{"id":1361,"date":"2017-04-24T23:17:28","date_gmt":"2017-04-25T05:17:28","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/04\/objects-yuri-herrera\/"},"modified":"2024-04-10T06:42:23","modified_gmt":"2024-04-10T12:42:23","slug":"objects-yuri-herrera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/04\/objects-yuri-herrera\/","title":{"rendered":"&#8220;Los objetos&#8221; de Yuri Herrera"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<p>Cada noche Rafa mira con odio el vest\u00edbulo hasta que la fila protesta. Entonces lo atraviesa y se convierte.<\/p>\n<p>Pero a veces no importa lo mucho que lo presionemos, sigue mirando el vest\u00edbulo como si eso pudiera destruirlo. Anoche se volvi\u00f3 hacia m\u00ed antes de entrar y dijo:<\/p>\n<p>\u2014No lo soporto.<\/p>\n<p>Ya lo s\u00e9, todos lo saben. Pero \u00e9l no se acostumbra.<\/p>\n<p>Le se\u00f1al\u00e9 una de mis orejas y dije:<\/p>\n<p>\u2014Esp\u00e9rame al otro lado.<\/p>\n<p>Entr\u00f3 al vest\u00edbulo. Cerr\u00e9 aquellos ojos mientras los tuviera y lo segu\u00ed: una gelatinosidad ef\u00edmera, un rel\u00e1mpago de descomposici\u00f3n; luego sal\u00ed del edificio convertida en rata. En cuanto sent\u00ed a Rafa piojo brincar a mi oreja empec\u00e9 a correr antes de que alguien de las oficinas superiores apareciera convertido en perro o en gato. Y porque es la manera en la que lo soporto. Correr, correr, correr, atravesar tuber\u00edas, escalar paredes, hacerme del nuevo cuerpo corriendo. Luego comer. Para eso salimos. Dejo que Rafa se alimente de m\u00ed, pero yo busco restos de comida abandonados qui\u00e9n sabe por qui\u00e9n o cu\u00e1ndo. Basura. Delicia. Cuando eres un ser infecto el mundo deja de ser infecto.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s me pongo a saludar a los otros. Es un decir. Me digo por dentro al toparme con otra plaga: \u201c\u00bfEres t\u00fa, fulano? Qu\u00e9 bien te ves hoy, fulano\u201d. Y me r\u00edo. Por dentro. Al cruzar el vest\u00edbulo una rata es una rata, aunque por momentos le quede juicio de persona.<\/p>\n<p>Luego vuelvo a ratear. Las ratas no tienen capacidad de concentraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s me duermo (para eso salimos) en un s\u00f3tano entibiado por un resabio de m\u00e1quina. Esta vez so\u00f1\u00e9 sonidos, pasos por los pisos superiores, ojos cerr\u00e1ndose con un ruido seco. No hay palabras en los sue\u00f1os de las ratas, s\u00f3lo residuos de existencias que m\u00e1s o menos recuerdas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEn qu\u00e9 se convertir\u00e1n los de las oficinas m\u00e1s altas? \u2014me ha preguntado Rafa\u2014. \u00bf<i>En<\/i> <i>qu\u00e9 otra cosa<\/i> pueden convertirse?<\/p>\n<p>Yo no le respondo. Rafa dice que un d\u00eda va a subir y a averiguarlo. Sabemos que los que est\u00e1n apenas arriba de nosotros se convierten en perros o en gatos. Imagino que los que est\u00e1n hasta arriba se convertir\u00e1n en leones o en elefantes. O tiburones. Quiz\u00e1s a la salida de su vest\u00edbulo hay albercas limp\u00edsimas en las que nadan toda la noche y al amanecer vuelven a cruzarlo. Desde abajo s\u00f3lo vemos unos enormes balcones.<\/p>\n<p>El amanecer. Antes de volver al edificio me trepo a un \u00e1rbol seco o a alg\u00fan mont\u00f3n de escombros a ver amanecer. Me echo de trompa al sol y lo veo alzarse mientras me calienta las u\u00f1as. Hoy record\u00e9 por un instante por qu\u00e9 le llamaban al d\u00eda <i>todo el santo d\u00eda<\/i>. Despu\u00e9s volv\u00ed al edificio a pasar todo el oscuro d\u00eda en la faena hasta que toque cruzar el vest\u00edbulo otra vez.<\/p>\n<p>No vi a Rafa a la vuelta. No es la primera vez que sucede. Suele estar tan ansioso por dejar de ser piojo que en cuanto cruza se pone de inmediato el overol de faena para ser persona el mayor tiempo posible. De cualquier modo tendr\u00e1 que desnudarse y entrar de nuevo al vest\u00edbulo tarde o temprano (hasta los que consiguen hacer doble turno tienen que dormir y comer cada tanto).<\/p>\n<p>En el receso de la faena fui a buscarlo. En el piso inmediatamente superior me miraron con desprecio, quiz\u00e1 porque hace mucho que me deben un ascenso, a ardilla m\u00ednimamente. Igual pregunt\u00e9 si alguien lo hab\u00eda visto. Nadie me respondi\u00f3. Hasta que dije en voz muy alta:<\/p>\n<p>\u2014Se les pide que hablen y no hablan, como si pudieran hacerlo siempre.<\/p>\n<p>Entonces uno de ellos me encar\u00f3 y dijo:<\/p>\n<p>\u2014Quiz\u00e1 no lo escuchaste, pero por m\u00e1s que intentemos evitarlo el edificio se est\u00e1 cayendo, cada vez hay menos espacio as\u00ed que qui\u00e9n sabe, a lo mejor ya no dejaron regresar a tu amiguito.<\/p>\n<p>Sonre\u00eda. Sonre\u00eda una sonrisa sin afecto. Quiz\u00e1 como el animal que era afuera.<\/p>\n<p>No encontr\u00e9 a Rafa.<\/p>\n<p>Al final del d\u00eda, cuando todos empezaron a dirigirse a los vest\u00edbulos, volv\u00ed a subir, ya no al piso inmediato, sino m\u00e1s arriba y m\u00e1s arriba; m\u00e1s y m\u00e1s escaleras cada vez m\u00e1s vac\u00edas. Los \u00faltimos tramos ya no vi a nadie, y el piso m\u00e1s alto tambi\u00e9n estaba desierto. No hab\u00eda guardias, s\u00f3lo una soledad helada que era como un cartel gigantesco diciendo que yo no deb\u00eda estar ah\u00ed. Camin\u00e9 por galpones alt\u00edsimos cada vez peor iluminados. Y de pronto comenc\u00e9 a escuchar algo, un clac, un cloc, un sonido hueco y luego otro. Entonces dije:<\/p>\n<p>\u2014Rafa.<\/p>\n<p>No s\u00e9 por qu\u00e9. O s\u00ed. Porque era la \u00faltima posibilidad, si es que no se hab\u00eda quedado afuera. Que estuviera ah\u00ed, entre los carn\u00edvoros.<\/p>\n<p>Los sonidos eran pr\u00edstinos ahora, ven\u00edan de un galp\u00f3n en el que finalmente pod\u00eda verse luz detr\u00e1s de una puerta que lo clausuraba.<\/p>\n<p>Abr\u00ed, y no vi a nadie. Y no vi a nadie. S\u00f3lo un mar de objetos en silencio. De pronto escuch\u00e9 el clac que hab\u00eda o\u00eddo antes y por el rabillo de un ojo alcanc\u00e9 a ver caer a uno de ellos, impulsado desde el otro lado del vest\u00edbulo: un sill\u00f3n o un vidrio o un hacha, qu\u00e9 m\u00e1s da: un otro objeto venido desde afuera; y luego, a un costado del vest\u00edbulo, a Rafa en cuclillas y con la cabeza entre los muslos, esperando la hora de cumplir con su nueva faena y empujar a los jefes fuera del edificio.<\/p>\n<h6>Yuri Herrera, escritor mexicano.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cada noche Rafa mira con odio el vest\u00edbulo hasta que la fila protesta. 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