{"id":1603,"date":"2017-07-31T18:31:58","date_gmt":"2017-08-01T00:31:58","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/07\/static-yoss\/"},"modified":"2023-06-07T08:34:29","modified_gmt":"2023-06-07T14:34:29","slug":"static-yoss","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/07\/static-yoss\/","title":{"rendered":"&#8220;Est\u00e1tica&#8221; de Yoss"},"content":{"rendered":"<div><iframe src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/JPob0TLqtzQ?ecver=1\" width=\"560\" height=\"315\" frameborder=\"0\" allowfullscreen=\"allowfullscreen\"><\/iframe><\/div>\n<div class=\"caption\">Edici\u00f3n de video: Carolina Rueda.<\/div>\n<p style=\"text-align: right;\">\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 205.5px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>\np.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>\np.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>\np.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>\nspan.s1 {font-kerning: none}<br \/>\nspan.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/>\n<\/style>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><i>Para Yoyi, por razones que no se dicen y ella sabe.\u00a0<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><i>Para Virgen, supersuegra. Perd\u00f3n por tomar prestada y adulterar la imagen de tu casa, que fue la m\u00eda por 4 a\u00f1os.<\/i><\/p>\n<p>Enero. El sol de las 2:34 pm entra casi sin trabas por la ventana trasera, apenas sostenida por una torpe obra de carpinter\u00eda. Los grandes clavos oxidados rajaron la madera. Solo un nailon impide que la lluvia penetre a sus anchas.<\/p>\n<p>Debajo, en un librero improvisado con tablas y ladrillos, se pudren tomos que nadie lee hace d\u00e9cadas. Verne. Salgari. Sabatini. Dumas. Louise Mc Alcott. <b>El Tesoro de La Juventud<\/b>.<\/p>\n<p>Percheros con ropa se mecen al viento como aves de rapi\u00f1a jubiladas. Abrigos de piel para la nieve, un uniforme de la Alfabetizaci\u00f3n, un traje azul de <b>El Corte Ingl\u00e9s<\/b> de los a\u00f1os 50. El olor a naftalina les estropea a las polillas el fest\u00edn. Cuarto trastero. Un aire acondicionado ruso que conoci\u00f3 mejores tiempos, desarmado. Una antediluviana bicicleta, del mismo origen, tambi\u00e9n en piezas. Tuber\u00eda de 2 pulgadas, acero-n\u00edquel, varios metros. Un ventilador casero, con paletas cortadas de una plancha de duraluminio. Ladrillos. Bloques de siforex. Rodapi\u00e9s de granito. Una m\u00e1quina de escribir sobre la que parece haber desfilado un regimiento de tanques.<\/p>\n<p>Entre tubos de luz fr\u00eda polvorientos, un retrato enmarcado. Foto de familia: Hombre alto de nariz chata y pelo alisado con brillantina, traje azul, cara de asombro. Mujer en mono de mec\u00e1nico, pa\u00f1uelo anudado sobre el pelo rubio, nariz aguile\u00f1a. Sonr\u00ede divertida: finge amenazar al hombre con un martillo, pero lo abraza. Ni\u00f1a de 7 a\u00f1os, abstra\u00edda en libro de figuritas. Mezcla del hombre y la mujer: pelo rizado y nariz fina.<\/p>\n<p>Frente al antiguo cuarto de criados degradado a trastero, un ba\u00f1o peque\u00f1o, sin ba\u00f1era ni bidet. Humedad y polvo en los azulejos. Ni toallas ni jabones. Una cuchilla de afeitar mugrienta, olvidada. En la pared, inscripciones a l\u00e1piz: Fulanito y Menganita. Esperanceja de Zutano. <b>Iron Maiden<\/b>. <b>Scorpions <\/b>en 26. Un preservativo arrugado tras la taza del inodoro rajado, sin tapa. Un vaso pl\u00e1stico con tres cucarachas flotando en restos de ron. Cabos de cigarros, muchos.<\/p>\n<p>El pasillo. Voladizo sobre el largo caj\u00f3n de aire interior del edificio. Baranda de hierro con \u00f3xido de d\u00e9cadas. Tendederas de alambre y capr\u00f3n, pasillo fumanbulesco para los gorriones. Los p\u00e1jaros anidan alto, desmoronando tenaces la piel de la pared para desnudar su osamenta de ladrillo rojo.<\/p>\n<p>Otro cuarto. La cama, matrimonial. El lado derecho est\u00e1 hundido: el izquierdo, apenas.<\/p>\n<p>La c\u00f3moda: joyero con baratijas, cosm\u00e9ticos, perfumes (casi todos los frascos rellenados). Espejo con fotos pegadas.<\/p>\n<p>Mujer rubia de nariz fina con birrete de reci\u00e9n graduada. Hombre de nariz chata y cabellos con brillantina en un grueso abrigo: Mosc\u00fa, Plaza Roja. La catedral de San Basilio detr\u00e1s, inconfundible.<\/p>\n<p>El hombre, entre muchos, en una gran sala de conferencias. Delante, en la tribuna, el Che pronuncia un discurso.<\/p>\n<p>La mujer y el hombre: \u00e9l con el traje azul, ella vestida de merengue nupcial. Los encajes no logran disimular del todo su abultado vientre. La pareja sonr\u00ede como si ser felices fuera obligatorio.<\/p>\n<p>El hombre, m\u00e1s viejo; canoso, ya renunci\u00f3 a la brillantina. Sonrisa inmensa, smoking. Delante una ruleta, inm\u00f3vil para siempre. Detr\u00e1s, en ne\u00f3n: Hotel-Casino <b>Excalibur<\/b>. Las Vegas.<\/p>\n<p>Un librero de metal. Teor\u00eda cinematogr\u00e1fica. Revistas <b>Le Cahiers du Cinema<\/b>. Mart\u00ed. Marx. Poes\u00eda latinoamericana.<\/p>\n<p>En las paredes (empieza a descascararse la pintura):<\/p>\n<p>Tit\u00f3n joven, filmando <b>Memorias del Subdesarrollo<\/b>.<\/p>\n<p>Papel mach\u00e9 cagado de moscas: bast\u00f3n, zapatones y bomb\u00edn de Charlot, recuerdo de un Encuentro Nacional de Cineclubs.<\/p>\n<p>Foto coloreada a mano en estudio: muchacha de nariz fina y rizos disimulados por complej\u00edsimo peinado. Tacones. Miri\u00f1aque. Pamela y sombrilla de encajes. Detr\u00e1s, un coraz\u00f3n de cemento con un 15 en rojo. Ella, seria, resignada al kitsch.<\/p>\n<p>En otra foto, muy distinta: Jean como segunda piel. Boticas Robin Hood. Senos insinu\u00e1ndose bajo T-shirt negro con las m\u00e1scaras de <b>KISS<\/b>. Rizos hasta los hombros, libres. El hombre de nariz chata y pelo con brillantina la carga en sus rodillas. Cuesta reconocerlo; alguien muy travieso le pint\u00f3 la cara de blanco, con una estrella negra cubri\u00e9ndole un ojo: Paul Stanley, la Puta Diab\u00f3lica. Se nota que no le gusta.<\/p>\n<p>El cuarto es gris. Todo est\u00e1 como cubierto por una invisible capa de polvo. De ese que se acumula en los espacios donde no vive nadie. Aunque los limpien a menudo.<\/p>\n<p>El ba\u00f1o intercalado. Grande, con bidet y ba\u00f1era. Sobre el viejo lavabo, champ\u00fa, desodorantes, varias cuchillas de afeitar. La \u00fanica ventana da al pasillo. No tiene vidrio, sino una plancha de cart\u00f3n-tabla mal clavada. Arriba (casa vieja, unos cinco metros de puntal) un tanque de agua de 55 galones, met\u00e1lico. Reposa sobre dos tramos paralelos de tuber\u00eda de acero-n\u00edquel de 2 pulgadas, con rozaduras. Como si alguien se colgara de ella a menudo, en ruda gimnasia.<\/p>\n<p>En el peque\u00f1o espacio frente al ba\u00f1o, contra la pared, el eje de una zorra de ferrocarril con sus ruedas. Barra de pesas improvisada. Y dos mancuernas caseras, brillantes por el uso.<\/p>\n<p>El \u00faltimo cuarto. Calaveras caninas y de carnero, pintadas de rojo, colgando de cadenas como macabros m\u00f3viles. Posters de hard rock, heavy (sobre todo <b>KISS<\/b>), trash, black y doom metal aspiran a enmascarar la pintura deteriorada. <b>Harley-Davidsons<\/b> derramando sus cromados. H\u00e9roes del c\u00f3mic: Judge Dredd, Lobo, Slaine. Recortes de revistas de ballet. Un afiche de Barbra Streisand. Uno de Woody Allen. Otro de la comedia musical <b>Romance de un pirata<\/b>. Y muchas fotos.<\/p>\n<p>La muchacha con otras muchachas. Abrazada a algunos muchachos (predominan los de pelo largo). La muchacha, la mujer y el hombre. Much\u00edsimas de la muchacha con el hombre. Dos o tres del hombre solo, el pelo rizado ya sin brillantina, canoso, recostado a grandes autos, ante grandes casas.<\/p>\n<p>Bajo el cristal hendido de una comodita, m\u00e1s fotos. De la muchacha con un muchacho. Melenudo, rubio, fornido. Picado por el acn\u00e9, hosco. Ojos verdes con el atractivo del abismo. En otras est\u00e1 solo \u00e9l. Sin camisa, con el pelo en un mo\u00f1o, ejercitando sus m\u00fasculos con el eje de ferrocarril. Arreglando la ventana del ba\u00f1o, martillo en alto, los clavos en la boca. Con un bajo en las manos, en un peque\u00f1o p\u00f3ster en blanco y negro, junto a otros cuatro melenudos. Una inscripci\u00f3n: <b>CASTRARSIS en concierto-Patio de Mar\u00eda-s\u00e1bado 16 de octubre, 8:30 pm<\/b>.<\/p>\n<p>A la izquierda de la peque\u00f1a c\u00f3moda, una \u00fanica mesita de noche. Tiene un c\u00edrculo de polvo muy marcado.<\/p>\n<p>En la pared, al frente, el espejo: rajadura casi de arriba a abajo, oblicua, violenta. Debajo, una lamparita destrozada. La base fue redonda.<\/p>\n<p>El equipo de audio, en una esquina, hu\u00e9rfano de cassettes. Yacen dispersos por el suelo, como liliputienses barridos por el manotazo de un gigante.<\/p>\n<p>El escaparate, rodeado por un cerco de botas y tenis de hombre y de mujer, todos muy usados. La puerta, desventrada de un puntapi\u00e9, cuelga de sus goznes semiarrancados.<\/p>\n<p>Un librerito. Fantas\u00eda, terror, polic\u00edaco. Un par de tomos encuadernados en piel con extra\u00f1os s\u00edmbolos en sus lomos. Todo por los suelos.<\/p>\n<p>Un bur\u00f3. Antes casi debi\u00f3 desaparecer bajo semanas de ropa sucia amontonada. Ahora est\u00e1 limpio, su carga dispersa por el piso de la habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La cama: tres cuartos, colch\u00f3n abollado, apoyada a la pared. A su cabecera, en el \u00fanico trozo sin afiches que supera el medio metro cuadrado de extensi\u00f3n, trazos en \u00f3leo rojo. Pent\u00e1culos dentro de c\u00edrculos. Las zephyrat hebreas. El tetragranmmaton. El abracadabra. Un tosco macho cabr\u00edo del Sabbath (seg\u00fan Eliphas Levi). En caligraf\u00eda peque\u00f1a: <i>Soy humano porque t\u00fa est\u00e1s. Por eso te amo como nadie am\u00f3 antes ni amar\u00e1 despu\u00e9s. Porque la magia de tu presencia es lo \u00fanico que mantiene ah\u00edta y dormida a mi bestia. Tu ausencia la sacar\u00eda a flote, furiosa y lacerada&#8230; y ni las mismas bestias saben cu\u00e1nto da\u00f1o pueden hacer cuando se sienten heridas<\/i>.<\/p>\n<p>Entre las almohadas, un osito de peluche, sucio de a\u00f1os. La sobrecama es un bulto a los pies del lecho. Enredada en sus pliegues, una caja de zapatos, a\u00fan con el papel de la tienda. Solo uno de los zapatos est\u00e1 dentro. Rojo, de tac\u00f3n alto. Caro. Y adem\u00e1s, una foto y varios papeles, hechos pedazos.<\/p>\n<p>La foto rota es de la muchacha con otro muchacho, tomados de la mano, en algo que parece el lobby de un hotel, sonriendo, a la vez felices y furtivos. Este muchacho tambi\u00e9n usa el pelo largo, gafas, es gordo y algo mayor que la muchacha. La cartulina cromada tiene el brillo de lo reciente. Uno de los papeles rotos tiene sellos oficiales, el de Cuba y el de un pa\u00eds europeo. Otro es como un peque\u00f1o librito con el distintivo rojigualda de Iberia. El tercero parece una carta. El papel en que fue escrita tiene el membrete del Hotel-Casino <b>Excalibur<\/b>.<\/p>\n<p>Hay otra foto intacta: el hombre de nariz ancha y pelo rizado ya canoso, abraza al muchacho melenudo, gordo y con gafas. Tiene fecha de hace una semana, y un n\u00famero anotado. \u00a0\u00a0 \u00a0El comedor. Austero: mesa con cuatro sillas, aparador ornamentado con botellas de bebidas finas rellenas de agua coloreada (hay 7 y debieron ser 10). Mesita diminuta para el tel\u00e9fono.<\/p>\n<p>En la mesa, una mochila y el estuche del bajo. Cerrado.\u00a0 En la pared, tres manchas de color chorrean hasta el suelo.<\/p>\n<p>En el suelo, escarcha de vidrios rotos. Portarretratos y cara de mujer rubia de nariz aguile\u00f1a, hechos a\u00f1icos. El otro zapato de tac\u00f3n, rojo y caro, pisoteado. Dos de las sillas, cuadr\u00fapedos volteados. Un cr\u00e1neo humano, goterones de cera maculando el hueso, fragmentado como por una explosi\u00f3n, la cadena de la que pendi\u00f3 retorcida como intestino de acero. El tel\u00e9fono, cangrejo muerto, amputado de su cable. En el centro del disco hay un n\u00famero. El mismo anotado en la foto intacta dentro de la caja de zapatos.<\/p>\n<p>En el pati\u00f1ero de colores, huellas de botas y piez descalzos que giran en torno a la mesa. Hacia la cocina.<\/p>\n<p>La cocina, peque\u00f1a. Refrigerador <b>Westinghouse <\/b>volcado contra la esquina, chorreando agua por la puerta entreabierta. Una caja de madera: rota, su contenido disperso. Herramientas de carpinter\u00eda: serrucho, barrena, cepillo. Sin martillo. Platos rotos, ligados con los cubiertos del escurridor ca\u00eddo. Un bloque de madera portacuchillos casi en el borde de la meseta de formica. Hay hendiduras para seis cuchillos. Pero solo cinco hojas. Falta la m\u00e1s grande.<\/p>\n<p>La sala, cl\u00e1sica: sof\u00e1 y dos butacones con la tapicer\u00eda ra\u00edda. Paredes desnudas, un par de mesitas, paisajes kitsch.<\/p>\n<p>En uno de los butacones hay dos cortes estrechos atravesando el vinil. En la pared, junto a la puerta cerrada (pero una llave con llavero de calavera cuelga de la cerradura), un desconchado reciente, como por el impacto de un objeto pesado.<\/p>\n<p>Una mesita en el centro, patas arriba. El florero ca\u00eddo de costado a\u00fan se balancea lento, volcando la arena. Las rosas pl\u00e1sticas, dispersas por el suelo.<\/p>\n<p>Un peque\u00f1o televisor <b>Daewoo <\/b>en una mesita de tres patas. No est\u00e1 conectado. La caja que lo contuvo est\u00e1 abierta sobre un a\u00f1ejo <b>Caribe<\/b>, puesto cuidadosamente en el suelo, al otro lado de la puerta del balc\u00f3n.<\/p>\n<p>En el marco de la puerta, a la altura de los ojos, la carne de la madera color crema asoma bajo la piel de la pintura parda. La astilla arrancada, larga, n\u00edtida, se encorva en el suelo como u\u00f1a monstruosa. En una de las hojas de la puerta hay tres persianas reci\u00e9n rotas.<\/p>\n<p>En el suelo, unos gruesos goterones rojos empiezan a coagularse. Diez cent\u00edmetros m\u00e1s all\u00e1 est\u00e1 el sexto cuchillo. Brillando como un pez fuera del agua, impoluto.<\/p>\n<p>No hay m\u00e1s sangre en el suelo (que necesitar\u00eda una barrida) del balconcito. S\u00ed pedazos de revoque, polvo de ladrillos h\u00famedos, yeso vencido. Escasos; la mayor\u00eda cay\u00f3 hacia afuera.<\/p>\n<p>Por la brecha en forma de V, casi en el centro de la baranda, se ve la calle San L\u00e1zaro, tres pisos m\u00e1s abajo.<\/p>\n<p>Rodeado de escombros, en el asfalto, bocarriba, el cerebro confundido con los cabellos rubios en ex\u00f3tica flor rojiamarilla, est\u00e1 \u00e9l. Otra gran herida en la frente. Su expresi\u00f3n entre rabiosa, frustrada y asombrada.<\/p>\n<p>Cinco metros m\u00e1s arriba, con la pierna izquierda atrapada y retorcida en \u00e1ngulo anat\u00f3micamente imposible entre las dos ramas que detuvieron su descenso (El \u00e1rbol; roble cubano, <b>Tabeiuya Pentaphyla<\/b>), colgando, est\u00e1 ella. Inconsciente, sangrando por la nariz y por la boca, pero viva. Con los dedos engarrotados de ambas manos a\u00fan aferra el martillo, pringoso de rojo.<\/p>\n<p>Los ecos del doble grito ya empiezan a apagarse. A cuadras de distancia, una mujer madura de nariz aguile\u00f1a y cabellos canosos que fueron rubios levanta la cabeza de repente, con inefable presentimiento.<\/p>\n<p>Los curiosos de rigor empiezan a llegar y aglomerarse entre comentarios y suposiciones, sin saber todav\u00eda qu\u00e9 ocurri\u00f3.<\/p>\n<p>Un <b>Tico <\/b>rojo de <b>Havanautos <\/b>ha frenado en la esquina. El chofer, un muchacho de pelo largo, gordo y con gafas, se est\u00e1 bajando. Lleva un malet\u00edn en bandolera y un ramo de rosas en la mano. Tiene la boca abierta, parpadea.<\/p>\n<p>Dos boinas negras de la Brigada Especial cruzan la calle. Uno habla por su walkie-talkie.<\/p>\n<p>Son las 2:34 pm de un d\u00eda de enero, y a\u00fan es pronto para que la sirena que se escucha a lo lejos sea la del patrullero, o siquiera la de la ambulancia.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>19 de enero de 1999<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Enero. El sol de las 2:34 pm entra casi sin trabas por la ventana trasera, apenas sostenida por una torpe obra de carpinter\u00eda. Los grandes clavos oxidados rajaron la madera. Solo un nailon impide que la lluvia penetre a sus anchas.&nbsp;Debajo, en un librero improvisado con tablas y ladrillos, se pudren tomos que nadie lee hace d\u00e9cadas. Verne. Salgari. Sabatini. Dumas. 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