. Asegur\u00f3 sin titubeos que el ni\u00f1o estaba en la calle Carpinter\u00eda, una de las m\u00e1s devastadas de la colonia Morelos. Eleanore memoriz\u00f3 los nombres al primer golpe de oreja. Dio efusivamente las gracias al mexicano y con menos calidez al reportero de la NBC. Ya de salida, cuando esperaba el ascensor, crey\u00f3 escuchar que la desped\u00edan con risas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al d\u00eda siguiente contrat\u00f3 en el vest\u00edbulo del hotel a un gu\u00eda de turistas que le ofreci\u00f3 sus servicios de int\u00e9rprete por diez d\u00f3lares diarios. Se llamaba Efra\u00edn Alc\u00e1ntara. De joven hab\u00eda conocido en San Miguel Allende a una profesora tejana (you know, a very close friend, fanfarrone\u00f3 al presentarse) que le dio clases de ingl\u00e9s. Ten\u00eda el pelo envaselinado, el bigote canoso y los modales de un gal\u00e1n oto\u00f1al.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A Eleanore le pareci\u00f3 un abuso de confianza que la tomara de la cintura para cruzar Paseo de la Reforma y repitiera la cortes\u00eda cuando bajaron del taxi en la zona acordonada por el ej\u00e9rcito. Efra\u00edn sostuvo una larga conversaci\u00f3n con el soldado que imped\u00eda el acceso a la calle. \u201cEstoy dici\u00e9ndole que somos parientes de unos damnificados, a ver si nos deja pasar\u201d, le inform\u00f3 en ingl\u00e9s. El militar no daba se\u00f1ales de ablandarse. Vencido por su intransigencia, Efra\u00edn volvi\u00f3 con ella y le susurr\u00f3 al o\u00eddo \u201cEste quiere dinero. Deme cinco mil pesos\u201d. Eleanore dud\u00f3 un momento. No le gustaba prestarse a corruptelas. Lo correcto ser\u00eda denunciar al soldado y obtener un permiso para entrar a la calle legalmente. Pero nada en ese pa\u00eds era correcto, y si quer\u00eda encontrar a Roger ten\u00eda que seguir las reglas del juego. Sinti\u00e9ndose criminal entreg\u00f3 el dinero a Efra\u00edn. El soldado los dej\u00f3 pasar por debajo del cord\u00f3n sin hacer un gesto que denotara verg\u00fcenza o turbaci\u00f3n. Seguramente le parec\u00eda muy justo recibir sobornos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al incursionar en la zona de derrumbes, Eleanore percibi\u00f3 un l\u00fagubre olor a carne descompuesta. Efra\u00edn hab\u00eda vuelto a tomarla de la cintura. Apart\u00f3 su brazo con brusquedad (lo sent\u00eda obsceno, impertinente, l\u00fabrico) y se tap\u00f3 la nariz con un pa\u00f1uelo. Hab\u00eda edificios totalmente pulverizados. Otros, retorcidos como acordeones, s\u00f3lo esperaban un soplo de viento para venirse abajo. Sus antiguos habitantes, amontonados en casas de campa\u00f1a, los vigilaban desde la calle ansiosos de recuperar muebles y pertenencias. \u00bfC\u00f3mo pod\u00edan respirar ese aire de muerte y mantenerse tan joviales, como si asistieran a un picnic? Donde s\u00f3lo quedaban escombros trabajaban las gr\u00faas, removiendo los bloques de concreto con extremada cautela. Efra\u00edn explic\u00f3 a Eleanore \u2014otra vez la oprim\u00eda con su pegajosa manita\u2014 que si trabajaban m\u00e1s aprisa corr\u00edan el riesgo de aplastar a posibles sobrevivientes. Ella asinti\u00f3 con desgana. No hab\u00eda venido a M\u00e9xico a tomar cursos de salvamento. Examinaba con minuciosidad todas las ruinas en busca del escenario donde hab\u00eda visto a Roger. Ten\u00eda la corazonada, tan absurda como intensa, de que lo encontrar\u00eda en el mismo sitio donde lo retrat\u00f3 la NBC.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tras dos horas de b\u00fasqueda infructuosa, Efra\u00edn le pidi\u00f3 que fuera razonable. Nada ganar\u00edan buscando la vecindad en ruinas del noticiero. Quiz\u00e1 la hubiesen demolido ya. Ser\u00eda m\u00e1s conveniente mostrar a los vecinos la foto del ni\u00f1o y preguntar si alguien lo conoc\u00eda. Eleanore acept\u00f3 por cansancio, no por convencimiento, el sensato consejo de su int\u00e9rprete. M\u00e1s que de Roger se hab\u00eda prendado de su conmovedora imagen, y tem\u00eda que su naciente amor no resistiera la desilusi\u00f3n de hallarlo con otro pasaje de fondo. Recorrieron casa por casa, incluyendo las de campa\u00f1a, con la esperanza de que alguien lo identificara. La borrosa foto de Roger, producto imperfecto y deforme del coito visual entre su Polaroid y la pantalla televisiva, era un p\u00e9simo auxiliar en la investigaci\u00f3n. Algunas personas la miraban con curiosidad, otras apenas la ve\u00edan, pero al final todos negaban con la cabeza en una reacci\u00f3n que, vista cuarenta veces, acab\u00f3 con la paciencia de Eleanore. \u00bfNo estar\u00edan escondiendo al ni\u00f1o? \u00bfQuerr\u00edan dinero a cambio de la informaci\u00f3n?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Llegaron al final de la calle sin haber obtenido una sola pista. Cuando iba saliendo, vencida y rabiosa, de la zona acordonada por el ej\u00e9rcito, una mujer que hab\u00eda visto la foto la intercept\u00f3 para darle una excelente noticia. El martes hab\u00edan llevado a los hu\u00e9rfanos de la colonia a una cl\u00ednica del Seguro Social. La camioneta recogi\u00f3 por error a uno de sus hijos y tuvo que ir a buscarlo. Hab\u00eda retehartos ni\u00f1os en esa cl\u00ednica, tal vez ah\u00ed estuviera el que buscaban. Efra\u00edn apunt\u00f3 la direcci\u00f3n y Eleanore musit\u00f3 un \u201cmouchas gratzias\u201d que le sali\u00f3 del alma, del mismo rinc\u00f3n del alma donde ten\u00eda grabada la imagen de Roger.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A primera hora de la ma\u00f1ana se present\u00f3 en la cl\u00ednica, despu\u00e9s de haber dormido poco y mal por culpa de un mosquito. Hab\u00eda ya m\u00e1s de cincuenta personas en la cola para ver a los hu\u00e9rfanos. Efra\u00edn sac\u00f3 una ficha de visita en la recepci\u00f3n. Dijo a la empleada que eran marido y mujer y luego cont\u00f3 su chiste a Eleanore con el regocijo de un adolescente p\u00edcaro. \u201cUsted se cree muy gracioso, \u00bfverdad?\u201d, respondi\u00f3 ella, ir\u00f3nica y despectiva. Efra\u00edn ya estaba cans\u00e1ndola con sus galanter\u00edas y sus manoseos de latin lover: sab\u00eda perfectamente bien que hab\u00eda venido a M\u00e9xico en busca de un ni\u00f1o, pero la trataba como a una mujerzuela en busca de aventuras. \u00bfPensar\u00eda el est\u00fapido que le pagaba los diez d\u00f3lares diarios para llev\u00e1rselo a la cama? El desaseo de la cl\u00ednica era tan irritante como sus insinuaciones. Entend\u00eda que en una situaci\u00f3n de emergencia hubiera enfermos en los pasillos, pero eso no disculpaba a las negligentes afanadoras que dejaban al descubierto las bandejas de comida y echaban algodones sanguinolentos en las tazas de caf\u00e9.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Avanzando con desesperante lentitud lleg\u00f3 a una secci\u00f3n del pasillo donde la cola se cortaba abruptamente. La causa: un esplendoroso v\u00f3mito desparramado en el suelo. \u201cPero, \u00bfc\u00f3mo es posible que nadie venga a limpiarlo?\u201d, reclam\u00f3 a Efra\u00edn, convirti\u00e9ndolo en embajador de M\u00e9xico ante su n\u00e1usea. El int\u00e9rprete se encogi\u00f3 de hombros, avergonzado. Eleanore lo aborreci\u00f3 m\u00e1s que nunca. Muy hombre para los coqueteos, pero a la hora de protestar se acobardaba. Con el olor del v\u00f3mito pegado a la nariz abandon\u00f3 su lugar en la fila y tom\u00f3 asiento en una banca desvencijada. Empezaba a tranquilizarse cuando sinti\u00f3 en el hombro la repugnante mano de Efra\u00edn. \u2014\u00a1<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Keep your place in the row<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">! \u2014le orden\u00f3, libr\u00e1ndose de sus garras con un violento giro\u2014. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">And please, if you want your money don\u2019 t touch me anymore<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. A modo de disculpa, Efra\u00edn murmur\u00f3 que s\u00f3lo hab\u00eda querido preguntarle si quer\u00eda un caf\u00e9. Retorn\u00f3 su lugar en la cola y desde ah\u00ed le dirigi\u00f3 una mirada rencorosa. \u00bfSe hab\u00eda enojado? Pues que renunciara. Sobraban pajarracos como \u00e9l en todos los hoteles.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La sala de los hu\u00e9rfanos era una bodega improvisada como guarder\u00eda. Los grandecitos, ojerosos de tanto llorar, miraban a los visitantes pegando las caras a un ventanal. Muy bien: aqu\u00ed s\u00ed hab\u00eda una atm\u00f3sfera de dolor humano como la del noticiero. Con el rostro de Roger en el pensamiento, Eleanore examin\u00f3 a todos los ni\u00f1os de su edad. Por simple arbitrariedad sentimental descart\u00f3 a los risue\u00f1os: forzosamente Roger ten\u00eda que llorar, pues las l\u00e1grimas eran la mitad de su encanto. Se concentr\u00f3 en los llorones. No estaba entre los de la primera fila y en la segunda reinaba una incomprensible alegr\u00eda. M\u00e1s atr\u00e1s hab\u00eda un chiquit\u00edn que se le parec\u00eda un poco. Pero no, la cabeza de Roger era redonda y ese ni\u00f1o la ten\u00eda alargada como un pepino. Por lo visto hab\u00eda hecho la cola en balde. \u00danicamente le faltaba examinar a un peque\u00f1o, el m\u00e1s llor\u00f3n de los llorones, que hasta entonces le hab\u00eda dado la espalda. No llevaba calzoncito: buena se\u00f1al, tampoco lo ten\u00eda su pedazo de cielo. De pronto el ni\u00f1o volte\u00f3 y fue como si en su mente cayera un rel\u00e1mpago: \u00a1Ah\u00ed estaba Roger, angelical, triste, desvalido, llorando como en el reportaje del terremoto!<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00a1Es el m\u00edo, ese de atr\u00e1s es hijo m\u00edo! \u2014grit\u00f3 en ese momento una se\u00f1ora mexicana, se\u00f1alando al mism\u00edsimo Roger.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Eleanore adivin\u00f3 lo que se propon\u00eda la mujer, y olvidando la barrera del idioma grit\u00f3 en ingl\u00e9s que aquel ni\u00f1o era hu\u00e9rfano y ella ven\u00eda desde Oklahoma para adoptarlo. Efra\u00edn tradujo sus alaridos a la trabajadora social que cuidaba la guarder\u00eda. Tanto Eleanore como su rival quer\u00edan tocar al ni\u00f1o, que ahora, con los jalones de las dos mujeres, ten\u00eda sobrados motivos para desga\u00f1itarse.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00a1S\u00e1quese a la chingada, gringa apestosa! Este es hijo m\u00edo, se llama Gonzalo \u2014la mujer se volvi\u00f3 hacia Efra\u00edn\u2014. D\u00edgale que lo suelte o les doy a los dos en toda su madre.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un m\u00e9dico lleg\u00f3 a pedir compostura y a tratar de resolver el enredo. Que las se\u00f1oras mostraran documentos o fotograf\u00edas del ni\u00f1o para saber qui\u00e9n era la verdadera madre. Eleanore se apresur\u00f3 a sacar la foto de su bolso. La otra mujer no llevaba foto, pero s\u00ed un acta de nacimiento.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014No le haga caso a esta vieja loca, doctor. Yo soy la mam\u00e1 de a de veras, qu\u00edtele la camiseta al escuincle y ver\u00e1 que tiene un lunar arribita de su ombligo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ah\u00ed estaba el lunar, en efecto. Eleanore enmudeci\u00f3. Habr\u00eda podido seguir con la disputa, pero ya no estaba tan segura de haber encontrado a Roger. Aquel ni\u00f1o ten\u00eda los ojos rasgados, parec\u00eda un japonesito, y ella, que tanto apreciaba los aparatos japoneses, odiaba visceralmente a sus fabricantes. Pidi\u00f3 a Efra\u00edn que la disculpara con el doctor y con la madre del peque\u00f1o samurai. Estaba muy apenada, todo hab\u00eda sido un lamentable malentendido\u2026<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Corri\u00f3 hacia la calle, procurando mantener la cabeza en alto por si acaso la vomitada segu\u00eda en el suelo. Mientras aguardaba el taxi, con Efra\u00edn escolt\u00e1ndola a prudente distancia, el aguij\u00f3n de la duda volvi\u00f3 a trastornarla. \u00bfY si a pesar de todo el ni\u00f1o fuera Roger? Quiz\u00e1 la televisi\u00f3n hab\u00eda cambiado un poco sus facciones. La mujer que lo reclamaba pod\u00eda ser una explotadora de ni\u00f1os que aprovechaba el terremoto para conseguir carne fresca. Y ella lo hab\u00eda dejado en sus manos, lo hab\u00eda condenado a la desnutrici\u00f3n, a la delincuencia, a malvivir en una de esas horrendas chozas donde se hacinaban diez o doce personas en un ambiente insalubre y promiscuo. Dio media vuelta y camin\u00f3 rumbo a la cl\u00ednica. Ten\u00eda que rescatarlo. Efra\u00edn fue tras ella y se le interpuso antes de que atravesara la puerta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Esp\u00e9rese. \u00bfAd\u00f3nde va?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Por el ni\u00f1o. Es m\u00edo. Lo he pensado mejor y creo que esa tipa es una ladrona.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Pues lo hubiera pensado antes de hacerme pedir disculpas. Ahora no podemos hacer otro esc\u00e1ndalo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Si no quiere acompa\u00f1arme, qu\u00edtese \u2014Eleanore intent\u00f3 sacud\u00edrselo de un empuj\u00f3n y Efra\u00edn la meti\u00f3 en cintura con una bofetada.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00d3igame bien, se\u00f1ora. Ya me cans\u00e9 de aguantar sus idioteces. Tome su dinero, yo hasta aqu\u00ed llego. Nom\u00e1s quiero advertirle una cosa: m\u00e1s vale que se calme o va a terminar en la c\u00e1rcel. No est\u00e1 en su pa\u00eds \u00bfentiende? Si es verdad que tiene tan buen coraz\u00f3n adopte a otro ni\u00f1o. \u00bfPor qu\u00e9 a fuerza quiere adoptar a ese?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Le digo que se haga a un lado. No acepto consejos de cobardes que golpean a las mujeres. D\u00e9jeme entrar o llamo a la polic\u00eda.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00bfSabe una cosa? Usted est\u00e1 loca. M\u00e9tase, \u00e1ndele, haga su escenita y ojal\u00e1 de una vez le pongan camisa de fuerza.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Dando zapatazos en la banqueta, Efra\u00edn se alej\u00f3 hacia la parada de las combis. Eleanore guard\u00f3 en su monedero los diez d\u00f3lares. La bofetada le hab\u00eda devuelto la cordura y antes de volver a la sala de los hu\u00e9rfanos hizo una pausa reflexiva. Pens\u00f3 en los ojos rasgados del ni\u00f1o, en el coraje de su presunta madre. A Roger lo defender\u00eda con alma, vida y coraz\u00f3n, pero ser\u00eda est\u00fapido luchar con esa v\u00edbora por un impostor.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Regres\u00f3 al hotel acalorada y deprimida. Media botella de agua purificada le quit\u00f3 la sed, mas no el desasosiego. Efra\u00edn hab\u00eda dado en el clavo: estaba loca. El capricho de buscar espec\u00edficamente al ni\u00f1o del noticiero s\u00f3lo pod\u00eda echar ra\u00edces en un cerebro enfermo. A las personas normales que adoptaban ni\u00f1os las animaba la generosidad. Lo suyo era vil y s\u00f3rdido. Roger no le importaba, eso ten\u00eda que admitirlo. Simplemente se gustaba en el papel de madre adoptiva. Y creyendo ingenuamente que prolongar\u00eda ese idilio consigo misma si encontraba al ni\u00f1o, hab\u00eda venido a M\u00e9xico sin tomar en cuenta que la NBC pudo mentir acerca de su orfandad, o incluso, a falta de im\u00e1genes amarillistas, mostrar a una v\u00edctima de otro terremoto, el de Managua o el de Guatemala, para enga\u00f1ar a su indefenso auditorio de robots. Eran capaces de eso y m\u00e1s. Hab\u00eda visto ya c\u00f3mo se comportaban. Sin duda le hab\u00edan dado una direcci\u00f3n cualquiera para quit\u00e1rsela de encima. Bien hecho, muy bien hecho. No merec\u00eda mejor trato una vieja cursi como ella. Lo justo era tenerla dando vueltas en una ciudad de 18 millones de habitantes hasta que se cansara de hacer el rid\u00edculo. Pero no les dar\u00eda el gusto de regresar con las manos vac\u00edas. Aunque su misericordia tuviera un fondo ego\u00edsta y aunque ya no soportara un minuto m\u00e1s en M\u00e9xico, seguir\u00eda buscando a Roger. Era una cuesti\u00f3n de autoestima. No se imaginaba de vuelta en Oklahoma sin el ni\u00f1o, en quien ver\u00eda encarnado lo m\u00e1s noble y lo m\u00e1s tierno de su neurosis.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Busc\u00f3 tres d\u00edas m\u00e1s en hospitales, albergues y delegaciones de polic\u00eda. Consigui\u00f3 que anunciaran su causa en la radio. Aprendi\u00f3 a colarse en las zonas bajo control del ej\u00e9rcito y husme\u00f3 cuanto pudo entre las ruinas del sismo. Fue in\u00fatil. A Roger se lo hab\u00eda tragado la tierra. Como no le gustaban las mentiras, dec\u00eda sin rodeos que no era pariente del ni\u00f1o, que lo buscaba por simple amor al pr\u00f3jimo, y entonces invariablemente ven\u00eda la sugerencia, cordial a veces, a veces impaciente y grosera, de que adoptara cualquier otro ni\u00f1o. Los mexicanos no sab\u00edan decir otra cosa. Iba muy de acuerdo con su car\u00e1cter ese prejuicio contra los afectos unipersonales y exclusivos. Paseando por la ciudad hab\u00eda notado que s\u00f3lo eran felices en grupo y m\u00e1s a\u00fan cuando el grupo se volv\u00eda muchedumbre. Separados no exist\u00edan, por eso buscaban las aglomeraciones. En las peloteras del Metro la gente re\u00eda en vez de lanzar maldiciones. Todo ten\u00edan que hacerlo en familia: si se trataba de visitar a un amigo enfermo iban al sanatorio el pap\u00e1, la mam\u00e1, los ocho hijos y los treinta y cuatro nietos. No eran personas: eran part\u00edculas de un pestilente ser colectivo. Si algo la motivaba a llegar hasta el final en su misi\u00f3n filantr\u00f3pica era demostrarle a ese pa\u00eds de borregos, a esa colmena sin individuos, que Eleanore Wharton ten\u00eda ideas propias, que sus extravagancias eran muy suyas, y que si jam\u00e1s hab\u00eda renunciado a su independencia de criterio mucho menos cambiar\u00eda a Roger por un huerfanito cualquiera. Pero un contratiempo le imped\u00eda seguir adelante: s\u00f3lo ten\u00eda reservas de agua para un d\u00eda m\u00e1s. Era el momento de actuar con decisi\u00f3n, de jug\u00e1rselo todo a una sola carta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para el \u00faltimo d\u00eda de b\u00fasqueda rent\u00f3 un autom\u00f3vil en la casa Hertz. Prefer\u00eda lidiar con el tr\u00e1fico a lidiar con taxistas. Le hab\u00edan recomendado que llevara la foto del ni\u00f1o a la oficina de personas extraviadas. Era un paso l\u00f3gico, pero de nada serv\u00eda la l\u00f3gica en un pa\u00eds irracional. Confiaba m\u00e1s en la suerte. Tom\u00f3 una avenida ancha y congestionada, sin importarle que la condujera o no a una zona de desastre. Los autobuses de pasajeros la sacaban de carril, ech\u00e1ndosele encima como en las <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">road movies<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Conducir por el arroyo lateral era un calvario: cada minuto se deten\u00eda una combi a descargar pasaje y los autos de atr\u00e1s tocaban el claxon como si ella se hubiera detenido por gusto. Roger tendr\u00eda que adorarla para corresponder a su hero\u00edsmo. De pronto, sin previo aviso, apareci\u00f3 una valla que cerraba la avenida. Estupendo. Entrar\u00eda en el embudo de la desviaci\u00f3n y seguir\u00eda por donde buenamente quisiera llevarla el azar\u2026 Alto total: diez minutos para ver el paisaje. A la derecha un puesto de verduras. El dependiente \u201clavaba\u201d sus mercanc\u00edas con agua negra. Viva la higiene. A la izquierda un vagabundo agonizante acostado en la puerta de una cantina. Cuando Roger la hiciera enojar le recordar\u00eda que por su culpa hab\u00eda presenciado estos espect\u00e1culos. Pero quiz\u00e1s no valiera la pena sufrir tanto por un mocoso que se largar\u00eda de la casa cuando cumpliera 18 a\u00f1os. A vuelta de rueda lleg\u00f3 a un punto donde la calle se bifurcaba. Tom\u00f3 a la izquierda. Tropezar\u00eda con Roger precisamente porque no iba en su busca. Vio una escuela junto a una f\u00e1brica. Excelente planeaci\u00f3n urbana. Los ni\u00f1os terminar\u00edan la primaria con c\u00e1ncer pulmonar y de ese modo quedaba resuelto el problema del desempleo. Estaba sudando sangre para salvar a Roger de ese destino y tal vez Roger resultara un pat\u00e1n incapaz de amarla. El plomo suspendido en el aire le produjo escozor en los ojos. Para colmo, entraba por la ventana un olorcillo a excremento. \u00bfCu\u00e1ntos perros har\u00edan sus necesidades al aire libre? \u00bfCien mil? \u00bfMedio mill\u00f3n? Y ella, la imb\u00e9cil, que hubiera podido gozar sus vacaciones en un hotel de Grand Canyon o en una playa de Miami, estaba desperdici\u00e1ndolas en esa gigantesca letrina. Era tan est\u00fapida, tan absurda, que se merec\u00eda la nacionalidad mexicana. Maldita ocurrencia la de venir aqu\u00ed para adoptar a un pigmeo que adem\u00e1s de llor\u00f3n era horrible. Pero ya ten\u00eda suficiente. Volver\u00eda de inmediato al hotel y tomar\u00eda el primer avi\u00f3n a Oklahoma.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Dobl\u00f3 a la derecha en busca de una calle que la llevara en sentido contrario. Estaba en un barrio donde las casas eran de hojalata y cart\u00f3n. Aqu\u00ed el desastre ocurr\u00eda siempre, con o sin terremoto. Abundaban los j\u00f3venes de cabellos erizados, punks del subdesarrollo, que tomaban cerveza en las banquetas. Roger ser\u00eda igual a ellos cuando fuera grande. Hab\u00eda sido muy ingenua creyendo que podr\u00eda convertirlo en un hombre de bien. Iba pensando que el problema de los mexicanos no era econ\u00f3mico, sino racial, cuando un ni\u00f1o apareci\u00f3 en el centro de la calle, como vomitado por una coladera. Oy\u00f3 un golpe seco, un gemido, un crujir de huesos contra la defensa del coche. Bonito final para una benefactora de la ni\u00f1ez mexicana. Ahora vendr\u00eda la madre a reclamarle y tendr\u00eda que indemnizarla como si el ni\u00f1o fuera sueco. Una multitud armada con botellas, cadenas y tubos ven\u00eda corriendo hacia el coche. Apret\u00f3 el acelerador a fondo y en un santiam\u00e9n los perdi\u00f3 de vista. No ten\u00eda remordimientos, pero hab\u00eda sufrido una decepci\u00f3n. La de no haber atropellado al inocente, al tierno, al adorable y desvalido Roger.<\/span><\/p>\n<h6><span style=\"font-weight: 400;\">Foto: Carro en la calle, San Miguel de Allende, M\u00e9xico, por Scott Umstattd, Unsplash.<\/span><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Misericordia: Pu\u00f1al con que sol\u00edan ir armados los caballeros de la Edad Media para dar el golpe de gracia al enemigo. Diccionario de la Real Academia Arrebujada en la manta el\u00e9ctrica, Eleanore Wharton ignor\u00f3 el primer timbrazo del despertador. El segundo sonar\u00eda dentro de un cuarto de hora, m\u00e1s en\u00e9rgico, m\u00e1s cargado de reproches en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":17399,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[2887],"tags":[4097],"genre":[],"pretext":[],"section":[],"translator":[2655],"lal_author":[3289],"class_list":["post-17292","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ficcion","tag-number-23-es","translator-hanna-niklewicz-es","lal_author-enrique-serna-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17292","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17292"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17292\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17399"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17292"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17292"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17292"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=17292"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=17292"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=17292"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=17292"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=17292"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}