{"id":1682,"date":"2017-10-17T18:58:08","date_gmt":"2017-10-18T00:58:08","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/10\/man-who-came-far-away-elkin-restrepo\/"},"modified":"2024-04-15T05:31:17","modified_gmt":"2024-04-15T11:31:17","slug":"man-who-came-far-away-elkin-restrepo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/10\/man-who-came-far-away-elkin-restrepo\/","title":{"rendered":"&#8220;El hombre que vino de lejos&#8221; de Elkin Restrepo"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Georgia; color: #aa1500}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Georgia; color: #aa1500}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px Georgia; color: #aa1500}<br \/>p.p6 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/><\/style>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 10.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 14.0px 'Times New Roman'; min-height: 16.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 14.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.s1 {font: 14.0px 'Times New Roman'}<br \/><\/style>\n<\/p>\n<p><em>Para Carlos Betancur Jaramillo<\/em><\/p>\n<p>Al despertar el hombre no sab\u00eda d\u00f3nde estaba, tampoco recordaba nada, ni sab\u00eda qui\u00e9n era. Cuando busc\u00f3 entre sus pertenencias, pocas por lo dem\u00e1s, no encontr\u00f3 se\u00f1a alguna de su identidad, ni siquiera un papel o libreta con su nombre. Un leve dolor de cabeza le confirmaba al menos que estaba vivo.<\/p>\n<p>Permaneci\u00f3 sentado en el borde de la cama, tratando de poner en claro su mente, pero fue in\u00fatil. Por m\u00e1s que se preguntaba, no encontraba una respuesta. Quiz\u00e1s se tratara de algo pasajero, de una intoxicaci\u00f3n producto de una noche de excesos, y ahora s\u00f3lo cab\u00eda esperar.<\/p>\n<p>El hombre se encontraba en el interior de un apartamento cuya vista daba a un cerro y a una ciudad desordenada y bulliciosa en la que nada le era familiar. Cuando quiso maldecir, las palabras no le llegaron o le llegaron con dificultad, era como si tambi\u00e9n se hubiera olvidado de hablar.<\/p>\n<p>La idea de un accidente cerebral, lo sobrecogi\u00f3, pero pod\u00eda mover las manos, caminar y no advert\u00eda ninguna par\u00e1lisis facial. No deb\u00eda perder la calma. Estaba vivo,\u00a0 era lo importante, despu\u00e9s ver\u00eda c\u00f3mo saldr\u00eda de ese\u00a0 mal sue\u00f1o. Se recost\u00f3 en la cama y dej\u00f3 que el tiempo transcurriera, pues s\u00f3lo\u00a0 el tiempo\u00a0 podr\u00eda traerle una respuesta a esa situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El hombre parec\u00eda salido de una portada de revista deportiva, respond\u00eda a ese ideal de belleza masculina al que los medios por lo com\u00fan rinden tributo por razones de tipo comercial. Salvo por los ojos, pardos e inquisitivos, que evidenciaban una interioridad tensa, el aspecto era muy atractivo pero artificioso. Esa fue la impresi\u00f3n que tuvo Lena, su vecina, cuando se cruz\u00f3\u00a0 con \u00e9l en el pasillo y, como si ella no existiera o fuera invisible, sin responder a su saludo, \u00e9l sigui\u00f3 de largo, en busca de los ascensores. Una actitud descort\u00e9s que, si motivaba a la indiferencia, en la bi\u00f3loga jefe del Centro de Investigaciones Estatales, despert\u00f3 por el contrario un inter\u00e9s a\u00fan mayor por el personaje, bello de igual manera. Minutos m\u00e1s tarde, visiblemente confundido, el hombre regres\u00f3 de la calle.<\/p>\n<p>Al anochecer \u2014como si de repente un chip se hubiera activado\u2014, le lleg\u00f3 un nombre a la mente: Danton. \u00c9l era Danton, el cybor, y junto con esa informaci\u00f3n que lo remit\u00eda a un cat\u00e1logo y a un n\u00famero serial, las palabras empezaron a fluirle de manera espont\u00e1nea, volviendo familiar aquella realidad cercana, y fue como si viera al fin su rostro en aquel verbo recobrado. Supo entonces, que estaba all\u00ed, en ese mundo ajeno, para matar a un hombre.<\/p>\n<p><i>La Agencia Diamantina<\/i> lo hab\u00eda trasladado all\u00ed, inconsciente, programando el dispositivo de reanimaci\u00f3n para dos horas despu\u00e9s, mientras cuerpo y cerebro se adaptaban al medio, s\u00f3lo que por alg\u00fan factor inesperado \u00e9stos se hab\u00edan activado antes, ocasionando un descontrol que afectaba su entidad.<\/p>\n<p>Su memoria no era muy rica en datos e informaci\u00f3n acerca del lugar del cual proven\u00eda, de la colonia de la cual hac\u00eda parte o a nombre de quien actuaba. Los que pose\u00eda, estaban convenientemente alterados o eran falsos y bien pod\u00edan corresponder a los de un individuo cualquiera. <i>La Agencia<\/i> eliminaba as\u00ed el riesgo de que, en caso de ser detectado, la comprometiera o comprometiera las acciones que en aquel lugar se llevaban a cabo; o, en \u00faltimas, como hab\u00eda acontecido con Argenius, que Danton terminara actuando por su propia cuenta y se convirtiera en un traidor.<\/p>\n<p>Con Lena, pronto las cosas evolucionaron. De considerarla al principio un\u00a0 fastidio, pas\u00f3 luego a establecer con ella algo as\u00ed como una amistad que hac\u00eda del menor incidente un motivo y del motivo una excusa para encontrarse y verse de nuevo. Actuaban, por lo pronto, como amables vecinos, prest\u00e1ndose peque\u00f1os servicios, que obviaban cualquier dificultad cotidiana. Danton reconoc\u00eda que aquel trato, siempre placentero, se hac\u00eda cada vez m\u00e1s amplio, tray\u00e9ndole a la vez cierta perplejidad, pues no encontraba que nombre darle a dicha situaci\u00f3n, in\u00e9dita para \u00e9l. En su cat\u00e1logo de emociones, m\u00e1s bien precario, aquello que le estaba sucediendo se sal\u00eda de toda comprensi\u00f3n.<\/p>\n<p>Argenius, el desertor, pertenec\u00eda a una categor\u00eda de robots de \u00faltima generaci\u00f3n, en los que la ciencia y la gen\u00e9tica hab\u00edan extremado los resultados anteriores, dot\u00e1ndolos incluso de facultades mim\u00e9ticas. Mudaban de forma a voluntad, camale\u00f3nicamente, imposibilitando cualquier acci\u00f3n sobre ellos. Eran el orgullo de los laboratorios y la investigaci\u00f3n biogen\u00e9tica, su m\u00e1s sofisticado producto, pues los colocaba por encima del mismo humano, tan poco racional en sus muchos asuntos. Seg\u00fan instrucciones, Danton deb\u00eda destruirlo sin dejar rastro alguno de \u00e9l, de manera que ning\u00fan elemento, sistema, material o circuito de informaci\u00f3n pudieran ser aprovechados por el enemigo. Para llevarlo a cabo, parte de la dotaci\u00f3n la constitu\u00eda su nueva arma: la <b>Sl42<\/b>, una pistola de rayos gama, f\u00e1cil de portar y letal siempre. Con su sistema de rastreo, pod\u00eda llegar a la guarida misma de Argenius y atacarlo antes de que \u00e9ste mudara de aspecto y pudiera huir; tres segundos antes para ser m\u00e1s precisos.<\/p>\n<p>Con todo, Danton confiaba m\u00e1s en su instinto asesino, probado ya en\u00a0 misiones especiales, elev\u00e1ndole el rango entre los miembros del escuadr\u00f3n encargado de ajusticiar traidores all\u00ed donde se encontraren, por lejos y distante que estuviera ese \u201call\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>Mezclado a la turba ciudadana, en un principio se dedic\u00f3, literalmente,\u00a0 a olfatear su presa, pero no ten\u00eda calculado que el hostigante olor humano, invadi\u00e9ndolo todo, le dificultara la tarea. Al apartamento regresaba con n\u00e1useas y un malestar que a medias lograban superar los analg\u00e9sicos y el reposo. Esa fue la primera barrera que encontr\u00f3 en su persecuci\u00f3n de Argenius que parec\u00eda haber desaparecido del planeta: aquello a que ol\u00edan los humanos. Ese almizcle rancio, de especie en evoluci\u00f3n, le repugnaba, no se parec\u00eda a nada conocido y pronto se convirti\u00f3 en el obst\u00e1culo que lo separaba de su v\u00edctima, pues no encontraba manera de acercarse a \u00e9l.<\/p>\n<p>Danton desisti\u00f3 transitoriamente de sus tareas persecutorias y permaneci\u00f3 en cama, tratando de sortear el mal con el cual, ni \u00e9l ni <i>la Agencia Diamantina<\/i>, hab\u00edan contado. Mientras tanto, astuto como era, Argenius seguramente aprovechaba para multiplicar a\u00fan m\u00e1s los anillos del laberinto que le\u00a0 garantizaba seguridad frente al brazo vengativo de la <i>Agencia<\/i>, y esto\u00a0 atormentaba a Danton.<\/p>\n<p>Pero la cefalea se hac\u00eda m\u00e1s intensa, casi le imped\u00eda abrir los ojos, vi\u00e9ndose entonces en la necesidad de acudir a Lena, cuyas atenciones y buenos servicios, sus p\u00f3cimas y masajes, le tra\u00edan alivio. Para evitar que la luz entrara y se creara en su lugar una suave penumbra, acept\u00f3 que velara puertas y ventanas.<\/p>\n<p>Lena estaba pendiente de \u00e9l, aunque Danton s\u00f3lo acud\u00eda a ella en momentos de crisis. Daba gracias por contar con esa suerte. As\u00ed pas\u00f3 la primera semana; la siguiente, Lena necesit\u00f3 viajar al \u00c1rtico para la investigaci\u00f3n de un hongo que estaba matando al bacalao. El martes, Danton sinti\u00f3 que su malestar hab\u00eda desaparecido y se atrevi\u00f3 a salir a la calle, comprobando que su fisiolog\u00eda aceptaba mucho mejor la cercan\u00eda humana. No que el olor hubiera desaparecido sino que lo soportaba mejor, como si caminara cerca de un alba\u00f1al pero sin mirar en \u00e9l.<\/p>\n<p>De inmediato inici\u00f3 la persecuci\u00f3n de Argenius, intern\u00e1ndose en aquella Babel bulliciosa y densa, donde cada criatura parec\u00eda ocultar a otra similar,\u00a0 multiplic\u00e1ndose de manera infinita. Pero en \u00e9l exist\u00eda, estaba en su sangre, la urgencia y el gozo del predador que despliega una estrategia y juega con el temor de la presa, y aquella realidad confusa no lo desalent\u00f3.<\/p>\n<p>En lugar de un plan ordenado, severo, que tomara en su totalidad el mapa de los suburbios y, despu\u00e9s de recorrerlos, los fuera descartando uno a uno, Danton prefiri\u00f3 actuar al azar. La casualidad, con la que seguramente no contaba Argenius, individuo dado a los c\u00e1lculos y probabilidades por su condici\u00f3n androide, ser\u00eda su arma. Dispon\u00eda del tiempo necesario, al fin y al cabo hab\u00eda sido creado con ese solo objetivo, y el entramado de circunstancias que su presencia all\u00ed causaba, un d\u00eda se cerrar\u00eda sobre el perseguido y entonces, sin mayor misericordia, \u00e9l lo matar\u00eda.<\/p>\n<p>Los primeros d\u00edas el esfuerzo fue en vano. La ciudad lo desbordaba, pero Danton act\u00fao con paciencia, sin emitir las menores se\u00f1ales que pusieran en guardia al traidor. Mezclado entre el gent\u00edo, fue y volvi\u00f3 por barrios, parques, centros comerciales y pasajes, a la espera de que, para decirlo coloquialmente, la liebre saltara. Pero ninguno pose\u00eda el rostro de Argenius; ning\u00fan olor o rastro lo delataba entre aquel marem\u00e1gnum de seres atrapados por un destino cualquiera. Quiz\u00e1 su capacidad mim\u00e9tica, coloc\u00e1ndolo un paso adelante de su perseguidor, desviaba\u00a0 toda intenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dos semanas despu\u00e9s, t\u00e1cticas y rastreos segu\u00edan sin producir resultados, aunque en dos o tres ocasiones Danton crey\u00f3 tenerlo cerca. Algo suced\u00eda entonces, un mal c\u00e1lculo, una distracci\u00f3n o torpeza, que en el \u00faltimo momento permit\u00eda a Argenius escapar.<\/p>\n<p>La primera hab\u00eda sido en el mercado popular, en el sector de los animales, donde su olfato hab\u00eda detectado un olor a esti\u00e9rcol poco com\u00fan, y en la que, convertido en mono, Argenius escap\u00f3 por los tejados. Otra, cuando estando con Lena, quien le contaba de la estaci\u00f3n polar de donde reci\u00e9n hab\u00eda vuelto, no act\u00fao para no ponerse en evidencia ante ella, a pesar de\u00a0 la certeza de que el jud\u00edo albino que se colocaba las filacterias a la entrada de la sinagoga, era \u00e9l. Y as\u00ed.<\/p>\n<p>Sin embargo, en su tr\u00e1nsito por la ciudad, durante la ausencia de su amiga, sucedi\u00f3 algo para \u00e9l todav\u00eda incomprensible: <i>\u00e9l pens\u00f3 en ella. <\/i>Al comienzo de un modo pasajero como se piensa en las cosas pasajeras que todav\u00eda no tienen un lugar en nuestra vida. Pero despu\u00e9s de manera m\u00e1s persistente, con pesar de no tenerla cerca. Era como si en su costado hubiera aflorado un peque\u00f1o orificio que amenazara expandirse por todo el cuerpo, ocasion\u00e1ndole un dolor a la vez dulce y delicado, dif\u00edcil de contener. Danton que desconoc\u00eda lo que le pasaba, dej\u00f3 que <i>aquello<\/i> aconteciera, ignorante tambi\u00e9n de que carec\u00eda de armas para opon\u00e9rsele. Pensaba en Lena y sent\u00eda que la necesitaba y que para su existencia ya no bastaba el objetivo \u00fanico de perseguir a Argenius: ahora, con un revestimiento mayor, lo habitaba el fantasma de la bi\u00f3loga.<\/p>\n<p>A este inter\u00e9s por la mujer, no pod\u00eda llamarlo amor porque lo desconoc\u00eda, pero si ten\u00eda claro que era algo muy diferente a cualquier otra emoci\u00f3n o sentimiento que emerg\u00eda de su condici\u00f3n de replicante.<\/p>\n<p>La espera de que ella volviera de sus investigaciones, se hizo larga. Lena le hab\u00eda dicho que s\u00f3lo ser\u00edan quince d\u00edas pero pasaron veinte y <i>aquello<\/i>, que no sab\u00eda c\u00f3mo llamarlo, lo envolv\u00eda como una llama fr\u00eda.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, especialmente infructuoso en su b\u00fasqueda del traidor, al bajarse del Metro y detenerse a observar a un grupo de muchachos que bailaban hip hop, sinti\u00f3 que le apoyaban un revolver en la espalda. Eran tres asaltantes, oblig\u00e1ndolo a acompa\u00f1arlos a un predio vecino. La reacci\u00f3n fue r\u00e1pida y letal.<\/p>\n<p>Mat\u00f3 a dos con su pistola de rayos, mientras el otro huy\u00f3, escabull\u00e9ndose entre el gent\u00edo que descend\u00eda del servicio p\u00fablico. Su reacci\u00f3n desmedida hab\u00eda sido un error, pero eso s\u00f3lo lo pens\u00f3 despu\u00e9s, cuando cay\u00f3 en cuenta que el tipo de muerte atroz, pr\u00e1cticamente despellejados, de la pareja de malhechores, ser\u00eda comentada en la prensa y esto alertar\u00eda a la polic\u00eda y a\u00fan m\u00e1s a Argenius, a quien seguramente proteg\u00edan. Adem\u00e1s estaba el tercero, un fugitivo que en cualquier momento pod\u00eda contar lo acontecido.\u00a0 Pero esto era lo de menos. Por primera vez, Danton descubri\u00f3 la sangre humana y se le revolvi\u00f3 el est\u00f3mago y la jaqueca lo oblig\u00f3 a volverse a casa y, all\u00ed, ciego de dolor, a esperar que Lena de nuevo le extendiera sus manos caritativas.<\/p>\n<p>Cuando ya no la esperaba, Lena regres\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>En verse y amarse fue entonces, como en adelante, coparon el tiempo ambos. Al descubrir aqu\u00e9l la perfecci\u00f3n de esos instantes que el impulso carnal convert\u00eda en reclamo y ofrenda desgarrada, en sumisa combusti\u00f3n, el lazo se hizo ardiente devoci\u00f3n. Cay\u00f3 en cuenta entonces de lo que, para distinguirlo y separarlo del humano, se le hab\u00eda privado y, por primera vez\u00a0 en \u00e9l alete\u00f3 la inconformidad.<\/p>\n<p>Sab\u00eda que transgred\u00eda l\u00edmites y que pon\u00eda en riesgo la persecuci\u00f3n y castigo de Argenius al aceptar lo inaceptable, el tr\u00e1fico con un humano, pero le era imposible sustraerse a ese magma delicado, por m\u00e1s que quisiera alejarlo.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, consecuente,\u00a0 no pens\u00f3 m\u00e1s en Argenius y en que deb\u00eda destruirlo y se fue a vivir con Lena.<\/p>\n<p>Con el tiempo, Danton confes\u00f3 a la mujer qu\u00e9 cosas bull\u00edan en su mente antes de ella aparecer en su vida y c\u00f3mo ya no se sent\u00eda forzado a cumplirlas. Era como si, gracias a ella, se hubiera desprendido de una pieza imperfecta que envaraba su existencia. Entonces nombr\u00f3 a Argenius, su presa, de una manera aparentemente casual, pero cubri\u00e9ndose a la vez en su menci\u00f3n: donde quiera que \u00e9l estuviera, ya nada deb\u00eda temer, pues ambos compart\u00edan ahora una suerte id\u00e9ntica. Eran desertores y necesitaban moverse con las necesarias precauciones para no ser detectados por los cazadores enviados en su busca.<\/p>\n<p>Estaban en un motel en las afueras. Hab\u00edan decidido pasar la tarde all\u00ed, porque quer\u00edan agregarle un ingrediente diferente \u2014un poco de perfume barato, dijo Lena\u2014, a su historia de amor. Conversaban y se hac\u00edan confidencias, d\u00e1ndole\u00a0 mayor hondura a ese momento posterior al placer, de suerte que ni la prevenci\u00f3n o la desconfianza pod\u00edan tener lugar all\u00ed.<\/p>\n<p>Danton, satisfecho, hac\u00eda a\u00fan m\u00e1s prolijo su relato, hasta cuando advirti\u00f3 en su compa\u00f1era una reserva, una leve inquietud, que en un principio no supo c\u00f3mo interpretar, tan poco familiar le era.<\/p>\n<p>Lena se apart\u00f3 de la cama y fue asomarse a la ventana. Estuvo all\u00ed absorta, mirando aquel paisaje de colinas arenosas y distancias reverberantes que era parte de su hogar en aquel mundo urgido de protecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por el contraluz, su parte superior mostraba un aura iridiscente, como si a su cabeza y espalda los rodeara una\u00a0 llama fr\u00eda, azulada, acentuando la oscuridad del cuerpo restante, y dividi\u00e9ndolo en dos. De pronto ella se volvi\u00f3 y su aspecto gozoso y delicado de antes, por efecto de aquella luz cruda, semejaba ahora el de una criatura mitol\u00f3gica. Danton crey\u00f3 que alucinaba. La mujer, en su perfecta desnudez, tan milagrosa como una flor, empez\u00f3 entonces a derivar en otra entidad, llena de fuerza y poder, y un ser oculto que en poco la recordaba, surgi\u00f3 de su envoltura y salt\u00f3 de repente, apres\u00e1ndolo con sus u\u00f1as met\u00e1licas.<\/p>\n<p>Tomado de sorpresa, Danton apenas alcanz\u00f3 a reaccionar. Con horror, sin saber c\u00f3mo defenderse, sinti\u00f3 c\u00f3mo aquellas garras cortaban su piel y desgarraban sus miembros, produci\u00e9ndole el m\u00e1s grande dolor. Sus piezas rob\u00f3ticas rodaron por el piso, desmoron\u00e1ndose el conjunto, y entre la bruma cerebral que empezaba a llevarse todo lo suyo, record\u00f3 o se invent\u00f3 la f\u00e1bula que hablaba de una legi\u00f3n de mujeres que proteg\u00edan de toda intrusi\u00f3n o presencia forastera aquella mota de polvo perdida en la galaxia que era su planeta.<\/p>\n<p>Con Argenius, le relampague\u00f3 la idea, haciendo dudoso todo su accionar anterior frente a \u00e9l, quiz\u00e1 hubiera ocurrido lo mismo. Por eso no hab\u00eda \u00a0 regresado, traicionando su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>El postrero beso, como si Lena tuviera un momento de consideraci\u00f3n por lo perdido, fue ardiente y prolongado. Despu\u00e9s fue la oscuridad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al despertar el hombre no sab\u00eda d\u00f3nde estaba, tampoco recordaba nada, ni sab\u00eda qui\u00e9n era. Cuando busc\u00f3 entre sus pertenencias, pocas por lo dem\u00e1s, no encontr\u00f3 se\u00f1a alguna de su identidad, ni siquiera un papel o libreta con su nombre. Un leve dolor de cabeza le confirmaba al menos que estaba vivo.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1679,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4461,3016],"genre":[2012],"pretext":[],"section":[2370],"translator":[2458],"lal_author":[3284],"class_list":["post-1682","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-numero-4","tag-science-fiction-es","genre-fiction-es","section-latin-american-science-fiction-es","translator-arthur-malcolm-dixon-es","lal_author-elkin-restrepo-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1682","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1682"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1682\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32319,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1682\/revisions\/32319"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1679"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1682"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1682"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1682"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=1682"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=1682"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=1682"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=1682"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=1682"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}