{"id":1666,"date":"2017-10-17T17:12:49","date_gmt":"2017-10-17T23:12:49","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/10\/chicken-joint-claudia-salazar-jimenez\/"},"modified":"2024-04-15T03:32:19","modified_gmt":"2024-04-15T09:32:19","slug":"chicken-joint-claudia-salazar-jimenez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/10\/chicken-joint-claudia-salazar-jimenez\/","title":{"rendered":"&#8220;La poller\u00eda&#8221; de Claudia Salazar Jim\u00e9nez"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 14.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 14.0px 'Times New Roman'; min-height: 16.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 14.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se despierta con el ara\u00f1azo del gato. Animal de mierda. Su cuerpo est\u00e1 todo sudado, como si tuviese fiebre. Se seca con el dorso de la mano derecha, que por suerte esta ma\u00f1ana ya no le tiembla. Un acceso de tos lo sorprende. Algo sale de su interior. Mejor as\u00ed, que se lleve todo y me queden limpios los pulmones. El reloj le clava la hora: casi las tres. Siente el cuerpo medio pesado por la resaca, pero un cafecito lo dejar\u00e1 listo para el d\u00eda. Tiene una llamada perdida en el celular. Es Juan, m\u00e1s tarde lo llamo. El gato mueve la cola t\u00edmidamente, parado como un soldado al lado de su plato de comida. Gato de mierda. Se sirve caf\u00e9. No tiene ganas de az\u00facar, ha notado que le provoca temblor en la mano. El gato comienza maullar cuando la taza de caf\u00e9 va por la mitad. Todav\u00eda le arde el ara\u00f1azo, as\u00ed que lo deja maullar. Y maullar. Y seguir maullando.<\/p>\n<p>Va al ba\u00f1o para afeitarse y demora unos segundos en elegir la navaja de hoy. Tiene cinco. Cada una conmemora algo especial. Siente una punzada aguda, profunda, ardi\u00e9ndole en la boca del est\u00f3mago. \u00bfAs\u00ed se sentir\u00e1? \u00bfas\u00ed lo sentir\u00e1n? Quiz\u00e1s deba dejar de tomar tanto caf\u00e9. Escoge la \u00fanica navaja que tiene un mango de madera. Es la que le trae los mejores recuerdos. Ya est\u00e1 lista la espuma. Disfruta el roce limpio del metal y ese sonido rascante de los pelos al separarse de su barbilla. Va quedando casi listo. Siempre hace el mismo gesto cada vez que usa la del mango de madera. Quiz\u00e1s hoy la eligi\u00f3 por eso. Detiene la hoja cerca de su yugular. Conoce el punto exacto donde la separaci\u00f3n del tejido es m\u00e1s eficiente. El proceso puede ser muy limpio, pero no faltan esos descuidados que terminan dejando todo el lugar encharcado. Hay miserables que acaban perdiendo trabajos por eso.<\/p>\n<p>Termina de afeitarse y no ha derramado ni una sola gota de sangre. De eso se trata la precisi\u00f3n. Por fin va a dejarle un poco de leche al gato. Se lo dej\u00f3 la chica con la que estuvo saliendo hasta hace un par de semanas. No entend\u00eda su propia paciencia al aceptarlo y no echarlo a la calle. Entra la llamada de Juan. Esta vez s\u00ed la responde.<\/p>\n<p>El lugar.<\/p>\n<p>La hora.<\/p>\n<p>Quique sabe qui\u00e9nes son.<\/p>\n<p>Listo.<\/p>\n<p>Desde ayer tiene elegida y preparada la herramienta, as\u00ed que la tarde se le presenta como un manojo de horas vaciadas de sentido. Ha hecho lo posible por desprenderse de cualquier acto rutinario. Para \u00e9l, la rutina es una se\u00f1al de debilidad. Debe evitar ser predecible. Nadie debe saber cu\u00e1l ser\u00e1 la siguiente acci\u00f3n de su agenda. Esa idea la repugna. Pero Juan sabe lo que har\u00e1n m\u00e1s tarde. Ese c\u00e1lculo no entra en su concepci\u00f3n de lo rutinario. Le ha dado hambre.<\/p>\n<p>El gato se acab\u00f3 toda la leche. Lo ve limpi\u00e1ndose una patita. Quiere deshacerse de \u00e9l, pero prefiere posponerlo para el d\u00eda siguiente, como viene haci\u00e9ndolo desde que su chica se lo dej\u00f3 y lo dej\u00f3. A lo mejor ella vuelve y se lo lleva.<\/p>\n<p>Sale a la ciudad y se enfrenta al golpe sonido del reggaet\u00f3n. <i>Ella va a caer. Sola va a caer. \u00a1Cuando sienta el boom!<\/i> Siempre le da risa esa parte. A visto caer a muchas por un boom. Se las imagina como palitroques derrotados, estrell\u00e1ndose contra el piso. Detesta todo lo que queda salpicado, enrojecido y manchado, pero algo en ello le da risa. Tal vez la sorpresa le da risa. Nadie se espera caer al sentir un boom. Creen que la vida les va a durar para siempre.<\/p>\n<p>Avanza varias cuadras y se detiene brevemente en el quiosco de los peri\u00f3dicos. Los titulares parecen ser casi los mismos, otra rutina que le enferma. Le dan ganas de incendiar el quiosco, nunca apareci\u00f3 una noticia sobre \u00e9l. \u00bfYa va siendo tiempo, \u00bfno? Tanto palitroque y no dicen nada de lo que yo hago. Parece que todos los peri\u00f3dicos se hubieran puesto de acuerdo. No tienen idea. Creen que todo es una sumatoria de cuerpos que caen. No pueden comprender la precisi\u00f3n y el equilibro que requiere cada trabajo. Otra vez siente la punzada que le atraviesa el abdomen. Se aleja del quiosco.<\/p>\n<p>Llega a la poller\u00eda.<\/p>\n<p>Su paladar tiembla frente al mar en que se convertido su boca. Su reacci\u00f3n es instintiva frente al olor del local. Disfruta el puro olor a especies, a pellejito quemado, a carne humeante. A carb\u00f3n. A esa hora, la poller\u00eda est\u00e1 repleta de familias, de ni\u00f1os chillones, \u00e9l es el \u00fanico solitario. Se pide medio pollo. Con papas. La ensalada es un accesorio in\u00fatil en su carn\u00edvora afici\u00f3n. Devora todo sin piedad. No perdona ni los huesos. Dos ni\u00f1os se corretean por el restaurante jugando a dispararse con rev\u00f3lveres de pl\u00e1stico. Los est\u00e1n sujetando mal, a esos no los contratar\u00edan, capaz que si los entreno de algo sirvan m\u00e1s adelante. Se r\u00ede consigo mismo.<\/p>\n<p>Decide pedirse otro cuarto de pollo m\u00e1s. Sabe que m\u00e1s tarde sentir\u00e1 las ansias pero no podr\u00e1 pedir nada. Este cuarto de pollo s\u00ed conoce la piedad. Quedan algunos huesos. Recibe un mensaje de texto. Va a encontrarse con Quique en el bar del frente.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os siguen correte\u00e1ndose con los rev\u00f3lveres in\u00fatiles. No puede evitar acercarse al que parece un poco mayor. Mira, chibolo, as\u00ed se hace. Le endereza el brazo, le afina el ajuste del dedo sobre el gatillo, le acomoda las piernas. El balance corporal es muy importante. El chico no se resiste al acomodo. Si quieres hacerlo r\u00e1pido, tienes que darle justo ah\u00ed entre los ojos. Pero no les fijes la mirada, porque despu\u00e9s esos ojos te van a querer devorar. El chico ensaya un par de disparos y voltea para buscar su aprobaci\u00f3n, pero \u00e9l ya se ha ido.<\/p>\n<p>En el bar, Quique le confirma la descripci\u00f3n de los hombres, el lugar y la hora. Le entrega el sobre con la mitad de lo acordado. Ni siquiera lo cuenta. Cuando Quique le va a soltar los motivos, pues le encanta el chismorreo, \u00e9l hace el adem\u00e1n de salir y Quique se calla. No me interesa saber su vida ni el porqu\u00e9; esto es puro trabajo. Lo dem\u00e1s no es mi asunto.\u00a0 Quique no quiere echar a perder el plan, as\u00ed que habla de otras cosas: los \u00faltimos resultados del campeonato de f\u00fatbol, sus recientes p\u00e9rdidas en las apuestas de caballos, cosas as\u00ed. Evita espec\u00edficamente hablarle de mujeres. Sabe la historia del gato.\u00a0 Para la cuarta cerveza, otra punzada dolorosa lo deja en silencio y sin respiraci\u00f3n por unos segundos. Suspendido en ese hueco que parece abierto al centro de su cuerpo. Se aguanta y se termina el vaso.<\/p>\n<p>\u2014Uno de ellos se parece a ese profe de Mate, \u00bfc\u00f3mo se llamaba?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEl loco Cuadros?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1\u00c9se! Igualito, oye. Qu\u00e9 suerte que esta vez te toca a ti. \u2014Quique no puede evitar la expresi\u00f3n de alivio.<\/p>\n<p>\u2014No me digas que te iban a dar remordimientos.<\/p>\n<p>\u2014Es que me ca\u00eda bien el viejo. \u00bfQu\u00e9 habr\u00e1 sido de su vida?<\/p>\n<p>\u2014Se habr\u00e1 muerto ense\u00f1ando en ese colegio.<\/p>\n<p>\u2014Capaz que s\u00ed. Yo le debo haber ingresado a la Escuela de Suboficiales, un par de ecuaciones me dieron el puntaje justito.<\/p>\n<p>\u2014Y nos ganamos con este s\u00faper polic\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Ya, no seas huev\u00f3n\u2026\u00a0 Y t\u00fa, \u00bfqu\u00e9? No haces nada m\u00e1s que esto\u2026<\/p>\n<p>\u00c9l se r\u00ede mientras Quique ahoga su placa en el vaso de cerveza. \u00bfAcaso no ha pasado ya mucho en esto para que siga sintiendo verg\u00fcenza? Qui\u00e9n sabe; pero de algo hay que vivir. Quique le comenta que, al parecer, uno de los objetivos tiene varias empresas el mismo rubro del que ha mandado el encargo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY el muy marica no puede tener mejores ideas para hacerle la competencia? Empresarios tan huevones los que hay ahora\u2026<\/p>\n<p>\u2014Mejor para nosotros, as\u00ed nos cae algo.- Reacciona Quique. Ya se le pas\u00f3 la verg\u00fcenza.<\/p>\n<p>\u2013Ya, al menos no es por una cojudez de cuernos. Poco hombre hay que ser para no arreglar eso con las propias manos. Y al otro, \u00bfpor qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Ah, \u00bfya vez c\u00f3mo al final s\u00ed quieres saber?<\/p>\n<p>\u2014Ya. \u2014No pudo con la curiosidad esta vez. Quique ense\u00f1a un diente victorioso y le cuenta el resto:<\/p>\n<p>\u2014Porque el otro es su hermano, as\u00ed\u00a0 nadie hereda tan pronto.<\/p>\n<p>Quedan en encontrarse m\u00e1s tarde. \u00c9l regresa a casa para afinar la herramienta. El gato no hace acto de presencia. Gasta el tiempo en ordenar y limpiar otras de sus herramientas. No son muchas. La clasificaci\u00f3n es impecable, pero igual quiere seguir organiz\u00e1ndolas. Eso lo apacigua. Ha notado que, adem\u00e1s del temblor de la mano derecha, sus pulsaciones se han acelerado considerablemente, y duerme cada vez menos. Antes los trabajitos no lo incomodaban, pero de un tiempo a esta parte, sue\u00f1a con ellos. Con los ojos, sobre todo. Pero no quiere ponerse a recordar los trabajos, por eso se enfoca en organizar, limpiar y clasificar. Es su \u00fanica arma frente al caos de los ojos.<\/p>\n<p>Las horas se apuraron m\u00e1s de lo usual. Quique lo espera afuera en la moto. El gato vuelve a aparecer, otra vez al lado del platito de comida. Te vas a aguantar hasta que regrese.<\/p>\n<p>Los minutos en la motocicleta le enfr\u00edan las extremidades y \u00e9l siente que le agudizan la punter\u00eda. Los ojos le lagrimean un poco, pero no se los limpia.\u00a0 La cabeza de Quique no es muy buena protecci\u00f3n contra el viento, aunque maneja a buena velocidad y adelanta los carros con una delicadeza que nadie esperar\u00eda de un polic\u00eda con sobrepeso. De un momento a otro, se detienen frente a una poller\u00eda. Ambos bajan de la moto. Quique lo sigue. Todo el frontis es de vidrio. \u00c9l ya ha ubicado la mesa donde est\u00e1n los dos. Tambi\u00e9n est\u00e1n dos ni\u00f1os y tres mujeres. Las dos adultas deben ser sus esposas. La anciana, quiz\u00e1s la abuela.<\/p>\n<p>\u00c9l entra al local y Quique se planta en la puerta. Sus papilas reaccionan ineludiblemente a la fragancia del pellejito crujiente. Pero esta vez nada le impide continuar su avance. Levanta el brazo y apunta a la nuca del primero. Limpio. Ni se enter\u00f3. El otro se va a lanzar hacia un lado, pero \u00e9l lo ve. La bala le entra por la oreja y la gravedad contin\u00faa su trabajo. Una de las mujeres mira a su lado, con la mano dura sobre el pecho, petrificada, la cara de su marido enterrada en las papas fritas. La otra se ha tirado al suelo y su ropa se va humedeciendo de la sangre que abandona el otro cuerpo. Uno de los ni\u00f1os grita \u00a1Pap\u00e1!<\/p>\n<p>Quique y \u00e9l ya est\u00e1n sobre la moto. Lo deja en casa y le da otro sobre con la mitad que faltaba. Est\u00e1 satisfecho de su propia precisi\u00f3n, pero le perturba el temblor de la mano que se ha agudizado. Sigue sin saber qu\u00e9 har\u00e1 con el gato y espera que ma\u00f1ana no lo despierte con otro ara\u00f1azo. Ojal\u00e1 que ma\u00f1ana la poller\u00eda aparezca en los peri\u00f3dicos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se despierta con el ara\u00f1azo del gato. Animal de mierda. Su cuerpo est\u00e1 todo sudado, como si tuviese fiebre. Se seca con el dorso de la mano derecha, que por suerte esta ma\u00f1ana ya no le tiembla. Un acceso de tos lo sorprende. Algo sale de su interior. 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