{"id":1343,"date":"2017-04-24T21:38:03","date_gmt":"2017-04-25T03:38:03","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/04\/memento-mori-honor-dead-fernando-blanco\/"},"modified":"2024-04-10T09:08:44","modified_gmt":"2024-04-10T15:08:44","slug":"memento-mori-honor-dead-fernando-blanco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/04\/memento-mori-honor-dead-fernando-blanco\/","title":{"rendered":"&#8220;Memento Mori: El acto de honrar a los muertos&#8221; de Fernando Blanco"},"content":{"rendered":"<div>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/><\/style>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<p>Recordar. Recordar a los muertos. Honrar una muerte. La expresi\u00f3n latina <i>memento mori entrelaza<\/i> dos actos: el del recordar post mortem junto con el de la selecci\u00f3n del objeto que va a conjurar esa experiencia: un signo. Para algunos un mech\u00f3n de pelo, para otros los propios huesos. Las reliquias de los santos. Los restos de los desaparecidos. Objetos despojados de cuerpo, o cuerpos ausentes recuperados en el fetiche de su imago: calaveras, un reloj de arena, un esqueleto contorsionado, cad\u00e1veres posando frente a la c\u00e1mara sostenidos en vilo por sus deudos.<\/p>\n<p>Desde los tiempos de la Peste Negra hasta las postrimer\u00edas del XIX victoriano, donde los vivos se resisten a los muertos haci\u00e9ndolos imitar los gestos amados frente al obturador de la c\u00e1mara, <i>el memento mori <\/i>materializa el af\u00e1n de razonar la desaparici\u00f3n. Signos para los vivos que relevan la posibilidad de un duelo reparatorio pero tambi\u00e9n la violencia del deshabitar de aquellos a los que la vida deshecha. No queda fuera, sin embargo, el efecto pedag\u00f3gico de esta representaci\u00f3n. Ense\u00f1ar sobre la muerte es advertirnos de su inevitabilidad, a la vez que alojarla en el despojo mortuorio figurado como recordatorio permanente de su presencia. Altar, retablo, naturaleza muerta, calendario, fotograf\u00eda, escenario o cr\u00f3nica, los g\u00e9neros testimoniales albergan la desaparici\u00f3n como las calaveras. Mudos testigos de una vida que se documenta, se registra multiplic\u00e1ndose amalgamada en la letra <i>barroca y desclosetada<\/i> del Lemebel que Carlos Monsiv\u00e1is tanto apreciaba.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas antes de morir, Pedro nos sorprendi\u00f3 con un \u00faltimo perfomance travestido en Frida desde su silla de ruedas en la Fundaci\u00f3n L\u00f3pez P\u00e9rez. Era enero y el escritor ced\u00eda el paso a los signos del cuerpo homosexual. Con ellos, como muchas veces antes, Lemebel destajaba la cotidianeidad burguesa desoyendo el ritual m\u00e9dico que lo declaraba moribundo para en su lugar producir su mejor versi\u00f3n de s\u00ed. La versi\u00f3n que el arte transfigura. Frida como m\u00e1scara mortuoria. Epitafio v\u00edvido de su ideal susurrado a mi o\u00eddo: \u201cFer, la Frida no muri\u00f3, yo soy la Frida envejecida\u201d.<\/p>\n<p>La literatura de Lemebel, su obra visual y perform\u00e1tica, est\u00e1 excavada en esos sedimentos de la muerte. Un proyecto est\u00e9tico y pol\u00edtico animado por el deseo de rescatar la memoria personal y colectiva como testimonio de la precarizaci\u00f3n de cuerpos y espacios en los que el capitalismo global ha sumido a grandes sectores de la poblaci\u00f3n en nuestro pa\u00eds. En Chile, la aniquilaci\u00f3n acumulada por el capital trasnacional y denunciada por la cr\u00f3nica lemebeliana carga con los despojos imaginarios de cuerpos diezmados por la violencia del estado terrorista durante la dictadura militar. Los del macho que \u201cpega en lo suyo\u201d, los de las desigualdades del mercado \u2014la demos-gracia de Pedro\u2014, los desplazados migrantes y las v\u00edctimas de la epidemia de SIDA en los ochenta y noventa Cada uno de sus libros revisa un imaginario distinto que le proporciona un lenguaje, una est\u00e9tica y una pol\u00edtica de memoria distintiva. Ya son dos a\u00f1os desde su partida custodiados por los siete libros de cr\u00f3nica que public\u00f3 en vida y la novela <i>Tengo miedo Torero.<\/i> Pante\u00f3n neobarroco de la memoria maldita de Chile que seprecipita desde cada uno de sus ellos.<\/p>\n<p>Lemebel recogi\u00f3 en su cr\u00f3nica los desechos. Los de un habla, el argot homosexual, el coa del lumpen, los dichos y refranes de abuelas y t\u00edas. Sistemas de conocimiento circulados popularmente en el entramado ling\u00fc\u00edstico de la ciudad proletaria \u2014Santiago de la Nueva Extremadura\u2014 cuyos imaginarios iban a constituir los modos de preservaci\u00f3n de ciertas culturas urbanas, pr\u00e1cticas emancipadoras de sus habitantes. <i>La Esquina es mi Coraz\u00f3n <\/i>(1995) se construye enteramente de esos registros. Historias hilvanadas con la baba de la rabia. Palabras atropelladas que van configurando las m\u00faltiples ciudades del deseo \u201cmarica\u201d en los primeros a\u00f1os de la vuelta a la democracia. Es con este libro que re\u00fane cr\u00f3nicas publicadas en el peri\u00f3dico <i>P\u00e1gina Abierta<\/i> (1991-1993) con el que Lemebel desempolva el g\u00e9nero de la cr\u00f3nica, junto con otros tres escritores: Roberto Merino y m\u00e1s contempor\u00e1neamente Alvaro Bisama y Oscar Contardo. Un g\u00e9nero apropiado para los tiempos que corremos en los que la aceleraci\u00f3n del consumo y la circulaci\u00f3n de la realidad nos abruma. En \u00e9l es posible apacentar las historias, calmarlas, preservarlas. Veinte textos reunidos en su primer volumen recogen lo mejor de la tradici\u00f3n de la cr\u00f3nica latinoamericana. Esta se decanta en Lemebel con nuevos lenguajes e imaginarios pero con id\u00e9nticas intenciones: denuncia en la conquista colonial de la invisibilizaci\u00f3n de los soldados espa\u00f1oles frente al rey en el texto de D\u00edaz del Castillo, testimoniando Cabeza de Vaca los fracasos e infortunios de la expedici\u00f3n de Narv\u00e1ez o denunciando las atrocidades cometidas con los ind\u00edgenas en las historias de Las Casas. Arropada con los intereses de la historia subjetiva, la etnograf\u00eda y la antropolog\u00eda cultural, la cr\u00f3nica se trasviste en periodismo entrado el XIX. Del Casal, Dar\u00edo, Mart\u00ed, Novo, embisten los siglos de la modernidad, dando cuenta de los nuevos paisajes globales que la modernizaci\u00f3n trae consigo. La existencia es vertiginosa, los modos de habitar las urbes han cambiado. La Habana, la Ciudad de M\u00e9xico, Buenos Aires, Par\u00eds y Nueva York son los escenarios en los que las nuevas burgues\u00edas y la naciente clase media encontrar\u00e1 su lugar, su palabra, sus costumbres y en la cr\u00f3nica su verdugo. Reservorio moral han dicho de ella. Mientras en Chile, Lemebel urde el env\u00e9s social del cronista de las renovadas burgues\u00edas, Joaqu\u00edn Edwards Bello. Si hab\u00eda un cronista que faltara en este Chile tan perversamente moderno y conservador era el de los <i>descastados, los marginales, los freaks. <\/i>La posdictadura circulada como moneda democr\u00e1tica tiene en Lemebel a su Arist\u00f3fanes y al \u201cmejor poeta de su generaci\u00f3n\u201d como dictaminara Bola\u00f1o.<\/p>\n<p>En palabras de Jean Franco el valor de la cr\u00f3nica radica en su capacidad para \u201ccapturar el \u00e1nimo de los tiempos\u201d; en Lemebel la cr\u00f3nica es material ling\u00fc\u00edstico y cultural con el que reconstruir la memoria de grupos urbanos marginalizados: homosexuales, travestis, mujeres, j\u00f3venes proletarios.<\/p>\n<p>Este primer libro de cr\u00f3nicas enraizado en la ciudad proletaria nos presenta una serie de estampas en las que sus protagonistas sufren la violencia excluyente del sistema implementado en Chile una vez recuperada la democracia en 1990. El libro es una reflexi\u00f3n inserta en el primer gobierno transicional (Aylwin, 1990-1994) marcado por el mandato presidencial de \u201cjusticia en la medida de lo posible.\u201d Lemebel reflexiona sobre los modos en los que la persistencia de las pr\u00e1cticas represivas del estado militar se siguen ejerciendo sobre los ciudadanos en una democracia normativa que sigue los ideales del autoritarismo neoliberal. Procesos subjetivos influidos por un acendrado individualismo que ir\u00edan a redefinir completamente los modos de vinculaci\u00f3n social. Un giro radical desde el modelo del bien com\u00fan, al modelo del buen consumidor. Junto con ellas, la democracia arrastra los resabios de la vigilancia y la represi\u00f3n, justificadas esta vez por el derecho sacro a la propiedad privada y a la autodefensa del patrimonio. Los fantasmas de las violencias urbanas recorren tambi\u00e9n sus p\u00e1ginas. Un tercer eje reflexivo de estos mini ensayos de la vida cotidiana es el del rol que la sexualidad en tanto sistema central de regulaci\u00f3n social es desafiada por las pr\u00e1cticas emancipatorias de los cuerpos disidentes de travestis, homosexuales, trabajadores sexuales y c\u00f3mo \u00e9stos son controlados violentamente por la hegemon\u00eda del patriarcado militar y cat\u00f3lico. Paralelamente el volumen realiza una etnograf\u00eda de las pr\u00e1cticas, rituales y conductas de la subcultura homosexual urbana por medio del ojo de un narrador travesti. Esta figura ret\u00f3rica, <i>La Loca<\/i>,<i> <\/i>introduce por medio de la autoficci\u00f3n la verdad del autor dentro de los par\u00e1metros de la cr\u00f3nica. Si el narrador de la cr\u00f3nica tradicional deb\u00eda ser el testigo presencial o el depositario del testimonio fidedigno de otro, en Lemebel su ficci\u00f3n narradora parodiza al propio autor, cuyas experiencias en espejo trascienden al texto literario. De este modo Loca y Lemebel son significantes intercambiables cuya palabra denuncia tanto al hom\u00f3fobo o al homosexual de cl\u00f3set como documenta las estrategias y ritos er\u00f3ticos de homosexuales adolescentes, de mediana edad y mayores.<\/p>\n<p>Su segundo libro es magistral. Dedicado por entero a las historias de seropositivos, enfermos de SIDA, y otros h\u00e9roes el pante\u00f3n homosexual (incluyendo a sus \u00eddolos cantantes) <i>Loco Af\u00e1n. Cr\u00f3nicas de Sidario<\/i> (1996) es un testimonial de la desaparici\u00f3n. Constituye este texto uno de los libros m\u00e1s importantes de la transici\u00f3n chilena en medio de lo que se llam\u00f3 la \u201cnueva narrativa\u201d. En \u00e9l se esbozan las pol\u00edticas de la memoria presentes en la discusi\u00f3n sobre impunidad durante el segundo gobierno dem\u00f3cratacristiano de Eduardo Frei (1994-2000). El libro nos habla del arrasamiento de una \u00e9poca, de un modo de hacer pol\u00edtica dentro y fuera de la cama. Las cr\u00f3nicas se nuclean alrededor de los recuerdos de <i>La Loca<\/i> en los \u00faltimos tiempos del gobierno de la Unidad Popular. El fantasma de la utop\u00eda socialista se trasviste en la pluma de Lemebel en \u201c\u00faltima cena en drag\u201d \u2013la de ese A\u00f1o Nuevo del 72\u2013 en una cr\u00f3nica notable. Homosexuales de la clase alta y sus pares proletarios se re\u00fanen en un fest\u00edn que acaba en una pila de huesos anunciando la debacle que la dictadura militar y la pandemia del SIDA traer\u00e1n. El libro recuerda a una arpillera en la que los hilos de la memoria seropositiva se entrelazan con los de la desaparici\u00f3n forzada, tortura y muerte de miles de compatriotas. Las veintinueve narraciones van levantando el altar debido a los santos y santas del mundo <i>marica. <\/i>En \u00e9l desfilan hermanadas por la est\u00e9tica y la sensibilidad <i>camp\/kitsch<\/i> de Lemebel las \u00faltimas tres d\u00e9cadas del siglo XX. En cada una de ellas sonido, palabra y voz se materializan en diferentes registros ling\u00fc\u00edsticos, tem\u00e1ticos e ideol\u00f3gicos para dar cuenta de una cotidianeidad abyecta marcada por el humor macabro: el ant\u00eddoto de la risa. Por lo menos dos de las cr\u00f3nicas de este volumen,<i> <\/i>\u201cLa Noche de los Visones\u201d y \u201cEl \u00daltimo Beso de Loba Lamar\u201d \u2013incluyendo su famoso manifiesto <i>Hablo por mi Diferencia<\/i>\u2013 forman parte de esa la historia de la literatura latinoamericana de la que bebieron Lezama Lima, Severo Sarduy, N\u00e9stor Perlongher, Carlos Monsiv\u00e1is, Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Blanco y Edgardo Rodr\u00edguez Juli\u00e1. Y por fuera del canon continental, Jean Genet.<\/p>\n<p>Es en cierto modo un modelo de proyecto <i>neoculteranista<\/i>, si se me permite la expresi\u00f3n. En \u00e9l Lemebel emprende la elaboraci\u00f3n de los mundos literarios por medio de una intrincada red de diferentes registros orales, figuras de discurso intervenidas por los sociolectos populares, reestructuraciones de la sintaxis tradicional que quiebran el tono y la l\u00f3gica gramatical del espa\u00f1ol para componer un lenguaje \u2013<i>lengua marucha<\/i> le llama \u00e9l\u2013 en la que se privilegia el efecto e influencia de la voz por encima del vaciado textual. Es esta una cr\u00f3nica sobre el buen morir, no aquel guiado por el ejercicio espiritual que persigue reconciliar al pecador con su conciencia liber\u00e1ndolo del juicio moral sobre su vida, sino el del ejercicio profano del descastado de honrar al moribundo en su justa medida. Aunque el rito implique la risa desvergonzada de sus deudos frente a la mand\u00edbula que no cierra.<\/p>\n<p>Al igual que con la peste bub\u00f3nica, los pintores de la tard\u00eda Edad Media y del primer Renacimiento produjeron un nuevo g\u00e9nero: el de La Danza Macabra. Lemebel le da una vuelta de tuerca a la cr\u00f3nica, dej\u00e1ndonos con la suya el registro de la intimidad mortuoria. No s\u00f3lo como hace la cr\u00f3nica contempor\u00e1nea dar cuenta de las vidas m\u00ednimas, la de Lemebel se mueve sobre la condici\u00f3n inevitable de la muerte forzada sobre los cuerpos de los desaparecidos por la dictadura y el SIDA. En este sentido cada estampa es registro de la experiencia del morir en condiciones extremas de pobreza, explotaci\u00f3n, desamparo, todos ellos cr\u00edmenes del estado soberano que condena y extermina. Como un modo de compensar la pulsi\u00f3n de muerte que recorre a la mayor\u00eda de los textos de este volumen, Lemebel nos deja tambi\u00e9n algunas postales de cantantes (Rafael, Cecilia. Lucho Gatica, Joan Manuel Serrat, Madonna) remedando el estilo del trabajo sociol\u00f3gico de la cr\u00f3nica de Monsiv\u00e1is.<\/p>\n<p>Su tercer volumen es uno de cr\u00f3nicas radiales: <i>De Perlas y Cicatrices<\/i> originado en el programa que condujera en <i>Radio Tierra.<\/i> Este es un texto de resistencia directa a lo que se ha dado en llamar justicias transicionales. La amnesia producida por la industria cultural alrededor de la memoria hist\u00f3rica y la insuficiencia moral del informe Rettig sobre violaciones a los derechos humanos sirven de material a este libro en el que la literatura funciona como<i> escrache <\/i>o<i> funa<\/i> en el ejercicio cron\u00edstico de denunciar p\u00fablicamente a figuras o instituciones comprometidas con la continuidad \u201cde facto\u201d del r\u00e9gimen militar. En este sentido, la primera etapa de la obra escrita de Pedro Lemebel se puede definir como de emergencia, contingencia y denuncia, recuperando el gesto pol\u00edtico de la canci\u00f3n protesta de los sesenta y setenta en un trasvasije de g\u00e9neros de mutua influencia. Son estos textos los que van a formar el sedimento est\u00e9tico para el advenimiento de una nueva variaci\u00f3n en el camale\u00f3nico g\u00e9nero de la cr\u00f3nica: <i>la cr\u00f3nica marucha<\/i>.<\/p>\n<p>Recupero ahora la imagen con la que comenc\u00e9 este texto. La del <i>memeto mori<\/i>. Y es que toda su producci\u00f3n cultural podr\u00eda entrar en esta dimensi\u00f3n imaginaria del pensamiento sobre la muerte. Una muerte impuesta por el azar hist\u00f3rico desde la coyuntura dictadura-sida; aunque tambi\u00e9n una muerte-destino para el devenir del homosexual proletario. Incluso de una muerte social para el burgu\u00e9s enclosetado. Sea cual sea la forma que esta pulsi\u00f3n fatal tome en Lemebel se transforma en cuerpo mat\u00e9rico. Con \u00e9l, el cuerpo condenado, Lemebel ir\u00e1 levantando su proyecto. Quisiera brevemente recordar aqu\u00ed nuestro \u00faltimo momento juntos.<\/p>\n<p>Vuelvo a la imagen que no me deja desde aquella tarde de verano en Santiago en la Fundaci\u00f3n L\u00f3pez P\u00e9rez. Era enero a comienzos del mes en medio del \u201cverano leopardo\u201d como querr\u00eda Pedro. Estamos reunidos en la sala de visitas de la cl\u00ednica y Pedro se acerca a nosotros en silla de ruedas. Est\u00e1 visiblemente marcado por las secuelas del c\u00e1ncer de laringe ramificado, su semblante sigue siendo el mismo. Altivo, desde\u00f1oso, agudo carnicero de las apariencias que sostienen al buen vivir medioclasero del burgu\u00e9s. Despu\u00e9s de unos minutos de conversaci\u00f3n Pedro nos propone por asalto que foto-documentemos una \u00faltima acci\u00f3n. El resultado es una serie \u2013en mi caso\u2013 de quince fotograf\u00edas en las que aparece trasvestido como Frida sentado en su silla. Lo que m\u00e1s impresiona es el boquer\u00f3n en la garganta como punto central en un cuerpo dolorido, arrasado por las huellas de la memoria que porta, el cuerpo archivo de las met\u00e1stasis org\u00e1nicas, pero tambi\u00e9n de las que lo constituyen imaginariamente en el otro cuerpo violentado por las dolencias f\u00edsicas y pol\u00edticas sufridas durante su vida. Este otro cuerpo, el imaginario, se trata con el cuidado que la vista de los otros requiere. La inminencia de la mortalidad se traviste del juego temporal del envejecimiento que permite tolerar la muerte como un momento m\u00e1s en los encadenamientos vitales. Pedro me ha dicho al o\u00eddo al llegar: \u201cFer, la Frida no envejeci\u00f3. Yo soy la Frida envejecida.\u201d Frida muere a los 47 a\u00f1os, la edad no es un dato menor. Lemebel se empinaba sobre los 60. Las coincidencias son m\u00faltiples. Ambos se adentraron en la experiencia del desamor, de la enfermedad, del rencor, y fueron observantes y oficiantes de su agon\u00eda con sus obras.<\/p>\n<p>Esta es la \u00faltima obra de Pedro y ella nos deja entrever las coordenadas po\u00e9ticas presentes en cada uno de sus trabajos. Los visuales y los literarios, si una l\u00ednea pudiera claramente separarlos aunque fuera la de la sem\u00e1ntica. La primera de ellas es la mirada, el ojo escrutador que identifica los significantes visuales portadores de los imaginarios con los que va a trabajar. La segunda el o\u00eddo, atento al reverberar de los latidos circulados por la palabra montada en la voz cuyos tonos, cadencias, acentos, van a constituir un habla musical. Estos dos sistemas de signos se superpondr\u00e1n al tercero de sus registros simb\u00f3licos, aquel proveniente del propio cuerpo homosexual, el que acontece toda vez que es en la escena inc\u00f3moda de su diferencia gen\u00e9rico-cultural. Las im\u00e1genes de Frida son las primeras en arroparlo. La cabellera turbante entrelazada con la pashmina prestada por la amiga confidente, la misma que facilita el collar con el que se disimula la cicatriz abierta de la traqueotom\u00eda. La cabeza soberbia se alza por sobre los hombros, manipulando nuestras pupilas con el entrecejo maquillado continuo y profundo. La Loca se desdobla en performera y narradora de la escena. Una bandera del partido comunista oficia de fald\u00f3n, disimulando la silla. Sus defectos, los que le ha provocado la enfermedad, los rasgos de la muerte que se van asentando poco a poco, se van naturalizando en la imagen que surge de sus afanes. Al igual que Frida utilizaba la ropa para disminuir los efectos de la polio en su cuerpo (una pierna m\u00e1s corta y debilitada que la otra), Lemebel recurre a ellos para disfrazar los efectos m\u00e9dicos de su condici\u00f3n, a la vez que para resaltar los s\u00edntomas culturales de su manifiesta diferencia ideol\u00f3gica y sexual. La mexicana y el chileno tambi\u00e9n han sufrido ya varias cirug\u00edas y frente a ellas el arte les defiende, les consuela, les protege. La necesidad en Lemebel se torna est\u00e9tica, al igual que el dolor en Frida. Las fotograf\u00edas van registrando la visita del aura de Frida, la idea de Frida que Pedro conjura para nosotros. \u00bfCu\u00e1l es la cr\u00f3nica-performance que nos est\u00e1 contando?<\/p>\n<p>La cr\u00f3nica es la de una muerte. Su muerte. Elegida por sobre el cercenamiento definitivo de la voz, terap\u00e9utica a la que se niega desde un comienzo. La suerte est\u00e1 echada. Ser\u00e1n cuatro a\u00f1os de sobrevida a lo visto en este medio siglo chileno para continuar con su obra. Editar la compilaci\u00f3n de cr\u00f3nicas que aparecer\u00e1 p\u00f3stumamente en el libro <i>Mi amiga Gladys <\/i>(2016). Publicar <i>H\u00e1blame de Amores <\/i>(2013) e instalar <i>Abecedario <\/i>(2014) como prefacio de s\u00ed frente a las puertas del cementerio metropolitano. Incluso tendr\u00e1 tiempo para proyectar su retrospectiva perform\u00e1tica con la muestra <i>Arder <\/i>(2014).<\/p>\n<p>Lemebel-Frida nos contempla. Es la memoria, la ancestral y la de las guerras luchadas en el sangriento mapa de las dictaduras latinoamericanas. Es el testimonio de las mujeres temporeras, el de las madres de desaparecidos, de las campesinas ind\u00edgenas desplazadas, explotadas, violentadas. Es todas y cada una de las travestis asesinadas, de las travas seropositivas, de las <i>maricas <\/i>golpeadas por la fidelidad a su af\u00e1n. Tambi\u00e9n los inmigrantes, los delincuentes, el hampa homo de los circuitos del <i>cruising <\/i>y la prostituci\u00f3n. La oficiante de una Santiago desmemoriada, satinizada por los brillos del desarrollo crediticio y el \u201cfuturo esplendor\u201d de la inversi\u00f3n y la privatizaci\u00f3n neoliberales. Desde lo alto de su silla, nos vigila como un coloso, <i>La Faraona.\u00a0<\/i><\/p>\n<p>Al final, solo \u00e9l envejeci\u00f3 lo suficiente. Lemebel es un <i>memento mori deliberado<\/i>. Una advertencia y un deber. El deber de memoria para con un pa\u00eds en el que la amnesia es moneda de cambio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Fernando Blanco<br \/>\nBucknell University<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times}\n<\/style>\n<\/p>\n<p>Al final, solo \u00e9l envejeci\u00f3 lo suficiente. Lemebel es un <i>memento mori deliberado<\/i>. Una advertencia y un deber. 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