{"id":1413,"date":"2017-04-25T15:44:58","date_gmt":"2017-04-25T21:44:58","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/04\/bienvenido-senor-kerry-emerio-medina\/"},"modified":"2023-06-07T11:35:38","modified_gmt":"2023-06-07T17:35:38","slug":"bienvenido-senor-kerry-emerio-medina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/04\/bienvenido-senor-kerry-emerio-medina\/","title":{"rendered":"&#8220;Welcome, Se\u00f1or Kerry&#8221; by Emerio Medina"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p>\u2014Me parece mentira que no puedas pintar una vaca \u2014dijo Marlen, y al hacerlo gir\u00f3 tristemente la cabeza y clav\u00f3 los ojos en las losas del piso.<\/p>\n<p>En general, cuando ella ped\u00eda que le pintara algo era porque ten\u00eda hambre. Primero escond\u00eda la cabeza entre los hombros, me miraba, intentaba sonre\u00edr. Despu\u00e9s volteaba los ojos hacia un sitio cualquiera, hacia un \u00e1rbol, si hab\u00eda alguno cerca, o hacia una silla, un libro, una puerta.<\/p>\n<p>Est\u00e1bamos cerca del mar, en ese apartamento que los amigos nos prestaban a veces. Ten\u00edamos por costumbre pasar all\u00ed los fines de semana. Nos sent\u00e1bamos en el balc\u00f3n y respir\u00e1bamos el aire salado hasta que los pulmones dol\u00edan y los ojos empezaban a lagrimear, y entonces Marlen protestaba y se iba al cuarto. Me llegaba despu\u00e9s el sonido del agua en la poceta de la ducha. Era como una invitaci\u00f3n dulce y callada, pero yo me quedaba all\u00ed hasta muy tarde, hasta que los muchachos regresaban de la playa y ped\u00edan algo de comer en esa forma desenfadada y simple de los adolescentes.<\/p>\n<p>Desde el balc\u00f3n pod\u00eda verse el amplio panorama de la costa, los edificios vecinos, los dep\u00f3sitos de basura. All\u00e1, interrumpiendo la monoton\u00eda del horizonte, un barco avanzaba con lentitud sobre las olas. Era un gran cascar\u00f3n blanco de altas bordas que se dirig\u00eda al puerto cercano.<\/p>\n<p>\u2014Un crucero \u2014dije.<\/p>\n<p>Se me ocurri\u00f3 explicar que los cruceros se hab\u00edan puesto de moda. Los navieros de \u00c1msterdam abrieron esa l\u00ednea hacia La Habana y ya lo pod\u00eda ver Marlen: ante sus ojos, sobre el agua azul del mar, se deslizaba un gran cascar\u00f3n de hierro lleno de holandeses.<\/p>\n<p>Ella levant\u00f3 la mirada con inter\u00e9s. Sac\u00f3 sus cuentas, arque\u00f3 los labios, cruz\u00f3 los dedos detr\u00e1s de la cabeza.<\/p>\n<p>\u2014Dos mil \u2014dijo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDos mil euros? No lo creo. No debe ser tan caro. Un paquete promocional al Caribe debe andar por los ochocientos.<\/p>\n<p>\u2014Dos mil pasajeros \u2014aclar\u00f3\u2014. Dos mil personas que vienen a pasar una semana en la isla. Dos mil pasaportes acu\u00f1ados por un funcionario sonriente. Dos mil habitaciones en un hotel cualquiera. Dos mil empleados sirviendo cerveza y bocaditos de jam\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Dos mil sombrillas junto a la piscina \u2014me atrev\u00ed a decir.<\/p>\n<p>\u2014Dos mil sombrillas junto a la piscina.<\/p>\n<p>En ese punto nos quedamos callados. Miramos el crucero hasta que los ojos nos dolieron, suspiramos un poco, nos abrazamos. Los dos intentamos sonre\u00edr. Marlen me apart\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Deb\u00ed recoger las hojas en la oficina esta ma\u00f1ana \u2014dijo, no sin una tristeza leve y escondida, como si se culpara por alg\u00fan error imperdonable.<\/p>\n<p>Yo entend\u00ed que lo dijo con resignaci\u00f3n. La comprend\u00eda, ciertamente, pero no me gustaba que sintiera culpa por nada.<\/p>\n<p>En realidad, lo que pas\u00f3 no fue culpa de Marlen. Su plan de pasar el s\u00e1bado temprano por la oficina antes de irnos de la ciudad no le funcion\u00f3 porque la calle estaba cerrada. Los polic\u00edas se negaron a dejarla caminar por esa \u00faltima cuadra, y aunque ella dijera que trabajaba all\u00ed, que necesitaba con urgencia recoger unos papeles, no le fue posible avanzar un paso m\u00e1s.<\/p>\n<p>Eso fue lo que ella me dijo cuando volvi\u00f3 a la casa. Los muchachos y yo lo ten\u00edamos todo listo. Era la ma\u00f1ana com\u00fan de un s\u00e1bado cualquiera, de uno de esos tantos s\u00e1bados cualquiera en que nos \u00edbamos al apartamento de la costa para escapar del tedio de la ciudad y carg\u00e1bamos el material imprescindible para estar dos d\u00edas lejos de casa. Llev\u00e1bamos camisas muy ligeras, algo de aseo, las cosas personales de cada quien, y papel, cualquier min\u00fasculo pedazo de papel. Pod\u00edan ser hojas usadas, o p\u00e1ginas sueltas de revista, o recibos de la luz y el agua, o recetas inservibles acu\u00f1adas por alg\u00fan m\u00e9dico amigo que guardara en su casa las reservas de siempre. El papel, fuera cual fuera su condici\u00f3n o destino inicial, no pod\u00eda faltarnos en esas excursiones de los fines de semana. Y en ese momento preciso, cuando lo ten\u00edamos todo listo y esper\u00e1bamos por Marlen para irnos de la ciudad, ella se apareci\u00f3 diciendo que no pudo avanzar por esa \u00faltima cuadra, ni llegar a su oficina, ni recoger una decena de hojas sueltas de papel <i>Bond<\/i> que hab\u00eda logrado esconder en las gavetas de su escritorio durante las semanas m\u00e1s recientes.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1n cerradas todas las calles del centro. Los polic\u00edas no me dejaron pasar \u2014dijo con una voz lastimera de doncella asustada, y al hacerlo me mir\u00f3 a los ojos, y mir\u00f3 a los muchachos, y despu\u00e9s cambi\u00f3 la vista hacia el televisor y se qued\u00f3 escrutando la pantalla, sopes\u00e1ndola, tratando de atravesar el cristal negro como si el aparato escondiera en su interior alg\u00fan secreto de importancia vital\u2014. Es por ese asunto de la visita del Secretario de Estado.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEl se\u00f1or Kerry? Claro. Anoche lo dijeron en el noticiero: el se\u00f1or Kerry llega esta ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Y yo record\u00e9 entonces el tono oficial del locutor, las palabras graves que anunciaban la llegada al pa\u00eds del ministro extranjero, el cierre del aeropuerto y la terminal de trenes, la congelaci\u00f3n de la ciudad.<\/p>\n<p>Ese asunto de las calles cerradas puede ser una verdadera molestia. A veces he pensado que es una molestia, y despu\u00e9s me he dicho que no soy nadie para cuestionar ese tipo de decisiones. Seguramente no alcanzo a comprender una raz\u00f3n tan simple: es bueno que alguien decida lo que conviene hacer, qu\u00e9 calles cerrar, qu\u00e9 v\u00edas espec\u00edficas utilizar para esas grandes ocasiones especiales en que el pa\u00eds recibe a un visitante de alto rango. Todo eso tiene que ver con medidas de protecci\u00f3n muy necesarias que funcionan en cualquier parte del mundo, y no ser\u00e1 por mi opini\u00f3n que las cosas cambien o que no se reciban en el pa\u00eds visitas importantes. Pero puedo ponerlo de otra forma: es bueno que alguien decida por m\u00ed. S\u00ed. Es eso. El simple dise\u00f1ador gr\u00e1fico que soy yo no tiene por qu\u00e9 molestarse con nimiedades de esa \u00edndole. Y puedo ponerlo de otra forma tambi\u00e9n: al simple hombre que soy yo le conviene que todo ocurra exactamente as\u00ed.<\/p>\n<p>Y all\u00ed, en el apartamento cercano al mar, en ese sitio retirado y c\u00f3modo que los amigos nos prestaban a veces, decid\u00ed que todo estaba bien y era bueno que alguien decidiera por m\u00ed. Todo eso estaba muy bien, incluso si se tomaba el cierre de las calles del centro como una molestia innecesaria, o si, como era el caso, mi mujer no pudo pasar por su oficina a recoger unas hojas blancas de papel <i>Bond<\/i>, una decena escasa de hojas duras y pulidas, ahorradas durante semanas de la asignaci\u00f3n diaria, escamoteadas del paquete com\u00fan a riesgo de ser vista por los otros empleados, por el administrador o por alg\u00fan cliente demasiado curioso.<\/p>\n<p>\u2014No fue tu culpa \u2014le dije\u2014. No pudiste pasar sobre la polic\u00eda.<\/p>\n<p>Ella escondi\u00f3 los ojos y solloz\u00f3. La imagin\u00e9 discutiendo con los hombres de azul, dici\u00e9ndoles que atrabajaba all\u00ed, pidi\u00e9ndoles, por favor, que la dejaran pasar. Y la respuesta negativa llegar\u00eda en la voz autoritaria de un capit\u00e1n o un mayor, o quiz\u00e1 en el tono menos agrio de un recluta joven que cumpl\u00eda sus \u00f3rdenes y trataba de explicar la prohibici\u00f3n a la mujer madura que insist\u00eda en avanzar por la ruta prohibida del centro de la ciudad.<\/p>\n<p>La imagen me pareci\u00f3 triste. Mir\u00e9 al mar y al cielo y trat\u00e9 de apartar de los o\u00eddos el sollozo de Marlen, el quejido bajo que llenaba la habitaci\u00f3n. Decid\u00ed revisar otra vez las gavetas vac\u00edas del apartamento, los estantes donde alguna vez los due\u00f1os acumularan decenas de libros, los rincones donde se pudiera encontrar un papel.<\/p>\n<p>Volv\u00ed a voltear los colchones, busqu\u00e9 en el ba\u00f1o, levant\u00e9 la tapa del agua, y aun saqu\u00e9 la cabeza por la ventana y mir\u00e9 al exterior, abajo, hacia los pasillos y los vertederos, con la esperanza de encontrar un trozo de peri\u00f3dico, un sobre abandonado, el m\u00e1s insignificante pergamino donde pudiera pintar con urgencia una vaca, un pollo, un pescado, cualquier criatura silenciosa y muerta que aplacara el hambre de esos d\u00edas, esa torpe sensaci\u00f3n de vac\u00edo en el est\u00f3mago, ese molesto escozor que obligaba a recordar tiempos mejores.<\/p>\n<p>Porque hubo tiempos mejores, y los record\u00e9 en ese momento.<\/p>\n<p>Veinte a\u00f1os atr\u00e1s, cuando baj\u00e1bamos a pie todos los d\u00edas por San L\u00e1zaro hacia la hamburguesera de Belascoa\u00edn, Marlen pod\u00eda sonre\u00edr aunque el est\u00f3mago le doliera, aunque el sol del mediod\u00eda le caldeara el pelo y la hiciera sudar a chorros, y aunque estuvi\u00e9ramos cinco horas de pie en la cola de la hamburguesera, abrazados all\u00ed como lo hacen adolescentes, mirando que la cola no avanzaba, ri\u00e9ndonos de cualquier chiste viejo, llen\u00e1ndonos con el aroma del pan que sal\u00eda por las ventanas y degustando el olor de la masa de harina y carne que se fre\u00eda en las bandejas.<\/p>\n<p>Veinte a\u00f1os atr\u00e1s \u00e9ramos muy j\u00f3venes y hac\u00edamos el amor sin preocuparnos por la falta de comida.<\/p>\n<p>Veinte a\u00f1os atr\u00e1s el papel abundaba, y era posible encontrar toneladas de libros viejos y nuevos, millares de peri\u00f3dicos y publicaciones impresas.<\/p>\n<p>Exactamente veinte a\u00f1os atr\u00e1s, una tarde en que la cola se alarg\u00f3 demasiado, Marlen me dijo: <i>P\u00edntame una hamburguesa<\/i>.<\/p>\n<p>Esa petici\u00f3n nos salv\u00f3 la vida. Durante a\u00f1os comimos hamburguesas pintadas. Despu\u00e9s aprend\u00ed a pintar un pollo, un pomo de leche, unas libras de arroz, el aceite necesario, y las especias, y algo de viandas tambi\u00e9n. Cuando ten\u00edamos muchas ganas de comer algo l\u00edquido y caliente yo pintaba una olla de sopa, y cuando el calor nos abrasaba en los veranos t\u00f3rridos de la ciudad me bastaba con sacar de la gaveta un trozo de papel y pintar una tina de helado.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s nos casamos y tuvimos a los muchachos. La vida era f\u00e1cil porque el papel abundaba y no ten\u00edamos que gastar un centavo en comida. A los muchachos los ense\u00f1amos a masticar el papel de la forma conveniente, y ya pronto los dos aprendieron a guardar sus papeles propios y a pedirme que les pintara cualquier cosa.<\/p>\n<p>Fuimos muy felices en nuestra casa de la ciudad, y nadie pod\u00eda sospechar las causas de esa felicidad duradera. La gente se quejaba de privaciones y hambre, y nosotros lo escuch\u00e1bamos todo con el asombro de algo imposible. Los fines de semana nos \u00edbamos a la costa, a ese apartamento que los amigos nos prestaban, y de esa forma nos alej\u00e1bamos un poco de los lamentos de la gente. Llev\u00e1bamos una buena provisi\u00f3n de papel y nos olvid\u00e1bamos del mundo por un tiempo.<\/p>\n<p>Por supuesto que todo eso de la comida pintada se mantuvo en secreto. A los muchachos les dijimos que no pod\u00edan hablar del tema con nadie, y ellos entendieron la situaci\u00f3n y se quedaron callados. Y Marlen misma, aunque ardiera en ganas de cont\u00e1rselo todo a sus amigas de la oficina, prometi\u00f3 que no se lo iba a decir a nadie. Pero en las tardes llegaba con una leve sombra de tristeza en el rostro, y yo sab\u00eda que todo ten\u00eda su relaci\u00f3n con el tema del hambre.<\/p>\n<p>\u2014Es que no nos dan almuerzo en la oficina \u2014me dijo una vez\u2014. All\u00e1 est\u00e1n esas pobres mujeres con el est\u00f3mago pegado. Tienen que arrastrar el cuerpo el d\u00eda entero por aquellos pasillos, y subir las escaleras, y asistir a esas reuniones tan largas. No s\u00e9 c\u00f3mo pueden resistir.<\/p>\n<p>Marlen, sin embargo, resist\u00eda. Cargaba en el bolso los dibujos necesarios, y resist\u00eda. Se llevaba un pote de yogurt, un pan con mantequilla, miel y tostadas, muchas tostadas de un pan redondo y suave que yo copi\u00e9 de una revista. Se cuidaba mucho de que alguien la viera masticando el papel. Se encerraba en el ba\u00f1o y merendaba all\u00ed, y a la hora del almuerzo se buscaba una excusa para alejarse de la gente, de esas pobres mujeres que arrastraban el cuerpo en las oficinas, de los clientes posibles, del personal de servicio, y del administrador, especialmente del administrador.<\/p>\n<p>Pero Marlen comprendi\u00f3 que no pod\u00eda revelar el secreto aunque le doliera mirar a sus compa\u00f1eras de trabajo y verles la cara de hambre, y aunque tuviera que escuchar todos los d\u00edas sus conversaciones de hambre, y aunque fuera tan dif\u00edcil o\u00edr su respiraci\u00f3n porque era la respiraci\u00f3n del hambre.<\/p>\n<p>A pesar de todo eso Marlen fue feliz conmigo. Fuimos felices los dos viendo crecer a los muchachos. El papel abundaba y las cosas iban bien. Todo empez\u00f3 a cambiar cuando ella me pidi\u00f3 que le pintara una vaca.<\/p>\n<p>\u2014Los muchachos nunca la han probado \u2014dijo\u2014. No conocen el sabor.<\/p>\n<p>Era cierto que los muchachos no conoc\u00edan el sabor. Nacieron en los a\u00f1os malos y no tuvieron esa oportunidad. Y nosotros mismos, aunque fu\u00e9ramos m\u00e1s viejos, casi no record\u00e1bamos nada.<\/p>\n<p>Pintar una vaca se convirti\u00f3 en obsesi\u00f3n. Durante a\u00f1os trat\u00e9 de hacerlo. Algo en las curvas del animal hac\u00eda que la mano me temblara. Algo en los ojos me engarrotaba los dedos. Algo en la piel me imped\u00eda delinear con claridad la figura d\u00f3cil. Una vez pint\u00e9 una y no me qued\u00f3 bien. Ten\u00eda demasiada grasa en el abdomen, y la carne era tan dura que no se pod\u00eda masticar. Otra vez pint\u00e9 una que no parec\u00eda una vaca, sino cualquier triste cuadr\u00fapedo rumiante que miraba desde el papel sin comprender qui\u00e9n lo puso en este mundo, y para qu\u00e9 lo puso, y si ten\u00eda sentido existir en la forma de un dibujo comestible.<\/p>\n<p>Pintar una vaca se convirti\u00f3 en un problema. Durante a\u00f1os eso fue para Marlen y para m\u00ed un problema no resuelto.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 a afectarnos la falta de sue\u00f1o. Tuvimos fallas a nivel del sistema nervioso central, y fallas perif\u00e9ricas, y obstrucciones de todo tipo que se convirtieron en trastornos metab\u00f3licos. Solo en el apartamento que los amigos nos prestaban yo encontraba sosiego.<\/p>\n<p>Me pasaba horas en el balc\u00f3n respirando el aire marino. Pod\u00eda estar noches completas tragando bocanadas de viento, degust\u00e1ndolas, reteni\u00e9ndolas en los pulmones un tiempo que se alargaba con cada nuevo intento. Reten\u00eda el aire y sent\u00eda en el paladar una tenue sensaci\u00f3n de mariscos, de peces ligeros como p\u00e1jaros, de calamares y pulpos sazonados con pimienta. Me concentraba en eso durante jornadas muy largas, y as\u00ed lograba olvidar la obsesi\u00f3n de pintar una vaca, la falta de sue\u00f1o, las fallas del sistema nervioso.<\/p>\n<p>Pero Marlen insist\u00eda. Me rogaba que lo hiciera por los muchachos. Me obligaba a seguir tratando.<\/p>\n<p>Una tarde, por fin, logr\u00e9 que me quedara bien.<\/p>\n<p>El trazo firme de un l\u00e1piz semiduro dejaba ver claramente los contornos del animal, los m\u00fasculos tensos, la carne blanda y tibia que se abultaba bajo una piel brillante y estirada.<\/p>\n<p>\u2014Te ha quedado muy bien \u2014dijo Marlen despu\u00e9s de masticar con avidez un pedazo grande de papel\u2014. Es as\u00ed como lo recuerdo todo. Exactamente as\u00ed.<\/p>\n<p>Mastic\u00f3 despu\u00e9s con calma, entrecerr\u00f3 los ojos y movi\u00f3 la cabeza en se\u00f1al negativa.<\/p>\n<p>\u2014No s\u00e9 \u2014dijo\u2014. Hay algo aqu\u00ed que no funciona. Algo no est\u00e1 como debe ser.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEl sabor? \u2014pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014No. El sabor es el mismo. Lo siento ah\u00ed, muy real en la lengua, pero creo que se me escapa de la boca.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEl sabor se te escapa? No puede ser. El sabor no se puede escapar. No tiene sentido.<\/p>\n<p>Discutimos ese asunto del sabor que se escapaba. A Marlen le parec\u00eda un poco escurridizo, y luego, cuando tuve tiempo de masticar con calma, a m\u00ed me lo pareci\u00f3 tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>\u2014Ser\u00e1 que pint\u00e9 una vaca transalpina \u2014dije\u2014. En alg\u00fan sitio le\u00ed que las vacas transalpinas no se pueden comer en ciertas \u00e9pocas del a\u00f1o.<\/p>\n<p>A Marlen la explicaci\u00f3n le pareci\u00f3 convincente. Casi estaba segura de que se trataba de una vaca transalpina, y de que est\u00e1bamos precisamente en esa \u00e9poca del a\u00f1o en que no se recomienda consumir la carne de esos animales: terminaba agosto, y no hab\u00eda llovido en meses.<\/p>\n<p>\u2014Quiz\u00e1 la falta de lluvia es la causa de ese sabor ilusorio.<\/p>\n<p>\u2014No dije que fuera ilusorio \u2014aclar\u00f3 ella\u2014. Dije que era escurridizo.<\/p>\n<p>\u2014Bien. Quiz\u00e1 la falta de lluvia es la causa de ese sabor escurridizo.<\/p>\n<p>Marlen mastic\u00f3 otra vez. Cerr\u00f3 los ojos y se concentr\u00f3 en el acto. Por momentos mov\u00eda la cabeza, y por momentos se quedaba quieta. Abr\u00eda los ojos y fijaba la mirada en un objeto cualquiera, y los cerraba otra vez, y volv\u00eda a masticar con fuerza, con deseos, hasta que los m\u00fasculos de la mand\u00edbula le empezaron a doler.<\/p>\n<p>\u2014No \u2014dijo de pronto\u2014. Es el tipo de papel.<\/p>\n<p>Ella deb\u00eda tener raz\u00f3n. Yo hab\u00eda pintado la vaca en un viejo sobre descolorido de papel cart\u00f3n, y seguramente eso le quitaba toda la fuerza al sabor de la carne. Pero me alegr\u00f3 infinitamente saber que no hab\u00eda pintado una vaca transalpina. Algo en las vacas transalpinas me produjo siempre un desasosiego insoportable. Imaginaba cientos de tristes rumiantes que pastaban en los prados de los Alpes sin tener una idea concreta del tiempo y el lugar que les toc\u00f3 vivir.\u00a0 Y ahora me alegraba de no haber cometido ese error: pintar una vaca transalpina en el verano t\u00f3rrido de una urbe silenciosa y anodina como La Habana era de lo peor que pod\u00eda hacer un dibujante, y muy en mi interior fue bueno convencerme de que el sabor escurridizo de la carne se deb\u00eda exclusivamente al tipo de papel.<\/p>\n<p>Porque ya para entonces el problema era el papel. Hab\u00eda desaparecido de los estanquillos cualquier asomo de publicaci\u00f3n impresa, y comenzaba a a\u00f1orarse aquel tiempo en que el viento empujaba por la calle planas completas de ediciones matutinas, sobres rasgados y p\u00e1ginas de revistas a color o en blanco y negro. La ciudad comenzaba a verse limpia, acaso demasiado limpia, como si una aspiradora gigante succionara eternamente todo lo que oliera a celulosa.<\/p>\n<p>\u2014Voy a traer papel de la oficina \u2014dijo Marlen\u2014. Papel <i>Bond<\/i>. Creo que el papel <i>Bond<\/i> puede resolver ese asunto del sabor.<\/p>\n<p>Y yo sonre\u00ed esa tarde cuando Marlen lo dijo. No pod\u00eda creer que algo as\u00ed fuera posible. Imaginaba a Marlen escondiendo en la cartera la cuartilla pulida y blanca, crujiente y s\u00f3lida, ideal para pintar cualquier cosa, tan brillante que her\u00eda los ojos desde lejos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPapel <i>Bond<\/i>? \u2014dije\u2014. \u00bfAcaso tienen all\u00e1 papel <i>Bond<\/i>? Nunca lo mencionaste. En todos estos a\u00f1os he dibujado pollos sobre cart\u00f3n, huevos sobre peri\u00f3dicos, pan sobre p\u00e1ginas de revistas. \u00bfY solo ahora me dices que en tu oficina hay papel <i>Bond<\/i>? \u00bfMontones de hojas de papel <i>Bond<\/i>? \u00bfToneladas de paquetes sellados con el olor a nuevo revoloteando cerca, as\u00ed, como si fueran peque\u00f1as cajas de Pandora listas para ser abiertas y saqueadas?<\/p>\n<p>\u2014No dije que hubiera montones o toneladas \u2014se apur\u00f3 a explicar Marlen\u2014. Nos dan las hojas contadas, enumeradas, y en alg\u00fan caso nos hacen firmar un documento. El administrador es muy estricto con ese tipo de entregas.<\/p>\n<p>Marlen dijo <i>ese tipo de entregas<\/i> y yo me qued\u00e9 pensando que seguramente en su oficina todos estaban pendientes de ese momento crucial: una mujer menuda y p\u00e1lida recib\u00eda de manos de un administrador rollizo y exigente una decena de hojas blancas destinadas a la impresi\u00f3n de documentos importantes. La imagen se reforz\u00f3 con esa misma mujer p\u00e1lida que manipulaba las hojas con dedos nerviosos y firmaba el documento de rigor, y luego el cuadro general se hizo extremadamente cruel cuando esa misma mujer cargaba la bandeja de la impresora, pulsaba la tecla correspondiente y se quedaba esperando el documento impreso, estruj\u00e1ndose las manos, dici\u00e9ndose en el interior que todo iba a salir bien, que no hab\u00eda cometido ning\u00fan error y ninguna de las hojas se hab\u00eda echado a perder.<\/p>\n<p>Ahora, mirando las lejanas bordas del crucero holand\u00e9s que avanzaba con lentitud hacia el puerto, entend\u00eda un poco la mirada triste de Marlen, sus hombros ca\u00eddos, su voz lastimera de doncella. Debi\u00f3 pasar muchos momentos de susto al esconder su peque\u00f1o tesoro en las gavetas del escritorio. Lo har\u00eda durante semanas, una hoja a la vez, hasta completar finalmente la decena, y ese esfuerzo descomunal se fue al piso porque las calles estaban cerradas y los polic\u00edas no la dejaron pasar. Pero aun as\u00ed, aunque la visita al pa\u00eds de un funcionario extranjero nos impidiera pasar el fin de semana masticando carne de res pintada en un papel, no me parec\u00eda normal su tristeza excesiva.<\/p>\n<p>\u2014Ser\u00e1 en otra ocasi\u00f3n \u2014dije\u2014. La semana entrante escondes las hojas en el bolso y las llevas para la casa, y el s\u00e1bado estaremos otra vez aqu\u00ed, y las pasaremos bien, y miraremos pasar el crucero masticando con calma ese papel de sabor firme nada ilusorio y nada escurridizo.<\/p>\n<p>Marlen sonri\u00f3. Aunque la situaci\u00f3n le pesara, sonri\u00f3. Por un momento sus ojos se iluminaron, y en general toda ella pareci\u00f3 cambiar de expresi\u00f3n, como si hubiera olvidado el incidente y no le molestara en lo absoluto que el pa\u00eds recibiera a sus invitados, y que todas las calles se cerraran, y que cientos de polic\u00edas muy j\u00f3venes o muy viejos custodiaran las intersecciones de la ciudad y no dejaran avanzar a los paseantes. Pero luego sus hombros cayeron otra vez, y sus ojos se empa\u00f1aron, y su voz tembl\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY los muchachos? \u2014dijo\u2014. \u00bfQu\u00e9 les vamos a decir a los muchachos cuando lleguen esta tarde de la playa? Se supon\u00eda que esta iba a ser su primera vez.<\/p>\n<p>\u2014Ah, claro. Los muchachos \u2014dije, y acerqu\u00e9 la mano hasta rozar su cabello\u2014. \u00bfSabes qu\u00e9? Los muchachos entender\u00e1n. Son\u00a0 j\u00f3venes. Pueden entenderlo todo. Y pueden esperar. Les pinto cualquier cosa en un pedazo de camisa y seguramente se conforman.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEn un pedazo de camisa? \u2014y Marlen levant\u00f3 vivamente los ojos\u2014. Nunca hemos comido nada pintado en un pedazo de camisa.<\/p>\n<p>\u2014Pues\u2026, tambi\u00e9n la tela sirve \u2014expliqu\u00e9\u2014. Un poco dura, por supuesto. Dif\u00edcil de romper con los dientes. Nunca ser\u00e1 como el papel, pero sirve igual.<\/p>\n<p>Era cierto que la tela serv\u00eda. Yo hab\u00eda probado con un pedazo de camisa, y serv\u00eda. No se pod\u00eda pintar en ella nada de carne, ni productos derivados de la leche, ni nada que viniera del mar. Solo era posible hacer los trazos simples de alimentos muy b\u00e1sicos, acaso refresco gaseado sin demasiada az\u00facar, o trozos min\u00fasculos de pan sin grasa, o cucharadas de prote\u00edna vegetal. Pero seguramente los muchachos estar\u00edan conformes y no pedir\u00edan nada m\u00e1s. Masticar\u00edan con fuerza los pedazos de camisa y dormir\u00edan con la boca apretada y los m\u00fasculos tensos.<\/p>\n<p>Todo estuvo bien esa tarde con los muchachos y nosotros. Todo estuvo muy bien, y nos llenamos el est\u00f3mago con pan pintado sobre tela, y a la hora de dormir nos fuimos a so\u00f1ar esa aventura alegre que nos esperaba al cabo de unos d\u00edas, esa fiesta del papel brillante y liso que Marlen guardaba en su oficina, ese sabor tan firme que se quedaba en la garganta y por momentos aceleraba el pulso y la respiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y esa noche, cuando la promesa de una fiesta de papel hac\u00eda sonre\u00edr a los muchachos dormidos, o\u00ed a Marlen sollozar. Desde el ba\u00f1o del apartamento me lleg\u00f3 su quejido leve.<\/p>\n<p>Me acerqu\u00e9. Apart\u00e9 las manos que le cubr\u00edan el rostro. Roc\u00e9 sus labios y la tom\u00e9 por la cintura.<\/p>\n<p>\u2014Los polic\u00edas s\u00ed me dejaron pasar \u2014dijo en un susurro entrecortado\u2014. No hab\u00eda nada en las gavetas. Perd\u00f3name.<\/p>\n<p>Me alej\u00e9 de Marlen y sal\u00ed al balc\u00f3n. El aire soplaba fuerte desde el mar, r\u00e1pido y denso, con un sabor salino tan marcado que me oblig\u00f3 a cerrar los ojos.<\/p>\n<p>\u2014Perd\u00f3name \u2014lleg\u00f3 la voz de Marlen mezclada con el susurro del aire\u2014. Esas pobres mujeres de la oficina tambi\u00e9n necesitan comer. \u00bfC\u00f3mo crees que van a sobrevivir?<\/p>\n<p>S\u00ed. Esas pobres mujeres necesitaban comer. \u00bfPor qu\u00e9 no? Comer. Masticar sin apuro el papel blando. Saturarse de una buena vez con el sabor tan firme de la carne. \u00bfAcaso ten\u00edamos derecho a mantener el secreto para siempre? \u00bfAcaso no hab\u00eda gente alrededor, gente simple y callada que trataba de seguir adelante? Bien, esa gente exist\u00eda. Esa gente estaba ah\u00ed por siempre y merec\u00eda que Marlen revelara ese secreto que guardamos por a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u2014Perd\u00f3name \u2014repiti\u00f3 Marlen, acerc\u00e1ndose, y me abraz\u00f3.<\/p>\n<p>Nos quedamos all\u00ed, dej\u00e1ndonos golpear el rostro por la brisa marina, con los ojos abiertos a pesar del aire salado y denso. Desde el interior del apartamento llegaba el ronquido de los muchachos. Seguramente so\u00f1aban con un fest\u00edn de s\u00e1bado, y lo demostraban as\u00ed, roncando despreocupados, ajenos al transcurrir del tiempo y felices de estar vivos. Afuera, rompiendo la oscuridad de la costa hacia Occidente, las luces del puerto cercano iluminaban una parte del cielo.<\/p>\n<p>\u2014Sabes que ahora el papel va a desaparecer completamente \u2014dije, aunque solo fuera por decir algo.<\/p>\n<p>\u2014Lo s\u00e9 \u2014dijo ella\u2014. Y la tela tambi\u00e9n desaparecer\u00e1. Pero algo haremos. Los muchachos y yo confiamos en ti. Algo se te ocurrir\u00e1. Quiz\u00e1 no sea esta noche, pero algo se te ocurrir\u00e1.<\/p>\n<p>\u2014Algo se me ocurrir\u00e1, s\u00ed \u2014dije\u2014. Y, si no se me ocurre nada, bajaremos otra vez a pie por San L\u00e1zaro hasta Belascoa\u00edn.<\/p>\n<p>Marlen bostez\u00f3. La idea de bajar a pie por San L\u00e1zaro en un mediod\u00eda tedioso del verano no parec\u00eda molestarle demasiado. Quiso responder algo, pero solo consigui\u00f3 bostezar otra vez.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfHambre? \u2014pregunt\u00e9 con suavidad.<\/p>\n<p>\u2014No \u2014dijo\u2014. Sue\u00f1o. Tengo mucho sue\u00f1o. Ahora puedo dormir todo el tiempo que quiera.<\/p>\n<p>Fue muy bueno saber que en lo adelante ella podr\u00eda dormir. Fue bueno para m\u00ed, pero no lo dije. No le dije a Marlen que en lo adelante yo podr\u00eda dormir tambi\u00e9n. Pens\u00e9 decirle que no se preocupara, que el papel y la tela no eran del todo indispensables. Y pens\u00e9 decirle m\u00e1s y revelar otros secretos y otros materiales, otras formas de hacer las cosas y otros medios de vida. Decid\u00ed cont\u00e1rselo todo, pero ya ella dorm\u00eda.<\/p>\n<p>Me levant\u00e9 a pesar del sue\u00f1o. Fui hasta el balc\u00f3n, aspir\u00e9 el viento marino en una bocanada espaciosa y lo retuve en los pulmones el tiempo necesario. Me acerqu\u00e9 a los muchachos dormidos, les abr\u00ed la boca por turnos y les sopl\u00e9 el aire en la garganta.<\/p>\n<h6><\/h6>\n<h6>Emerio Medina, escritor cubano.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Y pens\u00e9 decirle m\u00e1s y revelar otros secretos y otros materiales, otras formas de hacer las cosas y otros medios de vida.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1410,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4464],"genre":[2012],"pretext":[2040,2037],"section":[2357],"translator":[2460],"lal_author":[3286],"class_list":["post-1413","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-numero-2","genre-fiction-es","pretext-ficcion-es","pretext-fiction-es","section-dossier-voices-from-cuba-es","translator-george-henson-es","lal_author-emerio-medina-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1413","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1413"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1413\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1410"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1413"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1413"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1413"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=1413"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=1413"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=1413"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=1413"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=1413"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}