{"id":1433,"date":"2017-04-27T22:36:06","date_gmt":"2017-04-28T04:36:06","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/04\/waters-zanjon-pedro-lemebel\/"},"modified":"2024-04-10T08:36:15","modified_gmt":"2024-04-10T14:36:15","slug":"waters-zanjon-pedro-lemebel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/04\/waters-zanjon-pedro-lemebel\/","title":{"rendered":"&#8220;Zanj\u00f3n de la Aguada&#8221; de Pedro Lemebel"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p style=\"text-align: right;\">Dedicado a Olga Mar\u00edn, con mi cari\u00f1oso agradecimiento<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Primer acto: LA ARQUEOLOG\u00cdA DE LA POBREZA<\/p>\n<p>Y si uno cuenta que vio la primera luz del mundo en el Zanj\u00f3n de la Aguada, \u00bfa qui\u00e9n le interesa? \u00bfA qui\u00e9n le importa? Menos a los que confunden ese nombre con el de una novela costumbrista. M\u00e1s a\u00fan a los que no saben, ni sabr\u00e1n nunca, qu\u00e9 fue ese piojal de la pobreza chilena. Seguramente incomparable con cualquier toma de terrenos, campamento o poblaci\u00f3n picante de los alrededores del actual Gran Santiago. Pero el Zanj\u00f3n, m\u00e1s que ser un mito de la sociolog\u00eda poblacional, fue un callej\u00f3n aleda\u00f1o al fat\u00eddico canal que lleva el mismo nombre. Una ribera de ci\u00e9naga donde a fines de los a\u00f1os cuarenta se fueron instalando unas tablas, unas fonolas, unos cartones, y de un d\u00eda para otro las viviendas estaban listas. Como por arte de magia aparec\u00eda un ranchal en cualquier parte, como si fueran hongos que por milagro brotan despu\u00e9s de la lluvia, florec\u00edan entre las basuras las precarias casuchas que recibieron el nombre de callampas por la instant\u00e1nea forma de tomarse un sitio clandestino en el opaco lodazal de la patria.<\/p>\n<p>Y como siempre el asunto de la vivienda ha sido una excursi\u00f3n aventurera para los despose\u00eddos, aun m\u00e1s en ese tiempo, cuando emigraban familias enteras desde el norte y sur del pa\u00eds hasta la capital en busca de mejores horizontes, tratando de encontrar un pedazo de suelo donde plantar sus banderas de allegados. Pero ese no fue el caso de mi familia, que desde siempre habit\u00f3 en Santiago, traficando su pellejo pasar en piezas de conventillo y barrios grises que rondan al antiguo centro. Pero un d\u00eda cualquiera llegaba el desalojo; los pacos tiraban a la calle las cuatro mugres, el somier con patas, la mesa coja, la cocina a parafina y unas cuantas cajas que conten\u00edan mi herencia familiar. Y tal vez alguien nos dijo que exist\u00eda el Zanj\u00f3n y para no quedarnos a la intemperie, llegamos a esas playas inmundas donde los ni\u00f1os corr\u00edan junto a los perros persiguiendo guarenes. Y la cosa fue tan simple, tan r\u00e1pida, que por unos pesos nos vendieron una muralla, ni siquiera un metro de terreno, solo era un muro de adobes que mi abuela compr\u00f3 en ese lugar. Y a partir de ese s\u00f3lido barro, fue armando el nido garufa que en pleno invierno cobij\u00f3 mi ni\u00f1ez y le dio alero a mi n\u00facleo parental. A partir de esa muralla que como una bambalina cinematogr\u00e1fica se convirti\u00f3 en el frontis de mi primer domicilio, mi abuela le puso un techo de fonolas y un encatrado de palos que confeccionaron la arquitectura pi\u00f1ufla de mi palacio infantil. Pero a diferencia de mis vecinos, la fachada entumida de mi casa ten\u00eda cara de casa, por lo menos desde el callej\u00f3n parec\u00eda casa, con su ventana y su puerta, que al abrirla, mostraba un escampado, no ten\u00eda piezas, solamente el fondo abierto del eriazo donde el viento fr\u00edo del amanecer entraba y sal\u00eda como Pedro por su casa.<\/p>\n<p>Pareciera que en la evocaci\u00f3n de aquel ayer, la tiritona ma\u00f1ana infantil hubiera tatuado con hielo seco la piel de mis recuerdos. Aun as\u00ed, bajo ese paraguas del alma proleta, me envolvi\u00f3 el arrullo tibio de la templanza materna. En ese revoltijo de olores podridos y humos de aserr\u00edn, &#8220;aprend\u00ed todo lo bueno y supe de todo lo malo&#8221;, conoc\u00ed la nobleza de la mano humilde y pint\u00e9 mi Primera cr\u00f3nica con los colores del barro que arremolinaba la leche turbia de aquel Zanj\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Segundo acto: MI PRIMER EMBARAZO TUBARIO<\/p>\n<p>Existe un eslogan que dice: &#8220;Pobre, pero limpio&#8221;, y es verdad, en algunos casos donde existen los materiales b\u00e1sicos de la higiene. Pero en el Zanj\u00f3n, el agua para beber, cocinar o lavarse hab\u00eda que traerla de lejos, donde un pil\u00f3n siempre abierto abastec\u00eda el consumo de la poblaci\u00f3n callampa. As\u00ed tambi\u00e9n la evacuaci\u00f3n de las aguas servidas y el alcantarillado se resum\u00edan en una acequia hedionda que corr\u00eda paralela al rancher\u00edo, donde las mujeres tiraban los caldos f\u00e9tidos del mojoneo. En contraste a este s\u00f3rdido barrial, el albo flamear de las s\u00e1banas y pa\u00f1ales, deslumbrantemente blancos a puro hervido de cloro, confirmaba el refregado pasional de las manos maternas, siempre p\u00e1lidas, azulosas, sumergidas en lavaza espumante de remojo. Y quiz\u00e1s esa utop\u00eda blanqueadora era la \u00fanica forma como las madres del Zanj\u00f3n pod\u00edan simb\u00f3licamente despegarse del lodo, y con racimos de chiquillos a cuestas, se encumbraban a las nubes agarradas del fulgor n\u00edveo de sus trapos, vaporosamente deshilachados, como banderas de tregua en esa guerra entintada por la supervivencia.<\/p>\n<p>Mi ni\u00f1ez del Zanj\u00f3n mariposeaba al mosquer\u00edo del sol que mi madre espantaba cuidadosa, pero al primer descuido, cuando ella atareada, en un minuto me perd\u00eda de vista, la aventura del gatear fuera de la callampa me conduc\u00eda al borde de aquella acequia, donde met\u00eda mis peque\u00f1as manos, donde mojaba mi cara y sorb\u00eda el lodo en la curiosidad infante de conocer mi medio a trav\u00e9s del sabor. Y as\u00ed fue como un d\u00eda mi barriga se fue hinchando como si me hubiera embarazado un pr\u00edncipe moscard\u00f3n. Al correr los d\u00edas, el tamboreo de la colitis permanente y el dolor abdominal eran un llanto sin tregua. Mi madre no sab\u00eda qu\u00e9 hacer, sob\u00e1ndome la guatita inflamada como un globo y d\u00e1ndome aguas de hierbas, az\u00facar quemada y cocciones de canela. Y all\u00ed entonces, no era tan simple como tomar el tel\u00e9fono y llamar al m\u00e9dico de la familia. Sobre todo si hab\u00eda que levantarse a las cinco de la ma\u00f1ana y salir con la guagua colgando para alcanzar un n\u00famero en el policl\u00ednico repleto. As\u00ed no m\u00e1s llegu\u00e9 a las manos de una doctora con lentes de acuario, quien me vio la panza pobre, pensando en la very tipical desnutrici\u00f3n de los ni\u00f1os africanos. Pero al tantear esa piel tensa de timbal y apoyar en ella su fr\u00edo estetoscopio, un apagado latido la sobresalt\u00f3, retir\u00e1ndose espantada. &#8220;No es posible&#8221;, dijo, mirando a mi madre y escribi\u00f3 nerviosa la receta de un purgante virulento. Esa misma noche se produjo el alumbramiento, despu\u00e9s de tomar esa abortiva medicina, me desraj\u00e9 en los calambres de una florida diarrea como agua de pantano. Y all\u00ed, en el negro espejo de la bacinica rebalsante, flotaba el min\u00fasculo cuerpo de un pirig\u00fc\u00edn detenido en su metamorfosis. Era apenas una cabeza y una colita, pero sobresal\u00edan dos patitas verdes que el ni\u00f1o renacuajo hab\u00eda logrado formar en mi vientre desde que me tragu\u00e9 su larva en el micromundo de la vida que, a pesar de todo, se peleaba a codazos el breve espacio de su gestaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tercer acto: LAS MEMORIAS DEL CARNE AMARGA<\/p>\n<p>El Zanj\u00f3n de la Aguada no s\u00f3lo fue conocido por su extrema pobreza, donde se enjugaba sudor de pueblo y retraso social. Tambi\u00e9n en los a\u00f1os cincuenta, ese pulguer\u00edo entintaba los diarios por las noticias delictuales y la conjunci\u00f3n de patos malos que se guarec\u00edan bajo sus latas. Por entonces, esa mafia punga recib\u00eda el apodo de &#8220;pelados&#8221;, de seguro por el rapado de cabeza hecho a tijeretazos en Investigaciones, tal vez para hacerlos visibles ante la buena sociedad y que este look produjera rechazo de escarmiento. Pero esa est\u00e9tica de cabeza afeitada, en el Zanj\u00f3n no provocaba discriminaci\u00f3n: era costumbre ver a cabros piojentos rapados al cero para matar la plaga de bichos. Igual, en el caso de los &#8220;pelados&#8221;, era natural verlos salir de la cana con esa apariencia de jud\u00edos flacuchentos, barbones y calvos, liberados del exterminio. Cierta familiaridad con el delito, produc\u00eda esta sana convivencia. Porque como en toda microsociedad, por punga que sea, existen sus leyes de hermanaje y los &#8220;pelados&#8221; las ten\u00edan. Era una especie de catecismo moral no cogotear jam\u00e1s a un vecino del sector. Y es m\u00e1s, era una obligaci\u00f3n para ellos colaborar solidariamente en los desastres naturales que volaban las fonolas en las noches de ventolera. As\u00ed como sacar el agua negra que anegaba las casuchas en las inundaciones. O apagar ese gran incendio que consumi\u00f3 medio Zanj\u00f3n de la Aguada, y all\u00ed los &#8220;pelados&#8221;, a falta de bomberos, eran los \u00e1ngeles salvadores, acarreando baldes con agua del grifo lejano, o rescatando guaguas chamuscadas por el fuego.<\/p>\n<p>En este reducto social, donde las rucas encrespaban el cerco m\u00edsero de Santiago, conflu\u00eda un zool\u00f3gico delictivo que se nombraba seg\u00fan la especialidad del robo. Estaban los carteristas a chorro que despabilaban una billetera con dedos de terciopelo y rajaban como cohetes. Tambi\u00e9n, las mujeres tenderas del centro, como la \u00d1ata Mar\u00eda, una vampiresa ratera que se vest\u00eda de gran dama y arrasaba las tiendas de lujo con su cartera de doble fondo. Tambi\u00e9n el clan de los monreros, especialistas en desvalijar casas en el barrio alto. Y a veces llegaban de visita unos guantes internacionales que volv\u00edan de Europa donde exportaban el arte chileno del choreo con estilo. Como el Chute Moj\u00f3n, por ejemplo, un esbelto dandy que regresaba a la vecindad fumando habanos, vistiendo terno blanco y sombrero al tono. All\u00ed todo el Zanj\u00f3n lo recib\u00eda con gran fiesta y zandunga mafiosa que duraba tres d\u00edas. Los m\u00e1s felices eran los cabros chicos, agarrando los pu\u00f1ados de monedas que el Chute Moj\u00f3n les tiraba como padrino cacho. Pero tambi\u00e9n hab\u00eda algunos m\u00e1s siniestros, como el Carne Amarga, oscuro y perverso como pupila de chacal. Era un mago para saquear los camiones que pasaban por Santa Rosa. El Carne Amarga era padre soltero, tipo Kramer versus Kramer, y hab\u00eda ideado un truco para detener los camiones, que conociendo los peligros del lugar, pasaban rajados por la calle. Entonces, cuando se divisaba un veh\u00edculo cargado con mercader\u00edas, el Carne Amarga tiraba a su hijo de siete a\u00f1os al medio de Santa Rosa y el cami\u00f3n se deten\u00eda con un chirrido de frenos, ocasi\u00f3n que aprovechaba el delincuente para treparse por atr\u00e1s y desvalijarlo.<\/p>\n<p>Y pudo ser que en alguna oportunidad el veh\u00edculo no alcanz\u00f3 a frenar y las ruedas reventaron al mocoso. Pero esto era pan de cada d\u00eda en el Zanj\u00f3n de la Aguada, mor\u00edan tantos ni\u00f1os como perros vagos atropellados en el sector. Como tambi\u00e9n en los allanamientos, en mitad de la noche, en la madrugada, por las balas zumbantes que atravesaban limpiamente las mediaguas. Y al otro d\u00eda, todos los vecinos comentaban el resultado del arreo hecho por la Brigada de Homicidios. Que anoche cay\u00f3 el Chifl\u00edn, que le dieron al Caca Negra, que por un pelo se escap\u00f3 la \u00d1ata Mar\u00eda, que al Tirifa, al Chicoco y al Cara de Luto se los llevaron esposados, que al Fonola le pegaron un tunazo en la pata, pero igual arranc\u00f3 por los techos, que los ratis ladrones se llevaron un mont\u00f3n de cosas y las achacaron como recuperaci\u00f3n de especies. Y despu\u00e9s de estas redadas, ven\u00edan semanas de vigilancia en que el Zanj\u00f3n entero dorm\u00eda a sobresaltos por el temor de que volvieran los tiras con su prepotente balacera. Los &#8220;pelados&#8221; se hac\u00edan humo por un tiempo y algunos emigraban a La Legua o a La Victoria, donde segu\u00edan perfeccionando delicadamente las artes malandras de su oficio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ep\u00edlogo: LA NOSTALGIA DE UNA DIGNIDAD TERRITORIAL<\/p>\n<p>Actualmente, cuando los alcaldes hacen alarde en sus campa\u00f1as con nuevos m\u00e9todos policiales para prevenir asaltos y choreos. En estos tiempos donde la delincuencia perdi\u00f3 su aventura rom\u00e1ntica de quitarle al rico para darle al m\u00e1s pobre, al estilo Robin Hood o Jesse James, quiz\u00e1s porque los protagonistas del robo social son apenas unos mocosos que les arrancan la jubilaci\u00f3n a los abuelos cuando salen del banco. M\u00e1s bien parecen lauchas ladronas, quit\u00e1ndoles bicicletas a los cabros chicos y mochilas a los escolares, ni parecidos a los chicos malos de anta\u00f1o, los choros rapi\u00f1a del Zanj\u00f3n, que novelaban su vida transgrediendo la brutal desigualdad econ\u00f3mica que retrataba sin color la radiograf\u00eda humana de aquel desnutrido paisaje.<\/p>\n<p>Ahora, cuando la pobreza disfrazada por la ropa americana ya no quiere llamarse pueblo y prefiere ocultarse bajo la globalidad del t\u00e9rmino &#8220;gente&#8221;, m\u00e1s plural, m\u00e1s despolitizada en las encuestas que suman electrodom\u00e9sticos para evaluar la repartija del gasto social en las capas de menos ingresos. Y todo es as\u00ed, para un mejor vivir est\u00e1n las l\u00edneas de cr\u00e9dito que permiten so\u00f1ar en colores, mirando el cat\u00e1logo endeudado de un bienestar a plazo. Para mejor pasar estos tiempos, mejor rematar neuronas como espectador de la pantalla donde el jet-set piojo se abanica con remuneraciones millonarias, pas\u00e1ndolo regio, mascando una aceituna en el desfile de modas con su ocio fashion, sac\u00e1ndole la lengua a la teleaudiencia son\u00e1mbula y roticuaja que pone una olla sobre el aparato de tev\u00e9 para recibir la gotera que cae del techo roto, que suena como monedas, que en su tintineo reiterado se confunde con el campanilleo de las alhajas que los personajes top hacen sonar en la pantalla. Pero al apagar el aparato, la gotera de la pobreza sigue sonando como gotera en el eco de la cacerola vac\u00eda. Para mejor vivir la escarcha indiferente de estos tiempos, vale dormirse so\u00f1ando que el Tercer Mundo pas\u00f3 por un zapatito roto, que naufrag\u00f3 en la corriente del Zanj\u00f3n de la Aguada, donde un ni\u00f1o guarisapo nunca lleg\u00f3 a ser princesa narrando la cr\u00f3nica de su interrumpido croar.<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: right;\"><em>Textos originales en espa\u00f1ol publicados con la autorizaci\u00f3n de la familia de Pedro Lemebel, representada por Valent\u00edn Segura.\u00a0<\/em><\/p>\n<h6 dir=\"ltr\">Pedro Lemebel. Foto de Carla Pinilla,\u00a0<em>El Mercurio<\/em>.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dedicado a Olga Mar\u00edn, con mi cari\u00f1oso agradecimiento &nbsp; Primer acto: LA ARQUEOLOG\u00cdA DE LA POBREZA Y si uno cuenta que vio la primera luz del mundo en el Zanj\u00f3n de la Aguada, \u00bfa qui\u00e9n le interesa? \u00bfA qui\u00e9n le importa? Menos a los que confunden ese nombre con el de una novela costumbrista. 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