{"id":1551,"date":"2017-07-23T21:54:37","date_gmt":"2017-07-24T03:54:37","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/07\/one-many-potential-shortcuts-jm-soto\/"},"modified":"2023-06-07T08:44:48","modified_gmt":"2023-06-07T14:44:48","slug":"one-many-potential-shortcuts-jm-soto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/07\/one-many-potential-shortcuts-jm-soto\/","title":{"rendered":"&#8220;Uno de muchos posibles atajos&#8221; de JM Soto"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.s1 {font-kerning: none}<br \/><\/style>\n<div><\/div>\n<p><strong><em>Nota del editor:<\/em><\/strong><br \/>\n<em>Bogot\u00e139 es un proyecto del Hay Festival y Bogot\u00e1: Capital Mundial del Libro para nombrar 39 de los escritores latinoamericanos m\u00e1s prometedores menores de 39 a\u00f1os. La primera lista fue armada en 2007, y una nueva lista apareci\u00f3 en 2017. Empezando en el presente n\u00famero,\u00a0<\/em>Latin American Literature Today\u00a0<em>destacar\u00e1 textos de los j\u00f3venes autores seleccionados para este prestigioso reconocimiento. Haz clic <a href=\"https:\/\/www.hayfestival.com\/bogota39\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">aqu\u00ed<\/a> para ver la lista completa de 2017.<\/em><\/p>\n<p>Han pasado quince a\u00f1os y a\u00fan sigo viviendo en el mismo apartamento, rodeado m\u00e1s o menos del mismo mobiliario, de los mismos olores y texturas que perduran a pesar de las capas de pintura, polvo y grasa que se van superponiendo en las paredes, de la misma forma en que se acumulan las muchas o pocas historias que vamos siendo y que vamos dejando atr\u00e1s. En cuanto al edificio es permisible afirmar que parece m\u00e1s cansado, con grietas que lo surcan como arrugas, y casi podr\u00eda aventurar \u2013pero mejor no\u2013 que una incipiente joroba comienza a abombar su lomo de concreto. El antiguo jard\u00edn, antes poblado de invisibles grillos y pausadas ara\u00f1as, no es ahora m\u00e1s que una peque\u00f1a porci\u00f3n de tierra salpicada con botellas de cerveza descoloridas y restos de carbones marchitos.<\/p>\n<p>A pesar de todo el tiempo que ha pasado, todav\u00eda no me atrevo a botar la basura por el bajante que queda en el pasillo. Prefiero dejarla acumular lo suficiente, a veces hasta tres semanas, y s\u00f3lo cuando tengo cinco bolsas grandes es que bajo las escaleras hasta los contendores ubicados en la avenida y all\u00ed las abandono. Dayana, aunque sabe la historia o fragmentos de la historia o la versi\u00f3n que yo le cont\u00e9 de la historia, siempre se queja de mi mala ma\u00f1a de acumular la basura dentro del apartamento en vez de ir a botarla al bajante como lo hacen el resto de los vecinos.<\/p>\n<p>A veces, aunque cada vez con menos frecuencia, me despierto escuchando la voz de Julio que nos llama; no dice ning\u00fan nombre en espec\u00edfico pero sabemos que nos llama a nosotros. No es un grito, ni tampoco un susurro, sino su voz en un tono apacible, como quien pregunta la hora a un desconocido.<\/p>\n<p>Recuerdo de Julio que sus padres siempre peleaban por cualquier motivo; el m\u00e1s recurrente era que supuestamente su pap\u00e1 gastaba gran parte de su sueldo en vacas. En ese entonces yo no entend\u00eda lo que eran las vacas a pesar de que Gustavo, el mayor de todos, nos explicaba que las vacas eran las putas que se pod\u00edan conseguir en algunos edificios de la avenida Urdaneta; y aunque la mam\u00e1 de Julio las llamaba vacas en alusi\u00f3n a sus blandas ubres largas y a sus cuatro est\u00f3magos, Gustavo aseguraba que no todas eran as\u00ed.<\/p>\n<p>A la mam\u00e1 de Julio la evoco como la se\u00f1ora m\u00e1s bella del edificio, as\u00ed que no entend\u00edamos c\u00f3mo era que el pap\u00e1 de Julio prefer\u00eda irse de pastoreo con unas vacas fofas. No era una se\u00f1ora como las dem\u00e1s se\u00f1oras (las de la junta parroquial, las de la asociaci\u00f3n de vecinos y las amigas de la iglesia); ten\u00eda 25 a\u00f1os en ese entonces y para nosotros, ni\u00f1os entre nueve y once a\u00f1os, era una mujer inaccesible. Lo que m\u00e1s recuerdo es su boca pintada de rojo brillante y su cabellera ensortijada, casi siempre h\u00fameda. Fumaba tanto que inevitablemente la rememoro envuelta en una tenue nube gris. Me encantaba verla en sandalias aunque no s\u00e9 qu\u00e9 era lo que me gustaba de sus pies o si es que acaso me gustaban; quiz\u00e1 era el deseo satisfecho de ver m\u00e1s piel desnuda. Una vez en su casa me rob\u00e9 a escondidas una colilla de un cigarrillo que ella se hab\u00eda fumado, estaba empapada del rojo de su pintura labial y ten\u00eda un extra\u00f1o olor que fluctuaba entre aromatizador de ba\u00f1o y frijoles amargos. Guard\u00e9 la colilla debajo de mi colch\u00f3n y cada noche, durante varios meses, la sacaba de all\u00ed y la apretaba un poquito, la ol\u00eda, simulaba que me la fumaba y pensaba en la buena suerte que ten\u00eda Julio, o m\u00e1s bien en la suerte de su padre; de nuevo no entend\u00eda por qu\u00e9 \u00e9l iba donde las vacas, cuesti\u00f3n que ni siquiera comprend\u00ed a\u00f1os m\u00e1s tarde cuando yo mismo empec\u00e9 a gastar mis primeros salarios en la bulliciosa Urdaneta, sin encontrar en mis incursiones ninguna mujer que tuviera la talla de su madre.<\/p>\n<p>No puedo afirmar que \u00e9l era un ni\u00f1o al que maltrataban f\u00edsicamente, pero m\u00e1s de una vez (y un par de veces nosotros) sal\u00eda perjudicado por retruque. Durante ardientes ri\u00f1as, sus pap\u00e1s se atacaban lanz\u00e1ndose objetos, y en algunas contiendas Julio quedaba en medio del fuego cruzado mientras iban y ven\u00edan por el aire diversos utensilios de cocina y aparatos electrodom\u00e9sticos. El d\u00eda m\u00e1s memorable de esas batallas fue cuando se rompi\u00f3 el televisor justo al final de la temporada de b\u00e9isbol, lo cual fue para Julio una especie de duelo de varios meses.<\/p>\n<p>Las peleas llegaron a tal grado de intensidad que no volvimos a reunirnos en su apartamento. De alg\u00fan modo sentimos, no con estas palabras claro est\u00e1, que hab\u00edamos violado su intimidad, o m\u00e1s bien que su intimidad nos hab\u00eda violado a nosotros. As\u00ed que s\u00f3lo nos reun\u00edamos a jugar con \u00e9l fuera de su casa. Para m\u00ed, lo m\u00e1s lamentable de eso fue no ver m\u00e1s, al menos de cerca, los pies en sandalias de su mam\u00e1.<\/p>\n<p>Julio era el m\u00e1s r\u00e1pido, el m\u00e1s h\u00e1bil y el m\u00e1s arriesgado del grupo. Es probable que yo lo odiara un poco en secreto, sobre todo porque a pesar de que era varios meses menor que yo, me molestaba que me ganara, a m\u00ed y a casi todos, en la mayor\u00eda de juegos. No obstante, nunca le demostr\u00e9 de manera evidente ning\u00fan tipo de animadversi\u00f3n, desempe\u00f1\u00e9 el papel de admirarlo cuando ganaba, sin mezquindad y con la distancia apropiada de un buen perdedor.<\/p>\n<p>En ocasiones yo me dec\u00eda que simplemente \u00e9l ten\u00eda la suerte para encestar el bal\u00f3n de espaldas o para dar un batazo que definiera un partido; pero un d\u00eda supe que era m\u00e1s que suerte, o que esa palabra dej\u00f3 de significar lo que hab\u00eda significado para m\u00ed en ese momento y se mezcl\u00f3 con otros vocablos m\u00e1s poderosos como magia o milagro.<\/p>\n<p>Fue un d\u00eda que subimos a la azotea. Aunque en el \u00faltimo piso el acceso estaba clausurado por una reja con candados, debido a nuestra talla pod\u00edamos deslizarnos entre los barrotes y burlar esa protecci\u00f3n que la conserje hab\u00eda colocado. Aunque no me agradaba mucho estar all\u00ed y el solo resoplar del viento me daba v\u00e9rtigo, fing\u00eda que me gustaba subir; es m\u00e1s, me manifestaba deseoso de ir a la azotea cuando sab\u00eda que los dem\u00e1s estaban muy cansados y que no se har\u00edan eco de mi propuesta. Eso s\u00ed, evitaba decir eso en presencia de Julio, porque a cualquier hora \u00e9l se animaba a ir hasta all\u00e1 arriba.<\/p>\n<p>Nuestra torre est\u00e1 distanciada de la contigua por escasos metros, de manera que desde la azotea basta dar un peque\u00f1o gran brinco para alcanzar la del edificio de al lado. Fue a Marlon a quien se le ocurri\u00f3 la idea, pero fue Julio el \u00fanico que la llev\u00f3 a cabo. Sin pensar si otros lo seguir\u00edan o no, se limit\u00f3 a decir \u201cYo primero\u201d. Se remang\u00f3 la bota de los pantalones, se desanud\u00f3 y volvi\u00f3 a anudar las trenzas, apret\u00e1ndolas con exageraci\u00f3n, se volte\u00f3 la gorra, se la ajust\u00f3 de un modo que pareciera buscar alg\u00fan tipo de efecto aerodin\u00e1mico y se agach\u00f3 en posici\u00f3n de arranque de corredor de cien metros planos para agarrar impulso. Me parec\u00eda (me sigue pareciendo) un salto imposible, no tanto por la distancia entre los dos edificios sino por el reborde que hay en cada uno, de manera que hab\u00eda que subir un peque\u00f1o escal\u00f3n antes de dar el salto, por lo que el impulso que se hubiese tomado se ver\u00eda mermado. Pero nadie dijo nada, ni siquiera una sencilla palabra de \u00e1nimo. S\u00f3lo Omar, para disimular su miedo, balbuce\u00f3 en tono optimista: \u201cEl viento sopla hacia all\u00e1, eso es bueno\u201d.<\/p>\n<p>Tiempo despu\u00e9s supe que yo no era el \u00fanico que ten\u00eda miedo, y que de hecho otros estuvieron aguantando las ganas de derramarse a llorar o de disolverse en orines mientras deseaban que alg\u00fan adulto entrase por la puerta de la azotea y suspendiera el acto circense, y despu\u00e9s nos mandaran castigados a nuestros cuartos para toda la eternidad.<\/p>\n<p>Pero nada de eso ocurri\u00f3. Lo que sobrevino a las palabras de Omar fue la carrera veloz de Julio, no en c\u00e1mara lenta, sino acelerada, tanto as\u00ed que \u00fanicamente puedo recordarlo de esa forma, en tres o cinco segundos como m\u00e1ximo, calculo yo. Dio quince zancadas antes de posicionarse sobre el reborde y luego un salto m\u00e1s, tan fuerte que la gorra se le sali\u00f3 y revolote\u00f3 en el aire en ca\u00edda libre al tiempo que sus pies tocaban el otro edificio para luego caer de palmas y codos sobre la azotea.<\/p>\n<p>Aunque manifestamos (y hoy me averg\u00fcenzo de ello) que la distancia no era tanta como nos hab\u00edamos figurado antes del salto, igual a nadie se le ocurri\u00f3 repetir la haza\u00f1a. Nos limitamos a dar gritos de felicitaci\u00f3n y de ovaci\u00f3n y a asomarnos en el borde de la azotea. Oscar, el m\u00e1s alto, logr\u00f3 estirar su brazo hasta rozar las yemas de los dedos de Julio. Los dem\u00e1s reconocimos a viva voz que no ser\u00edamos capaces de hacerlo, que fue tan arrecho que nadie lo creer\u00eda. En ese momento pens\u00e9 que ning\u00fan tipo de juego tendr\u00eda sentido desde ahora, que al menos que jug\u00e1semos a la ruleta rusa o a algo similar ning\u00fan juego servir\u00eda para demostrar nada.<\/p>\n<p>Me sent\u00ed est\u00fapido por haber atribuido a la suerte los grandes logros de Julio en el pasado; en definitiva acept\u00e9 todo lo de \u00e9l como algo que estaba por encima de nosotros, mil veces m\u00e1s arriba, tan alto como un labial rojo brillante sobre una boca poblada de humo. Todo esto lo pensaba, con otras palabras y en otro orden, mientras Julio iba hacia la puerta de la azotea del otro edificio y forcejeaba con ella para abrirla. Aparentemente ten\u00eda un candado por el lado de adentro, nos explic\u00f3 Julio mientras la halaba apoyando una pierna contra la pared. Cuando se dio cuenta de que era vano cualquier esfuerzo retorn\u00f3 hasta el borde de la azotea, donde nosotros lo esper\u00e1bamos con ansias y el miedo redoblado.<\/p>\n<p>A ninguno se nos ocurri\u00f3 que lo m\u00e1s l\u00f3gico ser\u00eda bajar hasta planta baja, buscar al conserje de la otra torre y explicarle la situaci\u00f3n: que hab\u00eda un ni\u00f1o en la azotea de su edificio que no pod\u00eda bajar porque la puerta ten\u00eda un candado por dentro, y si el conserje no nos cre\u00eda lo har\u00edamos salir y asomarse desde abajo y decirle a Julio que saludara con la mano, pero como el sol entorpec\u00eda la visi\u00f3n a esa altura de ocho pisos, tendr\u00edamos que decirle al conserje que subiera a nuestra azotea para que desde all\u00ed viera que de verdad hab\u00eda un ni\u00f1o en su azotea, pero para ello ten\u00edamos que fastidiar a la conserje de nuestro edificio para que abriera con llave la reja por la que nosotros nos col\u00e1bamos con cierta facilidad de lagartija pero que el otro conserje no hubiese podido franquear al menos que estuviese abierta y etc.<\/p>\n<p>En fin, el hecho es que decidimos no buscar a nadie, y la soluci\u00f3n que yo pens\u00e9 y coment\u00e9 y que a nadie le pareci\u00f3 descabellada fue que los bomberos o los militares vinieran a buscar a Julio en un helic\u00f3ptero y con una escalera de sogas lo trasladaran de la azotea del otro edificio al nuestro.<\/p>\n<p>Otra idea que tambi\u00e9n fue aplaudida e incluso puesta a prueba fue la de Marlon. \u00c9l propuso colocar una tabla entre ambas azoteas para as\u00ed facilitar el regreso de Julio. Pero su idea qued\u00f3 descartada cuando logramos colocar dos listones de madera para comunicar ambas torres, y apenas quisimos asegurarnos que estaban firmes se vinieron abajo y desaparecieron en ca\u00edda libre.<\/p>\n<p>Fue Julio quien tom\u00f3 la decisi\u00f3n m\u00e1s l\u00f3gica y m\u00e1s simple: devolverse tal como hab\u00eda llegado, as\u00ed que sin pensarlo mucho volvi\u00f3 a tomar impulso; esta vez no lo hizo desde tan atr\u00e1s porque quiz\u00e1 se dio cuenta de que no necesitaba tanta fuerza sino al momento de dar el salto desde el reborde. Alguien coment\u00f3 que Julio no ten\u00eda ya la gorra. Como respuesta (aunque estoy seguro de que Julio no escuch\u00f3 ese comentario pronunciado en voz muy baja y casi avergonzada) Julio se santigu\u00f3; lo hizo mal, no hizo una cruz sino un tri\u00e1ngulo o alg\u00fan pol\u00edgono irregular, no por desidia sino porque seguramente le temblaban las manos tanto como a nosotros nos temblaba todo el cuerpo, la lengua, los brazos, las piernas, los esf\u00ednteres. Y m\u00e1s r\u00e1pido que el primer salto, e incluso con m\u00e1s clase, Julio ya estaba de nuestro lado. Fue recibido con aplausos y llevado en alzas por toda la azotea, eso s\u00ed, evitando las orillas.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo lo hab\u00eda hecho una vez, sino dos veces, y estoy seguro de que lo habr\u00eda hecho cien veces m\u00e1s, mil veces m\u00e1s si el resto no hubi\u00e9semos asumido el pacto impl\u00edcito de no volver a subir all\u00ed. De hecho yo no volv\u00ed a subir m\u00e1s nunca desde esa vez; ni siquiera a\u00f1os despu\u00e9s cuando instalaron en los bordes de la azotea cercas de alambre debido a que fue acondicionada como lavandero.<\/p>\n<p>Lo que s\u00ed fue expl\u00edcito es que no le contar\u00edamos lo de la azotea a nadie, sobre todo porque nos iban a tener castigados un mont\u00f3n de siglos, lo cual para Julio ser\u00eda peor que para los dem\u00e1s porque la televisi\u00f3n de su casa estaba rota; aunque lo m\u00e1s seguro tambi\u00e9n es que a \u00e9l no lo iban a castigar por ning\u00fan motivo ya que sus pap\u00e1s ten\u00edan otros asuntos de que preocuparse.<\/p>\n<p>Y aunque seguimos jugando los mismos juegos, a las mismas horas, y con las mismas reglas ya nada era, al menos desde mi \u00f3ptica, igual que antes. El \u00fanico a\u00f1adido fue que nuestra admiraci\u00f3n por Julio se dispar\u00f3 al mil por cien y que su palabra era santa para cualquier cosa, desde decidir los integrantes de un equipo, hasta ponerle fin a un juego que estaba estancado en el marcador desde hac\u00eda rato. Nadie discut\u00eda su autoridad, aunque la verdad \u00e9l no era nada pretencioso, ni se sent\u00eda m\u00e1s que los dem\u00e1s por haber realizado tama\u00f1a haza\u00f1a. El placer de la adrenalina era su \u00fanico premio cada vez que lograba algo. Y si a\u00fan estuviera aqu\u00ed y tuviera la edad que ten\u00eda entonces, las cercas de alambre hubiesen sido un est\u00edmulo m\u00e1s y las hubiese trepado para pasar de una torre a la otra.<\/p>\n<p>Un d\u00eda el pap\u00e1 de Julio se fue de la casa, o m\u00e1s bien un d\u00eda nos enteramos de que el pap\u00e1 de Julio se hab\u00eda ido hac\u00eda varios d\u00edas de la casa. Quiz\u00e1 ya no hab\u00eda m\u00e1s objetos que romper, m\u00e1s nada que lanzarse. Por una parte yo estaba alegre porque pens\u00e9 que retornar\u00edamos a la casa de Julio y podr\u00eda ver de nuevo a su mam\u00e1 en sandalias, fumando cigarrillo tras cigarrillo mientras miraba la telenovela, sin importarle que nosotros estuvi\u00e9semos ah\u00ed haciendo y deshaciendo. Pero ese deseo no se llev\u00f3 a cabo debido a que la casa de Julio comenz\u00f3 a ser frecuentada por un tipo de rostro cuadrado, a quien apodamos El Mec\u00e1nico porque siempre andaba con una braga azul embadurnada de grasa.<\/p>\n<p>Julio nos cont\u00f3 que una vez escupi\u00f3 a El Mec\u00e1nico en la cara porque lo vio jurungando la cartera de su mam\u00e1. Estaba preparado para recibir un golpe del tipo, pero \u00e9ste lo que hizo fue un gesto de hiena hambrienta para espantar a Julio, quien sali\u00f3 del apartamento, derrotado, pero sin quitarle la mirada a su enemigo. Creo que ese d\u00eda Julio acababa de llorar, y era raro porque se nos hab\u00eda metido en la cabeza que \u00e9l no lloraba nunca.<\/p>\n<p>Aunque El Mec\u00e1nico no se quedaba a dormir en casa de Julio, salvo algunos fines de semana, siempre hab\u00eda un mal rollo entre ellos; no se soportaban y Julio lo \u00fanico que deseaba era huir a casa de su t\u00eda, que viv\u00eda algo lejos pero no tanto si se va en autob\u00fas, y volver dentro de cinco a\u00f1os a partirle la cara a El Mec\u00e1nico.<\/p>\n<p>Un d\u00eda el sujeto pretendi\u00f3 hacer el papel de su pap\u00e1. Fue la tarde en que nos vio jugando a m\u00ed y a Julio en el pasillo, afuera de su apartamento, con unos tractores que transportaban barro y piedritas en cantidades moderadas.<\/p>\n<p>El Mec\u00e1nico lleg\u00f3 arrastr\u00e1ndose con pesadez y mal humor, grit\u00f3 que hab\u00edamos ensuciado todo de mierda, cuando m\u00e1s bien fue \u00e9l quien pis\u00f3 nuestra \u00e1rea de juego y llen\u00f3 de barro la sala del apartamento. Amenaz\u00f3 a Julio con que si no dejaba el suelo limpio y brillante, no lo iba a dejar salir a jugar durante un mes, y que \u00e9l se quedar\u00eda en la casa todo ese tiempo para garantizar que as\u00ed fuera. Julio se le plant\u00f3 y El Mec\u00e1nico, con sus manos y u\u00f1as renegridas, lo fren\u00f3 en el pecho, y con ese gesto silencioso Julio supo que estaba derrotado de nuevo.<\/p>\n<p>Para asegurar que Julio no incumpliera la ley, El Mec\u00e1nico se instal\u00f3 con su equipo de soldar frente a la escalera. Se puso a reparar una pieza de motocicleta, y si bien no podr\u00eda ver desde all\u00ed el pasillo donde nosotros jug\u00e1bamos, s\u00ed ten\u00eda resguardadas las rutas de salida que eran la escalera y el ascensor.<\/p>\n<p>Julio dijo que aunque fuera por la ventana se ten\u00eda que escapar de esa insoportable injusticia; pero estaba en un s\u00e9ptimo piso y por m\u00e1s valiente que fuera era demasiado arriesgado burlar al carcelero de ese modo.<\/p>\n<p>As\u00ed que se me ocurri\u00f3 la idea a m\u00ed (no al ingenioso Omar, ni al valeroso Julio) de que se escapara por el bajante de desperdicios ubicado en el pasillo; hab\u00eda uno en cada piso, y El Mec\u00e1nico no pod\u00eda verlo desde su posici\u00f3n. El ducto del bajante no era ni muy ancho ni muy estrecho, as\u00ed que con paciencia podr\u00eda ir descendiendo, deslizando la espalda poco a poco en conjunto con la planta de los pies.<\/p>\n<p>Julio aprob\u00f3 mi idea como si fuera la m\u00e1s ingeniosa jam\u00e1s concebida y su confianza me transmiti\u00f3 un poco de su grandeza, por lo que me sent\u00ed el segundo con mayor autoridad. Como era m\u00e1s f\u00e1cil entrar en el ducto que salir de \u00e9l, el plan no era descender hasta el piso seis y de all\u00ed huir por las escaleras, sino que deb\u00eda bajar hasta planta baja para luego salir por el cuarto de la basura, de cuya puerta est\u00e1bamos seguros que se pod\u00eda abrir desde adentro porque una vez hab\u00edamos estado en ese lugar espiando la labor de la conserje.<\/p>\n<p>El plan terminaba all\u00ed. Ninguno de los dos sab\u00eda si su escapatoria ten\u00eda como fin \u00faltimo que pudiera irse a jugar con nosotros en la cancha o si implicaba una huida a un lugar m\u00e1s lejano. El hecho es que Julio me dijo que me quedara en el pasillo haciendo como que limpiaba o recog\u00eda los tractores para que El Mec\u00e1nico no sospechara que and\u00e1bamos en alguna movida extra\u00f1a. Y as\u00ed estuve como veinte minutos para darle chance a Julio de llegar hasta abajo. Pasado ese tiempo, cuando pas\u00e9 frente a El Mec\u00e1nico para bajar por las escaleras le dije que Julio estaba dejando bien limpio todo y que lo perdonara, pero el tipo ni se inmut\u00f3, sigui\u00f3 reparando su pieza automotriz.<\/p>\n<p>Julio no fue a la cancha durante toda la tarde, ni en la noche; pens\u00e9 que quiz\u00e1 El Mec\u00e1nico se dio cuenta de nuestro plan y hal\u00f3 a Julio desde dentro del ducto y le triplic\u00f3 el castigo.<\/p>\n<p>El sue\u00f1o se me hab\u00eda espantado cuando escuch\u00e9 la voz de Julio que parec\u00eda estar diciendo (no gritando, ni susurrando, sino como quien pregunta la hora a un desconocido) mi nombre o el de alguno de nosotros, y me pareci\u00f3 estar escuchado unos golpes en la pared justo cuando la puerta de mi cuarto se abri\u00f3 con algo de estr\u00e9pito. Al encenderse la luz se ilumin\u00f3 el rostro de mi mam\u00e1 pregunt\u00e1ndome si yo sab\u00eda algo de Julio. Me cont\u00f3 que la mam\u00e1 de \u00e9l estuvo preguntando por su hijo, pues no sab\u00eda d\u00f3nde estaba.<\/p>\n<p>Lo hab\u00edan buscado en la cancha, en el estacionamiento, en la azotea y en cada apartamento del edificio. Tanto esc\u00e1ndalo a media noche me llen\u00f3 de temor, pero luego me sobrevino una alegr\u00eda s\u00fabita: sent\u00ed que Julio nuevamente hab\u00eda sido un h\u00e9roe, se hab\u00eda escapado y se habr\u00eda marchado a donde su t\u00eda y volver\u00eda dentro de varios a\u00f1os a cobrar venganza, con nuestra ayuda por supuesto.<\/p>\n<p>Como en teor\u00eda yo fui el \u00faltimo que lo vio, me interrogaron una y otra vez durante las horas siguientes. Repet\u00ed mil veces que dej\u00e9 a Julio en su casa porque estaba castigado y no pod\u00eda salir. De hecho, no sin inocencia, insist\u00ed en que seguramente el \u00faltimo que lo vio tuvo que haber sido El Mec\u00e1nico ya que \u00e9ste le prohibi\u00f3 la salida a Julio y estaba instalado cerca de las escaleras, \u00fanica v\u00eda de escape. No voy a negar que me sent\u00ed contento cuando la madre de Julio empez\u00f3 a golpear en el pecho a El Mec\u00e1nico a la vez que lo inculpaba del extrav\u00edo de su hijo.<\/p>\n<p>A Omar, que tambi\u00e9n hab\u00eda sido despertado por sus padres, tan solo le dije en secreto sumarial que Julio se hab\u00eda escapado a donde una t\u00eda. No di detalles de c\u00f3mo se fug\u00f3, as\u00ed que asumi\u00f3 que fue a trav\u00e9s del balc\u00f3n, cuesti\u00f3n que no le impresion\u00f3.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, como al mediod\u00eda, me remordi\u00f3 la conciencia de ocultarle la verdad a la mam\u00e1 de Julio. As\u00ed que le toqu\u00e9 a su puerta y le dije que \u00e9l se hab\u00eda ido a donde su t\u00eda, que la llamara y lo buscara all\u00ed; ella me respondi\u00f3, con una l\u00e1stima envuelta de pesadez, que si estuviese all\u00ed, su hermana ya lo habr\u00eda tra\u00eddo de regreso, que adem\u00e1s la casa de la t\u00eda no era nada cerca, que era muy peque\u00f1o para llegar hasta all\u00e1; sin embargo, no s\u00e9 si para complacerme, lo dudo, llam\u00f3 a su hermana s\u00f3lo para comprobar que \u00e9sta no ten\u00eda noticias de su sobrino. Yo me acerqu\u00e9 a ella y la abrac\u00e9, quer\u00eda darle una especie de consuelo viril pero termin\u00e9 lloriqueando sobre sus hombros; ella me abraz\u00f3 y supongo que cerr\u00f3 los ojos y se imagin\u00f3 que yo era su hijo.<\/p>\n<p>Fue hasta el tercer d\u00eda cuando los vecinos comenzaron a quejarse del bajante tapado, de las bolsas y desechos que se estaban acumulando entre los pisos ocho y cuatro. Primero la conserje prob\u00f3 con un palo de escoba, luego vinieron los encargados del mantenimiento del edificio y despu\u00e9s unos hombres de batas blancas.<\/p>\n<p>Apenas supe la noticia corr\u00ed a mi cuarto, busqu\u00e9 debajo del colch\u00f3n la colilla de cigarrillo casi desintegrada y la arroj\u00e9 al retrete, no se desapareci\u00f3 en la espiral de agua sino hasta la tercera bajada.<\/p>\n<p>A\u00fan hoy, prefiero acumular la basura en mi apartamento y luego llevarla, en grupos de cinco bolsas, directamente a los contenedores que est\u00e1n en la avenida. Lo hago muy lento, con modorra, como casi todas las cosas que hago desde hace un buen tiempo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201cUno de muchos posibles atajos\u201d es uno de los relatos que componen el volumen de cuentos <\/em>Perdidos en Frog<em>.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Han pasado quince a\u00f1os y a\u00fan sigo viviendo en el mismo apartamento, rodeado m\u00e1s o menos del mismo mobiliario, de los mismos olores y texturas que perduran a pesar de las capas de pintura, polvo y grasa que se van superponiendo en las paredes, de la misma forma en que se acumulan las muchas o pocas historias que vamos siendo y que vamos dejando atr\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1548,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[3730,4462,3729,3],"genre":[2012],"pretext":[2040,2037],"section":[2364],"translator":[2484],"lal_author":[3351],"class_list":["post-1551","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-bogota39-es","tag-numero-3","tag-short-fiction-es","tag-venezuela","genre-fiction-es","pretext-ficcion-es","pretext-fiction-es","section-bogota39-es-2","translator-montague-kobbe-es-2","lal_author-jm-soto-es-2"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1551","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1551"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1551\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1548"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1551"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1551"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1551"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=1551"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=1551"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=1551"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=1551"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=1551"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}