{"id":1497,"date":"2017-07-20T21:09:36","date_gmt":"2017-07-21T03:09:36","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/07\/there-also-beauty-alienation-cristina-rivera-garza\/"},"modified":"2023-06-07T08:33:34","modified_gmt":"2023-06-07T14:33:34","slug":"there-also-beauty-alienation-cristina-rivera-garza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/07\/there-also-beauty-alienation-cristina-rivera-garza\/","title":{"rendered":"&#8220;La alienaci\u00f3n tambi\u00e9n tiene su belleza&#8221; de Cristina Rivera Garza"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p style=\"text-align: right;\">The visions of a woman in motion<br \/>\nAre difficult to gauge.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Tom Robbins,<br \/>\n<i>Even the Cowgirls Get the Blues<\/i><\/p>\n<p>Respond\u00ed al anuncio del peri\u00f3dico a finales de febrero. Apenas dos meses en el nuevo a\u00f1o y ya sab\u00eda que con mi forzada dieta de semillas de girasol, pan de centeno y vegetales crudos no sobrevivir\u00eda el invierno. Alguien hab\u00eda dejado los anuncios clasificados sobre el piso y, ah\u00ed, en peque\u00f1\u00edsimas letras negras, mitad en espa\u00f1ol y mitad en ingl\u00e9s, estaba el nombre de mi futuro, o eso pens\u00e9 cuando baj\u00e9 a toda prisa las escaleras, abr\u00ed la puerta y me dirig\u00ed al tel\u00e9fono p\u00fablico m\u00e1s cercano.<\/p>\n<p>La secretaria me dio una cita para ese mismo d\u00eda, a la una de la tarde. Y puntual, reci\u00e9n ba\u00f1ada, me present\u00e9 a las puertas de un edificio moderno, rodeado de cristales. No tuve que esperar ni un minuto, la due\u00f1a de la compa\u00f1\u00eda ten\u00eda prisa y quer\u00eda terminar pronto con la entrevista. M\u00e1s de quince traductores hab\u00edan pasado ya por su oficina y el asunto en general le estaba cansando.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfEs que nadie en San Antonio habla espa\u00f1ol como dios manda? \u2013me pregunt\u00f3 en ingl\u00e9s mientras le\u00eda sin inter\u00e9s las hojas de mi curr\u00edculum y yo me tropezaba con los tapetes mexicanos de la entrada.<\/p>\n<p>\u2013S\u00ed, yo \u2013le dije con convicci\u00f3n, pensando en las semillas de girasol que llevaba guardadas dentro de los bolsillos de mi chamarra, saladas todas como mi lengua o como mi suerte de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Pens\u00e9 que me preguntar\u00eda acerca de mi experiencia con cosm\u00e9ticos, porque \u00e9se era el nombre de su compa\u00f1\u00eda: \u00abDiamantina Beauty Products, Inc.\u00bb, pero ella parec\u00eda interesada en la historia de mi vida. \u00bfHab\u00eda, de verdad, nacido en M\u00e9xico? \u00bfHab\u00eda crecido hablando espa\u00f1ol y nada m\u00e1s que espa\u00f1ol durante mi infancia? \u00bfSab\u00eda chistes, groser\u00edas, adivinanzas? Y cuando por toda respuesta le dije el trabalenguas del amor, <i>para qu\u00e9 quiero que me quiera el que no quiero que me quiera si el que quiero que me quiera no me quiere como yo quiero que me quiera, <\/i>la mujer sonri\u00f3 satisfecha y me invit\u00f3 a compartir la comida con ella.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de mi magra dieta de vegetales y agua, el olor a las alcachofas y el <i>linguini<\/i>, el sabor de los calamares y mejillones, casi me marearon. Est\u00e1bamos a orillas del r\u00edo, viendo pasar a trav\u00e9s de los cristales el lento trotar de los turistas y los reflejos del sol sobre el lomo imperceptible del agua. A\u00fan si no consegu\u00eda el trabajo, esta comida me resarc\u00eda de dos meses de hambruna vegetariana, y otros m\u00e1s de paseos n\u00f3madas y solitarios sobre la pasarela del r\u00edo sin m\u00e1s de dos centavos en las bolsas.<\/p>\n<p>Entre bocado y bocado, la mujer se entretuvo contando historias de la ciudad, <i>y acu\u00e9rdate del \u00c1lamo, querida <\/i>y <i>qu\u00e9 bonitos son los corridos mexicanos<\/i>. Diamantina ten\u00eda el mismo rostro moreno y todas las buenas maneras de las damas enriquecidas que me hab\u00edan mantenido con becas y pr\u00e9stamos escolares hasta el buen d\u00eda en que recib\u00ed mi t\u00edtulo y me encontr\u00e9 sin trabajo. Y, como ellas, Diamantina escond\u00eda sus apellidos latinos detr\u00e1s del de su esposo americano.<\/p>\n<p>\u2013La costumbre, ya sabes, querido, y esto de andar en negocios donde los L\u00f3pez Ram\u00edrez no suenan ni tantito como los Jameson o Smith \u2013me explic\u00f3 cuando finalmente me dijo su nombre completo: Diamantina Skvorc. Aunque las resonancias croatas y la falta de vocales no hab\u00edan sido tan atractivas en los 80\u2019s, todo hab\u00eda cambiado despu\u00e9s de 1989. <i>Querida<\/i>.<\/p>\n<p>Yo quer\u00eda acabar mi comida antes de que empezara a hablar de sus cosm\u00e9ticos porque, definitivamente, en esa \u00e1rea no ten\u00eda la m\u00e1s m\u00ednima experiencia. Y Diamantina, tan delicada y amable, no mezclaba los negocios con sus gustos personales. Pero ya est\u00e1bamos en la tarta de ma\u00f1ana y en los <i>martinis <\/i>dobles, y ella no hac\u00eda referencia alguna a polvos, coloretes o l\u00e1pices labiales. En su lugar, empez\u00f3 a hablar de novelas rosa y poes\u00edas cursis. De los nombres del cielo y el agua. En espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>\u2013Todo es culpa de mi padre \u2013 mencion\u00f3 cuando se dio cuenta de que su manera de hablar mi idioma me provocaba una discreta sonrisa\u2013. Nunca quiso que aprendi\u00e9ramos espa\u00f1ol para que creci\u00e9ramos sin acentos y sin complejos, aqu\u00ed en San Antonio, hace tantos a\u00f1os, querida. Cuando Diamantina levant\u00f3 su copa para brindar por eso, yo hice lo mismo. El centro de la mesa se ilumin\u00f3 con sonidos de joyas y risas. Despu\u00e9s, sin contratiempos y sin l\u00f3gica alguna, pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>\u2013\u00bfTe gustan los romances?<\/p>\n<p>No supe a qu\u00e9 se refer\u00eda exactamente per me descubr\u00ed pensando en un viaje en tren que hab\u00eda hecho desde Nueva Orleans hasta San Francisco el verano pasado. Y me descubr\u00ed pensando tambi\u00e9n en Babak Mohamed, el muchacho iran\u00ed que me acompa\u00f1aba porque despu\u00e9s de tres libros y otros tantos vasos de agua, Babak, que era moreno y de cabellos negros, casi parec\u00eda mexicano. O tal vez porque, despu\u00e9s de una dosis inusual de silencio, el espa\u00f1ol de Babak, resultado de cursos universitarios que hab\u00eda tomado en Teher\u00e1n, casi parec\u00eda el original. Tal vez s\u00f3lo porque tambi\u00e9n iba a San Francisco.<\/p>\n<p>\u2013S\u00ed, c\u00f3mo no, claro que me gustan los romances \u2013dije, convencida, despu\u00e9s de un rato.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfY est\u00e1s dispuesta a mudarte? \u2013pregunt\u00f3 a su vez Diamantina, mordisqueando la aceituna de su tercer <i>martini, <\/i>mir\u00e1ndome de lado y con media sonrisa\u2013. De inmediato. A Nueva York.<\/p>\n<p>Imagin\u00e9 la ciudad en invierno y la imagen me disgust\u00f3. Pronto, sin embargo, volv\u00ed a acordarme de mis semillas de girasol.<\/p>\n<p>\u2013S\u00ed \u2013dije, sin asomo de duda en la voz\u2013, aqu\u00ed no hay nada que me ate.<\/p>\n<p>Hab\u00eda llegado a San Antonio creyendo que ser\u00eda para siempre, que conseguir\u00eda trabajo y vivir\u00eda en uno de esos barrios llenos de colores, pero en su lugar hab\u00eda acabado desempleada, ocupando un \u00e1tico en una comuna de exhippies cuya \u00fanica misi\u00f3n sobre la tierra consist\u00eda en luchar por la legalizaci\u00f3n de la marihuana. Aunque Babak y yo est\u00e1bamos de acuerdo con su cruzada, no nos quedamos en la comuna por idealismo ni solidaridad, sino porque los exhippies albergaba a trotamundos tercermundistas sin cobrarles la renta.<\/p>\n<p>\u2013Hace poco muri\u00f3 mi abuela Diamantina \u2013dijo la empresaria.<\/p>\n<p>\u2013Lo siento \u2013la interrump\u00ed sin fijarme en realidad, luchando por llamar la atenci\u00f3n del mesero para que trajera otra ronda de <i>martinis<\/i>.<\/p>\n<p>\u2013Y me acabo de enterar de que dej\u00f3 una herencia para m\u00ed, su nieta consentida.<\/p>\n<p>Diamantina parec\u00eda gozar con mi desconcierto. No entend\u00eda por qu\u00e9 en lugar de hablar sobre mi posible trabajo me contaba cosas personales, por qu\u00e9 en lugar de firmar un contrato me embriagaba con licores exquisitos y acertijos sin control.<\/p>\n<p>\u2013Es una serie de cartas \u2013continu\u00f3\u2013. Nueve cartas de amor \u2013guard\u00f3 silencio, y observ\u00f3 las aguas del r\u00edo creando expectaci\u00f3n a su alrededor\u2013. O eso parecen al menos. Yo no las entiendo, la letra es muy irregular y habla de cosas que no conozco. M\u00e9xico. La familia. Secretos. Quiero que las traduzcas para m\u00ed. Todas las cartas. En nueve semanas. Despu\u00e9s de eso eres libre de irte o de quedarte a trabajar en la compa\u00f1\u00eda si lo prefieres.<\/p>\n<p>Era eso.<\/p>\n<p>Una carta por semana. Cuarto y comida incluidos en una zona c\u00e9ntrica de Manhattan. Y dinero suficiente para no tener que trabajar por otro a\u00f1o.<\/p>\n<p>\u2013De acuerdo \u2013le dije\u2013. \u00bfCu\u00e1ndo nos vamos?<\/p>\n<p>Diamantina sal\u00eda para Nueva York al d\u00eda siguiente, pero yo ten\u00eda dos semanas para vender mis cosas, \u00a1mis cosas!, arreglar mis asuntos, \u00a1mis asuntos!, y despedirme de mis amigos, ay mis amigos. Mi boleto estar\u00eda listo de cualquier manera en tres d\u00edas.<\/p>\n<p>Despedirse fue muy f\u00e1cil. Los ex-hippies organizaron una fiesta el fin de semana y, cuando lleg\u00f3 el momento de decir adi\u00f3s, todos se encontraban en las tierras m\u00e1s lejanas de su imaginaci\u00f3n. Babak, por su parte, sali\u00f3 a correr m\u00e1s temprano de lo acostumbrado para evitar una escena. Yo le dej\u00e9 una nota cerca de su bolsa de dormir, <i>Nos vemos, Babak<\/i>, y aunque trat\u00e9 de escribir algunas palabras amables en fahrsi, pronto me rend\u00ed ante mi ignorancia y mi prisa. Antes de dejar a la comuna para siempre s\u00f3lo escudri\u00f1\u00e9 los bolsillos de mi abrigo con mucho cuidado y tir\u00e9 al aire de San Antonio todos los residuos de mis semillas de girasol.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Llegu\u00e9 a La Guardia una tarde nublada de marzo con mi mochila de explorador como \u00fanico equipaje. Debido a que nadie me estaba esperando y a que no tra\u00eda dinero para el taxi, tom\u00e9 el autob\u00fas. Todav\u00eda hab\u00eda minucias de nieve sobre las calles y mi abrigo, que calentaba en Texas, nada pod\u00eda contra el aire g\u00e9lido de Nueva York. Cuando cruzamos los puentes, el radio anunci\u00f3 el terrible accidente que acababa de ocurrir en el aeropuerto. Todav\u00eda no se sab\u00eda el n\u00famero de muertos.<\/p>\n<p>Temblorosa pero inevitablemente pobre camin\u00e9 bajo la lluvia hasta encontrar el <i>penthouse<\/i> de siete rec\u00e1maras donde viv\u00eda Diamantina Skvork. Ella personalmente abri\u00f3 la puerta y de inmediato mand\u00f3 a la servidumbre a traer toallas y secadoras el\u00e9ctricas.<\/p>\n<p>\u2013Pero, muchacha \u2013dijo con fingida alarma\u2013, para eso hay tel\u00e9fonos. Te pude haber mandado a mi chofer. Estos mexicanos \u2013una carcajada interrumpi\u00f3 sus pensamientos mientras Trang, la recamarera vietnamita, hac\u00eda esfuerzos sobrehumanos para secarme el cabello.<\/p>\n<p>\u2013Por cierto, te vendr\u00eda bien un corte, querida \u2013dijo la empresaria mientras viraba hacia el televisor en cuyo centro, para mi sorpresa, se encontraba su cara morena, perfectamente maquillada, junto al rostro p\u00e1lido de un aspirante a puesto p\u00fablico.<\/p>\n<p>Tanto dem\u00f3cratas como republicanos la llamaban de cuando en cuando para que endosara las candidaturas de unos o de otros y ella, pensando en la propaganda para su negocio, lo hac\u00eda dependiendo de los riesgos y las ganancias. As\u00ed, desde la virtualidad del televisor, escuch\u00e9 su historia por primera vez: la historia de la ni\u00f1a de barrio pobre en San Antonio que se convirti\u00f3, por obra del destino y con el favor de Dios, en la ejecutiva de una empresa pr\u00f3spera. La historia de la joven que supo encontrar el encanto agreste de Bob Skvork, ese inmigrante yugoslavo que hab\u00eda huido de las f\u00e1bricas de Detroit para convertirse en un marido poco menos que ejemplar, aunque pl\u00e1cido. La historia de una empresaria dedicada a enaltecer la belleza natural de las mujeres hispanas que ahora, gracias a su buena suerte y algunos contactos familiares, planeaba abrir nuevos horizontes con la demanda creada por las europeas venidas del este.<\/p>\n<p>\u2013Todas son muy bellas, muy bellas mujeres \u2013insisti\u00f3 varias veces, m\u00e1s para convencerse a s\u00ed misma que al p\u00fablico en cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Mientras Diamantina se observaba con detenimiento en el televisor, disfrut\u00e1ndose sinceramente, me di cuenta de que nada en su departamento de amplios ventanales parec\u00eda tener un toque personal. Hab\u00eda estatuillas de jade y pinturas del siglo XIX, muebles antiguos y alfombras persas, espejos biselados y cortinajes de seda que, en lugar de hacer el lugar acogedor, le daban la apariencia de museo. Diamantina, embebida en s\u00ed misma, no parec\u00eda cuidar demasiado su entorno.<\/p>\n<p>\u2013Lo que tiene que hacer uno a veces, querida \u2013mencion\u00f3, m\u00e1s con socarroner\u00eda que con remordimiento, cuando la entrevista termin\u00f3.<\/p>\n<p>Entonces apag\u00f3 el televisor y, antes de irse a dormir, me guio hasta mi rec\u00e1mara y coloc\u00f3 sobre el majestuoso escritorio de caoba la caja de madera que conten\u00eda las famosas cartas de la abuela.<\/p>\n<p>\u2013Nueve semanas, querida, eso es lo \u00fanico que tienes \u2013asever\u00f3 con un tono dulz\u00f3n en la voz justo despu\u00e9s de darme las buenas noches.<\/p>\n<p>Sin m\u00e1s qu\u00e9 hacer, me tir\u00e9 sobre la cama y, entonces, me di cuenta de que hab\u00eda un espejo en el techo. El hallazgo me llen\u00f3 de melancol\u00eda.<\/p>\n<p>Esa misma noche le\u00ed todas las cartas. Eran cortas y tristes, de esas cosas que se escriben con el alma en un hilo, a escondidas de uno mismo, bajo la luz de una vela. Tan \u00edntimas que daba pena verlas. S\u00ed, Diamantina Skvorc ten\u00eda raz\u00f3n, las cartas de su abuela eran de amor, un amor desesperado y sin embargo silencioso, tenue como el olor de los jazmines trasmin\u00e1ndose debajo de las puertas, constante, imperecedero. Un amor valiente, dispuesto a cruzar todas las barreras, dispuesto a morir, a renacer, y despu\u00e9s, a morir otra vez. Un amor de nubes y agua, a la orilla de drenes florecidos, creciendo poco a poco como las plantas y los animales, sin destino, pero vivos, aferrados de todas maneras al aire y a la luz, a las lunas de abril y al frescor de las cosechas mexicanas. Ley\u00e9ndolas una tras otra a toda prisa llegu\u00e9 a pensar que, tal vez, Pessoa hab\u00eda estado equivocado: las cartas de amor no eran rid\u00edculas.<\/p>\n<p>Esa, mi primera noche en el departamento de Manhattan, llor\u00e9 por Diamantina, la abuela. Como antes, tras los cristales del tren de camino a San Francisco, hab\u00eda llorad por algo que se ve en el mismo momento de su desaparici\u00f3n. Sin embargo, llor\u00e9 por algo totalmente distinto. La abuela de Diamantina dejaba correr la tinta violeta como se deja volar un papalote. Las palabras estaban ah\u00ed, unidas una a la otra, y a la vez todas despavoridas, como bandadas de p\u00e1jaros bajo la tormenta. <i>Amor, carne de mi carne, amor de m\u00ed, sangre de mi sangre, amor<\/i>. Una y otra vez, como si nunca se cansara, como si nunca pensara que pudiera llegar a cansarse, la abuela repet\u00eda la palabra amor como una letan\u00eda. Fuerte como un \u00e1rbol, inalterable como una ra\u00edz y, como la tierra, oscuro, h\u00famedo, listo para dar frutos, su amor era todos los nombres. Este no era un romance con pasiones sentimentales y finales felices. Esta era solamente una voz, una voz solitaria, cant\u00e1ndose a s\u00ed misma una canci\u00f3n de cuna. Ay, Diamantina, tan tonta, tan enamorada, tan in\u00fatil. Con tus manos finas de no hacer nada, con tus ojos de ver s\u00f3lo a un hombre. <i>Amor, carne de mi carne, amor de m\u00ed.<\/i> Diamantina, \u00bfcu\u00e1ndo empezaste a escribir cartas?<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente me sent\u00e9 ante la computadora. Pensaba traducir la primera misiva para despu\u00e9s salir a pasear por la ciudad nublada, pero la otra Diamantina habl\u00f3 antes del mediod\u00eda y me pidi\u00f3 que no hiciera planes.<\/p>\n<p>\u2013Hoy se lleva a cabo un festival yugoslavo, bueno, croata, y necesito tu compa\u00f1\u00eda, querida \u2013me avis\u00f3 sin mucho pre\u00e1mbulo.<\/p>\n<p>Antes de colgar tambi\u00e9n me inform\u00f3 que hab\u00eda concertado una cita para m\u00ed en uno de sus salones de belleza, para que \u00abcambiara de imagen\u00bb. Sin m\u00e1s, como empujada por mecanismo autom\u00e1ticos, Trang me condujo por pasillos estrechos y escaleras de caracol hasta llegar al estacionamiento subterr\u00e1neo donde me esperaba un <i>Mercedes Benz<\/i> color durazno. Dentro de \u00e9l, medio adormilado detr\u00e1s del volante, ya se encontraba el chofer salvadore\u00f1o que me conducir\u00eda hasta el lugar de mi cita, con una sonrisa impaciente dentro de cada ojo min\u00fasculo. El gris deslucido que cubr\u00eda Nueva York del otro lado de la ventanilla me hizo pensar en Diamantina casi con aprecio. Dentro de la atm\u00f3sfera tibia del auto, acurrucada en el asiento trasero, sent\u00ed por primera vez la mano de la buena suerte tocando mi frente.<\/p>\n<p>En el sal\u00f3n de belleza me trataron con rapidez y esmero. Una muchacha de Eritrea que insist\u00eda en referirse a m\u00ed como \u00abla sobrina\u00bb, se encarg\u00f3 de transformar el calor, textura y forma de mi cabello. Otra, me hizo la manicure y pedicure en total silencio. Una m\u00e1s, de falso acento franc\u00e9s, me maquill\u00f3 en tonos claros y por dem\u00e1s invisibles. Finalmente, la administradora del lugar me condujo hasta un gran vest\u00edbulo donde ella misma escogi\u00f3 la ropa para la ocasi\u00f3n \u2013un vestido de seda de un color rojo muy c\u00e1lido, cuyas l\u00edneas sencill\u00edsimas acentuaban la fragilidad de mi esqueleto. Cuando por fin logr\u00e9 verme de cuerpo entero frente a un espejo no pude decir nada pero lo primero que me lleg\u00f3 a la mente fueron las famosas palabras de Rimbaud: \u00abJ\u2019est autre\u00bb. En efecto, sin exageraci\u00f3n, yo era otra. Mi cabello corto de novedosos tonos cobrizos me hac\u00eda lucir a\u00f1os m\u00e1s joven, mientras que el maquillaje aplicado con delicadeza dejaba ecos de elegancia en el aire. Los toques finales, por los cuales se reconocer\u00eda que no era una aficionada sino una profesional, fueron el solitario pendiente de rub\u00ed que realzaba mi cuello y el aroma liger\u00edsimo de Bulgari que le daba a todo el cuadro un cierto halo de mera casualidad.<\/p>\n<p>\u2013Pero si eres otra \u2013exclam\u00f3 la muchacha de Eritrea con sincera admiraci\u00f3n cuando estuvo a punto de chocar conmigo sin atinar a reconocerme\u2013. A Diamantina le va a gustar \u2013a\u00f1adi\u00f3.<\/p>\n<p>Y s\u00ed, tuvo raz\u00f3n, a Diamantina le gust\u00f3. Cuando abr\u00ed la puerta del bar donde se llevaba a cabo el festival croata, la empresaria corri\u00f3 a encontrarme con visible satisfacci\u00f3n en el rostro.<\/p>\n<p>\u2013Lo sab\u00eda \u2013dijo\u2013, no hay nada que un buen cosm\u00e9tico no pueda cambiar.<\/p>\n<p>Yo la mir\u00e9 pensando lo mismo. Diamantina luc\u00eda estupenda. El cabello salpicado de rayitos plateados y el maquillaje discreto le daban una dignidad sin nombre, mientras que los diamantes que colgaban de su cuello hablaban por s\u00ed mismos, a destellos, de su poder. Su mirada, sin embargo, era m\u00e1s fuerte que todo el conjunto. Directos, sin refugio, sus ojos se posaban sobre los objetos con el peso de su voluntad, combando todo a su paso. Era obvio que Diamantina conoc\u00eda la competencia, pero no la derrota. Con esa misma actitud triunfante, la empresaria me present\u00f3 entre los comensales como su sobrina.<\/p>\n<p>\u2013Su espa\u00f1ol es perfecto \u2013dec\u00eda como nota introductoria a quien la quisiera escuchar.<\/p>\n<p>La mujer que, sin consultarme, me hab\u00eda hecho parte de su familia, no sab\u00eda nada m\u00e1s de m\u00ed en realidad, pero eso no parec\u00eda molestarla. Luego de un rato se olvid\u00f3 de m\u00ed y continu\u00f3 hablando con distintos grupos de negociantes croatas, sin duda tratando de \u00abhacer contactos\u00bb. Su nueva l\u00ednea de cosm\u00e9ticos para las reci\u00e9n llegadas de Europa del Este ten\u00eda que ser uno m\u00e1s de sus \u00e9xitos. Sin dejar de observarla desde lejos, con una especie de asombro y reprobaci\u00f3n confundidos, yo me entretuve probando galletas con salm\u00f3n y bebiendo <i>manhattans<\/i> en la barra del lugar. Cada trago me hac\u00eda recordar que me encontraba, a pesar de mi incesante incredulidad, en el mismo centro de Manhattan; cada cereza me tra\u00eda la dulzura de la seguridad.<\/p>\n<p>\u2013A ti te quer\u00eda conocer, prima del alma \u2013dijo una voz un poco ebria sobre mi hombro derecho.<\/p>\n<p>Cuando me volv\u00ed, me sorprendi\u00f3 encontrar una versi\u00f3n masculina del rostro de Diamantina. Era su hijo. Jos\u00e9 Mar\u00eda Skvork. Su \u00fanico hijo. Su mata de cabello negro contrastaba con los enigm\u00e1ticos ojos grises que escond\u00eda detr\u00e1s de unos quevedianos de oro. Su boca de labios generosos, en cambio, embonaba a la perfecci\u00f3n con sus manos hedonistas, manos de placer, acostumbradas a no hacer nada.<\/p>\n<p>\u2013Mira nada m\u00e1s, manejar desde Boston para darle una sorpresa a mi madre y, alas, el sorprendido soy yo \u2013mencion\u00f3 mientras acomodaba un banco para sentarse a mi lado.<\/p>\n<p>Aunque f\u00edsicamente parecido a su madre, los gestos menudos y modales t\u00edmidos de Jos\u00e9 Mar\u00eda lo diferenciaban de ella. El muchacho carec\u00eda de la firmeza y el poder de su madre. Sus ojos miraban con una delicadeza del todo ajena al mundo de Diamantina.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfAs\u00ed que tu espa\u00f1ol es perfecto? \u2013dijo mientras ordenaba un <i>Martini<\/i>.<\/p>\n<p>\u2013Eso dice tu madre.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfY ella qu\u00e9 sabe de eso? \u2013pregunt\u00f3 con un incr\u00e9dulo sarcasmo en la voz.<\/p>\n<p>\u2013Muy poco en realidad \u2013dije, sonri\u00e9ndole.<\/p>\n<p>\u00c9l hizo lo mismo antes de brindar conmigo. El ruido del lugar nos ahorr\u00f3 la incomodidad de un silencio largo, lleno de indiferencia y nerviosismo. Tal como su madre, Jos\u00e9 Mar\u00eda pronto se olvid\u00f3 de su prima del alma y entabl\u00f3 conversaci\u00f3n con la muchacha de al lado, una pelirroja de acento brit\u00e1nico que hab\u00eda asistido al festival siguiendo las \u00f3rdenes de su abuela y su propio af\u00e1n de estar en contacto con sus propias \u00abra\u00edces\u00bb. Despu\u00e9s de un r\u00e1pido intercambio de informaci\u00f3n b\u00e1sica y un par de besos tibios, ambos salieron del brazo sin sus ra\u00edces en mente, pero en franca actitud de romance.<\/p>\n<p>\u2013De seguro piensan que encontraron el amor \u2013la voz le pertenec\u00eda a un hombre de largos cabellos rubios, nariz afilada y hondos ojos azules que seguramente hab\u00eda bebido algunas cervezas de m\u00e1s.<\/p>\n<p>Aunque lo observ\u00e9 con suspicacia, \u00e9l no se inmut\u00f3.<\/p>\n<p>\u2013Todo es resultado de esta maldita alienaci\u00f3n \u2013continu\u00f3-, se conocen aqu\u00ed, se desconocen all\u00e1. Todo empieza, todo acaba y nada pasa en realidad.<\/p>\n<p>Hab\u00eda sed en su voz, ansias de permanencia, nostalgia de algo real. Algo pasado de moda. Oyendo su soliloquio enardecido no tuve otra alternativa m\u00e1s que volver a pensar en Diamantina, la abuela. Si ella hubiera podido atravesar el tiempo y asistir al festival croata, seguramente se habr\u00eda sentado a su lado. Ella habr\u00eda guardado silencio para o\u00edrse a s\u00ed misma en la voz masculina sin distracci\u00f3n alguna.<\/p>\n<p>\u2013Esc\u00fachalo bien, querida \u2013me susurr\u00f3 la mujer marchita desde su lejano aposento.<\/p>\n<p>Y yo lo hice. El hombre en contra de la alienaci\u00f3n se llamaba Federico Hoffmann y, tal como lo imaginaba, pertenec\u00eda a una organizaci\u00f3n socialista. Era un hombre fr\u00e1gil, de ideales desmedidos y bolsillos magros; un hombre de esqueleto intacto y palabras anchas, como paraca\u00eddas; un hombre de padre alem\u00e1n y madre croata que viv\u00eda en Brooklyn y trabajaba de electricista; un hombre cuya lista de lecturas pronto hac\u00eda pensar en otro tiempo, en otro lugar, algo tan pasado de moda como Viena a inicios del siglo o como el Para\u00edso mismo. Con sus ademanes lentos y su mirada de atravesar miradas, Hoffmann me recordaba al preceptor Alem\u00e1n que Louise M. Alcott tuvo que inventar para que Josephine March no se quedara sola en alg\u00fan lugar fr\u00edo del noreste. Presos del asombro y con la velocidad que da a veces el gusto, Federico me puso al tanto de su vida con el detalle del puntillista, con la paciencia del anticuario y con el candor del hombre de mediana edad a punto de caer enamorado despu\u00e9s de tomar algunas cervezas de m\u00e1s en un festival croata. Yo, a mi manera, hice lo mismo. R\u00e1pidamente, con los brochazos agrestes del expresionista, con la ansiedad del ladr\u00f3n que dobla la esquina a toda prisa y con el nerviosismo de mujer con nuevo color de pelo, le cont\u00e9 cosas de mi vida, editando o puliendo sin demasiado rigor a\u00f1os completos, episodios fundamentales. <i>J\u2019est autre<\/i>.<\/p>\n<p>\u2013Necesito aire \u2013dije, interrumpiendo mi relato casi desde el inicio, huyendo de la ligereza de mi propia historia.<\/p>\n<p>Mientras nos pon\u00edamos los abrigos y las bufandas y, entre sonrisas nerviosas, nos prepar\u00e1bamos para entrar en el regazo fr\u00edo de marzo, busqu\u00e9 otras palabras, otras letras, otros vocablos para poder llegar hasta la humanidad de Federico Hoffmann. Pero no encontr\u00e9 nada. Por un momento, una r\u00e1faga de color blanco me nubl\u00f3 la vista y el terror me invadi\u00f3. Un segundo despu\u00e9s, justo cuando el aire g\u00e9lido nos recibi\u00f3 con los brazos abiertos sobre la calle, o\u00ed su lenguaje, tu lenguaje, abuela Diamantina, y todo cambi\u00f3. Entonces, prescindimos de las palabras y disfrutamos el paseo de noche. Primero caminamos sin rumbo y, despu\u00e9s, nos detuvimos en un <i>McDonalds <\/i>para tomar un caf\u00e9 deslucido entre vagabundos, desempleados y tibias mujeres insomnes. M\u00e1s tarde, tomamos un taxi que me dej\u00f3 cerca del <i>penthouse<\/i> de Diamantina. El momento de la despedida nos llen\u00f3 de silencio. Ya sobre la banqueta mir\u00e9 hacia la ventanilla del auto y, detr\u00e1s del vaho de su propia respiraci\u00f3n, el rostro de Federico Hoffman anticipaba verbos en futuro perfecto.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente traduje todas las cartas de la abuela Diamantina. Trece horas ah\u00ed, enfrente de la pantalla, buscando las palabras exactas para decir <i>mi m\u00e1s querido amor, te extra\u00f1o con toda mi alma<\/i>. Trang se entretuvo tray\u00e9ndome platos de fruta en la ma\u00f1ana y <i>martinis<\/i> frescos en la tarde mientras yo lloraba en silencio. Ay Diamantina, c\u00f3mo le haces para que el amor siga creciendo, para que se conserve intacto a pesar del tiempo, a pesar de la falta de respuesta, a pesar de todas, todas estas noches en vela, so\u00f1ando con los ojos abiertos, esperando con tanta paciencia. Dime, Diamantina querida, c\u00f3mo se le hace para ir queriendo, para quedarse en un lugar, para acoplarse a las cosas y no dejarse llevar. C\u00f3mo, Diamantina, para escribir cartas que nunca se van a enviar y para seguir haci\u00e9ndolo a pesar de saberlo.<\/p>\n<p>Encontr\u00e9 a Federico d\u00edas m\u00e1s tarde, en un bar donde tanto \u00e9l como sus amigos socialistas hac\u00edan planes para una jornada de solidaridad con Puerto Rico. Apenas unos minutos despu\u00e9s de las presentaciones, con una familiaridad in\u00e9dita, los socialistas me invitaron a participar en sus m\u00edtines semanales, a los que despu\u00e9s acud\u00ed con un fervor casi religioso. Pero esa noche, cuando me preguntaron acerca de mi trabajo, me dio una pena enorme decirles que traduc\u00eda cartas de amor para una cosmet\u00f3loga capitalista en un <i>penthouse<\/i> ubicado en el coraz\u00f3n de Manhattan. En su lugar, invent\u00e9 que cuidaba ni\u00f1os para una matrona irregular de nombre Diamantina Skvork. As\u00ed, en medio del desconcierto que me provoc\u00f3 mi propia mentira, acept\u00e9 la oferta de convertirme en obrera, de ocho a cuatro, en la imprenta de la organizaci\u00f3n. Y, s\u00ed, con badana roja en la cabeza, un abrigo azul de la ex marina sovi\u00e9tica y mi par de duras botas de trabajo, estuve ah\u00ed puntual, todos los d\u00edas, de ocho a cuatro.<\/p>\n<p>Los socialistas pose\u00edan un edificio enorme a las orillas del r\u00edo; un edificio que parec\u00eda m\u00e1s una oficina ultramoderna que las buhardillas oscuras con las cuales los asociaba.<\/p>\n<p>\u2013Al fin y al cabo esto es Nueva York \u2013me dije mientras observaba el mural de h\u00e9roes radicales que decoraba una de las paredes laterales del inmueble.<\/p>\n<p>Federico tambi\u00e9n trabajaba ah\u00ed, de electricista, por las ma\u00f1anas, tratando de remodelar los \u00faltimos pisos, y de periodista radical por las tardes, frente a las pantallas verdosas y ordenadas de las computadoras. Fue f\u00e1cil recibir mi primer ascenso, de la imprenta a las oficinas, para traducir panfletos. Y tambi\u00e9n fue f\u00e1cil conocerlo, tomar t\u00e9 de menta despu\u00e9s de las jornadas de trabajo, ir en metro hasta Brooklyn y pasar las noches en su min\u00fasculo departamento.<\/p>\n<p>\u2013La alienaci\u00f3n tambi\u00e9n tiene su belleza \u2013mencion\u00e9 antes de cruzar el umbral de su puerta e internarme en su mundo austero, su mundo sin rev\u00e9s, su mundo de otro siglo.<\/p>\n<p>Distra\u00eddos por la velocidad del encuentro, ni \u00e9l ni yo entendimos lo que una voz lejana pronunci\u00f3 con ayuda de mis labios. En lugar de poner atenci\u00f3n, seguimos disfrutando la bienvenida, el inicio.<\/p>\n<p>Fue tan f\u00e1cil, tan sencillo, querida Diamantina: de la misma manera que me enamor\u00e9 de tus cartas, as\u00ed ca\u00ed dentro del amor de Federico Hoffmann, dentro de sus ojos azules de agua clara, dentro de su cabello dorado. Dentro de sus palabras. Y, Diamantina, lo siento, pero para acercarme yo no ten\u00eda m\u00e1s que tus palabras, no ten\u00eda m\u00e1s que a ti. Como si tu historia de alguna manera se estuviera absolviendo poco a poco con mi historia, como si tus deseos y tus sue\u00f1os hubieran esperado estos a\u00f1os, todos estos a\u00f1os, y estos pa\u00edses, todos estos pa\u00edses encrucijadas, para poder aflorar finalmente, ciertos pesados, cantarines en medio de la nieve. Porque s\u00ed, fue ah\u00ed, en la calle y bajo la \u00faltima nieve de marzo que Federico se detuvo frente a la iglesia de San Patricio y yo empec\u00e9 a desgajar este rosario de vocablos, <i>mi amor, carne de mi carne, <\/i>los copos de nieve cayendo sobre su abrigo, <i>sangre de mi sangre<\/i>, deshaci\u00e9ndose sobre sus mejillas blancas, <i>amor m\u00edo<\/i>, entreteji\u00e9ndose con los besos y los abrazos y las ganas de que esto nunca acabara. Despu\u00e9s, corrimos juntos hasta el parque, nos revolcamos sobre la nieve y vimos zarpar con toda su lentitud a los <i>ferries<\/i>.<\/p>\n<p>\u2013Por ah\u00ed lleg\u00f3 mi familia \u2013dijo se\u00f1alando la isla de San Ellis\u2013, hace muchos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Federico y yo \u00e9ramos solamente dos inmigrantes juntos, pronunciando palabras de amor en nuestro segundo lenguaje.<\/p>\n<p>Miento. En realidad era tuyo, Diamantina, todo ese lenguaje era s\u00f3lo tuyo. Producto de tus noches en vela, de tu amor sosegado y despavorido, de tu tinta violeta, de tus rezos, <i>prot\u00e9gelo Virgen de los Remedios, bendice esta memoria Virgen de Guadalupe, ot\u00f3rgame este amor, Sagrado Coraz\u00f3n m\u00edo<\/i>. Invocaciones, demandas, apariciones, milagros, Diamantina. S\u00f3lo milagros, repentinos como un rayo en tardes sin lluvia y sin viento, bondadosos como el campo, como la hierba que se mece desnuda al comp\u00e1s del aire, amplios como el mar inmaculado donde viajan todos juntos, todos solos, los sue\u00f1os.<\/p>\n<p>Tus cartas tambi\u00e9n cambiaron mis ojos, Diamantina. Con todas ellas en mente, empec\u00e9 a acechar su cuerpo. Lo esperaba desde un punto lejano como t\u00fa lo hac\u00edas, s\u00f3lo para tener el placer de rescatar sus formas de entre el marasmo del mundo. Poco a poco, aparec\u00eda un brazo, una rodilla, su par de zapatos viejos, las puntas casi blancas de su cabello. \u00a1Qu\u00e9 placer Diamantina! La respiraci\u00f3n me crec\u00eda lenta, empa\u00f1aba los cristales de los caf\u00e9s donde lo aguardaba deletreando las s\u00edlabas de su nombre, tus nombres, todos los m\u00edos. Y, despu\u00e9s, amarrada a sus s\u00e1banas como un nudo, tendida a sus orillas como el agua de ciertos mares, cubri\u00e9ndole los tobillos con la sal de todas mis nostalgias, el placer llegaba d\u00f3cil y feliz, como un amigo de la infancia o un perro muy dom\u00e9stico.<\/p>\n<p>Y, s\u00ed, Diamantina, Federico tambi\u00e9n se fue enamorando. A toda prisa, justo como la m\u00edtica bola de nieve que baja a toda velocidad por la ladera, Federico se volvi\u00f3 voraz. Avasallador. Deseaba a veces como los ni\u00f1os, sin reparo y sin consideraci\u00f3n. Quer\u00eda todo, especialmente lo imposible, como todos los enamorados, pero de entre todas las cosas \u00e9l prefer\u00eda sobre todo a las palabras. H\u00e1blame, me ped\u00eda, como si de mi boca se desprendiera un abracadabra perfecto. Cu\u00e9ntame m\u00e1s. Y yo lo hac\u00eda. As\u00ed, Diamantina, Federico se fue enamorando a toda prisa, loco, desprevenido, a trav\u00e9s del tiempo, de ti.<\/p>\n<p>Y por eso, por ti, querida Diamantina, Federico se present\u00f3 una ma\u00f1ana muy temprano a la puerta de esa casa en Manhattan donde se supone que cuidaba ni\u00f1os o hac\u00eda el aseo, ya no me acuerdo, y con todas las palabras en un espa\u00f1ol correcto, me dijo que ese d\u00eda de abril, antes de la diez, sin otro aviso, ten\u00eda que casarse conmigo. Y por ti, por tus palabras violeta, por tu encanto que cruzaba a\u00f1os y lenguajes y ciudades, me lav\u00e9 la cara, me puse el abrigo, y corr\u00ed de su mano directamente a la oficina impersonal donde me convert\u00ed legalmente en su esposa. Una ma\u00f1ana de abril, antes de las diez, como el destino en espa\u00f1ol lo hab\u00eda dicho.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Justo al final de la octava semana, Diamantina Skvork me llam\u00f3 a su oficina para enterarse del contenido de las cartas de su abuela. Antes de leer las traducciones, me pidi\u00f3 que le diera una sucinta descripci\u00f3n de los hechos.<\/p>\n<p>\u2013Las prisas, ya sabes, querida \u2013dijo mientras revisaba su agenda.<\/p>\n<p>La historia era \u00e9sta:<\/p>\n<p>La abuela Diamantina, a la edad de 17 a\u00f1os, se hab\u00eda enamorado perdidamente de Pedro Gonz\u00e1lez Mart\u00ednez, un hombre que trabajaba en el campo y, por toda se\u00f1a, ten\u00eda un caballo. Despu\u00e9s de varias citas a escondidas, Diamantina le hab\u00eda abierto su coraz\u00f3n y el cuerpo entero al amparo de la sombra oscura de un mezquite. Consciente de su posici\u00f3n y, tal vez, tambi\u00e9n consciente de su amor, Pedro hab\u00eda cruzado la frontera con la esperanza de labrarse un porvenir y con la promesa de regresar en cuanto pudiera. Por todo recuerdo le dej\u00f3 a Diamantina una imagen de la Virgen de los Remedios, con un coraz\u00f3n mal dibujado en la parte posterior y sus dos nombres encerrados, juntos. As\u00ed: Diamantina y Pedro.<\/p>\n<p>\u2013Las cartas son el testimonio de la espera de su abuela \u2013dije\u2013, y testimonio tambi\u00e9n de su amor inquebrantable.<\/p>\n<p>No deber\u00eda haberme sorprendido, pero las l\u00e1grimas silenciosas de Diamantina Skvork me sorprendieron el alma. Entonces, \u00bftambi\u00e9n esta historia ten\u00eda un final infeliz? Tan entretenida andaba entre el amor de la abuela y el amor de Federico que nunca, ni por un momento, en mis gloriosas ocho semanas en Nueva York, me detuve a preguntarme por el final de esta historia. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda pasado fuera de estas cartas? \u00bfHab\u00eda un m\u00e1s all\u00e1 al final de todas las palabras? Me qued\u00e9 callada, esper\u00e9 todo el tiempo necesario para que la empresaria se limpiara los ojos y ensayara la sonrisa de siempre, la que yo le conoc\u00eda. Pero ella s\u00f3lo se limpi\u00f3 los ojos.<\/p>\n<p>\u2013Mi abuela \u2013dijo\u2013, mi querida abuela. Ella tambi\u00e9n dej\u00f3 Coahuila por San Antonio \u2013me inform\u00f3 con una voz mansa, una voz desconocida\u2013, ven\u00eda para casarse, pero no con Pedro Gonz\u00e1lez Mar\u00ednez, sino con Ignacio L\u00f3pez Castro, un licenciado de la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s guard\u00f3 silencio y se asom\u00f3 por los ventanales, como si del otro lado se encontrara el Para\u00edso. Yo me acurruqu\u00e9 dentro de la silla de piel, como si acabara de ser herida y la observ\u00e9, igual que si fuera una aparici\u00f3n. Vaya, vaya, me dije, todo sea por la sarta de amores inquebrantables. Demasiados romances.<\/p>\n<p>\u2013Y qu\u00e9 \u2013atin\u00e9 a preguntar despu\u00e9s, mucho despu\u00e9s\u2013, \u00bfal menos vivieron felices para siempre?<\/p>\n<p>Dijo que no. Como si fuera la gran noticia. Despu\u00e9s de tener a su \u00fanica hija, la abuela Diamantina se convirti\u00f3 en una de las primeras mujeres divorciadas de Texas. Ella demand\u00f3 a Ignacio L\u00f3pez Castro por malos tratos y adulterio, pero cuando el divorcio le fue negado, aleg\u00f3 entonces que se demandaba a s\u00ed misma por las mismas causas. Como prueba ofreci\u00f3 estas cartas. As\u00ed obtuvo su libertad y se qued\u00f3 como quer\u00eda, sin casarse y sola. En San Antonio de B\u00e9xar, Texas.<\/p>\n<p>\u2013Pero anda \u2013me conmin\u00f3 la empresaria\u2013, lee esas cartas en voz alta para que escuche las palabras de la abuela.<\/p>\n<p>Lo hice. Las palabras sonaban huecas, es cierto, pero conservaban el mismo ritmo, el mismo fervor, la misma arrebatada sensualidad. Una vez fuera de mi boca, las palabras ca\u00edan redondas y amplias sobre las madejas de aire y se balanceaban con la cadencia de las caderas femeninas. \u00a1A qu\u00e9 la abuela Diamantina! Lluvia de diamantes, parvada de papelitos brillosos. Tan seductora y tan mentirosa. Tan cambiando de rumbo conforme a su cambio de planes. Sin casarse y sola, como ella quer\u00eda, toda la libertad para ella solita en San Antonio Texas. La imagin\u00e9 haciendo visitas a deshoras, caminando en las calles como Pedro por su casa, ay pobre Pedro, cosechando amigas para el chisme y amantes para la noche. Sin nadie que la parara. De una persona a otra, sin ning\u00fan lazo de sangre, flotando ligera de aqu\u00ed a all\u00e1, sin respetar fronteras. Oyendo historias en la iglesia, historias en la calle, historias en el sal\u00f3n de belleza del que se convirti\u00f3 en due\u00f1a. Ay, Federico, la voz ten\u00eda raz\u00f3n: la alienaci\u00f3n tiene su belleza. Y la belleza tiene la misma consistencia del aire. Todo aqu\u00ed, desvelado al momento, sin profundidades oscuras o infiernos ancestrales. La apariencia como un rostro que muestra el rostro: no busques m\u00e1s, no hay nada detr\u00e1s. S\u00f3lo esto, la libertad incauta de una mochila de explorador y un salario con el que podr\u00e9 seguir viajando por el resto del a\u00f1o.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En mi \u00faltimo d\u00eda en Nueva York me levant\u00e9 temprano. Todav\u00eda no sal\u00eda el sol cuando, pluma en mano, me prepar\u00e9 para redactar una carta dirigida a Federico Hoffmann, mi esposo. <i>J\u2019est autre<\/i>. No pude. Bajo la l\u00e1mpara encendida, mis manos dejaban sombras asim\u00e9tricas sobre la fina caoba del escritorio. Las sombras me distrajeron y algo dentro de mi cabeza me oblig\u00f3 a incorporarme. A trav\u00e9s del ventanal, la ciudad parec\u00eda un cachorro ovillado sobre s\u00ed mismo. Dorm\u00eda en paz. Fui a la cocina a prepararme un caf\u00e9 y ah\u00ed la familiaridad de mi viejo rostro me sorprendi\u00f3 sobre la superficie brillante de la estufa. Ten\u00eda la piel seca y ojeras profundas alrededor de los ojos. El corte de pelo que me hab\u00eda hecho parecer sofisticada en una reuni\u00f3n croata se hab\u00eda desvanecido con el paso del tiempo y, emergiendo entre los tirantes de unos overoles descoloridos, mi cabeza viraba de un lado para otro como si esperara algo m\u00e1s. Conoc\u00eda esa actitud, es cierto: era la ansiedad de quien entra en movimiento. Entonces sal\u00ed del departamento y me dirig\u00ed a toda velocidad hacia el edificio de los compa\u00f1eros socialistas. Ped\u00ed un pedazo de papel, una pluma y un sobre, sin poder contener la respiraci\u00f3n. Escrib\u00ed el nombre de Federico y, aunque lo pens\u00e9 por largo rato, las palabras no llegaron. No hab\u00eda explicaci\u00f3n alguna. No hab\u00eda justificaci\u00f3n. Entonces opt\u00e9 por colocar la nota en blanco dentro del sobre y, justo antes de darle la espalda a todo ello, me quit\u00e9 el anillo y tambi\u00e9n lo puse dentro. Todav\u00eda brillaba como si estuviera nuevo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Respond\u00ed al anuncio del peri\u00f3dico a finales de febrero. Apenas dos meses en el nuevo a\u00f1o y ya sab\u00eda que con mi forzada dieta de semillas de girasol, pan de centeno y vegetales crudos no sobrevivir\u00eda el invierno. Alguien hab\u00eda dejado los anuncios clasificados sobre el piso y, ah\u00ed, en peque\u00f1\u00edsimas letras negras, mitad en espa\u00f1ol y mitad en ingl\u00e9s, estaba el nombre de mi futuro, o eso pens\u00e9 cuando baj\u00e9 a toda prisa las escaleras, abr\u00ed la puerta y me dirig\u00ed al tel\u00e9fono p\u00fablico m\u00e1s cercano.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1494,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[3732,2956,4462,3729],"genre":[2012],"pretext":[2040,2037],"section":[2358],"translator":[2474],"lal_author":[1410,3275],"class_list":["post-1497","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-feminist-lit-es","tag-mexico-es","tag-numero-3","tag-short-fiction-es","genre-fiction-es","pretext-ficcion-es","pretext-fiction-es","section-featured-author-cristina-rivera-garza-es","translator-sarah-booker-es-2","lal_author-cristina-rivera-garza-es","lal_author-cristina-rivera-garza-es-2"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1497","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1497"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1497\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1494"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1497"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1497"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1497"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=1497"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=1497"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=1497"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=1497"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=1497"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}