{"id":1583,"date":"2017-07-27T02:39:24","date_gmt":"2017-07-27T08:39:24","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/07\/eating-macondo-banana-tree-chickenhead-soup-larissa-hernandez\/"},"modified":"2023-06-07T08:36:14","modified_gmt":"2023-06-07T14:36:14","slug":"eating-macondo-banana-tree-chickenhead-soup-larissa-hernandez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/07\/eating-macondo-banana-tree-chickenhead-soup-larissa-hernandez\/","title":{"rendered":"&#8220;Comer en Macondo: del banano al caldo de cabezas de gallo&#8221; de Larissa Hern\u00e1ndez"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 11.0px 'Times New Roman'; color: #424242}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 11.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 11.0px 'Times New Roman'; min-height: 12.0px}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 28.4px; font: 11.0px 'Times New Roman'; min-height: 12.0px}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 28.4px; font: 11.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p6 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 36.0px; font: 11.0px 'Times New Roman'; min-height: 12.0px}<br \/>p.p7 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 36.0px; font: 11.0px 'Times New Roman'; color: #2d2d2d}<br \/>p.p8 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 11.0px 'Times New Roman'; color: #2d2d2d; min-height: 12.0px}<br \/>p.p9 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 11.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.s1 {color: #000000}<br \/><\/style>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para Roland Barthes (1915-1980) la comida es \u201cun sistema de comunicaci\u00f3n, un cuerpo de im\u00e1genes, un protocolo de usos, de situaciones y de conductas\u201d. En otras palabras, los alimentos transmiten informaci\u00f3n, poseen significado.<\/p>\n<p>En <i>Cien a\u00f1os de soledad <\/i>lo que se come y la mesa como \u00e1mbito, refuerzan en la novela la intenci\u00f3n de su autor de contarnos, a trav\u00e9s de simbolizaciones, la historia del Caribe colombiano en medio de la violencia.<\/p>\n<p>A lo largo de la novela, \u00darsula Buend\u00eda es quien determina lo que se come y la manera c\u00f3mo ha de ser presentado y servido el alimento. El progreso y la degradaci\u00f3n del pueblo est\u00e1n \u00edntimamente vinculados con la evoluci\u00f3n y la progresiva decadencia de \u00darsula. Al comienzo ella cultiva un huerto y cr\u00eda animales, lo que garantiza el sustento de la familia. Luego establece su f\u00e1brica de animalitos de caramelo, que les permite obtener ingresos para mejorar progresivamente sus condiciones de vida. La cocina y la mesa se abren a las posibilidades que vienen de fuera. La prosperidad de su casa es a la vez la prosperidad de Macondo.<\/p>\n<p>En la medida en que las circunstancias hacen que \u00darsula pierda poder, se van manifestando los primeros s\u00edntomas de la estrepitosa ca\u00edda que le espera al pueblo. Junto a las referencias a la buena mesa de los Buend\u00eda se va revelando la presencia de platos m\u00e1s sencillos, incluso toscos, que se preparan en las casas de quienes enfrentan la pobreza y cuya situaci\u00f3n se agudiza en la medida en que pueblo sucumbe a los estragos de la guerra.<\/p>\n<p>En el presente texto haremos un recorrido por las diversas posibilidades de las mesas de Macondo a partir de los distintos alimentos y platos que aparecen mencionados en el cambiante mundo de <i>Cien a\u00f1os de Soledad<\/i>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Antes del hielo<\/b><\/p>\n<p>Jos\u00e9 Arcadio Buend\u00eda sale de Riohacha junto a su esposa, huyendo de un fantasma que lo atormenta. Viajan veintis\u00e9is meses a trav\u00e9s de la sierra de Santa Marta en busca de un lugar para iniciar una nueva vida en compa\u00f1\u00eda de varias familias contagiadas del esp\u00edritu aventurero. Como lo hicieran antes los conquistadores espa\u00f1oles, se alimentan en el camino con micos y culebras.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n las guacamayas sacian el hambre durante la posterior expedici\u00f3n que los lleva hasta un gale\u00f3n espa\u00f1ol enclavado a doce kil\u00f3metros del mar. Cuando la suerte los pone frente a un venado, lo matan, lo asan y salan la mitad en forma de tasajo para comerla en los d\u00edas sucesivos. Esta t\u00e9cnica de conservaci\u00f3n de carnes y pescados fue utilizada durante siglos en todo el mundo y perdur\u00f3 hasta que el hielo, declarado por Jos\u00e9 Arcadio Buend\u00eda como \u201cel gran invento de nuestro tiempo\u201d, entra en la cocina.<\/p>\n<p>En 1869, el naturalista franc\u00e9s Charles Saffray tom\u00f3 notas sobre la salas\u00f3n de carnes y pescados y las public\u00f3 en su obra <i>Viaje a Nueva Granada<\/i>.<\/p>\n<blockquote><p>La preparaci\u00f3n culinaria es de las m\u00e1s primitivas: se tritura el tasajo entre dos piedras hasta reducirle a un grueso polvo, que se fr\u00ede en seguida, constituyendo un manjar muy poco delicado, con frecuencia de un olor excesivamente fuerte, pero que llena las dos principales condiciones para el pa\u00eds, cuales son la baratura y la rapidez con que se prepara.<\/p><\/blockquote>\n<p>A\u00fan despu\u00e9s del hielo, esta t\u00e9cnica de preservaci\u00f3n la utilizaban quienes viv\u00edan en poblaciones donde se criaban y beneficiaban animales, por lo que \u00e9sta perdur\u00f3 en Colombia hasta las dos primeras d\u00e9cadas del siglo XX. Actualmente se mantiene en el plato santandereano conocido como carne oreada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Y all\u00ed fundaron la aldea<\/b><\/p>\n<p>\u00darsula pone fin a la aventura iniciada en La Guajira colombiana y decide que deben quedarse en el lugar donde nace su hijo Jos\u00e9 Arcadio. Desde entonces la matriarca se convierte en el motor de su historia y la del pueblo que acaban de fundar: Macondo. En el \u00e1mbito privado, es una mujer en\u00e9rgica que se encarga de la administraci\u00f3n del hogar y la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os. Su capacidad organizativa y su creatividad son admirables. Se ocupa de cultivar pl\u00e1tano, malanga, yuca, \u00f1ame, auyama y berenjena y de cuidar los chivos, cerdos y gallinas que conviven en el corral. Gracias a su laboriosidad, el patio de la casa es el medio de sustento de la familia en esos primeros a\u00f1os. La alimentaci\u00f3n deja de ser de subsistencia y se convierte en cocina de permanencia.<\/p>\n<p>Macondo era todav\u00eda una peque\u00f1a aldea cuando Jos\u00e9 Arcadio Buend\u00eda se obsesiona por encontrar la piedra filosofal. Con la ayuda de un laboratorio rudimentario, trata de transformar en oro algunos metales innobles pero fracasa en sus intentos.<\/p>\n<p>Alquimistas como Artephius, en el siglo II, y el Conde de Saint-Germain, en el siglo XVII, aseguraron haber encontrado el remedio para vivir cientos de a\u00f1os gracias al <i>aurum potabile. <\/i>Este brebaje de vino y polvo rojo de la piedra de los sabios era considerado como panacea universal y elixir de la vida. \u00bfNo ser\u00eda esa sustancia el secreto de la misteriosa longevidad de Melqu\u00edades?<\/p>\n<p>Esa b\u00fasqueda de la esencia para alcanzar la purificaci\u00f3n se emprendi\u00f3 tambi\u00e9n en las cocinas de las grandes cortes europeas. Los cocineros de entonces se dieron a la tarea de extraer y concentrar el olor y el sabor de los alimentos creando una t\u00e9cnica que \u201cen cierta manera los perfecciona, los depura y los espiritualiza\u201d. El cocinero suizo Joseph Favre (1849-1903) nos revela el secreto: \u201cuna salsa de una reducci\u00f3n perfecta, de una combinaci\u00f3n racional, de una pureza y de una fineza de sabor irreprochables, es oro l\u00edquido\u201d.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Arcadio nunca desahoga en los fogones sus inquietudes de investigaci\u00f3n, pero \u00darsula s\u00ed encuentra en su cocina el saber que le permite lograr el desarrollo de s\u00ed misma, el bienestar de la familia y el progreso de Macondo.<\/p>\n<p>El cambio en la econom\u00eda de la casa debido al establecimiento de la empresa de animalitos de caramelo forma parte de la transformaci\u00f3n del pueblo de una comunidad agraria a una comercial. Con el arribo de los inmigrantes que vienen siguiendo a \u00darsula del otro lado de la ci\u00e9naga, aparecen las tiendas y talleres de artesan\u00eda, y se establece una ruta de comercio por donde llegan los primeros \u00e1rabes cargados seguramente de canela, cardamomo, paprika, pimientas y otras especias. Finalmente, se cumple el deseo de Jos\u00e9 Arcadio Buend\u00eda, dejan de vivir como los burros y le dan paso a la modernidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>La cocina del bienestar<\/b><\/p>\n<p>Vali\u00e9ndose de su experiencia en el manejo de la econom\u00eda familiar, el mantenimiento de la casa y la alimentaci\u00f3n de la prole, \u00darsula decide imitar a los nuevos comerciantes de Macondo y crea su f\u00e1brica de gallitos y peces azucarados. Al mismo tiempo, su esposo Jos\u00e9 Arcadio ordena el pueblo y Aureliano, el segundo de sus tres hijos, se dedica a la orfebrer\u00eda. Contraria a ellos, \u00darsula es una mujer racional, consciente y ahorrativa. Esto le permitir\u00e1 asegurar la supervivencia de la familia en tiempos menos favorables.<\/p>\n<p>Tan populares son sus animalitos, que a trav\u00e9s de ellos todo el pueblo se contagia de la enfermedad del insomnio. La epidemia es curada por Melqu\u00edades cuando Jos\u00e9 Arcadio Buend\u00eda ha logrado escribir catorce mil fichas para \u201cluchar contra el olvido\u201d.<\/p>\n<p>Rebeca trae el insomnio de La Guajira, junto al h\u00e1bito de comer tierra y cal de las paredes. Desde sus ancestros, varias tribus americanas, entre ellas la de los way\u00fau, practican la geofagia impulsados por la b\u00fasqueda de minerales menores. La lucha de \u00darsula contra esta costumbre de la hu\u00e9rfana que queda a su cargo resulta un proceso de aculturaci\u00f3n alimentaria, igual al emprendido por los conquistadores ante todos los alimentos que rechazaron por extra\u00f1os.<\/p>\n<p>A\u00f1os m\u00e1s tarde, mientras su marido intenta fotografiar a Dios con el daguerrotipo de Melqu\u00edades, \u00darsula ampl\u00eda su negocio con nuevos productos. La prosperidad de la casa es a su vez la prosperidad de Macondo. El pueblo crece a medida que se acelera su econom\u00eda y la gastronom\u00eda de la zona se enriquece con la variedad de panes y postres.<\/p>\n<p>Amaranta y Rebeca ya est\u00e1n en edad de matrimonio y para mantenerlas bajo su techo es necesario agrandar la casa. \u00darsula aprovecha los trabajos de remodelaci\u00f3n y ensancha la cocina con el fin de construir dos hornos y duplicar el tama\u00f1o del granero para que nunca falte la comida.<\/p>\n<p>La bonanza de \u00darsula se reflejar\u00e1 tambi\u00e9n en el comedor. Junto con la pianola que animar\u00e1 la fiesta inaugural de la nueva casa, llega la cristaler\u00eda de Bohemia, la vajilla de la Compa\u00f1\u00eda de las Indias y los manteles de Holanda, que ineludiblemente formar\u00e1n parte del servicio.<\/p>\n<p>La mesa es el espacio para compartir, el lugar del encuentro y la fraternidad. Alrededor de ella se construyen continuamente las relaciones internas y externas que sostienen a la familia.<\/p>\n<p>La austeridad y moderaci\u00f3n que hasta entonces caracteriza el consumo alimenticio de los Buend\u00eda, se altera con el regreso de su hijo Jos\u00e9 Arcadio de sus 65 viajes alrededor del mundo. Ten\u00eda un apetito voraz y se tomaba 16 huevos crudos en el desayuno, com\u00eda medio lech\u00f3n en el almuerzo y hab\u00eda sobrevivido a un naufragio gracias al \u201ccuerpo de un compa\u00f1ero que sucumbi\u00f3 a la insolaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Tras la llegada de Jos\u00e9 Arcadio comienza la guerra civil y su hermano Aureliano, l\u00edder de la revoluci\u00f3n liberal, se ausenta por veinte a\u00f1os. En estos tiempos de desasosiego para \u00darsula, la leche aparece como s\u00edmbolo de la maternidad y el v\u00ednculo afectivo que crea la lactancia.<\/p>\n<p>Con la recuperaci\u00f3n an\u00edmica del coronel Aureliano Buend\u00eda despu\u00e9s de su decepci\u00f3n por haber firmado el acuerdo de paz entre conservadores y liberales, se da una nueva renovaci\u00f3n de la casa. Los primeros convidados a comer son los soldados enviados por el gobierno como consecuencia de la amenaza de guerra a muerte proclamada por el coronel ante la violaci\u00f3n del tratado de Neerlandia. Esta invitaci\u00f3n del ej\u00e9rcito a su mesa es una muestra de que la paz ser\u00e1 respetada.<\/p>\n<p>Pronto se inician las grandes bacanales de Aureliano Segundo, convertido en uno de los hombres m\u00e1s ricos de la ci\u00e9naga. \u00darsula, ya centenaria y casi ciega, recomienda a su bisnieto el ahorro para los tiempos de infortunio. Pero \u00e9l es un hombre de excesos y la champa\u00f1a no parar\u00e1 de correr en la casa de los Buend\u00eda y en la de su amante Petra Cot\u00e9s.<\/p>\n<p>Opuesta a la vulgaridad y libertinaje de su marido, Fernanda del Carpio obliga a seguir en la mesa las estiradas normas que hab\u00eda aprendido de sus padres y de las monjas que la educaron.<\/p>\n<p>La imposici\u00f3n estricta de la etiqueta y la urbanidad marc\u00f3 la p\u00e9rdida del control total de la casa por parte de \u00darsula. Este mando asumido por Fernanda de manera implacable es llevado al extremo cuando ordena acabar con la f\u00e1brica de los animalitos de caramelo. La arbitraria medida malogra para siempre la prosperidad de los Buend\u00eda.<\/p>\n<p>\u00darsula acepta la nueva forma de vida con la calma y la paciencia que desarroll\u00f3 en los fogones. Porque en la cocina de le\u00f1a, lejos del gas y la electricidad, \u201cel tiempo era el del fuego y el del agua\u201d. Entonces una nueva industria asociada a la cocina surge entre los miembros de la familia: la f\u00e1brica de hielo de Aureliano Triste, uno de los 17 Aurelianos hijos del coronel Aureliano Buend\u00eda en sus tiempos de correr\u00edas revolucionarias. La producci\u00f3n del negocio aumenta r\u00e1pidamente y se necesita un medio de transporte que permita distribuir m\u00e1s all\u00e1 de la ci\u00e9naga el hielo y los helados. Mientras su abuela careci\u00f3 de una visi\u00f3n mercantilista, \u00e9l invierte en una empresa que permitir\u00eda al progreso y la modernidad caminar por Macondo tomados de la mano.<\/p>\n<p>El tren amarillo de Aureliano Triste trae al norteamericano Mr. Herbert, cuyo descubrimiento del banano en casa de los Buend\u00eda signific\u00f3 la instalaci\u00f3n de la compa\u00f1\u00eda bananera. Esta intervenci\u00f3n norteamericana transform\u00f3 negativamente a Macondo y al pa\u00eds entero. La econom\u00eda es de nuevo colonial, monoproductora, monoexportadora y dependiente de una potencia extranjera.<\/p>\n<p>Con la fiebre del banano llegan agr\u00f3nomos y dem\u00e1s especialistas, seguidos por una avalancha de gringos y forasteros. Estos nuevos colonizadores perturban tanto la cotidianidad, que \u201clos antiguos habitantes de Macondo se levantaban temprano a conocer su propio pueblo\u201d. Buscando favorecer las cosechas, afectan el medio ambiente: &#8220;modificaron el r\u00e9gimen de lluvias, apresuraron el ciclo de las cosechas, y quitaron el r\u00edo de donde estuvo siempre y lo pusieron con sus piedras blancas y sus corrientes heladas en el otro extremo de la poblaci\u00f3n\u201d. Igualmente, altera la rutina en la casa de los Buend\u00eda, pues los hu\u00e9spedes desconocidos desbordan la capacidad de los dormitorios, de la mesa, la vajilla y del personal de servicio.<\/p>\n<p>El deseo sexual incontrolable que sent\u00eda desde joven Aureliano Segundo por Petra Cot\u00e9s, se ve acompa\u00f1ado en su edad adulta por el deseo de comer en exceso. \u00darsula prev\u00e9 que su casa terminar\u00e1 convertida en un antro de perdici\u00f3n, cuando la fama de su voracidad se extendi\u00f3 por el litoral y propici\u00f3 que los mejores glotones de la zona lo retaran a duelos \u00e9picos y grotescos.<\/p>\n<p>Este presagio de una tragedia se hace realidad el d\u00eda que la huelga de los trabajadores de la compa\u00f1\u00eda bananera, con Jos\u00e9 Arcadio Segundo al frente, termina en una matanza. A partir de este hecho, los Buend\u00eda entran en el ocaso y Macondo se convertir\u00e1 en un hurac\u00e1n de polvo.<\/p>\n<p>Aunque la verdad oficial dec\u00eda que nada pas\u00f3, Jos\u00e9 Arcadio Segundo aseguraba que el ej\u00e9rcito ametrall\u00f3 a m\u00e1s de tres mil trabajadores, pues \u00e9l hab\u00eda despertado herido en uno de los doscientos vagones cargados de cad\u00e1veres para lanzarlos al mar. El tren de la felicidad termina siendo un tren de muerte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Que hagan carne y pescado\u00a0<\/b><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de ese episodio funesto, \u201cllovi\u00f3 cuatro a\u00f1os, once meses y dos d\u00edas\u201d. Las plantaciones fueron arrasadas por los ataques de los huracanes y la compa\u00f1\u00eda bananera desmantel\u00f3 sus instalaciones. La comida comenz\u00f3 a escasear y el antes gordo, viol\u00e1ceo y atortugado Aureliano Segundo se adelgaz\u00f3 notablemente y perdi\u00f3 su energ\u00eda libidinal. Abandonada a su suerte, Petra Cot\u00e9s intenta salvar sin \u00e9xito a los animales que se van ahogando lentamente en el barro de los corrales y potreros.<\/p>\n<p>Fernanda levanta la mesa sobre ladrillos y mantiene los manteles de lino, la vajilla china y los candelabros de plata, porque los malos tiempos no son una excusa para la relajaci\u00f3n de costumbres. Pero la situaci\u00f3n se vuelve cada vez m\u00e1s grave y la apat\u00eda de su marido rompe los diques de su paciencia. Durante d\u00edas vomita palabras hirientes para desahogar su amargura. Aureliano Segundo contesta al ataque haciendo polvo los platos y todo cuanto era rompible.<\/p>\n<p>Al verse sola y en la ruina, Petra Cot\u00e9s jura recuperar la fortuna perdida. Tan decidida est\u00e1 que, con el fin de rifarla, alimenta a una esquel\u00e9tica mula con la lencer\u00eda fina de su cama episcopal. En el Macondo del hambre no hay ya lujos ni excesos.<\/p>\n<p>La delicada loza de Fernanda es sustituida por una ordinaria vajilla de cer\u00e1mica y los cubiertos de plata por unos sencillos de alpaca. Incapacitada para hacer los milagros del pasado con sus animalitos de caramelo, \u00darsula propone que desde la cocina se exorcice la miseria: \u201cQue hagan carne y pescado, que compren las tortugas m\u00e1s grandes, que vengan los forasteros a tender sus petates en los rincones y a orinarse en los rosales, que se sienten a la mesa a comer cuantas veces quieran, y que eructen y despotriquen y lo embarren todo con sus botas, y que hagan con nosotros lo que les d\u00e9 la gana, porque esa es la \u00fanica manera de espantar la ruina\u201d.<\/p>\n<p>Con las rifas de los animales, Aureliano Segundo y Petra Cot\u00e9s si acaso pueden ayudar a que la familia, para ellos prioritaria, no muera de hambre. En la desgracia comprenden que la pobreza es una servidumbre del amor.<\/p>\n<p>\u00darsula pierde la vista y tambi\u00e9n la lucidez. Habla incoherencias y apenas la alimentan con cucharaditas de agua de az\u00facar. Desaparece l\u00e1nguidamente por la desnutrici\u00f3n.<\/p>\n<p>Un opresivo dolor en su garganta le hace saber a Aureliano Segundo que pronto tambi\u00e9n morir\u00e1. Ante la inminente fatalidad, que se llevar\u00e1 adem\u00e1s a su hermano Jos\u00e9 Arcadio, rifa sus tierras destruidas por el diluvio y cumple la promesa de enviar a su hija menor, Amaranta \u00darsula, a estudiar a Bruselas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del desatinado entierro, Petra Cot\u00e9s env\u00eda semanalmente a Fernanda una cesta de v\u00edveres que la viuda cree recibir por el pago de una antigua deuda. Santa Sof\u00eda de la Piedad se encarga de cocinar para su nuera y su bisnieto Aureliano Babilonia hasta el d\u00eda que se rinde ante la ruina de la casa y el ataque de las hormigas coloradas. Tras su azarosa partida, Aureliano Babilonia es el nuevo cocinero.<\/p>\n<p>Fernanda del Carpio no sabe prender los fogones, ni preparar siquiera el caf\u00e9, motivo por el cual Aureliano Babilonia se ve forzado a salir del cautiverio al que, por ser un hijo bastardo, ha estado condenado desde siempre. Durante el d\u00eda, s\u00f3lo deja el acucioso estudio de los pergaminos de Melqu\u00edades cuando debe preparar los desayunos, almuerzos y cenas que Fernanda come en la cabecera de una mesa solitaria junto a quince sillas vac\u00edas. Cada uno, en la soledad, sigue con sus rutinas, hasta esa ma\u00f1ana en que Aureliano Babilonia consigue en el fog\u00f3n la comida que le hab\u00eda dejado a Fernanda el d\u00eda anterior. La muerte la hab\u00eda sorprendido en su cama, tapada con la envejecida capa de armi\u00f1o de su traje de reina, que en sus \u00faltimos a\u00f1os hab\u00eda usado muchas veces como una m\u00e1quina de recuerdos.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Arcadio, el hijo de Aureliano Segundo y Fernanda que hab\u00eda sido educado por \u00darsula para ser Papa, regresa de Roma a enterrar a su madre y descubre que ambos se han estado enga\u00f1ando. Ni \u00e9l hab\u00eda seguido la educaci\u00f3n religiosa ni ella era la portadora de una formidable herencia. Huy\u00e9ndole al hambre se ve forzado a vender los candelabros de plata y la her\u00e1ldica bacinilla de oro.<\/p>\n<p>Pero la Divina Providencia \u201cllega una vez cada cien a\u00f1os\u201d, como pregonaba su padre cuando vend\u00eda sus rifas, y gracias a cuatro de los muchos ni\u00f1os pervertidos que lo visitan, Jos\u00e9 Arcadio descubre los tres sacos de lona que conten\u00edan el tesoro que alguna vez estuvo dentro de un San Jos\u00e9 de yeso tama\u00f1o natural que hab\u00edan dejado en la casa a finales de la guerra. \u00darsula hab\u00eda protegido el oro de las excentricidades de Aureliano Segundo, para mantener alejada de la casa la depravaci\u00f3n, y ahora est\u00e1 en manos de Jos\u00e9 Arcadio quien efectivamente har\u00e1 de ella un lugar disoluto.<\/p>\n<p>Aborrecido de s\u00ed mismo, Jos\u00e9 Arcadio decide deshacerse de sus c\u00f3mplices y retornar a Roma. Mientras espera el barco que lo lleve lejos, comparte con su sobrino Aureliano Babilonia los exquisitos manjares que a\u00fan quedan en la alacena: el jam\u00f3n, los encurtidos el vino y las frutas azucaradas que saben a primavera. Nunca har\u00e1 el viaje porque los ni\u00f1os en venganza lo ahogan en la misma alberca que acostumbraban a llenar con champa\u00f1a en sus degeneradas fiestas.<\/p>\n<p>Su hermana Amaranta \u00darsula regres\u00f3 de Europa con su marido Gast\u00f3n y en tres meses repar\u00f3 la casa hasta devolverle el esplendor de la \u00e9poca de la pianola y los manteles de Holanda. El belga era un amante de la gastronom\u00eda criolla y, con una glotoner\u00eda comparable a la que trajo Jos\u00e9 Arcadio de sus viajes por el mundo, fue capaz de comerse ochenta y dos huevos de iguana, mientras que el paladar refinado de su esposa solo acepaba los pescados y mariscos, las carnes en latas y las frutas almibaradas que le llegaban en tren. La mesa vuelve a ser un lugar de reuni\u00f3n y Aureliano Babilonia se separaba de sus pergaminos para acompa\u00f1arlos a comer.<\/p>\n<p>El nuevo renacimiento de la casa de los Buend\u00eda contrasta con las solitarias y polvorientas calles de Macondo. Con la curiosidad de un antrop\u00f3logo, Aureliano trata de reconstruir el pasado que ya nadie conoce. Del coronel Aureliano Buend\u00eda se dec\u00eda que el gobierno lo hab\u00eda inventado como \u201cpretexto para matar liberales\u201d y de la compa\u00f1\u00eda bananera que nunca hab\u00eda existido y que la matanza de los trabajadores no era m\u00e1s que una patra\u00f1a. En sus recorridos por el pueblo, llega hasta el antes exc\u00e9ntrico barrio de tolerancia, ahora tornado en ruina y miseria. S\u00f3lo all\u00ed encuentra a un viejo antillano que recuerda a los Buend\u00eda.<\/p>\n<p>Huyendo de la densa y atribulada pasi\u00f3n que siente por Amaranta \u00darsula, Aureliano Babilonia se deja seducir por el caldo de cabezas de gallo de la negra Nigromanta. Pero la nueva experiencia s\u00f3lo atiza y aviva el fuego de su caprichoso amor. Ni la exuberante belleza de la bisnieta del antillano ni la frescura de las ni\u00f1as que en los arrabales se acuestan con \u00e9l por hambre, reemplazan a la mujer por la que llora en las piernas de su tatarabuela Pilar Ternera.<\/p>\n<p>Gast\u00f3n regresa a Bruselas en busca de su aeroplano, y al enterarse de los sentimientos encontrados de su esposa la deja a su suerte. Aureliano Babilonia abandona los pergaminos y se entrega por completo a Amaranta \u00darsula. Ha descubierto el sentido pr\u00e1ctico de la vida a trav\u00e9s de una met\u00e1fora culinaria de su amigo catal\u00e1n: \u201cLa sabidur\u00eda no sirve para nada si no es posible servirse de ella para inventar una manera nueva de preparar los garbanzos\u201d.<\/p>\n<p>A pesar de la zozobra y los crueles ataques de la naturaleza, el amor de Aureliano Babilonia y Amaranta \u00darsula, resiste ardiente, despreocupado y libre. Al quedar embarazada, igual que lo hiciera su tatarabuela, ella trat\u00f3 de establecer una industria que les permitiera salir de la estrechez econ\u00f3mica. S\u00f3lo Mercedes, la silenciosa boticaria, compr\u00f3 una docena de sus de v\u00e9rtebras de pescados. Las hormigas, las polillas y la maleza daban su \u00faltima arremetida, pero los amantes solitarios se defend\u00edan del ocaso.<\/p>\n<p>En la mesa del comedor nacer\u00e1 el \u00fanico Buend\u00eda engendrado con amor. Su madre quiere llamarlo Rodrigo y su padre Aureliano. Pero no ganar\u00e1 treinta y dos guerras como le predijeron, porque la lascivia y el pecado lo hab\u00edan condenado a la monstruosidad y la muerte.<\/p>\n<p>Amaranta \u00darsula muere tras el parto y Aureliano Babilonia sale a buscar el pasado, pero todo ha desaparecido. Sin m\u00e1s compa\u00f1\u00eda que un pobre cantinero, diluye su tristeza en aguardiente mientras escucha los cantos de Rafael Escalona. Esa la madrugada, un caldo de Nigromanta es lo \u00fanico que calma su desolaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De regreso a su casa, el horror le revela la clave para descifrar los pergaminos y poder leer cien a\u00f1os de historia familiar. As\u00ed descubre su propio origen en la rebeld\u00eda de Meme y las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia. Como est\u00e1 escrito, cuando llega al \u00faltimo p\u00e1rrafo, Macondo est\u00e1 siendo ya devastada por el viento.<\/p>\n<p>Para Garc\u00eda M\u00e1rquez, la historia se repite una y otra vez en un pa\u00eds suspendido en un ambiente truculento, plagado de persecuciones, agresiones y asesinatos. Al igual que un asqueado comensal que es obligado comer el mismo plato todos los d\u00edas, desea acabar con la rutinaria violencia, despertar conciencias, superar el descalabro econ\u00f3mico y poner fin al saqueo extranjero de las riquezas naturales. La \u00fanica salida posible que encuentra es destruir todo lo anterior. Un cambio radical y revolucionario en las estructuras del poder. Solo as\u00ed Macondo podr\u00e1 tener \u201cuna segunda oportunidad sobre la tierra\u201d.<\/p>\n<p>Detr\u00e1s de cada uno de los alimentos que se mencionan en <i>Cien a\u00f1os de soledad<\/i> hay una historia. Algunos tienen origen prehisp\u00e1nico, otros fueron tra\u00eddos por los espa\u00f1oles y muchos son producto de los cruces culinarios que resultaron de la mediaci\u00f3n entre las dos culturas y dan cuenta de del mestizaje cultural del Caribe.<\/p>\n<p>A diferencia de las novelas del siglo XIX, la inclusi\u00f3n de estos elementos culinarios dentro de la narraci\u00f3n no pretend\u00eda inscribir se\u00f1ales de diferenciaci\u00f3n y de afirmaci\u00f3n de una identidad local y nacional, ni en este caso, lo que se come, en qu\u00e9 contexto, c\u00f3mo y de qu\u00e9 manera se come, se usa para demostrar la desigualdad social en Colombia. La falta de comparaciones termina por evidenciar que las exigencias de la guerra dejaron a la poblaci\u00f3n en una miseria generalizada. Solo en los momentos de falsa bonanza, debidos a la explotaci\u00f3n del trabajo y los recursos naturales por parte de capital extranjero, se simboliza con las grandes bacanales de Aureliano Segundo. Sin embargo, m\u00e1s all\u00e1 de la champa\u00f1a, no hay manjares complicados y exquisitos de nombres incomprensibles e impronunciables preparados por cocineros franceses, ingleses o italianos. Todo es propio y local. La importaci\u00f3n de productos penetraba lentamente y eran lujos que en la novela no pasan de ser para aquellos que han vivido afuera, caprichos moment\u00e1neos que sucumben ante la crisis econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>El r\u00e9gimen alimentario de la costa dista mucho del r\u00e9gimen del resto del pa\u00eds. Su mazamorra de pl\u00e1tano, su arroz con coco, el pescado frito, sus carima\u00f1olas, la arepa de huevo y el cayeye, podemos suponerlos en las cocinas de Macondo, pero en ninguna de sus novelas, a excepci\u00f3n de la alboron\u00eda en <i>El general en su laberinto<\/i>, incluyen platos tradicionales del Caribe colombiano o del resto del pa\u00eds.<\/p>\n<p>En lugar de documentar la variedad de gastron\u00f3mica, Garc\u00eda M\u00e1rquez enfatiza en su escasez. Carest\u00eda que, en tiempos de guerra, a veces m\u00e1s que una consecuencia es un mecanismo de control de subjetividades.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para Roland Barthes (1915-1980) la comida es \u201cun sistema de comunicaci\u00f3n, un cuerpo de im\u00e1genes, un protocolo de usos, de situaciones y de conductas\u201d. En otras palabras, los alimentos transmiten informaci\u00f3n, poseen significado.<\/p>\n<p>En <i>Cien a\u00f1os de soledad <\/i>lo que se come y la mesa como \u00e1mbito, refuerzan en la novela la intenci\u00f3n de su autor de contarnos, a trav\u00e9s de simbolizaciones, la historia del Caribe colombiano en medio de la violencia.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1580,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[2963,4462],"genre":[2019],"pretext":[],"section":[2344],"translator":[2492],"lal_author":[3355],"class_list":["post-1583","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-colombia-es","tag-numero-3","genre-essay-es","section-essays-es","translator-will-morningstar-es-2","lal_author-larissa-hernandez-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1583","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1583"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1583\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1580"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1583"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1583"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1583"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=1583"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=1583"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=1583"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=1583"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=1583"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}