{"id":1409,"date":"2017-04-25T15:29:39","date_gmt":"2017-04-25T21:29:39","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/04\/fugue-gisela-kozak\/"},"modified":"2024-04-10T09:37:25","modified_gmt":"2024-04-10T15:37:25","slug":"fugue-gisela-kozak","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/04\/fugue-gisela-kozak\/","title":{"rendered":"&#8220;Fuga&#8221; de Gisela Kozak"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times}<br \/><\/style>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<h6>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.s1 {font: 12.0px Times}<br \/><\/style>\n<\/h6>\n<p>Valeria, me alejo de tu casa en una ma\u00f1ana de febrero inusualmente caliente y pegajosa y pienso que el cielo y el sol deber\u00edan sonar como las danzas antiguas que seguro vas a ensayar en tu guitarra, al estilo de \u201cDiferencias sobre el tema gu\u00e1rdame las vacas\u201d, de Luys de Narv\u00e1ez, esa pieza que tanto te gusta. En el ensayo fumar\u00e1s de modo sucesivo tus cigarrillos farsantes y mentolados. Qu\u00e9 ganas de arruinar esa voz clar\u00edsima que junto con tu guitarra me impuls\u00f3 a quedarme contigo un tiempo m\u00e1s cuando yo solo quer\u00eda disfrutar de tu atractivo dorado y terrible de leona por una noche de aromas muy vivos. La atm\u00f3sfera de los \u00e1rboles y las casas del camino no me permiten pensar claro y disminuir la sensaci\u00f3n lamentable entre el coraz\u00f3n y el vientre, este pu\u00f1ado de alfileres que en otros casos ser\u00eda despecho y en este caso es pura desaz\u00f3n, simple repetici\u00f3n de mutuos abandonos que ha habido con otras mujeres. Conduzco por las monta\u00f1as y el aire me duele, enciendo la radio y distra\u00eddamente cambio las estaciones; oigo el <i>Lamento de Olympia<\/i>, de Monteverdi, cantado por Emma Kirkby y entonces el humor me cambia.<\/p>\n<p><i>El Lamento de Olympia<\/i> es el primer disco que pongo descalza sobre el piso de tu casa hermosa y rara, medio vac\u00eda, todav\u00eda inacabada y sin jard\u00edn, situada en una monta\u00f1a parte de un amplio valle, tan amplio que hacia el sur solo se contemplan m\u00e1s monta\u00f1as y pocas edificaciones. Tu casa es como una mujer doblegada por las penas de amor pero que mira de reojo la cama solitaria, nueva, sin estrenar de verdad. Una estaci\u00f3n ferozmente seca acent\u00faa el aspecto yermo del terreno en que est\u00e1 enclavada, sin rejas que la resguarden ni cercas que la separen de la calle y las otras viviendas. Afortunada elecci\u00f3n la m\u00eda pues canturreas el<i> Lamento<\/i>\u2026 mientras me sirves un tinto Malbec reserva, un regalo de una pariente que se fue al extranjero hace a\u00f1os. Empiezas a hablar de mil cosas que te llenan la mente, como siempre haces en todas partes y en cualquier circunstancia, y yo escucho en silencio y expectante; te observo con una objetividad que rara vez despliego respecto a posibles conquistas, pero contigo es inevitable hacerlo pues eres sin duda una criatura entre feroz, tierna, genial e inquietante, una suerte de licor extra\u00f1\u00edsimo y \u00fanico solo para cierto tipo de paladar. Tanto encanto tal vez tiene una zarpa filosa de leona escondida, un toque de bruja y guerrero insomne, una brusquedad que debe doler y arder, pero como yo no pienso en algo m\u00e1s que en las pr\u00f3ximas horas esta impresi\u00f3n no me causa mella. Tus defectos no son asunto de una amiga que solo ser\u00e1 tu amante bandida, enmascarada y de paso.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s media hora despu\u00e9s pongo la flecha en el arco para apuntarte y entonces pienso si realmente es lo que debo hacer. Tiembla apenas la delgada l\u00ednea roja que une la cabeza, el coraz\u00f3n y el sexo. Hablas de m\u00fasica y de medicina de manera desbordada y alternativa, mezclando t\u00e9rminos cient\u00edficos y formas musicales con expresiones populares o simples vulgaridades, por ejemplo, unas sonoras mentadas de madre que se te escapan de esos dientes blancos y grandes. Cantas y r\u00edes, te brillan tus ojos verde bosque tropical, olvidada moment\u00e1neamente de tu veintea\u00f1era en flor, la veintea\u00f1era de la que yo hui por las mismas razones por las que t\u00fa te quedaste a su lado. Ella y t\u00fa provienen del mismo sector popular de Caracas, Catia, y mezclan su educaci\u00f3n universitaria con un lenguaje envalentonado, urbano y rudo como yo misma lo hago a veces. Me tocas el bajo para acompa\u00f1ar \u201cNena, me gusta tu manera\u201d, de Peter Frampton, un cantante con cara de mujer y cuerpo de var\u00f3n en flor, un arc\u00e1ngel roquero de nuestra juventud boba en los liceos de Caracas. No tienes consciencia clara de tus acciones porque ni por la cabeza te pasa que me est\u00e1s seduciendo sin darte cuenta, como debe ser, como se seduce de verdad-verdad. Ahora s\u00ed tenso el arco, la flecha se dispara sin m\u00e1s.<\/p>\n<p>Me invitas a cantar contigo \u201cEndless love\u201d, interpretada por Lionel Richie y Diana Ross, t\u00edtulo que no deja de ser una iron\u00eda, sin duda. <i>Amor eterno<\/i>, pel\u00edcula con Brooke Shields que no ver\u00eda hoy ni bajo amenaza de muerte. \u201cSimpat\u00eda con el diablo\u201d, con el fe\u00edsimo Mick Jagger y los Rollings Stone en su \u00e9poca de oro. \u201cTimbalero, qu\u00e9 es lo que pasa\u2026\u201d, con H\u00e9ctor Lavoe. Despu\u00e9s o\u00edmos sin complejos el sonido del oro blanco, la \u201cChacona del Infierno y el Para\u00edso\u201d, maravilla de autor an\u00f3nimo del renacimiento cantada por Philippe Jaroussky, un contratenor hermoso de voz tan femenina como masculina su apariencia. Seguimos con \u201cLa casa azul\u201d de Aquiles B\u00e1ez; el \u201cAleluya\u201d, de Haendel; \u201cBeatus Vir\u201d, de Monteverdi; el \u201cSeis por derecho\u201d de Antonio Lauro\u2026Y con el \u201cBolero\u201d de Ravel, un fragmento del <i>R\u00e9quiem<\/i>, de Mozart, \u201cT\u00fa me haces falta\u201d, cantada por Claudia de Colombia, \u201cRentame un cuartico\u201d interpretada por Daniel Santos\u2026Y todas las diosas: Celia Cruz, Mar\u00eda Callas, Ella Fitzgerald, Teresa Salgueiro, Dulce Pontes, Edith Piaf, Susana Rinaldi, Mar\u00eda Rivas\u2026De vaina no o\u00edmos reggaet\u00f3n.<\/p>\n<p>Oporto, otro regalo de un sobrino que est\u00e1 lejos, despu\u00e9s de una segunda botella de Malbec.<\/p>\n<p><i>Dile a tu nuevo querer<\/i><\/p>\n<p><i>Que no hay nada que temer<\/i><\/p>\n<p>\u00bfNada que temer?<\/p>\n<p>Todo termina en un beso que te lleva a una inconsciencia de la que no te disculpas al d\u00eda siguiente, cuando yo te digo que ya romp\u00ed ese sortilegio que pend\u00eda sobre la cama sin verdadero estreno de tu casa.<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed que sigues de largo \u2014contestas con una sonrisa que yo interpreto como soledad pero que tambi\u00e9n es iron\u00eda.<\/p>\n<p>Soy m\u00e1s amable y repetimos entre apasionadas y torpes los gestos h\u00famedos y curiosos de la primera sesi\u00f3n. Cuando me voy de tu lado estoy tan convencida de que no se repetir\u00e1, tan convencida de que ni yo soy tu tipo ni t\u00fa el m\u00edo, que cuando me llevas a casa de unas amigas tuyas mi \u00e1nimo flota entre el agrado y las ganas de huir.<\/p>\n<p>Luigi Sciamanna lee fragmentos de <i>Romeo y Julieta<\/i>, <i>La Tempestad<\/i> y <i>Hamlet<\/i>, de Shakespeare. Gustavo Dudamel dirige las piezas de Tchaikovsky inspiradas en esas obras. Te veo por segunda vez y me asalta el miedo de hacerte da\u00f1o porque eres un bucare florido y rojo con una plaga de remembranza y fuego. Termino contigo entre s\u00e1banas revueltas e inquietudes a\u00f1ejas. Te veo por tercera vez y t\u00fa sientes lo mismo que yo la segunda: entre el deseo y la pena no quieres que te quiera porque est\u00e1s lejos del olvido. Tranquila, s\u00e9 que se trata de un breve romance de emergencia pues t\u00fa est\u00e1s en terapia intensiva por un amor fallido, un amor de mujer joven de esos que da\u00f1an el cerebro, el coraz\u00f3n y la matriz pues la mujer, la hembra, la amiga y la hija anidan en esos cuerpos en flor y su ausencia es un cu\u00e1druple abandono. Yo ando rasgu\u00f1ada por la vida, y t\u00fa sabes que no hay como un golpe de piel para volver a tierra y alejarse del dolor, las preocupaciones y la mala suerte.<\/p>\n<p>En pocas semanas empezamos a jugar a las novias, pero terminamos en una suave y acordada separaci\u00f3n que me monta en mi carro y me aleja de tu casa en una ma\u00f1ana de febrero inusualmente caliente y pegajosa. En tu mesa de noche quedaba la antolog\u00eda de poemas de Kavafis que te regal\u00e9. Al d\u00eda siguiente tenemos una conversaci\u00f3n por tel\u00e9fono agotadora, un intercambio de reticencias, orgullo y sinceridades brutales entre fragilidades disfrazadas de acero. Qu\u00e9 intensas, dir\u00edan otras mujeres m\u00e1s c\u00f3modamente asentadas en el mundo.<\/p>\n<p>Las cinco letras del deseo, esa cicatriz luminosa, me llevan otra vez en tu casa a medio construir; las cinco letras del deseo retan tu despecho. Escribo esta fuga en tu presencia y te la leo mientras nos tomamos una simple cerveza y t\u00fa ensayas \u201cDiferencias sobre el tema gu\u00e1rdame las vacas\u201d, de Luys de Narv\u00e1ez, esa pieza que tocas mientras se consumen solos los cigarrillos farsantes y mentolados que tanto te agradan. Y pienso mientras tecleo la computadora que la palabra amor no te va sino la palabra amante, aunque ya no seamos solamente un par de bandidas enmascaradas y de paso sino un lev\u00edsimo tatuaje entre la cabeza, el coraz\u00f3n y el vientre.<\/p>\n<p>Nunca he escrito la historia de una mujer teni\u00e9ndola enfrente, pero ni siquiera tan fant\u00e1stica complicidad puede convertirse en amor del divertido cuando manda el amor tirano. Te ves tan feliz mientras escribo esta historia frente a ti. Me pregunto c\u00f3mo puede convivir tan prestamente tu romance de m\u00fasica y cama conmigo con tu despecho, esa suerte de muerte sin fin que te ata a una rival a la que conozco lo suficiente como para que no me sea antip\u00e1tica ni sea en realidad rival.<\/p>\n<p>Te sonr\u00edo mientras sigues ensayando con tu guitarra. Acabo de estar en la Universidad de Pittsburgh; di una conferencia en un sal\u00f3n de grandes ventanas, el William Pitt, rodeado de \u00e1rboles cargados de magnolias. Sabes, la atm\u00f3sfera era tan bella y tan irreal que creo que por esta raz\u00f3n la molestia que me produjo una conversaci\u00f3n triste contigo se convirti\u00f3 en un fuego impaciente que aliment\u00f3 una pol\u00e9mica pol\u00edtica en la sala. En medio de las preguntas de la concurrencia lleg\u00f3 un correo electr\u00f3nico tuyo. Ten\u00eda abierta la p\u00e1gina de Gmail en la computadora colocada en la mesa delante de m\u00ed y como la situaci\u00f3n me obligaba a responder preguntas y comentarios nada f\u00e1ciles estaba alerta como animal en acecho. Te disculpaste por las necedades dichas seg\u00fan le\u00ed velozmente antes de seguir en el debate; sonre\u00ed y me relaj\u00e9 un poco. Cuando pude revisar con calma el correo vi que confesabas que te hab\u00eda mostrado una belleza en el vivir que no conoc\u00edas. Sent\u00ed alivio en mi ego ultrajado. Bail\u00e9 esa noche en un club de medio pelo y me entregu\u00e9 al flirteo en aquella especie de sesi\u00f3n festiva de la Organizaci\u00f3n de Estados Americanos acad\u00e9mica, con gente de todas partes del continente, tan distinta y tan semejante a m\u00ed. Estaba una mujer muy joven que se te parec\u00eda y acariciaba a una muchacha blanca de cabello casta\u00f1o.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente era domingo de pascua. El museo de Andy Warhol y el de Ciencias Naturales estaban cerrados. Supe con absoluta certeza aquel domingo que casi no recuerdo de lo aburrido que fue que mi amistad con mi querida y admirada pana gringa Martina Osorio se hab\u00eda acabado y que ir\u00edamos juntas a Nueva York a hacerle el debido funeral. No obstante fuimos felices en esta ciudad que mir\u00e9 por primera vez un lunes en la tarde: una eclosi\u00f3n de monolitos colosales que reconoc\u00ed porque de Nueva York sab\u00eda mucho antes de visitarla por primera vez. Sent\u00ed un temor vago ante una urbe de atractivo radical, desp\u00f3tico y fascinante como el de algunos hombres y mujeres excepcionales. Me invadi\u00f3 al verla ese deseo sexual acuciante que me entra en el cuerpo cuando viajo sola y pienso en la piel que se queda en Caracas.<\/p>\n<p>El hotel escogido por Martina v\u00eda Internet ten\u00eda un bello exterior de casa antigua neoyorquina y un interior digno de un crimen entre prostitutas empobrecidas y traficantes en la ruina. Incluso la polic\u00eda hab\u00eda acordonado una habitaci\u00f3n. La limpieza era razonable pero la habitaci\u00f3n no ten\u00eda ba\u00f1o. Horror. Te extra\u00f1\u00e9. Martina llegar\u00eda m\u00e1s tarde porque su vuelo sal\u00eda unas horas despu\u00e9s del m\u00edo. Me fui a deambular por la ciudad y llegu\u00e9 a Times Square casi sin darme cuenta; en aquella plaza rodeada de fulgurantes pantallas hab\u00eda la luz suficiente para alumbrar un pueblo entero: me doli\u00f3 Caracas. Busqu\u00e9 un tel\u00e9fono para llamarte porque aunque todo parec\u00eda familiar era una simple extranjera ajena a Nueva York; me cost\u00f3 encontrar uno que funcionara pero igual no pude hablar contigo. Mientras iba montada en un autob\u00fas para turistas los recuerdos se superponen y una nostalgia entra\u00f1able acompa\u00f1aba mi reconocimiento de la Quinta Avenida, el Lincoln Center, el puente de Brooklyn, Queens, el Empire State, el Village o la muy lejana Estatua de la Libertad. Eran visiones veloces y trashumantes en las que retazos de recuerdos amorosos con distintas mujeres pintaban de intimidad mi primera visita solitaria.<\/p>\n<p>Por recomendaci\u00f3n tuya vi <i>El Fantasma de la \u00d3pera<\/i> en pleno Broadway. Pensaba en tantas cosas mientras correteaba por el museo Metropolitano deslumbrada por breves golpes visuales de Van Gogh, Picasso y Georgia O\u00b4keeffe. Pensaba en la existencia a la que regresar\u00eda, signada por la sorpresa y la precariedad de vivir en Venezuela y solo poder salir de ella por un viaje de trabajo que me cay\u00f3 en suerte con financiamiento completo. En el MOMA me entretuve largo rato con una exposici\u00f3n sobre el cineasta Tim Burton y sonre\u00ed ante la helada expresi\u00f3n de la artista Marina Abramovic en pleno performance. Miraba fijamente a los ojos a visitantes del museo que se prestaban para ello. Era un ejercicio agotador; esa mujer en otra \u00e9poca hubiera sido una santa, una experta en la mortificaci\u00f3n del cuerpo para apostar por la conexi\u00f3n con estadios superiores del alma. Me re\u00ed ante la escena pensando en c\u00f3mo te sol\u00edas burlar de todo y me fui.<\/p>\n<p>Ser amante es entregarse al presente perpetuo, es mirar fijamente sin moverse hasta el instante en que alguna de las dos personas parpadea. Ni pensar en ti ni no pensar. Amante es aqu\u00ed y ahora.<\/p>\n<p>El momento en que m\u00e1s te record\u00e9 fue en la muy tur\u00edstica visita al Empire State. Martina y yo entramos a la medianoche y caminamos a toda velocidad por aquellos pasillos maravillosamente vac\u00edos y relucientes, atravesamos casi flotando la atm\u00f3sfera de m\u00e1rmol y luz que me impresion\u00f3 a pesar m\u00edo. Mir\u00e9 un relieve del edificio en una pared. La antena irradia energ\u00eda y \u00e9sta se representaba con placas de metal. Me vino a la memoria esa panfletaria \u00fanica que fue la ultraliberal Ayn Rand con sus novelas monumentales y perversamente buenas de lo raras -malas- que son, con sus personajes movidos por una pasi\u00f3n creativa y constructora por la que eran capaces de matar y dejar caer el mundo. \u00bfSer\u00eda el aire de la primavera o los tragos?<\/p>\n<p>Subimos en un ascensor que tard\u00f3 un minuto y luego de pasar por una de las tiendas para turistas salimos al exterior de una azotea en la que soplaba un viento tan fuerte que los tragos volaron de mi cabeza y yo casi me voy tras ellos. La delicia del v\u00e9rtigo me arrojaba a Manhattan, un tornado de luces, y comprend\u00ed ese sentimiento de irritaci\u00f3n y envidia que suele causar la vocaci\u00f3n tit\u00e1nica norteamericana en tantos extranjeros. Aquel golpe de belleza monstruosa, aquel despliegue de poder\u00edo vital odiado y envidiado por razones me temo que igual de contundentes, despert\u00f3 mi segunda ola de deseo acuciante en Nueva York y te record\u00e9 en aquel momento en escenas no aptas para menores. Entiendo ahora sentada en tu sala que yo merec\u00eda aquella sensaci\u00f3n tanto como t\u00fa te merec\u00edas que te llamara antes de entrar en la funci\u00f3n de <i>La flauta m\u00e1gica<\/i>, de Mozart, en el Metropolitan, que brindara por ti en el viejo bar gay \u201cStonewall\u201d o que te mandara mensajes con el Blackberry de Martina mientras tomaba cerveza en un juego de entre los Mets y los Marlins de Florida. Entre tanta belleza, Caracas dol\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s.<\/p>\n<p>Nos comunicamos con dificultad por impericia tuya y fastidio m\u00edo.<\/p>\n<p>Martina y yo nos hab\u00edamos cambiado a un hotel mejor. La desped\u00ed sabiendo que nuestra amistad estaba acabada y que los desayunos irlandeses y el almuerzo haitiano, la accidental visita a Little Italy, un restor\u00e1n con mesoneros rumanos, y las vueltas sin sentido por las entra\u00f1as del metro de Nueva York con su hermana daban cuenta de un gran afecto que se acababa por motivos tan tristes como la pol\u00edtica y algunos rencores viejos de examante. En la ida al aeropuerto la camioneta dio muchas vueltas buscando pasajeros y disfrut\u00e9 del repertorio de m\u00fasica de los a\u00f1os ochenta que el chofer dominicano parec\u00eda gozar como nadie. Desde Michael Jackson hasta Culture Club, pasando por Stevie Wonder, Gloria Estefan y Queen. Detesto los aeropuertos as\u00ed que padec\u00ed lo que me tocaba y con alivio mont\u00e9 en el avi\u00f3n que me traer\u00eda de vuelta al desastre de un pa\u00eds triste.<\/p>\n<p>Siempre cort\u00e9s, me fuiste a buscar a Maiquet\u00eda, me recibiste con afecto y nos fuimos para tu casa a hacerle honor a mis recuerdos de piel en el Empire State. Segu\u00edas despechada por cuenta de tu ingrata exnovia.<\/p>\n<p>Y nos convertimos en amigas y dejamos de ser amantes.<\/p>\n<p>Supongo que es muy dif\u00edcil molestarse contigo, aunque con frecuencia te lo mereces. \u00bfQui\u00e9n puede disgustarse seriamente con una mujer que es capaz de tener casa en medio de una urbanizaci\u00f3n solitaria en el fin del mundo? \u00bfEs posible no re\u00edrse de tus regocijantes aventuras con la extrema izquierda universitaria en tu \u00e9poca de estudiante? \u00bfC\u00f3mo enfurecerse frente a tus distracciones continuas si tienes ocurrencias tan geniales como darle unas maracas sin relleno a una amiga con el o\u00eddo como una tapia para que no fuese a desentonar al \u201ctocarlas\u201d en tu grupo musical? \u00bfQui\u00e9n tiene la voluntad suficiente para cuestionar a la due\u00f1a de dos criaturas damnificadas, min\u00fasculas y muy feas a las que por pura bondad (o delirio) llamas \u201cmis perras\u201d? Ni hablar de tus lecturas desordenadas, tu inteligencia de diablo, las pasiones por la ciencia y la m\u00fasica y tu estilo de habla hiperb\u00f3lico y ampuloso.<\/p>\n<p><i>R\u00e9ntame un cuartico en el hotel de tu alma<\/i>, dir\u00eda Daniel Santos dividiendo las s\u00edlabas prestamente.<\/p>\n<p>Valeria, \u00bfte acuerdas de la raz\u00f3n por la que me fui por primera vez contigo a tu casa? S\u00ed, la misma casa de la que me alejar\u00eda semanas despu\u00e9s pensando que el cielo y el sol deber\u00edan sonar, no solo verse, y a la que regresar\u00eda a ti. Empez\u00f3 un s\u00e1bado a las cinco de la tarde, en ese edificio que tiene nombre de instituci\u00f3n de caridad: Centro de Acci\u00f3n Social por la M\u00fasica. Es una edificaci\u00f3n bella, una muestra de la plenitud que puede lograr el concreto armado, con una ac\u00fastica tremenda y grandes m\u00f3viles de Carlos Cruz Diez. Conseguiste entradas para un concierto que se graba en vivo; dirige Gustavo Dudamel la Sim\u00f3n Bol\u00edvar. Comienza <i>La Consagraci\u00f3n de la Primavera<\/i>, de Igor Stravinsky. Te agradezco el concierto con sincera amistad pero en la medida en que transcurren los movimientos de <i>La noche de los mayas<\/i>, de Silvestre Revueltas, medito en las formas m\u00faltiples que puede asumir la gratitud. Es una m\u00fasica mucho m\u00e1s parecida a m\u00ed que a ti; quiz\u00e1s tienes un temperamento semejante a este despliegue de metales y percusi\u00f3n, pero cierta curiosa inconsciencia acerca de tu poder de seducci\u00f3n oculta la semejanza. Mientras aplaudo al final de la pieza te miro de reojo con objetividad absoluta y me digo: esta noche voy a sonar y solo tu piel me oir\u00e1 as\u00ed que prepara los dedos para el arpegio que vas a interpretar y para olfatear mi alma.<\/p>\n<p>\u2014Ponme la \u201cFuga\u201d de la <i>Bachiana<\/i> <i>Brasileira<\/i> n. 1, de Villalobos \u2014te digo cuando termino de leer lo que he escrito en tu presencia y me abrazas muy contenta.<\/p>\n<p>\u2014Ese es el t\u00edtulo \u2014me dices \u2014\u201cFuga\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><\/h6>\n<h6 class=\"caption\">Gisela Kozak, autora venezolana. Foto: Roberto Mata<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Valeria, me alejo de tu casa en una ma\u00f1ana de febrero inusualmente caliente y pegajosa y pienso que el cielo y el sol deber\u00edan sonar como las danzas antiguas que seguro vas a ensayar en tu guitarra, al estilo de \u201cDiferencias sobre el tema gu\u00e1rdame las vacas\u201d, de Luys de Narv\u00e1ez, esa pieza que tanto te gusta. 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