{"id":15227,"date":"2022-06-03T19:09:46","date_gmt":"2022-06-04T01:09:46","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/2022\/06\/un-fragmento-de-vivir-venecia\/"},"modified":"2023-05-23T20:30:56","modified_gmt":"2023-05-24T02:30:56","slug":"un-fragmento-de-vivir-venecia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2022\/06\/un-fragmento-de-vivir-venecia\/","title":{"rendered":"Un fragmento de Vivir Venecia"},"content":{"rendered":"<h3><span style=\"font-weight: 400;\">8<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Apenas hab\u00eda llegado yo mismo a Venecia cuando inesperadamente llam\u00f3 Sabato desde Roma. Fue la primera demostraci\u00f3n de que Venecia es un sal\u00f3n universal, un santuario de todos los peregrinajes y peregrinos. En este caso un refugio. Me adelant\u00f3 que hab\u00eda amenazas contra su vida y que realizaba entrevistas en Roma con el periodismo. Buscaba un efecto disuasorio de car\u00e1cter publicitario. Hab\u00eda hecho declaraciones radiales contra el terrorismo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Rega lo fue a buscar a la estaci\u00f3n del ferrocarril, llegaba de Roma. Nos salud\u00f3 con gravedad de ce\u00f1o fruncido, como fugitivo de un atentado. Aprovech\u00f3 para una cita literaria, aquello que Thomas Mann escribi\u00f3 acerca de que llegar a Venecia en tren es como ingresar a un palacio por la puerta trasera.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00a1Pero qu\u00e9 le voy a hacer! Los sicarios de L\u00f3pez Rega me amenazaron de muerte\u2026 Empez\u00f3 el tiempo de la muerte en Argentina.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00bfC\u00f3mo?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Con llamados a casa en medio de la noche. Lo siento, no quiero comprometerlos, pero este viaje no es de placer \u2014y sonri\u00f3 con un rictus de amargura.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Le\u00ed su entrevista de Roma, en el diario <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Repubblica.<\/span><\/i><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014S\u00ed. Me pareci\u00f3 que lo mejor era venirme a Italia y denunciar lo que me pasa. Lo \u00fanico que los puede parar es la prensa o el reclamo internacional. Son Las Tres A. La gente de Roma estaba indignada, incluso me ofrecieron que me quede hasta que pase el peligro.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Lo acompa\u00f1o al cuarto de hu\u00e9spedes. Est\u00e1 todav\u00eda despoblado de muebles, s\u00f3lo dos camas de una plaza separadas por una de esas mesas de luz con una puertita para guardar la taza de noche. Restos decimon\u00f3nicos del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">palazzo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. El ba\u00f1o de hu\u00e9spedes tiene una ba\u00f1adera coet\u00e1nea de la mesa de luz, con garras de le\u00f3n y extraordinariamente profunda, tanto como para que alguien se ahogue en caso de dormirse. Le digo a Ernesto.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Casualmente me llam\u00f3 su amiga Nilda y me dijo que hab\u00eda viajado a Italia para hacer una nota para el diario <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Clar\u00edn <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">y que con seguridad pasar\u00eda por Venecia. Le dije que no dejase de llamarme al llegar.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sabato me mir\u00f3 y sonri\u00f3 ante mi prudente reserva. Nilda era su joven amiga. Sol\u00edamos encontrarnos acompa\u00f1ado por ella en el caf\u00e9 Dandy de Libertador. Nilda era ir\u00f3nica, sexy, graciosa y estaba angustiada al punto de comerse las u\u00f1as, escribir y deprimirse deseando la muerte. Ten\u00eda una buena novela, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La secta<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Ella reserv\u00f3 en el hotel La Fenice \u2014me dijo Sabato por lo bajo como para tranquilizarme.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En 1966, hab\u00edamos creado con el music\u00f3logo Ernesto Epstein, Tom\u00e1s Maldonado y \u00e9l la revista <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Crisis<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, merced al dinero fundante de Federico Vogelius. Tom\u00e1s Maldonado hab\u00eda llegado de Italia, era pareja de Inge Feltrinelli y senador comunista. La <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">gauche divine <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">europea. Hab\u00eda sido director de la revolucionaria Bauhaus, que fuera el centro experimental de la pl\u00e1stica europea.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Aunque Maldonado ten\u00eda m\u00e1s fama que obra, la Bauhaus, como envejecida vanguardia, lo prestigiaba.<\/span><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Crisis <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">tuvo la primera intenci\u00f3n de ser la gran revista cultural, pluralista. El objetivo de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Crisis <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">era superar el provincialismo con una est\u00e9tica volcada a lo profundo y permanente, siguiendo el auge literario extraordinario de Argentina y Am\u00e9rica Latina. Yo, con la realidad de mi traslado al exterior, en diciembre me desvincul\u00e9 de la revista. Sent\u00ed que la pol\u00edtica argentina inauguraba un ciclo negro. Meses despu\u00e9s, Vogelius dedic\u00f3 <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Crisis <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">a la pol\u00edtica de la izquierda revolucionaria sin calcular las consecuencias. Pero se transform\u00f3 en una revista de \u00e9poca y de referencia ineludible. Sabato tambi\u00e9n se alej\u00f3.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En ese entonces empec\u00e9 a comprender que mi carrera diplom\u00e1tica me ayudaba a zafarme de estancamientos existenciales, personales o hist\u00f3ricos. Estancamientos en el amor, sexo, dinero, crisis. Ya me sent\u00eda por entonces como el marinero con experiencia: destinado a zarpar. Siempre arrancarse y zarpar. Hay destino, que es misterio, y hay voluntad, tal vez ingenua, de mejorar el destino, aunque sepamos que est\u00e1 inexorablemente escrito. Creer en el destino nos alivia de aceptar las gracias y desgracias como sorpresas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tom\u00e1bamos con Sabato un aperitivo en el balc\u00f3n del Consulado ante el espect\u00e1culo radiante del mediod\u00eda. Ernesto<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">contaba los episodios de la pol\u00edtica argentina y en especial lo personal, con tintes invariablemente dram\u00e1ticos. Trat\u00e9 de distraerlo hacia la espl\u00e9ndida realidad mostr\u00e1ndole el movimiento del mercado de la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Pescheria<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Le se\u00f1al\u00e9 la g\u00f3ndola del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">traghetto <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">con la que los venecianos cruzan a la gente en algunos sectores del Gran Canal, algunos pocos sentados, y seis o siete de pie, con equilibrio de marinos avezados.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Uno deja una moneda de cien liras y cruza \u2014dije\u2014. La <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Pescheria <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">es el mercado m\u00e1s antiguo: mil a\u00f1os en el mismo lugar.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Caronte \u2014dijo sombr\u00edamente Ernesto.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero nada le llamaba mayormente la atenci\u00f3n. Tampoco cuando apareci\u00f3 Iv\u00e1n, que hab\u00eda regresado del colegio, seguido por la gata.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Salud\u00e1 al escritor m\u00e1s famoso de Argentina \u2014le dije a mi hijo. Ernesto rara vez prestaba atenci\u00f3n, siempre andaba entre sus ideolog\u00edas, juicios, protestas. La realidad no se ve\u00eda en sus palabras, s\u00f3lo se escuchaba un eterno intento de transformarla o recordarla, o vituperarla con iron\u00eda y entusiasmo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desde el balc\u00f3n del Consulado, la vista que se extend\u00eda desde la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Pescheria <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">hacia los palacios soleados de la ribera opuesta y ese cielo azul de porcelana configuraban una gigantesca sonrisa. Comprend\u00ed que era un esfuerzo in\u00fatil de Venecia para quebrar la tozuda argentinidad de Ernesto Sabato, que me segu\u00eda comentando la crisis de la revista <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Crisis <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">como si me estuviese acompa\u00f1ando de la puerta de su casa hasta la estaci\u00f3n de Santos Lugares. Extend\u00ed la mano hacia la bandada de palomas que planeaban sobre el Canal y la fiesta de las gaviotas, limpiando los cajones de mariscos desechados a esa hora de cierre del mercado. Sabato prosegu\u00eda ensimismado en su queja.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Vogelius se qued\u00f3 de una pieza cuando le dije que no cuente m\u00e1s conmigo para <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Crisis<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Me quer\u00eda convencer. Yo ya fui comunista en los a\u00f1os treinta, \u00a1cuando costaba la vida o el martirio! Lo que viene en Argentina es una lamentable chiquilinada. \u00a1Por Dios! Un peronismo guevarizado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a1A qui\u00e9n se le ocurre! Como usted debe saber, ya se hizo cargo de la revista Eduardo Galeano.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Me cont\u00f3 Jorge V\u00e1zquez, el montonero-diplom\u00e1tico, valga este extremo ox\u00edmoron, que Per\u00f3n cuando se encontr\u00f3 con ellos les hab\u00eda dicho: \u201cMuchachos, ustedes van a empezar con el comunismo cuando el comunismo se est\u00e1 yendo de la Historia sin que nadie lo empuje\u2026\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014Sabato se ri\u00f3 con ganas y alab\u00f3 a su odiado Per\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014\u00a1Qu\u00e9 gran hijo de puta! \u2014dijo elogiosamente.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><span style=\"font-weight: 400;\">22<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En aquel d\u00eda circular de seis a\u00f1os de duraci\u00f3n, llegaron Borges y Mar\u00eda Kodama a Venecia. Viajaban frecuentemente y por todo el mundo. Borges estaba en los a\u00f1os m\u00e1s intensos de su fama mundial. Le hab\u00edan negado el premio Nobel por haber aceptado de Chile la mayor condecoraci\u00f3n nacional, pero de manos de Pinochet. Sabemos que la hipocres\u00eda europea grita por izquierda pero pone los huevos por derecha, como el tero. No le dieron el Nobel, que a fin de cuentas es un galard\u00f3n anual, con una frecuencia m\u00e1s r\u00e1pida que la del talento literario creador. En cambio, el destino lo repar\u00f3 con la diligencia indeclinable de Mar\u00eda Kodama. Uno debe pensar qu\u00e9 convendr\u00eda m\u00e1s, porque Kodama acompa\u00f1\u00f3 al despistado Borges con discreci\u00f3n y mantiene viva su presencia en el mundo movi\u00e9ndose con astucia y eficacia, llevando su nombre <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">urbi et orbi<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. En esos d\u00edas pens\u00e9 que lo hab\u00eda remozado bastante al mismo Borges, en algunas lagunas literarias en relaci\u00f3n con la literatura posterior a la Segunda Guerra. Alivi\u00f3, como pudo, sus tenaces y sinceras opiniones sobre pol\u00edtica. Creo, pienso, que por Kodama dej\u00f3 de alabar a dictadores sudamericanos y se enter\u00f3 de torturados y desaparecidos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Lleg\u00f3 muy borgianamente. Se alojaron de entrada en un hotel con nombre digno del sudeste asi\u00e1tico o de Mandalay, ubicado muy a trasmano y a cien d\u00f3lares de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">motoscafo <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">del centro hist\u00f3rico y el Consulado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El editor italiano de la Biblioteca Borges, Franco Maria Ricci, ayud\u00f3 a Mar\u00eda a buscar un alojamiento en el centro hist\u00f3rico. Borges no quer\u00eda un hospedaje cinco estrellas m\u00e1s que el que usaba en Par\u00eds, que reun\u00eda condiciones de paz, sosiego y el prestigio de haber sido morada de su admirado Oscar Wilde.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Encontraron uno a pocos pasos del Palacio Ducal y se trasladaron al d\u00eda siguiente. Borges crey\u00f3 alcanzar a ver las letras y el logo del hotel. \u201c\u00bfQu\u00e9 dice?\u201d, pregunt\u00f3. \u201cAlbergo Londra\u201d, respondi\u00f3 Mar\u00eda. Les dijo a Ricci y a Mar\u00eda que parec\u00eda casualidad, pero que no era casual. \u201cEs el mismo hotel donde nos alojamos con mis padres hace sesenta a\u00f1os\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfTendr\u00e9 esta ma\u00f1ana quince a\u00f1os? \u00bfEl tiempo es circular y estamos donde estuvimos y estaremos otra vez? \u00bfMis padres me estar\u00e1n esperando abajo en el vest\u00edbulo para la primera caminata por Venecia, como aquella vez?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando yo ten\u00eda diecisiete o dieciocho a\u00f1os hab\u00eda conocido a Borges en algunos festejos de la Sociedad de Escritores, en la vieja casa donada por Victoria Ocampo de la calle M\u00e9xico. Entonces Borges s\u00ed era \u201cun hombre m\u00e1s bien enlutado que viajaba en tranway\u201d. Pero cuando lo vi llegar al Consulado sentado en la parte trasera del taxi-lancha, y al bajar al embarcadero de la mano de Kodama, observ\u00e9 su elegante traje de gabardina y una corbata de seda con correspondencias de color que Borges no habr\u00eda imaginado cuando caminaba por Florida, despu\u00e9s de tomar su vaso de leche en La Cosechera de la Avenida de Mayo. Entonces lo cruc\u00e9 m\u00e1s de una vez al salir yo del Nacional Buenos Aires, cuando \u00e9l no era ciego ni tan admirado mundialmente. Hacia<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">1950, el famoso Angel Battistessa, profesor de castellano y literatura, invit\u00f3 a los de nuestra clase a la Alianza Francesa, donde Borges daba una de esas conferencias que lo ayudaban para vivir, porque estaba en la lista negra del peronismo. La Alianza era un teatrito, con estrado y butacas acogedoras. Yo estaba muy al costado de la segunda fila y pude ver, entre las bambalinas laterales, la cabeza de Borges inclinada hacia una mano que sosten\u00eda un peine de carey. Era un chico al que su madre obliga a someterse al peine. Y conjetur\u00e9 mucho despu\u00e9s, como \u00e9l dir\u00eda, que era su madre, Leonor Acevedo. Su dulce pero ineludible \u00e1ngel tutelar.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Borges s\u00f3lo ve\u00eda algunas formas con intensa luz diurna. Entraba al palacio Mangilli-Valmarana con paso nada titubeante, m\u00e1s bien como si su ceguera tuviese algo de incre\u00edble o de despreciable dificultad menor. Estaba en el apogeo de su fama en Inglaterra, donde lo traduc\u00eda Norman di Giovanni, y en Francia, Roger Caillois. Hab\u00eda hablado en los grandes foros mundiales, desde las Naciones Unidas a la Unesco, Honoris Causa en Yale. No obstante ten\u00eda una timidez tao\u00edsta, natural, nacida de un cierto escepticismo o prevenci\u00f3n visceral ante la convenci\u00f3n mundana. Ninguna situaci\u00f3n, por ex\u00f3tica que fuere, lo sacaba de su distancia, de su yo est\u00e9tico.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><strong>Foto:<\/strong> Venecia, Italia, por Rebe Adelaida, Unsplash.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8220;Apenas hab\u00eda llegado yo mismo a Venecia cuando inesperadamente llam\u00f3 S\u00e1bato desde Roma. Fue la primera demostraci\u00f3n de que Venecia es un sal\u00f3n universal, un santuario de todos los peregrinajes y peregrinos. 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