{"id":1658,"date":"2017-10-17T16:37:15","date_gmt":"2017-10-17T22:37:15","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/10\/tribulations-antiplagiarism-censor-mario-morenza\/"},"modified":"2024-04-15T03:49:45","modified_gmt":"2024-04-15T09:49:45","slug":"tribulations-antiplagiarism-censor-mario-morenza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/10\/tribulations-antiplagiarism-censor-mario-morenza\/","title":{"rendered":"&#8220;Las tribulaciones de un censor antiplagios&#8221; de Mario Morenza"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; text-indent: 19.9px; line-height: 26.0px; font: 12.0px Times}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 55.9px; text-align: justify; text-indent: 19.9px; font: 11.0px Times}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 76.5px; text-align: justify; font: 11.0px Times}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; text-indent: 19.9px; line-height: 26.0px; font: 10.0px Times; min-height: 13.0px}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; text-indent: 19.9px; line-height: 20.0px; font: 12.0px Times}<br \/>p.p6 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; text-indent: 19.9px; line-height: 20.0px; font: 12.0px Times}<br \/>p.p7 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 180.0px; text-indent: 36.0px; line-height: 20.0px; font: 12.0px Times}<br \/>p.p8 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 5.8px; text-align: justify; line-height: 20.0px; font: 12.0px Times}<br \/>p.p9 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 19.9px; text-align: justify; line-height: 20.0px; font: 12.0px Times}<br \/>p.p10 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 5.8px; text-align: justify; text-indent: 30.0px; line-height: 20.0px; font: 12.0px Times}<br \/>p.p11 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; line-height: 20.0px; font: 12.0px Times}<br \/>p.p12 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; text-indent: 19.9px; line-height: 20.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p13 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 11.0px Times; min-height: 13.0px}<br \/>p.p14 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Times}<br \/>p.p15 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p16 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p17 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 8.0px Times}<br \/>p.p18 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 10.0px Times}<br \/>p.p19 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 11.0px Times}<br \/>p.p20 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 10.0px Times}<br \/>span.s1 {text-decoration: underline}<br \/>span.s2 {font: 10.0px Times}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hace ya algunos a\u00f1os poste\u00e9 en Facebook este poema de Julio Miranda:<\/p>\n<p>&#8220;La coherencia de la historia exigir\u00eda un disparo ahorr\u00e1ndonos a todos el poeta.<br \/>\nLa coherencia del poeta exigir\u00eda un disparo ahorr\u00e1ndonos a todos el poema.<br \/>\nLa coherencia del poema exigir\u00eda una historia ahorr\u00e1ndonos a todos el disparo&#8221;.<\/p>\n<p>Nunca le di cr\u00e9dito a su autor. Pero s\u00ed coloqu\u00e9 comillas. En eso consist\u00eda el ejercicio: adivinar qui\u00e9n era el autor. Unos cuantos se atrevieron a insinuar que el poema me pertenec\u00eda. Que todo no era m\u00e1s que un test para medir la reacci\u00f3n del p\u00fablico. Un elogio para m\u00ed, que solo me destaco como censor antiplagios y que alguna vez se me pas\u00f3 por la cabeza escribir novelas que reflejaran la realidad venezolana. \u00a1Absurda idea! Ya el lector de estas p\u00e1ginas habr\u00e1 comprobado mi torpeza estil\u00edstica.<\/p>\n<p>El post alcanz\u00f3 media docena de comentarios. Uno acert\u00f3. O casi: &#8220;Eso lo escribi\u00f3 el pana que dice que Cadenas es sendo plagiario jajaja&#8221;.<\/p>\n<p>En aquel tiempo estudiaba pregrado. Y as\u00ed se me ocurri\u00f3 mi tema de tesis. O mi condena. Ahora soy esclavo del peor Gobierno de todos, me lo dice quien fuera mi tutor, que es experto en historia. Me lo reitera cada vez que nos tomamos un caf\u00e9 con la sabidur\u00eda de quien se sabe perdido y por m\u00e1s que intenta una salida solo tropieza con puertas llenas de confusi\u00f3n y miedo. O me encuentra a m\u00ed, henchido de confusi\u00f3n, henchido de miedo, y con cientos de tesis y libros que abro como peque\u00f1as puertas con miles de frases plagiadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Los tiempos de fervores militares terminaron como ya es costumbre en Latinoam\u00e9rica. En la transici\u00f3n fuimos lo suficientemente est\u00fapidos para darle la oportunidad a un escritor. Ahora \u00e9l manda.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Hemos sido coherentes con un error. Hemos sido constantes en ese error. Cohesionados, hemos insistido. Desde luego, yo soy parte de la ingenuidad colectiva, la mala intenci\u00f3n atenuada con la c\u00ednica calificaci\u00f3n de viveza criolla. Otros, m\u00e1s osados en su descaro, han optado por determinarnos como una naci\u00f3n sumida en una inocencia infantil, cauterizada por rumores, mitos y leyendas que arrastramos en nuestros genes. Hace un par de d\u00e9cadas pens\u00e1bamos que un militar resolver\u00eda todos nuestros problemas, borrar\u00eda de nuestra conducta cualquier rastro de vagabunder\u00eda, de indisciplina, de impuntualidad. Ya hartos, decidimos elegir con el 74% de los votos a un escritor que se ganaba la vida como editor de textos y redactor creativo, pero, eso s\u00ed, se trataba de un candidato con mucho carisma. Liderazgo le sobraba. Un escritor premiado, por lo que no se trataba de cualquier escritor. Nunca nos imaginamos que su Gobierno se orientar\u00eda hacia una especie de autoritarismo, hacia un terror de Estado de bajo impacto.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 lleg\u00f3 al poder un escritor que condena a muerte a plagiarios literarios?, \u00bfpor qu\u00e9 ha decidido castigar severamente a personas que no leen al menos veinte libros al a\u00f1o?, \u00bfpor qu\u00e9 aplica multas elevad\u00edsimas a las empresas cuyos comerciales y avisos publicitarios contengan errores ortogr\u00e1ficos? Y a\u00fan hay m\u00e1s: los ciudadanos de sexo masculino y mayores de edad con un promedio menor a quince libros por a\u00f1o, han sido reclutados y calificados de analfabetas, designaci\u00f3n que los priva de cualquier ejercicio civil. Luego de estos tr\u00e1mites son trasladados a diversos puntos del pa\u00eds para que colaboren en la reconstrucci\u00f3n de las carreteras agrietadas que dej\u00f3 la Guerra Civil Venezolana y erigir bibliotecas dotadas de todos aquellos libros que fueron prohibidos por los dictadores precedentes. Con estas medidas se logr\u00f3 concluir la Autopista Nelson Himiob, antiguamente conocida como la Autopista Regional del Centro.\u00a0Durante los meses de esclavitud, de pena y trabajos forzosos, los miles de hombres eran obligados a memorizarse un poemario completo y a recitarlo a la vez que el soplete del sol les taladraba las sienes.<\/p>\n<p>En la actualidad la profesi\u00f3n mejor pagada es la de corrector. Y estar\u00eda horas enumerando las cosas que ocurren cuando un escritor llega a la presidencia. Fuimos los campeones mundiales de la ingenuidad al creer que nuestro l\u00edder continuar\u00eda los ideales de R\u00f3mulo Gallegos. Su elecci\u00f3n la asumimos como una revancha hist\u00f3rica: \u00a1al fin el triunfo de la civilizaci\u00f3n ante la barbarie! Una vez m\u00e1s, la historia nos castigaba.<\/p>\n<p>En este contexto transcurren mis d\u00edas. Mis grises d\u00edas. Soy un anodino ser alejado del poder y que trabaja para el poder, alejado de la fama y del dinero, pero que, en cierto modo, est\u00e1 condicionado a dos ejes infranqueables: las finanzas y la vigilancia absoluta.<\/p>\n<p>Desde que soy censor apenas conozco tres modos de existir: descansar, cumplir \u00f3rdenes y cazar plagiarios. Desde la semana pasada he a\u00f1adido otra variante a mis d\u00edas. Esta historia trata de esa variante.<\/p>\n<p>Mi tesis fue un cat\u00e1logo de plagiarios. Autores que, si a\u00fan estaban vivos, entregu\u00e9 a las fauces del poder. El Estado me hab\u00eda asignado estos oficios. Incumplir con cualquiera de las fases del proyecto era la muerte. La historia de un pa\u00eds es la historia de una trama de supervivencias. Soy un superviviente que persigue a los que se la quisieron dar de supervivos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>A una chica con la que estuve saliendo har\u00e1 cosa de cuatro o cinco a\u00f1os atr\u00e1s le gustaba drogarse oliendo mis libros de Juan Villoro. Termin\u00f3 conmigo la semana en la que se le agot\u00f3 el perfume a <i>Palmeras de la brisa r\u00e1pida<\/i>, ejemplar que compr\u00e9 la tarde de nuestra primera cita. Los t\u00edpicos tres meses de mis relaciones fortuitas. El tiempo justo en el que el aroma estuvo all\u00ed, insistente en sus p\u00e1ginas.<\/p>\n<p>&#8220;Tus libros ya no huelen&#8221;, me dijo en su \u00faltimo mensaje por el chat de Facebook, antes de bloquearme en todas las redes sociales, \u00a1hasta en Twitter!, que equivale a asesinato virtual. Su excusa ten\u00eda un aroma sarc\u00e1stico y destilaba reclamo. Me sent\u00ed afligido un par de d\u00edas, pero la ruptura coincidi\u00f3 con un fin de semana largo en el que asist\u00ed a dos rumbas de cumplea\u00f1os y a una despedida en las que circul\u00f3 suficiente alcohol como para provocarme una amnesia temporal.<\/p>\n<p>No supe m\u00e1s de Mar\u00eda Alejandra hasta hace un par de a\u00f1os. Me consegu\u00ed a su primo favorito en la cola para las presidenciales que gan\u00f3 El Escritor. Me ca\u00eda bien el primo, pese a su excesiva tecnocracia para defender ideales socialistas. Cada vez que yo le hablaba de \u00absociabismo\u00bb se alteraba como si le hubiera mentado la madre. En un par de ocasiones, Mariale, su primo y yo compartimos un taxi despu\u00e9s de una velada de cervezas por las tascas de la parroquia Eugenio Montejo, lo que antes se conoc\u00eda como Chacao. En verdad, siempre nos ca\u00edmos bien. Aunque en aquella ocasi\u00f3n me salud\u00f3 raudo y distante. &#8220;Mariale se fue pal imperio&#8221;, dijo, y sigui\u00f3 de largo, como si temiera cambiar la decisi\u00f3n de su voto por alguna frase casual.<\/p>\n<p>En efecto, Mariale se hab\u00eda ido del pa\u00eds. Mariale vive en Louisiana, Estados Unidos. Esto \u00faltimo lo confirm\u00e9 gracias a una amiga psic\u00f3loga en com\u00fan: Mariale acudi\u00f3 a ella por un buen tiempo en busca de sus virtudes sanadoras. Coincidimos en un vag\u00f3n del Metro. El trayecto era lento y saturado de brazos sudorosos. Antes de despedirse, la psic\u00f3loga me tendi\u00f3 su tarjeta de presentaci\u00f3n. En su tiempo libre se dedicaba a leer el Tarot y facturaba el triple de lo que devengaba como psic\u00f3loga. Me asalt\u00f3 la tentaci\u00f3n de preguntarle si dejar\u00eda de llamar a Mariale <i>Mariale <\/i>o volver\u00eda a pensar en ella como Mar\u00eda Alejandra. Para m\u00ed, las abreviaturas siempre han representado un signo de apego.<\/p>\n<p>Cuento todo esto porque Mariale quer\u00eda verme. Me escribi\u00f3 un e-mail hacia finales de mayo. Le respond\u00ed que \u00abs\u00ed\u00bb, sin m\u00e1s, aunque andaba un pelo ocupado. En otra \u00e9poca me hubiera emocionado con esta noticia. Pero ya estaba inmiscuido en otra relaci\u00f3n y me iba lo bastante bien como para dejar de lado las aventuras. Mar\u00eda Alejandra Sanders, as\u00ed se llama ahora, se abri\u00f3 otra cuenta de Facebook, una cuenta de casada. De all\u00ed me hab\u00eda escrito. Por curiosidad, a trav\u00e9s de una cuenta corporativa que administraba como <i>community<\/i> <i>manager<\/i>, pude acceder a su antiguo perfil. A\u00fan lo conserva como el sarc\u00f3fago que aloja los restos de su crisis nuclear: su Chernobyl: el pasado radioactivo que contrasta con la integridad de su presente.<\/p>\n<p>En la actual foto de perfil exhib\u00eda unos lentes <i>old-fashioned<\/i>, cola de caballo, bronceado <i>Baywatch<\/i>. Tambi\u00e9n abrazaba a un chamito con pinta de nerd. Se acercaba al ni\u00f1o como si quisiera aspirarlo por la nariz. Entend\u00ed que hab\u00eda sustituido su adicci\u00f3n al aroma de los libros por las lociones para beb\u00e9s. La mirada de Mariale delataba una vida que hab\u00eda dejado atr\u00e1s un combo semanal de excesos et\u00edlicos y alucin\u00f3genos por costumbres hogare\u00f1as sedimentadas en el sopor h\u00famedo de Louisiana.<\/p>\n<p>En aquellos tiempos, cuando Mariale hablaba de ni\u00f1os, recalcaba con \u00e9nfasis (y algo de enfado) que jam\u00e1s tendr\u00eda muchachos: &#8220;Ser\u00e9 la t\u00edpica t\u00eda loca de los gatos&#8221; era su lema cada vez que ve\u00eda a una mujer paseando a su hijo en coche. Detall\u00e9 la fotograf\u00eda por varios minutos en busca de alg\u00fan indicio que comprobara un lazo sangu\u00edneo. Aunque, a todas estas, quiz\u00e1 se tratase de alg\u00fan sobrino o ahijado.<\/p>\n<p>He hablado ya del olor de mis libros, pero no del olor caracter\u00edstico de Mariale. Su perfume era natural. Nunca supe si se untaba alguna loci\u00f3n de ostras. En las pocas semanas que estuvimos saliendo, el sentido del olfato anul\u00f3 los otros cuatro. Estaba ciego y no ten\u00eda tacto para decir las cosas. Cuando me dijo &#8220;mejor dejamos las cosas como est\u00e1n&#8221; no la escuch\u00e9: estaba concentrado en una ola de salitre que proven\u00eda de su melena.<\/p>\n<p>Mariale hab\u00eda publicado una <i>plaquette <\/i>artesanal en conjunto con unas amigas. Se titul\u00f3 <i>Partirse demasiado (poemas, cuentos, ensayos y reflexiones)<\/i>. En principio, el compendio apostaba por una mirada mitad feminista y cr\u00edtica, una afrenta mitad par\u00f3dica y mordaz con pretensiones existenciales, contra aquellos que hab\u00edan decidido partir a otras latitudes. En el pr\u00f3logo se jactaban, apoy\u00e1ndose en una forzada cita de Tom\u00e1s Straka, de que pertenec\u00edan a la primera generaci\u00f3n venezolana que se hab\u00eda preguntado con seriedad sobre el fen\u00f3meno de emigrar. Si hoy leemos el \u00edndice, en el que cada texto est\u00e1 acompa\u00f1ado por el nombre de su autor, notaremos que solo dos de las diecis\u00e9is poetisas a\u00fan permanecen en el pa\u00eds. La <i>plaquette <\/i>sirvi\u00f3 para ratificar una constancia: la capacidad de los venezolanos para contradecirse. Mariale no quer\u00eda tener hijos, y tiene uno. Mariale no quer\u00eda irse del pa\u00eds, y se cas\u00f3 con Mr. Sanders.<\/p>\n<p>S\u00ed, Mariale se destacaba escribiendo, aunque lo suyo era la fotograf\u00eda. Lo cierto es que sus pasiones eran ef\u00edmeras. Del dise\u00f1o de moda <i>vintage<\/i> hab\u00eda pasado al <i>bodypaint<\/i>, y del <i>bodypaint <\/i>a una pr\u00e1ctica h\u00edbrida llamada eco-yoga-zen-shui. Desde lo m\u00edstico fue que dio un salto cu\u00e1ntico a la fotograf\u00eda, actividad que alternaba con la escritura. En este rubro hab\u00eda alcanzado una Menci\u00f3n de Honor en un concurso de relatos a escala nacional. Cuando el volumen del certamen que reun\u00eda a los ganadores y finalistas se bautiz\u00f3 en una librer\u00eda, me extra\u00f1\u00f3 no encontr\u00e1rmela. La raz\u00f3n ya se me hac\u00eda l\u00f3gica: se hab\u00eda marchado \u00abpal imperio\u00bb. En representaci\u00f3n de Mariale asistieron sus padres, a quienes conoc\u00eda por una sesi\u00f3n de fotos nudistas que ella les tom\u00f3 en M\u00e9rida. El brindis se inici\u00f3 y, mientras el mesonero ofrec\u00eda el <i>refill<\/i>, la madre de Mariale volte\u00f3 a verme un par de veces. Sent\u00ed c\u00f3mo su mirada esquiv\u00f3 con agilidad los <i>salud <\/i>para clavarse en mi piel como un insecto garboso que trep\u00f3 mis piernas, hinc\u00f3 mi quijada y me rasc\u00f3 los p\u00e1rpados. Apur\u00e9 mi copa de vino y me largu\u00e9.<\/p>\n<p>Me hab\u00eda dado chance de comprar el libro pese a mi abrupta huida. Ya, tendido en mi cama, desgarr\u00e9 el celof\u00e1n que cubr\u00eda <i>Partirse demasiado\u2026<\/i>. Fui directo al \u00edndice. Le\u00ed el p\u00e1rrafo inicial de su relato. Descubr\u00ed que me hab\u00eda robado una frase.<\/p>\n<p>&#8220;Con raz\u00f3n me bloque\u00f3&#8221;, deduje. Nunca me mostraba lo que escrib\u00eda. Apenas habl\u00e1bamos de lo que escrib\u00edamos. Apenas habl\u00e1bamos de cualquier cosa, solo tir\u00e1bamos y nos ol\u00edamos. Bueno, yo era el que olfateaba a Mariale mientras ella olfateaba mis libros.<\/p>\n<p>A todas estas, la frase no era la gran cosa. Cuando se me ocurri\u00f3, caminaba con Mariale por la ciudad y le coment\u00e9 que me agradar\u00eda abrir un cuento con esa reveladora \u2014aunque simple\u2014 frase. Que iba a escribir un cuento solo para utilizarla. Mariale hab\u00eda iniciado su cuento con mi ocurrencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Mariale me volvi\u00f3 a escribir. Esta vez no fue tan telegr\u00e1fica como el mail anterior. Mariale tiene un hijo. Un ni\u00f1o de cinco a\u00f1os. Se llama John Juan M. &#8220;Necesito verte para que conozcas a mi nino, dime un dia para tomarnos un cafe&#8221;, as\u00ed conclu\u00eda su precipitado correo sin e\u00f1es ni acentos.<\/p>\n<p>No pude dormir. Pas\u00e9 toda la noche pregunt\u00e1ndome si la acusaba de plagio, pero mi hip\u00f3tesis no tendr\u00eda suficiente validez. Nunca he publicado nada, ni escrito algo que merezca publicarse. Y, adem\u00e1s, de ser tomada en cuenta mi denuncia, el ni\u00f1o de Mariale pod\u00eda quedar sin madre. Anduve pensando en cosas como esas hasta el amanecer.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>No s\u00e9 c\u00f3mo llamar a ese ni\u00f1o. Ya le preguntar\u00eda a Mariale por su decisi\u00f3n de darle ese nombre, a modo de resumir en el peque\u00f1o John Juan una ambig\u00fcedad nacionalista, o establecer un puente, anular una brecha. El reflejo de las vidas de Mariale aqu\u00ed y all\u00e1.<\/p>\n<p>El regreso de Mariale a Caracas pon\u00eda a prueba mi dignidad y mi paciencia, mi capacidad de contenerme. Desapareci\u00f3 como una mancha en un libro viejo y ahora llegaba como una explosi\u00f3n qu\u00edmica. Yo, sin embargo, hab\u00eda aprendido a conocerme y ten\u00eda la certeza de que en cualquier momento le soltar\u00eda lo del plagio. O mejor: le dir\u00eda a qu\u00e9 me dedicaba: &#8220;Mariale, como ya te habr\u00e1s dado cuenta por mi chaqueta, trabajo para el Gobierno de El Escritor. Soy Censor Antiplagios. En Venezuela el plagio es penado severamente, \u00bfsab\u00edas?&#8221;. Despu\u00e9s de decirle esto, su reacci\u00f3n la delatar\u00eda.<\/p>\n<p>La cita la pautamos en el restaurante frufru de mi t\u00eda madrina, Francisca Coffee, donde era beneficiado con almuerzos gratis a cambio de las correcciones que aplicaba a la d\u00e9bil ortograf\u00eda de los publicistas contratados por mi t\u00eda madrina.<\/p>\n<p>Cuando llegu\u00e9, mi t\u00eda no estaba. Igualmente, ya los empleados me conoc\u00edan y apenas entr\u00e9 me ofrecieron una mesa privilegiada y un moccacino. En la mesa vecina presenci\u00e9 uno de tantos eventos inc\u00f3modos desde que se aprob\u00f3 La Ley Antipirater\u00eda.<\/p>\n<p>Un hombre vestido como cajero bancario se sent\u00f3 sin pedir permiso en la mesa ocupada por otro tipo de unos cincuenta a\u00f1os que terminaba sus panquecas y le\u00eda algo en su celular. Con autoridad le dijo:<\/p>\n<p>\u2014Buenos d\u00edas, estimado. \u00bfMe permite el libro que acaba de dejar de leer?<\/p>\n<p>\u2014T\u00f3melo, es muy bueno. Ya casi lo termino.<\/p>\n<p>El hombre con pinta de cajero bancario fue directo a las primeras p\u00e1ginas. R\u00e1pidamente sac\u00f3 una c\u00e1mara y le tom\u00f3 una foto a la p\u00e1gina de cr\u00e9ditos y otra a la portada del libro. Hasta aqu\u00ed todo normal. Pero, despu\u00e9s, apunt\u00f3 la c\u00e1mara hacia el hombre de cincuenta a\u00f1os y el flash le hizo derramar su caf\u00e9 sobre el mantel.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 le pasa? Primero se sienta as\u00ed como as\u00ed y&#8230; \u00bfDe qu\u00e9 se trata esto?<\/p>\n<p>\u2014ISBN ilegal&#8230; Deber\u00eda darle verg\u00fcenza leer libros piratas delante de sus hijos menores de edad. Ahora no volver\u00e1 a verlos hasta que cumplan 18. De igual modo, se respetar\u00e1n sus derechos humanos, aunque usted no respete los derechos de autor\u2026 Acomp\u00e1\u00f1enos&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Pero, \u00bfqu\u00e9 dice? \u00bfC\u00f3mo sabe qu\u00e9 tengo hijos?<\/p>\n<p>\u2014No se haga el tonto. Si no se levanta a la cuenta de tres me ver\u00e9 obligado a llamar a la polic\u00eda. Tambi\u00e9n podemos llegar a un acuerdo\u2026 Uno\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo sabe que tengo hijos menores de edad?<\/p>\n<p>\u2014Por eso le digo que podemos negociar\u2026 Dos\u2026<\/p>\n<p>Los censores antipirater\u00eda son los que se est\u00e1n llenando los bolsillos de dinero, al contrario de los censores de mi gremio. La corrupci\u00f3n sigue enquistada en nuestro ADN.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Mariale y yo tenemos la misma edad, pero ella luc\u00eda como si acabara de cruzar a pie y sin protector solar las fronteras que nos separan de Estados Unidos. Su aroma segu\u00eda inalterable, al margen de lo f\u00edsico, protegido por su piel de una cat\u00e1strofe evolutiva que transform\u00f3 su sangre en una soluci\u00f3n de sales minerales. Aquella tarde la olfate\u00e9 antes de verla. Toc\u00f3 mis hombros desde atr\u00e1s y, en lugar de saludarme, sonre\u00eda como si en sus labios se leyera la excusa dilatada por muchos a\u00f1os.<\/p>\n<p>&#8220;Este es John Juan Mario Sanders Romero, tu hijo&#8221;. La excusa de Mariale ten\u00eda el cuerpo de un ni\u00f1o de cinco a\u00f1os, 4.8 de miop\u00eda y coeficiente intelectual de 194 puntos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>&#8220;Un jugo tres en uno te aliviar\u00e1&#8221;, dijo, e insisti\u00f3 en mi palidez.<\/p>\n<p>Ordenamos el desayuno. En la mesa vecina, el se\u00f1or cincuent\u00f3n y el censor corrupto negociaban.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Ese d\u00eda transcurri\u00f3 entre conversaciones de aqu\u00ed y de all\u00e1, de la vida en Louisiana y de la vida en Caracas. Recuerdos varios. Silencios inc\u00f3modos. Discusiones ins\u00f3litas. Muchos silencios inc\u00f3modos. Me llev\u00e9 a John Juan Mario a casa.<\/p>\n<p>Convers\u00e9 con mi hijo de 5 a\u00f1os hasta medianoche. Yo me tomaba unas cervezas, y \u00e9l, simplemente, ped\u00eda agua. Tampoco es que ten\u00eda mucha variedad de bebidas que ofrecerle de acuerdo a su edad. Me confes\u00f3 que era un ni\u00f1o especial. Y que los ni\u00f1os genios necesitaban un trato y una educaci\u00f3n especial. Que eso lo obstinaba. \u00abApenas abro la boca y la gente me mira raro\u00bb, dijo y me pidi\u00f3 que le sirviera m\u00e1s agua helada. Despu\u00e9s de beb\u00e9rsela a fondo blanco se me qued\u00f3 mirando como si ya no tuviera nada m\u00e1s que decir, como si se le hubieran congelado las palabras. Ley\u00f3 en voz alta el relato de Alfredo Armas Alfonso impreso en la etiqueta del pote de agua. &#8220;En los de mi pa\u00eds nunca ponen cuentos&#8221;, dijo. Aprovech\u00e9 su estado de meditaci\u00f3n y le pregunt\u00e9 por sus proyectos. &#8220;Ya termin\u00e9 <i>High School<\/i>, pero no he decidido a cu\u00e1l universidad ir&#8221;, argument\u00f3 con aires de sabio. Se lo dije, que me parec\u00eda muy sabio para su edad, incluso m\u00e1s que yo. Me agradeci\u00f3 que no lo hubiese comparado con ni\u00f1os \u00edndigos ni <i>milenials<\/i>. De todas maneras, a\u00f1ad\u00ed, ten\u00eda el resto de la infancia y casi toda la adolescencia para decidirse. Para cambiar de tema, me dijo que su mam\u00e1 tambi\u00e9n escrib\u00eda relatos, &#8220;ficci\u00f3n, <i>fiction&#8221;<\/i>.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 tu madre te puso ese nombre? \u2014lo interrump\u00ed. Se encogi\u00f3 de hombros.<\/p>\n<p>\u2014A decir verdad nunca se lo he preguntado. Generalmente donde vivo me llaman <i>Little Hawk<\/i>, peque\u00f1o halc\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEse es tu apodo?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfMi qu\u00e9\u2026?<\/p>\n<p>\u2014Quiero decir, el <i>nickname<\/i>\u2026<\/p>\n<p>\u2014Antes me gustaba m\u00e1s como me llamaban: &#8220;Hacha que corta el viento&#8221;. Mis compa\u00f1eros de clases suelen llamarme de muchas formas, y todas muy alejadas de lo que entendemos por <i>cari\u00f1o<\/i>. As\u00ed me llamaban en la aldea donde vivimos.<\/p>\n<p>Ca\u00ed en cuenta que Mariale hab\u00eda ido a parar a una comuna hippie. Un destino af\u00edn para su vida disoluta.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 hacen all\u00e1? \u2014pregunt\u00e9 fingiendo dejadez.<\/p>\n<p>\u2014Pues, lo mismo que en cualquier lugar del mundo: vivir. Solo que estamos conectados de una manera m\u00e1s, m\u00e1s\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00bfProfunda?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, eso, <i>deeply and strongly with the natural world<\/i>, como dice el l\u00edder\u2026<\/p>\n<p>Hablamos un rato m\u00e1s. Era probable que el ni\u00f1o pudiera estar inventando. Sin embargo, sent\u00ed como un eco inc\u00f3modo la palabra <i>l\u00edder<\/i>. No entr\u00e9 en discusiones. L\u00edderes hab\u00eda por doquier. Hab\u00eda una pandemia mundial de profetas y l\u00edderes y Estados Unidos no era la excepci\u00f3n. Me guard\u00e9 para otro d\u00eda mi pregunta &#8220;\u00bfqu\u00e9 significa para ti un l\u00edder?&#8221;. El sue\u00f1o me venc\u00eda. Hab\u00eda sido un d\u00eda agitado. Un d\u00eda que no hab\u00eda procesado del todo. Uno de esos d\u00edas que recordar\u00e9 siempre. Si Mariale ol\u00eda a mar, yo me sent\u00eda sumergido en aguas profundas, donde la refracci\u00f3n de la luz disminuye. No lo ten\u00eda del todo claro. Me sent\u00eda un exiliado de mi rutina. Me sent\u00eda en una nueva densidad.<\/p>\n<p>Acost\u00e9 al ni\u00f1o en mi cama. Me fui a dormir al sof\u00e1. Ya empezaba \u2014pese a la sorpresa\u2014 a encari\u00f1arme con \u00e9l, as\u00ed que exist\u00eda la posibilidad de que a la ma\u00f1ana siguiente ya lo llamar\u00eda por sus siglas: JJM, o peque\u00f1o Johnny. Antes de dormirse, el ni\u00f1o me dijo que su madre le hab\u00eda encargado darme una carta que se encontraba en el interior de su libro de Geograf\u00eda de Venezuela. Me pareci\u00f3 raro que este ni\u00f1o cargara en su maleta un voluminoso libro de nuestra geograf\u00eda y, de paso, en ingl\u00e9s.<\/p>\n<p>La carta sell\u00f3 mi noche con un inesperado desconcierto. Mariale me hablaba de su extra\u00f1a enfermedad pulmonar y de su decisi\u00f3n irrevocable de no someterse a ning\u00fan tratamiento. Ha vuelto a Venezuela para morir. Entre otros detalles cl\u00ednicos, me advert\u00eda que no la buscara, que cuando yo estuviera leyendo la carta ella de seguro estar\u00eda en alg\u00fan punto de la carretera, viajando hacia M\u00e9rida, rumbo a la casa de sus padres. A ellos no les dir\u00eda nada del asunto, solo se dejar\u00eda ir en paz, seguramente como lo profesaba el l\u00edder, <i>The Leader<\/i>.<\/p>\n<p>Ahora todo apunta a que no volver\u00e9 a ver a Mariale. Y se me antoja llamarla as\u00ed para siempre. Sus dos nombres unidos como dos territorios que se contradicen. Mariale hab\u00eda regresado para morir en Venezuela y se trajo a su hijo, mi hijo, del que yo ni remota idea ten\u00eda de su existencia. Ahora entiendo la distancia del primo, las miradas indescifrables e inc\u00f3modas de sus padres durante el bautizo. En los \u00faltimos tiempos, Venezuela se asociaba m\u00e1s a un pa\u00eds en el que pod\u00edan asesinarte, no un pa\u00eds al que la gente volviera para fallecer, a\u00fan m\u00e1s con el precedente de haber huido de \u00e9l. Mariale significaba una estad\u00edstica m\u00ednima, pero reveladora; nos mov\u00eda y nos hac\u00eda conscientes del territorio en el que est\u00e1bamos: un parque tem\u00e1tico del crimen que ni un Gobierno totalitario y literario pod\u00eda vencer.<\/p>\n<p>Cuando merend\u00e1bamos en Francisca Coffee, Mariale aprovech\u00f3 unos minutos en los que John Juan Mario fue al ba\u00f1o para tomarme de las manos como aquella vez que, antes de empezar a salir, planeamos una exposici\u00f3n po\u00e9tico-fotogr\u00e1fica. Sus manos eran de dedos despaciosos, certeros, con una habilidad innata de saber manipular otras mentes:<\/p>\n<p>\u2014Debo pedirte un favor. Qu\u00e9date con el ni\u00f1o solo por un par de noches a lo sumo. Hablar\u00e9 con mis padres de algo muy importante y no quiero que \u00e9l est\u00e9 presente. Te prometo que no te molestar\u00e9 m\u00e1s con esto. Pasado ma\u00f1ana cuadramos y me entregas al ni\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Cuando JJM roncaba \u2014y en esto s\u00ed se igualaba a cualquier otro ni\u00f1o com\u00fan y corriente\u2014, revis\u00e9 en los archivos de mi laptop las fotos que Mariale y yo tomamos desde la azotea de las Torres de El Silencio para la exposici\u00f3n que nunca hicimos. Nos conocimos en un taller de fotograf\u00eda dictado en Sociolog\u00eda de la Central. A m\u00ed me sirvi\u00f3 para agudizar la mirada, entender ciertos planos de las pel\u00edculas y para qu\u00e9 serv\u00edan el diafragma y el obturador. Mariale descubri\u00f3 que la fotograf\u00eda era una ocupaci\u00f3n terap\u00e9utica, la ayudaba a no morderse con tanta insistencia los pellejitos de los dedos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>En el desayuno habl\u00e9 de asuntos varios con mi hijo genio. Dijo que ven\u00eda de un territorio acosado por huracanes devastadores y ni\u00f1os terroristas. Llegamos a la conclusi\u00f3n de que el mundo nunca ha dejado de ser un lugar peligroso.<\/p>\n<p>John Juan Mario hab\u00eda sido v\u00edctima de <i>bullying<\/i>. Una variante de lo que en Venezuela se conoc\u00eda como <i>chalequeo<\/i>. Pero nuestro chalequeo es una nimiedad comparada con el <i>bullying<\/i>. Ser\u00eda lo equivalente a comparar una caimanera de pelotica de goma con una partida de la Major League Baseball. Pero esa no era la raz\u00f3n por la que Mariale lo hab\u00eda tra\u00eddo consigo. Hab\u00eda razones m\u00e1s fuertes y delicadas. En la comuna hippie en la que viv\u00eda, su padre o padre adoptivo, Mr. Sanders, se meti\u00f3 en problemas con el Gobierno: en el <i>backyard<\/i> de una casa que le asign\u00f3 el alcalde de Louisiana ten\u00eda su propio jard\u00edn bot\u00e1nico destinado a la producci\u00f3n de una nueva planta derivada de una enrevesada mezcla de otras. Se trataba de un proceso ciento por ciento natural, me asegur\u00f3 el muchacho, con resultados de ensalada psicotr\u00f3pica. La receta se convirti\u00f3 en un furor en ese estado. Con esta confesi\u00f3n ya todo estaba m\u00e1s que claro. Mariale huy\u00f3 del efecto punitivo que pod\u00eda arrastrarla a la c\u00e1rcel. Despu\u00e9s de desayunar, conoc\u00ed otra de las razones: un compa\u00f1ero de clases de John Juan Mario hab\u00eda llevado a la escuela el arma de fuego de su padre y hab\u00eda empezado a dispararle a sus compa\u00f1eras, grit\u00e1ndoles: &#8220;\u00a1<i>Bitches, I\u2019am Katrina, I\u2019am Katrina, pleased to meet you<\/i>!&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Durante el d\u00eda estuve pensando qu\u00e9 hacer. Cancel\u00e9 una cita con mi novia. Me excus\u00e9 dici\u00e9ndole que me hab\u00eda llegado un reporte de LUZ en la que una profesora de maestr\u00eda, despu\u00e9s de corregir los trabajos de sus estudiantes, los obligaba a publicarlos en revistas arbitradas bajo la condici\u00f3n de que la incluyeran como coautora del art\u00edculo. &#8220;S\u00ed, amor, y evaluamos si se trata de plagio o extorsi\u00f3n. Creo que estaremos hasta tarde&#8221;, conclu\u00ed. Ya era un hecho, mi vida cambiar\u00eda notablemente. Tambi\u00e9n cancel\u00e9 una reuni\u00f3n con el que fuera mi tutor en pregrado, Carlos Talavera Marcano.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del almuerzo, John Juan Mario me dijo que dedicar\u00eda unos minutos a ejercitarse con movimientos de ecoyoga para garantizar una digesti\u00f3n favorable. Yo le dije que me ir\u00eda a revisar el Twitter y a trabajar, pero que luego ir\u00edamos a dar un paseo. El ni\u00f1o me sigui\u00f3 con la mirada cuando me dirig\u00eda a mi estudio, como si para iniciar su serie de ejercicios necesitaba estar completamente solo.<\/p>\n<p>Antes de cerrar la puerta a\u00f1ad\u00ed:<\/p>\n<p>\u2014Las cosas no andan bien en el pa\u00eds.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9?, \u00bfse viene un hurac\u00e1n?<\/p>\n<p>\u2014No, nada de eso. Aqu\u00ed no hay huracanes.<\/p>\n<p>\u2014Entonces, \u00bfqu\u00e9 puede estar mal?<\/p>\n<p>El territorio que abandonaba John Juan Mario era tan contradictorio como su madre.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 est\u00e1s escribiendo? \u2014me interrumpi\u00f3. El ni\u00f1o estaba chorreado de sudor. Le dije que no estaba escribiendo escribiendo, sino m\u00e1s bien investigaba y le\u00eda material para luego, en unos meses o a\u00f1os, escribir una novela sobre un lun\u00e1tico que recluta a un ej\u00e9rcito de mendigos y escorias humanas para reconquistar la Zona en Reclamaci\u00f3n, pero, al mismo tiempo, le aclar\u00e9, es una novela que habla sobre la necesidad m\u00e1s importante y menos reconocida del alma humana: tener ra\u00edces.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ey! \u00a1Un momento! Mi progenitora public\u00f3 <i>Zone<\/i>, una novela en ingl\u00e9s, por supuesto.<\/p>\n<p>\u2014No sab\u00eda que tu madre hab\u00eda publicado algo nuevo, y mucho menos en ingl\u00e9s. \u00bfLa le\u00edste?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, claro; de hecho, tiene el mismo argumento que la tuya. Se la correg\u00ed en espa\u00f1ol y la traduje. \u2014No creo que me acostumbre a este tipo de frases de genio. Agreg\u00f3\u2014: Mi progenitora est\u00e1 obsesionada con Edward Said. \u00daltimamente todos est\u00e1n en mi aldea obsesionados con el tema del exilio. Si se van, si se quedan, si se regresan o si nunca vuelven. Creo que mi progenitora, al menos ps\u00edquicamente, nunca dej\u00f3 este pa\u00eds. Me inquieta que haya olvidado que el ser humano es un animal n\u00f3mada, que si bien no va al norte en verano o al sur en invierno, cada tanto tiempo hay una ola de emigrantes, desplazados, desterrados, exiliados, todos por razones distintas, pero eso corresponde a esa carga gen\u00e9tica de marcharse del lugar en el que nacieron. Por eso las guerras, las ideolog\u00edas fascistas, las persecuciones: puras excusas, en realidad es un mecanismo milenario que obliga a estos desplazamientos, en principio, caprichosos, pero no: son parte de nuestra naturaleza n\u00f3mada, de un sistema secreto cuyas leyes corren por nuestras venas. Muy en el fondo sabemos que tenemos que huir. O en el caso contrario, tenemos que dominar: el ser humano es totalitario por instinto.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDe d\u00f3nde sacaste eso?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1De los libros!<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQuieres una torta?<\/p>\n<p>\u2014Ya cumpl\u00ed con mi cuota diaria de gluc\u00f3sidos. Preferir\u00eda algo m\u00e1s saludable. Agua, por ejemplo. Pero mineral en pote, de la que trae cuentos. \u00bfNo quieres seguir hablando de esto, Mario? Sabes que hay exilio cuando todo es exilio.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 dijiste anoche que ser\u00eda bueno tener un pa\u00eds?<\/p>\n<p>\u2014Porque ser\u00eda bueno tener un pa\u00eds cuando nada fuera exilio<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Salimos a caminar por el bulevar Salvador Garmendia. Record\u00e9 aquel otro proyecto que le hab\u00eda comentado a Mar\u00eda Alejandra. Volver\u00e9 a llamarla as\u00ed. Si es una plagiaria es posible que haya mentido acerca de su enfermedad. O, inclusive, sobre mi supuesta paternidad. Si es una plagiaria y compruebo su culpa, su integridad f\u00edsica y psicol\u00f3gica correr\u00e1 peligro. Entretanto, de haber publicado mi libro sin saber que una tal novela titulada <i>Zone<\/i> exist\u00eda en las librer\u00edas <i>indies<\/i> estadounidenses, habr\u00eda sido yo el que hubiese corrido peligro.<\/p>\n<p>Mientras camin\u00e1bamos, pens\u00e9 en mi tesis de pregrado por un buen rato. En principio, mi proyecto se inclinaba m\u00e1s hacia la creaci\u00f3n. Una novela en la que un estudiante de Bibliotecolog\u00eda elabora un fichero de plagios. La novela se inicia con la celebraci\u00f3n del final de semestre. El semestre en el que mi personaje hab\u00eda culminado sus cr\u00e9ditos. El DJ, instalado en su tarima en medio de la plaza del rectorado, le da <i>play<\/i> al tema \u00abEl gorri\u00f3n\u00bb. Todos los asistentes abuchean al DJ. &#8220;\u00a1Ya estamos hartos de Coldplay!&#8221;, grita una chica evidentemente borracha. El DJ, en lugar de cambiar el tema, le sube el volumen al equipo. Segundos despu\u00e9s, se escucha la voz de Gualberto Ibarreto. La multitud estaba convencida de que se trataba de &#8220;Clocks&#8221;, <i>hit<\/i> n\u00famero uno de la banda brit\u00e1nica, cuyo inicio es casi id\u00e9ntico al tema de Gualberto. Antes de terminar el primer cap\u00edtulo, cambi\u00e9 de idea.<\/p>\n<p>Tiempo despu\u00e9s, cuando ya me hab\u00eda graduado y gobernaba El Gran Escritor, un profesor perteneciente a la comisi\u00f3n de estudios de la facultad ley\u00f3 por azar mi proyecto de investigaci\u00f3n titulado <i>Delito en el papel. Historia del plagio literario en Venezuel<\/i>a, y se lo coment\u00f3 a un allegado que trabajaba en Prensa Presidencial. Luego de unas llamadas dieron con mi tel\u00e9fono y empec\u00e9 a trabajar para el Gobierno en la creaci\u00f3n de un nuevo departamento ministerial.<\/p>\n<p>El primer plagio grande que detect\u00e9 una vez que asum\u00ed este cargo, fue en un libro que me hab\u00eda prestado mi tutor, el profe Talavera Marcano. Sospech\u00e9 que me hab\u00eda dejado a prop\u00f3sito un marcalibros And\u00aeea justamente en el cap\u00edtulo en el que se empezaba a fraguar el delito. Me refiero al voluminoso <i>Para fijar un rostro (Notas sobre la novel\u00edstica venezolana actual)<\/i>, muy citado durante finales del siglo XX e inicios del XXI. Jos\u00e9 Napole\u00f3n Oropeza present\u00f3 este estudio como alumno de los cursos de postgrado en el King\u2019s College de la Universidad de Londres, bajo la supervisi\u00f3n de Jason Wilson. En aquel entonces titul\u00f3 su tesis <i>An Approach to the Analysis of the Structural and Thematic Problems in the Venezuelan Contemporary Novel<\/i>, y la defendi\u00f3 el 8 de diciembre de 1981, a tiempo para degustar el pavo navide\u00f1o brit\u00e1nico sin el estr\u00e9s acad\u00e9mico. Oropeza, sin contemplaciones y cambiando una que otra palabra, se plagi\u00f3 a Ra\u00fal Agudo Freites; su cap\u00edtulo titulado &#8220;Teresa de la Parra: la escritura y sus distintos rostros&#8221;, copia textualmente el cap\u00edtulo &#8220;Teresa de la Parra o el realismo subjetivo&#8221; de Agudo Freites incluido en <i>Del realismo rom\u00e1ntico al realismo on\u00edrico<\/i> <i>(Ensayo sobre la narrativa venezolana)<\/i> publicado en 1975, seis a\u00f1os antes de la defensa de la tesis. Oropeza plagia de principio a fin este ensayo, cambiando una que otra frase. Por lo pronto, despu\u00e9s de muchos meses de pesquisas, Oropeza ya fue capturado por nuestros agentes y, burocracia mediante, se espera que en los a\u00f1os venideros se emita la sentencia sobre este caso.<\/p>\n<p>Con el tiempo, junto a un grupo de censores antiplagios, fund\u00e9 la Asocopla (Asociaci\u00f3n Contra el Plagio), organismo que facilita las tareas a todos mis colegas. Una vez creada, comenzaron a llovernos las denuncias. Desde M\u00e9rida, una de nuestras m\u00e1s importantes agentes detect\u00f3 un caso hace d\u00edas. El plagiario fue identificado. Era nada m\u00e1s y nada menos que Alberto Rodr\u00edguez Carucci, que perpetr\u00f3 algo similar a lo realizado por Jos\u00e9 Napole\u00f3n Oropeza. Carucci, insigne y respetado profesor, colaborador en el emblem\u00e1tico y desaparecido libro <i>Naci\u00f3n y Literatura<\/i>, le plagi\u00f3 a un estudiante un cap\u00edtulo de su tesis sobre Miliani.<\/p>\n<p>Mi ascenso en el oficio de censor antiplagios comenz\u00f3 de manera trepidante, pero lo que nunca imagin\u00e9 es que ya yo hab\u00eda sido vilmente plagiado.<\/p>\n<p>El plagio de Mar\u00eda Alejandra debi\u00f3 haber sido de este modo durante una tarde de estudio y sexo. A uno de los tantos excaudillos le quedaba ya poco en el poder y la gente andaba nerviosa, con las hormonas a mil porque se rumoraba que todo terminar\u00eda mal:<\/p>\n<p>&#8220;\u00a1Ay!, Mario, sorry, quer\u00eda escuchar a Charles Trenet. \u00bfNo pasaste al iTunes las canciones que te envi\u00e9 por GMAIL?&#8221; dijo, mientras retiraba su pendrive de mi laptop. &#8220;\u00bfPor qu\u00e9 no lo sacaste bien?&#8221;, le reclam\u00e9. &#8220;Igual no se da\u00f1a, gru\u00f1oncito. Ven, hag\u00e1moslo aqu\u00ed, en el puff&#8221;. Ya hundida y entregada, palme\u00f3 un par de veces sobre el mueble. Acerc\u00f3 su nariz al cuero. &#8220;Oh, Dios, \u00a1s\u00ed! Huele a libro nuevo&#8221;.<\/p>\n<p>Mar\u00eda Alejandra hab\u00eda exiliado mis palabras, mi historia, mi ADN. En tan solo unos minutos concret\u00f3 su operaci\u00f3n: extrajo informaci\u00f3n de proyectos literarios que ir\u00f3nicamente evocaban robos (\u00a1la zona en reclamaci\u00f3n, los plagios!) adem\u00e1s de la informaci\u00f3n gen\u00e9tica necesaria. Ambos resultados nacer\u00edan en otro pa\u00eds, con otra lengua y otra nacionalidad. Mi libro y mi hijo ya eran exiliados antes de escribirse y nacer.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 tan callado? \u2014me interrumpi\u00f3 John Juan Mario despu\u00e9s de cruzar una calle del bulevar. No le respond\u00ed. Recordaba una y otra vez la tarde en la que Mar\u00eda Alejandra me hab\u00eda plagiado por partida doble. La tarde en la que hab\u00edamos hecho a John Juan Mario.<\/p>\n<p>Cuando pas\u00e1bamos por el reci\u00e9n inaugurado Radio City, un polic\u00eda nos detuvo y me interrog\u00f3 por el libro que estaba leyendo actualmente. Le mostr\u00e9 la documentaci\u00f3n que me acreditaba como agente antiplagios, lo que le dar\u00eda a entender que le\u00eda varios libros simult\u00e1neamente pero que no terminaba ninguno por trabajo. Se disculp\u00f3 y se ofreci\u00f3, algo apenado, a llevarnos hasta el final del bulevar en su moto. Me negu\u00e9. Cuando a\u00fan no nos hab\u00edamos alejado ni dos metros, detuvo a un sujeto con pinta de surfista. Este le respondi\u00f3 <i>La metamorfosis<\/i>. El polic\u00eda r\u00e1pidamente busc\u00f3 en sus registros. Contaba con un dispositivo similar a una tablet en el que aparec\u00edan los datos de los ciudadanos lectores. &#8220;Se\u00f1or Jos\u00e9 Gabriel. Aqu\u00ed aparece que usted est\u00e1 leyendo <i>La metamorfosis<\/i> desde hace cuatro meses. \u00bfNo cree que es un libro lo suficientemente breve y divertido como para demorarse tanto?&#8221;. El hombre arguy\u00f3 que le hab\u00eda gustado tanto que ya lo hab\u00eda rele\u00eddo tres veces. Sonri\u00f3 de manera nerviosa. &#8220;Me hace el favor de acompa\u00f1arme. Los expertos le har\u00e1n una comprobaci\u00f3n de lectura&#8221;, le indic\u00f3 el polic\u00eda al ciudadano lector. El surfista, ya un poco desesperado, balbuce\u00f3: &#8220;Oficial, espere, he le\u00eddo muchos m\u00e1s libros, pero de poes\u00eda. Guillermo Sucre, el poeta favorito de El Escritor&#8221;. El oficial lo mir\u00f3 con desprecio: &#8220;Se\u00f1or, usted sabe muy bien que los poemarios no cuentan como libros, as\u00ed cualquiera\u2026&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>\u2014Mario, sabes, Estados Unidos siempre se anda metiendo en todo. Y all\u00e1 sufrimos con las medicinas. En Louisiana nos tienen olvidados \u2014dijo, despu\u00e9s de unos minutos de silencio, el ni\u00f1o genio.<\/p>\n<p>\u2014Esto es el infierno. \u00bfQu\u00e9 est\u00e1s pensando?<\/p>\n<p>\u2014La violencia se puede acabar con pol\u00edticas correctas de seguridad y una polic\u00eda honesta. Pero, \u00bfc\u00f3mo detienes un hurac\u00e1n? Nosotros en Louisiana no tenemos una monta\u00f1a como la tuya. F\u00edjate, durante nuestra caminata nos hemos cruzado, tropezado o dado alcance a media docena de ciegos. Aqu\u00ed no respetan a los ciegos. Ni siquiera hay l\u00edneas marcadas en las aceras para que ellos vayan y regresen. Un pa\u00eds que olvide a la gente que no ve, es un pa\u00eds que va hacia la oscuridad.<\/p>\n<p>\u2014Los ciegos no leen.<\/p>\n<p>De pronto, algunas preguntas saltaron a mi mente: \u00bfpertenezco a lo que a\u00f1oro o al lugar en el que estoy? Susan, otra t\u00eda, dec\u00eda que mientras vivamos, siempre estaremos en alg\u00fan sitio. Repet\u00eda una y otra vez que los pies siempre est\u00e1n en alg\u00fan lugar plantados o corriendo. La t\u00eda Susan pensaba que las mentes, ya sea por falta de vitalidad o por la fortaleza m\u00e1s profunda, pueden estar en el pasado y en el presente, o en el presente y en el futuro. O simplemente aqu\u00ed y all\u00ed. Pero, \u00bfqu\u00e9 ocurre cuando estos cambios se reproducen no solo en la ciudad con la que se ha crecido? Cuando estos cambios se manifiestan en aquella ciudad ajena que se ha convertido en el centro de operaciones de los recuerdos, desde el desarraigo, como le est\u00e1 empezando a ocurrir a mi supuesto hijo genio y extranjero.<\/p>\n<p>Mar\u00eda Alejandra con su retorcido plan me hab\u00eda exiliado en mi propio pa\u00eds. Me hab\u00eda sacado de mi orden y de mi rutina utilizando los productos que, con premeditaci\u00f3n y alevos\u00eda, a\u00f1os atr\u00e1s me arrebat\u00f3.<\/p>\n<p>En la noche, recib\u00ed otro e-mail de Mariale. Me informaba que sus pulmones empeoraban, pero ella estaba feliz. Aunque ya no funcionaban del todo bien, s\u00ed era capaz de apresar la enorme gama de olores que pensaba no volver a sentir dentro de su cuerpo, penetr\u00e1ndola como diminutos fantasmas. Entre otras cosas, me coment\u00f3 que unas primas le advirtieron sobre los poderes m\u00edsticos y salvadores de un cham\u00e1n en La Azulita, pero que este cham\u00e1n no estaba ajeno a la crisis y necesitaba ciertos ingredientes para preparar el caldo que la sanar\u00eda. En M\u00e9rida no se consegu\u00edan. Una plaga (pens\u00e9 haber le\u00eddo <i>una plagia<\/i>), una especie de hurac\u00e1n de insectos, hab\u00eda acabado con estos frutos en la regi\u00f3n. Le respond\u00ed pregunt\u00e1ndole cu\u00e1les eran precisamente esos frutos. A\u00fan espero su respuesta.<\/p>\n<p>El muchacho tuvo un ataque de mamitis cuando le preparaba mi cama. Pese a su genialidad precoz, no dejaba de ser un ni\u00f1o extra\u00f1o que quer\u00eda que su madre le untara Vick VapoRub y lo oliera.<\/p>\n<p>La noche siguiente llev\u00e9 al ni\u00f1o genio a tomar un autob\u00fas en el terminal de occidente Compa\u00f1ero de Viaje. All\u00ed nos esperar\u00eda el primo \u00f1\u00e1ngara de Mariale, aquel que casi me ignora en la cola de las presidenciales. Igualmente habl\u00f3 poco conmigo. Me salud\u00f3 austeramente y se dedic\u00f3 a abrazar a JJM. Antes de darse la vuelta con el ni\u00f1o en brazos, me mir\u00f3 como si observara a un cobarde que no asume su rol de padre con responsabilidad.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o har\u00eda su primer viaje en su nuevo pa\u00eds. Un peque\u00f1o exilio de no s\u00e9 cu\u00e1ntos d\u00edas. Su distanciamiento me har\u00eda pensar mejor sobre la nueva situaci\u00f3n que se incorporaba a mi vida.<\/p>\n<p>Lo vi partir. El autob\u00fas era de dos pisos y el nombre de la compa\u00f1\u00eda no era del todo confiable: Peli Express. Lo primero que me ven\u00eda a la cabeza eran peligros a trescientos kil\u00f3metros por hora. De todos modos, JJM ya estaba acostumbrado a luchar contra estas velocidades. Ahora tendr\u00eda la oportunidad de desplazarse al ritmo de un hurac\u00e1n.<\/p>\n<p>Cuando me alejaba del terminal, escuch\u00e9 una m\u00fasica atronadora. Un ritmo al que solo pod\u00eda calificar de hard-vallenato-progresivo. Se originaba en el bar donde me emborrach\u00e9 por primera vez. Hoy en d\u00eda el local era castigado por tiempos aciagos y putas que promov\u00edan peleas a machetazos.<\/p>\n<p>Entr\u00e9 al local y beb\u00ed una cerveza. Se me acerc\u00f3 una mujer de cincuenta y pocos a\u00f1os. Su atuendo recordaba a Natusha en sus peores tiempos. &#8220;Br\u00edndame un trago&#8221;, dijo. Ped\u00ed otra cerveza. &#8220;No, chico, un trago, no seas pichirre&#8221;, y sigui\u00f3 con otro cliente que s\u00ed ten\u00eda sus buenas horas bebiendo a juzgar por la curvatura de su columna. El perfume de la Natusha en sus peores tiempos calificaba de terrorismo arom\u00e1tico. Estornud\u00e9 sobre la barra.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Me desplom\u00e9 en la cama. Hab\u00eda vivido d\u00edas muy agitados. Dos d\u00edas de padre de un hijo al que nunca llam\u00e9 hijo y que m\u00e1s bien trat\u00e9 como a un amigo ebrio y despechado al que atapuc\u00e9 de agua y camin\u00e9 kil\u00f3metros junto a \u00e9l para sudar la resaca: en este caso una resaca de inquietudes de genio.<\/p>\n<p>Acomod\u00e9 una almohada debajo de mi cabeza y un libro que apareci\u00f3 vaya a saber de d\u00f3nde me golpe\u00f3 en la frente.<\/p>\n<p>Se trataba del ejemplar en ingl\u00e9s de Geograf\u00eda de Venezuela: <i>Venezuelan<\/i> <i>Geographic<\/i>. Ten\u00eda una salinidad porosa. Me sent\u00eda capaz de asirla en el aire, amonedarla como un castillo de microsc\u00f3picos minerales. Finalmente, abr\u00ed el libro y lo hoje\u00e9 como quien pasa las p\u00e1ginas de una revista de sudokus.<\/p>\n<p>En el interior del volumen hab\u00eda un mapa desplegable del mundo entero. &#8220;El mundo y sus l\u00edderes, sus pandemias, sus plagios y plagas&#8221;, pens\u00e9. En \u00e9l, varios pa\u00edses aparec\u00edan rodeados por un c\u00edrculo rojo: Argentina, Italia, M\u00e9xico, Puerto Rico, Canad\u00e1, Espa\u00f1a y Venezuela, que estaba rodeada por un c\u00edrculo rojo m\u00e1s denso, como si el marcador hubiera girado sobre el pa\u00eds como un hurac\u00e1n. Justo al lado destacaba un trazado. Se le\u00eda \u221a en marcador azul. Dentro de cada uno de estos c\u00edrculos rojos que encerraba a estos pa\u00edses, se repet\u00eda una palabra alfanum\u00e9rica: Dad1, Dad2, Dad3, Dad4, Dad5, Dad6, Dad7 y, as\u00ed, sucesivamente, por el resto del mundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Relato ganador de la edici\u00f3n 71\u00ba del Concurso Anual de Cuentos de <i>El Nacional<\/i>.<\/p>\n<p>Valencia, Vadell Hermanos Editores, 1984.<\/p>\n<p>El Gran Escritor orden\u00f3 quemar esta edici\u00f3n porque ning\u00fan colaborador del volumen cita alguno de sus libros. Este arrebato, considerado por muchos analistas como un error pol\u00edtico, a los entendidos en la materia no nos sorprendi\u00f3. Como tampoco nos sorprendi\u00f3 que El Gran Sabio decretara por intermedio de su gabinete de ministros adscritos al sistema de educaci\u00f3n, la lectura obligatoria de sus obras completas distribuidas equitativamente en los pensum de ense\u00f1anza media, diversificada, t\u00e9cnica y profesional de las instituciones p\u00fablicas y privadas de la naci\u00f3n. &#8220;Esto acabar\u00e1 con el malandraje&#8221;, dijo y firm\u00f3.<\/p>\n<p>Horas antes de publicarse estas p\u00e1ginas, el Congreso Nacional aprob\u00f3 las relecturas con un valor de un \u00bc de libro, transcurridos al menos tres meses de haberlo le\u00eddo por primera vez y con al menos cinco libros mediante.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; text-indent: 19.9px; line-height: 21.0px; font: 12.0px Times}\n<\/style>\n<\/p>\n<p>Nunca le di cr\u00e9dito a su autor. Pero s\u00ed coloqu\u00e9 comillas. En eso consist\u00eda el ejercicio: adivinar qui\u00e9n era el autor. Unos cuantos se atrevieron a insinuar que el poema me pertenec\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1655,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4461,3],"genre":[2012],"pretext":[],"section":[2349],"translator":[2501],"lal_author":[3440],"class_list":["post-1658","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-numero-4","tag-venezuela","genre-fiction-es","section-fiction-es","translator-daniel-narvaez-es","lal_author-mario-morenza-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1658","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1658"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1658\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32288,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1658\/revisions\/32288"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1655"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1658"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1658"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1658"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=1658"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=1658"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=1658"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=1658"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=1658"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}