{"id":1579,"date":"2017-07-25T22:58:15","date_gmt":"2017-07-26T04:58:15","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/07\/it-cant-hurt-try-five-latin-american-essayists-sebastian-diez\/"},"modified":"2024-04-12T07:44:34","modified_gmt":"2024-04-12T13:44:34","slug":"it-cant-hurt-try-five-latin-american-essayists-sebastian-diez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/07\/it-cant-hurt-try-five-latin-american-essayists-sebastian-diez\/","title":{"rendered":"&#8220;Nada se pierde con ensayar: Cinco ensayistas latinoamericanos&#8221; de Sebasti\u00e1n Diez"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Georgia}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Georgia}<br \/><\/style>\n<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p><i>Nada se pierde con vivir, ensaya. <\/i>Puede ser que quienes leyeran a Enrique Lihn (Chile, 1929\u20151988) en su momento, hayan quedado embobados con <i>La pieza oscura <\/i>(1963), ese prodigio de la poes\u00eda confesional, especialmente con sus mon\u00f3logos: esa voz inimitable, acaso la de un supuesto padre susurr\u00e1ndole a su hijo de meses, un padre que a\u00fan no lo era y que ya en ese entonces no dejaba de serlo para algunos de sus lectores. Pese a esto, lo que me conmueve hoy, desde la perspectiva de los a\u00f1os que le han pasado encima a estos versos sin lograr envejecerlos, m\u00e1s que aquella prosodia tan aristocr\u00e1tica como ordinariamente feroz \u2015en palabras de \u00c1lvaro Bisama\u2015, es aquel verbo: \u201censaya\u201d, que ya Montaigne en el siglo XVI transmutara no s\u00f3lo en un g\u00e9nero literario nuevo, sino en un sustantivo. <i>Ensayar es como tener la alacena llena de comida cuando llegan los tiempos de guerra<\/i>, dice precisamente en un ensayo Fabi\u00e1n Casas. Y si quisiera ir m\u00e1s lejos aventurar\u00eda una premisa: el ensayo, como texto supuestamente transitivo, de ejercicio \u201cimpresentable\u201d si se quiere, es precisamente por este motivo una obra ya finiquitada; lo que se escribiera antes o se escriba despu\u00e9s de ella viene por a\u00f1adidura.<\/p>\n<p>El presente texto es de cierta manera una parcelada panor\u00e1mica a los actuales novelistas latinoamericanos que se dedican precisamente a esto: a ensayar, o a lo que tambi\u00e9n denominar\u00e9 indistintamente art\u00edculo, cr\u00f3nica \u00ednfima, o sencillamente texto. Pero es tambi\u00e9n, secretamente, un ensayo; un ensayo tanto sobre el tratamiento del pop en la literatura como de un examen de disecci\u00f3n del estilo ajeno, pero por sobre todo, un ensayo acerca de las formas inh\u00f3spitas que ha ido tomando el mismo aqu\u00ed en Latinoam\u00e9rica. Hablar\u00e9 de la generaci\u00f3n de los que est\u00e1n actualmente publicando. Nada de muertos esta vez. Voy a hacer como que el Boom nunca existi\u00f3, por lo que me ver\u00e9 en la obligaci\u00f3n de analizar a estos cinco autores que seleccion\u00e9 bajo la luz de la intemperie, sin sombras de gigantes dinosaurios. Me aplicar\u00e9 a divagar acerca de cierto escritor contempor\u00e1neo y latinoamericano cuya obra se delinea especialmente en la narrativa, pero que como actividad anexa o <i>hobbie<\/i> se dedica a la labor de articulista o ensayista, menester que, a mi gusto de lector, le sale mucho m\u00e1s fresco y estil\u00edsticamente m\u00e1s convincente.<\/p>\n<p>Mi relaci\u00f3n con el art\u00edculo y la cr\u00f3nica \u2014g\u00e9nero bastardo\u2014 en su momento fue la del lector azorado, salteado a voluntad, como quien leyere el diario de hace cuatro d\u00edas, o lo que haya en el ba\u00f1o, cuando ya no se tiene nada que leer. Pero fue hace no mucho, siendo yo ya un lector omn\u00edvoro y compulsivo, que le\u00ed con verdadera dedicaci\u00f3n, por primera y circunstancial vez, un art\u00edculo. Fue uno de Fabio Mor\u00e1bito. El mexicano nacido en Alejandr\u00eda, por oficio poeta y que se hiciera t\u00edmidamente conocido en el cono sur por alguno que otro volumen de cuentos publicado en su momento por Tusquets, desembarc\u00f3 de una buena vez en estos paisajes, curiosamente, con un volumen que recog\u00eda sus mejores art\u00edculos (o ensayos, como se quiera). En su idioma materno escuch\u00e9, m\u00e1s que una voz, un tiempo. El <i>timing<\/i> justo, por ejemplo, que existe entre estaci\u00f3n y estaci\u00f3n en el metro de cualquier metr\u00f3polis. Hice el ejercicio y le\u00ed cada dos estaciones del metro de Santiago los ensayos de <i>Idioma Materno<\/i> (Hueders\/Sexto piso, 2014), y entend\u00ed todo perfectamente. P\u00e1gina y media es el l\u00edmite, el tama\u00f1o de una cr\u00f3nica, ensayo o art\u00edculo (a esta altura estos tres qu\u00edmicamente fundidos), suficiente para dejar la fotograf\u00eda quieta en la mente.<\/p>\n<p>Hab\u00eda uno en especial que me dej\u00f3 loco, uno sobre el escritor E.L. Doctorow, titulado \u201cEl justificante perfecto\u201d: el norteamericano sufre por redactar \u201cbien\u201d un justificativo para su hijo, de la escuela; su esposa, al verlo complicado, coge el l\u00e1piz y el papel y en unos cuantos trazos insurrectos deja todo finiquitado. Esto para Mor\u00e1bito es la \u00e9tica del escritor: el arte llevado a cabo a partir de una pr\u00e1ctica social com\u00fan, de una costumbre, y el compromiso de utilizarlo de la manera m\u00e1s efectiva posible, pero no por ello menos bella. Se dir\u00e1 que cualquiera puede escribir, al menos quien haya aprendido algo de gram\u00e1tica y tenga cierta pericia para juntar frases. Pero escribir (o espec\u00edficamente, el estilo con que se lo hace), nos recuerda Mor\u00e1bito, tambi\u00e9n puede convertirse en una costumbre elemental sujeta a devoci\u00f3n. Como no lo es, por ejemplo, el pesta\u00f1ear o el caminar (\u00bfser\u00eda concebible \u00abel pesta\u00f1eo m\u00e1s bello\u00bb?) Una costumbre, es decir, susceptible de convertirse en arte. As\u00ed mismo, lo realmente admirable en los cuentos del mexicano es su estilo, ya que la trama por momentos inexistente da de lleno la sensaci\u00f3n de haber desaparecido.<\/p>\n<p>No as\u00ed sus ensayos que adem\u00e1s de ello parecieran descubrir en su totalidad una par\u00e1bola elemental, unos relatos v\u00edvidos, cercanos a la sensaci\u00f3n de epifan\u00eda joyceana. En el caso Doctorow, en el que prima la obstinaci\u00f3n y la obsesi\u00f3n, el mexicano se guarda de nombrarlo a lo largo de todo el texto, por ejemplo, una actitud zen caracterizada por desprenderse del nombre propio para concentrarse en la situaci\u00f3n misma, en la sensaci\u00f3n, en el puro ocurrir \u00a1Ni en un millar de p\u00e1ginas me lo habr\u00edan resumido mejor! Que fuera Doctorow lo deduje luego de leer el cuento en cuesti\u00f3n en sus <i>Cuentos Completos<\/i> (2015) reunidos por Malpaso; de otra forma, ni modo. Es en este paralelismo en el que encuentro lo valioso de su obra anexa, la del articulista\/ensayista. Y a mi gusto su actividad fundamental.<\/p>\n<p>Me pas\u00f3 tambi\u00e9n con el escritor argentino Pedro Mairal, una especie de doble opuesto de Mor\u00e1bito: la estrechez de sus textos, disimulados tambi\u00e9n en p\u00e1gina y media, de su libro de art\u00edculos <i>El Subrayador<\/i> (Laurel, 2014; publicado en 2013 en Argentina por Garrincha Club como<i> El Equilibrio<\/i>), se solventan por s\u00ed mismos; quiero decir, la eficacia del mensaje, muy cercana a la de la gram\u00e1tica oriental, si bien lo acercan al mexicano, mantiene la clara diferencia de que Mairal despotrica, llegando a imprecar al lector, alej\u00e1ndose rotundamente del tono zen del nacido en Alejandr\u00eda. En los art\u00edculos de Mairal los elementos decorativos y melifluos de la clase media son utilizados como material narrativo, parecen an\u00e9cdotas contadas al hilo de reflexiones no siempre literarias, pero que dejan ese h\u00e1lito de conocimiento postrero, del conocimiento que supuestamente s\u00f3lo se encuentra en los libros sesudos. De tema mucho m\u00e1s prosaico, pero con un estilo sencillo y de profundidad, convierte el art\u00edculo period\u00edstico en una especie de proped\u00e9utica del box.<\/p>\n<p>Y sin embargo veo que no es algo que ocurra precisamente en sus novelas, que procuran ser el arte escogido por el autor para desempe\u00f1arse como artista del lenguaje. Para no ser ingrato, puedo citar el caso de <i>Salvatierra <\/i>(Emec\u00e9, 2008) que es una buen\u00edsima novela, con un argumento entra\u00f1able, especialmente por el objeto tan peculiar que es esta suerte de rollo de pintura autobiogr\u00e1fica, cin\u00e9tica, de a\u00f1os y kil\u00f3metros de extensi\u00f3n en el que el protagonista, mudo provinciano y famoso pintor, padre del narrador, oculta una pintura secreta que resulta ser, fuera de toda sospecha y sin querer <i>spoilear<\/i> la trama, una inc\u00f3gnita tan prosaica, tan pedestre, que la novela acaba por ser una t\u00edpica en su g\u00e9nero, es decir, una simple historia, por momentos inofensiva.<\/p>\n<p>Muy distinto es el tratamiento que hace el narrador \u2014si se le puede llamar as\u00ed\u2014 de sus art\u00edculos quien, en cambio, relata con el mismo \u00e9nfasis ya no una escena de ficci\u00f3n como la del hijo del artista mudo e infiel, sino el relato de una banal visita a un McDonald\u2019s, y de c\u00f3mo el muchacho de los pedidos demora su McN\u00edfica que ya se enfr\u00eda en la bandeja de los preparados. Lo interesante es percatarse, una vez acabado el texto, de lo anaf\u00f3rico de esta situaci\u00f3n: el restaurante moderno como m\u00e1quina de producir furia, un eslab\u00f3n que se repite y repite, industrial, tayloriano y por ende neur\u00f3tico. Urbanismo, sociolog\u00eda y psicoan\u00e1lisis en una ida al McDonald\u2019s. Breves destellos de lucidez, como si cesara el di\u00e1logo interno y no hubiera o\u00eddos sino s\u00f3lo para escuchar su prosa ampulosa, de una brutalidad propia de un indignado ciudadano cualquiera que cumple su oficio de denunciar las agravantes m\u00e1s nimias del Capitalismo; una prosa civil, una prosa de \u201cclase media.\u201d<\/p>\n<p>Paso de un argentino a otro, a uno que definitivamente se larg\u00f3 del pa\u00eds y se puso a trabajar con otras lenguas, como lo hiciera en su momento J. Rodolfo Wilcock, quien decidi\u00f3 escribir en italiano, lengua en la que public\u00f3 quiz\u00e1s su mejor obra, <i>La sinagoga de los iconoclastas<\/i> (1972). El caso de Patricio Pron es por estos derroteros una peculiaridad. Radic\u00f3 en Alemania hace ya hartos a\u00f1os \u2015actualmente vive en Espa\u00f1a\u2015 donde imparti\u00f3 clases en la Universidad de Gotinga, de la ciudad del mismo nombre, que, a prop\u00f3sito, es el mismo sitio donde alguna vez diera lecciones de f\u00edsica y matem\u00e1ticas nada menos que C. G. Lichtenberg, quien es hoy m\u00e1s recordado por sus aforismos que por sus c\u00e1lculos. Si en Mor\u00e1bito y en Mairal la forma est\u00e1 cuidad\u00edsima, quiz\u00e1s Pron sea el que d\u00e9 m\u00e1s reparos. De querer hacer teor\u00eda, o de olvidarla, es como si estuvi\u00e9semos en presencia de un Rimbaud ensayista. Un salvaje en estado urbano, o un m\u00edstico domiciliado en un set de televisi\u00f3n.<\/p>\n<p>La brava cantidad de referencias que manipula en su <i>Libro Tachado<\/i> (Turner, Noema, 2014) dan cosquillas de la manera en que son manipulados, tan a la ligera, como lanz\u00e1ndonos la informaci\u00f3n a caudales, ahog\u00e1ndonos en aquellos pie de p\u00e1ginas interminables que se van comiendo paulatinamente la propia p\u00e1gina. Por supuesto que la extensi\u00f3n aqu\u00ed es un desprop\u00f3sito, pues m\u00e1s que los rasgos de un estilo apretujado al m\u00e1ximo o a la eficacia del texto, lo caracter\u00edstico son siempre estas mareas de informaci\u00f3n que entran por los ojos del lector de manera soterrada. Inici\u00e1ndose con una escena del relojero franc\u00e9s del siglo XVIII, Absal\u00f3n Amet, y la descripci\u00f3n minuciosa del dispositivo que inventara, su \u201cfil\u00f3sofo universal\u201d, una suerte de m\u00e1quina productora de poemas y sentencias, el libro se presenta como una reflexi\u00f3n acerca de las condiciones de producci\u00f3n \u2014y, de paso, de consumo o desecho\u2014 de la literatura clandestina. Amet en realidad nunca existi\u00f3, Amet es uno de los iconoclastas de Wilcock; pero cometida esta impostura en forma de pr\u00f3logo, Pron nos introduce de lleno y como no d\u00e1ndonos cuenta en esta investigaci\u00f3n, desmesurada en su forma, que intenta dilucidar los mecanismos espec\u00edficos con que la propia ficci\u00f3n interviene en la realidad, partiendo por el \u00e1nimo hist\u00f3rico de silenciar o destruir los libros, por ejemplo, o por los raros incidentes de autores desaparecidos, o por los libros que se olvidan, o aquellos cuya gloria y posicionamiento combaten, incluso, solitarios y hu\u00e9rfanos, mucho despu\u00e9s de muertos sus creadores.<\/p>\n<p>Quiero volver a Chile y de verdad que quise guardarle un espacio a Roberto Merino, quien a mi modo de ver es de los cronistas con el estilo m\u00e1s exquisito de los que escriben hoy en el medio chileno. Otra menci\u00f3n podr\u00eda ser Francisco Mouat. Pero eso a esta altura ya nada significa. Hay otro autor, algo m\u00e1s joven, \u00c1lvaro Bisama, que escribe de esta manera: \u201cLos mejores textos de cr\u00edtica literaria que he le\u00eddo se parecen a singles punk de tres minutos. O a canciones pop. O escapan hacia cualquier parte, se enroscan sobre s\u00ed mismos, devor\u00e1ndose, revel\u00e1ndose como fragmentos de una autobiograf\u00eda, acaso\u201d.<\/p>\n<p>Los signos de puntuaci\u00f3n son los tiempos de respiraci\u00f3n. Las frases enclaustradas entre dos puntos seguidos remarcan, lanzan a los ojos de la mente la imagen bruta para luego, algunas l\u00edneas m\u00e1s tarde, alargar el fraseo, esta vez con comas espaciadas, dejando al texto respirar. Me interesa el funcionamiento de estas estrategias en Bisama, en especial en la redacci\u00f3n de sus art\u00edculos y ensayos. Le\u00ed <i>Ruido<\/i> (Alfaguara, 2012)<i>,<\/i> su cuarta novela, cuando reci\u00e9n hab\u00eda salido, de eso ya cinco a\u00f1os. Nunca supe muy bien lo que ocurr\u00eda en ese libro. Me pareci\u00f3 presenciar un cuadro impresionista armado en el texto, con el constante ir y venir de un fraseo que se expand\u00eda de pronto para luego volver a replegarse en frases pragm\u00e1ticas encerradas entre puntos. Una prosa a dos marchas.<\/p>\n<p>Este m\u00e9todo que luego releo en un conjunto de ensayos y art\u00edculos que acaban de aparecer en una colecci\u00f3n de la Diego Portales, de tapas rojas y con una fotograf\u00eda de un Bisama abotargado enclaustrado en esa ventanilla perdida en el centro de la tapa. Lleva por t\u00edtulo <i>Deslizamientos<\/i> (UDP, 2017), a mi parecer no s\u00f3lo es un libro entretenido, sino tambi\u00e9n muy inteligente y luminoso. Hay momentos de academicismo encubierto, sin lugar a dudas, pero el resto de los art\u00edculos, en especial los dedicados a la figura de Enrique Lihn (es notable su devoci\u00f3n por el poeta), y los textos de cultura televisiva, son de los m\u00e1s incisivos y directos que he le\u00eddo. An\u00e1lisis que germinan en episodios de programas, muy a nuestro pesar, emblem\u00e1ticos de la televisi\u00f3n criolla, como lo fue <i>S\u00e1bado Gigante<\/i> y que derivan al negro n\u00facleo cotidiano de la sociedad chilena, sobre todo de la emergente clase media, que no goza del benepl\u00e1cito de la caridad estatal como tampoco del amiguismo de los pudientes.<\/p>\n<p>Bisama demuestra lo filos\u00f3fico que puede hoy ser el televidente avezado, arque\u00f3logo activo de la democracia posmoderna, captando lo que tuvo ese circo de macabro, y la cantidad de basura que gir\u00f3 en torno a la figura de Don Francisco, el ciudadano Kane del reino de Chile. En <i>Ruido<\/i> era la figura de Karol Romanov, el vidente de Villa Alemana, ex Miguel \u00c1ngel Poblete, usufructuada para el ejercicio de la acuarela de un recuerdo borroso. Ya son cinco a\u00f1os de aquella lectura, y lo \u00fanico que evoco es una atm\u00f3sfera musgosa, discurriendo en alguna provincia que bien podr\u00eda tratarse de Villa Alemana, pero que se recuerda m\u00e1s peque\u00f1a, quiz\u00e1s del tama\u00f1o s\u00f3lo de la poblaci\u00f3n o del barrio donde uno vivi\u00f3. En sus art\u00edculos, mucho m\u00e1s concretos, y a momentos m\u00e1s l\u00edricos que sus propias ficciones, se puede leer al mejor Bisama, el que hace <i>zapping<\/i> al comentar l\u00edricamente en su libretita de periodista de cr\u00f3nica roja lo siniestro de nuestra historia ciudadana, pero con un sentido de lo tr\u00e1gico tan agradable como hilarante.<\/p>\n<p>Me gustar\u00eda terminar (y que no se vea como una lesa debilidad por lo argentino) con Fabi\u00e1n Casas, quiz\u00e1s porque no deja de ser, a mi modo de ver, el que lleva el \u201cg\u00e9nero\u201d a sus l\u00edmites. Lo que destaca, ya sin ninguna duda, es su estilo voraz. Todo lo consume, todo lo comenta. Es tambi\u00e9n un rasgo com\u00fan en su escritura que comience con un tema y termine con otro sin concluir del todo ninguno de los dos: podr\u00eda decirse dos hip\u00f3tesis y finalmente una s\u00edntesis. En Casas, las hip\u00f3tesis no siempre tienen que ver entre ellas, pero de todas maneras al final se sintetizan, de una manera u otra. Que no se confunda con un defecto, m\u00e1s bien un despunte de libertad, de querer hablar por hablar y encandilar. El estilo es lo importante. Est\u00e1 de m\u00e1s decir que la cultura pop, las referencias culturales, son material inevitable de esta nueva narrativa. La televisi\u00f3n, el cine, los c\u00f3mics. Sin embargo, ah\u00ed no est\u00e1 el gesto transgresor. Est\u00e1 m\u00e1s bien en la forma en que es utilizado el pop, el modo en que entra a operar en la prosa y su urdimbre.<\/p>\n<p>Por ejemplo, Casas logra escribir sobre Walter Benjamin y Pink Floyd indistintamente, saltando de una referencia a otra, sin ning\u00fan fingimiento, pues claro, de lo que est\u00e1 hablando no es forzado, es obra de un impulso iconoclasta de hacer encajar \u2015contrastar, si se quiere\u2015 de alguna u otra manera distintas expresiones de arte como ser\u00eda una de \u201calta cultura\u201d y otra de \u201cbaja cultura\u201d; dos conceptos que detesto utilizar. As\u00ed es que, como de paso, Casas nos hace ver una analog\u00eda no s\u00f3lo entre g\u00e9neros sino entre cosmovisiones distintas que nunca se habr\u00eda presentado ni siquiera en una conversaci\u00f3n de artistas conceptuales drogados con peyote. Demuestra su esp\u00edritu renovador, de explorador de territorios nuevos. La manera envidiable con que manifiesta en su prosa una liviandad para el tratamiento de tem\u00e1ticas en apariencia tan huidizas entre s\u00ed, muy dif\u00edciles de alinear, lo confirman, a mi modo de ver, como uno de los articulistas m\u00e1s l\u00facidos como tambi\u00e9n el m\u00e1s vanguardista. Al menos en la forma.<\/p>\n<p><i>Trayendo todo a casa<\/i> (Emec\u00e9, 2016), su obra ensay\u00edstica m\u00e1s completa hasta el momento, consta de cuatro libros que recopilan lo que definitivamente denomina ensayos y no \u201cart\u00edculos\u201d: <i>Ensayos Bonsai<\/i> (2007), <i>Breves apuntes de autoayuda<\/i> (2011),<i> La supremac\u00eda de Tolstoi y otros ensayos al tunt\u00fan<\/i> (2013), y el in\u00e9dito <i>Taller n\u00f3made<\/i>. En ellos se puede leer una aleaci\u00f3n que, dados sus elementos incompatibles, no se ha encontrado ni por asomo en ninguna otra cocina de escritor, vivo o muerto, por la sencilla raz\u00f3n de que nadie como Casas sabe hablar literariamente de lo real sin que por ello se le vea como a un especialista, ni tampoco, por su moment\u00e1nea vulgaridad, como un barriobajero. Ser\u00eda insuficiente aseverar que Casas escribe como habla.<\/p>\n<p>Dir\u00eda que Casas escribe como quien leyera en voz alta algo escrito al alero de la ingrata inspiraci\u00f3n esa misma tarde, pero para luego improvisar encima de este texto an\u00e9cdotas dom\u00e9sticas, o probar otras sustancias gramaticales, de acuerdo con el v\u00e9rtigo y al \u00e1nimo de sus escuchas, en alg\u00fan asado, por ejemplo, o en una banal borrachera semanal, atrapado en un antro de la capital, declamando o casi balbuceando sus textos. Esto escribe Casas: una lectura en voz alta y semi improvisada. Quiz\u00e1s nadie lo haya escuchado, quiz\u00e1s haya compuesto sus textos m\u00e1s solo que una tuna, pero es de notar que estos incluyen en s\u00ed mismos a un auditorio que r\u00ede y simpatiza con el conferenciante, lo que los hace divertid\u00edsimos.<\/p>\n<p>A estas alturas, creo que ya ha sospechado el lector \u2014testigo circunstancial\u2014 que en este personal\u00edsimo vistazo a la nueva ensay\u00edstica latinoamericana a\u00fan no se presente una distinci\u00f3n clara entre el art\u00edculo, la cr\u00f3nica y el ensayo, manoseados tan a la ligera y como por capricho. Puedo decir, ya con escalpelo, sincer\u00e1ndome o disculp\u00e1ndome, que m\u00e1s que g\u00e9neros independientes que no se tocan ni cruzan, me gusta pensarlos como atributos de un esp\u00e9cimen de texto nuevo, del texto de una nueva era. En palabras sencillas, sin \u00e1nimos de teorizar demasiado, de aquel texto que sujeto a tiempo y espacio, <i>articula<\/i> una idea, y de paso la <i>cronometra<\/i> de acuerdo con un hecho espec\u00edfico \u2014lo que sucede y donde est\u00e1\u2014, sea hist\u00f3rico, sea dom\u00e9stico, erigi\u00e9ndose como el escenario m\u00e1s f\u00e9rtil para que el autor se dedique a lo fundamental: ensayar, del modo que sea, a su manera, con su estilo acaso, sobre este lienzo de tiempo y espacio. Me quedo con esta distinci\u00f3n, hecha bastante al voleo (o al <i>tunt\u00fan<\/i>, como le gusta a Casas), para redescubrir la literatura por venir. A fin de cuentas, no me queda m\u00e1s que recomendar la lectura de estos cinco narradores, los remarco: Fabio Mor\u00e1bito o el zen; Pedro Mairal o el furioso; Patricio Pron o el falso enciclopedista; \u00c1lvaro Bisama o el pop; y Fabi\u00e1n Casas, el ensayista.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Santiago, marzo 2017<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><i>Nada se pierde con vivir, ensaya. <\/i>Puede ser que quienes leyeran a Enrique Lihn (Chile, 1929\u20151988) en su momento, hayan quedado embobados con <i>La pieza oscura <\/i>(1963), ese prodigio de la poes\u00eda confesional, especialmente con sus mon\u00f3logos: esa voz inimitable, acaso la de un supuesto padre susurr\u00e1ndole a su hijo de meses, un padre que a\u00fan no lo era y que ya en ese entonces no dejaba de serlo para algunos de sus lectores.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1576,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4463,4462],"genre":[2019],"pretext":[],"section":[2344],"translator":[2458],"lal_author":[3588],"class_list":["post-1579","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-essay-es","tag-numero-3","genre-essay-es","section-essays-es","translator-arthur-malcolm-dixon-es","lal_author-sebastian-diez-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1579","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1579"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1579\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32233,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1579\/revisions\/32233"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1576"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1579"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1579"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1579"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=1579"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=1579"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=1579"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=1579"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=1579"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}