{"id":15184,"date":"2022-06-08T15:01:34","date_gmt":"2022-06-08T21:01:34","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/2022\/06\/roberto-bolano-y-natalie-portman-en-un-motel\/"},"modified":"2023-05-23T20:31:41","modified_gmt":"2023-05-24T02:31:41","slug":"roberto-bolano-y-natalie-portman-en-un-motel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2022\/06\/roberto-bolano-y-natalie-portman-en-un-motel\/","title":{"rendered":"Roberto Bola\u00f1o y Natalie Portman en un motel"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Son las dos de la tarde del lunes. \u00c9l se levanta de su silla, deja la computadora en estado de hibernaci\u00f3n. Tiene un par de horas para comer. Toma un libro del caj\u00f3n. Sus compa\u00f1eros aprovechan el descanso para manejar a sus casas, as\u00ed conviven con sus familias. Casi todos est\u00e1n casados; la mayor\u00eda tienen hijos. \u00c9l, a diferencia de ellos, vive solo. Contraer\u00e1 matrimonio en unos meses, pero mientras tanto, prefiere aprovechar el descanso para relajarse. Ha tomado como rutina leer mientras camina hasta uno de los muchos restaurantes cercanos. El edificio de la compa\u00f1\u00eda est\u00e1 ubicado en una avenida amplia y transitada. Hoy decide andar otra ruta. Toma una calle transversal. Llega a un eje vial con demasiado tr\u00e1fico. El sol mantiene una temperatura arriba de los treinta grados; empieza a sentir como suda su espalda. A los pocos metros ve un restaurante: en realidad es un motel con un comedor al frente.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Duda un segundo. El lugar se ve solitario, adem\u00e1s es un motel. La idea de comer ah\u00ed le parece, por alguna raz\u00f3n, perversa. Se acerca a la puerta, se detiene, sigue su camino, avanza un par de metros. A lo largo de la banqueta s\u00f3lo se ven edificios de oficina sin movimiento. Adem\u00e1s de los conductores en sus autos, avanzando lentamente, hist\u00e9ricos ante cada movimiento, no se ve a ninguna persona. Por un segundo le parece que cambi\u00f3 de ciudad: la desconoce, todo parece ajeno. Se queda all\u00ed, bajo el sol, est\u00e1tico. Se acomoda en la banca de una solitaria parada de autobuses. Abre el libro.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Est\u00e1 absorto en el cuento que lee. Cuando levanta la vista, una chica le sonr\u00ede. Voltea hacia atr\u00e1s por reflejo. S\u00f3lo est\u00e1n ellos dos. Ella se acerca, \u00e9l cierra el libro. Viste un pantal\u00f3n de tela blanca muy delgada y un top deportivo ajustado. Por un momento supone que ella no existe, que est\u00e1 alucinando. Estas cosas no le pasan a la gente como \u00e9l. La chica le pregunta por una l\u00ednea de transporte p\u00fablico. Lo siento, no sabr\u00eda decirle. Ella le cuestiona si sabe una forma de ir al centro de la ciudad. \u00c9l intenta verla directo a los ojos. Le parece muy bonita; ese pensamiento le obliga a bajar la mirada. Hace a\u00f1os que no tomo cami\u00f3n. Gracias, dice ella, \u00bfQu\u00e9 hora tienes? Mira su reloj y da la cifra. Ella pasa a su lado. No puede menos que mirarla. A la luz intensa del sol, el pantal\u00f3n parece casi transparente. Nota una tanga. Sus ojos se encadenan a los gl\u00fateos torneados.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La ve alejarse unos pasos. Cae en cuenta de que la mira con descaro. Siente una erecci\u00f3n. Se turba, sus mejillas enrojecen. Emprende el camino de regreso. Se detiene de nuevo en el restaurante del motel. Decide entrar. Sigue sin clientes. Apenas abre la puerta de cristal, toma una mesa cerca de una ventana. Ve el men\u00fa. Mientras aparece alguien para atenderlo, abre el libro. Intenta seguir con el cuento. La misma chica que vio en la calle, entra. Se sienta frente a \u00e9l. Le sonr\u00ede de nuevo y le pregunta qu\u00e9 le recomienda para comer. Contesta que es la primera vez que est\u00e1 all\u00ed. \u00bfHola?, grita la mujer. Un joven con apariencia somnolienta asoma su rostro a trav\u00e9s de una puerta tras la barra. Le grita de nuevo: \u00bfQu\u00e9 nos recomienda? Por respuesta viene un silencio forzado, como si le costara pensar en las palabras, como si esa pregunta implicara todo un an\u00e1lisis de la estabilidad del universo. La hamburguesa, dice con lentitud, como si no creyera que alguien realmente le hablaba.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Eso y una coca, dice la chica. \u00c9l, sin salir de su estupor, ordena lo mismo. Ella toma el libro. Nunca hab\u00eda o\u00eddo de este escritor, le dice, \u00bfes bueno? Es de mis favoritos, contesta \u00e9l. Ella lo abre al azar. Pasan minutos en que ninguno dice una palabra. La mujer luce divertida. No me digas tu nombre, le pide, te llamar\u00e9 Roberto Bola\u00f1o, como el autor. \u00c9l sonr\u00ede. \u00bfC\u00f3mo te llamas? dice ignorando el juego. Ella voltea los ojos hacia arriba. D\u00e9jame pensar en algo, \u00bftienes alguna actriz o cantante que te guste? Natalie Portman, contesta. Mucho gusto, concluye la chica, apoyando el torso sobre la mesa, d\u00e1ndole un beso en la mejilla.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ella ve el t\u00edtulo, \u00bfes documental o es ficci\u00f3n? \u00c9l no sabe si es una pregunta inocente o ir\u00f3nica. Ante su duda, ella reitera: \u00bfPor qu\u00e9 se llama <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Putas asesinas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">? Son cuentos, dice Roberto. Natalie empieza a leer en voz alta uno de ellos, el que bautiza al volumen. \u00c9l la escucha pensando que nada es real, que debe haberse lanzado en el eje vial y el infierno es estar en el restaurante de un motel, con una chica hermosa leyendo en voz alta los cuentos de un chileno, precisamente aqu\u00e9l donde una mujer le habla a un Max silencioso.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Les llevan su comida. Ella empieza a hablar de c\u00f3mo siempre hab\u00eda querido conocer a un escritor. Roberto la ve a los ojos. Ella le dice, con un pedazo de hamburguesa entre los dientes, que no piense que est\u00e1 loca. Usa tu imaginaci\u00f3n, \u00bfno hab\u00edas deseado alguna vez compartir mesa con Natalie? \u00c9l afirma con la cabeza, toma un trago de refresco, baja por un momento su mirada. Ella se tapa con la mano el escote. \u00c9l enrojece. Ella r\u00ede. Qu\u00e9 descarado eres. \u00c9l va a pedir perd\u00f3n, pero ella no lo deja continuar. La chica empieza a hablar de m\u00fasica. \u00c9l le responde que casi no sabe del tema. Ella no se detiene por eso y sigue hablando de grupos de los que \u00e9l nunca ha o\u00eddo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al terminar su platillo, \u00e9l ve su reloj. \u00bfA qu\u00e9 horas debes regresar al trabajo? le pregunta Natalie. En un rato, contesta. Joven, grita de nuevo la mujer al joven encargado, \u00bfHace alg\u00fan descuento a los que se alojan aqu\u00ed? No, responde el hombre confundido. L\u00e1stima, dice ella. Te espero en recepci\u00f3n, agrega despu\u00e9s en un susurro a Roberto. \u00c9l paga la cuenta. Sale del restaurante. Algo le dice que se aleje. No sabe qu\u00e9 esperar. Desde donde se encuentra, puede verla en la recepci\u00f3n del motel. Ella lo saluda con la mano, le indica que se acerque. No puede menos que obedecerla.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Abren la puerta, pasan al cuarto. Una cama matrimonial, una tele vieja, cuadros con paisajes nevados. El aire acondicionado est\u00e1 encendido. El fr\u00edo congela la camisa sudada de Roberto. Ella se acuesta en la cama, se estira. \u00c9l la mira confuso mientras se acerca lentamente. Siente que est\u00e1 debajo del agua, que en cualquier momento el infierno se revelar\u00e1 como tal, que Lucifer es una mujer en ropa deportiva ajustada. Natalie busca el control de la televisi\u00f3n; apenas lo encuentra, la enciende. La palabra secreta, dice una voz de tenor mientras se muestra un foro repleto. Todos repiten la frase. \u00c9l se queda mirando el programa, despu\u00e9s la observa a ella que ve la pantalla con fascinaci\u00f3n.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Escapar, dice Natalie imitando al coro del p\u00fablico. Roberto est\u00e1 sentado en la cama, junto a ella. El programa es una versi\u00f3n del juego del ahorcado, con la diferencia de que cada letra implica perder un porcentaje del dinero que sale de un sorteo al final. Pasan dos rondas: Palacio y Atardecer. Ella se levanta. Necesito una ducha, le dice mientras se mete al cuarto de ba\u00f1o. La puerta se queda ligeramente abierta. \u00c9l se acerca de inmediato. Desde donde est\u00e1, alcanza a ver el espejo, en el que se refleja la espalda desnuda antes de ocultarse tras una cortina pl\u00e1stica. Duda un momento. Mira hacia todos lados. Palpa su erecci\u00f3n. Finalmente se quita la ropa con lentitud. Piensa en su prometida, en el hecho de estar con otra mujer. El sentido de alerta le dice que puede ser peligroso. Inmediatamente despu\u00e9s se corrige, busca excusas que lo apoyen a tomar la decisi\u00f3n de salir antes de cometer un error. Sin embargo, la excitaci\u00f3n es mayor a cualquier pensamiento coherente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Entra al ba\u00f1o con cautela. Escucha el agua, ve el vapor que va volvi\u00e9ndose denso. Natalie canta en voz baja. \u00c9l abre la cortina. La imagen del agua cayendo por el cuerpo de la mujer, lo paraliza. Ella se queda callada. Lo mira fijamente, dando la vuelta para estar frente a \u00e9l en actitud desafiante. Ahora no sonr\u00ede, parece demasiado seria, como si se hubieran roto las reglas del juego. Roberto est\u00e1 desconcertado. Ella cierra la cortina. \u00c9l se disculpa; sale de inmediato. Se empieza a vestir. A punto de dejar el cuarto, la chica le ordena detenerse. \u00c9l voltea. Ella est\u00e1 envuelta en una toalla: los hombros cubiertos por una capa h\u00fameda, el nacimiento de los pechos que hace unos segundos contempl\u00f3. Lo mira a los ojos. \u00bfEres casado? le dice finalmente. No, pero\u2026 Roberto se debate entre ser sincero o decir una mentira. Me voy a casar pronto, responde finalmente. En los labios de ella aparece una sonrisa, \u00bfme vas a invitar a la boda? \u00c9l tartamudea: es la pregunta que m\u00e1s le ha incomodado desde hace algunos meses. Tal vez, dice \u00e9l. Ella deja caer la toalla al suelo. Me portar\u00e9 bien, le dice mientras se recuesta en la cama. Le pide que se acueste a su lado para seguir viendo el programa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Fiesta. Vagabundo. Mentira. Roberto mira alternativamente al televisor y a la mujer. La percibe h\u00fameda, respirando con lentitud. Los ojos de ella est\u00e1n hipnotizados en las palabras que letra a letra se van descubriendo. Laberinto. Elevar. La hora del d\u00eda, el zumbido del aire acondicionado, el programa y su anfitri\u00f3n con voz de tenor. Quisiera estirar su mano, tocar a Natalie, besarla. \u00bfDe d\u00f3nde crees que saquen tantas palabras? pregunta ella, inclinando ligeramente su cabeza, mir\u00e1ndolo a los ojos. No s\u00e9, dice \u00e9l: un diccionario, alg\u00fan programa de computadora, un libro. Ella r\u00ede, se acerca apenas unos cent\u00edmetros. Televisi\u00f3n. \u00a1Noticia! dice la chica. F\u00fatbol. Dentista. \u00c1frica. Llegan a una secci\u00f3n donde cualquier persona que hable puede adivinar la palabra. Repiten el n\u00famero de tel\u00e9fono antes de irse a comerciales. Deber\u00edamos hablar, dice Natalie, podr\u00edamos ganarnos algo. Roberto la mira en silencio.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ella se mueve quedando sobre \u00e9l; lo besa en los labios. \u00c9l intenta abrazarla pero la repentina imagen de su prometida lo paraliza. Ella ignora su falta de movimiento. Pasa la lengua por su cuello, le abre la camisa, chupa con delicadeza un pez\u00f3n. Conmemoraci\u00f3n, dice una voz en la tele. Ella deja lo que est\u00e1 haciendo, se pone de pie, empieza a vestirse. \u00a1Conferencia! grita emocionada, con la tanga a\u00fan hecha bola en su mano. \u00c9l la mira confuso. La rabia y la frustraci\u00f3n pelean en su cabeza por tomar el control.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Espera, le pide \u00e9l cuando la ve amarrarse los tenis. Mucha suerte en tu boda, le dice ella, acerc\u00e1ndose a darle un beso en la frente. \u00c9l siente los pechos de la chica rozando su rostro; quisiera detenerla, forzarla. Aunque sea dame tu tel\u00e9fono, le dice en un susurro. Ella sonr\u00ede. Est\u00e1 bien, le contesta. Toma el libro de Roberto y saca una pluma de su bolsa. Con una condici\u00f3n, no me podr\u00e1s hablar hasta que hayas le\u00eddo la \u00faltima p\u00e1gina. Roberto la mira con escepticismo. Natalie le da un beso m\u00e1s y sale apurada del cuarto. \u00c9l se queda viendo el final del programa. Son las cuatro de la tarde.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Roberto camina de regreso. Llega tarde del receso para comer. Inventa un contratiempo. Alguien menciona su cabello despeinado. Soporta las bromas por lo que queda de la tarde. Esa noche le propone a su novia salir a pasear. Se dirige al mismo motel. Renta el mismo cuarto. Le pide que le llame Roberto Bola\u00f1o. \u00bfComo el escritor del libro que est\u00e1s leyendo? le contesta ella. Si, a ti te llamar\u00e9 Natalie Portman. La mujer lo mira con duda, casi divertida. No sab\u00eda que te gustara tanto. Es un juego, le dice \u00e9l tratando de restarle importancia. Ella sigue el teatro. Hacen el amor con violencia, duermen abrazados. Al despertar ella le dice que lo ama, \u00e9l responde lo mismo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Durante un par de d\u00edas solamente puede pensar en Natalie: en la imagen de su cuerpo, en la posibilidad del enga\u00f1o a su prometida. No le llama, no quiere parecer ansioso. El jueves observa durante toda la ma\u00f1ana el n\u00famero en la \u00faltima hoja. Ha marcado un par de veces: nadie contesta. Ignora la advertencia de terminar el libro. No puede concentrarse. Dan las dos de la tarde. Est\u00e1 decidido. Anda hacia el motel, casi corriendo, con el libro en la mano, pensando en que la volver\u00e1 a encontrar. El sol est\u00e1 en su punto m\u00e1s alto. Avanza sudando sobre el pavimento. En el restaurante del motel no hay un solo cliente. El joven que lo atiende debe estar tras la puerta del fondo. Sigue su camino. La parada de cami\u00f3n esta solitaria. Mira a todos lados. Espera durante casi media hora. Aquella sensaci\u00f3n de ser ajeno a su entorno vuelve a \u00e9l. Desconoce el sitio. Parece que s\u00f3lo \u00e9l existe, que flota en un mundo que es una ilusi\u00f3n hecha sobre vapor. En su memoria se repite la imagen de la chica que lo bes\u00f3 hace tres d\u00edas: su voz sensual leyendo en voz alta un cuento en donde la protagonista le dice a Max que las mujeres son putas asesinas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cansado de someterse al azar de otro encuentro, toma su celular. Marca una vez m\u00e1s al tel\u00e9fono escrito en la \u00faltima hoja. Le responde una voz de tenor preguntando su nombre, escucha ruido de aplausos a lo lejos. \u00c9l cierra los ojos: puta madre, dice con enojo. No sabe que al otro lado de la bocina el p\u00fablico se queda silencioso, el locutor cambia de tema a\u00fan confuso mientras el productor piensa en c\u00f3mo eludir los censores oficiales para que no les pongan una multa. Pasada la crisis, la llamada de una mujer entra al programa. La palabra es infierno. El anfitri\u00f3n la felicita por adivinar al primer intento, por ganar una considerable cantidad de dinero. Le pregunta por su nombre: ella contesta y agrega en un tono risue\u00f1o que le gusta que le digan Natalie.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><strong>Foto:<\/strong>\u00a0Clay Banks, Unsplash.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Son las dos de la tarde del lunes. \u00c9l se levanta de su silla, deja la computadora en estado de hibernaci\u00f3n. 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