{"id":15205,"date":"2022-06-06T15:01:53","date_gmt":"2022-06-06T21:01:53","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/2022\/06\/el-infierno-tan-temido-de-las-madres-y-la-literatura\/"},"modified":"2023-05-23T20:41:18","modified_gmt":"2023-05-24T02:41:18","slug":"el-infierno-tan-temido-de-las-madres-y-la-literatura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2022\/06\/el-infierno-tan-temido-de-las-madres-y-la-literatura\/","title":{"rendered":"El infierno tan temido de las madres (y la literatura)"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">No ser\u00eda exagerado afirmar que la maternidad ha tomado por asalto la literatura en espa\u00f1ol en lo que va del siglo XXI. De ser personajes relativamente marginales, cuando no invisibles e invisibilizados, las madres han pasado a ocupar en las letras hispanoamericanas un lugar sin l\u00edmites morales, psicol\u00f3gicos, sociales y aun est\u00e9ticos. Con una insistencia cada vez mayor, desde la poes\u00eda hasta el ensayo, desde la cr\u00f3nica hasta las memorias, el teatro y en especial la narrativa, autoras de todo el \u00e1mbito de la lengua hacen de sus maternidades un tema literario dominante que reh\u00faye con estudiado desd\u00e9n los pl\u00e1cidos estantes de la puericultura y la autoayuda para reclamar su derecho de admisi\u00f3n en los ca\u00f3ticos anaqueles de la literatura contempor\u00e1nea. As\u00ed, libres de todo prop\u00f3sito did\u00e1ctico o edificante, de todo enternecimiento program\u00e1tico, de toda sospecha de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">utilidad <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">emp\u00edrica o te\u00f3rica, estas obras escritas por autoras nacidas en Chile, Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, Espa\u00f1a (Pa\u00eds Vasco y Catalu\u00f1a), M\u00e9xico, Per\u00fa y Venezuela invitan a explorar minuciosamente una <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">terra incognita<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> para la literatura, sin excluir ninguno de los detalles m\u00e1s viscerales de un acontecimiento f\u00edsica y emocionalmente revulsivo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Si bien queda pendiente el trabajo cr\u00edtico de revisar los rasgos distintivos de la experiencia materna tal como se representan en las decenas de libros de madres publicados en la \u00faltima d\u00e9cada, as\u00ed como su relaci\u00f3n con cambios relevantes que se han producido paralelamente en las respectivas sociedades a las que pertenecen las autoras \u2014legalizaci\u00f3n del aborto, matrimonio igualitario, nuevos feminismos\u2014, puede arriesgarse un primer acercamiento a la construcci\u00f3n literaria de las maternidades que pueblan este nuevo subg\u00e9nero en crecimiento. Una clasificaci\u00f3n prematura, acaso tambi\u00e9n simple y rudimentaria, permite ubicar dos vertientes mayores en el proliferante mapa de madres de ficci\u00f3n o de ficciones de madres. Por un lado, est\u00e1 la cara m\u00e1s vista, m\u00e1s idealizada, de la maternidad: la celebratoria, la ext\u00e1tica, la que sigue el impulso del \u201cmilagro de la vida\u201d. Esta maternidad id\u00edlica da cuenta de una experiencia mayormente gozosa o medianamente transitable sin rincones oscuros ni manchas indelebles; sus aristas est\u00e1n suavizadas por un voluntarismo contemplativo que siempre encuentra una compensaci\u00f3n emocional, moral o est\u00e9tica para los sinsabores de la maternidad. A esta vertiente romantizada podemos oponer la realista, que se afana en reconocer aspectos acidulados de una maternidad sin edulcorantes que ya no obedece a la tiran\u00eda de la dulzura (la alegr\u00eda, la exaltaci\u00f3n, la saciedad, los tonos pastel). Esta vertiente realista exhibe maternidades m\u00e1s complejas, con recovecos sucios y malolientes, con ojeras marcadas, con cabelleras despeinadas y nervios de punta. El cansancio f\u00edsico y mental es un ingrediente fundamental de estos relatos, as\u00ed como el eterno retorno de la cotidianeidad, de las exigencias de cuerpos propios y ajenos, de los d\u00edas de la noche, del hartazgo y de la repetici\u00f3n, de la lucha incesante contra la tendencia universal al caos. Encontramos todo esto en ensayos y en ficciones, en autoficciones y en memorias. Se cumple as\u00ed con el sano prop\u00f3sito de complicar la imagen hasta entonces tersa y fluida de las maternidades, de exhibir sus grumos y rugosidades, al menos transitoriamente. Porque, aun en estas ficciones, por naturalistas que parezcan, el balance final es siempre positivo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y aunque en esta especie de ying y yang de la maternidad literaria, entre idealizaci\u00f3n y realismo, no parezca haber sitio para nada m\u00e1s; existe, sin embargo, una tercera vertiente que se dedica a explorar las fantas\u00edas m\u00e1s oscuras que conlleva la maternidad. Acaso no sorprende que tambi\u00e9n sea desentendida de toda condici\u00f3n testimonial la m\u00e1s abiertamente ficcional. En cierto sentido, asume esa libertad para jugar con las leyes que la propia maternidad propone o impone, ya que si uno de los cambios m\u00e1s radicales que implica la maternidad es la aparici\u00f3n de nuevas formas del terror \u2014a la propia muerte, a la vida misma, a la vida nueva, a la muerte de la vida nueva\u2014, esta maternidad de ficci\u00f3n lleva ese terror hasta sus \u00faltimas consecuencias. Sin la obediencia al optimismo que reclama la vertiente idealizada ni el sinceramiento descriptivo que prescribe la realista, esta tercera vertiente, que podr\u00edamos llamar \u201cp\u00e1nica\u201d, se aparta deliberadamente del deber y el haber de los mandatos maternos, de los aspectos \u201cbuenos\u201d y \u201cmalos\u201d, de la limpieza y de la suciedad, de lo mejor y lo peor iluminado. Se hunde en el lado oscuro de la maternidad, en sus zonas m\u00e1s ambiguas e inquietantes, con terca osad\u00eda, casi a tientas, sin br\u00fajulas ni mapas, dispuesta a asumir la incertidumbre como \u00fanico requisito para hacer literatura.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La angustia ante las posibles desgracias de la progenie es, en cierto modo, la parte m\u00e1s vulnerable de una madre. Pero el terror no termina all\u00ed pues la maternidad implica, asimismo, multiplicaci\u00f3n, y con ello se a\u00f1aden miedos nuevos, miedos siempre renovados, que tal vez ni siquiera se hab\u00edan imaginado. A eso se a\u00f1aden los miedos sobre una misma, sobre la propia condici\u00f3n de madre, sobre su propio cuerpo y su propio ser, pero tambi\u00e9n acerca de lo que cada una ha matado de s\u00ed para ser madre, de la vida que se a\u00f1ora y que se teme no recuperar jam\u00e1s. Sin embargo, narrar los miedos como tales no significa dejar que los miedos se apoderen del relato, que lo protagonicen, que lo organicen, que sean la materia de que est\u00e1 hecha la trama, como sucede con dos novelas recientes. La argentina Samanta Schweblin <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">(1978) <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">y la mexicana Brenda Navarro (1982) se abisman en esos d\u00edas sobrepoblados de temores y temblores incontrolables para construir sus <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">ficciones maternas, en lugar de construir personajes de madres con mayores o menores ambiciones de dominar ese universo de cambios constantes que constituye la maternidad.\u00a0<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Lejos de la catarsis confesional, se concentran con premeditaci\u00f3n y alevos\u00eda en los terrores maternos. De ah\u00ed que ambas novelas tengan un efecto de lectura magn\u00e9tico, de suspenso, de regodeo anticipatorio, de tensi\u00f3n sostenida.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> Distancia de rescate <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(2014), de Schweblin, el p\u00e1nico materno impulsa el di\u00e1logo entre<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> Amanda<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">, madre de Nina, y de David, hijo de Carla. En el coraz\u00f3n de la novela late un peligro tan inminente como tr\u00e1gico; un peligro que no termina de revelarse pero que se relaciona con el uso de fertilizantes en el campo donde viven y con un incidente que vivieron David y Carla en el antes de la llegada de Amanda y Nina de vacaciones. El t\u00edtulo de la novela hace referencia a \u201c<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">esa distancia variable que me separa de mi hija y me paso la mitad del d\u00eda calcul\u00e1ndola, aunque siempre arriesgo m\u00e1s de lo que deber\u00eda\u201d. Es una distancia espacial, f\u00edsica, pero tambi\u00e9n es una ocupaci\u00f3n mental constante que se dilata en el tiempo materno con una voracidad que la narradora es incapaz de controlar.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El terror que esta novela de <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Schweblin<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> despliega a lo largo de todo el relato es pesadillesco, pero innominado: un efecto que oculta, perversamente, su causa.\u00a0 Las soluciones posibles podr\u00edan calificarse de paranormales si terminaran de revelarse como tales, pero todo en la narraci\u00f3n \u2014desde el di\u00e1logo con el ni\u00f1o fantasmal hasta esa suerte de transmigraci\u00f3n del alma del ni\u00f1o\u2014 se mantiene, como en algunos cuentos de Henry James, en una deliberada ambig\u00fcedad. Pero lo ominoso no proviene tanto de una circunstancia externa, cuya revelaci\u00f3n proporcionar\u00eda la clave de lectura, sino de la forma misma de la maternidad, de su condici\u00f3n irreductible: la narradora-madre, Amanda, vive con la certeza de que un peligro ominoso pero incierto acecha a su hija. Y ese miedo es at\u00e1vico:<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0\u201c<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Es algo heredado de mi madre. \u2018Te quiero cerca\u2019, me dec\u00eda. \u2018Mantengamos la distancia de rescate\u2019\u201d. Ha heredado <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">el peso del presagio y, a su vez, deber\u00e1 transmitirlo: <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u201ctarde o temprano suceder\u00e1 algo terrible. Mi abuela se lo hizo saber a mi madre, toda su infancia, mi madre me lo hizo saber a m\u00ed, toda mi infancia, a m\u00ed me toca ocuparme de Nina\u201d. Ahora le toca a ella construir en su hija ese miedo que Nina, a su vez, transmitir\u00e1 a su propia hija cuando la tenga. Esa<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> transmisi\u00f3n matrilineal del miedo es algo que la novela va revelando poco a poco, sin necesidad de corolarios ni de desenlaces espectaculares, porque en esta novela el terror materno es, parafraseando a Borges, la inminencia de una desgracia que no se produce.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Casas vac\u00edas <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(2019), de Navarro, la forma del horror materno es, si cabe, m\u00e1s intrincada y menos convencionalmente aceptable. Est\u00e1 hecho de la p\u00e9rdida del hijo de la narradora, ya se anuncia en el inicio mismo del relato: \u201cDaniel desapareci\u00f3 tres meses, dos d\u00edas, ocho horas despu\u00e9s de su cumplea\u00f1os. Ten\u00eda tres a\u00f1os. Era mi hijo\u201d. Hasta aqu\u00ed, Amanda y la narradora an\u00f3nima de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Casas vac\u00edas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> coinciden; una hija a punto de perderse y un hijo perdido parecen dos versiones de la misma pesadilla. Sin embargo, la asepsia del \u00edncipit augura el horror que se desplegar\u00e1 a lo largo de las p\u00e1ginas: si bien el espanto de la narradora an\u00f3nima ante la p\u00e9rdida es esperable, comprensible, asimilable, el espanto de haberlo parido, que va vislumbr\u00e1ndose gradualmente, es el verdadero coraz\u00f3n de las tinieblas que impulsa la novela.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La desaparici\u00f3n repentina de Daniel permite a la narradora desplegar su culpa infinita por haber descuidado a su hijo, al tiempo que la habilita a explorar otros remordimientos, anteriores, nacidos con la existencia misma del ni\u00f1o: \u201cFinalmente, la realidad fue que Daniel se convert\u00eda en el carro\u00f1ero que nos devoraba el tiempo y nos dejaba sudar la putrefacci\u00f3n que emana cuando lo humano se evapora ante el cansancio y luego, otra vez, nos volv\u00eda a comer\u201d. Canibalismo (figurado), carro\u00f1a, podredumbre: la maternidad queda as\u00ed transmutada en im\u00e1genes repugnantes, l\u00fagubres, degradantes. La narradora combate el mandato social de la culpa por haber perdido a su hijo con el rechazo f\u00edsico y aun ontol\u00f3gico del \u201cfruto de su vientre\u201d, evitando as\u00ed la inevitable dosis de edulcorante que exige la maternidad realista. Incluso el recuerdo del embarazo reh\u00faye la tenaz p\u00e1tina idealizadora: \u201cTodo embarazo es de alto riesgo, respond\u00eda para justificar las dolencias que todos minimizaban: riesgo de matarte porque no puedes m\u00e1s, riesgo de matar a Fran por disfrazar mis quejas f\u00edsicas en arrumacos cursis por un futuro mejor, riesgo de sacarlo con las manos, con un cuchillo o con un gancho y morir de culpa y de tristeza\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El temor de extraviar definitivamente al hijo <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">un hijo no deseado pero cuya p\u00e9rdida es menos deseada todav\u00eda<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> divide el relato en dos mitades, entre la madre que pierde a Daniel en una plaza por estar pendiente del tel\u00e9fono en espera de un mensaje de su amante y la madre que lo roba, porque es el ni\u00f1o m\u00e1s hermoso que viera jam\u00e1s, y lo rebautiza Leonel. Pero la madre que roba a Daniel-Leonel tampoco es feliz y vive con el constante terror de ser descubierta, adem\u00e1s de sufrir las dificultades propias de toda madre y m\u00e1s a\u00fan de un ni\u00f1o que, al menos inicialmente, no comprende.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las madres narradoras de ambas novelas resuelven la ecuaci\u00f3n de la culpa con la \u00fanica soluci\u00f3n de que disponen: la narradora an\u00f3nima de Navarro se llama desde las primeras p\u00e1ginas \u201cestafa de madre\u201d y, m\u00e1s adelante, \u201cbroma materna\u201d; la Amanda de Schweblin, en cambio, se pregunta: \u201c<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfEs porque hice algo mal? \u00bfFui una mala madre? \u00bfEs algo que yo provoqu\u00e9?\u201d. Esta autorreferencialidad no es s\u00f3lo narcisismo; en su concepci\u00f3n del universo maternal los \u00fanicos habitantes son ellas mismas y sus hijos peque\u00f1os. Es un universo que se reduce a su m\u00ednima expresi\u00f3n, a esa unidad vital que componen con su progenie y donde toda culpa, todo accidente, todo miedo, las tiene por v\u00edctimas y victimarias. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">La distracci\u00f3n es la clave del enigma: la maternidad no admite competencia; es una apuesta a todo o nada. Los castigos son desmesurados: los ni\u00f1os enferman al punto de que sus vidas corren peligro o son raptados para siempre. Ambas\u00a0novelas se hunden en miedos palpables y ponen en escena el infierno tan temido: la hija que est\u00e1 bajo una amenaza permanente y desconocida, el hijo que desaparece. Son la escenificaci\u00f3n de los terrores de madre con el peor de los desenlaces posibles; una fantas\u00eda siniestra llevada hasta las \u00faltimas consecuencias. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Y en<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> Casas vac\u00edas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, entre\u00a0los miedos razonables, se abre paso un miedo, visceral, que se resiste a mostrarse del todo y que proviene de la conmoci\u00f3n por el hecho mismo de haberse reproducido: \u201cSiempre tuve miedo de Daniel \u2014sentencia la narradora\u2014. Hay que ser demasiado inconsciente para no tenerle miedo a una nueva vida\u201d.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La constelaci\u00f3n de novelas sobre madres no deja de proliferar, de multiplicar miedos y horrores, pero tambi\u00e9n formas, voces y temas tan diversos como las maternidades mismas. Maternidad <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">queer<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> como en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Boulder<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de la espa\u00f1ola Eva Baltasar. Madres asesinas como las de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Mongolia,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de la peruana Julia Wong; <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Las madres no<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Katixa Agirre y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Mi amor desgraciado<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Lola L\u00f3pez Mond\u00e9jar, ambas espa\u00f1olas. Madres precarias como las de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Fugaz<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Leila Sucari y, en su inminencia, la de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Ac\u00e1 todav\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Romina Paula, ambas argentinas. Madres cotidian\u00edsimas como las de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Madre soltera, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">de Marina Yuckzuk; y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Partida de nacimiento<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de la argentina-venezolana Virginia Cosin. Maternidades anheladas como las de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">In vitro, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">de la mexicana Isabel Zapata, y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Qui\u00e9n quiere ser madre, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">de la espa\u00f1ola Silvia Nanclares. Maternidades oblicuas como la de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">C\u00f3mo cuidar de un pato, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">de la chilena Josefina Gonz\u00e1lez y, opacas e inasibles, como la de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Una madre protectora, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">del argentino Guillermo Mart\u00ednez. Maternidades resistidas como las de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Contra los hijos, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">de la chilena Lina Meruane, y la inminente <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Antimaternity,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de la argentina Robertita. Maternidades cr\u00edticas como las de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La mejor madre del mundo,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de la espa\u00f1ola Nuria Labari; y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Linea nigra,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de la mexicana Jazmina Barrera. Maternidades alteradas por la hostilidad del mundo como las de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Una herida llena de peces,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de la colombiana Lorena Salazar Masso; <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Lost Children Archive,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de la mexicana Valeria Luiselli (traducida como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Desierto sonoro<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">), y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Roza tumba quema,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de la salvadore\u00f1a Claudia Hern\u00e1ndez. Estas obras despliegan modos diversos de concebir, de padecer, o aun de cuestionar la condici\u00f3n materna. M\u00e1s all\u00e1 de sus similitudes y diferencias, estas nuevas voces reivindican, para narrar la maternidad, esa libertad que s\u00f3lo la literatura puede otorgar.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No ser\u00eda exagerado afirmar que la maternidad ha tomado por asalto la literatura en espa\u00f1ol en lo que va del siglo XXI. De ser personajes relativamente marginales, cuando no invisibles e invisibilizados, las madres han pasado a ocupar en las letras hispanoamericanas un lugar sin l\u00edmites morales, psicol\u00f3gicos, sociales y aun est\u00e9ticos. Con una insistencia cada vez mayor, desde la poes\u00eda hasta el ensayo, desde la cr\u00f3nica hasta las memorias, el teatro y en especial la narrativa, autoras de todo el \u00e1mbito de la lengua hacen de sus maternidades un tema literario dominante que reh\u00faye con estudiado desd\u00e9n los pl\u00e1cidos estantes de la puericultura y la autoayuda para reclamar su derecho de admisi\u00f3n en los ca\u00f3ticos anaqueles de la literatura contempor\u00e1nea. As\u00ed, libres de todo prop\u00f3sito did\u00e1ctico o edificante, de todo enternecimiento program\u00e1tico, de toda sospecha de utilidad emp\u00edrica o te\u00f3rica, estas obras escritas por autoras nacidas en Chile, Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, Espa\u00f1a (Pa\u00eds Vasco y Catalu\u00f1a), M\u00e9xico, Per\u00fa y Venezuela invitan a explorar minuciosamente una terra incognita para la literatura, sin excluir ninguno de los detalles m\u00e1s viscerales de un acontecimiento f\u00edsica y emocionalmente revulsivo.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":14477,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[2889],"tags":[3950],"genre":[],"pretext":[],"section":[4049],"translator":[],"lal_author":[4050],"class_list":["post-15205","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayos","tag-number-22-es","section-essay-es","lal_author-maria-julia-rossi-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15205","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15205"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15205\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14477"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15205"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15205"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15205"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=15205"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=15205"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=15205"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=15205"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=15205"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}