{"id":1723,"date":"2017-10-20T22:00:33","date_gmt":"2017-10-21T04:00:33","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/10\/poetry-pedro-lastra-marcelo-pellegrini\/"},"modified":"2023-06-07T08:11:21","modified_gmt":"2023-06-07T14:11:21","slug":"poetry-pedro-lastra-marcelo-pellegrini","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/10\/poetry-pedro-lastra-marcelo-pellegrini\/","title":{"rendered":"&#8220;La poes\u00eda de Pedro Lastra&#8221; de Marcelo Pellegrini"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Georgia}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 36.0px; font: 12.0px Georgia}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 36.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Georgia}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p>Un pintor, un exiliado, un viajero, alguien que conversa con sus amigos y maestros (algunos de ellos muertos) y, sobre todo, un lector extraviado en los pasillos de una biblioteca vasta y solitaria, poblada s\u00f3lo por fantasmas. Esas son algunas de las im\u00e1genes que Pedro Lastra ha ido construyendo sobre s\u00ed mismo en sus poemas. Cuando digo \u201cPedro Lastra\u201d no me estoy refiriendo al ciudadano nacido en Chile en 1932 y que ha sido profesor y conferenciante en diversas universidades de su pa\u00eds, Am\u00e9rica Latina, Estados Unidos y Europa; tampoco hablo del hombre que se cas\u00f3, enviud\u00f3 y se volvi\u00f3 a casar, padre de tres hijas que ejercen la medicina, abuelo y bisabuelo en dos hemisferios, amigo entra\u00f1able y lector voraz. El Pedro Lastra del que hablo, el poeta y el ensayista, es, como siempre, una m\u00e1scara creada por su poes\u00eda. Cada poeta construye, como dir\u00eda Wallace Stevens, su \u201cficci\u00f3n suprema\u201d, su ficci\u00f3n de ficciones, y Lastra no ha sido ajeno a esa labor que los poetas realizan sobre su propia figura. Como todo verdadero creador, Lastra es <i>hablado<\/i> por el lenguaje de sus poemas, y no al rev\u00e9s. La forma predominante, a mi juicio, en que esa ficci\u00f3n se manifiesta en \u00e9l tiene, ciertamente, algo de paradojal, y la podr\u00edamos resumir as\u00ed: a mayor dominio del lenguaje, menos certera es la imagen del mundo. La palabra que resume esa actitud en este autor es una que se repite en varios de sus poemas: \u201cindecisa\u201d, adjetivo verdaderamente seminal en \u00e9l.<\/p>\n<p>Ya en <i>Traslado a la ma\u00f1ana<\/i> (1959), segundo libro de Pedro Lastra, nos encontramos con esa palabra en un verso que dice \u201cEl tiempo con sus ramas indecisas\u201d, el \u00fanico, por lo dem\u00e1s, rescatado por su autor de ese libro, incorporado a un poema posterior llamado \u201cNoticias breves\u201d, hecho de fragmentos que son como \u201csentencias po\u00e9ticas\u201d, reflexiones casi en sordina que funcionan a la manera de ep\u00edgrafes o lemas po\u00e9ticos que definen la propia actividad creadora de Lastra. Se trata, por lo tanto, del verso m\u00e1s antiguo de este poeta y, como tal, de la autodefinici\u00f3n de esta poes\u00eda (de su primer libro, <i>La sangre en alto<\/i>, de 1954, nuestro autor no rescat\u00f3 nada por considerarlo un ejercicio juvenil con un valor m\u00e1s testimonial que po\u00e9tico). El concepto lo repite el poeta en al menos otros dos poemas: ah\u00ed tenemos \u201cCon letras indecisas\u201d, texto sobre Omar C\u00e1ceres, autor seminal de una vanguardia secreta que Pedro Lastra rescat\u00f3 en los a\u00f1os 90 cuando reedit\u00f3 en Chile, M\u00e9xico y Venezuela <i>Defensa del \u00eddolo<\/i> (1934), \u00fanico libro publicado por C\u00e1ceres. Dice el comienzo del poema, compuesto en heptas\u00edlabos libres: \u201cOmar C\u00e1ceres dice \/ que escribi\u00f3 su poema \/ con letras indecisas. \/ Muchos a\u00f1os despu\u00e9s \/ yo leo en otro mundo \/ su afilado decir \/ de la desolaci\u00f3n\u201d. En \u201cLecci\u00f3n de historia natural\u201d, por su parte, tenemos estos versos: \u201cEntre las plantas y las aves, \/ las criaturas sigilosas \/ y las ardillas indecisas\u201d, \/ urde la vida de all\u00e1 afuera \/ sus movimientos circulares\u201d.<\/p>\n<p>La indecisi\u00f3n, la duda, lo indefinible, la indeterminaci\u00f3n en Lastra no posee un estatuto negativo como podr\u00edamos pensar a primera vista. Lo \u201ccambiante\u201d o \u201csigiloso\u201d, como dicen otros poemas del autor, constituye para \u00e9l una verdadera po\u00e9tica, un <i>modus operandi<\/i> del lenguaje. Como en algunos cuadros de Magritte (uno de los pintores favoritos de este poeta, quien ha escrito muchos textos sobre la pintura), en Lastra la sombra es, sin contradicciones, \u201cel imperio de la luz\u201d, una paradojal sombra que ilumina. Esa es la forma que tiene Pedro Lastra de comunicar su visi\u00f3n po\u00e9tica. Se trata de una pr\u00e1ctica tan extendida en su obra que podemos verla y encontrarnos con su mecanismo en numeros\u00edsimos poemas suyos. Cito algunos ejemplos casi al azar: el poema \u201cInstant\u00e1nea\u201d, que dice: \u201cLuci\u00e9rnagas, el r\u00edo: \/ la ribera que se ilumina \/ y es la luci\u00e9rnaga en tu mano. \/ Su luz veloz me sobrevive \/ ya no luci\u00e9rnaga ni r\u00edo\u201d. Otro es el poema \u201cComposici\u00f3n de lugar (Qu\u00e9 pensaba Kandisnky, qu\u00e9 dir\u00eda)\u201d, cuyos primeros versos rezan: \u201cCorrijo los desv\u00edos \/ del color y la forma \/ para pintar el mundo como es, \/ para ver de m\u00e1s cerca \/ la noche y su fulgor, \/ el secreto vaiv\u00e9n de la desolaci\u00f3n\u201d. Y, por \u00faltimo, el breve poema \u201cNocturno de Long Island\u00a8, que cito en su totalidad:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Duermes, y yo velo tu sue\u00f1o,<br \/>\natento y minucioso<br \/>\ncon los cinco sentidos<br \/>\npersiguiendo<br \/>\nel paso de tu sombra<br \/>\nde la alta noche hacia el amanecer.<\/p>\n<p>Durante d\u00e9cadas hemos venido leyendo a Pedro Lastra como un autor que cultiva de manera magistral esa po\u00e9tica de la sombra (aunque no sombr\u00eda, porque en \u00e9l tambi\u00e9n hay celebraci\u00f3n, sobre todo bajo la especie de un erotismo que el poeta no esconde), en un pa\u00eds poseedor de una tradici\u00f3n literaria que se caracteriza por poetas de voces fuertes y elocuentes, desde Pablo Neruda hasta Ra\u00fal Zurita, pasando por Pablo de Rokha, Vicente Huidobro e, incluso, Gabriela Mistral, entre otros. Si analizamos con detenci\u00f3n ese fen\u00f3meno, podemos concluir que el m\u00e9rito de Pedro Lastra ha sido destacar como poeta precisamente evitando el camino del caudillaje literario. Se necesita un temple estoico para realizar semejante tarea. Y es precisamente hacia ese \u00e1mbito del estoicismo que quiero llevar estas reflexiones, porque si bien es cierto que en su producci\u00f3n m\u00e1s reciente (me refiero al libro<i> Transparencias<\/i>, Santiago de Chile: Editorial Pfeiffer, 2014, magn\u00edficamente ilustrado por Mario Toral) la columna vertebral de su obra permanece intacta, hay un cambio notorio que podr\u00edamos caracterizar como una tranquila aceptaci\u00f3n de la muerte. La muerte, cuya presencia ha sido constante en Lastra, ha cambiado de estatuto en su obra; si antes era una especie de idea o concepto, ahora es una presencia concreta de la otredad, un <i>personaje<\/i> m\u00e1s que una idea. Para aceptar eso, hay que hacerlo con estoicismo, es decir, ejercer la virtud mientras aceptamos el paso de tiempo. La recompensa de la felicidad llegar\u00e1, pero no con los bienes materiales, sino con el cultivo de una sabidur\u00eda que nos se\u00f1ala a cada momento que somos ef\u00edmeros. Pienso que Pedro Lastra, lector aventajado de S\u00e9neca, quiere decir esto cuando en una de sus \u201cNoticias breves\u201d cita el poema \u201cLa muerte tiene un diente de oro\u201d, de Oscar Hahn, y establece con \u00e9l su diferencia. Dice Lastra: \u201cHahn tutea a la muerte: \/ \u2018Hola, Flaca, le dice: \u00bfc\u00f3mo estai?\u2019 \/ Yo le hablo con palabras cruzadas\u201d. Ni excesiva confianza con la muerte, ni tampoco rehuirla: aceptar su problem\u00e1tica presencia, pensar en ella como una energ\u00eda que mueve el mundo. Eso es lo novedoso en este poeta ahora: la muerte no es el fin del lenguaje, sino su comienzo; no es el callamiento total y absoluto, sino el origen de los \u201ccantos melodiosos\u201d, como dijo Vladimir Jank\u00e9l\u00e9vitch en ese libro ejemplar que es <i>La muerte<\/i> (1966). De esa manera, la transparencia a la que alude el t\u00edtulo de su m\u00e1s reciente libro es la de un universo m\u00e1s contundente, aunque igualmente gobernado por esa borradura seminal, verdadera marca registrada de esta poes\u00eda.<\/p>\n<p><i>Transparencias<\/i> muestra de manera muy elocuente c\u00f3mo Pedro Lastra conversa, como antes, como siempre, con sus amigos, amparado por esa visi\u00f3n estoica del mundo; ah\u00ed est\u00e1, por ejemplo, el poema que recuerda al gran poeta venezolano Eugenio Montejo:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">A LA SOMBRA DE UN SUE\u00d1O HAS REGRESADO,<br \/>\nEugenio amigo,<br \/>\na visitarme,<br \/>\na recordar historias perdidas y encontradas.<br \/>\nHablamos largamente bajo un \u00e1rbol<br \/>\nparecido a un sam\u00e1n.<br \/>\nSe oy\u00f3 el canto de un p\u00e1jaro:<br \/>\n\u2014Ya ves, ya ves, dijiste,<br \/>\naqu\u00ed estamos muy bien acompa\u00f1ados.<\/p>\n<p>O esa verdadera eleg\u00eda a la memoria de El\u00edas L. Rivers, antiguo colega de Lastra en Stony Brook y uno de los m\u00e1s grandes estudiosos del Siglo de Oro que ha dado la academia norteamericana, en un poema titulado, precisamente, \u201cIn memoriam\u201d:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Amigo generoso:<br \/>\nyo recordaba un tiempo junto a ti, unas palabras<br \/>\nque ya estaban muy lejos de aquel d\u00eda,<br \/>\nen esas soledades con las que te confundes<br \/>\nhasta ser uno mismo con ellas,<br \/>\npara ellas,<br \/>\ny la memoria acerca una vez m\u00e1s<br \/>\ntus lecturas amigas de los viejos poetas,<br \/>\nmi v\u00eda Garcilaso y Aldana y Juan Bosc\u00e1n<br \/>\nque hice de tu mano,<br \/>\ny entiendo claramente<br \/>\nque a esa antigua usanza<br \/>\nmi mensaje cifrado para ti fue esta vez<br \/>\ntranscurrir paso a paso<br \/>\nde una \u00faltima carta a una eleg\u00eda.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, de la conversaci\u00f3n con los amigos pasamos a la conversaci\u00f3n con los extra\u00f1os y desconocidos que se aparecen de repente; esas inquietantes presencias est\u00e1n en los poemas que la compilaci\u00f3n <i>Poes\u00eda completa<\/i> se\u00f1ala como \u201cin\u00e9ditos\u201d y que son, a mi juicio, una extensi\u00f3n del esp\u00edritu que gobierna <i>Transparencias<\/i>. El paisaje que sirve de escenario para estos encuentros es el de una muerte que libera al lenguaje, un silencio pre\u00f1ado de palabras. El poema \u201cPara hablar con los \u00e1rboles\u201d es un buen ejemplo de lo que digo. As\u00ed comienza: \u201cEl secreto del bosque es la llave del tiempo (\u2026) \/ el \u00e1rbol en su hora, que es la hora de todos, \/ nos pide que le demos la cifra a su nombre \/ para reconocernos\u201d y finaliza con una imagen que Eugenio Montejo habr\u00eda aprobado: \u201cAs\u00ed se cuentan ellos noticias de la tierra, \/ cuando todo es silencio \/ o suave melod\u00eda del coro de s\u00ed mismos\u201d. Si avanzamos un poco m\u00e1s en la lectura, nos encontraremos con esa presencia de extra\u00f1os amigables, personajes que nunca hab\u00edan aparecido de manera tan concreta en la poes\u00eda Pedro Lastra, y que dibujan un espacio m\u00e1s radicalmente otro en su obra. Ah\u00ed tenemos, por ejemplo, el poema \u201cVisitante\u201d, un verdadero hallazgo expresivo que me permito transcribir completo:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Alguien llama a la puerta, y luego sigue ah\u00ed,<br \/>\nm\u00e1s all\u00e1 de nosotros pero inm\u00f3vil<br \/>\nsin gesto alguno,<br \/>\nni airado ni amistoso,<br \/>\nal modo en que se acercan<br \/>\nlas personas de un sue\u00f1o<br \/>\na reclamar su sitio y su dominio;<br \/>\nentonces<br \/>\nqu\u00e9 podemos hacer sino invitarlo<br \/>\na recorrer la casa, y enseguida<br \/>\ncaminar junto a \u00e9l<br \/>\nacordando sus pasos y los nuestros<br \/>\nuno\u00a0\u00a0 \u00a0a \u00a0\u00a0 \u00a0uno<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n es este visitante? \u00bfUn extra\u00f1o? \u00bfUn extranjero? \u00bfEl hablante del poema a\u00f1os antes? \u00bfUn fantasma? El poema no responde a esas preguntas y deja el enigma en el aire. No encontraremos en Pedro Lastra un poema as\u00ed en sus libros anteriores, un poema donde el otro asume una presencia de persona, una entidad concreta que conversa sin emitir palabras con el hablante. Poco a poco ese hablante asume la identidad del visitante (\u201cacordando sus pasos y los nuestros\u201d) y camina junto a \u00e9l hacia un viaje que no tenemos m\u00e1s remedio que imaginar como la muerte y el silencio. No es de extra\u00f1ar que unas p\u00e1ginas m\u00e1s all\u00e1 en esta secci\u00f3n de poemas in\u00e9ditos tengamos otro poema que podr\u00edamos considerar corolario de \u201cVisitante\u201d. Se llama \u201cTranse\u00fante\u201d, y habla de un caminante, de un otro que recorre \u201clugares \/ que le salen al paso\u201d, \u201cpasajero fugaz que atraviesa fronteras\u201d, para luego perderlo de vista, \u201cm\u00e1s lejos cada vez del incierto paisaje \/ perdido en su memoria\u201d (p. 225). Indecisi\u00f3n, borradura, paisaje incierto, como siempre, pero cargado esta vez de una presencia que est\u00e1 ah\u00ed, ante la realidad del lenguaje y del mundo.<\/p>\n<p>Una \u00faltima y breve observaci\u00f3n que creo puede abrir un nuevo debate (una nueva conversaci\u00f3n, de hecho) para la lectura de la poes\u00eda de Pedro Lastra: creo ver en estos poemas reci\u00e9n citados una cercan\u00eda m\u00e1s que evidente con algunos poemas de James Laughlin, poeta y editor fundador de New Directions, probablemente la mejor editorial de poes\u00eda de los Estados Unidos. Muchos de los poemas de ese verdadero fundador de tradici\u00f3n que fue Laughlin relatan la presencia de visitantes que llegan a golpear la puerta y conversan con el hablante. A veces es \u00e9l mismo cuando joven, a veces es una antigua amante que se ha perdido en el olvido, otras veces es una figura que se aparece en un muro mientras el hablante espera el bus que lo llevar\u00e1 de vuelta a casa. Coincidencia o no, estas apariciones presentes en dos poetas de las Am\u00e9ricas son un se\u00f1uelo para que nos fijemos en esas otras presencias: la de la gran poes\u00eda, que Pedro Lastra nos ha regalado con generosidad desde hace ya cinco d\u00e9cadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Marcelo Pellegrini<br \/>\nUniversity of Wisconsin\u2014Madison<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6>Pedro Lastra, poeta chileno.\u00a0Foto: Fernando Villa,\u00a0<em>La discusi\u00f3n<\/em>.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Lectura recomendada:<\/strong><\/p>\n<h4><strong><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-1707\" style=\"width: 200px; height: 150px; margin: 10px; float: left;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/pedrolastra.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"450\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/pedrolastra.jpg 600w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/pedrolastra-300x225.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><a href=\"http:\/\/www.latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/octubre\/cinco-poemas-de-pedro-lastra\">Cinco Poemas de Pedro Lastra<\/a><\/strong><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un pintor, un exiliado, un viajero, alguien que conversa con sus amigos y maestros (algunos de ellos muertos) y, sobre todo, un lector extraviado en los pasillos de una biblioteca vasta y solitaria, poblada s\u00f3lo por fantasmas. 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