{"id":1347,"date":"2017-04-24T22:01:23","date_gmt":"2017-04-25T04:01:23","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/04\/hermans-lemebel-other-returns-havana-norge-espinosa\/"},"modified":"2024-04-10T08:12:54","modified_gmt":"2024-04-10T14:12:54","slug":"hermans-lemebel-other-returns-havana-norge-espinosa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/04\/hermans-lemebel-other-returns-havana-norge-espinosa\/","title":{"rendered":"&#8220;Herman@s de Lemebel: otros regresos a la Habana&#8221; de Norge Espinosa"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: center; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>span.s1 {font: 12.0px Times}<br \/><\/style>\n<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p>Para Fernando A. Blanco, que alguna vez me pidi\u00f3 escribir sobre esto, <i>con emoci\u00f3n<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>La Casa de las Am\u00e9ricas acaba de publicar una nueva edici\u00f3n de <i>Mundo Cruel<\/i>, el celebrado conjunto de relatos mediante el que su autor, el boricua Luis Negr\u00f3n, hace un repaso tragic\u00f3mico y veraz sobre la identidad homosexual en su pa\u00eds. Que una instituci\u00f3n como esta haya abierto su propio cl\u00f3set para dar promoci\u00f3n a un libro como este, tal vez asombre a quienes solo tengan de ella una idea anclada en su defensa a ciertos valores pol\u00edticos fijados en los sesenta y setenta. Lo cierto es que este volumen se a\u00f1ade a la breve lista de obras que la propia Casa ha ido sumando a sus colecciones, dejando espacio a una discusi\u00f3n sobre las disidencias y diversidades sexuales en el \u00e1mbito latinoamericano, que ha dejado al lector de Cuba conocer p\u00e1ginas de Mario Bellatin y Pedro Lemebel, o focalizar mediante textos como <i>Del otro lado del espejo<\/i>, premio de Ensayo Hist\u00f3rico-Social Casa de las Am\u00e9ricas 2006, de Abel Sierra Madero, una apertura a ciertas discusiones que no por postergadas en la Isla dejan ahora de ganar una nueva intensidad. A diez a\u00f1os de ese libro, el propio premio Casa de Ensayo Art\u00edstico-Literario ha correspondido a Diego Falcon\u00ed, quien amplifica el canon en el que ya Lemebel o Bellatin est\u00e1n cifrados hacia otros autores en <i>De las cenizas al texto, Literaturas andinas de las disidencias sexuales en el siglo XX<\/i>.<\/p>\n<p>No son muchos, pero s\u00ed est\u00e1n ah\u00ed, los gestos y las acciones que en Cuba se han movilizado para que la \u00faltima d\u00e9cada ofrezca al gay, a la lesbiana, al transexual, al paciente de VIH sida, y a otros miembros de una hipot\u00e9tica comunidad LGTBIQ nacional, claves para entenderse de modo m\u00e1s preciso en ese contexto siempre inestable y controvertido que es la Isla desde 1959. Cuando Casa de las Am\u00e9ricas decidi\u00f3 invitar a Pedro Lemebel para que protagonizara la Semana de Autor de 2006, estaba propiciando una nueva visita del escritor a La Habana, quien antes ya la hab\u00eda recorrido como parte de Las Yeguas del Apocalipsis. El Pedro que volvi\u00f3 ya no necesitaba los efectos teatrales de su tiempo como integrante de aquel d\u00fao tremebundo. Vestido de negro, con atuendos andr\u00f3ginos, se sentaba al fondo de la sala Manuel Galich mientras sus estudiosos le\u00edan p\u00e1ginas y p\u00e1ginas rendidas ante su obra como cronista y narrador.<sup>1<\/sup> Ley\u00f3, eso s\u00ed, su c\u00e9lebre <i>Manifiesto<\/i> en la apertura de la Semana, ante la mirada perpleja de funcionarios y personalidades que tal vez, una d\u00e9cada antes, se hubiesen negado de plano a asistir a cosa semejante. El arte de la mariconer\u00eda, la verbalidad <i>queer<\/i> de Pedro Lemebel, les hubiera resultado no solo intragable, sino adem\u00e1s perniciosa en t\u00e9rminos pol\u00edticos. A la manera de un Pasolini tropical, Lemebel estaba de vuelta para firmar los ejemplares de su edici\u00f3n cubana de <i>Tengo miedo torero<\/i>, y dejar un reto entre nosotros que, de cierto modo, a\u00fan queda por responder.<\/p>\n<p>Fui uno de esos que ley\u00f3 p\u00e1rrafos sobre Pedro Lemebel en aquella Semana de Autor. Recordarlo ahora, en su pen\u00faltima visita a La Habana, tambi\u00e9n me deja sentir el peso de su compromiso. Vendr\u00eda una vez m\u00e1s, y esa ocasi\u00f3n terminar\u00eda en misterio, porque \u00e9l se esfum\u00f3 a mitad de la Feria del Libro dedicada a Chile. Vestido de blanco esa vez, se fantasm\u00f3, dej\u00f3 esperando a sus lectores, muchos de ellos j\u00f3venes homosexuales que se hab\u00edan gastado probablemente sus ahorros comprando libros suyos para irse a casa con una r\u00fabrica y qui\u00e9n sabe si una promesa de amor, y no se dej\u00f3 ver m\u00e1s. Habr\u00eda que invocarlo desde la propia escritura, para que su presencia entre nosotros no se reduzca a un vago recuerdo de sus pasos en una ciudad cuyas noches tanto le habr\u00e1n sugerido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>2<\/p>\n<p>La literatura cubana de tema homoer\u00f3tico despert\u00f3, ya se sabe, en el cierre mismo de los a\u00f1os 80. Impulsada por los anhelos de cambio que el pa\u00eds experimentaba, por la promesa de una utop\u00eda que se vendr\u00eda abajo con el Muro de Berl\u00edn, gan\u00f3 terreno junto a otras voces y personajes en una galer\u00eda social que se reordenaba en f\u00f3rmulas de una promisoria diversidad. En la poes\u00eda, en la dramaturgia, sobre todo en las artes pl\u00e1sticas, en la llegada de la danza teatro y otras variantes de la posmodernidad a Cuba, ese \u00edndice de duda y llamado a la individualidad silenciada por d\u00e9cadas ya se hac\u00eda perfectamente audible, molestando a los jerarcas culturales que tem\u00edan y sab\u00edan acerca de todo lo que ello, en t\u00e9rminos de subversi\u00f3n, pod\u00eda activar en lectores y espectadores. Las piezas fundacionales, al decir de V\u00edctor Fowler en su volumen <i>La maldici\u00f3n, una historia del placer como conquista<\/i> (Editorial Letras Cubanas, 1998); son un cuento: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 llora Leslie Caron?\u201d, de Roberto Ur\u00edas; y un poema, \u201cVestido de novia\u201d, de mi autor\u00eda. Son en verdad, m\u00e1s que fundacionales, el enlace que empalm\u00f3 una senda previa, una sensibilidad ya existente en las artes y las letras cubanas, por encima del recelo homof\u00f3bico que silenciara ese proyecto. A la altura de estos d\u00edas, la arqueolog\u00eda y la investigaci\u00f3n a conciencia nos deja hilvanar esos textos de los a\u00f1os 80 con las obras muy anteriores de Emilio Ballagas, Virgilio Pi\u00f1era, Juli\u00e1n del Casal, Carlos Montenegro, Ofelia Rodr\u00edguez Acosta, la revista <i>Cicl\u00f3n<\/i>, gestada por Jos\u00e9 Rodr\u00edguez Feo, y otras se\u00f1ales que dicen, con certeza, de la presencia e incomodidad del homosexual y la lesbiana en las memorias de la Patria, localiz\u00e1ndolos all\u00ed, incluso, donde la historia pol\u00edtica los ha negado con rabia disimulada mediante una carga de olvido a conciencia, de rechazo viril a los deseos de cuerpos y riesgos impublicables. La tensi\u00f3n que a\u00f1adi\u00f3 como tab\u00fa a toda esa tradici\u00f3n la legalidad revolucionaria, implementando el nacimiento de las Unidades Militares de la Ayuda a la Producci\u00f3n (UMAP; 1965-1968) o la parametraci\u00f3n (1971-1976) que durante el llamado quinquenio gris borr\u00f3 a homosexuales y otros disidentes de sus puestos de trabajo, no solo acallaron a nuevas figuraciones de ese deseo que se filtraba como acto retador en las obras de algunos miembros del grupo El Puente (1960-1965), o de Reinaldo Arenas, el gran sobrevivientes de las letras cubanas. De ellos aprendimos que ciertas insolencias pod\u00edan pagarse con el silencio o la prisi\u00f3n, padecida tambi\u00e9n por Jos\u00e9 Mario, Ren\u00e9 Ariza, Manuel Ballagas, Lina de Feria o Delf\u00edn Prats. El miedo y la presi\u00f3n pol\u00edtica hundieron al homosexual cubano en su cl\u00f3set, el cual abandonar\u00eda solo bajo presiones extremas, como el \u00e9xodo del Mariel en el que, justamente, identificarse como gay era una carta segura para la salida inmediata de Cuba. \u201cNo los necesitamos\u201d, dijo la m\u00e1xima voz\u00a0 del poder pol\u00edtico en aquel momento, en un c\u00e9lebre discurso. Se trataba de una cuesti\u00f3n de hombr\u00eda y de valor, en la cual esos sujetos, esos \u201cseres extravagantes\u201d de los que nos trae el recuerdo el documental hom\u00f3nimo de Manuel Zayas, no ten\u00edan cabida.<\/p>\n<p>Resulta dif\u00edcil poner en perspectiva todos estos acontecimientos, porque en muchos de ellos el trauma, el dolor, el resentimiento, el sentido de una p\u00e9rdida mayor, opera todav\u00eda. La visi\u00f3n polarizada del asunto, as\u00ed como la ausencia de un detenimiento en las operaciones de intercambio que se han sucedido en todo este devenir, siguen funcionando como zonas de silencio. La revista <i>Mariel<\/i>, por ejemplo, en cuyo equipo de redacci\u00f3n aparecieron no pocos gays y lesbianas que llegaron a Estados Unidos tras salir desde dicho puerto en la <i>Flotilla de la Libertad<\/i>, es una de esas zonas. La figura de Arenas, que ha conquistado <i>post mortem<\/i> una dimensi\u00f3n que se le negaba en vida, catapultada por el filme que a partir de sus memorias dirigi\u00f3 Julian Schnabel para disgusto de tantos funcionarios de la Isla, sirve de eje a muchos de esos replanteos, por la calidad rabiosa de su extraordinaria obra y su presencia como activista pol\u00edtico que hace dif\u00edcil, incluso en los instantes de apertura que el gobierno cubano ha orquestado recientemente, su regreso al canon de la cubanidad, en el que siguen siendo molestos otros nombres a\u00fan vivos y de posiciones radicales. Sus declaraciones en <i>Conducta impropia<\/i>, el documental que sobre la represi\u00f3n de homosexuales y disidentes dirigieron en 1984 N\u00e9stor Almendros y Orlando Jim\u00e9nez Leal, sigue operando como n\u00facleo de ese recelo, en una pel\u00edcula cuya exhibici\u00f3n en la Isla promete seguir demor\u00e1ndose.<\/p>\n<p>La llegada de los noventa sac\u00f3 a Cuba del cl\u00f3set no siempre del modo m\u00e1s elegante. Esos primeros textos coincid\u00edan con el encierro de los pacientes diagnosticados con VIH-Sida en los sanatorios donde, bajo un control casi militar, se les imped\u00eda proseguir sus vidas p\u00fablicas, en una estrategia que acabar\u00eda disolvi\u00e9ndose, pero que mantuvo por a\u00f1os la leyenda negra que hizo creer a muchos que la epidemia hab\u00eda llegado a la Isla en el cuerpo enfermo de un artista, y no, como fue en realidad, a trav\u00e9s de soldados enviados a \u00c1frica para las campa\u00f1as de internacionalismo que la Revoluci\u00f3n promov\u00eda. Cuando cayeron los fragmentos del muro de Berl\u00edn y el caos inund\u00f3 la plaza de Tiannamen, el comunismo, tal y como nos lo hab\u00edan ense\u00f1ado en t\u00e9rminos de rigurosa doctrina en escuelas y actos pol\u00edticos desde la infancia, se hizo pedazos. La naci\u00f3n qued\u00f3, en tanto cuerpo, desprovista de recursos para seguir embelleci\u00e9ndose seg\u00fan los patrones de aquella utop\u00eda. Los j\u00f3venes creadores que irrump\u00edan en la Cuba de los ochenta estaban clamando por un espacio de diversidad e independencia que aquel colapso convert\u00eda en un espacio de decepci\u00f3n y desasosiego. Apagones, carencia de alimentos y electricidad, trastocaron esa Cuba, en la que una de las respuestas posibles a la crisis fue incidir en ella, aprovechar las fisuras que el programa pol\u00edtico antes escond\u00eda con sus promesas para activar, en esos espacios, nuevas figuraciones tan ins\u00f3litas como dispuestas a luchar por otra clase de sobrevivencia. Prostitutas, travestis, gays, \u201cluchadores\u201d del d\u00eda a d\u00eda y sobre todo de la noche, borraron de la literatura nacional a los h\u00e9roes precedentes, reinventando La Habana, sobre todo, como una Babel donde los gestos y los precios que por mucho tiempo hab\u00edan sido negados, resurg\u00edan como claves de desaf\u00edo para esa nueva temporada de caza.<\/p>\n<p>Es esa La Habana que se entera del suicidio de Reinaldo Arenas, quien se dispara y deja una carta donde acusa a Fidel Castro de su muerte, como si el l\u00edder de Cuba le hubiese inoculado el sida, junto al odio pol\u00edtico que lo minaba. Reynaldo es nuestra primera figura deliberadamente <i>queer<\/i>, la loca nacional por excelencia en tiempos de Revoluci\u00f3n, que aprende de las locas patricias (Lezama, Pi\u00f1era, Ballagas, etc.) el culto letrado a la patria, pero lo mezcla con sus cacer\u00edas y trapacer\u00edas de p\u00edcaro criollo, escapando de prisiones terribles una y otra vez, para tambi\u00e9n, una y otra vez, reescribir los manuscritos que sus captores le arrebataban. En La Habana de los noventa, sin embargo, leerlo era a\u00fan un acto prohibido, y de alg\u00fan modo lo sigue siendo, pese a algunas t\u00edmidas menciones. Virgilio Pi\u00f1era, quien muriese en 1979 bajo otra forma de suicidio: el silencio impuesto por el gobierno y los jerarcas culturales que, incluso tras el fin del quinquenio gris se negaron a rehabilitarlo, resucita mediante el fervor de algunos de sus disc\u00edpulos: Ant\u00f3n Arrufat, Abilio Est\u00e9vez, Luis Marr\u00e9, rescatan sus obras y empiezan a publicarlas. El teatro retoma a Pi\u00f1era no solo a trav\u00e9s de sus grandes piezas ya consagradas, como <i>Aire fr\u00edo<\/i> y <i>Electra Garrig\u00f3<\/i>, sino tambi\u00e9n mediante sus piezas menores, o calificadas como tal, para alzar desde ah\u00ed una visi\u00f3n amarga y c\u00ednica de la historia, condenada a un eterno retorno, que va desde los matices l\u00e9sbicos que Carlos D\u00edaz confiere a la protagonista de <i>La ni\u00f1ita querida<\/i> en 1993, a la revisi\u00f3n de <i>Los siervos<\/i>, su f\u00e1bula declaradamente anticomunista, que Ra\u00fal Mart\u00edn estrena en 1999 alterando numerosas se\u00f1ales en el texto para poder pasar una censura que se ha vuelto m\u00e1s sutil. Pi\u00f1era, tambi\u00e9n, vuelve de la tumba con un poema demoledor, \u201cLa gran puta\u201d, exhumado por Jes\u00fas Jambrina,<sup>2<\/sup> donde se nos muestra desde su lado m\u00e1s desgarrador: un manifiesto <i>queer<\/i> donde La Habana es ya, en ese texto de inicios de los 60, el mismo paisaje y teatro pantagru\u00e9lico que mucha narrativa de los noventa (Pedro Juan Guti\u00e9rrez, Zo\u00e9 Vald\u00e9s, Leonardo Padura) van a convertir en una imagen tan frecuente ante el lector, sobre todo el extranjero. Pi\u00f1era escrib\u00eda con una amargura que le cost\u00f3 caro. Su triunfo, como homosexual declarado que se ganaba odios por su man\u00eda de no callarse las verdades, es el que hoy vivamos en una Cuba que se parece, terriblemente, a la pesadilla que predijo. De haber conocido el poema de Virgilio, Lemebel no se hubiese sentido extra\u00f1o en esa imagen de una Habana marginal (la de los a\u00f1os treinta, que pintan los versos de manera tan cruda y tan parecida a esas otras Habanas posteriores), donde el autor ya se deja ver como pobre, homosexual y artista, tres cruces con las que se identifica en su autobiograf\u00eda inconclusa <i>La vida tal cual<\/i>, en fragmentos que solo se editar\u00e1n en 1990.<sup>3<\/sup> Pobre, homosexual y artista: podr\u00eda ser tambi\u00e9n un retrato veraz de Pedro Lemebel, fotografi\u00e1ndose en la capital cubana que recorrer\u00eda siguiendo sin saberlo algunos pasos de Pi\u00f1era, de quien conoc\u00eda, eso s\u00ed, la c\u00e9lebre an\u00e9cdota protagonizada por Ernesto Ch\u00e9 Guevara en la embajada cubana de Argelia, donde el guerrillero lanz\u00f3 un libro del dramaturgo contra la pared, molesto al descubrir en un estante un t\u00edtulo de \u201cese maric\u00f3n\u201d, como relat\u00f3 Juan Goytisolo.<sup>4<\/sup><\/p>\n<p>El <i>revival<\/i> de Pi\u00f1era trajo consigo otros conflictos: se discute el proyecto homoer\u00f3tico de Cicl\u00f3n, aunque nunca con la intensidad que merecen los afanes po\u00e9ticos de Or\u00edgenes donde la figura de Lezama sigue campeando, iluminando con los atrevimientos de <i>Paradiso<\/i> a otros seguidores, como Severo Sarduy. La c\u00e9lebre novela no se reimprime hasta 1991, veinticinco a\u00f1os despu\u00e9s de su edici\u00f3n pr\u00edncipe, y el lanzamiento de esa nueva tirada se convierte en una bronca m\u00edtica que impidi\u00f3 a los presentadores del libro leer sus elogios ante los lectores, que se amotinaron para conseguir un ejemplar. Pero si Lezama tuvo en Cintio Vitier una suerte de ap\u00f3stol que maniobr\u00f3 con todo su talento para intentar desexualizarlo (al poeta y a gran parte del grupo Or\u00edgenes, y para convertirlo en talism\u00e1n cuyos destellos solo pod\u00edan vaticinar el triunfo revolucionario), Pi\u00f1era se mantiene como un cad\u00e1ver que sigue envi\u00e1ndonos, desde el m\u00e1s all\u00e1, manuscritos, cartas, signos equ\u00edvocos que lo identifican como ese sujeto que no va a callarse nunca, dispuesto a nuevas discusiones incluso desde la tumba. El \u00fanico relato donde Pi\u00f1era elige a un personaje homosexual como protagonista, \u201cF\u00edchenlo, si pueden\u201d, no aparecer\u00e1 en un libro hasta que se publiquen los <i>Cuentos Completos<\/i>, primero por Alfaguara en 1999, y luego por Ediciones Ateneo en Cuba en 2002, edici\u00f3n que tambi\u00e9n rescata \u201cEl mu\u00f1eco\u201d, su cuento m\u00e1s declaradamente anticomunista, excluido de colecciones anteriores. Que Arenas lo nombre en sus furiosas memorias como la figura a la que pidi\u00f3 tiempo suficiente para concluir su obra antes de que lo fulminase el sida, incrementa esa imagen de Virgilio como una fuerza cuya onda expansiva contamina a las letras cubanas en un nivel que pocos pudieron predecir. Lezama y Pi\u00f1era trenzan ese canal que alimenta a otros escritores, los cuales, ador\u00e1ndolos o discuti\u00e9ndolos, no pueden sustraerse al gesto radical que ambos, por encima de tantas diferencias, establecieron como acto liberador en nuestra cultura.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>3<\/p>\n<p>Es desde ah\u00ed que se reorganizan los c\u00f3digos. El impacto de \u201cEl bosque, el lobo, el hombre nuevo\u201d, que gana el Premio Juan Rulfo y se despliega como una onda expansiva a trav\u00e9s de versiones esc\u00e9nicas (la primera, <i>La catedral del helado<\/i>, estrenada en 1991 por el grupo Oscenib\u00f3; luego vendr\u00edan otras, incluso una versi\u00f3n para teatro musical, aunque la m\u00e1s feliz es la dirigida por Carlos D\u00edaz con Teatro El P\u00fablico), y luego el c\u00e9lebre filme de Alea-Tab\u00edo en 1993, permanece a\u00fan como un punto de giro en toda esta trayectoria. Publicado en la revista <i>Uni\u00f3n<\/i> (Lezama aparec\u00eda en esa portada), y poco despu\u00e9s por Ediciones Luminaria, ese relato removi\u00f3 todo el silencio acerca de la tensa relaci\u00f3n entre disenso sexual y pol\u00edtica, que por largo tiempo el aparato oficial de la cultura cubana y el Estado mismo hab\u00edan tratado de invisibilizar. Las preguntas esenciales del relato de Paz, como advert\u00ed en el texto que le\u00ed durante la Semana de Autor dedicada a Lemebel, trabajaban en el vac\u00edo que para el lector y el ciudadano de la Isla significaba el que un libro capital sostenido por esas interrogantes no se hubiese publicado entre nosotros. Esa novela es, por supuesto, <i>El beso de la mujer ara\u00f1a<\/i>, de Manuel Puig, de quien solo ha publicado, por Casa de las Am\u00e9ricas, <i>La traici\u00f3n de Rita Hayworth<\/i>. <i>El beso<\/i>\u2026, texto crucial en esta \u00f3rbita, es m\u00e1s conocida en Cuba mediante sus versiones cinematogr\u00e1ficas y la adaptaci\u00f3n teatral del propio autor, en las cuales, como se sabe, desaparece un determinado grado de subversi\u00f3n, presente desde la textualidad misma, que implica un an\u00e1lisis pol\u00edtico, sicol\u00f3gico, enteramente revolucionario, que se combina sediciosa y gozosamente con la f\u00e1bula central: la amistad y el amor entre un luchador de izquierdas y la loca narradora de filmes con quien comparte la celda durante la dictadura argentina. En <i>Fresa y chocolate<\/i>, la Guarida, el refugio de David, puede sustituir a la celda, donde el joven comunista viene a dialogar con el p\u00e1jaro letrado y, a manera de penetraci\u00f3n, recibe un llamado de conciencia desde la cultura y los estamentos de la nacionalidad que lo cambiar\u00e1n para siempre. El filme cubano tambi\u00e9n fue m\u00e1s discreto que su metatexto, y es por ello que Pedro Almod\u00f3var, tal vez, lo calific\u00f3 de \u201cdemasiado amable\u201d. Como parte de una discusi\u00f3n inacabada, la pel\u00edcula demor\u00f3 m\u00e1s de una d\u00e9cada en recibir la autorizaci\u00f3n que le permitiera proyectarse en la televisi\u00f3n nacional, a pesar del \u00e9xito logrado en los cines y de su nominaci\u00f3n al Oscar, ese premio,que, despu\u00e9s de todo, no es m\u00e1s que la imagen de un hombre desnudo bajo una leve capa de oro.<\/p>\n<p>En todo caso, lo que aquellos jerarcas culturales quer\u00edan evitar al impedir que el filme se viese en cada hogar de la Isla ya estaba sucediendo de otra manera. Tras los primeros textos mencionados aqu\u00ed, comenzaron a publicarse y a ser premiados poemarios, relatos, novelas, donde el homosexual cubano, la lesbiana, el paciente de sida,\u00a0 eran presencias inacallables. En ese panorama hay, por supuesto, de todo. Hay travestis en <i>El rey de La Habana<\/i>, la postal m\u00e1s conocida en el mercado literario internacional de una Habana poscomunista. Los hay en \u201cFallen Angels\u201d, el cuento de Joel Cano que obtuvo el Rulfo, antes de que Ena Luc\u00eda Portela y Miguel Barnet lo ganasen con esa pieza extraordinaria que es \u201cEl viejo, el asesino y yo\u201d y \u201cF\u00e1tima o el Parque de la Fraternidad\u201d, respectivamente. Los relatos de Miguel \u00c1ngel Fraga provienen de su experiencia como recluso en el sanatorio Los Cocos y de sus andanzas nocturnas en una ciudad plena de goces y peligros. Pedro de Jes\u00fas L\u00f3pez describe con mano certera ese \u00e1mbito en los relatos de <i>Cuentos fr\u00edgidos<\/i>, y Jorge \u00c1ngel P\u00e9rez, en su novela <i>El paseante C\u00e1ndido<\/i>, acude a la picaresca para ofrecer una imagen que se acerca a la de \u201cLa gran puta\u201d, aquel poema de Pi\u00f1era, quien adem\u00e1s sube a la escena ya no solo mediante sus textos, sino como personaje, en obras como \u00a1<i>Oh, Virgilio<\/i>!, de William Fuentes; y <i>Si vas a comer, espera por Virgilio<\/i>, del veterano Jos\u00e9 Mili\u00e1n. En <i>Fumando espero<\/i>, su segunda novela, Jorge \u00c1ngel P\u00e9rez se atreve a tomar al autor de <i>La carne de Ren\u00e9<\/i> como protagonista, para dar un relato delirante de sus estancias en Argentina.<\/p>\n<p>Hay mucho m\u00e1s. Y no es de extra\u00f1arse. El tiempo de crisis distendi\u00f3 las viejas normas, y el pretexto de la lucha, la sobrevivencia cotidiana, hizo aparecer a prostitutas y negociantes de todo tipo como caracteres que justificaban cualquier acto con tal de mantener a sus familias. La hambruna de los noventa alej\u00f3 a muchos artistas y escritores de la Isla, entre ellos a las baladistas que por a\u00f1os fueron las reinas de la comunidad homosexual que se agolpaba en el Karl Marx para dedicarles aplausos. En esa ausencia, los travestis que la imitaban antes a escondidas ser\u00e1n a veces contratados para cubrir tales agujeros negros en cabarets y algunos teatros. En Santa Clara, ese espacio <i>queer<\/i> por naturaleza, que ha sido el centro cultural El Mejunje, ya ten\u00eda una tradici\u00f3n en acoger a los \u201craros\u201d, y a partir de un homenaje a Freddie Mercury se estableci\u00f3 all\u00ed un espacio semanal dedicado al transformismo, en el que algunos de los habituales eran asimismo pacientes del sanatorio de pacientes de VIH sida local. Numerosos documentales dieron fe de ello, prolongando el eco del primero de todos que canaliz\u00f3 estas interrogantes (<i>No porque lo diga Fidel Castro<\/i>, Graciela S\u00e1nchez, Escuela de Cine de San Antonio de los Ba\u00f1os, 1988). Artistas de la pl\u00e1stica, directores y dramaturgos, narradores, ensayistas, dentro y fuera de la Isla se unieron a esos cruces. Pero en 1995 la celebraci\u00f3n de un Festival Nacional de Transformismo en el Teatro Am\u00e9rica fue la gota que desbord\u00f3 la copa, y los agentes del orden y los funcionarios de cultura reaccionaron con prohibiciones y nuevas medidas para disminuir semejante <i>outing<\/i>. Es una oleada homof\u00f3bica que ha ido y venido, provocando a ratos an\u00e9cdotas tan espectaculares como el inesperado desfile de un grupo de activistas provenientes de Estados Unidos y sus amigos cubanos sosteniendo un fragmento de la Rainbow Flag en el desfile del 1\u00ba de mayo de 1995, ante los estupefactos miembros del Partido que presid\u00edan el acto, hasta el cierre violento de la discoteca gay clandestina El Periquit\u00f3n. Curtidas su piel y su m\u00e1scara en la lucha callejera, el homosexual cubano ha sabido a veces retirarse en espera de una luz m\u00e1s propicia para reaparecer luego, a sabiendas de que ya forma parte de una galer\u00eda nacional en la que su espacio, pese a todo, est\u00e1 ya bien demarcado. Aunque la prensa oficial y los medios m\u00e1s controlados no dieran mucha fe de ello.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>4<\/p>\n<p>He tenido que hacer un repaso de todo esto no solo para imaginar a Pedro Lemebel, y mejor a\u00fan, a lo que \u00e9l representa, en un escenario tan cambiante como poblado de gestos restrictivos. No son pocos los homosexuales y lesbianas que pueden llegar a Cuba creyendo, en la actualidad, que esta historia ha sido superada, si es que han o\u00eddo siquiera hablar de algunos de esos nudos y traumas. Cuando en el 2008 el Centro Nacional de Educaci\u00f3n Sexual, conocido como Cenesex, y bajo la direcci\u00f3n de Mariela Castro, se atrevi\u00f3 a celebrar en una acci\u00f3n p\u00fablica el D\u00eda Mundial de Lucha contra la Homofobia, no solo esa entidad de labor discreta hasta aquel momento tuvo que alterar su plataforma de respuestas y nuevos proyectos. El acontecimiento, que dur\u00f3 todo el d\u00eda con hechos diversos en el c\u00e9ntrico Pabell\u00f3n Cuba habanero y una gala de transformistas en el Teatro Astral, removi\u00f3 pasiones en un orden mayor a lo esperado. El 17 de mayo, fecha de la celebraci\u00f3n internacional, era el d\u00eda que el calendario oficial cubano dedica a los campesinos, y no falt\u00f3 quien entendiera la coincidencia como un insulto.<sup>5<\/sup> El Cenesex, cuyos or\u00edgenes deben buscarse en el Grupo Nacional de Trabajo para la Educaci\u00f3n Sexual fundado en 1974, y que opera con su nombre actual desde 1989, es una entidad del Ministerio de Salud P\u00fablica que lleva la voz cantante en el tratamiento de este asunto, aunque ir\u00f3nicamente sus propios voceros tengan que recordarnos que los representados en las siglas LGTBIQ no son ya considerados como pacientes de patolog\u00eda alguna. Dirigido por una persona heterosexual y ligada directamente a la estirpe de los Castro que ha regido el pa\u00eds desde 1959, el Cenesex ha desplegado una amplia campa\u00f1a en la que, am\u00e9n de progresos como las operaciones de reasignaci\u00f3n de sexo que viene brindando a personas transx, no dejan de advertirse elementos de <i>pinkwashing<\/i> que aspiran a dar una imagen menos conflictiva de las tensiones que entre pol\u00edtica y sexualidad han existido durante los \u00faltimos sesenta a\u00f1os en Cuba. Temas como las UMAP, el tratamiento de gays y lesbianas en procesos como el \u00e9xodo del Mariel, los cr\u00edmenes de odio y el acoso policial no suelen mencionarse frecuentemente ante los representantes de este otro turismo rosa que viene a las congas convocadas por el Cenesex, versi\u00f3n criolla de las marchas del orgullo a los que la directora del Centro califica de superficiales y carnavalescas, aunque ella misma se haya dejado invitar a algunas de ellas en Europa. En cierto modo, el accionar del Cenesex desempolv\u00f3 y reactiv\u00f3 una serie de demandas que el aparato de Estado se niega a acoger con las reclamadas reformas a la Constituci\u00f3n que tantos anhelan. La interrogante esencial radica en su disposici\u00f3n a legar esa lucha a instituciones lideradas por los propios gays y lesbianas, o la coexistencia de su trabajo, que no puede ya \u00fanicamente limitarse a un proyecto de salud, con otros \u00f3rdenes de la vida que puedan ser se\u00f1alados por nuevas organizaciones las cuales no tengan que depender de la aprobaci\u00f3n del Estado. Una cuesti\u00f3n que ata\u00f1e no solo a la poblaci\u00f3n homosexual de Cuba.<\/p>\n<p>Lemebel, loca de izquierdas, podr\u00eda darnos algunas se\u00f1ales a seguir en todo esto. Cuando m\u00e1s se le reconoci\u00f3 en La Habana, sin embargo, ya cont\u00e9 que ven\u00eda de regreso. No se subi\u00f3 desnudo a un caballo, Lady Godiva escu\u00e1lida y chilena, ni se despoj\u00f3 de sus ropas para mostrarse ataviado de mujer en actos p\u00fablicos. Ley\u00f3 sus cr\u00f3nicas en Casa de las Am\u00e9ricas (las declamaba con una delectaci\u00f3n c\u00f3mplice que es irrepetible), y tras o\u00edr los ensayos dedicados a su escritura se disculpaba para retirarse a los puntos de ligue que algunos amigos cubanos le hab\u00edan indicado, nombrando esos sitios sin recato alguno. Su novela, <i>Tengo miedo torero<\/i>, era el acto de desaf\u00edo que, ya enfermo, nos estaba legando. Ese follet\u00edn, como insist\u00eda en llamarlo, es el enlace provocador entre la novela de Manuel Puig, a\u00fan in\u00e9dita en Cuba, y el cuento de Senel Paz, agitando todos sus elementos, personajes y paisajes en la inquietud mayor que puede sentir y expresar el homosexual cuando decide entregarse, o mejor, sacrificarse, ante el sexo viril de una Revoluci\u00f3n que, quiz\u00e1 como amante macho que prefiera cuidarse ante el qu\u00e9 dir\u00e1n, acepta su ofrenda y su presencia solo hasta cierto l\u00edmite. Si se buscan en sus escritos, las referencias a Cuba saltan: aquella cr\u00f3nica donde narra el estupor con el que Silvio Rodr\u00edguez rechaz\u00f3 que una de sus canciones fuese himno de batalla para la causa homosexual, su encuentro con Omara Portuondo tras un concierto en Chile, el adi\u00f3s al Ch\u00e9 donde recuerda el gesto homof\u00f3bico del Guerrillero ante el libro de Pi\u00f1era, y sobre todo, la de su encuentro con el joven enfermo de sida que se escap\u00f3 de su encierro para conocerle, durante los d\u00edas de la Sexta Bienal de La Habana a la que Pedro acudi\u00f3 a nombre de las Yeguas del Apocalipsis.<sup>6<\/sup> Esos p\u00e1rrafos anuncian o prolongan lo que su follet\u00edn propone: las memorias de la Loca del Frente, que por esta vez se apodera del cuerpo del joven comunista y lo posee a sabiendas que el romance tendr\u00e1 que ceder al impulso pol\u00edtico de otra batalla.<\/p>\n<p>La pregunta que me resta ahora, cuando Lemebel no vive m\u00e1s, es c\u00f3mo recuperar su trazo, sus huellas, su sombra, legadas como un acto de desaf\u00edo <i>queer<\/i> en las letras cubanas. La novela se edit\u00f3 aqu\u00ed pero no fue rese\u00f1ada como merec\u00eda. Tal vez su trama, en la que la loca protagonista consigue lo que David, en el cuento de Senel Paz, no se atrev\u00eda a pedir, ser\u00eda demasiado para ciertas mentes. La posibilidad de una edici\u00f3n cubana de las cr\u00f3nicas del chileno parece remota, y ello es de lamentar. Es en esos donde la radical operaci\u00f3n verbal de Pedro se hace m\u00e1s ostensible y retadora. Y aunque su autor confes\u00f3 en alguna entrevista que, en caso de no poder morir en Chile, preferir\u00eda hacerlo en la Isla, la discusi\u00f3n y asunci\u00f3n que \u00e9l plantea respecto a Cuba y sus pol\u00edticas siguen a la espera de nuevas confrontaciones.<\/p>\n<p>En un pa\u00eds donde mal que bien se ha llegado a aceptar al gay como figura reconocible, la opci\u00f3n m\u00e1s desafiante de una actitud <i>queer<\/i> es aun impensable. La voluntad pol\u00edtica de enfrentarse a lo establecido, la postura siempre en discusi\u00f3n incluso de lo ganado que caracteriza a la naturaleza de lo <i>queer<\/i>, la disidencia consciente que ello implica, contrasta con la imagen del gay, la lesbiana o la persona transexual incorporada a los programas sociales que aspiran a presentarlos como ciudadanos a los que, m\u00e1s all\u00e1 de sus opciones sexuales, podr\u00edamos tolerar sin prestar demasiada atenci\u00f3n a ese \u201cdetalle\u201d, \u201cdefecto\u201d, \u201ccondici\u00f3n\u201d o como se le sigue llamando. Esa figura asimilada acr\u00edticamente tiene poco o nada que ver con la naturaleza de lo <i>queer<\/i>, que tal y como hacen tantos activistas, no dudan en expresar p\u00fablicamente sus desacuerdos. Pero incluso uno de esos activistas, colega de luchas con Lemebel: el chileno V\u00edctor Hugo Robles, tambi\u00e9n conocido como el Che de los Gays, tuvo que v\u00e9rselas con cierto disgusto oficial cuando eligi\u00f3, para desfilar en la Conga por la Diversidad del Cenesex, una fotograf\u00eda del cad\u00e1ver de Ernesto Guevara como pancarta. En <i>Villa Rosa<\/i>, documental muy reciente de L\u00e1zaro J. Gonz\u00e1lez que intenta presentarnos a Caibari\u00e9n, poblado costero, como una suerte de para\u00edso de tolerancia hacia los homosexuales, Adela, la \u00fanica delegada transexual de Cuba ante el Poder Popular, reconoce que, a pesar de lo avanzado, a ella la respetan en el gobierno por su relaci\u00f3n con la directora del Cenesex: \u201cpor ser quien es y la hija de quien es\u201d. En ese terreno, hasta los asomos de una actitud <i>queer<\/i> est\u00e1 a\u00fan coartada por esa idea del buen comportamiento social que ofrece a transexuales y otras personas, como manera de inserci\u00f3n en la vida p\u00fablica, talleres para que se puedan emplear como peluqueros, secretarias, etc\u00e9tera. El terreno intermedio de la desobediencia, la idea de ese performance hacia el desborde que lo <i>queer<\/i> propone, se ver\u00eda aqu\u00ed probablemente como un peligro a detener con rapidez.<\/p>\n<p>Lo que Pedro Lemebel propone, no solo con su escritura sino adem\u00e1s con su presencia, con el performance de su identidad, es que entendamos su figura como un sujeto que ya no podr\u00e1 ser borrado: el homosexual que discute a la Revoluci\u00f3n y los manejos de la izquierda desde su participaci\u00f3n en esas emancipaciones, guste esto o no a quienes llevan las riendas del proceso. Si estos fen\u00f3menos han querido en tantas ocasiones ocultar al homosexual, negar su posibilidad de ser en esos ciclos, Lemebel se empe\u00f1a en manifestar una disidencia que obliga a contar con \u00e9l, incluso desde los m\u00e1rgenes que \u00e9l mismo elije para saberse en tal contexto. Un gesto de reafirmaci\u00f3n que para \u00e9l comenz\u00f3 desde que opt\u00f3 por el apellido materno para darse a ver como artista y activista, y con el cual fue consecuente hasta el \u00faltimo minuto, rindiendo homenaje a su amiga Gladys Mar\u00edn, y que, aunque muestre a la Loca del Frente descre\u00edda ante la posibilidad de una fuga con su amante hacia la Cuba de la Revoluci\u00f3n hacia el final de su novela: \u201c\u00bfQu\u00e9 podr\u00eda ocurrir en Cuba que me ofrezca la esperanza de tu amor?\u201d, le deja tambi\u00e9n subrayar su apoyo a la causa pol\u00edtica de la Isla. En ese claroscuro encontr\u00f3 su voz de loca cazadora y agitadora, un rol que en la Isla, sin embargo, ser\u00eda dif\u00edcil de asumir porque siguen pugnando entre s\u00ed las esencias de una sexualidad porosa y arrasadora de l\u00edmites, contra la visi\u00f3n estrecha del deber ser ciudadano que sigue confiando en otra clase de heroicidad, y que pareciera no enterarse de la vibraci\u00f3n nocturna que, en este pa\u00eds, desata otras m\u00e1scaras y clama por otras libertades.<\/p>\n<p>Pero hay cuentos de <i>En La Habana no son tan elegantes<\/i>, de Jorge \u00c1ngel P\u00e9rez, que nos dejan imaginar la presencia de lo <i>queer<\/i> en nuestra narrativa.<sup>7<\/sup> Es el autor de \u201cLocus Solus, o El retrato de Dorian Gay\u201d, relato donde una loca imagina un encuentro er\u00f3tico con Jos\u00e9 Mart\u00ed, desacato que le ha costado el no poder editarse en Cuba. Est\u00e1 la actitud <i>queer<\/i> de Alberto Abreu, narrador y voz central de su blog <i>Afromodernidades<\/i>, y la de la activista, editora e investigadora Yasm\u00edn Sierra Portales. Pedro de Jes\u00fas L\u00f3pez dilata su cercan\u00eda con lo <i>queer<\/i>, presente en algunos de sus cuentos, en el ensayo <i>Imagen y libertad vigiladas<\/i>, acerca de Severo Sarduy, premio Alejo Carpentier de ensayo en el 2014. Un dramaturgo como Rogelio Orizondo no es, definitivamente, clasificable dentro de las comodidades o coordenadas de lo gay, si nos atenemos a lo que dice al respecto Kosofsky en <i>Tendencies<\/i>. Con obras como <i>Perros que jam\u00e1s ladraron<\/i>, <i>Vacas<\/i> y <i>Antigon\u00f3n, un contingente \u00e9pico<\/i>, expone como pocos una violencia en su generaci\u00f3n, una mirada rabiosa sobre su entorno que es genuina en su <i>queerness<\/i>. Lo mismo podr\u00eda decirse de la poeta y dramaturga Legna Rodr\u00edguez, o de un espect\u00e1culo acerca de la prostituci\u00f3n masculina en La Habana como <i>BaqueStriBois<\/i>, de Osik\u00e1n Plataforma Esc\u00e9nica Experimental. En todos esos ejemplos, como en la serie pict\u00f3rica m\u00e1s reciente de Roc\u00edo Garc\u00eda, <i>La Misi\u00f3n<\/i>, hay un replanteo tenso entre el cuerpo, el individuo, el espacio social y el poder pol\u00edtico que trae vibraciones de una Cuba mucho m\u00e1s actual e interesante de la que se deja ver en otras zonas de representaci\u00f3n. Pedro Lemebel, sospecho, hubiera dado su bendici\u00f3n a todos esos libros y acontecimientos, como se\u00f1al acaso esperanzadora en un pa\u00eds que ha rechazado frecuentemente cualquier aplicaci\u00f3n de la teor\u00eda <i>queer<\/i> en nuestro contexto, tild\u00e1ndola de galimat\u00edas sectario que quiere ser impuesto desde la academia norteamericana, como si dicha teor\u00eda no se hubiera filtrado ya en el decir y el pensar de tantos activistas latinos y de otros cardinales para ser, ahora, un instrumento de afirmaci\u00f3n y pol\u00e9mica que se discute a s\u00ed mismo de modo incesante. Pero sus textos primordiales no se conocen en la Isla, donde si existiese esa hipot\u00e9tica comunidad LGTBIQ, ser\u00eda un conglomerado de personas que en su mayor\u00eda sabr\u00edan poco de su tradici\u00f3n, de las luchas y nombres que les antecedieron, y que ha sido educada en una suerte de ignorancia a conciencia que les evita, c\u00f3modamente, el conocimiento que pudiera emplearse como un recurso de autoidentificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>5<\/p>\n<p>Termino imaginando una \u00faltima visita de Pedro Lemebel a La Habana. De haber venido en el pasado diciembre, se hubiera enterado de la censura que impidi\u00f3 a <i>Santa y Andr\u00e9s<\/i>, filme del joven director cubano Carlos Lechuga, presentarse en la cartelera del Festival de Cine. La pel\u00edcula se inspira en la biograf\u00eda de algunos de esos autores reprimidos y silenciados en los a\u00f1os setenta y ochenta, por sus textos irreverentes y sus vidas como homosexuales, e imagina que entre el protagonista y su vigilante puede crearse una complicidad que muchos a\u00fan consideran lesiva a cierta idea de la Revoluci\u00f3n. Lo imagino, ara\u00f1a leprosa, orqu\u00eddea retorcida, loca batalladora, tratando de hacerse de una copia pirata del filme, o interrogando a los funcionarios que vendr\u00edan a atenderle sobre semejante desatino. Es lo que habr\u00eda hecho, me digo, y lo que nos impulsa a hacer, para que ese recelo tenga que disolverse como un mal conjuro que nos impide contemplar verdaderamente toda nuestra historia. Historiar desde la diferencia, desde la incomodidad: sin ello no habr\u00e1 una verdadera comunidad gay ni <i>queer<\/i> en la Isla, porque historiar el dolor nos ayudar\u00e1 a no repetirlo. \u201cPara Norge, con emoci\u00f3n\u201d, se limit\u00f3 a escribir como dedicatoria en mi ejemplar de <i>Tengo miedo torero<\/i>. Con esa emoci\u00f3n <i>queer <\/i>es que quiero traerlo de vuelta a La Habana, o\u00edr el taconear de su paso de guerrera herida, pero indetenible, sobre los adoquines de la Plaza Vieja.<\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-1344\" style=\"width: 600px; height: 338px; margin: 10px;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/dedicatoria_lemebel.jpg\" alt=\"\" width=\"960\" height=\"540\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/dedicatoria_lemebel.jpg 960w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/dedicatoria_lemebel-300x169.jpg 300w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/dedicatoria_lemebel-768x432.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 960px) 100vw, 960px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<ol>\n<li>En dicha Semana de Autor hablaron sobre su obra como performero, cronista y narrador Magaly S\u00e1nchez, Jorge Rufinelli, Fernando Blanco, Roberto Zurbano, \u00a0Luis E. Carcamo-Huechante, Norge Espinosa y Jorge \u00c1ngel P\u00e9rez, quien fue editor en Cuba de <em>Tengo miedo torero<\/em>. El n\u00famero 246 de la revista <em>Casa<\/em> recoge la mayor\u00eda de estas intervenciones.<\/li>\n<li>\u201cLa Gran Puta\u201d, en La Gaceta de Cuba, n\u00famero 5, septiembre de 1999, como parte del dossier \u201cLa galaxia Virgilio\u201d.<\/li>\n<li>\n<p dir=\"ltr\">Como parte del dossier &#8220;Virgilio Tal Cual&#8221;,\u00a0revista <em>Uni\u00f3n<\/em>, n\u00famero 10, 1990.<\/p>\n<\/li>\n<li>\n<p dir=\"ltr\">La an\u00e9cdota es relatada por Goytisolo en su libro <em>En los reinos de taifa<\/em>, pp. 174-175, Seix Barral, 1986.<\/p>\n<\/li>\n<li>No me resisto a reproducir aqu\u00ed, al menos, las estrofas finales de unas d\u00e9cimas del humorista cubano Angel R\u00e1miz, conocido por sus apariciones teatrales y televisivas como <em>El Cabo Pantera<\/em>, que se recogen en <em>Decimer\u00f3n<\/em>, compilaci\u00f3n de d\u00e9cimas populares preparada por Yamil D\u00edaz (Ediciones Sed de Belleza, 2016), por el matiz jocoso que emplean para definir esa reacci\u00f3n a la que aludo. \u201cQue esto no es chisme ni es brete\/y me da genio, compay,\/\u00a1con tantos d\u00edas que hay\/escoger el 17!\/Quiero que se me respete,\/se me d\u00e9 una explicaci\u00f3n.\/Tengo una preocupaci\u00f3n:\/\u00bfEse d\u00eda mis amistades\/me dan las felicidades\/por guajiro o maric\u00f3n?\u201d (P. 129)<\/li>\n<li>La cr\u00f3nica es \u201cEl fugado de La Habana\u201d, recogida en <em>Adi\u00f3s, mariquita linda<\/em>, Seix Barral, 2005. La cr\u00f3nica de su desencuentro con Silvio Rodr\u00edguez tambi\u00e9n aparece en <em>Zanj\u00f3n de la Aguada<\/em>: &#8220;Silvio Rodr\u00edguez (o el malentendido del unicornio azul)&#8221;, Seix Barral, 2003.<\/li>\n<li><em>En La Habana no son tan elegantes<\/em>, Premio Alejo Carpentier de cuento, Editorial Letras Cubanas, 2009.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con esa emoci\u00f3n <i>queer <\/i>es que quiero traerlo de vuelta a La Habana, o\u00edr el taconear de su paso de guerrera herida, pero indetenible, sobre los adoquines de la Plaza Vieja.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":118,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4464],"genre":[2009],"pretext":[2033,2032],"section":[2357],"translator":[2460],"lal_author":[3485],"class_list":["post-1347","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-numero-2","genre-essays-es","pretext-ensayo-es","pretext-essay-es","section-dossier-voices-from-cuba-es","translator-george-henson-es","lal_author-norge-espinosa-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1347","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1347"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1347\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32128,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1347\/revisions\/32128"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/118"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1347"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1347"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1347"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=1347"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=1347"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=1347"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=1347"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=1347"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}