{"id":1670,"date":"2017-10-17T17:33:52","date_gmt":"2017-10-17T23:33:52","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/10\/mechanical-education-mauro-libertella\/"},"modified":"2024-04-26T17:27:46","modified_gmt":"2024-04-26T23:27:46","slug":"mechanical-education-mauro-libertella","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/10\/mechanical-education-mauro-libertella\/","title":{"rendered":"&#8220;La educaci\u00f3n mec\u00e1nica&#8221; Mauro Libertella"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 42.5px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 42.5px; text-align: justify; font: 12.0px Times}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 65.2px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<p dir=\"ltr\">\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 65.2px; text-align: justify; font: 12.0px Times; color: #00000a}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 65.2px; text-align: justify; font: 12.0px Times}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 65.2px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>span.s1 {font-kerning: none}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<\/p>\n<p>Cuando ten\u00eda 16 a\u00f1os tom\u00e9 una decisi\u00f3n radical: quer\u00eda aprender a manejar y sacar la licencia el d\u00eda exacto de mi cumplea\u00f1os de 17, en el instante cero en el que la ley me lo permitiera. Y as\u00ed lo hice. El 5 de enero del 2000 tuve el rutilante pl\u00e1stico en la mano y all\u00ed empez\u00f3 mi historia oficial detr\u00e1s del volante.<\/p>\n<p>Con un amigo ten\u00edamos una absurda competencia adolescente por ver qui\u00e9n sacaba el registro primero y debo decir con cierto orgullo que le gan\u00e9 por apenas una semana. Yo no ten\u00eda auto y mi familia tampoco, as\u00ed que todo era m\u00e1s bien abstracto: yo quer\u00eda manejar pero no ten\u00eda <i>qu\u00e9<\/i> manejar. Me hab\u00eda fogueado con el auto de mis abuelos, un Renault 19 bastante moderno para la \u00e9poca que ten\u00eda la particularidad inigualable de ser violeta (no volv\u00ed a ver autos violetas). Aprend\u00ed a manejar en una escuela de conductores del barrio de N\u00fa\u00f1ez, seis encuentros en el pavimento bajo el puro lujo de un cielo sin nubes. El profesor era un se\u00f1or tranquilo que me transmiti\u00f3 correctamente sus saberes y a partir de entonces germin\u00e9 el particular deseo de ense\u00f1arle yo mismo a manejar a alguien, a cualquiera. Todav\u00eda nunca lo pude cumplir, pero no es el m\u00e1s descabellado de los deseos. Una vez concluido ese curso, les ped\u00ed el auto a mis abuelos y mi padre me acompa\u00f1\u00f3 a manejar por las calles, ya sin doble comando, para llegar al examen con algunos kil\u00f3metros encima. Las primeras salidas fueron terribles: ten\u00eda los dedos r\u00edgidos sobre el volante y terminaba con el cuerpo en estado de temblor, como si la calle fuera un ring de boxeo. Pero le fui tomando el pulso: de a poco, el sufrimiento se fue replegando y el placer pas\u00f3 a ocupar el centro de la escena. Una tarde manej\u00e1bamos por el barrio de Belgrano y, en la esquina de Cuba y Echeverr\u00eda, mi viejo me se\u00f1al\u00f3 la Confiter\u00eda Zurich (viejo reducto nazi de la ciudad, seg\u00fan se dec\u00eda) y me dijo \u201cme bajo ac\u00e1, buscame en un rato\u201d. Era su manera de decirme que pod\u00eda, por primera vez, manejar solo. Fue una gloria. Puse un disco y sub\u00ed el volumen al m\u00e1ximo, al modo \u201cpistero\u201d. Manej\u00e9 a 10 kil\u00f3metros por hora, siempre en primera, con una lentitud insoportable, pero la m\u00fasica emerg\u00eda de los parlantes como si se tratara de un b\u00f3lido que corta el aire de una ruta americana. Una semana despu\u00e9s volv\u00ed a pedir el auto prestado y fuimos al tan temido examen de manejo, aunque yo ya estaba bastante confiado. Llegu\u00e9 manejando\u00a0 y el guardia de seguridad que levant\u00f3 la barrera para ingresar al play\u00f3n nos dijo: \u201c\u00a1Deber\u00eda venir manejando el que tiene registro, se\u00f1ores!\u201d.<\/p>\n<p>La pasi\u00f3n automotriz que se inaugur\u00f3 para m\u00ed en aquella \u00e9poca tuvo r\u00e1pidamente un efecto met\u00e1stasis y me hice fan\u00e1tico de los taxis. As\u00ed como hay gente que se vuelve adicta a la b\u00fasqueda de departamentos porque en ese proceso puede entrar a casas ajenas e investigar c\u00f3mo vive la gente, para m\u00ed tomarme un taxi pas\u00f3 a ser la oportunidad de meterme en el auto de otro y ver c\u00f3mo maneja. Del trabajo de taxista envidio la combinaci\u00f3n de dos elementos a los que yo me consagrar\u00eda indefinidamente: manejar y escuchar la radio. Es sabido adem\u00e1s que los taxistas son una inagotable fuente de an\u00e9cdotas. Una vez me sub\u00ed a uno y le ped\u00ed que me llevara desde Villa Crespo hasta San Telmo. A mitad de camino se puso a hablar de sus \u201cagendas\u201d. Me cont\u00f3 que en una \u00e9poca se aficion\u00f3 a pedirles a los pasajeros que le escribieran alguna frase en una agenda y que hab\u00eda acumulado as\u00ed una cantidad espantosa de cuadernos de tapa negra acolchada con frases como haikus ilegibles de gente que nunca volver\u00eda a ver. Cuando llegamos al destino, se baj\u00f3 del auto y me dijo que me quer\u00eda mostrar algo en el ba\u00fal. Cuando yo ya estaba preparado para visualizar un cad\u00e1ver o el cuerpo entumecido de un se\u00f1or secuestrado, abri\u00f3 el ba\u00fal y 500 agendas completamente autografiadas por pasajeros confirmaron su relato. \u201cYa habl\u00e9 con la editorial Planeta y las van a publicar\u201d, me asegur\u00f3. En otra ocasi\u00f3n me tom\u00e9 un taxi a las tres de la ma\u00f1ana y le ped\u00ed que me llevara hasta mi casa. Yo sal\u00eda de una fiesta en una casa que daba a la calle, as\u00ed que el buen hombre escuch\u00f3 que sal\u00eda m\u00fasica y me pregunt\u00f3 qu\u00e9 est\u00e1bamos escuchando. \u201cLos Beatles\u201d, le precis\u00e9. \u201cAh, mi banda preferida\u201d, acot\u00f3 \u00e9l. \u201cLa m\u00eda tambi\u00e9n\u201d, me sum\u00e9, en un ida y vuelta de lo m\u00e1s ameno. \u201c\u00bfCu\u00e1l es tu disco preferido?\u201d quiso saber y no me puso en ning\u00fan tipo de aprieto: tengo una respuesta preparada para cualquier pregunta sobre preferencias en casi todos los g\u00e9neros. El <i>\u00c1lbum blanco<\/i> y <i>Abbey Road<\/i>, le dije. <i>Abbey Road<\/i> lo pronunci\u00e9 as\u00ed: \u00e9ibi rr\u00f3ud, al modo argentino. El taxista entonces me dijo que el <i>\u00c1lbum blanco<\/i> le parec\u00eda excelente pero que el otro no lo conoc\u00eda. Curioso, pens\u00e9, pero no dije nada m\u00e1s. Y entonces el tipo me dice: \u201cMi disco preferido es <i>Abbey Road<\/i>\u201d. Lo pronunci\u00f3 as\u00ed: ab\u00e9i rro\u00e1. Fue un momento \u00fanico, en el que la pronunciaci\u00f3n de una lengua extranjera abri\u00f3 un abismo absurdo entre dos beatleman\u00edacos. Le dije que ese disco no lo conoc\u00eda y cambiamos de tema, como dos caballeros.<\/p>\n<p>Bertolucci dijo alguna vez que el cine son dos personas en un auto y una c\u00e1mara y ten\u00eda raz\u00f3n. En ese sentido, estaba atento a la emergencia de un g\u00e9nero insignia que es la <i>road movie<\/i>, un subg\u00e9nero al mismo tiempo p\u00fablico e \u00edntimo: dos personas viajan por paisajes abiertos, atraviesan enormes poblaciones, pasan por urbes gigantes, y sin embargo el interior del auto es como un peque\u00f1o hogar que se mueve, que se puede llevar a todos lados, donde siempre est\u00e1n solos. Por eso el auto es un confesionario y el hecho de que el conductor y el que viaja a su lado no se est\u00e9n mirando a los ojos cuando hablan se parece demasiado al div\u00e1n y por eso en un auto irrumpe siempre una suerte de profundidad. El otro g\u00e9nero cultural asociado a estos veh\u00edculos es la \u201cm\u00fasica rutera\u201d, que siempre es dif\u00edcil de definir, porque cambia con los contextos. Hay m\u00fasica rutera para una carretera vac\u00eda de noche y m\u00fasica rutera para atravesar una avenida costera, bordeando el mar con el sol de frente. Por lo pronto, como la poes\u00eda, la m\u00fasica de auto no se define, se reconoce.<\/p>\n<p>La pregunta central, finalmente, gira en torno a si los autos afean o embellecen a las ciudades. En 1992 hubo un plebiscito en \u00c1msterdam y los ciudadanos eligieron reducir el caudal de autos a la mitad. Cuatro a\u00f1os despu\u00e9s, en Florencia se prohibi\u00f3 la circulaci\u00f3n de coches por la zona central y el alcalde declar\u00f3 que la medida se extender\u00eda con los a\u00f1os a todo el trazado urbano. \u201cFlorencia va a ser la primera ciudad europea libre de autom\u00f3viles, y esperemos que no sea la \u00fanica\u201d, dijo. El sentido com\u00fan est\u00e9tico indicar\u00eda que claro, que una ciudad como Florencia es objetivamente m\u00e1s \u201cbella\u201d sin m\u00e1quinas sobre sus adoquines. \u00bfPero esa regla es aplicable a todas las ciudades del mundo? Yo dir\u00eda que no. En M\u00e9xico D.F. la sobrepoblaci\u00f3n vehicular es un problema de estado, y sin embargo creo que gran parte de la belleza de Ciudad de M\u00e9xico est\u00e1 en sus autos de colores, que est\u00e1n en todos lados, que se meten por donde nadie se puede meter, que generan vastos y gloriosos embotellamientos. La primera vez que viaj\u00e9 a M\u00e9xico, en 1998, volv\u00ed con un solo recuerdo: los Volkswagen escarabajo de a cientos por cuadra. Cuando volv\u00ed, en el 2015, la flota automotriz se hab\u00eda renovado y ya no hab\u00eda escarabajos circulando. Fue un golpe inesperado: sent\u00ed que algo hermoso de la ciudad se hab\u00eda perdido para siempre, como si Buenos Aires perdiera la Avenida de Mayo o Venecia se quedara sin agua.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 65.2px; text-align: justify; font: 12.0px Times; color: #00000a}\nspan.s1 {font-kerning: none}\nspan.Apple-tab-span {white-space:pre}\n<\/style>\n<\/p>\n<p>Cuando ten\u00eda 16 a\u00f1os tom\u00e9 una decisi\u00f3n radical: quer\u00eda aprender a manejar y sacar la licencia el d\u00eda exacto de mi cumplea\u00f1os de 17, en el instante cero en el que la ley me lo permitiera. Y as\u00ed lo hice. 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