{"id":1429,"date":"2017-04-27T21:55:19","date_gmt":"2017-04-28T03:55:19","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/04\/writing-cuba-twentyfirst-century-leonardo-padura\/"},"modified":"2024-04-25T17:52:32","modified_gmt":"2024-04-25T23:52:32","slug":"writing-cuba-twentyfirst-century-leonardo-padura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/04\/writing-cuba-twentyfirst-century-leonardo-padura\/","title":{"rendered":"&#8220;Escribir en Cuba en el siglo XXI&#8221; de Leonardo Padura"},"content":{"rendered":"<p><em>Este ensayo es una adaptaci\u00f3n del discurso que dio Leonardo Padura en noviembre de 2012 en La Habana, Cuba en la Casa de las Am\u00e9ricas. Padura fue el primer escritor cubano a quien la Casa de las Am\u00e9ricas le dedic\u00f3 su Semana de Autor. Sus comentarios indagan en lo que significa ser un escritor cubano, y en la funci\u00f3n social de la escritura en Cuba.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hay tres preguntas que me hago con cierta frecuencia, y aunque para otras personas algunas de esas interrogantes puedan no tener demasiado o ning\u00fan sentido, tratar de encontrarle una respuesta convincente a cada una de ellas es uno de los desaf\u00edos que m\u00e1s me obsesiona. Y suelo ser bastante obsesivo.<\/p>\n<p>La primera, y quiz\u00e1s la de m\u00e1s f\u00e1cil y en apariencia obvia respuesta es \u00bfpor qu\u00e9 soy cubano? La posible facilidad con que podr\u00eda ser contestada, es decir, soy cubano simplemente porque nac\u00ed en Cuba y he vivido toda mi vida en Cuba, por lo cual sentimental, cultural y humanamente no tengo otra opci\u00f3n que la de ser cubano, se puede complicar con cierto sentimiento de predestinaci\u00f3n c\u00f3smica, de fatalidad o gracia geogr\u00e1fica (la maldita circunstancia de Virgilio o la Perla de las Antillas desde tiempos de Espa\u00f1a), razones todas ajenas a mi voluntad o capacidad de decisi\u00f3n. Pero incluso la respuesta podr\u00eda enrevesarse m\u00e1s si a esa condici\u00f3n natal o incluso escogida, se le a\u00f1aden los elementos de lo que implica una pertenencia asumida por encima de lo jur\u00eddico, y que caer\u00eda entonces en un territorio donde s\u00ed incide el albedr\u00edo personal. Ahora bien, si como ocurre en tantas ocasiones, a esta simple pregunta se le intercala una recurrida y util\u00edsima interjecci\u00f3n muy com\u00fan en el vocabulario de un cubano, y se ubica en un determinado contexto, puede perder toda su simplicidad aparente y convertirse en un desaf\u00edo hist\u00f3rico o filos\u00f3fico. \u00bfNo es eso lo que ocurre cuando, en lugar de uno preguntarse &#8220;\u00bfpor qu\u00e9 soy cubano?&#8221;, se pregunta, &#8220;\u00bfpor qu\u00e9 co\u00f1o soy cubano?&#8221;.<\/p>\n<p>Hecha y matizada esa pregunta, su pertinencia en mi obsesiones se hace m\u00e1s evidente, pues sin ella y sus posibles respuestas, que pueden estar condicionadas por factores coyunturales, dif\u00edcil me resultar\u00eda empezar a hacerme las otras dos preguntas recurrentes y evidentemente m\u00e1s complicadas: \u00bfpor qu\u00e9 soy un escritor cubano? Y, sobre todo, una que calca y a la vez amplia y modifica el sentido de la anterior con una subordinada: \u00bfpor qu\u00e9 soy un escritor cubano que escribe y vive en Cuba?<\/p>\n<p>Si confieso que para la primera de estas dos \u00faltimas preguntas no tengo una respuesta convincente, tal vez no me creer\u00e1n. Sobre todo porque mucha gente, empezando por m\u00ed mismo, no suele creer en esas predestinaciones c\u00f3smicas que antes mencion\u00e9. Solamente debo advertir que nac\u00ed y crec\u00ed en una casa donde solo hab\u00eda 9 libros \u2014ocho vol\u00famenes de las <i>Selecciones del Reader Digests<\/i>\u00a0y una\u00a0<i>Biblia\u2014<\/i>, que soy hijo de un mas\u00f3n y una cat\u00f3lica a la cubana de los m\u00e1s corrientes y t\u00edpicos, que crec\u00ed en un barrio llamado Mantilla donde todav\u00eda se dice \u2014ir a La Habana\u2014 cuando alguien se traslada al centro de la ciudad, y que hasta 1980 el nivel escolar m\u00e1s alto alcanzado por alguien de mi familia era el octavo grado al que hab\u00edan llegado, a duras penas, mi madre y una t\u00eda paterna. Resulta evidente que, con tales antecedentes, con la agravante de que durante los primeros dieciocho a\u00f1os de mi vida lo que m\u00e1s me atrajo y a lo que m\u00e1s tiempo dediqu\u00e9 fue a practicar, ver o pensar en el juego de pelota, y a que entre todas las obligaciones acad\u00e9micas de los estudios medios mi asignatura favorita era la de matem\u00e1ticas, no veo en mi pasado remoto raz\u00f3n alguna que pueda indicar una vocaci\u00f3n, en la edad en que se forjan las vocaciones m\u00e1s profundas.<\/p>\n<p>Fue en la Escuela de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, en un momento mutilada y condenada a ser solo Escuela de Letras y, de pronto, transfigurada en Facultad de Filolog\u00eda, donde me top\u00e9 con el deseo de ser escritor, como si no pudiera dejar de hacerlo. Lo interesante es que llegu\u00e9 a ese sitio y encuentro por pura causalidad socialista, pues mi intenci\u00f3n de graduado preuniversitario fue la de estudiar periodismo con el sue\u00f1o de fungir como cronista deportivo. Pero en aquel preciso curso acad\u00e9mico no abr\u00eda la carrera de periodismo, como tampoco la de Historia del Arte, por la que luego intent\u00e9 decantarme. Ante tanta reorganizaci\u00f3n de lo que estaba organizado \u2014era el a\u00f1o 1975, la c\u00faspide de la institucionalizaci\u00f3n del pa\u00eds\u2014, trastabillando tras mi sue\u00f1o de escribir sobre pelota, termin\u00e9 estudiando Literatura Hispanoamericana, sin imaginar siquiera que aquellas &#8220;actualizaciones&#8221; universitarias me pondr\u00edan en el camino de lo que ha sido mi vida profesional y sentimental, o sea, toda mi vida, pues mientras estudiaba esa carrera sent\u00ed por primera vez la posibilidad de so\u00f1ar, no ya con la cr\u00f3nica deportiva, sino con la pr\u00e1ctica de la literatura y adem\u00e1s encontr\u00e9 a la muchacha que, desde entonces, me acompa\u00f1a en cada acto de mi existencia (aunque debo admitir que a veces lo hace a rega\u00f1adientes). Por ello, a diferencia de otros pretendientes a escritores o incipientes escritores que comenzaron a levantar la cabeza en la isla por aquellos a\u00f1os finales de la d\u00e9cada de 1970 y que se har\u00edan m\u00e1s visibles en el decenio siguiente, cuando comienzo a sentir las exigencias de la literatura, yo no ten\u00eda la menor conciencia de en qu\u00e9 universo pretend\u00eda entrar y, de hecho, estaba entrando.<\/p>\n<p>Justo por aquellos a\u00f1os una de las profesiones m\u00e1s ingratas a las que se pudiera aspirar en Cuba era precisamente la de practicar la literatura, a la cual, sin embargo, se daban entusiastamente tantos habitantes del pa\u00eds que se pod\u00eda tener la impresi\u00f3n de que \u00e9ramos el para\u00edso de los escritores. Porque en la Cuba de 1980 hab\u00eda, adem\u00e1s de poetas, narradores y ensayistas a secas, tambi\u00e9n much\u00edsimos creadores &#8220;colectivos&#8221; de teatro nuevo, legiones de escritores policiales, de testimonio y de ciencia-ficci\u00f3n, y miles de talleristas, escritores voluntarios y escritores aficionados, todos con sus concursos, premios y publicaciones. Curiosamente aquella superpoblaci\u00f3n de nuestra Rep\u00fablica de las Letras hab\u00eda cuajado justo cuando varias decenas de los m\u00e1s notables escritores cubanos, por causas, sospechas y hasta simples suspicacias de diverso origen, hab\u00eda vivido toda una d\u00e9cada de marginaci\u00f3n y silencio, en medio de la cual algunos de ellos se encontraron con la muerte y el silencio eterno. Mi desconocimiento o mal conocimiento de aquella historia oscura no me hizo dejar de notar, sin embargo, algo que me pareci\u00f3 alarmante: \u00bftan graves hab\u00edan sido los pecados o deslices de estos escritores cubanos si en aquellos inicios de la d\u00e9cada de 1980 se les rehabilitaba silenciosamente, como si lo pasado nunca hubiera pasado?<\/p>\n<p>Fue en el ambiente m\u00e1s favorable de esos a\u00f1os cuando me hice \u2014o comenc\u00e9 a hacerme\u2014 un escritor cubano que viv\u00eda en Cuba, y por v\u00eda atmosf\u00e9rica, m\u00e1s que por un proceso de racionalizaci\u00f3n, fui descubriendo c\u00f3mo deb\u00eda enfrentar la literatura alguien que pretendiera ser aquello en lo que yo me estaba convirtiendo: un escritor cubano que vive en Cuba. Para comenzar, alguien con tal condici\u00f3n era un compa\u00f1ero que necesariamente deb\u00eda tener un trabajo (como periodista, asesor literario, profesor, funcionario) y realizar adem\u00e1s de sus empe\u00f1os literarios, que se hac\u00edan en horas robadas al descanso o al horario laboral; era alguien cuya aspiraci\u00f3n m\u00e1xima radicaba en el hecho de sacar un turno en la cola para publicar sus obras en alguna editorial de la isla, pues el extranjero resultaba algo difuso, lejano, solo accesible para figuras ya hist\u00f3ricas como Alejo Carpentier y Nicol\u00e1s Guill\u00e9n, o para autores tan reconocidos como Manuel Cofi\u00f1o, el escritor por excelencia, en cuyo malet\u00edn siempre estaban los sobados contratos de las traducciones al ruso, moldavo, rumano, uzbeko de sus exitosas y muy promovidas y reeditadas novelas. Y un escritor cubano deb\u00eda ser, adem\u00e1s, un ser social con suficiente conciencia de clase, del momento hist\u00f3rico \u2014siempre hemos vivido en un momento hist\u00f3rico\u2014 y de la responsabilidad del intelectual en la sociedad, como para escribir solo que se supon\u00eda \u2014o le hac\u00edan suponer\u2014 que deb\u00eda escribir. En dos palabras: alguien capaz de manejar con tino el arte castrante de la autocensura para evitar el agravio de la censura.<\/p>\n<p>Para un pretendiente a escritor cubano mis destinos laborales de aquella d\u00e9cada de 1980 fueron los mejores que hoy pudiera imaginar y, si me hubiera sido posible, escoger. Para mi fortuna, mi primer centro de trabajo fue\u00a0<i>El Caim\u00e1n Barbudo\u00a0<\/i>cuando <i>El Caim\u00e1n<\/i> se hab\u00eda convertido en el centro m\u00e1s activo de las peque\u00f1as (o no tan peque\u00f1as) preocupaciones de los j\u00f3venes escritores de entonces. As\u00ed, en\u00a0<i>El Caim\u00e1n<\/i> pude hacer mi conocimiento del mundo y las figuras de la literatura cubana de aquel momento y desarroll\u00e9 un fuerte sentimiento de pertenencia generacional. All\u00ed tambi\u00e9n aprend\u00ed que las reglas de juego establecidas en la d\u00e9cada de 1970 para el mundo de la cultura, segu\u00edan funcionando en una especie de extrainning interminable y que cualquier movimiento en falso pod\u00eda ser considerado un &#8220;balk&#8221; por los \u00e1rbitros de la pureza ideol\u00f3gica. Luego, tras mi salida bastante estrepitosa del mensuario cultural (me cantaron un &#8220;balk&#8221;), fui a trabajar al vespertino <i>Juventud Rebelde<\/i>, donde se supon\u00eda que deb\u00eda ser reeducado ideol\u00f3gicamente, pero donde en realidad me eduqu\u00e9 literariamente, gracias al conocimiento m\u00e1s \u00edntimo de la historia de mi pa\u00eds, a las muchas horas que pude dedicar a la lectura y a la pr\u00e1ctica de un periodismo que me abrir\u00eda las puertas de una conciencia de lo que iba a ser mi literatura. Pero, sobre todo, porque en esos a\u00f1os consegu\u00ed hacer un reconocimiento m\u00e1s maduro de mis expectativas, de m\u00ed mismo y de la sociedad en la que viv\u00eda \u2014a lo que mucho me ayud\u00f3, de manera dolorosa pero r\u00e1pida y eficiente, el a\u00f1o que pas\u00e9 en Angola y a lo largo del cual conoc\u00ed no solo el miedo (algo muy personal), sino tambi\u00e9n la verdadera pobreza material, y las miserias y bondades de los seres humanos, manifestadas en sus estados m\u00e1s consolidados y patentes.<\/p>\n<p>En aquella \u00e9poca, aunque escrib\u00ed muy poco \u2014sobre todo en la etapa de <i>Juventud Rebelde<\/i>, cuando fui cari\u00f1osa y peligrosamente absorbido por la labor period\u00edstica\u2014, junto a otros escritores de mi generaci\u00f3n, fui perfilando unos intereses literarios que mucho ten\u00edan que ver con nuestras propias experiencias, pero tambi\u00e9n con una l\u00f3gica reacci\u00f3n a lo que se hab\u00eda escrito en Cuba, y c\u00f3mo se hab\u00eda escrito, en los a\u00f1os anteriores, los del terrible decenio negro. Una incipiente conciencia de que la pol\u00edtica y la literatura deb\u00edan tener existencias independientes, de que el hombre y sus dramas puede o debe ser el centro de la creaci\u00f3n art\u00edstica, y de que mirar cr\u00edticamente el entorno era una responsabilidad posible para el escritor, fueron moldeando unos intereses colectivos y haci\u00e9ndose patentes en las obras que, con mayor o menor fortuna art\u00edstica, creamos y hasta publicamos en esos tiempos, no sin ciertos sobresaltos, aunque en realidad atenuados respecto al pasado inmediato.<\/p>\n<p>Pero (por la dichosa conjunci\u00f3n c\u00f3smica o por una simple necesidad hist\u00f3rico-concreta) ser\u00eda la d\u00e9cada de 1990 la de mi conversi\u00f3n real y definitiva en un escritor, por supuesto que cubano y que vivir\u00eda en Cuba, con el colof\u00f3n de llegar a ser, a partir de 1995, un escritor profesional&#8230; Ser\u00eda aquella \u00e9poca, adem\u00e1s, y por cierto, la de la ca\u00edda del muro de Berl\u00edn, el tambaleo y derrumbe de la hermana Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, y la de los tiempos m\u00e1s \u00e1lgidos del Per\u00edodo Especial. Si en medio de aquellas cat\u00e1strofes, que tuvieron efectos tan directos como la falta (entre otras cosas) de electricidad, comida y transporte, adem\u00e1s de la paralizaci\u00f3n de la industria cultural y editorial del pa\u00eds, si en medio de tantas incertidumbres continu\u00e9 siendo un escritor cubano que viv\u00eda en Cuba quiz\u00e1s se deba, sobre todo, a que la primera pregunta de las que me obsesionan \u2014es decir, \u00bfpor qu\u00e9 soy cubano?\u2014 coloc\u00f3 en las balanzas posibles todo su peso interior a trav\u00e9s de un sentido de pertenencia y porque ya era un escritor cubano (a esas alturas ya dif\u00edcilmente pod\u00eda ser otra cosa) y mi intenci\u00f3n era ser un escritor cubano que escribiera sobre Cuba, con la mayor libertad y sinceridad posibles, empe\u00f1ado en reflejar los conflictos (al menos algunos de ellos) de mi sociedad y asumiendo los riesgos inherentes a tal empe\u00f1o. Y, atado a mis pertenencias y para conseguir ese prop\u00f3sito literario, decid\u00ed personal, soberana y conscientemente quedarme en Cuba y, a pesar de las carencias e incertidumbres que nos tocaban las puertas a casi todos, y hasta de mis propios miedos, escribir en Cuba y sobre Cuba.<\/p>\n<p>Fue la pr\u00e1ctica de la literatura la que me salv\u00f3 entonces de la locura y la desesperaci\u00f3n a la que me abocaba el medio ambiente. Entre 1990 y 1995, mientras fung\u00eda como jefe de redacci\u00f3n de\u00a0<i>La Gaceta de Cuba<\/i> y tres veces a la semana hac\u00eda en bicicleta el recorrido Mantilla-Vedado-Mantilla, en invierno y en verano, en seca o en lluvia, la escritura se convirti\u00f3 en mi refugio y escrib\u00ed en ese per\u00edodo tres novelas \u2014<i>Pasado perfecto<\/i>,\u00a0<i>Vientos de cuaresma<\/i>\u00a0y\u00a0<i>M\u00e1scaras\u2014<\/i>, un libro de cuentos, mi largo ensayo sobre Carpentier y lo real maravilloso, tres o cuatro guiones de cine y hasta organic\u00e9 dos libros con mi periodismo de los a\u00f1os anteriores y una antolog\u00eda de cuentistas cubanos,\u00a0<i>El submarino amarillo<\/i>. Gracias a la literatura viaj\u00e9 a Espa\u00f1a, M\u00e9xico, Colombia, Argentina, Italia, Estados Unidos. Gracias a la literatura y a esos viajes y al pasaporte uruguayo de Daniel Chavarr\u00eda pude comprarme una computadora y hasta una lavadora y algunas bandejas de picadillo de res en las tiendas en divisa, cerradas entonces para los cubanos, pero con un resquicio abierto para los escritores cubanos que viv\u00edamos en Cuba y obten\u00edamos alguna moneda fuerte de nuestras estancias en el extranjero, cuando esa moneda era convenientemente trocada en unos cheques rojizos que nos permit\u00edan acceder a aquel privilegio que, aunque no inclu\u00eda las computadoras, nos salvaba de la inanici\u00f3n y de la c\u00e1rcel (cuando all\u00e1 pod\u00edas terminar por andar por la calle con unos d\u00f3lares en el bolsillo).<\/p>\n<p>Es hora ya de advertir que, si para hablar de lo que ha sido y, sobre todo, de lo que es la pr\u00e1ctica de la literatura en Cuba, parto de un recuento de caminos, avatares y decisiones personales, se debe a la percepci\u00f3n de que mi experiencia individual como escritor cubano que ha vivido y vive en la isla, recibi\u00f3 y ha recibido a lo largo de treinta a\u00f1os el peso y la influencia de todas las circunstancias por las que ha ido pasando el ejercicio de este arte en el pa\u00eds y que, de muchas maneras, han condicionado mis expectativas y necesidades de creador y de ciudadano perteneciente a una generaci\u00f3n muy espec\u00edfica de cubanos: la que naci\u00f3 en la d\u00e9cada de 1950, estudi\u00f3 en las universidades durante el cr\u00edtico per\u00edodo de los 70 y entr\u00f3 en la literatura insular, con una t\u00edmida ruptura, en los a\u00f1os de 1980. La generaci\u00f3n que, en el momento de su madurez y posible eclosi\u00f3n, vio alterado su desarrollo o evoluci\u00f3n con la llegada del eufem\u00edsticamente bautizado Per\u00edodo Especial que marc\u00f3 la \u00faltima d\u00e9cada del siglo XX y proyect\u00f3 su espectro hasta este presente de hoy, de ahora mismo, la generaci\u00f3n literaria cubana que tal vez con mayor encono recibi\u00f3 los golpes pero tambi\u00e9n los beneficios \u2014s\u00ed, los beneficios\u2014 de esos a\u00f1os que el solo hecho de recordarlos da hambre, calor y hasta riesgos de sufrir una polineuritis cegadora. \u00bfSe acuerdan de la polineuritis, verdad?<\/p>\n<p>Porque en medio de aquel caos, locura, lucha por la supervivencia pura y dura que se instaur\u00f3 en el pa\u00eds, mientras escrib\u00eda como un loco para no volverme loco, algo comenz\u00f3 a cambiar en la condici\u00f3n del escritor cubano que viv\u00eda en Cuba, movida por la presi\u00f3n de esa especie cultural que, por supuesto, ya no era tan abundante como en los d\u00edas de 1970 y 1980, pues publicar un libro en una editorial del pa\u00eds se convirti\u00f3 en algo excepcional y muchos dejaron de intentarlo, porque otros &#8220;escritores&#8221; emergidos en los 70 no lo eran tanto y se evaporaron, y porque otros muchos de los escritores cubanos que viv\u00edan en Cuba cambiaron su condici\u00f3n por la de escritores cubanos que viv\u00edan fuera de Cuba o, como se les ha dado en llamar, escritores de la di\u00e1spora o el exilio (una relaci\u00f3n, lamentablemente desactualizada, aparece en el ep\u00edlogo al <i>Informe contra m\u00ed mismo<\/i>, del entra\u00f1able y ya desaparecido Lichi Diego, alias Eliseo Alberto).<\/p>\n<p>Lo que se movi\u00f3 en el territorio de la creaci\u00f3n y espec\u00edficamente de la literatura cubana fue una suma de circunstancias materiales y espirituales capaces, en su conjunto, de redefinir la situaci\u00f3n del escritor que viv\u00eda en Cuba y alterar de modo bastante radical el contenido y las intenciones de su obra. Entre esos elementos estuvo la ya mencionada paralizaci\u00f3n de la industria editorial del pa\u00eds, lo que oblig\u00f3 a los escritores a buscar por el mundo un premio literario que los salvara de la inopia y, a la vez, una v\u00eda para estampar sus obras, sin que, por primera vez en tres d\u00e9cadas aquellas intenciones editoriales se convirtieran en un pecado, punible como todos los pecados; por supuesto, esta relaci\u00f3n diferente con el presunto o al fin encontrado editor extranjero cre\u00f3 una din\u00e1mica a su vez diferente, menos prejuiciada, entre el escritor y su obra, pues esta \u00faltima ya no estaba destinada, al menos en primera instancia, a un editor cubano que podr\u00eda leerla como un funcionario del estado cubano y, desde tal perspectiva comprometida, admitirla o rechazarla; s\u00famese a estos dos elementos, otros de car\u00e1cter social y espiritual que marcar\u00edan la \u00e9poca: el desencanto, el cansancio hist\u00f3rico, la revisi\u00f3n cr\u00edtica de la sociedad y sus actores a que nos abocaron la crisis y el conocimiento de nuestra y otras realidades, de algunas verdades ni siquiera sospechadas en toda su dimensi\u00f3n y los propios cambios en una sociedad que estaba sufriendo violentas contracciones y dando origen a actitudes y necesidades antes sumergidas o incluso inexistentes. El resultado de todas esas revulsiones fue una literatura que muy pocos, quiz\u00e1s nadie, pod\u00eda concebir o imaginar en los a\u00f1os anteriores, una literatura de indagaci\u00f3n social, de fuerte vocaci\u00f3n cr\u00edtica, incluso en muchas ocasiones de disenso con el discurso oficial, que con su car\u00e1cter y b\u00fasquedas marca los rumbos que ha seguido desde aquellos a\u00f1os finales del siglo XX hasta estos ya no tan iniciales del siglo XXI lo que puede considerarse el <i>main-stream<\/i>\u00a0de la literatura cubana. Y en ese rubro incluyo, por supuesto, la que escriben los que viven en Cuba y los que viven fuera de Cuba, la que se publica y distribuye en Cuba y la que se edita fuera de la isla. Una creaci\u00f3n que, justo es decirlo, muchas veces consigui\u00f3 ser estampada y distribuida en Cuba, gracias a una percepci\u00f3n m\u00e1s realista del entorno y de las necesidades de expresi\u00f3n art\u00edstica por parte de las autoridades culturales del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Esa literatura que se comenz\u00f3 a escribir y publicar en la d\u00e9cada de 1990, y de la cual yo particip\u00e9, se propuso indagar en rincones oscuros o inexplorados de la realidad nacional, mirar cr\u00edticamente hacia el pasado, bajar a los fondos de la sociedad en que viv\u00edamos, encontrar respuestas a preguntas existenciales, sociales y hasta pol\u00edticas a las circunstancias que hab\u00edamos atravesado. Varios de los escritores de ese momento consiguieron el prop\u00f3sito de encontrar casas editoriales fuera de la isla, entidades que publicaron y promovieron su obra, y les confirieron un nuevo sentido de independencia, tanto literaria como econ\u00f3mica. En el terreno de lo art\u00edstico tal independencia se manifest\u00f3 en una creaci\u00f3n cada vez menos condicionada a lo establecido, m\u00e1s abiertamente cr\u00edtica incluso, o sencillamente, m\u00e1s personal. En el plano de lo econ\u00f3mico permiti\u00f3 la profesionalizaci\u00f3n de algunos escritores y la posibilidad de conseguirlo de muchos otros, una condici\u00f3n impensable hasta la d\u00e9cada de 1980 y que, por supuesto, confer\u00eda otra dosis de independencia al escritor cubano que viv\u00eda y escrib\u00eda en Cuba.<\/p>\n<p>En medio de esa nueva circunstancia nacional, tal vez el mayor error de esta literatura m\u00e1s desenfadada o desencantada o intencionadamente cr\u00edtica haya sido su falta (o la incapacidad de algunos de sus creadores) de una perspectiva m\u00e1s universal, es decir, menos localista. La insistencia en determinados mundos sociales, personajes representativos, problem\u00e1ticas espec\u00edficas y modos expresivos que se tornaron repetitivos, hizo que una parte notable de esta literatura se encallara en lo inmediato, en las tan peculiares peculiaridades cubanas, y cre\u00f3 una ret\u00f3rica que, al pasar el momento de j\u00fabilo internacional por esa nueva literatura creada en la isla, en especial la novel\u00edstica, cort\u00f3 o dificult\u00f3 el acceso a las editoriales for\u00e1neas (las cuales viven sus propias crisis) de nuevos escritores cubanos que viven en Cuba y escriben sobre Cuba.<\/p>\n<p>Pero sobre esta creaci\u00f3n, desde los a\u00f1os finales del siglo pasado y sobre todo en los que corren del presente han gravitado otras condiciones que, a mi juicio, est\u00e1n afectando su desarrollo.<\/p>\n<p>Ante todo est\u00e1 la certeza de que la escritura en Cuba es un acto o vocaci\u00f3n de fe, un ejercicio casi m\u00edstico. En un pa\u00eds donde la publicaci\u00f3n, distribuci\u00f3n, comercializaci\u00f3n y promoci\u00f3n de la literatura funciona de acuerdo a coyunturas por lo general extra art\u00edsticas y no comerciales, b\u00fasqueda de equlibrios culturales y hasta c\u00f3digos aleatorios de imposible sistematizaci\u00f3n, la situaci\u00f3n del escritor y su papel se vuelven inestables y dif\u00edciles de sostener. Los escritores que publican en Cuba reciben por sus obras unos derechos retribuidos en la cada vez m\u00e1s devaluada moneda nacional \u2014en funci\u00f3n de lo que se puede adquirir con ella\u2014, cantidades pagadas muchas veces con relativa independencia de la calidad de su obra o de la aceptaci\u00f3n p\u00fablica que consiga. Estos derechos de autor, por supuesto, hacen casi imposible la opci\u00f3n por la profesionalizaci\u00f3n de los escritores (lo cual, justo es recordarlo, resulta bastante com\u00fan en todo el mundo), lo cual puede incidir en la calidad de la obra emprendida. \u00bfCon qu\u00e9 recursos cuenta un escritor cubano para dedicar, digamos, tres o cuatro a\u00f1os a la escritura de una novela que requeira de ese tiempo de elaboraci\u00f3n? Resulta evidente que no puede depender solo de sus derechos en pesos cubanos y que debe buscar otras alternativas laborales o profesionales con las cuales ganarse la vida o en las cuales desgastarse la vida mientras dedica el tiempo restante a la creaci\u00f3n. El estado calamitoso de la novela cubana de los \u00faltimos a\u00f1os puede o no tener una relaci\u00f3n directa con esta situaci\u00f3n existencial y econ\u00f3mica (imposible de revertir o al menos de aliviar mientras no cambie toda la &#8220;situaci\u00f3n econ\u00f3mica&#8221;), pero su estado de deterioro puede ser visible, por ejemplo, si contamos cu\u00e1ntas obras de este g\u00e9nero, el m\u00e1s le\u00eddo y publicado en el mundo, obtienen los premios anuales de la Cr\u00edtica Literaria, un rasero subjetivo pero posible para medir las calidades de lo que se difunde a trav\u00e9s de las casas editoras del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Otra cuesti\u00f3n que afecta al escritor cubano desde hace d\u00e9cadas, pero que se ha agudizado en los \u00faltimos tiempos, es su lamentable desinformaci\u00f3n respecto a la literatura que se est\u00e1 creando en otras latitudes. Todos los lectores cubanos, todos los escritores que vivimos en la isla, padecemos de esta desactualizaci\u00f3n porque, incluso en el caso de los m\u00e1s enterados, siempre su relaci\u00f3n con lo que se lee en el mundo resulta aleatoria, dependiente no de sus necesidades sino de sus posibilidades de comprar o encontrarse con determinados autores y obras que, en ning\u00fan caso, se publican o distribuyen normalmente en el pa\u00eds. De esta forma, el escritor cubano del siglo XXI que vive en Cuba \u2014donde tiene un precario acceso a Internet, o simplemente no lo tiene\u2014, se mueve a bastonazos de ciego por el universo de la literatura de su tiempo, en la cual debe insertarse y con la cual debe compartir el mercado, si logra llegar a abrir alguna puerta de esa instancia tan satanizada pero a la vez tan necesaria, incluso para la creaci\u00f3n y la promoci\u00f3n nacional e internacional de la literatura.<\/p>\n<p>No se puede olvidar tampoco que con mucha frecuencia el escritor cubano que vive en Cuba y escribe en Cuba debe adem\u00e1s enfrentar una muy deficiente pol\u00edtica promocional, entre otras razones por la propia inexistencia de un mercado del libro dentro del pa\u00eds, pero tambi\u00e9n, entre otros factores, por el ruinoso estado de la cr\u00edtica literaria dom\u00e9stica y por la todav\u00eda presente, en estos tiempos de cambio de mentalidad y de muchas otras cosas, sospecha pol\u00edtica a la que puede verse sometido si su obra no es complaciente con los preceptos de la ortodoxia fundada en aquellos lejanos pero todav\u00eda (para algunas mentes) actuantes l\u00edmites de lo &#8220;correcto&#8221; patentados en los a\u00f1os 1970. La suma de estos elementos ha creado, en contra de la propia validaci\u00f3n de la literatura que se hace en el pa\u00eds, la sensaci\u00f3n de que por dos generaciones la isla apenas ha dado \u2014o simplemente no ha dado\u2014 escritores de importancia, provocando una falsa imagen de vac\u00edo.<\/p>\n<p>Aunque no lo deseaba especialmente, debo volver ahora a la experiencia personal para ejemplificar c\u00f3mo puede funcionar la realidad antes descrita&#8230; Cuando hace poco m\u00e1s de un mes la Casa de las Am\u00e9ricas me invit\u00f3 a ser el escritor que protagonizara esta Semana de Autor, m\u00e1s aun, el primer escritor cubano al que se le dedicara la Semana de Autor, mi previsible reacci\u00f3n fue de asombro. Como suelo hacer, comenc\u00e9 a preguntarme cosas y la primera cuesti\u00f3n fue: \u00bfpor qu\u00e9 yo y no otros escritores m\u00e1s reconocidos o institucionalizados, figuras que incluso exhiben Premios Nacionales en sus curr\u00edculos? Antes de hacerme m\u00e1s preguntas, dije a la direcci\u00f3n de la Casa que s\u00ed, por supuesto que s\u00ed aceptaba, con mucho orgullo, el honor y reconocimiento a un trabajo que esta Semana de Autor representa, pero a la vez no pude dejar de recordar que un a\u00f1o atr\u00e1s, cuando la Maison de Am\u00e9rica Latina de Par\u00eds, el Pen Club Franc\u00e9s y la sociedad de amigos de Roger Caillois me entreg\u00f3 el premio que lleva el nombre de ese importante escritor, ning\u00fan medio oficial nacional se acerc\u00f3 a m\u00ed o promovi\u00f3, como se promueven otros acontecimientos o acciones, un suceso que me desbordaba como escritor y entra\u00f1aba, como es evidente, un reconocimiento para la literatura cubana, sobre todo la que se hace en Cuba por los escritores que vivimos en Cuba. Porque, en la lista de los anteriores galardonados con el premio \u2014ninguno cubano\u2014 aparec\u00edan los nombres, entre otros, de Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Alvaro Mutis, Adolfo Bioy Casares, y ahora el de un cubano que sigue escribiendo y viviendo en Cuba.<\/p>\n<p>No se puede olvidar, al recorrer la situaci\u00f3n actual del escritor cubano que vive en Cuba y anotar algunas de sus tribulaciones y logros, el m\u00e1s esencial de los elementos que, a mi juicio, definen su car\u00e1cter y, sobre todo, el de su obra. A diferencia de otros pa\u00edses, donde los escritores m\u00e1s notables o activos suelen tener una presencia social o art\u00edstica gracias al soporte de los medios de mayor circulaci\u00f3n o prestigio, el escritor cubano apenas tiene su obra y alguna que otra entrevista como v\u00eda para expresar su relaci\u00f3n con el mundo, con su realidad, con sus obsesiones. Muchas veces la obra literaria se ve obligada a asumir entonces roles m\u00e1s ambiciosos y complicados de los que normalmente le competen, y funciona \u2014o se le hace funcionar\u2014 como instrumento de indagaci\u00f3n social y como medio para testimoniar una realidad que, de otra forma, no tendr\u00eda un reflejo que la fijara y diseccionara. El escritor cubano que vive en Cuba, y d\u00eda con d\u00eda enfrenta la realidad del pa\u00eds, con sus cambios, evoluciones, reacciones sociales y sue\u00f1os personales realizados o frustrados, se ha convertido en uno de los m\u00e1s importantes recolectores de la memoria del presente que tendr\u00e1 el futuro. Esta responsabilidad a\u00f1adida a la propia responsabilidad literaria confiere al escritor un compromiso civil que le da una dimensi\u00f3n m\u00e1s trascendente a su trabajo. Escribir sobre Cuba, sobre lo que ha sido y es Cuba y lo que son los cubanos de ayer y de hoy, con la sinceridad y profundidad que merecen esas entidades socio-hist\u00f3ricas y humanas, es tal vez la tarea m\u00e1s compleja y a la vez satisfactoria que puede enfrentar el escritor cubano que vive en esta Cuba del siglo XXI. Porque es un deber con los cubanos y con la naci\u00f3n, porque es su destino, y porque si alguna vez ese escritor se pregunta \u00bfpor qu\u00e9 soy cubano?, \u00bfpor qu\u00e9 soy un escritor cubano?, y \u00bfpor qu\u00e9 soy un escritor cubano que vive en Cuba? tambi\u00e9n podr\u00eda cambiar el por qu\u00e9 en un para qu\u00e9 y quiz\u00e1s encontrar sus propias respuestas, incluso m\u00e1s cercanas a las predestinaciones c\u00f3smicas, pero tambi\u00e9n al papel social que ha asumido con esa vocaci\u00f3n de fe que es la pr\u00e1ctica de la literatura.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>27 noviembre\u00a02012<\/em><br \/>\n<em>Casa de las Am\u00e9ricas<\/em><br \/>\n<em>La Habana, Cuba<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este ensayo es una adaptaci\u00f3n del discurso que dio Leonardo Padura en noviembre de 2012 en La Habana, Cuba en la Casa de las Am\u00e9ricas. 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