{"id":1607,"date":"2017-07-31T18:43:56","date_gmt":"2017-08-01T00:43:56","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/07\/flashback-yoss\/"},"modified":"2024-04-12T02:50:04","modified_gmt":"2024-04-12T08:50:04","slug":"flashback-yoss","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/07\/flashback-yoss\/","title":{"rendered":"&#8220;Flash-Back&#8221; by Yoss"},"content":{"rendered":"<div><iframe src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/2mhUGy_4SEE?ecver=1\" width=\"560\" height=\"315\" frameborder=\"0\" allowfullscreen=\"allowfullscreen\"><\/iframe><\/div>\n<div class=\"caption\">Edici\u00f3n de v\u00eddeo: Carolina Rueda.<\/div>\n<p style=\"text-align: right;\">\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 283.2px; text-align: justify; font: 12.0px Times}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 283.2px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Times}<br \/>p.p6 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><i>\u00a0Para Milena, ars brevis magister.<\/i><\/p>\n<p>El portazo suena como un disparo. Con expresi\u00f3n vac\u00eda y ojos aguados, Julia se queda mirando la hoja de madera contrachapada estremecida por el golpe, durante largos segundos. Luego se levanta, y con mano todav\u00eda m\u00e1s temblorosa que la puerta, da vuelta a la llave y pasa los dos pestillos.<\/p>\n<p><i>La madre jugueteando con los pestillos mientras grita estent\u00f3rea, con las venas del cuello hinchadas hasta casi reventar: \u201c\u00a1Perra malagradecida! \u00bfNo te importan\u00a0 todas las palancas que tuve que mover para que lo \u00fanico que te hicieran fuese cambiarte de escuela\u2026?\u00bfC\u00f3mo se te ocurre siquiera pensar esa estupidez!\u00a0 \u00a1Ir al entierro de esa puerca cabecirapada, con todo el da\u00f1o que te ha hecho! \u00a1Soy yo la que deber\u00eda ir, para escupirle la cara a su madre\u2026 porque, digan lo que digan, yo me la corto que esa pelona cochina fue la que te pervirti\u00f3, que la idea fue de ella, porque t\u00fa eres demasiado monga, siempre lo has sido. Pero \u00bfque vayas t\u00fa? \u00a1Ni loca! \u00a1Sobre mi cad\u00e1ver! Aqu\u00ed te quedas, hasta que yo me acuerde\u2026 Es m\u00e1s; te advierto desde ahora: como nada m\u00e1s se te ocurra llamar por tel\u00e9fono, te juro por lo m\u00e1s sagrado que te mato a golpes, cabrona! Dios, qu\u00e9 castigo, qu\u00e9 verg\u00fcenza\u2026 y \u00f3yeme bien, chiquilla equivocada, si hay que mudarse para Santiago de Cuba nos mudamos, cualquier cosa, con tal de no tener que aguantarle a ninguna de esas vecinas leng\u00fcilargas que me diga en mi propia cara que mi hija es una de esas\u2026 \u00a1primero muerta \u00bfo\u00edste? Y t\u00fa tambi\u00e9n; primero verte muerta y bien muerta antes que\u2026\u201d<\/i><\/p>\n<p>Julia camina hasta el ba\u00f1o, con el fr\u00edo del piso acarici\u00e1ndole los pies descalzos. Alza la tapa del inodoro y con el mismo \u00edmpetu, sin dudar, mete las manos, aunque arrugue la nariz ante la penetrante fetidez de un d\u00eda entero sin agua para descargar. Controlando el asco, sus dedos hurgan pacientes en la mezcla semil\u00edquida de mierda y orines viejos, rescatando de sus profundidades algo que parece muy delicado o muy valioso, a juzgar por el cuidado con que trata cada pedazo&#8230;\u00a0 peque\u00f1os pedazos de papel de bordes irregulares, como si alguien muy furioso los hubiese roto, muchas veces. El agua sucia ha diluido parcialmente la tinta en los fragmentos, emborronando sin remedio las palabras, y ni siquiera est\u00e1n todos, pero ella tampoco necesita leerlos; el mensaje est\u00e1 tatuado, s\u00edlaba por s\u00edlaba, en su memoria.<\/p>\n<p><b><i>\u201cQuerida Julia:<\/i><\/b><\/p>\n<p><b><i>Cuando leas esto ya no estar\u00e9. No llores por m\u00ed. Hoy mi madre me entr\u00f3 a golpes como si fuera una criminal, una ladrona, una asesina o una drogadicta. Me hizo da\u00f1o, mucho. No quiero que me veas as\u00ed. No quiero que nadie me vea as\u00ed, no quiero vivir en un mundo as\u00ed. Nadie entiende nada, y lo \u00fanico que saben hacer es condenar. Y yo ya me cans\u00e9 de que todos me se\u00f1alen con el dedo y murmuren, murmuren, murmuren siempre. Ojal\u00e1 pudiera gritarles que no lo hicieran, volverme sorda, o invisible, o muy chiquitica, o irme lejos, a Kuala Lumpur, a la Luna, a Marte o a Mi\u00e9rcoles, \u00bfte acuerdas? Donde no tuviera que ver ni o\u00edr a nadie. Pero, viajar, ja\u2026\u00a0 aqu\u00ed hasta los sue\u00f1os son limitados. La \u00fanica libertad que tenemos es la de decidir cu\u00e1ndo y c\u00f3mo partir para el \u00faltimo viaje, el sin regreso. No te sientas culpable. Me despido de ti\u2026 por desgracia, esta vez no es un hasta luego, como cada s\u00e1bado cuando sal\u00edamos de pase, sino un adi\u00f3s.\u00a0<\/i><\/b><\/p>\n<p><b><i>Adi\u00f3s, Julia. Te quiero, y te querr\u00e9 siempre.\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0<\/i><\/b><\/p>\n<p><b><i>Tu Amalia\u201d<\/i><\/b><\/p>\n<p>Las manos tiemblan, pero no lo bastante como para impedir que los peque\u00f1os fragmentos de papel empapados que menos de una hora antes fueron carta, sean\u00a0 llevados uno a uno hasta la boca, que los mastica y traga, con lenta deliberaci\u00f3n. Julia intenta eructar como hac\u00eda su amiga, pero no lo logra, y sonr\u00ede triste, entornando los ojos para acariciar el recuerdo de lo feliz que iba siendo aquella noche, antes de que todo se hundiera&#8230;<\/p>\n<p><i>Madrugada. Las dos adolescentes ri\u00e9ndose en el sitio de siempre, bajo los cimientos de los albergues. Su lugar secreto, su refugio, donde creen que nadie las puede encontrar. Y all\u00ed, libres, juntas, se r\u00eden y cuchichean de ropa, de artistas de cine, de cantantes, de novios, de tarros y de otras mil cosas de mujeres. Sentadas ambas sobre una vieja frazada, con las piernas entrelazadas, libres de la tortura de las medias hasta la rodilla y los horrendos colegiales corte bajo que yacen sobre una piedra, como la pat\u00e9tica pelleja abandonada de una serpiente que acabara de mudar. Las dos blusas y las sayas-shorts del uniforme, con su odioso azul, tambi\u00e9n pulcramente dobladas en un \u00e1ngulo de la colcha. Una de las dos muchachas, la trigue\u00f1a, a\u00fan conserva su ropa interior, y la rubia se burla de ella desde lo orondo de su propia desnudez. Comparten contentas un op\u00edparo fest\u00edn: pan comprado en el pueblo cercano con lascas de queso robado del comedor por los varones. La fruta prohibida es siempre la m\u00e1s jugosa. Amalia eructa ruidosamente, varias veces, haciendo re\u00edr a Julia con su falta de educaci\u00f3n.<\/i><\/p>\n<p><i>Entonces se oyen los pasos y el rayo err\u00e1tico de una linterna corta las tinieblas. Con reflejos de presa sorprendida, y ya sin tiempo para\u00a0 ocultarse o huir, ambas callan, se inmovilizan y cierran los ojos, como si no al no ver el peligro el peligro pudiera tambi\u00e9n pasarlas por alto. Pasan segundos, y el resuello de una respiraci\u00f3n cercana, muy cercana las convence de que esta vez no ha funcionado. Y cuando vuelven a abrir los p\u00e1rpados, frente a ellas est\u00e1 el rostro gordo y bigotudo de Esteban, el mulato subdirector de Vida Interna de la escuela, que las mira boquiabierto, casi m\u00e1s asustado que ellas mismas, con la lujuria y el asco y el deseo y el sentido del deber y la intolerancia puras luchando en sus pupilas\u2026 hasta que, triunfantes los \u00faltimos, se lleva a los labios el silbato que le cuelga del cuello para soplar con todas sus fuerzas. Y ellas sienten como si cada pitido amputase un\u00a0 pedazo de sus vidas, y su mundo se hunde sin remedio cuando el resto del universo les cae encima.\u00a0<\/i><\/p>\n<p>Julia se alza y se enfrenta al espejo. El rostro amoratado de llanto es como una herida en el vidrio reflectante. Aparta la imagen abriendo la puerta del botiqu\u00edn para sacar las tijeras. Las hojas no est\u00e1n muy afiladas, pero ella insiste, con todas sus fuerzas; un mech\u00f3n, otro, y otro m\u00e1s. Los bucles amputados van cayendo como copos de una imposible nieve oscura sobre el lavabo, sobre sus pies descalzos, pero ella sigue cortando sin importarle, con rabia. Hasta que de lo que fuera una espl\u00e9ndida melena rizada y color ala de cuervo apenas si quedan dos o tres pelusas cubriendo el cr\u00e1neo casi desnudo\u2026<\/p>\n<p><i>\u201cNo te vires todav\u00eda\u2026 te tengo una sorpresita\u201d. \u201cT\u00fa y tus sorpresas\u2026 deja la majom\u00eda, que el turno de Marxismo empieza dentro de media hora\u2026 dale, anda \u00bfya puedo mirar?\u201d. \u201cYa\u2026 \u00bfqu\u00e9 te parece?, \u00bfverdad que me queda bien?<\/i><\/p>\n<p><i>El cabello rubio natural, desde el primer d\u00eda la envidia de todas las muchachas del albergue, ya no est\u00e1. La piel lisa, extra\u00f1amente p\u00e1lida, en la que resaltan las venas junto con uno o dos ara\u00f1azos, como inflingidos por una navaja filosa empu\u00f1ada por mano torpe aunque decidida. El efecto, sin embargo, es tremendamente sexy, quiz\u00e1s por los grandes ojos verdes que ahora resaltan m\u00e1s que nunca, libres de la competencia de la rubia melena.<\/i><\/p>\n<p><i>\u201c\u00bfTe volviste loca? \u00a1Afeitarte la cabeza! Nadie usa ese pelado, pareces un macho. Esteban va a decir que es diversionismo ideol\u00f3gico y te va a\u2026\u201d \u201c\u00bfA qu\u00e9? A los varones pueden pelarlos a la fuerza si quieren, una melena se demora su tiempo en crecer. Pero a m\u00ed nadie me puede obligar a que me crezca, \u00bfno?\u201d. \u201cAmalia, t\u00fa est\u00e1s loca como una chiva\u2026 \u00bfpor qu\u00e9?\u201d \u201cS\u00ed, loca, loca por ti, y t\u00fa tambi\u00e9n est\u00e1s loca, y loca me gustas. Ven \u00bfno quieres hacer locuras con tu loca?\u201d \u201cAparta, que pareces un macho\u2026no me acostumbro\u201d \u201c\u00bfUn macho? Mejor\u2026 quiero ser tu macho. Tu macho-loca. \u00bfNo te gusta? Anda, ven\u2026\u201d<\/i><\/p>\n<p>La lengua, torpe como tras siglos de silencio, pronuncia s\u00edlaba por s\u00edlaba: \u2014Macho loca\u2014 y Julia mir\u00e1ndose muy seria en el espejo mientras lo dice. \u2013Macho loca, macho loca, macho loca\u2014 repite varias veces, y con cada una se zafa un bot\u00f3n de la camisa de cuadros, sin dejar de mirarse. Los senos, peque\u00f1os pero de pezones grandes y oscuros, se le abren un poco hacia los costados cuando los libera de la opresi\u00f3n de la prenda masculina.<\/p>\n<p><i>Las manos de Amalia, torpes pero decididas, enred\u00e1ndose en los botones diminutos de la blusa azul del uniforme de la amiga. \u201c\u00bfY si viene alguien\u201d,\u00a0 pregunta a\u00fan Julia, mirando a todas partes,\u00a0 estremecida por el miedo, la verg\u00fcenza y algo que no sabe muy bien lo que es, pero que no le resulta del todo desagradable. \u201cAqu\u00ed no baja nadie por lo menos desde la \u00faltima visita de Brezhnev, este lugar nada m\u00e1s que lo limpian cuando tiene alguien grande\u201d, trata de tranquilizarla Amalia, los dedos ya forcejeando con el ajustador. \u201cNo\u2026 no, eso no\u201d, se encoge y retrocede Julia, cubri\u00e9ndose con las manos. \u201cEn fin, ni\u00f1a \u00bft\u00fa quieres o no, en qu\u00e9 quedamos?\u201d, la mira de hito en hito la rubia, deteni\u00e9ndose. La trigue\u00f1a no responde, pero deja caer las manos y cierra los ojos, dej\u00e1ndola hacer. El sost\u00e9n cae al suelo, y los senos quedan libres, piel clara enmarcado por el bronceado del contorno de la trusa, en bello contraste. \u201cQuiero verte las tuyas\u201d, se escucha decir Julia con una voz que no es suya, sino de alguien m\u00e1s ronco y decidido, y sabe que si pudiera mirarse al espejo en ese momento ver\u00eda su cara roja como un tomate, como siempre que se emociona, se altera, se apena\u2026 o todo junto.<\/i><\/p>\n<p><i>\u201cNi hablar\u201d. Amalia retrocede un paso y se queda mir\u00e1ndola, con los brazos en jarras y las piernas ligeramente separadas. Julia envidia por un instante de baja estatura; casi no tiene que inclinarse, mientras que a ella empieza a dolerle la espalda de tanto estar encorvada. \u201c\u00bfC\u00f3mo que ni hablar?\u201d. \u201cComo lo o\u00edste. Que no tengo la menor intenci\u00f3n de quitarme la blusa\u201d, repite la rubita, con un tono que es a la vez p\u00edcaro y categ\u00f3rico. \u201cPero, yo pens\u00e9 que\u2026\u201d, empieza a decir Julia, toda t\u00edmida. Amalia la corta, gui\u00f1\u00e1ndole un ojo: \u201cNo te preocupes, que si lo que quieres es mirar, te voy a dejar mirar\u2026 f\u00edjate\u201d.<\/i><\/p>\n<p><i>Deb\u00eda de tener ya abiertos los botones, porque casi antes de que la trigue\u00f1a pueda entender lo que hace su amiga ya est\u00e1 sacando una pierna de la saya short. Y cuando saca la otra Julia se da cuenta de que no lleva nada debajo\u2026<\/i><\/p>\n<p><i>\u201cMuchacha, se te van a salir los ojos\u201d. Amalia sorprende la mirada de la otra y avanza sonriendo, con un contoneo copiado de <\/i><b><i>Gilda. <\/i><\/b><i>\u201c\u00bfTe gusta? Ya desde chiquitica no me gustaba usar nada debajo por el calor\u2026\u201d, las pupilas de Julia, de tan fijas, parecen engarzadas en la negrura del matorral \u00edntimo de su amiga. Alcanza a pensar en lo raro que es que, siendo tan rubia, tenga tan trigue\u00f1o el pelo ah\u00ed\u2026<\/i><\/p>\n<p><i>\u201cAdem\u00e1s\u201d, la mano cayendo como al descuido entre los muslos desnudos \u201ccomo la semana pasada estuviste de pase por la conjuntivitis, y te extra\u00f1\u00e9 tanto\u201d, los dedos desliz\u00e1ndose arriba y abajo, casi inconscientemente \u201ctantas noches durmiendo sola, y daba vueltas, y vueltas, hasta que me pon\u00eda a acordarme de ti y para dormirme ten\u00eda que\u2026 ya sabes\u2026\u201d, la suave, h\u00fameda carne sonrosada se deja adivinar tras el bosquecillo rizado, cuando Amalia abre un poco m\u00e1s las piernas: \u201c y, ya ves\u2026 se me pel\u00f3\u201d, pese al tono infantil de sus palabras, no hay nada de ingenuo ni de inocente en los movimientos de la rubiecita; su aproximaci\u00f3n a Julia tiene la misma deliberada inexorabilidad de una cobra acerc\u00e1ndose a un pajarillo.\u00a0<\/i><\/p>\n<p><i>La trigue\u00f1a empieza a temblar, como si leves corrientes el\u00e9ctricas se persiguieran bajo su piel, a medida que la distancia entre el pubis de Amalia y su rostro se reduce. \u201cMira, todav\u00eda la tengo malita\u2026 me hice yaya grande\u201d, la rubiecita apoya las manos en los tr\u00e9mulos hombros de su amiga, que siente dilat\u00e1rsele la nariz y arderle las mejillas cuando el acre aroma almizclado se le cuela en la pitituaria. \u201c\u00bfNo vas a darle besitos para que se cure?\u201d. Amalia sigue adelant\u00e1ndose y Julia, aunque sin rechazar la fruta madura que se le ofrece, se va recostando hacia atr\u00e1s como si la temiese. \u201cAs\u00ed, as\u00ed\u201d, musita Amalia, ya sin pretenderse ni\u00f1a, cuando su sexo y los labios de Julia al fin se encuentran. \u201cUna ni\u00f1ita buena\u201d, la lengua de Julia trepidando sedienta \u201cuna buena, complaciente, sucia, buena puta\u201d las caderas de Amalia ondulando, y a Julia le gusta lo que le dice, lo que hace, lo que le hacen, pero tambi\u00e9n le da verg\u00fcenza\u2026 y por eso mismo le gusta a\u00fan m\u00e1s.<\/i><\/p>\n<p>El tap\u00f3n un solitario punto negro en la blanca porcelana. Sin descargar el inmundo inodoro, la desnuda Julia vierte cubo tras cubo en la gran ba\u00f1era, hasta llenarla, sin importarle que para ello deba vaciar el dep\u00f3sito que contiene toda la reserva de la semana. Y cuando el agua llega casi al borde, abre el botiqu\u00edn y busca y busca, con dedos torpes, volcando frasco tras frasco de pintura de u\u00f1as, hasta que encuentra\u2026<\/p>\n<p><i>Amalia y Julia pint\u00e1ndose mutuamente las u\u00f1as de los pies en la litera de la primera, la mejor del primer cub\u00edculo, la de arriba junto a la ventana. La rubita, en short y camiseta, escucha embobada a la trigue\u00f1a que, m\u00e1s conservadora y en bata de casa, le cuenta el libro que se acaba de leer: <\/i><b><i>Satiric\u00f3n<\/i><\/b><i>, de Petronio Arbitro. Ante el entusiasmo de su amiga, Amalia, que nunca ha le\u00eddo m\u00e1s que novelitas rosas, llega al punto de pedirle que le preste el libro cuando lo termine, y Julia se le queda mirando a los ojos un instante. Amalia le sostiene la mirada hasta que ambas, entre aturdidas e inc\u00f3modas, la desv\u00edan al un\u00edsono.<\/i><\/p>\n<p>Las manos tan poco h\u00e1biles que parecen ajenas liberando el objeto de su envoltura de papel. <b>Leningrad. Razor Blades. S(a)tainless Steel. Made in USSR. <\/b>Julia entra en la ba\u00f1adera con un paso largo y brusco, haciendo desbordarse el agua sobre los mosaicos del ba\u00f1o. El oblongo brillo met\u00e1lico aferrado entre los dedos de u\u00f1as comidas de su mano derecha como aferrar\u00eda un creyente en peligro de muerte un crucifijo.<\/p>\n<p><i>La prueba intrasemestral de Qu\u00edmica org\u00e1nica, el silencio en el aula, y la profesora Alina pase\u00e1ndose arriba y abajo entre los pupitres, dictadora indiscutible e implacable del incomprensible reino de alcanos, alquenos y alquinos. Julia lee otra vez la pregunta: \u00bfLa mol\u00e9cula del propano? Justo lo que no se estudi\u00f3, \u00bfera la de un carbono\u2026? No, no puede ser, esa es butano\u2026 \u00bfLa de dos o la de tres, entonces? Mira en derredor, desesperada, royendo el l\u00e1piz\u2026. Si creyera en dios, ahora le rezar\u00eda un Padrenuestro, un Avemar\u00eda, o mil, o cien mil, con tal de recordar ese maldito, insignificante detalle que puede sin embargo echar a perder su promedio de 100.\u00a0 Los ojos de la profesora, incansables patrulleros, encuentran los suyos y la obligan a bajar la vista\u2026 hasta que sus pupilas topan con las de Amalia, que parecen sonre\u00edrle desde la fila de al lado. Julia se aferra a la promesa de esa sonrisa como un n\u00e1ufrago a una tabla, estremecida. Amalia no tiene fama de inteligente ni de estudiosa, pero tampoco sale tan mal en los ex\u00e1menes. Adem\u00e1s, despu\u00e9s de aquella noche \u00bfqui\u00e9n sabe? Tal vez ella, agradecida\u2026 La respuesta y el alivio llegan juntas, al levantarse lentamente la rubita el tach\u00f3n delantero de su short saya, revelando debajo, escritos con pluma negra sobre el desnudo muslo derecho, los nombres de los hidrocarburos con su n\u00famero de carbonos al lado. Propano, tres. Y una aliviad\u00edsima Julia, cuando la cancerbera Alina da la vuelta, le tira un beso a Amalia, que vuelve a gui\u00f1arle el ojo. Buena muchacha\u2026 agradecida, por lo menos. Podr\u00eda ser una buena amiga, y a Julia no le sobran las buenas amigas.<\/i><\/p>\n<p>El fr\u00edo del agua engallinando la piel de Julia. Algunos pelos que, aunque ya cortados,\u00a0 hab\u00edan quedado adheridos a la piel de su cr\u00e1neo se liberan ahora, retorci\u00e9ndose como diminutas serpientes marinas a medida que van tocando el l\u00edquido. La cuchilla en la mano derecha, soldada a la presa del pulgar y el \u00edndice. Julia se deja deslizar hacia atr\u00e1s, hasta que solo su nariz y sus ojos quedan fuera del agua, y entonces cierra los p\u00e1rpados con todas sus fuerzas.<\/p>\n<p><i>Aunque se tape y cierre los ojos, no puede ignorar que est\u00e1n ah\u00ed. La noche del mi\u00e9rcoles, la \u00fanica de la semana en que la instructora de pre no duerme en el albergue de s\u00e9ptimo grado, es la que aprovechan siempre los varones de octavo y noveno que tienen novias all\u00ed para venir a visitarlas. Julia los ve pasar como sombras furtivas, arrebujada en su colcha, y ahora se tapa hasta las orejas como tratando de no escuchar las risas y los jadeos que vienen luego. Odia y espera estas noches. Y a las muchachas que reciben las visitas, aunque de d\u00eda sea la primera en dedicarles susurrando la terrible palabra de cuatro letras que tanto estigmatiza a una mujer, de noche no solo las odia y desprecia, sino que tambi\u00e9n las envidia. Nadie nunca ha venido de madrugada a su litera, ni nadie vendr\u00e1 nunca\u2026 no porque sea fea, que no lo es, sino porque ella es la tragalibros oficial del grupo 1 y del albergue A-2, y a las abelarditas nadie las mira ni se atreve a tomarse mucha confianza con ellas\u2026 muchas, adem\u00e1s de estudiosas, tambi\u00e9n son chivatas\u2026<\/i><\/p>\n<p><i>Lo malo es que ella, que no ser\u00eda capaz de delatar nunca a nadie, est\u00e1 tan sola\u2026\u00a0<\/i><\/p>\n<p><i>Unos sollozos apagados cortan los tristes pensamientos de Julia, y con ese sentido de ecolocalizaci\u00f3n casi quir\u00f3ptero que solo se adquiere despu\u00e9s de pasar meses y meses en un albergue y de conocer hasta el tono del ronquido de cada una, lo identifica al punto: es Amalia, la rubita del pelo largo que se le present\u00f3 el primer d\u00eda, la que est\u00e1 con Lester, ese nadador de noveno que est\u00e1 buen\u00edsimo. Ella llora cada vez m\u00e1s alto, y la voz del var\u00f3n se alza sobre sus gemidos, abri\u00e9ndose en un torrente de malas palabras que solo corta el imperativo siseo de otro, preocupado de que los oiga la guardia de recorrido.<\/i><\/p>\n<p><i>Lester se va, dando un pi\u00f1azo en la pared y a\u00fan susurrando malas palabras, pero el llanto contin\u00faa. Y sin saber muy bien c\u00f3mo ni por qu\u00e9, Julia se descubre saltando de su cama hasta la de Amalia, abraz\u00e1ndola con un maternalismo que solo le concede su mayor estatura, consol\u00e1ndola en su llorar. Lester la ha dejado, porque ella no quer\u00eda, no todav\u00eda, necesita tiempo, estar segura, ser\u00eda la primera vez, pero como \u00e9l ya es un hombre, los hombres solo buscan eso, no piensan en nada m\u00e1s, todos son iguales\u2026 Julia la acaricia, sin palabras, ajena a su tragedia pero no a la reconfortante aunque extra\u00f1a sensaci\u00f3n de su cabeza recostada sobre su seno adolescente, de sus l\u00e1grimas moj\u00e1ndole la bata de casa, de ese cuerpecito que busca confundirse con el suyo, como un animalito asustado necesitado de protecci\u00f3n. S\u00ed, ella tambi\u00e9n est\u00e1 tan sola en esta beca, lejos de su casa, obligada a compartir cada minuto del d\u00eda con gente que hace dos meses nunca hab\u00eda visto, sin un solo minuto de privacidad hasta que apagan la luz\u2026<\/i><\/p>\n<p><i>Y acarici\u00e1ndose sin pensarlo, se duermen juntas. Nada extra\u00f1o, tampoco. En el albergue de las hembras de s\u00e9ptimo grado, muchas a\u00fan temen a la oscuridad, y prefieren no dormir solas.\u00a0<\/i><\/p>\n<p>Julia abre los ojos, como renaciendo a una decisi\u00f3n irrevocable. Despacio, con implacable deliberaci\u00f3n, el filo traza su indeleble caligrama rojo sobre la mu\u00f1eca izquierda, y el agua comienza a te\u00f1irse de escarlata. Luego, la misma operaci\u00f3n, cambiando apenas de mano el instrumento cortante, se repite sobre la mu\u00f1eca opuesta. \u2014Como Petronio\u2014 murmura la muchacha, mientras sus dedos sueltan la hoja de afeitar, que cae planeando lentamente y dejando un rastro rojizo a trav\u00e9s del agua, hasta reposar sobre el fondo. Dos chorros de humo l\u00edquido y rojo brotan de las abiertas venas, enturbiando m\u00e1s el agua, segundo tras segundo, minuto tras minuto&#8230;<\/p>\n<p><i>Pasan los segundos, se convierten en minutos y nadie se acerca a saludarla. \u00bfCon que enseguida har\u00eda amistades? Los adultos nunca entienden nada\u2026<\/i><\/p>\n<p><i>Julia est\u00e1 sola y apartada, casi parapetada detr\u00e1s de los dos maletines llenos de todas las cosas que mam\u00e1 superpreocupada y sobreprotectora piensa que podr\u00e1n hacerle falta en la <\/i><b><i>Lenin<\/i><\/b><i> a su pobrecita ni\u00f1a, que nunca ha ido sola ni a Tarar\u00e1: mosquitero, hornilla para calentar el agua, una cazuela para lo mismo, frazadas extra, secador el\u00e9ctrico de pelo\u2026 la mar en coche.<\/i><\/p>\n<p><i>Pese a que su cabeza sobresale por encima de todas las ni\u00f1as de su edad, Julia est\u00e1 asustada, pero no se atreve ni siquiera a reconocer su propio miedo. A cada momento se siente m\u00e1s y m\u00e1s rid\u00edcula, comparando su monstruoso cargamento con las ligeras mochilas de las dem\u00e1s, a las que mira de reojo tratando de adivinar qui\u00e9nes ser\u00e1n, de qu\u00e9 barrio, de qu\u00e9 escuela, c\u00f3mo ser\u00e1 vivir cinco d\u00edas a la semana con ellas. Una rubia bajita de pelo largo que tambi\u00e9n carga con un malet\u00edn inmenso se le acerca, t\u00edmida, \u2013Hola\u2026 parece que las dos trajimos demasiada cosas, \u00bfno? Qu\u00e9 papelazo para empezar. Yo soy Amalia, \u00bfy t\u00fa?<\/i><\/p>\n<p>Julia se siente muy tranquila, menos triste, casi feliz en su recuerdo, cuando cierra de nuevo los ojos, lenta, definitivamente.\u2014Amalia\u2014 susurra, y luego nada m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><i>4 de marzo de 2003<\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El portazo suena como un disparo. Con expresi\u00f3n vac\u00eda y ojos aguados, Julia se queda mirando la hoja de madera contrachapada estremecida por el golpe, durante largos segundos. Luego se levanta, y con mano todav\u00eda m\u00e1s temblorosa que la puerta, da vuelta a la llave y pasa los dos pestillos.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1605,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[2998,4462,3729],"genre":[2012],"pretext":[2040,2037],"section":[2359],"translator":[2494],"lal_author":[3670],"class_list":["post-1607","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-cuba-es","tag-numero-3","tag-short-fiction-es","genre-fiction-es","pretext-ficcion-es","pretext-fiction-es","section-dossier-yoss-es","translator-adrian-demopulos-es-2","lal_author-yoss-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1607","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1607"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1607\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32225,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1607\/revisions\/32225"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1605"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1607"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1607"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1607"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=1607"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=1607"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=1607"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=1607"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=1607"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}