{"id":1417,"date":"2017-04-25T16:02:02","date_gmt":"2017-04-25T22:02:02","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/04\/tropical-airports-david-caleb-acevedo\/"},"modified":"2023-06-07T11:46:21","modified_gmt":"2023-06-07T17:46:21","slug":"tropical-airports-david-caleb-acevedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/04\/tropical-airports-david-caleb-acevedo\/","title":{"rendered":"&#8220;Aeropuertos tropicales&#8221; de David Caleb Acevedo"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Georgia}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Georgia; color: #ff2600; min-height: 14.0px}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Georgia}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px Georgia}<br \/>p.p6 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>span.s1 {color: #ff2600}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<div><\/div>\n<p style=\"text-align: right;\">\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Times}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px 'Lucida Grande'}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p6 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>span.s1 {font: 12.0px 'Lucida Grande'}<br \/>span.s2 {font: 12.0px Times}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Georgia}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Georgia; color: #ff2600; min-height: 14.0px}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Georgia}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px Georgia}<br \/>p.p6 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>span.s1 {color: #ff2600}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Times}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px 'Lucida Grande'}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p6 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>span.s1 {font: 12.0px 'Lucida Grande'}<br \/>span.s2 {font: 12.0px Times}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\u201cAlba\u00f1iles: a cagar, que se acab\u00f3 la mezcla.\u201d<br \/>\n<em>Extracto tomado de la obra <\/em>Harry Potter: se acab\u00f3 la magia<em>,\u00a0de Agnieska Hern\u00e1ndez D\u00edaz<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tengo una relaci\u00f3n extra\u00f1a con los aeropuertos. Tan pronto piso uno, se me antojan las ganas de salir corriendo de mi pa\u00eds; pero al mismo tiempo me llega la ansiedad terrible de saberme cayendo en un avi\u00f3n roto, la vejiga hinchada con el dolor que produce la gravedad, hasta estrellarme en un pu\u00f1o de tierra que me ciega la visi\u00f3n para siempre; y por supuesto, la ansiedad del regreso a mi cueva de juey que llamo Isla, as\u00ed, con \u201cI\u201d may\u00fascula. Sentimientos siempre mezclados. Por eso, los aeropuertos se me antojan rebosantes de literoplasma. Uno llega y todas las miradas federales se centran en uno, escudri\u00f1ando cada movimiento, verificando que el terrorista no se salga de la composici\u00f3n musical l\u00edmpida estilo Wagner nazi; todos tenemos un papel o un rol: las se\u00f1oras negras angloparlantes se dirigen a las naciones soberanas de un Caribe pobre y, con su acci\u00f3n, evitan salirse de registro; el hombre blanco y obeso con su gorra de bandera confederada se seca el sudor copioso con un vulgar pasar de manos y lo lanza como maldici\u00f3n trumpista sobre una Isla que ya no aguanta m\u00e1s maldiciones y, as\u00ed, evita salirse de registro. Gaddiel me acompa\u00f1a; \u00e9l es ese ni\u00f1o hermoso con sexo de burro y culito de sirena, cabello ensortijado con rizos largos de una o media pulgada de di\u00e1metro, los ojos verdes saltones y la dentadura separada de reptil; \u00e9l es ese hermos\u00edsimo ni\u00f1o a quien amo como el hermanito menor que siempre quise y no tuve. Hemos decidido hacer el viaje a La Habana juntos. Esta es su segunda vez. Yo soy virgen.<\/p>\n<p>Recuerdo haberle dicho a alguien en los 90 que hab\u00eda ido par de veces a Cuba. Recuerdo el contexto, mas no la persona a quien le ment\u00ed. Eran el primer grupo de mexicanos que conoc\u00eda en la vida, durante mi primer semestre en Torre del Norte. Habl\u00e1bamos animadamente de los pa\u00edses a los que hab\u00edamos viajado. Yo me hab\u00eda criado en Estados Unidos y hab\u00eda hecho muchos <i>road trips<\/i> con mi familia biol\u00f3gica. Fuera de eso, me quedaba el viaje a Puerto Rico, que a\u00fan no ten\u00eda definido como duradero y cuya estad\u00eda era de dudosa fecha de expiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2015Pues, he ido a Cuba par de veces \u2015digo, y los mexicanos me observan con asombro y admiraci\u00f3n mezclados con los \u201c\u00a1Qu\u00e9 suerte!\u201d y \u201c\u00a1Qu\u00e9 padr\u00edsimo!\u201d de rigor.<\/p>\n<p>\u2015Cu\u00e9ntanos de Cuba.<\/p>\n<p>Y yo suelto prenda de lo que hab\u00eda escuchado de parte de mis profesores y lo que hab\u00eda le\u00eddo en Internet. Suficiente para una conversaci\u00f3n. Luego pruebo guacamole del que hace Angelita, la artista mexicana, y salgo corriendo a vomitarlo en el ba\u00f1o. Mi asunto con el guacamole: que me dijeran que estaba hecho con el m\u00e1s suave de los habaneros, pero sentir el picor cuando la cuchara a\u00fan estaba a cent\u00edmetros de mis labios, sentir esa cosa verde bajar y quemar mi garganta para finalmente explotar en un infierno t\u00e1rtaro estomacal y resurgir en la m\u00e1s perfecta arcada que pint\u00f3 un cuadro tenebroso sobre el espejo del ba\u00f1o. Conclusi\u00f3n: el guacamole es el castigo de los embusteros y ning\u00fan escritor debe acerc\u00e1rsele.<\/p>\n<p>\u2015Es un masoquismo culinario \u2015me dice Angelita mientras me acaricia el cabello.<\/p>\n<p>Volviendo al aeropuerto: llegamos a la fila de PAWA Dominicana, en donde nos recibe una ristra de machos bellos y culones.<\/p>\n<p>\u2015<i>Dayum<\/i>, mira ese culo \u2015le comento a Gaddiel en referencia a un chico delgado de nalgas paradas en un cargo negro.<\/p>\n<p>Igual, hay un gordo barbudo de ojos cari\u00f1osos, como son cari\u00f1osos los ojos muertos de pl\u00e1stico de un oso de felpa. Otro, uno flaco de cejas puntiagudas y barba estilo <i>contour<\/i> nos saluda con ojos negros saltarines y sonrisa cerrada de dientes perfectos. Gaddiel asiente, pero est\u00e1 m\u00e1s pendiente de la fila. La muchacha regordeta de espejuelos y hermosa sereta de rizos nos dice que necesitamos la tarjeta de cr\u00e9dito con la que se compraron los pasajes en Internet, que es pol\u00edtica de la compa\u00f1\u00eda, que lo siente mucho. Que cuando uno compra los billetes en l\u00ednea, el <i>site<\/i> dice en grandes letras rojas que se debe mostrar en persona la tarjeta de cr\u00e9dito de compra. Entonces, Gaddiel llama a su pap\u00e1, Don Gaddiel Humberto, para que baje desde Vega Baja hasta el aeropuerto de Carolina y nos encuentre all\u00ed, tarjeta en mano. Qu\u00e9 suerte que ya Papi sal\u00eda de camino al trabajo, dice Gaddiel Francisco Ruiz Rivera, hermanito todopoderoso en la fe de la ponimagia.<\/p>\n<p>Nos despedimos de su pap\u00e1 con un abrazo y un gracias por todo, y corremos hacia la fila del TSA. A los blancos estadounidenses que pueden pagar los pasan por la fila expreso y ni siquiera los registran en la m\u00e1quina cil\u00edndrica que te desnuda con la mirada. Tan pronto pasamos y nos ponemos de nuevo los zapatos, corremos hacia el portal C2. All\u00ed nos espera otra vez la chica regordeta de los espejuelos y rizos despampanantes. Nos desea un feliz vuelo y pasamos a la fila del t\u00fanel, en donde un agente del TSA le pregunta a un muchacho franc\u00e9s afrocaribe\u00f1o: \u201c<i>What are you doing in my country?<\/i>\u201d, con la prepotencia blanca de quien se sabe parte de un imperio legalmente cruel. El muchacho se tranca y le pregunto: \u201c<i>Avez vous besoin d\u2019un traducteur?<\/i>\u201d. Un TSA puertorrique\u00f1o me dice de muy mala manera: \u201c\u00a1Mu\u00e9vete!\u201d. Gaddiel todav\u00eda est\u00e1 con la chica de rizos y me preocupa que le hagan lo mismo. Miro al TSA boricua con el peor gesto que logro convocar y por un segundo nos entendemos. \u201cPor favor, prosiga\u201d, corrige. Entonces, contin\u00fao mi marcha hacia las entra\u00f1as azules del avi\u00f3n, pero veo que detienen a Gaddiel y me detengo en seco.<\/p>\n<p>\u2015Caballero, por favor, no puede salirse una vez est\u00e9 en la aeronave \u2015me dice una de las azafatas, flaca, regia y exacta. Suspiro y lo sigo, en todo momento mirando hacia atr\u00e1s con la preocupaci\u00f3n palpit\u00e1ndome en la manzana de Ad\u00e1n. Finalmente, Gaddiel llega y nos sentamos: 20A y 20B respectivamente. Tras las instrucciones de rigor, que no se entienden ni en ingl\u00e9s ni en espa\u00f1ol, el avi\u00f3n se pone en marcha, en modo de taxi. Gaddiel se queda dormido casi de inmediato. No ha dormido nada anoche por quedarse a terminar la miniserie <i>Juana In\u00e9s<\/i> de Netflix. Observo con ternura a quien he adoptado como familia natural. Sonr\u00edo porque su paz me recuerda que he hecho bien en formar familia de esta forma: divorci\u00e1ndome de la biol\u00f3gica y adoptando una familia naturalizada de amigos. Sonr\u00edo porque su paz me infunde paz y, aunque le tengo terror a los aviones, s\u00e9 que todo estar\u00e1 bien. De todas formas, suspiro mi tradicional conjuro: \u201c<i>Enalpria eb efas! Enalpria ezilibats!<\/i>\u201d. Por si las moscas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u20150\u2015<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 \u00a0Al arribo en Rep\u00fablica Dominicana, r\u00e1pido nos da el bofet\u00f3n de hombres j\u00f3venes y guapos, todos negros. Aqu\u00ed hago par\u00e9ntesis. Recuerdo que un amigo dominicano me dice una vez que en RD se le dice \u201cnegro\u201d al haitiano y que por m\u00e1s visiblemente negro que sea un dominicano, la negritud no existe en su autoconcepci\u00f3n como ser humano. Estos j\u00f3venes culones y pechugones parecen haber sido escogidos para trabajar en el aeropuerto por su impresionante belleza f\u00edsica. No hay uno solo que no cumpla de sobra con los est\u00e1ndares de belleza impuestos por un Occidente racista y puramente blanco.<\/p>\n<p>Jorge se nos acerca. Camisa blanca de rayas rojas, ajustada a un cuerpo delgado pero musculoso, y apretados pantalones azul marino.<\/p>\n<p>\u2015\u00bfVan para Aruba? \u2015pregunta a trav\u00e9s de sus labios carnosos y dientes alineados, blancos como leche de coco.<\/p>\n<p>\u2015No. Vamos para La Habana \u2015contesta Gaddiel.<\/p>\n<p>\u2015Esperen aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Veinte minutos despu\u00e9s, nos pasan al portal A3, donde nos hacen entregar nuestros boletos y pasaportes para revisi\u00f3n, y nos ponen a llenar las visas de entrada a Cuba, que cuestan $20.00.<\/p>\n<p>Un cubanito blanco y cul\u00f3n, de ojos, cabellos y barba negros y mirada asustada, pide asistencia para su madre en silla de ruedas. Lo observo con detenimiento, porque dejan a su se\u00f1ora madre botada en alg\u00fan lugar del aeropuerto. Su cara de preocupaci\u00f3n se suaviza cuando se la devuelven, media hora m\u00e1s tarde, en una de esas sillas de ruedas ergon\u00f3micas y futuristas de RD, que consisten en tubos azules doblados aqu\u00ed y all\u00e1, a los que se les han a\u00f1adido ruedas y cojines. Se ve c\u00f3moda y su hijo la abraza.<\/p>\n<p>Mientras Gaddiel y yo esperamos para abordar, un haitiano se pone a jugar con un ni\u00f1o peque\u00f1o de tez m\u00e1s clara. Juegan a los tambores con el pasamano de una de las paredes de cristal. Los padres del ni\u00f1o sonr\u00eden y el ni\u00f1o juega al ritmo de tambores con un perfecto desconocido. En un contexto estadounidense estandarizado, y de paso, contaminado por el trumpismo, el haitiano negro hubiese sido arrestado al momento por <i>child molestation<\/i> y los padres del ni\u00f1o hubieran demandado al gobierno federal y al aeropuerto. Exagero y generalizo, claro, pero es refrescante ver que se respira humanidad mientras m\u00e1s nos alejamos del sistema capitalista de Estados Unidos.<\/p>\n<p>Al entrar al avi\u00f3n, nos damos cuenta de que una de las azafatas se trajo a su ni\u00f1o al trabajo, que se comparta como todo un soldadito durante el vuelo de hora y media a La Habana. Me recuerda cuando era peque\u00f1o y me comportaba lo mejor posible para que mi madre biol\u00f3gica me quisiera m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u20150\u2015<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 \u00a0Aterrizamos en el Aeropuerto Jos\u00e9 Mart\u00ed de La Habana y varias cosas me asaltan de primera intenci\u00f3n: las enormes filas de Inmigraci\u00f3n, luego de Aduana, luego recoger las maletas para que las olfatee un juguet\u00f3n <i>Cocker spaniel<\/i> que, contrario a como suceder\u00eda en Puerto Rico, no necesita correa y, por supuesto, no encontrar un solo inodoro limpio, con papel de inodoro y bacineta para cagar. En esto \u00faltimo, mi pesadilla m\u00e1s terrible como paciente de VIH se materializa: la necesidad constante de cagar, porque los medicamentos de la condici\u00f3n me ayudan con el virus pero me da\u00f1an el sistema digestivo, y no tener con qu\u00e9 limpiarme o d\u00f3nde hacerlo. La situaci\u00f3n me remite a la escena de la novela <i>Un viejo que le\u00eda novelas de amor<\/i>, de Luis Sep\u00falveda, en donde el hombre se va a cagar en la selva lejos del grupo porque no quiere que sus subalternos, sobre los que se cree superior, lo vean cagar. La diferencia es que yo no me creo superior a nadie y esto solo aumenta el estigma siempre presente de ser paciente de VIH y la humillaci\u00f3n constante que eso acarrea.<\/p>\n<p>En fin, me olvido del ba\u00f1o y me pongo a buscar a mi amigo Norge Espinosa con la mirada, a ver si lo veo entre quienes aguardan con r\u00f3tulos de los visitantes que llegan al pa\u00eds. Norge Espinosa es una hostia en el teatro cubano. Se trata de un tipo que mide cerca de seis pies de alto, de cabello blanco, ojos grandes y grandiosos que te escudri\u00f1an el \u00e1tomo, y cuyo humor es autohiriente, como el de los brit\u00e1nicos. Luego de media hora, lo encontramos en el Terminal 3. Viene acompa\u00f1ado de Pedro, un taxista osuno de lentes oscuros y que se me antoja al paladar. Tengo que decirme varias veces que no vine a Cuba a hacer turismo sexual. En fin, rey de la mariconolog\u00eda cubana y fuente inagotable de la historia e historiograf\u00eda de su pa\u00eds, Norge nos cuenta la triste historia del embargo, el periodo especial de su pa\u00eds y lo peligrosos que son los lugares de <i>cruising<\/i> en La Habana. Norge contacta a un taxista amigo suyo y pronto estamos de camino a su trabajo en el Consejo Nacional de las Artes Esc\u00e9nicas. De camino, Norge, Gaddiel y yo intercambiamos primeras impresiones de Cuba en contraste con Puerto Rico.<\/p>\n<p>\u2015Santurce es una microversi\u00f3n de El Vedado \u2015me afirma Gaddiel.<\/p>\n<p>\u2015Y Habana Vieja es tres o cuatro veces el Viejo San Juan \u2015sentencia Norge.<\/p>\n<p>Entonces, en el p\u00e1jaro de las dos alas, ya sabemos que una pesa m\u00e1s que otra. O el tama\u00f1o de Cuba compensa por la relaci\u00f3n de Puerto Rico con Estados Unidos. O algo as\u00ed. No tengo muy claro todav\u00eda c\u00f3mo nos ven los cubanos que nunca han ido a Puerto Rico y que solo saben que le hemos ganado a M\u00e9xico en la Serie del Caribe, y quienes gustan de nuestro <i>reggaet\u00f3n<\/i> (se saben las canciones de Wisin y Yandel y Don Omar al dedillo). Los cubanos que nos detienen en la calle nos dicen que los boricuas y los cubanos somos lo mismo. Tal vez lo somos. Pero sospecho que las semejanzas se pueden reducir a una mera cuesti\u00f3n de arquitectura colonial espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Captan mi atenci\u00f3n los carritos llamados almendrones; eso es, los autom\u00f3viles de los a\u00f1os 40 y 50, en su mayor\u00eda Chevrolets, que se introdujeron cuando Cuba todav\u00eda ten\u00eda una relaci\u00f3n pol\u00edtica estrecha con Estados Unidos, antes de la Revoluci\u00f3n. Los cubanos han aprendido a arreglar esos carros que, ya de por s\u00ed, fueron hechos para durar por una eternidad. Tambi\u00e9n atisbo motocicletas de dise\u00f1o ruso con la cabina derecha de ruedas hecha para un segundo tripulante, las mototaxis (o taxi-motoras) y las taxicletas (modernos <i>rickshaws<\/i> importados desde China y halados por un bicicletista). Me emociono y lo fotograf\u00edo todo, porque siento que me encuentro no en otro pa\u00eds, sino en otro mundo. De hecho, pensando yo ac\u00e1, La Habana es Lestallum, esa ciudad caribe\u00f1a que aparece en el juego <i>Final Fantasy XV<\/i>, que he estado jugando durante estos meses y que, en el juego, muy interesantemente, funge como el \u00faltimo basti\u00f3n de luz en un mundo estadounidense dist\u00f3pico y en decadencia en el que se apaga el sol. En fin, Norge termina d\u00e1ndonos un <i>overload<\/i> de negativismo sobre Cuba, el cual me cala muy hondo, en parte por el miedo que siempre me han infundido sobre Cuba y en parte por el intenso aliento a caf\u00e9 y cigarrillos. Al final de su discurso quiero coger un avi\u00f3n de regreso a San Juan, sobre todo luego de decirnos que \u201cCuba es una puta vieja que te da y luego te lo quita todo. No la romantices\u201d. Pero no lo hago. Le hablo directamente a mi pecho pulsante y le digo: \u201cCalma. Entr\u00e9gate al proceso como siempre lo has hecho. Deja que la ciudad te golpee como lo hiciste en Guadalajara\u201d.<\/p>\n<p>El taxi nos deja frente al trabajo de Norge y no puedo evitar reflexionar sobre la ristra de machos bellos que hemos visto en el camino. La totalidad de los hombres heterosexuales andan con los pelos hechos con queratina, para la que gastan de 10 a 15 CUC todas las semanas y la cual, seg\u00fan Norge, huele a chocolate. Gaddiel me mira y gime: \u201c\u00a1Basta! \u00a1No m\u00e1s hombres bellos!\u201d. Y nos re\u00edmos, porque en Puerto Rico, con esos cabellos h\u00edperproducidos y las camisitas esas que llegan hasta mitad de muslo y que parecen batitas de dormir, ser\u00edan le\u00eddos como parte integral y pilar de la fauna maricona de la Isla.<\/p>\n<p>Por recepci\u00f3n hay una mujer de mediana edad sentada en una silla que ha visto mejores tiempos frente a un escritorio casi desintegrado. Nos recibe con la seriedad que ya entiendo como t\u00edpica de los cubanos y que se me hace tan dif\u00edcil de tolerar. Los rictus cubanos me provocan <i>homesickness<\/i>. Norge le dice que andamos con \u00e9l y que estaremos entrando y saliendo durante los pr\u00f3ximos d\u00edas.<\/p>\n<p>\u2015No hay problema \u2015contesta la mujer.<\/p>\n<p>Al subir, interrumpo el silencio con una pregunta capciosa.<\/p>\n<p>\u2015Norge, \u00bftendr\u00e1s un ba\u00f1o que pueda usar? \u2015le pregunto, tratando de que detecte que necesito cagar con car\u00e1cter de urgencia, pero sin tener que pasar por el bochorno de pedirle papel higi\u00e9nico.<\/p>\n<p>\u2015S\u00ed, claro. Al salir de la oficina a mano izquierda.<\/p>\n<p>Al llegar, se trata de un inodoro sin bacineta (\u00bfad\u00f3nde han ido a parar las bacinetas de los inodoros de La Habana?), sin papel, cuyo bot\u00f3n de <i>flush<\/i> no sirve. En la esquina contraria del ba\u00f1o hay un cubo de agua, imagino que para bajarlo si se caga en \u00e9l, y que haga las veces de bidet. Me retiro asqueado. Comienzo a sudar fr\u00edo y recuerdo una historia que me cont\u00f3 mi \u00fanico mentor var\u00f3n, Mois\u00e9s Agosto-Rosario, sobre su primera visita a Lagos, Nigeria, como representante de la organizaci\u00f3n Tides. Cuenta Mo que cuando \u00e9l pregunt\u00f3 si hab\u00eda un inodoro que pudiera usar all\u00e1, le dijeron: \u201c<i>Yes, the best toilet for Mr. Mois\u00e9s!<\/i>\u201d y lo llevaron a un ba\u00f1o en absoluta decadencia y corrupci\u00f3n, con un inodoro con el sucio incrustado y definitivamente nada salubre para una persona con VIH. Cuando Mo me cont\u00f3 esta an\u00e9cdota, me dijo que lo m\u00e1s que le entristeci\u00f3 en ese momento fue que dicho ba\u00f1o era el \u00fanico disponible en la oficina de la Asociaci\u00f3n de Personas con SIDA.<\/p>\n<p>Regreso a su oficina, en donde me presenta con su <i>crew<\/i>: Camila, una muchacha blanquita de cabello oscuro corto que me recuerda mucho a Myrtha Olivares, actriz, <i>performera<\/i> y periodista puertorrique\u00f1a; un se\u00f1or alto de cabello blanco y una muchacha alt\u00edsima de cabellos rizos, cuyos nombres no recuerdo.<\/p>\n<p>\u2015\u00bfQuieres usar el Internet, David? \u2015me pregunta Norge.<\/p>\n<p>\u2015Claro, pero por favor, en lo que me cambio el nombre legalmente, ll\u00e1mame Caleb. Detesto que me digan David.<\/p>\n<p>Entonces, me meto a Facebook y a mi cuenta de Gmail a revisar mis mensajes. No hay nada importante, as\u00ed que no tardo mucho. Gaddiel le regala uno de sus libritos, <i>Remedios cr\u00f3nicos para enfermedades caseras<\/i>, que juega un poco con los libros de autoayuda medicinal natur\u00f3pata y toda esa ola <i>hippie<\/i>, y ahora <i>h\u00edpster<\/i>, que arropa la Calle Lo\u00edza donde \u00e9l vive. Yo le regalo un ejemplar de mi <i>Terrarium<\/i>. Ambos poemarios son muy buenos, pero reconozco que el de Gaddiel est\u00e1 mucho mejor logrado. Gaddiel es el poeta que yo quisiera ser cuando sea grande. Si tan solo tuviera un poco m\u00e1s de fe en s\u00ed mismo\u2026<\/p>\n<p>En fin, que terminamos de hacer nuestras cosas en su oficina y Gaddiel deja all\u00ed una de las maletas que trajo en el viaje, que contiene unas cosas que su amiga Minga, de Vega Baja, le ha enviado a Marlene, su madrina santera cubana, y Marlene la ir\u00e1 a buscar luego, durante la semana. Norge nos pide que lo acompa\u00f1emos al Teatro Trian\u00f3n, donde se presentar\u00e1 la obra que veremos en la noche. Se titula <i>Harry Potter: se acab\u00f3 la magia<\/i>, de la autor\u00eda de una amiga suya cuyo nombre sigo olvidando. Nos vamos hacia all\u00e1. De camino al Teatro Trian\u00f3n, que queda entre L\u00ednea y Paseo, pasamos por la casa de Senel Paz.<\/p>\n<p>\u2015Es muy amigo m\u00edo, pero \u00faltimamente anda medio recluso. Estuvo enfermo hace poco.<\/p>\n<p>\u2015\u00bfQui\u00e9n es Senel Paz? \u2015pregunta Gaddiel. Es raro que pregunte. Casi siempre quien hace este tipo de preguntas soy yo, que siempre ando como despistado y tengo la maldita tendencia a mezclar nombres con rostros y obras. Gaddiel es mi peque\u00f1a enciclopedia literaria, un verdadero ni\u00f1o genio que ya no es tan ni\u00f1o, pero s\u00ed un genio.<\/p>\n<p>\u2015Es un escritor cubano. \u00bfRecuerdas la <i>Antolog\u00eda de textos literarios<\/i> de las hermanas L\u00f3pez Baralt que se usaba en la Iupi? \u00bfLa que ten\u00eda un tipo abrazando un libro y una luna en la portada? \u00c9l tiene un cuento all\u00ed titulado \u201cNo le digas que la quieres\u201d. Se trata de un muchacho que est\u00e1 a punto de perder la virginidad con una jevota y los amigos le hacen un <i>party<\/i> para prepararlo para el encuentro. Tiene que ver con la Revoluci\u00f3n y c\u00f3mo dej\u00f3 a los cubanos en el asunto de las relaciones interpersonales. Lo puedes leer y entender por qu\u00e9 los cubanos no sonr\u00eden.<\/p>\n<p>Y es cierto. Desde que llegamos aqu\u00ed, nadie sonr\u00ede.<\/p>\n<p>Senel Paz vive en un edificio azul y amarillo. Solo eso recuerdo. La memoria me juega trucos. Hubiera querido conocerlo. Sin embargo, diez d\u00edas no dan.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u20150\u2015<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 \u00a0Me explota y consume la tristeza de El Vedado. Le dicen as\u00ed porque en tiempos inmemoriales (hasta \u201clos otros d\u00edas\u201d), era un barrio de gente blanca y rica o pudiente, en donde se \u201cvedaba\u201d el paso de negros y gente pobre. Los guardias te paraban y te mandaban de regreso. Este territorio que, como dice Gaddiel, es un Santurce a gran escala, recuerda un pasado glorioso de abundante desarrollo econ\u00f3mico, desarrollo que se qued\u00f3 a mitad cuando cay\u00f3 la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, y Cuba, de repente, se vio sin aliado: soga o cabra. Los edificios se yerguen a medio destruir y la falta de mantenimiento es la hora del d\u00eda. Puedo mencionar, por ejemplo, a la Biblioteca de Casa de las Am\u00e9ricas. Al edificio literalmente le faltan cantos de empa\u00f1etado y se pueden apreciar varillas expuestas. Uno ve estos edificios y el abandono en que est\u00e1n sumidos, y no es posible evitar preguntarse c\u00f3mo se mantienen en pie y qu\u00e9 pasar\u00eda si a La Habana la azotase un terremoto de la magnitud del que barri\u00f3 con Port-au-Prince.<\/p>\n<p>\u2015Mira, lo que pasa es sencillo \u2015comienza Norge a explicarme\u2015. Los cubanos vivimos en residencias que nos provee el Estado. No somos due\u00f1os de donde vivimos y, por ende, hay muy poco sentido de pertenencia. Nadie arregla nada porque todo le pertenece al Estado y persiste la visi\u00f3n de que es el Estado quien tiene que resolver. Y bueno, en parte es cierto. El Estado vela por los edificios hist\u00f3ricos y la integridad del dise\u00f1o original de los mismos. El problema es que como el Estado no tiene dinero, las obras de mantenimiento y renovaci\u00f3n tardan a\u00f1os.<\/p>\n<p>Comienzo a entender a Puerto Rico y nuestra propia falta de sentido de pertenencia. Casi entiendo a la perfecci\u00f3n por qu\u00e9 somos de un mismo p\u00e1jaro las dos alas: estamos en un mismo barco, en extremos totalmente opuestos. Estamos jod\u00edos, por motivos diferentes, y de la misma forma.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u20150\u2015<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 \u00a0Llegamos al Teatro Trian\u00f3n, que se engalana con un <i>poster<\/i> maravillosamente logrado, rojo, con una mano que yergue una varita m\u00e1gica a punto de romperse y que lee, en caligraf\u00eda similar a la utilizada en los libros de J.K. Rowling, <i>Harry Potter: se acab\u00f3 la magia<\/i>.<\/p>\n<p>\u2015Adelante, est\u00e1n como en su casa.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, Norge nos lleva hacia la parte lateral derecha del teatro, en donde espera Carlos D\u00edaz, director de la obra y de la troupe Teatro el P\u00fablico, un hombre jovial, gordo, calvo y muy intelectual, a quien Norge ha apodado \u201cla ni\u00f1era\u201d por su trabajo casi exclusivo con j\u00f3venes actores. Cuando entramos a su oficina llena de libros y de utiler\u00eda, lo sorprendemos comi\u00e9ndose un mantecado de chocolate con papas fritas. Tambi\u00e9n est\u00e1 all\u00ed un muchacho alto, de cuerpo hecho todo fibra muscular, cuyo nombre no recuerdo. \u00c9l tambi\u00e9n estaba comiendo. Norge los saluda a ambos con tremendos besos en los cachetes, como para indicarnos que estamos a salvo en territorio de locas. Carlos me ve observando su comida y me ofrece.<\/p>\n<p>\u2015\u00bfQuieres?<\/p>\n<p>\u2015No, no se preocupe \u2015le digo\u2015. En realidad no estoy mirando su comida, sino a trav\u00e9s de ella.<\/p>\n<p>Carlos como que no entiende y le pregunta a Norge si yo quiero un poco, como quien pregunta si este servidor sabe hablar espa\u00f1ol. Entonces, le explico con mayor detenimiento.<\/p>\n<p>\u2015No tengo hambre, no se preocupe. Que tenga buen provecho. Soy muy distra\u00eddo y mi mente divaga. A veces parece que estoy mirando algo, pero en realidad estoy en mi propio mundo. Es todo.<\/p>\n<p>La respuesta parece convincente y entablan conversaciones animadas y amistosas sobre teatro y trabajo, y sobre la obra de Agnieska Hern\u00e1ndez, que veremos en la noche.<\/p>\n<p>\u2015Caleb, aqu\u00ed todo el mundo hace <i>drag<\/i>. Los hombres de mujer y las mujeres de hombre. Eso no es un <i>issue<\/i> aqu\u00ed.<\/p>\n<p>\u2015Ah, qu\u00e9 bien \u2015es lo \u00fanico que alcanzo a decir y s\u00e9 que quedo como un perfecto idiota. Esto de la socializaci\u00f3n a veces se me da y a veces no. Admito lo dif\u00edcil que se me hace cambiar de c\u00f3digos, de registro serio a registro jocoso. Gaddiel es un maestro en eso y lo admiro much\u00edsimo por ello. Hasta lo envidio. Su padre lo ha entrenado bien desde peque\u00f1o, con sus chistes de doble sentido y juegos de palabras jocosos. A m\u00ed mis padres me dieron un c\u00f3digo de rectitud moral Testigo de Jehov\u00e1 sumamente represivo que result\u00f3 en una mente fantasiosa que divaga mucho m\u00e1s de lo que piensa. Por supuesto que el estilo de Gaddiel es m\u00e1s atractivo y deseable. Conecta mucho mejor con la gente. Lo envidio y admiro a la misma vez. En m\u00e1s de una vez he querido ser m\u00e1s como \u00e9l y much\u00edsimo menos como yo. Pero soy tan <i>boy scout<\/i>, tan cabronamente <i>boy scout<\/i>, que a menudo pienso, y siento, que las personas a mi alrededor me ven como si tuviera un palo de escoba insertado por el culo. No est\u00e1n muy lejos de la realidad.<\/p>\n<p>\u2015Norge, \u00bftienes un ba\u00f1o decente que pueda usar? \u2015le pregunto, haciendo \u00e9nfasis con los ojos en la palabra <i>decente<\/i>, a ver si entiende que necesito cagar sin tener que dec\u00edrselo.<\/p>\n<p>\u2015Hombre, claro que s\u00ed. Ven para ac\u00e1.<\/p>\n<p>Me lleva por un pasillo que conduce a la izquierda del teatro y que hace las veces de camerino. All\u00ed, existen dos lavamanos quebrados pero todav\u00eda funcionales, y dos inodoros sin papel y sin bacinetas. Mi pesadilla me ataca de nuevo, pero esta vez estoy dispuesto a terminar yo con ella. Con l\u00e1grimas en los ojos cierro el cub\u00edculo y me preparo para la humillaci\u00f3n. Me bajo los pantalones, me agarro de la puerta y me acuclillo. A lo mejor, si me abro bien las nalgas como si fuera a coger por el culo, la mierda no manchar\u00e1 tanto la piel y, qui\u00e9n sabe, es posible que ni tenga que limpiarme. Pero luego recuerdo que si no me limpio, la mierda se incrusta en la piel y la quema. De repente me pregunto si es por eso que los cubanos no sonr\u00eden, si es que se miran a los ojos y reconocen los culos inmundos y quemados y eso les roba la inocencia o las ganas de sonre\u00edr. S\u00e9 que eso me la robar\u00eda a m\u00ed. Me lo dicen las l\u00e1grimas que me bebo mientras pujo y sale toda esa peste acumulada, todo ese desperdicio. En eso, escucho pisadas. Me asomo por debajo de la puertecilla y atisbo los zapatos de Gaddiel y de Norge. Espero un poco a que se vayan porque s\u00e9 que mis intestinos har\u00e1n ruido al vaciarse. Y soy malo para cagar frente a otros. Es algo que destruye el romance entre novios y amigos, porque entre amigos tambi\u00e9n existe una especie de romance fr\u00e1gil que subyace bajo el contrato impl\u00edcito de una amistad.<\/p>\n<p>\u2015\u00bfTodo bien, mi ni\u00f1o? \u2015pregunta Norge.<\/p>\n<p>\u2015S\u00ed \u2015contesto\u2015. Ya mismo salgo.<\/p>\n<p>Aparentemente contento con esa respuesta, los pasos de Norge y Gaddiel abandonan el espacio y entonces salgo, pantalones abajo, hacia el lavamanos. Me limpio con las manos lo mejor que puedo, y luego me lavo el culo con agua. Funciona. Pero no es pr\u00e1ctico en lo absoluto. Luego viene el arte de lavarse la mierda de las manos sin jab\u00f3n, frotando siempre en movimientos circulares para sacarse el olor a impudicia humana. Frotar en c\u00edrculos es la clave. <i>Boy scout survival tips<\/i>. Al final, me seco las l\u00e1grimas con la camisa, me echo agua fresca en el rostro y camino con la frente en alto. Uno hace lo que las circunstancias le obligan a uno hacer. La ley de la l\u00f3gica y su hermano, el sentido com\u00fan, son estatutos del m\u00e1s alto calibre, de un orden y una jerarqu\u00eda m\u00e1s altos, incluso, que las leyes del decoro o del Estado.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u20150\u2015<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 \u00a0Nos despedimos de Norge y de Carlos, y acordamos que esa noche estaremos all\u00ed a las 8:00pm sin falta. Gaddiel y yo, entonces, emprendemos la larga caminata hacia la Plaza de la Revoluci\u00f3n, en donde nos encontraremos con Raquel y Allison. De camino vemos un super\u00e1vit de machos bellos a tal punto que Gaddiel dice \u201c\u00a1Basta! <i>Stop!<\/i> \u00a1No puedo bregar!\u201d, y nos echamos a re\u00edr porque todo en Cuba es m\u00e1s grande que en Puerto Rico, no solo el territorio, los macros cubanos de los micros boricuas, las pingas, los paquetes, los culos, las cantidades\u2026 Todo es m\u00e1s grande y, en este momento de esta tarde tan fr\u00eda y soleada (hay un frente fr\u00edo ahora mismo pasando por La Habana), nos deprime nuestra peque\u00f1ez relegada a ir ganando la puta Serie del Caribe, que nos importa lo mismo que mis dedos llenos de mierda bajo las u\u00f1as. Intercambiamos maletas, ya que he cometido la soberana estupidez de traerme un bolso gigante en vez de una maleta, no muy buena idea para alguien que ha estado padeciendo de la espalda baja. Entonces, arrastro la maleta con ruedas de Gaddiel y \u00e9l carga mi bols\u00f3n, hasta que llegamos a la Plaza de la Revoluci\u00f3n y, est\u00fapidamente, me da con sentarme en la acera.<\/p>\n<p>\u2015Permiso \u2015dice un militar de mala manera\u2015. No puede sentarse ah\u00ed.<\/p>\n<p>Lo olvid\u00e9. En Cuba hay reglas para todo, m\u00e1s que nada, sobre c\u00f3mo sentarse con decencia. Si tan solo aplicaran ese mismo sentido de rectitud a la hora de limpiar los ba\u00f1os o mantenerlos con papel higi\u00e9nico, no tendr\u00edamos problemas. Me levanto de mala manera y contin\u00fao caminando y arrastrando la maleta de Gaddiel. De pronto, vemos dos figuras sentadas que como que nos miran, como que no nos distinguen, pero como que s\u00ed. Raquel saluda con su mano derecha y Gaddiel aprieta el paso. Nos damos besos, abrazos y Raquel nos presenta con Alli, una jud\u00eda de Filadelfia de culo grande, caderas amplias y sonrisa f\u00e1cil. Despu\u00e9s de intercambiar los \u201c\u00bfc\u00f3mo llegaron?\u201d y los \u201c\u00bfhace cu\u00e1nto est\u00e1n dando vueltas por aqu\u00ed?, nos dirigimos al Airbnb que Alli y Raquel han alquilado y el cual tambi\u00e9n es nuestra estad\u00eda. Se trata de un edificio viejo y vetusto, como todos los de esa \u00e1rea de la Habana, en el cuarto piso, al cual se sube por un ascensor malcriado y asesino que te cierra la puerta en la cara si no te das prisa. Luego del ascensor, a mano izquierda, llegamos al 405, la casa de Ernesto y Juan, una pareja de gays de mediana edad que, misteriosamente, son due\u00f1os en propiedad del 405 y el 406. Una vez all\u00ed, dejamos nuestras maletas en la sala y nos metemos a ba\u00f1ar.<\/p>\n<p>Lo primero que notamos en el ba\u00f1o es la existencia de papel de inodoro. Lo segundo son las losetas rosadas que se elevan desde el piso hasta el techo. Lo tercero es el bidet. Nos metemos en la ducha. Gaddiel y yo tenemos esa confianza, pues el ni\u00f1o es el hermanito incestuoso que mi pareja y yo hemos adoptado hace ya par de a\u00f1os, a petici\u00f3n de Mois\u00e9s, que me pidi\u00f3 encarecidamente que cuidara de Gaddiel y le ense\u00f1ara todo lo que s\u00e9, cosa que, por supuesto, he hecho. Nos tocamos, nos besamos, y Gaddiel me penetra con sus ocho pulgadas de cari\u00f1o hasta dejarme la leche adentro. No logro venirme, pero eso es normal en m\u00ed. Padezco de eyaculaci\u00f3n retardada. Una vez fuera, nos secamos pero no nos vestimos para ir a la obra. Estamos demasiado cansados. Comemos guayabas que han comprado las muchachas, arroz blanco sin sal y frijoles sin especias. Todo nos sabe divino. Antes de acostarnos, le regalo un ejemplar de <i>Terrarium<\/i> a Raquel y ella responde regal\u00e1ndome uno de su poemario <i>Huequitos\/Holies<\/i>, que se presentar\u00e1 durante una de las actividades del Encuentro de J\u00f3venes. Entonces, ellas se van a dormir al cuarto y nosotros nos acostamos en la sala, Gaddiel en el sof\u00e1 y yo en el suelo alfrombrado, con la esperanza de que el piso duro y fr\u00edo haga maravillas por mi espalda baja.<\/p>\n<h6><\/h6>\n<h6>David Caleb Acevedo, escritor puertorrique\u00f1o.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tengo una relaci\u00f3n extra\u00f1a con los aeropuertos. 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