{"id":1662,"date":"2017-10-17T16:56:37","date_gmt":"2017-10-17T22:56:37","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/10\/dance-defeated-gunter-silva\/"},"modified":"2024-04-15T03:35:57","modified_gmt":"2024-04-15T09:35:57","slug":"dance-defeated-gunter-silva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/10\/dance-defeated-gunter-silva\/","title":{"rendered":"&#8220;El baile de los vencidos&#8221; de Gunter Silva"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Georgia; color: #aa1500}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Georgia; color: #aa1500}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Georgia; color: #aa1500}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/><\/style>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Georgia}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Georgia}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>span.s1 {text-decoration: underline line-through}<br \/><\/style>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><i>En mi coraz\u00f3n penetra un aire<br \/>\nque mata desde ese pa\u00eds lejano<\/i><br \/>\nA.E. Housman<\/p>\n<p><b>1<\/b><\/p>\n<p>Un domingo soleado, Fernanda decidi\u00f3 que pasar\u00edamos el a\u00f1o nuevo festejando en Arica. Su padre le hab\u00eda comprado una camioneta cuatro por cuatro por haber ingresado a la universidad y a pesar de que hab\u00eda chocado s\u00f3lo unas semanas atr\u00e1s, acept\u00e9 ir sin temor. A mis diecis\u00e9is a\u00f1os, la vida era simple y clara: ser\u00eda materia disponible con tal de que se me prometiera diversi\u00f3n y aventura.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n contribu\u00edan dos factores para mi decisi\u00f3n final. La emoci\u00f3n de conocer ese discreto y alargado pa\u00eds llamado Chile, sumada a la fascinaci\u00f3n que sent\u00eda por el rostro encendido y alegre de Fernanda; por su pelo rizado que trazaba unas l\u00edneas curvas y terminaban en dos trenzas sobre la cabeza, como una corona de laureles. Pero sobre todo, por la suave y delicada elipse que produc\u00edan sus minifaldas de jean nevado en verano. Nunca supuse que ese viaje, del que guardo buenos recuerdos y me permiti\u00f3 conocer a Barriguita Brown por una cuesti\u00f3n del azahar y la fortuna, ser\u00eda el fin de nuestra amistad.<\/p>\n<p>Fernanda llegaba de Miami donde hab\u00eda estudiado la secundaria, sol\u00eda hablar de boutiques hotels, c\u00f3cteles caros, spring breaks, Los Cayos, South Beach y Ocean Drive. Su diminuto \u00e1lbum de fotos estaba plagado de arena blanca, camareros con cuerpo de guardaespaldas, deportivos descapotables, piscinas en los patios traseros y fachadas de casas art d\u00e9co. Miami a trav\u00e9s de Fernanda no parec\u00eda una ciudad para viejos jubilados, sino m\u00e1s bien un complejo tur\u00edstico para gente guapa y bronceada. Ella era alegre y radiante como un ni\u00f1o con su primer juguete, yo en cambio un esc\u00e9ptico aut\u00e9ntico y decadente. Tambi\u00e9n mi situaci\u00f3n era otra y mi mundo muy diferente al de ella. A finales de los ochenta, Per\u00fa era un pa\u00eds destrozado econ\u00f3micamente. A principios de los noventa, me hab\u00eda quedado con un imagen de la d\u00e9cada pasada que resum\u00edan la historia de mi patria, la de una lavadora.<\/p>\n<p>Recuerdo haber regresado a casa despu\u00e9s de la escuela, por aquel tiempo, las lavadoras eran casi un objeto de lujo. Mi madre ten\u00eda una antigua que parec\u00eda un cilindro y las secadoras no eran autom\u00e1ticas, se reduc\u00edan a dos rollos por el que se ten\u00eda que introducir la ropa con la ayuda de una manivela, muy similar a las m\u00e1quinas artesanales para hacer pasta. Con dificultad, asom\u00e9 la cabeza dentro del aparato y ah\u00ed estaban. Sobresal\u00eda la h\u00e9lice de pl\u00e1stico como una mariposa negra y de mal ag\u00fcero. Y en el contorno, una cantidad enorme de fajos de dinero api\u00f1ados. Pens\u00e9 que nadie me ve\u00eda, intent\u00e9 sacar unos billetes y esconderlos en el bolsillo de mi pantal\u00f3n, pero la voz a mi espalda me detuvo. \u201cTodo tuyo. Ayer se pod\u00edan comprar muchas cosas con esa cantidad; hoy, con suerte, te alcanza para un caramelo,\u201d dijo mi padre que permanec\u00eda parado debajo del marco de la puerta. As\u00ed aprend\u00ed que en ese perverso reino en el que viv\u00eda las cosas perd\u00edan valor con la misma rapidez que la velocidad de la luz en el vac\u00edo, se devaluaba todo. La moneda peruana era tan peligrosa como un ruso borracho tamborileando un arma caliente, lo \u00fanico que manten\u00eda su cuant\u00eda eran unas monedas de lat\u00f3n denominadas RIN, que serv\u00edan \u00fanica y exclusivamente para hacer llamadas telef\u00f3nicas en las cabinas p\u00fablicas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del choque, abrir las puertas del carro de Fernanda era complicado, se deb\u00edan de bajar las ventanas y palanquear desde afuera, aparte de ello, la camioneta era moderna y bien equipada. Salimos de Arequipa rumbo a Tacna a las tres de la tarde, la carretera era una serpiente negra que se abr\u00eda paso sobre la tierra blanca; gran parte del paisaje eran cerros pelados que el horizonte eructaba a lo lejos. El viento entraba con fuerza y revolv\u00eda los mechones de mi cabello, me sent\u00ed como un actor de cine en la primera parte del trayecto, despu\u00e9s escuch\u00e9 m\u00fasica un buen rato y luego me aburr\u00ed brutalmente a mitad del viaje. El camino era des\u00e9rtico, pero no debido a la falta de vegetaci\u00f3n sino a la falta de gente. Muy de vez en cuando nos adelantaba un carro o ve\u00edamos aves que sobrevolaban nuestras cabezas en direcci\u00f3n al litoral. En alg\u00fan momento del recorrido deb\u00ed haberme quedado dormido, porque cuando despert\u00e9 el cielo oscurec\u00eda. Fernanda bostezaba, la luz del techo palpitaba tenue y amarilla; estir\u00e9 las piernas y los brazos y apagu\u00e9 la luz. Ella la volvi\u00f3 a prender. Resopl\u00f3, parpade\u00f3 sin prisa, parec\u00eda esforzarse por estar despierta.<\/p>\n<p>\u2014Si tienes sue\u00f1o, para y descansa. No quiero morir joven, dije.<\/p>\n<p>\u2014Si tienes ganas de vivir no digas tonter\u00edas, replic\u00f3 mientras sub\u00eda el volumen de la radio.<\/p>\n<p>En Tacna le suger\u00ed que estacionase el carro y se tomase una taza de caf\u00e9, pero ella hizo como que no me oy\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Vamos, t\u00f3mate un caf\u00e9, repet\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014Es malo para mi salud.<\/p>\n<p>\u2014Te va ayudar a despertar.<\/p>\n<p>\u2014Ya tom\u00e9 mi dosis del d\u00eda en el desayuno.<\/p>\n<p>Muy pronto consigui\u00f3 un espacio donde aparcar, entramos a un pasaje comercial, me hizo caso y pidi\u00f3 un americano negro con dos terrones de az\u00facar y luego compr\u00f3 unos lentes de playa Boll\u00e9. M\u00e1s tarde, cruzamos los controles sin dificultad. Dos patrullas estacionadas no dejan de dar aullidos y varios polic\u00edas caminan acompa\u00f1ados de perros hac\u00eda un cami\u00f3n viejo y destartalado. En seguida se borra la escena en el retrovisor y nuestro coche vuelve a trenzarse con la autopista. El motor ruge y Fernanda no suelta el pie del acelerador. Mujer al volante peligro en la curva, digo y ella baja la velocidad y sonr\u00ede.<\/p>\n<p>Arica es moderna, cercada por cerros arcillosos, Atravesamos la ciudad con direcci\u00f3n al mar, un aire caliente invade la cabina. Por las callecitas la gente se pasea en flip flops despreocupada y divertida. Estacionamos en la explanada, frente a una discoteca enorme y moderna que se levanta desde una arena morena, moren\u00edsima, como el az\u00facar granulado. Fernanda inclina la cabeza hacia la puerta, parece vencida por el sue\u00f1o, me pide que la despierte al cabo de una hora mientras las luces de ne\u00f3n de la disco golpean las lunas del veh\u00edculo.<\/p>\n<p>\u2014No vayas a festejar la llegada del a\u00f1o nuevo sin m\u00ed.<\/p>\n<p>Veo la camioneta llena de polvo de la carretera, el parabrisas cubierto con una ligera capa de humedad; descabalgo y retrocedo unos pasos sobre la playa caliente.<\/p>\n<p>\u2014Imposible sin tu asistencia y sabidur\u00eda, digo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>2<\/b><\/p>\n<p>Barriguita Brown lleva unas tenis blancas sin medias, su piel tostada brilla bajo la luna, una luna que proyecta una extra\u00f1a luz y cierta sensaci\u00f3n de tristeza. Quiero preguntarle cosas, pero es ella la que habla, sobre el amor, la historia y sobre un par de bandas de rock que le encantan. La escucho mientras bebo del pico de mi botella de cerveza. Su conocimiento sobre la cultura inglesa es impresionante; despu\u00e9s critica a la sociedad educada. No puede haber contracultura si no hay una cultura oficial en Chile, dice. Hemos salido de la discoteca y estamos sentados en un muro, una l\u00ednea divisoria entre la arena y el asfalto. A lo lejos se oye al mar dar latigazos al universo y luego arrastrar peque\u00f1as piedrecitas a su dominio.<\/p>\n<p>Apenas unas semanas despu\u00e9s, me visita. Rento un peque\u00f1o piso en el barrio de Cayma, la propietaria me comunica que no me subir\u00e1 el arriendo si la visita no pasa de tres semanas. Barriguita Brown se queda sorprendida de la simetr\u00eda del volc\u00e1n que se mira desde mi pieza, luego mete la mano en su mochila y saca un retrato peque\u00f1o de su padre, es una foto vieja y amarillenta. Puedo ver a un hombre de unos ojos negros intensos, no debe tener muchos m\u00e1s a\u00f1os que nosotros pero se le ve grave y eterno; lleva el cabello largo y un bigote ancho y oscuro.<\/p>\n<p>\u2014De repente desapareci\u00f3. Lo dieron por desaparecido el 81, dice.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSabes por qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Por <em>ayudista<\/em>.<\/p>\n<p>Insiste en esa palabra, <em>ayudista<\/em>, no colaborador. Ten\u00eda cinco a\u00f1os y un d\u00eda su padre no lleg\u00f3 a recogerla del kindergarten.<\/p>\n<p>Esas semanas recorre las calles y plazas, en pocos d\u00edas conoce Arequipa como si fuese su ciudad natal. La prefiere de noche. Es indescifrable y m\u00e1gica para el extranjero, argumenta, calibra y luego juega a la ni\u00f1a misteriosa y m\u00edstica, usa los dedos de una mano como abanico y esconde su rostro. Visitamos varios bares, toma cerveza, a veces vino, escucha m\u00fasica, me besa y se adormece a s\u00ed misma.<\/p>\n<p>Comprendo con brevedad que debo llegar a tiempo, si no llego a la hora que pactamos su ansiedad se vuelve incontrolable. Ha hecho terapia pero los psiquiatras no han podido curarla, vomita sin parar, suda, a veces tiembla, es un lapso que puede durar poco o mucho tiempo pero siempre la deja rendida. Entiendo ahora por qu\u00e9 las bolsas de pl\u00e1stico desaparecen de mi cocina, no entiendo por qu\u00e9 la gente deba desaparecer en nuestros pa\u00edses.<\/p>\n<p>Una tarde regreso al piso y Barriguita Brown no est\u00e1, mi vecino me dice que la llevaron a la comisar\u00eda. Un a\u00f1o atr\u00e1s se difundi\u00f3 un video del l\u00edder del grupo subversivo Sendero Luminoso, ah\u00ed se ve\u00eda a un hombre bailando Zorba el Griego, rodeado de mujeres militantes, todas con un mo\u00f1o en la cabeza. El hombre r\u00ede, resopla, raspa, chasquea los dedos al ritmo de la m\u00fasica, aplaude, sonr\u00ede, se sostiene de un pie como una garza, coquetea, torea a una de sus secuaces. El comit\u00e9 central lo rodea y lo festejan, todos visten de negro como en un entierro.<\/p>\n<p>Cuando abordo la comisar\u00eda, Barriguita Brown est\u00e1 saliendo, la han interrogado dos horas por escuchar Mikis Theodorakis en el tocacassette de mi sala, le han decomisado la cinta porque esa m\u00fasica est\u00e1 relacionada con el terrorismo en mi pa\u00eds. Nos regresamos, ella est\u00e1 enojada y cuando se enoja camina delante m\u00edo. La sigo, mirando su cabello caer a la altura de su cintura, una bolsa de pl\u00e1stico sale del bolsillo posterior de su bluey\u00edn gastado. De pronto levanta la mano como si sostuviese dos banderillas en el aire, lista para clavarlos en el lomo de un bovino, sus Converse se paran de punta. Luego baila y da vueltas como un trompo en el centro del cosmos, la agarro y caminamos de la mano hasta que llegamos a casa.<\/p>\n<p>Por la ma\u00f1ana, el morro de Arica parece la cabeza de un cachalote elevado y rect\u00edsimo que yace bajo un sol blanco. Barriguita Brown lleva puesta una camiseta blanca que dice: un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro. Buscamos a Fernanda en la explanada y la encuentro dormida en la camioneta, estoy borracho, la despierto con el sonido de la bocina el\u00e9ctrica y le digo feliz a\u00f1o nuevo. Me llueven gritos e insultos, todo es muy borroso. En la tarde cruzo la frontera en bus, solitario y con una resaca horrible; en la carretera de vuelta navega un viento azul, algunas hojas ca\u00eddas y el olor a tierra temible y ardiente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>3<\/b><\/p>\n<p>Se llama Javiera, pero ella prefiere que usen el sobrenombre que le colocaron desde ni\u00f1a, Barriguita Brown.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo nos conocimos?<\/p>\n<p>\u2014Borrachos.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, pero \u00bfd\u00f3nde?<\/p>\n<p>\u2014En una discoteca en Arica.<\/p>\n<p>\u2014Qu\u00e9 buena memoria tienes, dice.<\/p>\n<p>Estamos en un pa\u00eds de Europa, me han invitado a un Festival de Literatura y Javiera se ha enterado. La luz del sol no penetra m\u00e1s que a un peque\u00f1o vest\u00edbulo con paneles de roble. Una escalera de vidrio y metal sube en espiral hacia el segundo piso. El suelo tiene azulejos rojos y una alfombra persa que sigue un patr\u00f3n de plantas y cortezas que parecen irse borrando por culpa del tiempo. El olor es el de una casa de campo muy antigua: a tierra y madera, a polvo y cera abrillantadora.<\/p>\n<p>\u2014Y me viste.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, bailando.<\/p>\n<p>\u2014Sol\u00eda gustarme bailar.<\/p>\n<p>\u2014No eras la mejor.<\/p>\n<p>\u2014Pero&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Hab\u00eda algo de fragilidad y belleza en tus movimientos.<\/p>\n<p>Javiera levanta la mirada, se frota el cuello con una mano, la otra es un pu\u00f1o cerrado sobre su regazo. Ha envejecido, pero a\u00fan hay rastros de un rostro sim\u00e9trico y atractivo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 bailaba?<\/p>\n<p>\u2014Sonaba un grupo chileno con bastante ira.<\/p>\n<p>\u2014Los Prisioneros, tremenda banda.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, esos. Luego preguntaste de d\u00f3nde era y te dije peruano.<\/p>\n<p>Me par\u00e9 y comenc\u00e9 a caminar, esquiv\u00e9 un jarr\u00f3n chino y llegu\u00e9 donde reposaba un globo terr\u00e1queo; me puse a buscar mi pa\u00eds, se ve\u00eda tan peque\u00f1o a lado de Brasil.<\/p>\n<p>\u2014Ahora recuerdo, te expliqu\u00e9 que me gustar\u00eda ir a conocer Per\u00fa y dijiste que me llevar\u00edas para venderme a los can\u00edbales. \u00bfExisten?<\/p>\n<p>\u2014No s\u00e9, no me he topado con ninguno.<\/p>\n<p>\u2014Dijiste que a las chicas como yo, las maceran en cerveza y se las comen.<\/p>\n<p>\u2014Eso me lo invent\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfLas maceran?<\/p>\n<p>\u2014Quiz\u00e1s. Tu ya estabas macerada.<\/p>\n<p>Ella est\u00e1 casada y sin hijos, lleva una vida c\u00f3moda, su esposo es un empresario chileno exitoso. S\u00f3lo se queja que puede llegar a ser muy celoso. Hablamos de la juventud; desde lejos, en otro continente, parecemos hijos de la violencia, la dictadura, el terrorismo y la corrupci\u00f3n. Pienso si todo eso existi\u00f3 para ense\u00f1arnos sobre nuestra buena fortuna, al menos sobrevivimos a todo eso. Seg\u00fan la Comisi\u00f3n de la Verdad, tanto Per\u00fa como Chile, tienen unas cifras atrerradoramente altas de muertos y desaparecidos.<\/p>\n<p>Escucha mis reflexiones, interviene con inteligencia y brevedad y de cuando en cuando deja salir el humo del cigarro o sorbe de su copa de vino tinto.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSabes que me cruc\u00e9 con Fernanda hace unos a\u00f1os?<\/p>\n<p>No espera respuesta, porque contin\u00faa contando las circunstancias sin ninguna pausa. Se hab\u00edan encontrado en el aeropuerto de Nueva York mientras aguardaban sus vuelos, se tomaron un caf\u00e9 y Fernanda le cont\u00f3 que estaba en esa ciudad para arreglar los papeles de su divorcio.<\/p>\n<p>De pronto la puerta se abre y aparece un hombre gordo con traje caro. Mi marido, dice Javiera nerviosa, como si ese hombre fuese una bestia indomable al que hay que temer.<\/p>\n<p>Me presenta como un agente inmobiliario, le sigo el juego, pero la verdad es que no s\u00e9 como representar a un agente inmobiliario.<\/p>\n<p>\u2014Ha venido a ver la casa, dice Javiera. Pero ya sabe que no estamos interesados en venderla.<\/p>\n<p>\u2014Un momento, dice el hombre, dices que eres un agente inmobiliario. Quiz\u00e1 me podr\u00eda decir qui\u00e9n es usted y a que inmobiliaria representa.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Cualquiera puede decir que es un agente inmobiliario y meterse en la casa.<\/p>\n<p>Parece con ganas de iniciar una pelea, su rostro enrojece mientras va desatando el nudo de la corbata de forma apresurada. En pocos segundos la tira de tela queda suspendida como un animal muerto enganchado a su cuello.<\/p>\n<p>\u2014Es un buen pretexto para ver qu\u00e9 cosas de valor tenemos, dice.<\/p>\n<p>\u2014No seas paranoico, guatoncito, intenta calmarlo Javiera y luego cambia al idioma del pa\u00eds en que residen.<\/p>\n<p>Pienso que me gustar\u00eda o\u00edrla en un idioma que pudiera entender, pero luego me doy cuenta que en esos caso es mejor no saber lo que sucede. El hombre se calma, deja su saco colgado en el sof\u00e1 y desaparece por las escaleras en espiral sin despedirse.<\/p>\n<p>Ella me saca por la cocina que da al jard\u00edn y que desemboca en una puerta trasera. La tarde se nos pone all\u00e1, lejos y de un p\u00farpura el\u00e9ctrico, nosotros desde aqu\u00ed la miramos, asombrados e incr\u00e9dulos. Como si el mundo intentara explicarnos algo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Georgia}\nspan.s1 {text-decoration: underline line-through}\n<\/style>\n<\/p>\n<p>Un domingo soleado, Fernanda decidi\u00f3 que pasar\u00edamos el a\u00f1o nuevo festejando en Arica. Su padre le hab\u00eda comprado una camioneta cuatro por cuatro por haber ingresado a la universidad y a pesar de que hab\u00eda chocado s\u00f3lo unas semanas atr\u00e1s, acept\u00e9 ir sin temor. A mis diecis\u00e9is a\u00f1os, la vida era simple y clara: ser\u00eda materia disponible con tal de que se me prometiera diversi\u00f3n y aventura.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1659,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4461,2984],"genre":[2012],"pretext":[],"section":[2369],"translator":[2458],"lal_author":[3408],"class_list":["post-1662","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-numero-4","tag-peru-es","genre-fiction-es","section-short-fiction-from-peru-es-2","translator-arthur-malcolm-dixon-es","lal_author-gunter-silva-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1662","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1662"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1662\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32286,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1662\/revisions\/32286"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1659"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1662"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1662"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1662"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=1662"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=1662"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=1662"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=1662"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=1662"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}